libro civil
y chapucero. 20 Crecen á cada paso las mohinas, Viendo brotar por planas y renglones Mil sandeces insulsas y mezquinas. Toda Dedicatoria es clausulones, Y voces de pie y medio, que al Mecenas 25 Le dan, en vez de inciensos, coscorrones. Todo Prólogo entona cantilenas, En que el autor se dice gran supuesto, Y Bachiller por Lugo ó por Atenas. No menos arrogante é inmodesto 30 Pondera su proyecto abominable, Y ofrece de otras obras dar un cesto. Yo lo fío, copiante perdurable, Que de ajenos andrajos mal zurcidos, {p. 195} Formas un libro ingerto en porro ó sable; Y hurgando en albañales corrompidos De una y otra asquerosa Poliantea, Nos apestas el alma y los sentidos. 5 El estilo y la frase inculta y fea Ocupa la primera y postrer llana, Que leo enteras, sin saber que lea. No halla la inteligencia, siempre vana, Sentido en que emplearse, y en las voces 10 _Derelinques_ la frase castellana. ¿Por qué nos das tormentos tan atroces? Habla bribón, con menos retornelos, A paso llano, y sin vocales coces. Habla como han hablado tus abuelos, 15 Sin hacer profesión de boquilobo, Y en tono que te entienda Cienpozuelos. Perdona, Lelio, el descortés arrobo, Que en llegando á este punto no soy mío, Y estoy con tales cosas hecho un bobo. 20 Déjame lamentar el desvarío, De que nuestra gran lengua esté abatida, Siendo de la elocuencia el mayor río. . . . . . . . . . . La vista de un mal libro me es terrible; Y en mi mano no está, que en este caso 25 Me deje dominar de la irascible. Días há que con ceño nada escaso Hubiera desahogado el entresijo De las fatigas tétricas que paso, Si tú, en tus cobardías siempre fijo, 30 No hubieras conseguido reportarme; Pero ya se fué, amigo, quien lo dijo. {p. 196} De aquí adelante pienso desquitarme; Tengo que hablar, y caiga el que cayere, En vano es detenerme y predicarme. Y si acaso tú ú otro me dijere 5 Que soy semipagano, y corta pala, Y que este empeño más persona quiere, Sabe, Lelio, que en esta cata y cala La furia que me impele, y que me ciega, Es la que el desempeño me señala; 10 Que aunque es mi Musa principiante y lega, Para escribir contra hombres tan perversos, Si la naturaleza me lo niega, La misma indignación me hará hacer versos.
Nicolás Fernández de Moratín
(1737–1780)
LA FIESTA DE TOROS EN MADRID
Madrid, castillo famoso 15 Que al rey moro alivia el miedo, Arde en fiestas en su coso Por ser el natal dichoso De Alimenón de Toledo. Su bravo alcaide Aliatar, 20 De la hermosa Zaida amante, Las ordena celebrar, Por si la puede ablandar El corazón de diamante. Pasó, vencida á sus ruegos, 25 Desde Aravaca á Madrid; Hubo pandorgas y fuegos, Con otros nocturnos juegos {p. 197} Que dispuso el adalid. Y en adargas y colores, En las cifras y libreas, Mostraron los amadores, 5 Y en pendones y preseas, La dicha de sus amores. Vinieron las moras bellas De toda la cercanía, Y de lejos muchas de ellas: 10 Las más apuestas doncellas Que España entonces tenía. Aja de Jetafe vino, Y Zahara la de Alcorcón, En cuyo obsequio muy fino 15 Corrió de un vuelo el camino El moraicel de Alcabón. Jarifa de Almonacid, Que de la Alcarria en que habita Llevó á asombrar á Madrid 20 Su amante Audalla, adalid Del castillo de Zorita. De Adamuz y la famosa Meco llegaron allí Dos, cada cual más hermosa, 25 Y Fatima la preciosa, Hija de Alí el alcadí. El ancho circo se llena De multitud clamorosa, Que atiende á ver en su arena 30 La sangrienta lid dudosa, Y todo en torno resuena. La bella Zaida ocupó Sus dorados miradores Que el arte filigranó {p. 198} Y con espejos y flores Y damascos adornó. Añafiles y atabales, Con militar armonía, 5 Hicieron salva y señales De mostrar su valentía Los moros principales. No en las vegas de Jarama Pacieron la verde grama 10 Nunca animales tan fieros Junto al puente que se llama, Por sus peces, de Viveros, Como los que el vulgo vió Ser lidiadores aquel día; 15 Y en la fiesta que gozó, La popular alegría Muchas heridas costó. Salió un toro del toril, Y á Tarfe tiró por tierra, 20 Y luego á Benalguacil; Después con Hamete cierra, El temerón de Conil. Traía un ancho listón Con uno y otro matiz 25 Hecho un lazo por airón, Sobre la enhiesta cerviz Clavado con un arpón. Todo galán pretendía Ofrecerle vencedor 30 A la dama que servía: Por eso perdió Almanzor El potro que más quería. El alcaide muy zambrero De Guadalajara huyó, {p. 199} Mal herido al golpe fiero, Y desde un caballo overo El moro de Horche cayó. Todos miran á Aliatar, 5 Que aunque tres toros ha muerto No se quiere aventurar; Porque en lance tan incierto El caudillo no ha de entrar. Mas viendo se culparía, 10 Va á ponerse delante: La fiera le acometía, Y sin que el rejón le plante Le mató una yegua pía. Otra monta acelerado: 15 Le embiste el toro de un vuelo. Cogiéndole entablerado; Rodó el bonete encarnado Con las plumas por el suelo. Dió vuelta hiriendo y matando 20 A los de pie que encontrara, El circo desocupando; Y emplazándose, se para, Con la vista amenazando. Nadie se atreve á salir: 25 La plebe grita indignada, Las damas se quieren ir, Porque la fiesta empezada No puede ya proseguir. Ninguno al riesgo se entrega 30 Y está en medio el toro fijo; Cuando un portero que llega De la puerta de la Vega Hincó la rodilla y dijo: «Sobre un caballo alazano, {p. 200} Cubierto de galas y oro, Demanda licencia urbano Para alancear á un toro Un caballero cristiano.» 5 Mucho le pesa á Aliatar; Pero Zaida dió respuesta Diciendo que puede entrar; Porque en tan solemne fiesta Nada se debe negar. 10 Suspenso el concurso entero Entre dudas se embaraza, Cuando en un potro ligero Vieron entrar por la plaza Un bizarro caballero; 15 Sonrosado, albo color, Belfo labio, juveniles Alientos, inquieto ardor, En el florido verdor De sus lozanos abriles. 20 Cuelga la rubia guedeja Por donde el almete sube, Cual mirarse tal vez deja Del sol la ardiente madeja Entre cenicienta nube. 25 Gorguera de anchos follajes, De una cristiana primores, En el yelmo los plumajes, Por los visos y celajes Vergel de diversas flores. 30 En la cuja gruesa lanza, Con recamado pendón, Y una cifra á ver se alcanza Que es de desesperación, {p. 201} Ó á lo menos de venganza. En el arzón de la silla Ancho escudo reverbera Con blasones de Castilla, 5 Y el mote dice á la orilla: _Nunca mi espada venciera._ Era el caballo galán, El bruto más generoso, De más gallardo ademán; 10 Cabos negros, y brioso, Muy tostado y alazán. Larga cola recogida En las piernas descarnadas, Cabeza pequeña, erguida, 15 Las narices dilatadas, Vista feroz y encendida. Nunca en el ancho rodeo Que da Betis con tal fruto Pudo fingir el deseo 20 Más bella estampa de bruto, Ni más hermoso paseo. Dió la vuelta al rededor: Los ojos que le veían Lleva prendados de amor. 25 ¡Alah te salve! decían, ¡Déte el Profeta favor! Causaba lástima y grima Su tierna edad floreciente: Todos quieren que se exima 30 Del riesgo, y él solamente Ni recela ni se estima. Las doncellas, al pasar, Hacen de ámbar y alcanfor Pebeteros exhalar, {p. 202} Vertiendo pomos de olor De jazmines y azahar. Mas cuando en medio se para, Y de más cerca le mira 5 La cristiana esclava Aldara, Con su señora se encara, Y así le dice, y suspira: «Señora, sueños no son; Así los cielos vencidos 10 De mi ruego y aflicción, Acerquen á mis oídos Las campanas de León, «Como ese doncel que ufano Tanto asombro viene á dar 15 A todo el pueblo africano, Es Rodrigo de Bivar, El soberbio Castellano.» Sin descubrirle quién es, La Zaida desde una almena 20 Le habló una noche cortés Por donde se abrió después El cubo de la Almudera; Y supo que fugitivo De la corte de Fernando, 25 El Cristiano, apenas vivo, Está á Jimena adorando Y en su memoria cautivo. Tal vez á Madrid se acerca Con frecuentes correrías, 30 Y todo en torno la cerca, Observa sus saetías, Arroyadas y ancha alberca. Por eso le ha conocido: Que en medio de aclamaciones, {p. 203} El caballo ha detenido Delante de sus balcones Y la saluda rendido. La Mora se puso en pie, 5 Y sus doncellas detrás: El alcaide que lo ve, Enfurecido además, Muestra cuán celoso esté. Suena un rumor placentero 10 Entre el vulgo de Madrid: No habrá mejor caballero, Dicen, en el mundo entero; Y algunos le llaman Cid. Crece la algazara, y él 15 Torciendo las riendas de oro, Marcha al combate crüel: Alza el galope y al toro Busca en sonoro tropel. El bruto se le ha encarado 20 Desde que le vió llegar, De tanta gala asombrado; Y al rededor le ha observado Sin moverse de un lugar. Cual flecha se disparó 25 Despedida de la cuerda, De tal suerte le embistió; Detrás de la oreja izquierda La aguda lanza le hirió. Brama la fiera burlada; 30 Segunda vez acomete, De espuma y sudor bañada; Y segunda vez le mete Sutil la punta acerada. Pero ya Rodrigo espera {p. 204} Con heroico atrevimiento, El pueblo mudo y atento; Se engalla el toro y altera, Y finge acometimiento. 5 La arena escarba ofendido, Sobre la espalda la arroja Con el hueso retorcido; El suelo huele y le moja En ardiente resoplido. 10 La cola inquieto menea, La diestra oreja mosquea, Vase retirando atrás, Para que la fuerza sea Mayor, y el ímpetu más. 15 El que en esta ocasión viera De Zaida el rostro alterado Claramente conociera Cuánto le cuesta cuidado El que tanto riesgo espera. 20 Más ¡ay! que le embiste horrendo El animal espantoso. Jamás peñasco tremendo Del Cáucaso cavernoso Se desgaja, estrago haciendo, 25 Ni llama así fulminante, Cruza en negra oscuridad, Con relámpagos delante, Al estrépito tonante De sonora tempestad, 30 Como el bruto se abalanza En terrible ligereza; Mas rota con gran pujanza La alta nuca, la fiereza {p. 205} Y el último aliento lanza. La confusa vocería Que en tal instante se oyó Fué tanta, que parecía 5 Que honda mina reventó, Ó el monte y valle se hundía. A caballo como estaba, Rodrigo el lazo alcanzó Con que el toro se adornaba: 10 En su lanza le clavó Y á los balcones llegaba. Y alzándose en los estribos, Le alarga á Zaida, diciendo: «Sultana, aunque bien entiendo 15 Ser favores excesivos, Mi corto don admitiendo, «Si no os dignáredes ser Con él benigna, advertid Que á mí me basta saber 20 Que no le debo ofrecer A otra persona en Madrid.» Ella, el rostro placentero, Dijo, y turbada: «señor, Yo le admito y le venero, 25 Por conservar el favor De tan gentil caballero.» Y besando el rico don, Para agradar al doncel Le prende con afición 30 Al lado del corazón, Por brinquiño y por joyel. Pero Aliatar el caudillo De envidia ardiendo se ve: Y trémulo y amarillo, {p. 206} Sobre un tremecén rosillo Lozaneándose fué. Y en ronca voz, «Castellano,»— Le dice,—«con más decoros 5 Suelo yo dar de mi mano, Si no penachos de toros, Las cabezas de Cristiano. «Y si vinieras de guerra Cual vienes de fiesta y gala, 10 Vieras que en toda la tierra, Al valor que dentro encierra Madrid, ninguno se iguala.» «Así,»—dijo el de Bivar,— «Respondo,» y la lanza en ristre 15 Pone, y espera á Aliatar; Mas sin que nadie administre Orden, tocaron á armar. Y fiero bando con gritos Su muerte ó prisión pedía, 20 Cuando se oyó en los distritos Del monte de Leganitos Del Cid la trompetería. Entre la Moncloa y Soto Tercio escogido emboscó, 25 Que viendo cómo tardó, Se acercó, oyó el alboroto, Y al muro se abalanzó. Y si no vieran salir Por la puerta á su señor 30 Y Zaida á le despedir, Iban la fuerza á embestir: Tal era ya su furor. El alcaide, recelando Que en Madrid tenga partido, {p. 207} Se templó, disimulando; Y por el parque florido Salió con él razonando. Y es fama, que á la bajada 5 Juró por la cruz el Cid De su vencedora espada, De no quitar la celada Hasta que gane á Madrid.
José de Cadalso
(1741–1782)
SOBRE SER LA POESÍA UN ESTUDIO FRÍVOLO
Llegóse á mí con el semblante adusto, 10 Con estirada ceja y cuello erguido (Capaz de dar un peligroso susto Al tierno pecho del rapaz Cupido), Un animal de los que llaman sabios, Y de este modo abrió sus secos labios: 15 «No cantes más de amor. Desde este día Has de olvidar hasta su necio nombre; Aplícate á la gran filosofía; Sea tu libro el corazón del hombre.» Fuése, dejando mi alma sorprendida 20 De la llegada, arenga y despedida. ¡Adiós, Filis, adiós! No más amores, No más requiebros, gustos y dulzuras, No más decirte halagos, darte flores, No más mezclar los celos con ternuras, 25 No más cantar por monte, selva ó prado Tu dulce nombre al eco enamorado; No más llevarte flores escogidas, {p. 208} Ni de mis palomitas los hijuelos, Ni leche de mis vacas más queridas, Ni pedirte ni darte ya más celos, Ni más jurarte mi constancia pura, 5 Por Venus, por mi fe, por tu hermosura. No más pedirte que tu blanca diestra En mi sombrero ponga el fino lazo, Que en sus colores tu firmeza muestra, Que allí le colocó tu airoso brazo; 10 No más entre los dos un albedrío; Tuyo mi corazón, el tuyo mío. Filósofo he de ser, y tú, que oíste Mis versos amorosos algún día, Oye sentencias con estilo triste 15 Ó lúgubres acentos, Filis mía, Y di si aquel que requebrarte sabe, Sabe también hablar en tono grave.
Gaspar Melchor de Jovellanos
(1744–1811)
CANTO GUERRERO (PARA LOS ASTURIANOS)
A las armas, valientes Astures, Empuñadlas con nuevo vigor; 20 Que otra vez el tirano de Europa El solar de Pelayo insultó. Ved que fieros sus viles esclavos Se adelantan del Sella al Nalón, Y otra vez sus pendones tremolan 25 Sobre Torres, Naranco y Gozón. Corred, corred briosos, Corred á la victoria, Y á nueva eterna gloria {p. 209} Subid vuestro valor. Cuando altiva al dominio del mundo La señora del Tibre aspiró, Y la España en dos siglos de lucha 5 Puso freno á su loca ambición; Ante Asturias sus águilas sólo Detuvieron el vuelo veloz, Y el feliz Octaviano á su vista Desmayado y enfermo tembló. 10 Corred, corred briosos, _etc._ Cuando Suevos, Alanos y Godos Inundaban el suelo español; Cuando atónita España rendía La cerviz á su yugo feroz; 15 Cuando audaz Leovigildo, y triunfante De Toledo corría á León; Vuestros padres, alzados en Arvas, Refrenaron su insano furor. Corred, corred briosos, _etc._ 20 Desde el Lete hasta el Piles Tarique Con sus lunas triunfando llegó, Y con robos, incendios y muertes Las Españas llenó de terror; Pero opuso Pelayo á su furia 25 El antiguo asturiano valor; Y sus huestes el cielo indignado Desplomando, el Auseva oprimió. Corred, corred briosos, _etc._ En Asturias Pelayo alzó el trono 30 Que Ildefonso afirmó vencedor; La victoria ensanchó sus confines, La victoria su fama extendió. Trece reyes su imperio rigieron, Héroes mil realzaron su honor, {p. 210} Y engendraron los héroes que altivos Dieron gloria á Castilla y León. Corred, corred briosos, _etc._ Y hoy que viene un villano enemigo 5 Libertad á robaros y honor, ¿En olvido pondréis tantas glorias? ¿Sufriréis tan indigno baldón? Menos fuerte que el fuerte Romano, Más que el Godo y el Árabe atroz, 10 ¿Sufriréis que esclavice la patria, Que el valor de Pelayo libró? Corred, corred briosos, _etc._ No creáis invencibles ni bravos En la lid á esos bárbaros, no; 15 Sólo en artes malignas son fuertes, Sólo fuertes en dolo y traición. Si en Bailén de sus águilas vieron Humillado el mentido esplendor, De Valencia escaparon medrosos, 20 Zaragoza su fama infamó. Corred, corred briosos, _etc._ Alcañiz arrastró sus banderas, El Alberche su sangre bebió, Ante el Tormes cayeron batidos, 25 Y Aranjuez los llenó de pavor. Fué la heroica Gerona su oprobio, Llobregat reprimió su furor, Y las ondas y muros de Gades Su sepulcro serán y baldón. 30 Corred, corred briosos, _etc._ Y vosotros de Lena y Miranda ¿No los visteis huir con terror? Y no visteis que en Grado y Doriga {p. 211} Su vil sangre los campos regó? Pues ¿quién hoy vuestra furia detiene? Pues ¿quién pudo apagar vuestro ardor? Los que ayer eran flacos, cobardes, 5 ¿Serán fuertes, serán bravos hoy? Corred, corred briosos, _etc._ Cuando os pide el amor sacrificios, Cuando os pide venganza el honor, ¿Cómo no arde la ira en los pechos? 10 ¿Quién los brazos nerviosos ató? A las armas, valientes Astures, Empuñadlas con nuevo vigor; Que otra vez con sus huestes el Corso El solar de Pelayo manchó. 15 Corred, corred briosos, Corred á la victoria, Y á nueva eterna gloria Subid vuestro valor.
Juan Meléndez Valdés
(1754–1817)
ODA: Á UN RUISEÑOR
¡Con qué alegres cantares 20 Oh ruiseñor, celebras Tu dicha, y de tu amada El tierno afán recreas! Ella del blando nido Te responde halagueña 25 Con piadas süaves, Y se angustia si cesas. Las otras aves callan; {p. 212} Y el eco tus querellas Con voz aduladora Repite por la selva; Mientras el cefirillo, 5 De invidioso, te inquieta, Las hojas agitando Con ala más traviesa. Tú cesas y te turbas: Atento adonde suena 10 Te vuelves, y cobarde De ramo en ramo vuelas. Mas luego ya seguro, Los silbos le remedas, El triunfo solemnizas, 15 Y tornas á tus quejas. Así la noche engañas, Y el sol, cuando despierta, Aun goza la armonía De tu amorosa vela. 20 ¡Oh avecilla felice! ¡Oh! ¡qué bien la fineza De tu pecho encareces Con tu voz lisonjera! Ya pías cariñoso, 25 Ya más alto gorjeas, Ya al ardor que te agita, Tu garganta enajenas. ¡Oh! no ceses, no ceses En tan dulce tarea, 30 Que en delicias de oirte Mi espíritu se anega. Así el cielo tu nido De asechanzas defienda, Y tu amable consorte {p. 213} Fiel por siempre te sea. Yo también soy cautivo: También yo, si tuviera Tu piquito agradable, 5 Te diría mis penas; Y en sencillos coloquios Alternando las letras, Tú cantaras tus glorias, Y yo mi fe sincera; 10 Que los malignos hombres Burlan de la inocencia, Y expónese á su risa Quien su dicha les cuenta.
ROMANCE: LA LLUVIA
Bien venida ¡oh lluvia! seas 15 A refrescar nuestros valles, Y á traernos la abundancia Con tu rocío agradable. Bien vengas á dar la vida A las flores, que fragantes, 20 Para mejor recibirte, Rompen ya su tierno cáliz; Do á sus galanos colores, En primoroso contraste, Tus perlas, del sol heridas, 25 Brillan cual ricos diamantes. Bien vengáis, alegres aguas, Fausto alivio del cobarde Labrador, que ya temía Malogrados sus afanes. 30 Bajad, bajad; que la tierra Su agostado seno os abre, Do os aguardan mil semillas {p. 214} Para al punto fecundarse. Bajad, y del mustio prado Vuestro humor la sed apague, Y su lánguida verdura 5 Reanimada se levante; Tejiendo un muelle tapete, Cuyo hermoso verde manchen Los más vistosos matices Como en agraciado esmalte. 10 Bajad, bajad en las alas Del vago viento; empapadle En frescura deleitosa, Y el pecho lo aspire fácil. Bajad; ¡oh, cómo al oído 15 Encanta el ruido süave Que entre las trémulas hojas, Cayendo, las gotas hacen! . . . . . . . . . .
LETRILLA: Á UNOS LINDOS OJOS
_Tus lindos ojuelos Me matan de amor._
Ora vagos giren, Ó párense atentos, 20 Ó miren exentos, Ó lánguidos miren, Ó injustos se aïren Culpando mi ardor, _Tus lindos ojuelos 25 Me matan de amor._ Si al fanal del día Emulando ardientes, Alientan clementes La esperanza mía, 30 Y en su halago fía Mi crédulo error, _Tus lindos ojuelos Me matan de amor._ Si evitan, arteros, 35 Encontrar los míos, Sus falsos desvíos Me son lisonjeros. Negándome fieros {p. 215} Su dulce favor, _Tus lindos ojuelos Me matan de amor._ Los cierras burlando, 5 Y ya no hay amores, Sus flechas y ardores Tu juego apagando: Yo entonces, temblando, Clamo en tanto horror: 10 _Tus lindos ojuelos Me matan de amor._ Los abres riente, Y el amor renace, Y en gozar se place 15 De su nuevo oriente; Cantando demente Yo al ver su fulgor: _Tus lindos ojuelos Me matan de amor._ 20 Tórnalos, te ruego, Niña, hacia otro lado, Que casi he cegado De mirar su fuego ¡Ay! tórnales luego; 25 No con más rigor _Tus lindos ojuelos Me matan de amor._
Fray Diego González
(1733–1794)
TRADUCCIÓN DEL SALMO VIII
¡Cuán grande y admirable, Oh Señor, en quien nuestro bien se encierra, 30 Es tu nombre adorable En todo cuanto cierra La redondez inmensa de la tierra! Pues la magnificencia Que en tus excelsas obras se ha mostrado, 35 En poderío y ciencia Así ha sobrepujado, Que más que el alto cielo se ha elevado. Sacaste tú alabanza De infantil boca, que aun enjuga el pecho; 40 La enemiga alianza Confundida, y deshecho {p. 216} El odio vengador y su despecho. Que si los cielos miro, Esmero de tu mano omnipotente, Y el desvelado giro 5 De la luna luciente, Y de estrellas el coro refulgente, Luego digo, admirando: ¿Qué es el hombre, que tanto le encareces Tu amor, ó el engendrado 10 Del hombre, que mil veces Con tu visitación le favoreces? Poco menos le hiciste Que el ángel, y de honor le coronaste Y gloria, y le pusiste, 15 Luego que le formaste, Sobre todas las cosas que criaste. Y todo sometido Lo dejaste á sus pies y á su mandado; El rebaño vestido 20 De lana, el buey pausado, Y cuanto pace yerba en monte ó prado; Y las ligeras aves, Que alzan el vuelo á la región vacía. Y los pescados graves, 25 Que cruzan á porfía Las sendas de la mar salada y fría. ¡Cuán grande y admirable, Oh Señor, en quien nuestro bien se encierra, Es tu nombre adorable 30 En todo cuanto cierra La redondez inmensa de la tierra! Al Padre poderoso, Al Hijo sin fin sabio, y al supremo Espíritu amoroso {p. 217} Se dé el honor eterno Ahora y siempre y por siglo sempiterno.
EL MURCIÉLAGO ALEVOSO
Estaba Mirta bella Cierta noche formando en su aposento, 5 Con gracioso talento, Una tierna canción, y porque en ella Satisfacer á Delio meditaba, Que de su fe dudaba, Con vehemente expresión le encarecía 10 El fuego que en su casto pecho ardía. Y estando divertida, Un murciélago fiero, ¡suerte insana! Entró por la ventana; Mirta dejó la pluma, sorprendida, 15 Temió, gimió, dió voces, vino gente; Y al querer diligente Ocultar la canción, los versos bellos De borrones llenó, por recogellos. Y Delio, noticioso 20 Del caso que en su daño había pasado, Justamente enojado Con el fiero murciélago alevoso, Que había la canción interrumpido, Y á su Mirta afligido, 25 En cólera y furor se consumía, Y así á la ave funesta maldecía: «Oh monstruo de ave y bruto, Que cifras lo peor de bruto y ave, Visión nocturna grave, 30 Nuevo horror de las sombras, nuevo luto, De la luz enemigo declarado, {p. 218} Nuncio desventurado De la tiniebla y de la noche fría, ¿Qué tienes tú que hacer donde está el día? «Tus obras y figura 5 Maldigan de común las otras aves, Que cánticos suaves Tributan cada día á la alba pura; Y porque mi ventura interrumpiste, Y á su autor afligiste, 10 Todo el mal y desastre te suceda Que á un murciélago vil suceder pueda. «La lluvia repetida, Que viene de lo alto arrebatada, Tan sólo reservada 15 A las noches, se oponga á tu salida; Ó el relámpago pronto reluciente Te ciegue y amedrente; Ó soplando del Norte recio el viento, No permita un mosquito á tu alimento. 20 «La dueña melindrosa, Tras el tapiz do tienes tu manida, Te juzgue, inadvertida, Por telaraña sucia y asquerosa, Y con la escoba al suelo te derribe; 25 Y al ver que bulle y vive, Tan fiera y tan ridícula figura, Suelte la escoba y huya con presura. «Y luego sobrevenga, El juguetón gatillo bullicioso, 30 Y primero medroso Al verte, se retire y se contenga, Y bufe y se espeluce horrorizado, Y alce el rabo esponjado, Y el espinazo en arco suba al cielo, {p. 219} Y con los pies apenas toque el suelo. «Mas luego recobrado, Y del primer horror convalecido, El pecho al suelo unido, 5 Traiga el rabo del uno al otro lado, Y cosido en la tierra, observe atento; Y cada movimiento Que en ti llegue á notar su perspicacia, Le provoque al asalto y le dé audacia. 10 «En fin sobre ti venga, Te acometa y ultraje sin recelo, Te arrastre por el suelo, Y á costa de tu daño se entretenga; Y por caso las uñas afiladas 15 En tus alas clavadas, Por echarte de sí con sobresalto, Te arroje muchas veces á lo alto. «Y acuda á tus chillidos El muchacho, y convoque á sus iguales, 20 Que con los animales Suelen ser comúnmente desabridos; Que á todos nos dotó naturaleza De entrañas de fiereza, Hasta que ya la edad ó la cultura 25 Nos dan humanidad y más cordura. «Entre con algazara La pueril tropa, al daño prevenida, Y lazada oprimida Te echen al cuello con fiereza rara; 30 Y al oirte chillar alcen el grito Y te llamen maldito; Y creyéndote al fin del diablo imagen, Te abominen, te escupan y te ultrajen. «Luego por las telillas {p. 220} De tus alas te claven el postigo, Y se burlen contigo, Y al hocico te apliquen candelillas, Y se rían con duros corazones 5 De tus gestos y acciones, Y á tus tristes querellas ponderadas Correspondan con fiesta y carcajadas. «Y todos bien armados De piedras, de navajas,de aguijones, 10 De clavos, de punzones, De palos por los cabos afilados (De diversión y fiesta ya rendidos), Te embistan atrevidos, Y te quiten la vida con presteza, 15 Consumando en el modo su fiereza. «Te puncen y te sajen, Te tundan, te golpeen, te martillen, Te piquen, te acribillen, Te dividan, te corten y te rajen, 20 Te desmiembren, te partan, te degüellen, Te hiendan, te desuellen, Te estrujen, te aporreen, te magullen, Te deshagan, confundan y aturrullen. «Y las supersticiones 25 De las viejas creyendo realidades, Por ver curiosidades, En tu sangre humedezcan algodones; Para encenderlos en la noche oscura, Creyendo sin cordura 30 Que verán en el aire culebrinas Y otras tristes visiones peregrinas. «Muerto ya, te dispongan El entierro, te lleven arrastrando, Gori, gori, cantando, {p. 221} Y en dos filas delante se compongan Y otras, fingiendo voces lastimeras, Sigan de plañideras, Y dirijan entierro tan gracioso 5 Al muladar más sucio y asqueroso; «Y en aquella basura Un hoyo hondo y capaz te faciliten, Y en él te depositen, Y allí te den debida sepultura; 10 Y para hacer eterna tu memoria, Compendiada tu historia Pongan en una losa duradera, Cuya letra dirá de esta manera.
_Epitafio_ «Aquí yace el murciélago alevoso, 15 Que al sol horrorizó y ahuyentó el día, De pueril saña triunfo lastimoso, Con cruel muerte pagó su alevosía: No sigas, caminante, presuroso, Hasta decir sobre esta losa fría: 20 Acontezca tal fin y tal estrella A aquel que mal hiciere á Mirta bella.»
José Iglesias de la Casa
(1753–1791)
LETRILLA: LA ROSA DE ABRIL
Zagalas del valle Que al prado venís A tejer guirnaldas 25 De rosa y jazmín, Parad en buen hora, Y al lado de mí Mirad más florida _La rosa de Abril_. 30 Su sien coronada {p. 222} De fresco alhelí, Excede á la aurora Que empieza á reir, Y más si en sus ojos, 5 Llorando por mí, Sus perlas asoma _La rosa de Abril_. Veis allí la fuente, Veis el prado aquí 10 Do la vez primera Sus luceros ví; Y aunque de sus ojos Yo el cautivo fuí, Su dueño me llama 15 _La rosa de Abril_. Le dije: _¿Me amas?_ Díjome ella: _Sí_; Y porque lo crea, Me dió abrazos mil; 20 El Amor, de envidia, Cayó muerto allí, Viendo cuál me amaba _La rosa de Abril_. De mi rabel dulce 25 El eco sutil Un tiempo escucharon Londra y colorín; Que nadie más que ellos Me oyera entendí, 30 Y oyéndome estaba _La rosa de Abril_. En mi blanda lira Me puse á esculpir Su hermoso retrato 35 De nieve y carmín; Pero ella me dijo: «Mira el tuyo aquí»; Y el pecho mostróme _La rosa de Abril_. 40 El rosado aliento Que yo á percibir Llegué de sus labios, Me saca de mí: Bálsamo de Arabia 45 Y olor de jazmín Excede en fragancia _La rosa de Abril_. El grato mirar, El dulce reir, 50 Con que ella dos almas Ha sabido unir, No el hijo de Venus Lo sabe decir, Sino aquel que goza 55 _La rosa de Abril_.
Nicasio Álvarez de Cienfuegos {p. 223}
(1764–1809)
EL OTOÑO
¡Oh, salve, salve, soledad querida, Do en los halagos del Abril hermoso Vine á cantar en medio á los amores Mi eterno desamor! ¡ Salve, oh florida, Oh calma vega! A tu feliz reposo 5 Torno otra vez, y entre tus nuevas flores Enjugando el sudor que á Sirio ardiente Pagó en tributo lánguida mi frente, Veré al otoño levantarse ufano Sobre la árida tumba del verano. 10 Sí, le veré; que la balanza justa Las sombras y la luz igual partiendo, En sus frescos palacios aprisiona Voluble al sol, que de su sien augusta La diadema inflamada desciñendo, 15 De rayos más benignos se corona. «Otoño,» clama de su carro de oro; Y otoño al punto, entre el favonio coro, Que Agosto adormeció, la faz alzando, El florido frescor vuela soplando. 20 A su dulce volar ¡cuál reverdece La tierra, enriqueciendo su ancho manto De opulento verdor! La tuberosa Del albo cáliz en su honor florece, Y la piramidal, y tú, oh amaranto, 25 De más largo vivir. Tu flor pomposa, Que adornaba de Mayo los amores, Hoy halla frutos donde vió las flores; Oyó quejarse al ruiseñor, primero, {p. 224} Y ya recibe su cantar postrero. Tú le viste brillante y florecido A este rico peral, que ora, agobiado Del largo enjambre de su prole hermosa, 5 La frente inclina. Céfiro atrevido, De una poma tal vez enamorado, Bate rápido el ala sonorosa, Y la besa, y la deja, y torna amante, Y mece las hojitas, é inconstante 10 Huye y torna á mecer, y cae su amada, Y toca el polvo con la faz rosada. ¡Otoño, otoño! ¿le miráis que llega De colina en colina vacilante Resaltando? ¡ Evohé! salid, oh hermosas, 15 A recibir al monte y á la vega, Suspendiendo á los hombros el vacante Hondo mimbre. Corred, y en pampanosas Guirnaldas coronad mi temulenta Sien. Dadme yedras, que ardo en violenta 20 Sed báquica. ¡Evohé! cortad; que opimos Entre el pámpano caigan los racimos. . . . . . . . . . .
CANCIÓN
Rosal, rosal, ¿dó está el tiempo Que me oyó tu sombra amiga Jurar un amor eterno 25 Al que el suyo me ofrecía? Cuando en ti fijaba La risueña vista, ¡Con qué amor tus rosas Su prisión cerrada abrían! 30 Hora sin amparo, {p. 225} ¿Qué harán? Afligidas, Del pajizo trono Para siempre caen marchitas. ¡Cuántas veces ¡ay! tu tronco 5 Nos vió en amantes caricias Darle en cristalinas aguas Su frescor y hermosa vida! ¡Árbol infelice, Mi recreo un día, 10 Ya tu solo riego Serán las lágrimas mías. Muerte son tus galas: Pluguiese á mi dicha Que, al caer, tus hojas 15 Cubriesen mi tumba fría!
Félix María de Samaniego
(1745–1801)
FÁBULA: EL LEÓN Y LA CABRA
Un señor León andaba, como un perro, Del valle al monte, de la selva al cerro, A caza, sin hallar pelo ni lana, Perdiendo la paciencia y la mañana. 20 Por un risco escarpado Ve trepar una Cabra á lo encumbrado, De modo que parece que se empeña En hacer creer al León que se despeña. El pretender seguirla fuera en vano; 25 El cazador entonces cortesano La dice: «Baja, baja, mi querida; No busques precipicios á tu vida: En el valle frondoso {p. 226} Pacerás á mi lado con reposo.— ¿Desde cuándo, señor, la real persona Cuida con tanto amor de la barbona? Esos halagos tiernos 5 No son por bien, apostaré los cuernos.» Así le respondió la astuta Cabra; Y el Léon se fué sin replicar palabra. _Lo paga la infeliz con el pellejo, Si toma sin examen el consejo._ 10
FÁBULA: EL JABALÍ Y LA ZORRA
Sus horribles colmillos aguzaba Un Jabalí en el tronco de una encina. La Zorra, que vecina Del animal cerdoso se miraba, Le dice: «Extraño el verte, 15 Siendo tú en paz señor de la bellota, Cuando ningún contrario te alborota, Que tus armas afiles de esa suerte.» La fiera respondió: «Tenga entendido Que en la paz se prepara el buen guerrero, 20 Así como en la calma el marinero, _Y que vale por dos el prevenido._»
Tomás de Iriarte
(1750–1791)
EL OSO, LA MONA Y EL CERDO
Un Oso, con que la vida Ganaba un Piamontés, La no muy bien aprendida 25 Danza ensayaba en dos pies. Queriendo hacer de persona, {p. 227} Dijo á una Mona: «¿Qué tal?» Era perita la Mona, Y respondióle: «Muy mal.» «Yo creo,» replicó el Oso, 5 «Que me haces poco favor. ¡Pues qué! ¿Mi aire no es garboso? ¿No hago el paso con primor?» Estaba el Cerdo presente, Y dijo: «Bravo, ¡bien va! 10 Bailarín más excelente No se ha visto ni verá.» Echó el Oso, al oir esto, Sus cuentas allá entre sí, Y con ademán modesto 15 Hubo de exclamar así: «Cuando me desaprobaba La Mona, llegué á dudar; Mas ya que el Cerdo me alaba, Muy mal debo de bailar.» 20 Guarde para su regalo Esta sentencia un autor; Si el sabio no aprueba, ¡malo! Si el necio aplaude, ¡peor!
SONETO
(_Cumple el autor la palabra que dió de escribir un soneto á los ojos de Laura._)
¿Un soneto á tus ojos, Laura mía? 25 ¿No hay más que hacer sonetos, y á tus ojos? —Serán los versos duros, serán flojos; Pero á Laura mi afecto los envía. ¿Con que, ha de ser soneto? ¡Hay tal porfía! —Ta! que por estos súbitos arrojos {p. 228} Se ven tantos poetas en sonrojos, Que lo quiero dejar para otro día. —Respondes, Laura, que no importa un pito Que no sea el soneto muy discreto, 5 Como hable de tus ojos infinito. —¿Sí?—Pues luego escribirle te prometo, Allá voy... ¿Para qué, si ya está escrito, Laura mía, á tus ojos el soneto?
Leandro Fernández de Moratín
(1760–1828)
ODA: LOS DÍAS
¡No es completa desgracia, 10 Que por ser hoy mis días, He de verme sitiado De incómodas visitas! Cierra la puerta, mozo, Que sube la vecina, 15 Su cuñada y sus yernos Por la escalera arriba. Pero ¡qué!... No la cierres; Si es menester abrirla; Si ya vienen chillando 20 Doña Tecla y sus hijas. El coche que ha parado, Según lo que rechina, Es el de don Venancio, ¡Famoso petardista! 25 ¡Oh! ya está aquí don Lucas Haciendo cortesías, Y don Mauro el abate, {p. 229} Opositor á mitras, Don Genaro, don Zoilo, Y doña Basilisa; Con una lechigada 5 De niños y de niñas. ¡Qué necios cumplimientos! ¡Qué frases repetidas! Al monte de Torozos Me fuera por no oirlas. 10 Ya todos se preparan (Y no bastan las sillas) A engullirme bizcochos, Y dulces y bebidas. . . . . . . . . . . ¡Demonios! Yo que paso 15 La solitaria vida, En virginal ayuno Abstinente eremita; Yo, que del matrimonio Renuncié las delicias, 20 Por no verme comido De tales sabandijas, ¿He de sufrir ahora Esta algazara y trisca? Vamos, que mi paciencia 25 No ha de ser infinita. Váyanse enhoramala; Salgan todos aprisa, Recojan abanicos, Sombreros y basquiñas. 30 Gracias por el obsequio Y la cordial visita, Gracias; pero no vuelvan {p. 230} Jamás á repetirla. Y pues ya merendaron, Que es á lo que venían, Si quieren baile, vayan 5 Al soto de la Villa.
Manuel María de Arjona
(1771–1820)
ESPAÑA RESTAURADA EN CÁDIZ
(_Oda dedicada á la memoria de Juan de Padilla_)
Sal del sepulcro, deja tu mancilla, Revístete de luz y de grandeza, O sombra glorïosa de Padilla, Que grata España á venerar empieza, 10 La España, que á un patíbulo afrentoso (¡Gime, oh patria!) la vida vió entregada Del ciudadano fiero y generoso Por quien Castilla fuera reengendrada. Vuela al cadalso el águila insolente, 15 De su triunfo ufanándose inhumano, Y la corona arranca de la frente Del héroe más ilustre castellano. Murió tu libertad, oh patria mía; La Austria altiva te ciñe las cadenas; 20 Vengad, cielos, vengad su tiranía; Oh vencedor, tú á muerte te condenas. Tiembla, tirano; á tu pesar, del cielo Baja al suplicio la virtud llorosa, Y al héroe moribundo rasga el velo 25 En que se encubre edad más venturosa. «Muere, le dice, con heroico aliento; {p. 231} Tu sangre será el fuego que algún día Llegando España hasta el postrer momento, La vuelva á su primera valentía. «¿No ves dó quiebra la ira poderosa 5 El Atlántico mar, una luz grata Que crece poco á poco, y victoriosa Por los dos hemisferios se dilata? «Ya las columnas de Hércules altares Son de la libertad; allí la España 10 Une, á pesar de los inmensos mares, Sus hijos, que gozosa en llanto baña; «Y á su seno estrechándolos piadosa, Sus manos lleva á la sagrada pira, Que á la de Mucio emula, y orgullosa 15 Odio eterno á tiranos les inspira. «¿Juráis, les dice, libres y atrevidos Lavar la mancha que imprimió en mi frente La austriaca tiranía, y sometidos Nunca veros á déspota insolente? 20 «¿Juráis que á ese tirano, cuyo imperio Medrosos reinos con infamia humilla, No sufriréis que en torpe cautiverio Incline vuestra madre la rodilla? «—Juramos,» claman: agitado el viento 25 Lleva en vuelo los gritos hasta el Sena; Y del libre Español el noble intento Del esclavo francés es mengua y pena.» Así gozoso el inmortal Padilla Miró las glorias de su patria amada, 30 Al tiempo que la bárbara cuchilla Sobre su cuello descendiera airada. Mas de su espada, que aun gloriosa vive, Ármate, España, y al tirano aterra; Y en tu naciente libertad recibe {p. 232} Nuevo valor para tu honrosa guerra. Así Roma triunfó cuando su asiento El Janículo daba al Rey de Etruria; Así cuando del galo fraudulento 5 Quiso con oro redimir la injuria. Dada la gloria que á Camilo sea A ti ley sacrosanta, por ti España No otro laurel ni triunfo ya desea Que eternizar en paz tan alta hazaña. 10
IV {p. 233} POESÍAS DEL SIGLO XIX
Manuel José Quintana {p. 235}
(1772–1857)
ODA Á ESPAÑA, DESPUÉS DE LA REVOLUCIÓN DE MARZO
¿Qué era, decidme, la nación que un día Reina del mundo proclamó el destino, La que á todas las zonas extendía Su cetro de oro y su blasón divino? Volábase á occidente, 5 Y el vasto mar Atlántico sembrado Se hallaba de su gloria y su fortuna. Do quiera España: en el preciado seno De América, en el Asia, en los confines Del África, allí España. El soberano 10 Vuelo de la atrevida fantasía Para abarcarla se cansaba en vano; La tierra sus mineros le rendía, Sus perlas y coral el Oceano, Y donde quier que revolver sus olas 15 Él intentase, á quebrantar su furia Siempre encontraba costas españolas. Ora en el cieno del oprobio hundida, Abandonada á la insolencia ajena, Como esclava en mercado, ya aguardaba 20 La ruda argolla y la servil cadena. ¡Qué de plagas! ¡oh Dios! Su aliento impuro, La pestilente fiebre respirando, Infestó el aire, emponzoñó la vida; {p. 236} La hambre enflaquecida Tendió sus brazos lívidos, ahogando Cuanto el contagio perdonó; tres veces De Jano el templo abrimos, 5 Y á la trompa de Marte aliento dimos; Tres veces ¡ay! los dioses tutelares Su escudo nos negaron, y nos vimos Rotos en tierra y rotos en los mares. ¿Qué en tanto tiempo viste 10 Por tus inmensos términos, oh Iberia? ¿Qué viste ya sino funesto luto, Honda tristeza, sin igual miseria, De tu vil servidumbre acerbo fruto? Así rota la vela, abierto el lado, 15 Pobre bajel á naufragar camina, De tormenta en tormenta despeñado, Por los yermos del mar; ya ni en su popa Las guirnaldas se ven que antes le ornaban, Ni en señal de esperanza y de contento 20 La flámula riendo al aire ondea. Cesó en su dulce canto el pasajero, Ahogó su vocería El ronco marinero, Terror de muerte en torno le rodea, 25 Terror de muerte silencioso y frío; Y él va á estrellarse al áspero bajío. Llega el momento, en fin; tiende su mano El tirano del mundo al occidente, Y fiero exclama: «El occidente es mío.» 30 Bárbaro gozo en su ceñuda frente Resplandeció, como en el seno oscuro De nube tormentosa en el estío Relámpago fugaz brilla un momento Que añade horror con su fulgor sombrío. {p. 237} Sus guerreros feroces Con gritos de soberbia el viento llenan; Gimen los yunques, los martillos suenan, Arden las forjas. ¡Oh vergüenza! ¿Acaso 5 Pensáis que espadas son para el combate Las que mueven sus manos codiciosas? No en tanto os estiméis: grillos, esposas, Cadenas son que en vergonzosos lazos Por siempre amarren tan inertes brazos. 10 Estremecióse España Del indigno rumor que cerca oía, Y al grande impulso de su justa saña Rompió el volcán que en su interior hervía. Sus déspotas antiguos 15 Consternados y pálidos se esconden; Resuena el eco de venganza en torno, Y del Tajo las márgenes responden: «¡Venganza!» ¿Dónde están, sagrado río, Los colosos de oprobio y de vergüenza 20 Que nuestro bien en su insolencia ahogaban? Su gloria fué, nuestro esplendor comienza; Y tú, orgulloso y fiero, Viendo que aun hay Castilla y castellanos, Precipitas al mar tus rubias ondas, 25 Diciendo: «Ya acabaron los tiranos.» ¡Oh triunfo! ¡Oh gloria! ¡Oh celestial momento! ¿Con que puede ya dar el labio mío El nombre augusto de la patria al viento? Yo le daré; mas no en el arpa de oro 30 Que mi cantar sonoro Acompañó hasta aquí; no aprisionado En estrecho recinto, en que se apoca El numen en el pecho Y el aliento fatídico en la boca. {p. 238} Desenterrad la lira de Tirteo, Y el aire abierto á la radiante lumbre Del sol; en la alta cumbre Del riscoso y pinífero Fuenfría, 5 Allí volaré yo, y allí cantando Con voz que atruene en rededor la sierra, Lanzaré por los campos castellanos Los ecos de la gloria y de la guerra. ¡Guerra, nombre tremendo, ahora sublime, 10 Único asilo y sacrosancto escudo Al ímpetu sañudo Del fiero Atila que á occidente oprime! ¡Guerra, guerra, españoles! En el Betis Ved del Tercer Fernando alzarse airada 15 La augusta sombra; su divina frente Mostrar Gonzalo en la imperial Granada; Blandir el Cid su centelleante espada, Y allá sobre los altos Pirineos, Del hijo de Jimena 20 Animarse los miembros giganteos. En torbo ceño y desdeñosa pena Ved cómo cruzan por los aires vanos; Y el valor exhalando que se encierra Dentro del hueco de sus tumbas frías, 25 En fiera y ronca voz pronuncian: «¡Guerra! ¡Pues qué! ¿Con faz serena Vierais los campos devastar opimos, Eterno objeto de ambición ajena, Herencia inmensa que afanando os dimos? 30 Despertad, raza de héroes: el momento Llegó ya de arrojarse á la victoria; Que vuestro nombre eclipse nuestro nombre, Que vuestra gloria humille nuestra gloria. No ha sido en el gran día {p. 239} El altar de la patria alzado en vano Por vuestra mano fuerte. Juradlo, ella os lo manda: _¡Antes la muerte Que consentir jamás ningún tirano!_» 5 Sí, yo lo juro, venerables sombras; Yo lo juro también, y en este instante Ya me siento mayor. Dadme una lanza, Ceñidme el casco fiero y refulgente; Volemos al combate, á la venganza; 10 Y el que niegue su pecho á la esperanza, Hunda en el polvo la cobarde frente. Tal vez el gran torrente De la devastación en su carrera Me llevará. ¿Qué importa? ¿Por ventura 15 No se muere una vez? ¿No iré, espirando, A encontrar nuestros ínclitos mayores? «¡Salud, oh padres de la patria mía, Yo les diré, salud! La heroica España De entre el estrago universal y horrores 20 Levanta la cabeza ensangrentada, Y vencedora de su mal destino, Vuelve á dar á la tierra amedrentada Su cetro de oro y su blasón divino.»
ODA Á GUZMÁN EL BUENO
Ya con lira sonora 25 Himnos dí á la beldad, hija del cielo, Y á amor canté que sin cesar la adora; Más ¿cómo al fin mi generoso anhelo Podrá exaltarse de la hermosa fama Hasta el templo inmortal? Ella me llama, 30 Y ya en mi pecho hierve El canto de loor, sin que mis ojos {p. 240} En esta sirte miserable vean El grande objeto que ensalzar desean. ¿Cantara yo las haces españolas En Pirene temblando al eco horrendo 5 Con que Mavorte en rededor rugía? ¿O á las naves británicas huyendo Nuestra mísera escuadra entre las olas, Amedrentadas ya con su osadía? No, España, patria mía; 10 No son eternas, no, las torpes huellas Que de tu noble frente Empañan el honor; tú en otros días, Con victorioso patriotismo bellos, De gloria ornada y esplendor te vías. 15 ¡Ah! ¿por qué yo infeliz no nací en ellos? Entonces los Alfonsos esforzados, El hijo de Jimena y gran Rodrigo, Rayos horribles de la gente mora, Con sus nervudos brazos no cansados 20 Desolación del bárbaro enemigo Eran siempre en la lid espantadora. ¿Quién diera á mi deseo Tantos lauros contar? Cada llanura Fué campo de batalla, 25 Cada colina vencedor trofeo; Los sitios mismos que el baldón miraron, Miraron la venganza, y las afrentas En torrentes de sangre se lavaron. «Venid, venid, el Árabe decía, 30 Volad, hijos de Agar; ya los esclavos El yugo intentan sacudir que un día En su arrollado cuello Vuestro valor indómito cargara. ¿Lo sufriréis? Las naves aprestemos, {p. 241} Y el ancho valladar con que el destino La Europa y Libia dividió salvemos. Venid, venid; que nuestra fiera saña Estremecida España 5 Sientra otra vez; acometed, y abiertas De Calpe y de Tarifa os son las puertas.» Mas no las puertas de Tarifa entonces Al pérfido Julián obedecían; El valor y el honor las defendían; 10 El honor y el valor que siempre fueron Escudo impenetrable el más seguro. ¿Qué sin ellos valer el alto muro Ni el grueso torreón jamás pudieron? El hombre es solo quien guarnece al hombre. 15 ¡Oh pueblo numantino! ¡Oh sagrada ciudad de alto renombre! ¿Quién sino tu constancia te ceñía Cuando las olas del poder romano Sobre ti vanamente se estrellaban, 20 Y sus feroces águilas temblaban? Tal Guzmán impertérrito defiende La fortaleza en donde Quebrada el Moro su pujanza vía; Que ataca en vano, y de furor se enciende, 25 Y truena, al fin, con la espantable saña De nube que se rompe Con estruendo fragoso en la montaña. «¿Así será que la esperanza mía Un hombre solo á contrastar se atreva? 30 Oye, Guzmán: las leyes del destino Esta prenda infeliz de tus amores A mi venganza dieron: Hijo es tuyo, ¿le ves? Si en el momento Ante mis pies no allanas {p. 242} La firme valla del soberbio fuerte, Tú, que le diste el ser, tú le das muerte.» Así la iniquidad habla á la tierra, Cuando, de orgullo y de poder henchida, 5 Mueve á los hombres espantosa guerra. ¡Oh! ¡no tembléis! Magnánimo á su encuentro La virtud generosa se levanta, Y sus soberbios ímpetus quebranta. Ella elevó á Guzmán; de ella inspirado, 10 «Conóceme, tirano, respondía; Y si es que espada en tu cobarde mano Falta á la atrocidad, ahí va la mía; Que yo consagro mi inocente hijo Sobre las aras de mi patria amada.» 15 Esto sereno dijo, Y arroja al campo la fulmínea espada. Y estremécese el campo, y da un gemido Al vacilar la víctima, do esconde Su punta aguda el inclemente acero. 20 Calpe con gritos de dolor responde Al grito universal, y del guerrero También la faz valiente Brotando riega involuntario el llanto. ¡Ah! tú padre de España eres primero; 25 Mira cuál ella la segura frente Alza y su numen tutelar te aclama; Mira á tu gloria despertar la fama, Que, sus doradas alas desplegando Y sonando la trompa refulgente, 30 Los grandes ecos de tu nombre envía Del norte al mediodía, Del templo de la aurora al occidente. Y esta soberbia aclamación oyendo, De horror y espanto el Berberisco herido, {p. 243} Huye al mar confundido, Entre sollozos trémulos diciendo: «Huyamos ¡ay! á nuestra ardiente arena. ¿Cómo arrancar la tímida paloma 5 Podrá su presa al águila valiente Del aire vago en la región serena? Quiébrase el cetro á la africana gente, Su trono se hunde, y la cruel venganza Del Godo vencedor, estrago y ruina 10 Contra el ceño de África fulmina.» Así temblando el Musulmán huía Del Español guerrero, Que sobre él centellando revolvía. Bien como cuando su valor primero, 15 Sorprendido, el león pierde, y se amansa, Y en sí el oprobio de servir consiente. ¿Cómo á tan vergonzoso vituperio La generosa frente Pudo ya doblegar? ¿Do fue el espanto 20 Que dio á la selva atónita su imperio? ¿Nació quizá para vivir esclavo? No, que llega su vez, y ardiendo en ira, Rompe, y se libra, y con feroz semblante Del vil ultraje á la venganza aspira, 25 Bañando en sangre las atroces manos; Y ruge, y amedrenta á sus tiranos.
Juan Nicasio Gallego {p. 244}
(1777–1853)
EL DOS DE MAYO
Noche, lóbrega noche, eterno asilo Del miserable que, esquivando el sueño, En tu silencio pavoroso gime: No desdeñes mi voz; letal beleño Presta á mis sienes, y en tu horror sublime 5 Empapada la ardiente fantasía, Da á mi pincel fatídicos colores Con que el tremendo día Trace al furor de vengadora tea, Y el odio irrite de la patria mía, 10 Y escándalo y terror al orbe sea. ¡Día de execración! La destructora Mano del tiempo le arrojó al averno; Mas ¿quién el sempiterno Clamor con que los ecos importuna 15 La madre España en enlutado arreo Podrá atajar? Junto al sepulcro frío, Al pálido lucir de opaca luna, Entre cipreses fúnebres la veo: Trémula, yerta, desceñido el manto, 20 Los ojos moribundos Al cielo vuelve, que le oculta el llanto; Roto y sin brillo el cetro de dos mundos Yace entre el polvo, y el león guerrero Lanza á sus pies rugido lastimero. 25 ¡Ay, que cual débil planta Que agota en su furor hórrido viento, De víctimas sin cuento Lloró la destrucción Mantua afligida! Yo ví, yo ví su juventud florida {p. 245} Correr inerme al huésped ominoso. ¿Mas qué su generoso Esfuerzo pudo? El pérfido caudillo En quien su honor y su defensa fía, 5 La condenó al cuchillo. ¿Quién ¡ay! la alevosía, La horrible asolación habrá que cuente, Que, hollando de amistad los santos fueros, Hizo furioso en la indefensa gente 10 Ese tropel de tigres carniceros? Por las henchidas calles Gritando se despeña La infame turba que abrigó en su seno, Rueda allá rechinando la cureña, 15 Acá retumba el espantoso trueno, Allí el joven lozano, El mendigo infeliz, el venerable Sacerdote pacífico, el anciano Que con su arada faz respeto imprime, 20 Juntos amarra su dogal tirano. En balde, en balde gime, De los duros satélites en torno, La triste madre, la afligida esposa. Con doliente clamor; la pavorosa 25 Fatal descarga suena, Que á luto y llanto eterno la condena. ¡Cuánta escena de muerte! ¡cuánto estrago! ¡Cuántos ayes doquier! Despavorido Mirad ese infelice 30 Quejarse al adalid empedernido De otra cuadrilla atroz: «¡Ah! ¿Qué te hice?» Exclama el triste en lágrimas deshecho: «Mi pan y mi mansión partí contigo, Te abrí mis brazos, te cedí mi lecho. {p. 246} Templé tu sed, y me llamé tu amigo; ¿Y ahora pagar podrás nuestro hospedaje Sincero, franco, sin doblez ni engaño, Con dura muerte y con indigno ultraje?» 5 ¡Perdido suplicar! ¡inútil ruego! El monstruo infame á sus ministros mira, Y con tremenda voz gritando: «¡fuego!» Tinto en su sangre el desgraciado espira. Y en tanto ¿dó se esconden? 10 ¿Dó están ¡oh cara patria! tus soldados, Que á tu clamor de muerte no responden? Presos, encarcelados, Por jefes sin honor, que, haciendo alarde De su perfidia y dolo, 15 A merced de los vándalos te dejan, Como entre hierros el león, forcejean Con inútil afán. Vosotros sólo, Fuerte Daoiz, intrépido Velarde, Que osando resistir al gran torrente 20 Dar supisteis en flor la dulce vida Con firme pecho y con serena frente; Si de mi libre musa Jamás el eco adormeció á tiranos, Ni vil lisonja emponzoñó su aliento, 25 Allá del alto asiento Al que la acción magnánima os eleva, El himno oid que á vuestro nombre entona, Mientras la fama alígera le lleva Del mar de hielo á la abrasada zona. 30 Mas ¡ay! que en tanto sus funestas alas, Por la opresa metrópoli tendiendo La yerma asolación sus plazas cubre, Y al áspero silbar de ardientes balas, Y al ronco son de los preñados bronces, {p. 247} Nuevo fragor y estrépito sucede. ¿Oís cómo, rompiendo De moradores tímidos las puertas, Caen estallando de los fuertes gonces? 5 ¡Con qué espantoso estruendo Los dueños buscan, que medrosos huyen! Cuanto encuentran destruyen, Bramando, los atroces forajidos, Que el robo infame y la matanza ciegan. 10 ¿No veis cuál se despliegan, Penetrando en los hondos aposentos, De sangre y oro y lágrimas sedientos? Rompen, talan, destrozan Cuanto se ofrece á su sangrienta espada. 15 Aquí, matando al dueño, se alborozan, Hieren allí su esposa acongojada; La familia asolada Yace espirando, y con feroz sonrisa Sorben voraces el fatal tesoro. 20 Suelta, á otro lado, la madeja de oro, Mustio el dulce carmín de su mejilla, Y en su frente marchita la azucena, Con voz turbada y anhelante lloro, De su verdugo ante los pies se humilla 25 Tímida virgen, de amargura llena; Mas con furor de hiena, Alzando el corvo alfanje damasquino, Hiende su cuello el bárbaro asesino ¡Horrible atrocidad!... Treguas ¡oh musa! 30 Que ya la voz rehusa Embargada en suspiros mi garganta. Y en ignominia tanta, ¿Será que rinda el español bizarro La indómita cerviz á la cadena? {p. 248} No, que ya en torno suena De Palas fiera el sanguinoso carro, Y el látigo estallante Los caballos flamígeros hostiga. 5 Ya el duro peto y el arnés brillante Visten los fuertes hijos de Pelayo. Fuego arrojó su ruginoso acero: «¡Venganza y guerra!» resonó en su tumba; «¡Venganza y guerra!» repitió Moncayo; 10 Y al grito heroico que en los aires zumba, «¡Venganza y guerra!» claman Turia y Duero. Guadalquivir guerrero Alza al bélico son la regia frente, Y del Patrón valiente 15 Blandiendo altivo la nudosa lanza, Corre gritando al mar: «¡Guerra y venganza!» ¡Oh sombras infelices De los que aleve y bárbara cuchilla Robó á los dulces lares! 20 ¡Sombras inultas que en fugaz gemido Cruzáis los anchos campos de Castilla! La heroica España, en tanto que al bandido Que á fuego y sangre, de insolencia ciego, Brindó felicidad, á sangre y fuego 25 Le retribuye el don, sabrá piadosa Daros solemne y noble monumento. Allí en padrón cruento De oprobio y mengua, que perpetuo dure, La vil traición del déspota se lea, 30 Y altar eterno sea Donde todo Español al monstruo jure Rencor de muerte que en sus venas cunda, Y á cien generaciones se difunda.
José María Blanco {p. 249}
(1775–1841)
LA VOLUNTARIEDAD Y EL DESEO RESIGNADO
¡Qué rápido torrente, Qué proceloso mar de agitaciones Pasa de gente en gente Dentro de los humanos corazones! ¡Quién que verlo pudiera 5 Furioso, desfrenado, ilimitable, En el mundo creyera Que hubiese nada fijo, nada estable? Mas se enfurece en vano Contra la roca inmoble del destino, 10 Que con certera mano Supo contraponerle el Sér divino. ¡Sús! reyes de la tierra, El oro omnipotente y el acero Acumulad, que encierra 15 En su oculto tesoro el orbe entero. Llamad de sus hogares Cuantos cultivan el fecundo suelo, Y mueran á millares O suplicando ó maldiciendo al cielo. 20 Truene el estrepitoso Cañón por tierra y mar; alce el trofeo Su ceño sanguinoso Desde el indo Himalaya al Pirineo. Silbando cual serpientes 25 Engendradas del mar, vuelen las naves, Que de hálitos ardientes Animadas, superan á las aves. No las arredre el viento, {p. 250} Ni del mar las corrientes escondidas, Y á este nuevo elemento Cuantas fuerzas se opongan sean rendidas. Parezca que entredicho 5 Ha puesto á la verdad la fuerza ciega, Y que contra el capricho Toda la raza humana en vano briega. Bien pronto la tormenta Que suscitó el querer de un hombre vano, 10 Creciendo, lo amedrenta Y paraliza su atrevida mano. No así el que sometido A la suprema voluntad, procura El bien apetecido 15 Sin enojado ardor y sin presura. ¡Deseo silencioso, Fuera del corazón nunca expresado! Tú eres más poderoso Que el que aparece de violencia armado. 20 Cual incienso süave Tú subes invisible al sacro trono, Sin que tus alas grave La necia terquedad ni el ciego encono. Del escondido ruego, 25 Por el querer divino limitado, No perturba el sosiego Ni temor del azar ni horror del hado.
Alberto Lista y Aragón {p. 251}
(1775–1848)
LA MUERTE DE JESÚS
¿Y eres tú el que velando La excelsa majestad en nube ardiente Fulminaste en Siná? y el impío bando Que eleva contra ti la osada frente, ¿Es el que oyó medroso 5 De tu rayo el estruendo fragoroso? Mas hora abandonado, ¡Ay! pendes sobre el Gólgota, y al cielo Alzas gimiendo el rostro lastimado: Cubre tus bellos ojos mortal velo, 10 Y su luz extinguida, En amargo suspiro das la vida. Así el amor lo ordena, Amor, más poderoso que la muerte: Por él de la maldad sufre la pena 15 El Dios de las virtudes; y león fuerte, Se ofrece al golpe fiero Bajo el vellón de cándido cordero. ¡O víctima preciosa, Ante siglos de siglos degollada! 20 Aun no ahuyentó la noche pavorosa Por vez primera el alba nacarada, Y hostia del amor tierno Moriste en los decretos del Eterno. . . . . . . . . . . ¿Oyes, oyes cuál clama: 25 «Padre de amor, por qué me abandonaste?» Señor, extingue la funesta llama, Que en tu furor al mundo derramaste: De la acerba venganza {p. 252} Que sufre el justo, nazca la esperanza. ¿No veis cómo se apaga El rayo entre las manos del Potente? Ya de la muerte la tiniebla vaga 5 Por el semblante de Jesús doliente: Y su triste gemido Oye el Dios de las iras complacido. Ven, ángel de la muerte: Esgrime, esgrime la fulmínea espada, 10 Y el último suspiro del Dios fuerte, Que la humana maldad deja espiada, Suba al solio sagrado, Do vuelva en padre tierno al indignado. Rasga tu seno, ó tierra: 15 Rompe, ó templo, tu velo. Moribundo Yace el Criador; mas la maldad aterra, Y un grito de furor lanza el profundo: Muere... Gemid, humanos: Todos en él pusisteis vuestras manos. 20
LA VICTORIA DE BAILÉN
Tronó la alzada cumbre de Pirene, Y sobre el suelo hispano Lanzó horrorosa nube de asesinos; Y las madres de Iberia al triste pecho Los hijos estrecharon 25 Y piedad y venganza reclamaron. Pasa el dorado Tajo y las vertientes Del Mariano monte La caterva sin ley. Nuevas matanzas Viene y nuevos destrozos meditando; 30 Y en su furor sañoso Dijo entonces el bárbaro orgulloso: «Venid, y en la florida Andalucía {p. 253} De oro y sangre saciemos Nuestros sedientos pechos. Sús, varones: ¿No sois los invencibles que llevaron Muerte, luto y ruina 5 Del Rin á la remota Palestina?» . . . . . . . . . . Españoles, volad: hijos de Marte, Que el Ganges y el ocaso Hicisteis resonar con vuestro nombre, Volad; arrebatad á esos perjuros 10 Sus laureles odiosos, A la mísera Europa tan costosos. Castaños inmortal, nombre de triunfo, Dulce alumno de Palas, Y querido de Marte, á ti encomienda 15 Su justa causa España; la victoria Tus estandartes guía, Y su temido rayo te confía. . . . . . . . . . . ¿Quién sube por el Betis? ¿quién terrible El defendido paso 20 Rompe ya de Mengíbar? ¿Quién asciende A las alturas de Bailén y al campo, Do humea todavía Del sarraceno infiel la sangre impía? Y ¿qué, Dupont, vacilas? La alta sierra 25 Te niega sus gargantas, Por sus audaces hijos defendidas. ¡Mísero! ¿donde irás? Tienes delante Cabe el Betis undoso Al fuerte Ibero de tu sangre ansioso. 30 Huye infelice, huye: negra noche, Escudo de malvados, Cubre en su horror tu vergonzosa fuga: {p. 254} Mas ¡ay! que en tu camino se interpone Nuevo escuadrón valiente Que _rendirte_ ó _morir_ sólo consiente. Mas ¡oh! cede el impío: la fiereza 5 Y el orgullo altanero Postra al valor del inmortal Castaños: Yace abatida el águila rapante, Terror de las naciones, Al pié de nuestros fuertes escuadrones. 10 . . . . . . . . . . Vive glorioso vengador: tu nombre Tiembla el galo vencido, Y venera la Europa belicosa: Vandalia, madre antigua de guerreros, Su claro honor te llama, 15 Y España libre tu valor aclama. ¡España, España! ¡amada patria mía! ¡Patria de los valientes Que el largo oprobio de tu faz borraron! Cuando tu afecto de mi pecho salga, 20 Mi cantar abatido Sepúltese en el polvo del olvido: Ni en las umbrosas faldas de Helicona Honor tenga mi lira, Y mustio de mi frente envilecida 25 Caiga el laurel sagrado de los vates, Cuando á tu excelsa gloria El cántico no entone de victoria.
Juan Arriaza y Superirela {p. 255}
(1770–1837)
LOS DEFENSORES DE LA PATRIA: CANCIÓN CÍVICA
_Vivir en cadenas, ¡Cuán triste vivir! Morir por la patria, ¡Qué bello morir!_ Partamos al campo, 5 Que es gloria el partir; La trompa guerrera Nos llama á la lid: La patria oprimida, Con ayes sin fin 10 Convoca á sus hijos, Sus ecos oíd. ¿Quién es el cobarde, De sangre tan vil, Que en rabia no siente 15 Sus venas hervir? ¿Quién rinde sus sienes A un yugo servil Viviendo entre esclavos, Odioso vivir? 20 Placeres, halagos, Quedaos á servir A pechos indignos De honor varonil; Que el hierro es quien solo 25 Sabrá redimir De afrenta al que libre Juró ya vivir. Adiós, hijos tiernos {p. 256} Cual flores de abril; Adiós, dulce lecho De esposa gentil: Los brazos, que en llanto 5 Bañáis al partir, Sangrientos, con honra, Veréislos venir; Mas tiemble el tirano Del Ebro y del Rin, 10 Si un astro á los buenos Protege feliz. Si el hado es adverso, Sabremos morir... Morir por Fernando 15 Y eternos vivir. Sabrá el suelo patrio De rosas cubrir Los huesos del fuerte Que espire en la lid: 20 Mil ecos gloriosos Dirán: «Yace aquí Quien fué su divisa Triunfar ó morir.» _Vivir en cadenas, 25 ¡Cuán triste vivir! Morir por la patria, ¡Qué bello morir!_
Francisco Martínez de la Rosa {p. 257}
(1787–1862)
EPÍSTOLA AL DUQUE DE FRÍAS (CON MOTIVO DE LA MUERTE DE LA DUQUESA)
¡Desde las tristes márgenes del Sena, Cubierto el cielo de apiñadas nubes, De nieve el suelo, y de tristeza el alma, Salud te envía tu infeliz amigo, A ti más infeliz! Y ni le arredra 5 El temor de tocar la cruda llaga, Que aún brota sangre, y de mirar tus ojos Bañarse en nuevas lágrimas. ¿Qué fuera Si no llorara el hombre? Yo mil veces He bendecido á Dios, que nos dió el llanto 10 Para aliviar el corazón, cual vemos Calmar la lluvia al mar tempestuoso. Llora, pues, llora; otros amigos fieles, De más saber y de mayor ventura, De la estoica virtud en tus oídos 15 Harán sonar la voz; yo que en el mundo Del cáliz de amargura una vez y otra Apuré hasta las heces, no hallé nunca Más alivio al dolor que el dolor mismo; Hasta que ya cansada, sin aliento, 20 Luchando el alma, y reluchando en vano, Bajo el inmenso peso se rendía. ¿Lo creerás, caro amigo? Llega un tiempo En que gastados del dolor los filos, Ese afán, esa angustia, esa congoja, 25 Truécanse al fin en plácida tristeza; Y en ella absorta, embebecida el alma, Repliégase en sí misma silenciosa, {p. 258} Y ni la dicha ni el placer envidia. Tú dudas que así sea; y yo otras veces Lo dudé como tú; juzgaba eterna Mi profunda aflicción, y grave insulto 5 Anunciarme que un tiempo fin tendría... Y le tuvo: de Dios á los mortales Es esta otra merced; que así tan sólo, Entre tantas desdichas y miserias, Sufrir pudieran la cansada vida. 10 Espera, pues; da crédito á mis voces, Y fíate de mí. ¿Quién en el mundo Compró tan caro el triste privilegio De hablar de la desdicha? En tantos años, ¿Viste un día siquiera, un solo día, 15 En que no me mirases vil juguete De un destino fatal, cual débil rama Que el huracán arranca, y por los aires La remonta un instante, y contra el suelo La arroja luego, y la revuelca impío? 20 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Ángel de Saavedra, duque de Rivas
(1791–1865)
UN CASTELLANO LEAL
I «Hola, hidalgos y escuderos De mi alcurnia y mi blasón, Mirad como bien nacidos De mi sangre y casa en pro. «Esas puertas se defiendan, 25 Que no ha de entrar, vive Dios, Por ellas quien no estuviese {p. 259} Más limpio que lo está el sol. «No profane mi palacio Un fementido traidor, Que contra su rey combate 5 Y que á su patria vendió. «Pues si él es de reyes primo, Primo de reyes soy yo; Y conde de Benavente, Si él es duque de Borbón; 10 «Llevándole de ventaja, Que nunca jamás manchó La traición mi noble sangre, Y haber nacido español.» Así atronaba la calle 15 Una ya cascada voz, Que de un palacio salía, Cuya puerta se cerró; Y á la que estaba á caballo Sobre un negro pisador, 20 Siendo en su escudo las lises, Más bien que timbre, baldón; Y de pajes y escuderos Llevando un tropel en pos, Cubiertos de ricas galas, 25 El gran duque de Borbón; El que lidiando en Pavía, Más que valiente, feroz, Gozóse en ver prisionero A su natural señor, 30 Y que á Toledo ha venido, Ufano de su traición, Para recibir mercedes Y ver al Emperador.
II {p. 260} En una anchurosa cuadra Del alcázar de Toledo, Cuyas paredes adornan Ricos tapices flamencos, Al lado de una gran mesa 5 Que cubre de terciopelo Napolitano tapete Con borlones de oro y flecos; Ante un sillón de respaldo, Que entre bordado arabesco 10 Los timbres de España ostenta Y el águila del imperio, De pie estaba Carlos Quinto, Que de España era Primero, Con gallardo y noble talle, 15 Con noble y tranquilo aspecto. . . . . . . . . . . Con el condestable insigne, Apaciguador del reino, De los pasados disturbios Acaso está discurriendo; 20 O del trato que dispone Con el rey de Francia preso, Ó de asuntos de Alemania, Agitada por Lutero; Cuando un tropel de caballos 25 Oye venir á lo lejos, Y ante el alcázar pararse, Quedando todo en silencio. En la antecámara suena Rumor impensado luego; 30 Álzase en fin la mampara Y entra el de Borbón soberbio. Con el semblante de azufre {p. 261} Y con los ojos de fuego, Bramando de ira y de rabia Que enfrena mal el respeto, Y con balbuciente lengua 5 Y con mal borrado ceño, Acusa al de Benavente, Un desagravio pidiendo. Del español Condestable Latió con orgullo el pecho, 10 Ufano de la entereza De su esclarecido deudo. Y aunque advertido procura Disimular cual discreto, Á su noble rostro asoman 15 La aprobación y el contento. El Emperador un punto Quedó indeciso y suspenso, Sin saber qué responderle Al Francés de enojo ciego. 20 Y aunque en su interior se goza Con el proceder violento Del conde de Benavente, De altas esperanzas lleno Por tener tales vasallos, 25 De noble lealtad modelos, Y con los que el ancho mundo Goza á sus glorias estrecho; Mucho al de Borbón le debe, Y es fuerza satisfacerlo, 30 Le ofrece para calmarlo Un desagravio completo; Y, llamando á un gentilhombre, Con el semblante severo Manda que el de Benavente {p. 262} Venga á su presencia presto.
III Sostenido por sus pajes Desciende de la litera El Conde de Benavente 5 Del alcázar á la puerta. Era un viejo respetable, Cuerpo enjuto, cara seca, Con dos ojos como chispas, Cargados de largas cejas; 10 Y con semblante muy noble, Mas de gravedad tan seria, Que veneración de lejos Y miedo causa de cerca. . . . . . . . . . . Con paso tardo, aunque firme, 15 Sube por las escaleras, Y al verle, las alabardas Un golpe dan en la tierra: Golpe de honor y de aviso De que en el alcázar entra 20 Un grande, á quien se le debe Todo honor y reverencia. Al llegar á la antesala, Los pajes que están en ella Con respeto le saludan 25 Abriendo las anchas puertas. Con grave paso entra el Conde, Sin que otro aviso preceda, Salones atravesando, Hasta la cámara regia. 30 Pensativo está el Monarca Discurriendo cómo pueda Componer aquel disturbio {p. 263} Sin hacer á nadie ofensa. Mucho al Borbón le debe Aún mucho más de él espera, Y al de Benavente mucho 5 Considerar le interesa. Dilación no admite el caso, No hay quien dar consejo pueda, Y Villalar y Pavía A un tiempo se le recuerdan. 10 En el sillón asentado, Y el codo sobre la mesa, Al personaje recibe, Que comedido se acerca. Grave el Conde lo saluda 15 Con una rodilla en tierra, Mas, como grande del reino, Sin descubrir la cabeza. El Emperador, benigno, Que alce del suelo le ordena, 20 Y la plática difícil Con sagacidad empieza. Y entre sereno y afable Al cabo le manifiesta, Que es el que á Borbón aloje 25 Voluntad suya resuelta. Con respeto muy profundo, Pero con la voz entera, Respóndele Benavente Destocando la cabeza: 30 «Soy, señor, vuestro vasallo, Vos sois mi rey en la tierra; A vos ordenar os cumple De mi vida y de mi hacienda. «Vuestro soy, vuestra mi casa, {p. 264} De mí disponed y de ella, Pero no toquéis mi honra Y respetad mi conciencia. «Mi casa Borbón ocupe 5 Puesto que es voluntad vuestra, Contamine sus paredes, Sus blasones envilezca; «Que á mí me sobra en Toledo, Donde vivir, sin que tenga 10 Que rozarme con traidores Cuyo solo aliento infesta. «Y en cuanto él deje mi casa Antes de tornar yo á ella, Purificaré con fuego 15 Sus paredes y sus puertas.» Dijo el Conde, la real mano Besó, cubrió su cabeza, Y retiróse bajando A do estaba su litera. 20 Y á casa de un su pariente mandó que lo condujeran, Abandonando la suya Con cuanto dentro se encierra. Quedó absorto Carlos Quinto 25 De ver tan noble firmeza, Estimando la de España Más que la imperial diadema.
IV Muy pocos días el Duque Hizo mansión en Toledo, 30 Del noble Conde ocupando Los honrados aposentos. Y la noche en que el palacio {p. 265} Dejó vacío, partiendo Con su séquito y sus pajes Orgulloso y satisfecho, Turbó la apacible luna 5 Un vapor blanco y espeso, Que de las altas techumbres Se iba elevando y creciendo. A poco rato tornóse En humo confuso y denso, 10 Que en nubarrones oscuros Ofuscaba el claro cielo; Después en ardientes chispas, Y en un resplandor horrendo Que iluminaba las calles 15 Dando en el Tajo reflejos, Y al fin su furor mostrando En embravecido incendio Que devoraba altas torres Y derrumbaba altos techos. 20 Resonaron las campanas, Conmovióse todo el pueblo, De Benavente el palacio Presa de las llamas viendo. El Emperador, confuso, 25 Corre á procurar remedio, En atajar tanto daño Mostrando tenaz empeño. En vano todo; tragóse Tantas riquezas el fuego, 30 A la lealtad castellana Levantando un monumento. Aun hoy unos viejos muros Del humo y las llamas negros, {p. 266} Recuerdan la acción tan grande En la famosa Toledo.
AL FARO DEL PUERTO DE MALTA
Envuelve al mundo extenso triste noche, Ronco huracán y borrascosas nubes 5 Confunden y tinieblas impalpables El cielo, el mar, la tierra; Y tú invisible te alzas, en tu frente Ostentando de fuego una corona, Cual rey del caos, que refleja y arde 10 Con luz de paz y vida. En vano ronco el mar alza sus montes, Y revienta á tus pies, do rebramante, Creciendo en blanca espuma, esconde y borra El abrigo del puerto: 15 Tú con lengua de fuego _aquí está_ dices, Sin voz hablando al tímido piloto, Que como á numen bienhechor te adora, Y en ti los ojos clava. Tiende apacible noche el manto rico, 20 Que céfiro amoroso desenrolla, Con recamos de estrellas y luceros, Por él rueda la luna; Y entonces tú, de niebla vaporosa Vestido, dejas ver en formas vagas 25 Tu cuerpo colosal, y tu diadema Arde á par de los astros. Duerme tranquilo el mar, pérfido esconde Rocas aleves, áridos escollos Falso señuelo son, lejanas lumbres 30 Engañan á las naves; Mas tú, cuyo esplendor todo lo ofusca, {p. 267} Tú, cuya inmoble posición indica El trono de un monarca, eres su norte, Les adviertes su engaño. Así de la razón arde la antorcha, 5 En medio del furor de las pasiones, Ó de aleves halagos de Fortuna, A los ojos del alma. Desque refugio de la airada suerte En esta escasa tierra que presides, 10 Y grato albergue el cielo bondadoso Me concedió propicio, Ni una vez sola á mis pesares busco Dulce olvido del sueño entre los brazos, Sin saludarte, y sin tornar los ojos 15 A tu espléndida frente. ¡Cuántos, ay, desde el seno de los mares Al par los tornarán!... Tras larga ausencia Unos, que vuelven á su patria amada, A sus hijos y esposa: 20 Otros, prófugos, pobres, perseguidos, Que asilo buscan, cual busqué, lejano, Y á quienes, que lo hallaron, tu luz dice, Hospitalaria estrella. Arde, y sirve de norte á los bajeles, 25 Que de mi patria, aunque de tarde en tarde, Me traen nuevas amargas, y renglones Con lágrimas escritos. Cuando la vez primera deslumbraste Mis afligidos ojos, ¡cuál mi pecho, 30 Destrozado y hundido en amargura, Palpitó venturoso! Del Lacio moribundo las riberas Huyendo inhospitables, contrastado Del viento y mar, entre ásperos bajíos, {p. 268} Ví tu lumbre divina: Viéronla como yo los marineros, Y olvidando los votos y plegarias Que en las sordas tinieblas se perdían, 5 _¡Malta! ¡Malta!_ gritaron; Y fuiste á nuestros ojos la aureola Que orna la frente de la santa imagen, En quien busca afanoso peregrino La salud y el consuelo. 10 Jamás te olvidaré, jamás... Tan sólo Trocara tu esplendor, sin olvidarlo, Rey de la noche, y de tu excelsa cumbre La benéfica llama, Por la llama y los fulgidos destellos, 15 Que lanza, reflejando al sol naciente, El arcángel dorado, que corona De Córdoba la torre.
José de Espronceda
(1810–1842)
LA CAUTIVA
Ya el sole esconde sus rayos, El mundo en sombras se vela, 20 El ave á su nido vuela, Busca asilo el trovador. Todo calla: en pobre cama Duerme el pastor venturoso: En su lecho suntüoso 25 Se agita insomne el señor. Se agita; mas ¡ay! reposa Al fin en su patrio suelo No llora en mísero duelo {p. 269} La libertad que perdió: Los campos ve que á su infancia Horas dieron de contento, Su oído halaga el acento 5 Del país donde nació. No gime ilustre cautivo Entre doradas cadenas, Que si bien de encanto llenas, Al cabo cadenas son. 10 Si acaso triste lamenta, En torno ve á sus amigos, Que, de su pena testigos, Consuelan su corazón. La arrogante erguida palma 15 Que en el desierto florece, Al viajero sombra ofrece Descanso y grato manjar: Y, aunque sola, allí es querida Del Árabe errante y fiero, 20 Que siempre va placentero A su sombra á reposar. Mas ¡ay triste! yo cautiva, Huérfana y sola suspiro, En clima extraño respiro, 25 Y amo á un extraño también. No hallan mis ojos mi patria; Humo han sido mis amores; Nadie calma mis dolores, Y en celos me siento arder. 30 ¡Ah! ¿Llorar? ¿Llorar?... no puedo Ni ceder á mi tristura, Ni consuelo en mi amargura Podré jamás encontrar. Supe amar como ninguna, {p. 270} Supe amar correspondida; Despreciada, aborrecida, ¿No sabré también odiar? ¡Adiós, patria! ¡adiós, amores! 5 La infeliz Zoraida ahora Solo venganzas implora, Ya condenada á morir. No soy ya del castellano La sumisa enamorada: 10 Soy la cautiva cansada Ya de dejarse oprimir.
SONETO
Fresca, lozana, pura y olorosa, Gala y adorno del pensil florido, Gallarda puesta sobre el ramo erguido, 15 Fragancia esparce la naciente rosa; Mas si el ardiente sol lumbre enojosa Vibra del can en llamas encendido, El dulce aroma y el color perdido, Sus hojas lleva el aura presurosa. 20 Así brilló un momento mi ventura En alas del amor, y hermosa nube Fingí tal vez de gloria y de alegría; Mas ¡ay! que el bien trocóse en amargura Y deshojada por los aires sube 25 La dulce flor de la esperanza mía.
Á TERESA
¿Por qué volvéis á la memoria mía, Tristes recuerdos del placer perdido, A aumentar la ansiedad y la agonía De este desierto corazón herido? 30 ¡Ay! de aquellas horas de alegría, {p. 271} Le quedó al corazón solo un gemido, Y el llanto que al dolor los ojos niegan, Lágrimas son de hiel que el alma anegan. ¿Dónde volaron ¡ay! aquellas horas 5 De juventud, de amor y de ventura, Regaladas de músicas sonoras, Adornadas de luz y de hermosura? Imágenes de oro bullidoras, Sus alas de carmín y nieve pura, 10 Al sol de mi esperanza desplegando, Pasaban ¡ay! á mi alredor cantando. Gorjeaban los dulces ruiseñores, El sol iluminaba mi alegría, El aura susurraba entre las flores, 15 El bosque mansamente respondía, Las fuentes murmuraban sus amores... ¡Ilusiones que llora el alma mía! ¡Oh! ¡cuán süave resonó en mi oído El bullicio del mundo y su ruido! 20 Mi vida entonces cual guerrera nave Que el puerto deja por la vez primera, Y al soplo de los céfiros süave, Orgullosa desplega su bandera, Y al mar dejando que á sus pies alabe 25 Su triunfo en roncos cantos, va velera, Una ola tras otra bramadora Hollando y dividiendo vencedora; ¡Ay! en el mar del mundo, en ansia ardiente De amor volaba, el sol de la mañana 30 Llevaba yo sobre mi tersa frente, Y el alma pura de su dicha ufana: Dentro de ella el amor cual rica fuente, Que entre frescura y arboledas mana, Brotaba entonces abundante río {p. 272} De ilusiones y dulce desvarío. Yo amaba todo: un noble sentimiento Exaltaba mi ánimo, y sentía En mi pecho un secreto movimiento, 5 De grandes hechos generosa guía: La libertad con su inmortal aliento, Santa diosa mi espíritu encendía, Contino imaginando en mi fe pura Sueños de gloria al mundo y de ventura. 10 El puñal de Catón, la adusta frente Del noble Bruto, la constancia fiera Y el arrojo de Scévola valiente, La doctrina de Sócrates severa, La voz atronadora y elocuente 15 Del orador de Atenas, la bandera Contra el tirano macedonio alzando, Y al espantado pueblo arrebatando. El valor y la fe del caballero, Del trovador el arpa y los cantares, 20 Del gótico castillo el altanero Antiguo torreón, do sus pesares Cantó tal vez con eco lastimero, ¡Ay! arrancada de sus patrios lares, Joven cautiva, al rayo de la luna, 25 Lamentando su ausencia y su fortuna: El dulce anhelo del amor que aguarda Tal vez inquieto y con mortal recelo, La forma bella que cruzó gallarda, Allá en la noche, entre el medroso velo; 30 La ansiada cita que en llegar se tarda Al impaciente y amoroso anhelo, La mujer y la voz de su dulzura, Que inspira al alma celestial ternura; A un tiempo mismo en rápida tormenta, {p. 273} Mi alma alborotaban de contino, Cual las olas que azota con violenta Cólera, impetuoso torbellino: Soñaba al héroe ya, la plebe atenta 5 En mi voz escuchaba su destino; Ya al caballero, al trovador soñaba, Y de gloria y de amores suspiraba. Hay una voz secreta, un dulce canto, Que el alma sólo recogida entiende, 10 Un sentimiento misterioso y santo, Que del barro al espíritu desprende: Agreste, vago y solitario encanto, Que en inefable amor el alma enciende, Volando tras la imagen peregrina 15 El corazón de su ilusión divina. Yo desterrado en extranjera playa, Con los ojos extático seguía La nave audaz que en argentada raya Volaba al puerto de la patria mía 20 Yo cuando en Occidente el sol desmaya, Solo y perdido en la arboleda umbría, Oir pensaba el armonioso acento De una mujer, al suspirar del viento. ¡Una mujer! En el templado rayo 25 De la mágica luna se colora, Del sol poniente al lánguido desmayo, Lejos entre las nubes se evapora: Sobre las cumbres que florece Mayo Brilla fugaz al despuntar la aurora, 30 Cruza tal vez por entre el bosque umbrío, Juega en las aguas del sereno río. ¡Una mujer! Deslízase en el cielo Allá en la noche desprendida estrella: Si aroma el aire recogió en el suelo, {p. 274} Es el aroma que le presta ella. Blanca es la nube que en callado vuelo Cruza la esfera, y que su planta huella, Y en la tarde la mar olas le ofrece 5 De plata y de zafir, donde se mece. Mujer que amor en su ilusión figura, Mujer que nada dice á los sentidos, Ensueño de suavísima ternura, Eco que regaló nuestros oídos; 10 De amor la llama generosa y pura, Los goces dulces del placer cumplidos, Que engalana la rica fantasía, Goces que avaro el corazón ansía: ¡Ay! aquella mujer, tan sólo aquella 15 Tanto delirio á realizar alcanza, Y esa mujer tan cándida y tan bella, Es mentida ilusión de la esperanza: Es el alma que vívida destella Su luz al mundo cuando en él se lanza, 20 Y el mundo con su magia y galanura Es espejo no más de su hermosura: Es el amor que al mismo amor adora, El que creó las Sílfides y Ondinas, La sacra ninfa que bordando mora 25 Debajo de las aguas cristalinas: Es el amor que recordando llora Las arboledas del Edén divinas, Amor de allí arrancado, allí nacido, Que busca en vano aquí su bien perdido. 30 ¡Oh llama santa! ¡celestial anhelo! ¡Sentimiento purísimo! ¡memoria Acaso triste de un perdido cielo, Quizá esperanza de futura gloria! ¡Huyes y dejas llanto y desconsuelo! {p. 275} ¡Oh mujer que en imagen ilusoria Tan pura, tan feliz, tan placentera, Brindó el amor á mi ilusión primera... ¡Oh Teresa! ¡Oh dolor! Lágrimas mías 5 ¡Ah! ¿dónde estáis que no corréis á mares? ¿Por qué, por qué como en mejores días No consoláis vosotras mis pesares? ¡Oh! los que no sabéis las agonías De un corazón, que penas á millares 10 ¡Ay! desgarraron, y que ya no llora, ¡Piedad tened de mi tormento ahora! . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
CANCIÓN DEL PIRATA
Con diez cañones por banda, Viento en popa á toda vela No corta el mar, sino vuela 15 Un velero bergantín: Bajel pirata que llaman Por su bravura el _Temido_, En todo mar conocido Del uno al otro confín. 20
La luna en el mar rïela, En la lona gime el viento, Y alza en blando movimiento Olas de plata y azul; Y ve el capitán pirata, 25 Cantando alegre en la popa, Asia á un lado, al otro Europa, Y allá á su frente Stambul.
«Navega, velero mío, {p. 276} Sin temor, Que ni enemigo navío, Ni tormenta, ni bonanza Tu rumbo á torcer alcanza, 5 Ni á sujetar tu valor.
«Veinte presos Hemos hecho A despecho Del Inglés, 10 Y han rendido Sus pendones Cien naciones A mis pies.
«Que es mi barco mi tesoro, 15 Que es mi Dios la libertad, Mi ley la fuerza y el viento, Mi única patria la mar.
«Allá muevan feroz guerra Ciegos reyes 20 Por un palmo más de tierra: Que yo tengo aquí por mío Cuanto abarca el mar bravío, A quien nadie impuso leyes.
«Y no hay playa, 25 Sea cual quiera, Ni bandera De esplendor, Que no sienta Mi derecho, {p. 277} Y dé pecho Al valor.
«Que es mi barco mi tesoro...
«A la voz de «¡barco viene!» 5 Es de ver Como vira y se previene A todo trapo á escapar: Que yo soy el rey del mar, Y mi furia es de temer. 10
«En las presas Yo divido Lo cogido Por igual: Solo quiero 15 Por riqueza La belleza Sin rival.
«Que es mi barco mi tesoro...
«¡Sentenciado estoy á muerte! 20 Yo me río: No me abandone la suerte, Y al mismo que me condena Colgaré de alguna entena, Quizá en su propio navío. 25
«Y si caigo, ¿Qué es la vida? Por perdida Ya la dí. Cuando el yugo {p. 278} Del esclavo, Como un bravo, Sacudí.
«Que es mi barco mi tesoro... 5
«Son mi música mejor Aquilones: El estrépito y temblor De los cables sacudidos, Del negro mar los bramidos 10 Y el rugir de mis cañones.
«Y del trueno Al son violento, Y del viento Al rebramar, 15 Yo me duermo Sosegado, Arrullado Por el mar.
«Que es mi barco mi tesoro, 20 Que es mi Dios la libertad, Mi ley la fuerza y el viento, Mi única patria la mar.»
Manuel de Cabanyes {p. 279}
(1808–1833)
LA INDEPENDENCIA DE LA POESÍA
Como una casta ruborosa vírgen Se alza mi Musa, y tímida las cuerdas Pulsando de su harpa solitaria, Suelta la voz del canto. Léjos ¡profanas gentes! No su acento 5 Del placer muelle corruptor del alma En ritmo cadencioso hará süave La funesta ponzoña. Léjos ¡esclavos! léjos: no sus gracias Cual vuestro honor trafícanse y se venden; 10 No sangri-salpicados techos de oro Resonarán sus versos. En pobre independencia, ni las iras De los verdugos del pensar la espantan De sierva á fuer; ni, meretriz impura, 15 Vil metal la corrompe. Fiera como los montes de su patria, Galas desecha que maldad cobijan: Las cumbres vaga en desnudez honesta; Mas ¡guay de quien la ultraje! 20 Sobre sus cantos la expresión del alma Vuela sin arte: números sonoros Desdeña y rima acorde; son sus versos Cual su espíritu libres. Duros son; mas son fuertes, son hidalgos 25 Cual la espada del bueno: y nunca, nunca Tu noble faz con el rubor de oprobio Cubrirán, madre España, Cual del cisne de Ofanto los cantares {p. 280} A la Reina del mundo avergonzaron, De su opresor con el infame elogio Sus cuitas acreciendo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
José Zorrilla
(1817–1893)
INDECISIÓN
¡Bello es vivir, la vida es la armonía! 5 Luz, peñascos, torrentes y cascadas, Un sol de fuego iluminando el día, Aire de aromas, flores apiñadas: Y en medio de la noche majestuosa Esa luna de plata, esas estrellas, 10 Lámparas de la tierra perezosa, Que se ha dormido en paz debajo de ellas. ¡Bello es vivir! Se ve en el horizonte Asomar el crepúsculo que nace; Y la neblina que corona el monte 15 En el aire flotando se deshace; Y el inmenso tapiz del firmamento Cambia su azul en franjas de colores; Y susurran las hojas en el viento, Y desatan su voz los ruiseñores. 20 . . . . . . . . . . Si hay huracanes y aquilón que brama, Si hay un invierno de humedad vestido, Hay una hoguera á cuya roja llama Se alza un festín con su discorde ruido. Y una pintada y fresca primavera, {p. 281} Con su manto de luz y orla de flores, Que cubre de verdor la ancha pradera Donde brotan arroyos saltadores. . . . . . . . . . . ¡Bello es vivir, la vida es la armonía! 5 Luz, peñascos, torrentes y cascadas, Un sol de fuego iluminando el día, Aire de aromas, flores apiñadas.
Arranca, arranca, Dios mío, De la mente del poeta 10 Este pensamiento impío Que en un delirio creó; Sin un instante de calma, En su olvido y amargura, No puede soñar su alma 15 Placeres que no gozó. ¡Ay del poeta! su llanto Fué la inspiración sublime Con que arrebató su canto Hasta los cielos tal vez; 20 Solitaria flor que el viento Con impuro soplo azota, Él arrastra su tormento Escrito sobre la tez. Porque tú, ¡oh Dios! le robaste 25 Cuanto los hombres adoran; Tú en el mundo le arrojaste Para que muriera en él; Tú le dijiste que el hombre Era en la tierra su _hermano_; 30 Mas él no encuentra ese nombre En sus recuerdos de hiel. Tú le has dicho que eligiera {p. 282} Para el viaje de la vida Una hermosa compañera Con quien partir su dolor; Mas ¡ay! que la busca en vano; 5 Porque es para el ser que ama Como un inmundo gusano Sobre el tallo de una flor. Canta la luz y las flores, Y el amor en las mujeres, 10 Y el placer en los amores, Y la calma en el placer: Y sin esperanza adora Una belleza escondida, Y hoy en sus cantares llora 15 Lo que alegre cantó ayer. Él con los siglos rodando Canta su afán á los siglos, Y los siglos van pasando Sin curarse de su afán. 20 ¡Maldito el nombre de gloria Que en tu cólera le diste! Sentados en su memoria Recuerdos de hierro están. El día alumbra su pena, 25 La noche alarga su duelo, La aurora escribe en el cielo Su sentencia de vivir: Fábulas son los placeres, No hay placeres en su alma, 30 No hay amor en las mujeres, Tarda la hora de morir. Hay sol que alumbra, mas quema: Hay flores que se marchitan, Hay recuerdos que se agitan {p. 283} Fantasmas de maldición. Si tiene una voz que canta, Al arrancarla del pecho Deja fuego en la garganta, 5 Vacío en el corazón.
¡Bello es vivir! Sobre gigante roca Se mira el mundo á nuestros pies tendido, La frente altiva con las nubes toca... Todo creado para el hombre ha sido. 10 ¡Bello es vivir! Que el hombre descuidado En los bordes se duerme de la vida, Y de locura y sueños embriagado En un festín el porvenir olvida. ¡Bello es vivir! Vivamos y cantemos: 15 El tiempo entre sus pliegos roedores Ha de llevar el bien que no gocemos, Y ha de apagar placeres y dolores. Cantemos de nosotros olvidados, Hasta que el son de la fatal campana 20 Toque á morir.—Cantemos descuidados, Que el sol de ayer no alumbrará mañana.
LA FUENTE
Huye la fuente al manantial ingrata El verde musgo en derredor lamiendo, Y el agua limpia en su cristal retrata 25 Cuanto va viendo. El césped mece y las arenas moja Do mil caprichos al pasar dibuja, Y ola tras ola murmurando arroja, Riza y empuja. 30 Lecho mullido la presenta el valle, {p. 284} Fresco abanico el abedul pomposo, Cañas y juncos retirada calle, Sombra y reposo. Brota en la altura la fecunda fuente; 5 ¿Y á qué su empeño, si al bajar la cuesta Halla del río en el raudal rugiente Tumba funesta?
Á LA MEMORIA DE LARRA
Ese vago clamor que rasga el viento Es la voz funeral de una campana; 10 Vano remedo del postrer lamento De un cadáver sombrío y macilento Que en sucio polvo dormirá mañana.
Acabó su misión sobre la tierra, Y dejó su existencia carcomida, 15 Como una virgen al placer perdida Cuelga el profano velo en el altar. Miró en el tiempo el porvenir vacío, Vacío ya de ensueños y de gloria, Y se entregó á ese sueño sin memoria 20 Que nos lleva á otro mundo á despertar. Era una flor que marchitó el estío, Era una fuente que agotó el verano; Ya no se siente su murmullo vano, Ya está quemado el tallo de la flor, 25 Todavía su aroma se percibe, Y ese verde color de la llanura, Ese manto de hierba y de frescura, Hijos son del arroyo creador.
Que el poeta en su misión, {p. 285} Sobre la tierra que habita Es una planta maldita Con frutos de bendición. Duerme en paz en la tumba solitaria, 5 Donde no llegue á tu cegado oído Más que la triste y funeral plegaria Que otro poeta cantará por ti. Ésta será una ofrenda de cariño, Más grata, sí, que la oración de un hombre, 10 Pura como la lágrima de un niño, Memoria del poeta que perdí.
Si existe un remoto cielo, De los poetas mansión, Y sólo le queda al suelo 15 Ese retrato de hielo, Fetidez y corrupción, ¡Digno presente, por cierto, Se deja á la amarga vida! ¡Abandonar un desierto 20 Y darle á la despedida La fea prenda de un muerto!
Poeta: si en el _no ser_ Hay un recuerdo de ayer, Una vida como aquí 25 Detrás de ese firmamento... Conságrame un pensamiento Como el que tengo de ti.
TOLEDO {p. 286}
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Ya no hay cañas ni torneos, Ni moriscas cantilenas, Ni entre las negras almenas Moros ocultos están; Hoy se ven sin celosías 5 Miradores y ventanas; No hay danzas ya de sultanas En el jardín del Sultán. Ya no hay dorados salones En alcázares reales, 10 Gabinetes orientales Consagrados al placer; Ya no hay mujeres morenas En lechos de terciopelo, Prometidas en un cielo 15 Que los Moros no han de ver. Ya no hay pájaros de Oriente Presos en redes de oro, Cuyo cántico sonoro Cuyo pintado color 20 Presten al aire armonía, Mientras en baño de olores Dormita, soñando amores, El opulento señor. No hay una edad de placeres 25 Como fué la edad moruna; Igual á aquélla ninguna, Porque no puede haber dos; Pero hay, en gótica torre De parda iglesia cristiana, 30 Una gigante campana {p. 287} Con el acento de un Dios. Hay un templo sostenido En cien góticos pilares, Y cruces en los altares, 5 Y una santa religión. Y hay un pueblo prosternado Que eleva á Dios su plegaria A la llama solitaria De la fe del corazón. 10
Hay un Dios cuyo nombre guarda el viento En los pliegues del ronco torbellino; A cuya voz vacila el firmamento Y el hondo porvenir rasga el destino. La cifra de ese nombre vive escrita 15 En el impuro corazón del hombre, Y él adora en un árabe mezquita La misteriosa cifra de ese nombre.
Juan Eugenio Hartzenbusch.
(1806–1880)
Á CALDERÓN
Tú que en acento de desdén profundo Dijiste al ver la pequeñez humana: 20 «Sombra es la vida, como el sueño vana, Fantástica existencia la del mundo»; Cuando brillabas luminar fecundo, Sol refulgente de la escena hispana, ¿Pudo tener tu mente soberana 25 Por ilusión tu ingenio sin segundo? Desde el Tíber al patrio Manzanares, {p. 288} Desde el Rin á los Andes mereciste Universal admiración y altares; Y eterna de tu nombre la memoria, Ella te enseña que decir debiste: 5 «Sueño todo será, menos mi gloria.»
Manuel Bretón de los Herreros
(1796–1873)
EL SOLDADO Y EL CARRETERO
Bueno es ser comedido, mas no tanto Que raye la modestia en tontería. Fábula al canto. Ya no podía continuar su ruta, 10 Con la mochila y el fusil cargado, Pobre recluta. Viéndole un carretero muy bizarro En tal angustia, «¡Militar!», le dijo, «Sube á mi carro.» 15 «De perlas me vendría, que voy muerto; Mas si á pagar el porte se me obliga...» «¡Eh! no por cierto.» «Gracias. Bendigo al cielo, que me trajo Tan buen padrino,» le responde, y monta 20 No sin trabajo. «Ahora, bueno será dar un refuerzo Al estómago,» dijo el trajinante. «No: yo no almuerzo.» «¡Eh! nada de melindres y pamplinas. 25 La bota tengo llena, y en la alforja Pan y sardinas.» Al fin, transido de hambre el buen soldado, {p. 289} Aunque gravar temía su conciencia, Toma un bocado. Ya durmiendo, ya hablando al camarada, Dejado había atrás el carretero 5 Media jornada; Y todavía el mílite (¡da grima!) No se había quitado la engorrosa Mole de encima. Ríe el otro y le dice: «El sol escalda, 10 ¡Y aun la ruda mochila, majadero, Veo en tu espalda!» «Ya que me ahorro de pisar hormigas, No es justo dar á la cansada mula Nuevas fatigas.» 15 «¿Y alivias por ventura su molestia? De ti y del carro y todo el cargamento Tira la bestia. No es tu propia carrera el castrense.— «Pues ¿cuál?»—«Hazte, ya que eres tan pacato, 20 Fraile mostense.»
José María Heredia.
(1803–1839)
AL HURACÁN
Huracán, huracán, venir te siento, Y en tu soplo abrasado Respiro entusiasmado Del Señor de los aires el aliento. 25 En las alas del viento suspendido Vedle rodar por el espacio inmenso, Silencioso, tremendo, irresistible {p. 290} En su curso veloz. La tierra en calma Siniestra, misteriosa, Contempla con pavor su faz terrible. ¿Al toro no miráis? El suelo escarban 5 De insoportable ardor sus pies heridos; La frente poderosa levantando, Y en la hinchada nariz fuego aspirando, Llama la tempestad con sus bramidos. ¡Qué nubes! ¡qué furor! El sol temblando 10 Vela en triste vapor su faz gloriosa, Y su disco nublado sólo vierte Luz fúnebre y sombría, Que no es noche ni día. ¡Pavoroso color, velo de muerte! 15 Los pajarillos tiemblan y se esconden Al acercarse el huracán bramando, Y en los lejanos montes retumbando Le oyen los bosques y á su voz responden. Llega ya... ¿No le veis? ¡Cual desenvuelve 20 Su manto aterrador y majestuoso! ¡Gigante de los aires, te saludo! En fiera confusión el viento agita Las orlas de su parda vestidura. ¡Ved, en el horizonte 25 Los brazos rapidísimos enarca, Y con ellos abarca Cuanto alcanzo á mirar de monte á monte! ¡Oscuridad universal! ¡Su soplo Levanta en torbellinos 30 El polvo de los campos agitado! En las nubes retumba despeñado El carro del Señor, y de sus ruedas Brota el rayo veloz, se precipita, Hiere y aterra el suelo, {p. 291} Y su lívida luz inunda el cielo. ¡Qué rumor! ¡Es la lluvia! Desatada Cae á torrentes, oscurece el mundo, Y todo es confusión, horror profundo. 5 Cielo, nubes, colinas, caro bosque, ¿Dó estáis? Os busco en vano: Desparecisteis... La tormenta umbría En los aires revuelve un Oceano Que todo lo sepulta. 10 Al fin, mundo fatal, nos separamos: El huracán y yo solos estamos. ¡Sublime tempestad! ¡Cómo en tu seno, De tu solemne inspiración henchido, Al mundo vil y miserable olvido, 15 Y alzo la frente de delicias lleno! ¿Dó está el alma cobarde Que teme tu rugir? Yo en ti me elevo Al trono del Señor: oigo en las nubes El eco de su voz; siento á la tierra 20 Escucharte y temblar. Ferviente lloro Desciende por mis pálidas mejillas, Y su alta majestad trémulo adoro.
ODA Á NIÁGARA
Dadme mi lira, dádmela: que siento En mi alma estremecida y agitada 25 Arder la inspiración. ¡Oh! ¡cuánto tiempo En tinieblas pasó, sin que mi frente Brillase con su luz!... Niágara undoso, Sola tu faz sublime ya podría Tornarme el don divino, que ensañada 30 Me robó del dolor la mano impía. Torrente prodigioso, calma, acalla {p. 292} Tu trueno aterrador: disipa un tanto, Las tinieblas que en torno te circundan, Y déjame mirar tu faz serena, Y de entusiasmo ardiente mi alma llena. 5 Yo digno soy de contemplarte; siempre Lo común y mezquino desdeñando, Ansié por lo terrífico y sublime. Al despeñarse el huracán furioso, Al retumbar sobre mi frente el rayo, 10 Palpitando gocé: ví al Oceano Azotado del austro proceloso, Combatir mi bajel, y ante mis plantas Sus abismos abrir, y amé el peligro, Y sus iras amé: mas su fiereza 15 En mi alma no dejara La profunda impresión que tu grandeza. Corres sereno y majestuoso, y luego En ásperos peñascos quebrantado, Te abalanzas violento, arrebatado, 20 Como el destino irresistible y ciego. ¿Qué voz humana describir podría De la sirte rugiente La aterradora faz? El alma mía En vagos pensamientos se confunde, 25 Al contemplar la férvida corriente, Que en vano quiere la turbada vista En su vuelo seguir al borde obscuro Del precipicio altísimo: mil olas, Cual pensamiento rapidas pasando, 30 Chocan, y se enfurecen, Y otras mil y otras mil ya las alcanzan, Y entre espuma y fragor desaparecen. Mas llegan... saltan... El abismo horrendo Devora los torrentes despeñados; {p. 293} Crúzanse en él mil iris, y asordados Vuelven los bosques el fragor tremendo. Al golpe violentísimo en las peñas Rómpese el agua, y salta, y una nube 5 De revueltos vapores Cubre el abismo en remolinos, sube, Gira en torno, y al cielo Cual pirámide inmensa se levanta, Y por sobre los bosques que le cercan 10 Al solitario cazador espanta. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Plácido (Gabriel de la Concepción Valdés)
(1809–1844)
PLEGARIA Á DIOS
¡Sér de inmensa bondad! ¡Dios poderoso! A vos acudo en mi dolor vehemente. Extended vuestro brazo omnipotente, Rasgad de la calumnia el velo odioso, 15 Y arrancad este sello ignominioso Con que el mundo manchar quiere mi frente! ¡Rey de los reyes! ¡Dios de mis abuelos! Vos solo sois mi defensor, ¡Dios mío! Todo lo puede quien al mar sombrío 20 Olas y peces dió, luz á los cielos, Fuego al sol, giro al aire, al Norte hielos, Vida á las plantas, movimiento al río. Todo lo podéis Vos, todo fenece Ó se reanima á vuestra voz sagrada; 25 Fuera de Vos, Señor, el todo es nada Que en la insondable eternidad perece; {p. 294} Y aun esa misma nada Os obedece, Pues de ella fué la humanidad creada. Yo no Os puedo engañar, Dios de clemencia; Y pues vuestra eternal sabiduría 5 Ve al través de mi cuerpo el alma mía Cual del aire á la clara transparencia, Estorbad que, humillada la inocencia, Bata sus palmas la calumnia impía. Estorbadlo, Señor, por la preciosa 10 Sangre vertida, que la culpa sella Del pecado de Adán, ó por aquella Madre cándida, dulce y amorosa, Cuando envuelta en pesar, mustia y llorosa, Siguió tu muerte como heliaca estrella. 15 Mas si cuadra á tu suma omnipotencia Que yo perezca cual malvado impío, Y que los hombres mi cadáver frío Ultrajen con maligna complacencia, Suene tu voz y acabe mi existencia, 20 ¡Cúmplase en mí tu voluntad, Dios mío!
Carolina Coronado
(B. 1823)
EL AMOR DE LOS AMORES
¿Cómo te llamaré para que entiendas Que me dirijo á ti, ¡dulce amor mío! Cuando lleguen al mundo las ofrendas Que desde oculta soledad te envío? 25 A ti, sin nombre para mí en la tierra, ¿Cómo te llamaré con aquel nombre Tan claro que no pueda ningún hombre {p. 295} Confundirlo al cruzar por esta sierra? ¿Cómo sabrás que enamorado vivo Siempre de ti, que me lamento sola Del Gévora que pasa fugitivo 5 Mirando relucir ola tras ola? Aquí estoy aguardando en una peña A que venga el que adora el alma mía; ¿Por qué no ha de venir, si es tan risueña La gruta que formé por si venía. 10 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Pero ¡te llamo yo, dulce amor mío, Como si fueras tú mortal viviente! Cuando sólo eres luz, eres ambiente, Eres aroma, eres vapor del río. Eres la sombra de la nube errante, 15 Eres el son del árbol que se mueve; Y aunque á adorarte el corazón se atreve, Tú sólo en la ilusión eres mi amante. Mi amor, el tierno amor por el que lloro, Eres tan sólo tú, Señor, Dios mío; 20 Si te busco y te llamo, es desvarío De lo mucho que sufro y que te adoro. Yo nunca te veré, porque no tienes Ser humano, ni forma, ni presencia; Yo siempre te amaré, porque en esencia 25 Al alma mía como amante vienes. Nunca en tu frente sellará mi boca El beso que al ambiente le regalo; Siempre el suspiro que á tu amor exhalo Vendrá á quebrarse en la insensible roca. 30 Pero cansada de penar la vida, Cuando se apague el fuego del sentido, Por el amor tan puro que he tenido {p. 296} Tú me darás la gloria prometida. ¡Y entonces, al ceñir la eterna palma Que ciñen tus esposas en el cielo, El beso celestial que darte anhelo 5 Llena de gloria te dará mi alma.
Gertrudis Gómez de Avellaneda
(1816–1873)
Á WASHINGTON
No en lo pasado á tu virtud modelo, Ni copia al porvenir dará la historia, Ni otra igual en grandeza á tu memoria Difundirán los siglos en su vuelo. 10 Miró la Europa ensangrentar su suelo Al genio de la guerra y la victoria, Pero le cupo á América la gloria De que al genio del bien le diera el cielo. Que audaz conquistador goce en su ciencia, 15 Mientras al mundo en páramo convierte Y se envanezca cuando á siervos mande; ¡Mas los pueblos sabrán en su conciencia Que el que los rige libres sólo es fuerte; Que el que los hace grandes sólo es grande. 20
Á UN RUISEÑOR
Cesa, cesa, ¡Vate alado! Que ha sonado Ya el reloj La hora grave 25 Que da al sueño Su beleño Bienhechor.
Pues la noche {p. 297} Nos circunda De profunda Dulce paz, De la mente 5 Deja el fuego Con sosiego Reposar.
Ni ¿qué aguardas De este ambiente, 10 ¡Oh hijo ardiente De la luz! Tú, que mides Con tus vuelos De los cielos 15 El azul?
¿Qué pretendes Con tu canto, Si su encanto Sin igual 20 Las tinieblas No comprenden, Ni suspenden Tu afanar?
¡Ay! ¿quién sabe 25 Si emboscado Despiadado Cazador Lazo indigno Te prepara, 30 Junto al ara De tu amor?
De asechanzas Protectoras Tales horas 35 Suelen ser, Y ese canto Te delata En la ingrata Lobreguez. 40
Deja, deja De horror lleno, Nuestro cieno Mundanal, Por las cumbres 45 Donde aspiras Y respiras Libertad.
Cuando á vastos Horizontes 50 Te remontes Triunfador, Tu sublime Poesía Dale al día, 55 Dale al sol;
¡Pero cese, Cese ahora Tu canora Bella voz, 60 Y que grato Vierta el sueño Su beleño Bienhechor!
LA TUMBA Y LA ROSA {p. 298}
(_Traducción libre de Victor Hugo_)
Dice la Tumba á la Rosa: —¿Qué haces tú, preciada flor, Del llanto que el alba hermosa Vierte en tu cáliz de amor?— Y la Rosa le responde: 5 —¿Qué haces, di, Tumba sombría, De lo que tu seno esconde Y devora cada día? Yo perfumes doy al suelo Con el llanto matinal. 10 —¡Y yo un alma mando al cielo, De cada cuerpo mortal!
Á LA MUERTE DE ESPRONCEDA
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ¡Ved! Cual la escarcha fría Por siempre yace la inspirada frente, Que de Byron el lauro refulgente 15 Recibir merecía. ¿Cómo calla la voz cuya armonía El ángel de los cantos envidiara? ¿Qué se hizo la luz clara, Reveladora de alta inteligencia, 20 Que fulguraba en sus brillantes ojos? ¿Será eterna la ausencia De la vida, ¡gran Dios! y esos despojos —Que va á tragarse el sempiterno olvido— Se llevarán al pensamiento helado, 25 Como un astro apagado Por espacios incógnitos perdido? ¡Blasfemia horrible!... ¡loco pensamiento! {p. 299} ¡Jamás mi mente á tu ilusión sucumba! ¿La nada invocaré con torpe acento Del genio ante la tumba? ¿Quién la bondad suprema 5 Podrá ultrajar con tan odiosa duda? ¿Quién su justicia dejará en problema Ante el estrago de la muerte muda? A ti—que viertes en el triste lecho Del humano que espira 10 Bálsamo dulce de consuelo y calma— ¡Oh esperanza final! á ti saluda Con rudos sones mi enlutada lira; A ti se acoge en su dolor el alma.
Rindióse el cuerpo deleznable al peso 15 Del espíritu inmenso que oprimía, Y ya el ilustre preso, Que rota deja la coyunda impía, Con libre vuelo sube Al foco de la eterna Inteligencia, 20 Donde su centro y su reposo obtiene. Tal de las flores la exquisita esencia Se alza y se extiende en invisible nube, Cuando rompe el cristal que la contiene. ¡Ay de aquel genio las fulgentes alas 25 Se lastimaban con el roce duro De la materia frágil y grosera, Que lo encerraba, cual estrecho muro. Asaz sufriste ¡oh mísero! no era La tierra tu morada. La profunda 30 Sed de goces y amor, que desdeñaba Mezquinas fuentes de la tierra inmunda; El inmenso vacío Del insondable corazón; el tedio, {p. 300} Que con su diente inexorable y frío Te envenenaba heridas sin remedio. ¡Todo á su fin llegó! ¡todo ha cesado! . . . . . . . . . .
Adelardo López de Ayala
(1828–1879)
PLEGARIA
¡Dame, Señor, la firme voluntad, 5 Compañera y sostén de la virtud; La que sabe en el golfo hallar quietud Y en medio de las sombras claridad: La que trueca en tesón la veleidad Y el ocio en perenal solicitud, 10 Y las ásperas fiebres en salud, Y los torpes engaños en verdad! Y así conseguirá mi corazón Que los favores que á tu amor debí, Te ofrezcan algún fruto en galardón... 15 Y aun tú, Señor, conseguirás así Que no llegue á romper mi confusión La imagen tuya que pusiste en mí.
José Selgas y Carrasco
(1824–1882)
LA MODESTIA
Por las flores proclamado Rey de una hermosa pradera, 20 Un clavel afortunado Dió principio á su reinado Al nacer la primavera. Con majestad soberana {p. 301} Llevaba y con noble brío El regio manto de grana, Y sobre la frente ufana La corona de rocío. 5 Su comitiva de honor Mandaba, por ser costumbre, El céfiro volador, Y había en su servidumbre Yerbas y malvas de olor. 10 Su voluntad poderosa, Porque también era uso, Quiso una flor para esposa; Y regiamente dispuso Elegir la más hermosa. 15 Como era costumbre y ley, Y porque causa delicia En la numerosa grey, Pronto corrió la noticia Por los estados del rey. 20 Y en revuelta actividad Cada flor abre el arcano De su fecunda beldad, Por prender la voluntad Del hermoso soberano. 25 Y hasta las menos apuestas Engalanarse se vían Con harta envidia, dispuestas A ver las solemnes fiestas Que celebrarse debían. 30 Lujosa la Corte brilla: El rey, admirado, duda, Cuando ocultarse sencilla Vió una tierna florecilla {p. 302} Entre la yerba menuda. Y por si el regio esplendor De su corona le inquieta, Pregúntale con amor: 5 —«¿Cómo te llamas?»—«Violeta,» Dijo temblando la flor. —«¿Y te ocultas cuidadosa Y no luces tus colores, Violeta dulce y medrosa, 10 Hoy que entre todas las flores Va el rey á elegir esposa?» Siempre temblando la flor, Aunque llena de placer, Suspiró y dijo:—«Señor, 15 Yo no puede merecer Tan distinguido favor.» El rey, suspenso, la mira Y se inclina dulcemente; Tanta modestia le admira; 20 Su blanda esencia respira, Y dice alzando la frente: «Me depara mi ventura Esposa noble y apuesta; Sepa, si alguno murmura, 25 Que la mejor hermosura Es la hermosura modesta.» Dijo, y el aura afanosa Publicó en forma de ley, Con voz dulce y melodiosa, 30 Que la violeta es la esposa Elegida por el rey. Hubo magníficas fiestas, {p. 303} Ambos esposos se dieron Pruebas de amor manifiestas, Y en aquel reinado fueron Todas las flores modestas. 5
Gustavo Adolfo Bécquer
(1836–1870)
RIMAS
II Saeta que voladora Cruza, arrojada al azar, Sin adivinarse dónde Temblando se clavará; Hoja que del árbol seca 10 Arrebata el vendaval, Sin que nadie acierte el surco Donde á caer volverá; Gigante ola que el viento Riza y empuja en el mar, 15 Y rueda y pasa, y no sabe Qué playa buscando va; Luz que en cercos temblorosos Brilla, próxima á expirar, Ignorándose cual de ellos 20 El último brillará; Eso soy yo, que al acaso Cruzo el mundo, sin pensar De dónde vengo, ni adónde Mis pasos me llevarán. 25
VII {p. 304} Del salón en el ángulo obscuro, De su dueño tal vez olvidada, Silenciosa y cubierta de polvo Veíase el arpa. ¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas, 5 Como el pájaro duerme en las ramas, Esperando la mano de nieve Que sabe arrancarla! ¡Ay! pensé; ¡cuántas veces el genio Así duerme en el fondo del alma, 10 Una voz, como Lázaro, espera Que le diga: «Levántate y anda!»
VIII Cuando miro el azul horizonte Perderse á lo lejos, Al través de una gasa de polvo 15 Dorado é inquieto, Me parece posible arrancarme Del mísero suelo, Y flotar con la niebla dorada En átomos leves 20 Cual ella deshecho. Cuando miro de noche en el fondo Obscuro del cielo Las estrellas temblar, como ardientes Pupilas de fuego, 25 Me parece posible á do brillan Subir en un vuelo, Y anegarme en su luz, y con ellas En lumbre encendido Fundirme en un beso. 30 En el mar de la duda en que bogo {p. 305} Ni aun sé lo que creo; ¡Sin embargo, estas ansias me dicen Que yo llevo algo Divino aquí dentro! 5
XXI ¿Qué es poesía? dices mientras clavas En mi pupila tu pupila azul; ¿Qué es poesía? Y tú me lo preguntas? Poesía... eres tú.
LVII Este armazón de huesos y pellejo, 10 De pasear una cabeza loca Cansado se halla al fin, y no lo extraño; Pues, aunque es la verdad que no soy viejo, De la parte de vida que me toca En la vida del mundo, por mi daño 15 He hecho un uso tal, que juraría Que he condensado un siglo en cada día. Así, aunque ahora muriera, No podría decir que no he vivido; Que el sayo, al parecer nuevo por fuera, 20 Conozco que por dentro ha envejecido. Ha envejecido, sí; ¡pese á mi estrella! Harto lo dice ya mi afán doliente; Que hay dolor que al pasar, su horrible huella Graba en el corazón, si no en la frente. 25
LXXIII Cerraron sus ojos Que aun tenía abiertos; Taparon su cara Con un blanco lienzo; Y unos sollozando, 30 Otros en silencio, De la triste alcoba Todos se salieron. La luz, que en un vaso {p. 306} Ardía en el suelo, Al muro arrojaba La sombra del lecho; Y entre aquella sombra 5 Veíase á intervalos, Dibujarse rígida La forma del cuerpo. Despertaba el día, Y á su albor primero 10 Con sus mil ruidos Despertaba el pueblo. Ante aquel contraste De vida y misterios, De luz y tinieblas, 15 Medité un momento: «_¡Dios mío, qué solos Se quedan los muertos!_» De la casa en hombros Lleváronla al templo, 20 Y en una capilla Dejaron el féretro. Allí rodearon Sus pálidos restos De amarillas velas 25 Y de paños negros. Al dar de las ánimas El toque postrero, Acabó una vieja Sus últimos rezos; 30 Cruzó la ancha nave, Las puertas gimieron, Y el santo recinto Quedóse desierto. De un reloj se oía 35 Compasado el péndulo, Y de algunos cirios El chisporroteo. Tan medroso y triste, Tan obscuro y yerto 40 Todo se encontraba... Que pensé un momento: «_¡Dios mío, qué solos Se quedan los muertos!_» De la alta campana 45 La lengua de hierro, Le dió, volteando, Su adiós lastimero. El luto en las ropas, Amigos y deudos 50 Cruzaron en fila, Formando el cortejo. Del último asilo, Obscuro y estrecho, Abrió la piqueta 55 El nicho á un extremo. Allí la acostaron, Tapiáronle luego, Y con un saludo Despidióse el duelo. 60 La piqueta al hombro, El sepulturero Cantando entre dientes Se perdió á lo lejos. La noche se entraba, 65 Reinaba el silencio; Perdido en las sombras, Medité un momento: «_¡Dios mío, qué solos {p. 307} Se quedan los muertos!_» En las largas noches Del helado invierno, Cuando las maderas 5 Crujir hace el viento Y azota los vidrios El fuerte aguacero, De la pobre niña A solas me acuerdo. 10 Allí cae la lluvia Con un son eterno; Allí la combate El soplo del cierzo. Del húmedo muro 15 Tendida en el hueco, Acaso de frío Se hielan sus huesos!... ¿Vuelve el polvo al polvo? ¿Vuela el alma al cielo? 20 ¿Todo es vil materia Podredumbre y cieno? ¡No sé; pero hay algo Que explicar no puedo Que al par nos infunde 25 Repugnancia y duelo, Al dejar tan tristes, Tan solos los muertos!
Antonio de Trueba
(1821–1889)
AL ANOCHECER
La luna se levanta Tras las lejanas cúspides, 30 Y cual conciencia santa Serena está la atmósfera, Sereno el mar indómito, Sereno el cielo azul... ¡Señor! cuando en la calma 35 Solemne del crepúsculo Te busca ansiosa el alma De los mortales míseros, ¡Qué desdichados fuéramos Si no existieras tú! 40
CANTOS DE PÁJARO {p. 308}
Tengo yo un pajarillo Que el día pasa Cantando entre las flores De mi ventana; Y un canto alegre 5 A todo pasajero Dedica siempre. Tiene mi pajarillo Siempre armonías Para alegrar el alma 10 Del que camina... ¡Oh cielo santo, Por qué no harán los hombres Lo que los pájaros! Cuando mi pajarillo 15 Cantos entona, Pasajeros ingratos Cantos le arrojan: Mas no por eso Niega sus armonías 20 Al pasajero. Tiende las leves alas, Cruza las nubes Y canta junto al cielo Con voz más dulce: 25 «Paz á los hombres Y gloria al que en la altura Rige los orbes!» Y yo sigo el ejemplo Del ave mansa 30 Que canta entre las flores De mi ventana, {p. 309} Porque es sabido Que poetas y pájaros Somos lo mismo.
CANTABRIA
Arboledas seculares, 5 Mansos ríos, claras fuentes, Auras puras, montes altos, Vallecitos siempre verdes, Casas blancas, torres negras, Mares agitados siempre, 10 Paz y alegría en las almas, Santo sudor en las frentes... Esto inspira mis cantares Y esto mi Cantabria tiene. Si me pierdo, que me busquen 15 Desde Higuer á Finisterre.
Ventura de la Vega
(1807–1865)
IMITACIÓN DE LOS SALMOS
¡Ay, no vuelvas, Señor, tu rostro airado A un pecador contrito! Ya abandoné, de lágrimas bañado, La senda del delito. 20 Y en ti, humilde, oh mi Dios, la vista clavo Y me aterra tu ceño, Como fija sus ojos el esclavo En la diestra del dueño. Que en dudas engolfado, hasta tu esfera 25 Se alzó mi orgullo ciego, {p. 310} Y cayó aniquilado cual la cera Junto al ardiente fuego. Si en profano laúd lanzó mi boca Torpes himnos al viento, 5 Yo estrellaré, Señor, contra una roca El impuro instrumento. ¡Levántate del polvo, arpa sagrada, Henchida de armonía! Y tú, por el perdón purificada, 10 Levántate, alma mía! Y yo también al despuntar la aurora, Y por el ancho mundo, Cantaré de la diestra vengadora El poder sin segundo. 15 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Andrés Bello
(1781–1865)
LA ORACIÓN POR TODOS
(_Imitación de Victor Hugo_)
Va á rezar, hija mía. Ya es la hora De la conciencia y del pensar profundo. Cesó el trabajo afanador, y al mundo La sombra va á colgar su pabellón. Sacude el polvo el árbol del camino 20 Al soplo de la noche, y en el suelto Manto de la sutil neblina envuelto Se ve temblar el viejo torreón. ¡Mira! Su ruedo de cambiante nácar El Occidente más y más angosta; 25 Y enciende sobre el cerro de la costa {p. 311} El astro de la tarde su fanal. Para la pobre cena aderezado Brilla el albergue rústico, y la tarda Vuelta del labrador la esposa aguarda 5 Con su tierna familia en el umbral. Brota del seno de la azul esfera Uno tras otro fúlgido diamante; Y ya apenas de un carro vacilante Se oye á distancia el desigual rumor. 10 Todo se hunde en la sombra: el monte, el valle, Y la iglesia, y la choza, y la alquería; Y á los destellos últimos del día Se orienta en el desierto el viajador. Naturaleza toda gime; el viento 15 En la arboleda, el pájaro en el nido, Y la oveja en su trémulo balido, Y el arroyuelo en su correr fugaz. El día es para el mal y los afanes: ¡Hé aquí la noche plácida y serena! 20 El hombre tras la cuita y la faena Quiere descanso y oración y paz. Sonó en la torre la señal: los niños Conversan con espíritus alados; Y los ojos al cielo levantados 25 Invocan de rodillas al Señor. Las manos juntas y los pies desnudos, Fe en el pecho, alegría en el semblante, Con una misma voz, á un mismo instante, Al Padre Universal piden amor. 30 Y luego dormirán; y en leda tropa Sobre la cuna volarán ensueños, Ensueños de oro, diáfanos, risueños. Visiones que imitar no osó el pincel, Y ya sobre la tersa frente posan, {p. 312} Ya beben el aliento á las bermejas Rosas, como lo chupan las abejas A la fresca azucena y al clavel. Como para dormirse, bajo el ala 5 Esconde su cabeza la avecilla, Tal la niñez en su oración sencilla Adormece su mente virginal. ¡Oh dulce devoción, que reza y ríe! ¡De natural piedad primer aviso! 10 ¡Fragancia de la flor del paraíso! ¡Preludio del concierto celestial! . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Ramón de Campoamor y Campoosorio
(1817–1901)
LOS SOLLOZOS
Si á mis sollozos les pregunto adónde La dura causa está de su aflicción, De un ¡ay! que ya pasó, la voz responde: 15 «De mi antiguo dolor _recuerdos_ son.» Y alguna vez, cual otras infelice, Que sollozo postrado en la inacción! De otro ¡ay! que aun no llegó, la voz me dice: «De mi dolor _presentimientos_ son.» 20 ¡Ruda inquietud de la existencia impía! ¿Dónde calma ha de hallar el corazón, Si hasta sollozos que la _inercia_ cría, _Presentimientos ó memorias_ son?
EL MAYOR CASTIGO {p. 313}
Cuando de Virgilio en pos Fué el Dante al infierno á dar, Su conciencia, hija de Dios, Dejó á la puerta al entrar. Después que á salir volvió, 5 Su conciencia el Dante hallando, Con ella otra vez cargó, Mas dijo así suspirando: Del infierno en lo profundo, No ví tan atroz sentencia 10 Como es la de ir por el mundo Cargado con la conciencia.
¡QUIÉN SUPIERA ESCRIBIR!
I —Escribidme una carta, señor cura. —Ya sé para quién es. —¿Sabéis quién es, porque una noche obscura 15 Nos visteis juntos?—Pues.
—Perdonad, mas...—No extraño ese tropiezo. La noche... la ocasión... Dadme pluma y papel. Gracias. Empiezo: _Mi querido Ramón:_ 20
—¿Querido?... Pero, en fin, ya lo habéis puesto... —Si no queréis...—¡Sí, sí! —_¡Qué triste estoy!_ ¿No es eso?—Por supuesto. —_Qué triste estoy sin ti!_
_Una congoja, al empezar, me viene_... {p. 314} —¿Cómo sabéis mi mal?... —Para un viejo, una niña siempre tiene El pecho de cristal.
_¿Qué es sin ti el mundo? Un valle de amargura. 5 ¿Y contigo? Un edén._ —Haced la letra clara, señor cura, Que lo entienda eso bien.
—_El beso aquel que de marchar á punto Te dí_...—¿Cómo sabéis?... 10 —Cuando se va y se viene y se está junto, Siempre... no os afrentéis.
_Y si volver tu afecto no procura Tanto me harás sufrir_... —¿Sufrir y nada más? No, señor cura, 15 ¡Que me voy á morir!
—¿Morir? ¿Sabéis que es ofender al cielo?... —Pues, sí, señor; ¡morir! —Yo no pongo _morir_.—¡Qué hombre de hielo! ¡Quién supiera escribir! 20
II ¡Señor Rector, señor Rector! En vano Me queréis complacer, Si no encarnan los signos de la mano Todo el sér de mi sér.
Escribidle, por Dios, que el alma mía 25 Ya en mí no quiere estar; Que la pena no me ahoga cada día... Porque puedo llorar.
Que mis labios, las rosas de su aliento, {p. 315} No se saben abrir; Que olvidan de la risa el movimiento A fuerza de sentir.
Que mis ojos, que él tiene por tan bellos, 5 Cargados con mi afán, Como no tienen quien se mire en ellos, Cerrados siempre están.
Que es, de cuantos tormentos he sufrido, La ausencia el más atroz; 10 Que es un perpetuo sueño de mi oído El eco de su voz.
Que siendo por su causa, ¡el alma mía Goza tanto en sufrir!... Dios mío, ¡cuantas cosas le diría 15 Si supiera escribir!...
III _Epílogo_ —Pues señor, ¡bravo amor! Copio y concluyo: _A don Ramón_... En fin, Que es inútil saber para esto arguyo Ni el griego ni el latín.— 20
EL DESCREIMIENTO
(_A S.M. la Reina Doña Isabel II_)
Más que la luz de la razón humana, Amo la oscuridad de mi deseo, Y más que la verdad de cuanto veo, Quiero el error de mi esperanza vana. Tenéis razón, hermosa Soberana, {p. 316} Que no sé cuando dudo y cuando creo; Si hoy, comparado á mí, todo es ateo, Tal vez de todo dudaré mañana. Entre creer y dudar, mi alma indecisa, 5 Mientras pasa esta vida de quebranto, Que es eterna en dar fin, yendo de prisa, El dudar y creer confunde tanto, Que unas veces mi llanto acaba en risa, Y otras veces mi risa acaba en llanto. 10
EL CIELO DE LEOPARDI
¡Genio infeliz! en su primer momento A su amiga la muerte le decía: —«Dame la nada, esa región vacía En que no hay ni placer ni sufrimiento. Donde se halla la vida está el tormento. 15 Dame paz en la nada—repetía,— Y mata con el cuerpo el alma mía, Esta amarga raíz del pensamiento.»
Al oirle implorar de esta manera Consolando al filósofo afligido, 20 La muerte le responde:—«Espera, espera; Que en paga de lo bien que me has querido, Mañana te daré la muerte entera Y volverás al sér del que no ha sido.»
LAS DOS GRANDEZAS
Uno altivo, otro sin ley, 25 Así dos hablando están: —Yo soy Alejandro el rey. —Y yo Diógenes el can.
—Vengo á hacerte más honrada {p. 317} Tu vida de caracol. ¿Qué quieres de mí?—Yo, nada; Que no me quites el sol.
—Mi poder...—Es asombroso, 5 Pero á mí nada me asombra. —Yo puedo hacerte dichoso. —Lo sé, no haciéndome sombra.
—Tendrás riquezas sin tasa, Un palacio y un dosel. 10 —¿Y para qué quiero casa Más grande que este tonel?
—Mantos reales gastarás De oro y seda.—¡Nada, nada! ¿No ves que me abriga más 15 Esta capa remendada?
—Ricos manjares devoro. —Yo con pan duro me allano. —Bebo el Chipre en copas de oro. —Yo bebo el agua en la mano. 20
—Mandaré cuanto tú mandes. —¡Vanidad de cosas vanas! ¿Y á unas miserias tan grandes Las llamáis dichas humanas?
—Mi poder á cuantos gimen, 25 Va con gloria á socorrer. —¡La gloria, capa del crimen; Crimen sin capa ¡el poder!
—Toda la tierra iracundo {p. 318} Tengo postrada ante mí. —¿Y eres el dueño del mundo, No siendo dueño de ti?
—Yo sé que, del orbe dueño, 5 Seré del mundo el dichoso. —Yo sé que tu último sueño Será tu primer reposo.
—Yo impongo á mi arbitrio leyes. —¿Tanto de injusto blasonas? 10 —Llevo vencidos cien reyes. —¡Buen bandido de coronas!
—Vivir podré aborrecido, Mas no moriré olvidado. —Viviré desconocido, 15 Mas nunca moriré odiado.
—¡Adiós! pues romper no puedo De tu cinismo el crisol. —¡Adiós! ¡Cuán dichoso quedo, Pues no me quitas el sol!— 20
Y al partir con mutuo agravio, Uno altivo, otro implacable, —¡Miserable! dice el sabio; Y el Rey dice:—¡Miserable!
LAS DOS TUMBAS
«¡Cuán honda, oh cielos, será!,» 25 Dije, mi tumba mirando, Que va tragando, tragando, Cuanto nació y nacerá. Y huyendo del vil rincón {p. 319} Donde al fin seré arrojado, Los ojos metí espantado Dentro de mi corazón. Mas cuando dentro miré, 5 Mis ojos en él no hallaron Ni un sér de los que me amaron, Ni un sér de los que yo amé. Si no hallo aquí una ilusión, Y allí sólo hallo el vacío, 10 ¿Cuál es más hondo, Dios mío, Mi tumba, ó mi corazón?...
Juan Valera y Alcalá Galiano
(B. 1827)
NOCHE DE ABRIL
Es ya tarde: bate el sueño Sobre la ciudad sus alas, En el silencio sus galas 15 Muestra la noche gentil; Abren su seno las flores Al rocío transparente, Y se respira el ambiente Perfumado del abril. 20 En Nápoles, en las noches De primaveras serenas, Vierte por todas sus venas Naturaleza su amor; Y es el silencio armonía, 25 Bálsamo el aire, las flores Ninfas, las sombras colores, Y los claros resplandor. Y todo vago, indeciso, {p. 320} Dulcemente se confunde, Y melancolía infunde Tan süave al corazón, Que en la atmósfera mecido 5 De sus sueños se recrea, Gira y corre distraído De ilusión en ilusión. No va el silfo más ligero En un rayo de la luna; 10 Ya acaricia lisonjero Con sus besos una flor; Ya en la límpida laguna Forma un rïel de topacio, Ya perdido en el espacio 15 Se disipa cual vapor.
EL FUEGO DIVINO
De la inclinada fuente En copioso raudal brotaste pura, Alma luz refulgente; Entonces con ternura 20 Latió fecundo el seno de natura. . . . . . . . . . .
Tú eres la luz, la vida, La inteligencia, el fuego, el movimiento; Tú la llama escondida Que da al sol alimento, 25 Y armonioso vigor al firmamento. . . . . . . . . . .
Con vivífico aliento Virtud prestaste á la materia inerte, La fuerza y movimiento, {p. 321} Que en sus átomos vierte Al sacarlos del seno de la muerte.
Y la forma elevada Misteriosa del hombre creaste luego; 5 A su mente sagrada Diste noble sosiego, A sus ojos el brillo de tu fuego.
Levantaste su frente, Hermoso asiento de tu lumbre viva, 10 Hacia el cielo eminente, Do á su mirada altiva Ni de tu sér la oscuridad se esquiva.
Cuanto existe en la tierra, De oro y fango, de bálsamo y veneno, 15 Cuanta virtud encierra En su fecundo seno El éter infinito, de astros lleno,
Diste con armonía, Breve mundo, del hombre á la existencia; 20 Como en oriente el día Brotó la inteligencia, De su completo ser oculta esencia.
La pompa de los mundos, Todo sér, toda vida en ella vive; 25 Los ámbitos profundos Del cielo en sí recibe, Y de su inmensidad los circunscribe.
Su perfume derrama {p. 322} La flor, el ave canta, el mar resuena; Cuanto aborrece y ama, Todo deleite y pena Está en el alma, y los espacios llena. 5
Su luz el astro envía, Y tarda siglos en cumplir su anhelo; No acaba su porfía, No hiere el mortal velo, Mas en el alma está como en el cielo. 10
¿Qué habrá que satisfaga Al sér amante en la creación entera? ¿De qué beldad se paga Si por alta manera Todo en el alma está como en su esfera? 15
¿A qué este amor intenso? ¿Qué ignoto sér la voluntad adora? ¿Dónde el objeto inmenso, La fuerza vencedora Que domina al amor que le devora? 20 . . . . . . . . . .
El alma es consonancia De todo lo creado, y sus amores Son la luz, la fragancia De estrellas y de flores, ¿Quién detiene perfumes y fulgores? 25 . . . . . . . . . .
La bien templada lira De cada cuerda exhala melodiosa Distinto son, y admira {p. 323} De la máquina hermosa Dando el conjunto música armoniosa.
Enemigas y fieras Potencias une al mismo fin el hado; 5 Así de las esferas El giro arrebatado Da un concierto sublime y alternado. . . . . . . . . . .
Gaspar Núñez de Arce
(B. 1834)
¡EXCELSIOR!
¿Por qué los corazones miserables, Por qué las almas viles, 10 En los fieros combates de la vida Ni luchan ni resisten?
El espíritu humano es más constante Cuanto más se levanta: Diós puso el fango en la llanura, y puso 15 La roca en la montaña.
La blanca nieve que en los hondos valles Derrítese ligera, En las altivas cumbres permanece Inmutable y eterna. 20
Á ESPAÑA {p. 324}
Roto el respeto, la obediencia rota, De Dios y de la ley perdido el freno, Vas marchando entre lágrimas y cieno, Y aire de tempestad tu rostro azota. Ni causa oculta, ni razón ignota 5 Busques al mal que te devora el seno; Tu iniquidad, como sutil veneno, Las fuerzas de tus músculos agota. No esperes en revuelta sacudida Alcanzar el remedio por tu mano 10 ¡Oh sociedad rebelde y corrompida! Perseguirás la libertad en vano, Que cuando un pueblo la virtud olvida, Lleva en sus propios vicios su tirano.
MISERERE
Es de noche: el monasterio 15 Que alzó Felipe Segundo Para admiración del mundo Y ostentación de su imperio, Yace envuelto en el misterio Y en las tinieblas sumido. 20 De nuestro poder, ya hundido, Último resto glorioso, Parece que está el coloso Al pie del monte, rendido. El viento del Guadarrama 25 Deja sus antros obscuros, Y estrellándose en los muros Del templo, se agita y brama. Fugaz y rojiza llama Surca el ancho firmamento, 30 Y á veces, como un lamento, {p. 325} Resuena el lúgubre son Con que llama á la oración La campana del convento. La iglesia, triste y sombría, 5 En honda calma reposa, Tan helada y silenciosa Como una tumba vacía. Colgada lámpara envía Su incierta luz á lo lejos, 10 Y á sus trémulos reflejos Llegan, huyen, se levantan Esas mil sombras que espantan A los niños y á los viejos. De pronto, claro y distinto, 15 La regia cripta conmueve Ruido extraño, que aunque leve, Llena el mortuorio recinto. Es que el César Carlos Quinto, Con mano firme y segura 20 Entreabre su sepultura, Y haciendo una horrible mueca, Su faz carcomida y seca Asoma por la hendidura. Golpea su descarnada 25 Frente con tenaz empeño, Como quien sale de un sueño Sin acordarse de nada. Recorre con su mirada Aquel lugar solitario, 30 Alza el mármol funerario, Y arrebatado y resuelto Salta del sepulcro, envuelto En su andrajoso sudario. «¡Hola!» grita en son de guerra {p. 326} Con aquella voz concisa, Que oyó en el siglo, sumisa Y amedrentada la tierra. «¡Volcad la losa que os cierra! 5 Vástagos de imperial rama, Varones que honráis la fama, Antiguas y excelsas glorias, De vuestras urnas mortuorias Salid, que el César os llama.» 10 Contestando á estos conjuros, Un clamor confuso y hondo Parece brotar del fondo, De aquellos mármoles duros. Surgen vapores impuros 15 De los sepulcros ya abiertos: La serie de reyes muertos Después á salir empieza, Y es de notar la tristeza, El gesto despavorido 20 De los que han envilecido La corona en su cabeza. Grave, solemne, pausado, Se alza Felipe Segundo, En su lucha con el mundo 25 Vencido, mas no domado. Su hijo se despierta al lado, Y destrás del rey devoto, Aquel que humillado y roto Vió desmoronarse á España, 30 Cual granítica montaña A impulsos del terremoto. Luego el monarca enfermizo, De infausta y negra memoria, En cuya Edad nuestra gloria, {p. 327} Como nieve se dishizo. Bajo el poder de su hechizo Se estremece todavía. ¡Ay, qué terrible armonía, 5 Qué obscuro enlace se nota Entre aquel mísero idiota Y su exhausta monarquía! Con terrífica sorpresa Y en silencioso concierto, 10 Todos los reyes que han muerto Van saliendo de su huesa. La ya apagada pavesa Cobra los vitales bríos, Y se aglomeran sombríos 15 Aquellos yertos despojos, Aquellas cuencas sin ojos, Aquellos cráneos vacíos. De los monarcas en pos, Respondiendo al llamamiento, 20 Cual si llegara el momento Del santo juicio de Dios, Acuden de dos en dos Por claustros y corredores, Príncipes, grandes señores, 25 Prelados, frailes, guerreros, Favoritos, consejeros, Teólogos é inquisidores. . . . . . . . . . .
Por mandato soberano De Carlos, que el cetro ostenta, 30 Llega al órgano y se sienta Un viejo esqueleto humano. La seca y huesosa mano {p. 328} En el gran teclado imprime, Y la música sublime, Que á inmensos raudales brota, Parece que en cada nota 5 Reza y llora, canta y gime. Uniendo al acorde santo Su voz, los muertos despojos Caen ante el ara de hinojos Y á Dios elevan su canto. 10 Honda expresión del quebranto, Aquel eco de la tumba Crece, se dilata, zumba, Y al paso que va creciendo, Resuena con el estruendo 15 De un mundo que se derrumba: «Fuimos las ondas de un río Caudaloso y desbordado. Hoy la fuente se ha secado, Hoy el cauce está vacío. 20 Ya ¡oh Dios! nuestro poderío Se extingue, se apaga y muere. ¡Miserere! «¡Maldito, maldito sea Aquel portentoso invento 25 Que dió vida al pensamiento Y alas de luz á la idea! El verbo animado ondea Y como el rayo nos hiere. ¡Miserere! 30 «¡Maldito el hilo fecundo Que á los pueblos eslabona, Y busca, y cuenta, y pregona Las pulsaciones del mundo! Ya en el silencio profundo {p. 329} Ninguna injusticia muere. ¡Miserere! «Ya no vive cada raza En solitario destierro, 5 Ya con vínculo de hierro La humana especie se enlaza. Ya el aislamiento rechaza: Ya la libertad prefiere. ¡Miserere! 10 «Rígido y brutal azote Con desacordado empuje Sobre las espaldas cruje Del rey y del sacerdote. Ya nada existe que embote 15 El golpe ¡oh Dios! que nos hiere. ¡Miserere! «Mas ¡ay! que en su audacia loca, También el orgullo humano Pone en los cielos su mano 20 Y á ti, Señor, te provoca. Mientras blasfeme su boca Ni paz ni ventura espere. ¡Miserere! «No en la tormenta enemiga: 25 No en el insondable abismo: El mundo lleva en sí mismo El rayo que le castiga. Sin compasión ni fatiga Hoy nos mata; pero muere. 30 ¡Miserere! «Grande y caudaloso río, Que corres precipitado, Ve que el nuestro se ha secado Y tiene el cauce vacío. {p. 330} ¡No prevalezca el impío, Ni la iniquidad prospere! ¡Miserere!» Súbito, con sordo ruido 5 Cruje el Órgano y estalla, La luz se amortigua y calla El concurso dolorido. Al disiparse el sonido Del grave y solemne canto 10 Llega á su colmo el espanto De las mudas calaveras, Y de sus órbitas hueras Desciende abundoso llanto. A medida que decrece 15 La luz misteriosa y vaga, Todo murmullo se apaga Y el cuadro se desvanece. Con el alba que aparece La procesión se evapora, 20 Y mientras la blanca aurora Esparce su lumbre escasa, A lo lejos silba y pasa La rauda locomotora.
Marcelino Menéndez y Pelayo
(B. 1856)
EN ROMA
¡Y nada respetó la edad avara... 25 Ni regio pueblo, ni sagradas leyes!... En paz yacieron extranjeras greyes Do la voz del tribuno resonara. No ya del triunfador por gloria rara {p. 331} Siguen el carro domeñados reyes, Ni de Clitumno los hermosos bueyes En la pompa triunfal marchan al ara. Como nubes, cual sombras, como naves, 5 Pasaron ley, ejércitos, grandeza... Sólo una cruz se alzó sobre tal ruina. Dime tú, ¡oh cruz! que sus destinos sabes: ¿Será de Roma la futura alteza Humana gloria ó majestad divina? 10
ELEGÍA EN LA MUERTE DE UN AMIGO
¿Por qué dicen, señora, Que es el dolor la tierra conquistada Por el moderno reflexivo numen? ¿No hay lágrimas de ardiente poësía Hasta en el polvo más menudo y leve 15 De los sagrados mármoles de Atenas? Hoy mismo, ¿quién podría Llenar las soledades de tu alma, Con voz más empapada de consuelos, Que la solemne voz medio cristiana, 20 Présaga del dolor de otras edades, Con que Menandro repitió en la escena: «Joven sucumbe el que los dioses aman»? Le amaron... sucumbió... ¡Triste destino, Nunca cual hoy profundo y lastimero! 25 No sé qué vaga nube, De futura tormenta anunciadora, Cubrió mi frente, al encontrar perdida, De un escoliasta en las insulsas hojas, Esa eterna razón de lo que muere 30 Antes de tiempo y sin razón cortado. ¿Te acuerdas? Otro día {p. 332} La vimos centellar con luz siniestra En el campo purísimo y sombrío Del amador toscano de la nada, Que en versos no entendidos 5 Del vulgo vil, y á espíritus gentiles, Como el tuyo, señora, reservados, La secreta hermandad te descubría Del _amor_ y la _muerte_. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Y quizá soñarías 10 Aplausos, y victorias, y loores, Y el tronco de su estirpe, Por él con nuevas y pujantes ramas De perenne verdor engalanado... ¡Alégrate, señora, 15 Que aun fué mejor su venturosa suerte! Intacto lleva á Dios su pensamiento; No deja tras de sí recuerdo impuro, Y ni la envidia misma Puede clavar en él la torpe lengua. 20 Blanco de ciega saña Nunca se vió, ni de traición aleve, Ni, rota el ara del amor primero, Halló trivial lo que juzgó divino...
Acá le llorarán; allá en el cielo 25 Árbol será firmísimo y lozano Lo que era germen en la ingrata tierra. Yo le envidio más bien. ¡Qué hermosa muerte! ¡Qué serena agonía, Cual sintiendo posarse 30 Los labios del arcángel en sus labios! ¡Morir, no en celda estrecha aprisionado, {p. 333} Sino á la luz del sol del Mediodía, Y sobre el mar, que ronco festejaba El vuelo triunfador del alma regia Subiendo libre al inmortal seguro! 5 ¡Morir entre los besos de su madre, En paz con Dios y en paz con los humanos, Mientras tronaba desde rota nube La bendición de Dios sobre los mares!
GLOSARIO
*abedes*, habéis. *abino*, aconteció, sucedió. *absentes*, ausentes. *abtores*, autores. *actores*, autores. *adormir*, adormecer. *adverguada*, albergada. *afíncase*, desea con ahínco. *aflicion*, aflicción. *agora*, ahora. *ahao*, ¡aho! *al*, otro, otra cosa. *alaguëro*, halagüeño. *alfajas*, alhajas. *algunt*, algún. *algurismo*, argumentación, raciocinio. *alí*, allí. *alumbrada*, crepúsculo (?). *amargurados*, amargados. *amidos*, de mala gana, por fuerza. *andades*, andáis. *aniello*, anillo. *anparar*, amparar. *antoxa*, antoja. *ardid*, osado, valeroso. *asmar*, pensar, juzgar. *aspetto*, aspecto. *assechan*, acechan. *atal*, tal. *atan*, tan. *atanto*, tanto. *athesorastes*, atesorasteis. *avéys*, habéis. *aví’*, había. *avía*, había, tenía. *aviendo*, habiendo. *avissatnos*, avisadnos. *avrá*, habrá, tendrá. *ay*, hay.
*baraja*, pelea, contienda, confusión. *(baratado)*, ir mal baratado, hacer mal negocio. *barva punniente*, barbiponiente. *baxillas*, vajillas. *baxo*, bajo. *bayaes*, vayáis. *bedes*, veis. *bela*, bella. *berná*, vendrá. *bevir*, vivir. *blao*, azul. *blasmo*, bálsamo. *bolliçio*, bullicio. *brial*, vestido de seda.
*c’*, que. *ca*, que, porque. *cabdal*, caudal. *cabelos*, cabellos. *cabo*, fin, término. *calabrina*, hedor. *calentura*, calor. *callando*, callado, callandico. *camiaré*, cambiaré. *capiello*, sombrero. *captivo*, cautivo. *carbonco*, carbunco, carbunclo. *(caro), hacer caro*, encarecer. *cativo*, cautivo, mísero. *cavalero*, caballero. *cavalgante*, caballero. *çentura*, cintura. *çerca*, cerca de. *çertenidad*, certeza. *cevil*, civil, bajo, humilde. *cobrí*, cubrí. *comedio*, medio, remedio. *complido*, cumplido, entero. *complisyon*, complexión. *connoçer*, conocer. *conorta*, consuela. *conparado*, comparado. *conplimiento*, cumplimiento, perfección. *conplir*, cumplir. *contrallo*, contrario. *coral*, corales. *(costunbrado), bien c.*, bien criado, de buenos modales. *c’ otro*, que otro. *criamiento*, crianza. *crueza*, crudeza, crueldad. *cualquer*, cualquier. *curedes*, curéis, os inquietéis. *curar de*, interesarse en. *cuytedes*, acuitéis.
*charambela*, instrumento músico.
*d’*, de. *dal*, dale. *dapnaçion*, damnación, condenación. *deal*, divino. *deçiplo*, discípulo. *dellas*, de ellas. *demandades*, demandáis, buscáis. *dende*, de allí. *denegrido*, ennegrecido. *dereyta*, derecha. *descanto*, disonancia. *desconortado*, desconhortado, desconsolado. *desora*, deshora. *después*, después de. *desque*, desde que. *deste*, de este. *desto*, de esto. *detardar*, retardar. *detardedes*, detardéis. *devría*, debería. *dexá*, dexad. *dexar*, dejar. *dezit*, decid. *dier*, diere. *dix*, dije. *dixe*, dije. *dixle*, díjele. *dixo*, dijo. *diz*, dice. *dizem*, díceme. *do*, donde. *do*, doy. *dobrado*, doblado. *donas*, dones, regalos. *doncela*, doncella. *donneo*, donaire.
*e, y*, é. *egual*, igual, par, perfilado. *eguala*, iguala, compara. *egualdat*, igualdad. *ela*, ella. *elam*, ella me. *ell*, el. *elle*, él. *ello*, él. *em*, en. *embiados*, enviados. *ementando*, recordando. *encomiença*, comienza. *ende*, de allí; *por ende*, por eso. *enojedes*, enojéis. *entros*, entróse. *enxiemplo*, ejemplo. *ermoso*, hermoso. *es*, ese, este. *es*, está. *escondedijo*, escondidijo, escondrijo. *escuchedes*, escuchéis. *escureça*, obscuridad. *escuro*, oscuro. *esfryado*, resfriado, refrescado. *esparta*, disperse, esparza. *estremuloso*, trémulo. *et*, y. *exebçion*, excepción. *exir*, salir. *eya*, ea.
*fablar*, hablar. *fabrido*, fabricado, labrado. *fadar*, decir los hados, destinar, indicar. *fallaredes*, hallaréis. *fallençia*, falencia. *fallesçer*, fallecer, faltar. *fallimiento*, falta. *faz*, hace. *fazientes*, hacientes. *fediente*, hediondo. *fée*, fe. *fegura*, figura. *festino*, presto, pronto. *feyta*, hecha. *feziste*, hiciste. *ffallar*, hallar. *Fhilipo*, Felipe. *fiedes*, fiéis. *fijo*, hijo. *fin*, fino. *fiyestas*, fiestas. *fiz*, hice. *fizies*, hiciese. *flama*, llama. *foidor*, huidor, el que huye. *folgura*, holgura, comodidad. *foxa*, hoja. *foyría*, huiría. *frayre*, fraile. *frecha*, flecha. *fructas*, frutas. *fryda*, fría. *frydor*, frío, frialdad. *fuent*, fuente. *furtar*, hurtar.
*gela*, se la. *gergenza*, una piedra preciosa. *gostará*, gustará. *grant*, grande.
*habredes*, habréis. *hacerio*, azar, desgracia. *hé*, fe. *hé*, tengo. *hezistes*, hicisteis. *homne*, hombre. *hordenar*, ordenar.
*i*, allí. *ielas*, se las. *imenso*, inmenso. *imperante*, emperador. *impunable*, inexpugnable. *inforismo*, aforismo, sentencia. *io*, yo.
*Johan*, Juan. *junniemos*, juntámonos.
*labro*, labio. *laçerio*, trabajo, desgracia. *ladronçiellos*, ladroncillos. *laude*, alabanza, elogio. *lazrados*, lacerados, míseros. *leno*, lleno. *levar*, llevar. *levém*, levantéme. *lexos*, lejos. *leyer*, leer. *leystes*, leisteis. *libelo*, escrito forense. *lumbroso*, luminoso, resplandeciente. *luvas*, guantes. *lyso*, lis.
*ll’*, la. *llotrarse*, vestirse (?), alegrarse (?).
*m’*, me. *magnifestava*, manifestaba. *magnifiesto*, manifiesto. *maguer*, aunque. *malgranar*, huerto de granados. *man á mano*, en seguida. *manyera*, manera. *manzilla*, piedad, compasión. *Matheo*, Mateo. *meaja*, meaja, miaja, migaja. *mesaiero*, mensajero. *mescladizos*, mezclados. *mesmos*, mismos. *mesura*, medida, manera. *mesurado*, medido. *meto*, temo. *meu*, mío, mi. *Micer*, mi señor, título antiguo aragonés. *muito*, mucho.
*nado*, nacido. *nin*, ni. *ningund*, ningún, ninguno. *ningunt*, ningún. *non*, no. *nonbre*, nombre. *nunqua*, nunca.
*odí*, oí. *odrá*, oirá. *olíen*, olían. *ome*, hombre. *omne*, hombre. *onde*, donde. *oram*, hora me. *orior*, oriol. *ovi*, hube, tuve. *ovier*, hubiera. *oviera*, hubiera. *ovieron*, hubieron. *oviesse*, hubiese, tuviese. *ovo*, hubo, tuvo. *oy*, hoy; a oy, hoy, ahora. *oy*, oye. *oyredes*, oiréis.
*(par) em par*, uno con otro. *paredes*, paréis. *paresçer*, parecer. *partí*, quité. *pedricado*, predicado. *pedricador*, predicador. *pedricando*, predicando. *Peidro*, Pedro. *perderedes*, perderéis. *perenal*, perenne. *periglo*, peligro. *perlado*, prelado. *pestiellos*, pestillos. *peyor*, peór. *(plan), a plan*, llanamente, seguramente. *plática*, práctica. *plegadizos*, allegadizos, arrimadizos. *plegué*, llegué. *pleno*, lleno. *podades*, podáis. *podedes*, podéis. *poetría*, poesía. *polido*, pulido. *porende*, por eso. *prazer*, placer. *prelasía*, prelacía. *prender*, tomar. *priado*, pronto. *pris*, tomé, cogí. *privado*, presto. *probeça*, pobreza. *probedat*, pobreza. *proveza*, pobreza. *prys*, tomé, cogí. *pues*, después que, desde que. *punad*, pugnad, procurad. *(punniente), barva punniente*, barbiponiente. *pus*, puse.
*q’*, que. *qu’*, que. *qual*, cual. *quán*, cuán. *quan*, cuando. *quant*, cuando, pues. *quánto*, cuánto; *quanto que*, mientras que. *quel*, que el. *quella*, que ella. *queque*, desde que, así que. *quere*, quiere. *queredes*, queréis. *queres*, quieres. *querrýes*, querrías. *ques*, que (qué) es. *qui*, quien. *quis*, quise. *quisieram*, quisiera me. *quisquiere*, quienquiera, todo el mundo.
*raçion*, limosna. *recabdo*, recaudo, recato. *recurssa*, recurre. *repienden*, arrepienten. *repiso*, arrepentido. *replicaçion*, réplica. *reqüesta*, ruego, demanda, petición. *resçibe*, recibe. *rioaduchos*, advenedizos, allegadizos. *robí*, rubí. *rressuçetarýa*, resucitaría. *rreta*, recta. *rridientes*, rientes. *rrizio*, recio. *rroyente*, roedor.
*s’*, si. *sabedes*, sabéis. *sabet*, sabed. *sabiençia*, sapiencia. *salgades*, salgáis. *seder*, ser. *seer*, ser. *segund*, según. *segunt*, según. *sempre*, siempre; *sempre que*, siempre que. *sen*, sentido, seso. *senyor*, señor. *señor*, señor, señora. *serena*, sirena. *sey*, sé. *seyas*, seas. *seyt*, sed. *so*, debajo, debajo de. *so (só)*, soy. *sobrel*, sobre el. *soes*, sois. *sofysmo*, infiero, concluyo. *sojudgar*, sojuzgar. *sol*, sólo, aun. *sopiera*, supiera. *sospirando*, suspirando. *sospiro*, suspiro. *sotar*, saltar, bailar. *sotil*, sutil. *spada*, espada. *sseyendo*, siendo. *sso*, soy. *ssotyl*, sutil. *’sta*, esta. *supiestes*, supisteis. *synple*, simple. *syntrýades*, sentiríais.
*tall*, tal. *tenedes*, tenéis. *tenie*, tenía. *terné*, tendré. *tien*, tiene. *tiesta*, cabeza. *tocas’*, tocasse, _i.e._, tocase. *toliós*, quitóse. *toller*, quitar. *Tomaseio*, Tomás. *toste*, pronto. *traspasar*, pasarse. *traxeron*, trajeron. *tray*, traía. *traye*, trae. *trayo*, traigo. *tredentudo*, tridente, de tres dientes. *trevejo*, burla, chanza, juego. *trihunfo*, triunfo. *troco*, trueco. *troco* (_n._), trueque. *truxeron*, trajeron. *truxo*, trajo. *turbança*, turbación, molestia. *tynazas*, tenazas.
*uerto*, huerto. *ultra*, más allá de, fuera de. *uvo*, hubo.
*veer*, ver. *vegada*, vez. *vengades*, vengáis. *verdat*, verdad. *veredes*, veréis. *vernás*, vendrás. *vertiós*, vertióse. *vestro*, vuestro. *veyer*, ver. *vide*, ví. *vidía*, veía. *vido*, vió. *vies*, viese. *viestes*, visteis. *vilano*, villano. *vos*, os. *xamet*, jamete, tela de seda. *xara*, jara. *xerga*, jerga.
*yamás*, jamás. *yente*, gente. *ynplision*, infección. *yol*, yo le. *yt*, id. *yxia*, salía.
NOTES
POESÍAS DE LOS SIGLOS XIII-XV
The following equations—the first element being Old Spanish and the second modern—may facilitate the reading of the 13th and 14th century texts:
_b_ = _b_ and _v_; _ç_ = _c_ (before _e_, _i_), and _z_ (before _a_, _o_, _u_); _e_ = _e_ and _y_; initial _f_ = _f_ and _h_; _i_ = _i_, _j_, _g_ (before _e_, _i_), _y_; _l_ = _l_ and _ll_; _ll_ = _l_ and _ll_; _mn_ = _mbr_; _nn_ = _ñ_ and _n_; _ny_ = _ñ_; _nb_ = _mb_; _np_ = _mp_; _pl_ (initial) = _ll_; _rr_ = _r_ and _rr_; _ss_ = _s_; final _t_ = _d_; _u_ = _u_, _b_, _v_; _v_ = _b_, _v_, _u_; _x_ = _x_ and _j_; _y_ = _i_ and _y_; _z_ = _z_ and _c_ (before _e_, _i_). Initial _h_ may be suppressed; _h_ (_trihunfo_) and _y_ (_peyor_) may intervene between vowels. For modern Spanish equivalents of the more difficult Old Spanish words see the _Glosario_.
AVENTURA AMOROSA. This anonymous poem, first published by M. Morel-Fatio (_Romania_, XVIII), is by him attributed to the thirteenth century. It is, therefore, one of the oldest Spanish lyrics extant. In the manuscript it is followed, or continued, by another poem, a _Debate between Wine and Water_. By reason of its subject, M. Morel-Fatio entitled our piece a _Poème d’Amour_; the present title is the one which it bears in Menéndez y Pelayo’s _Antología de poetas líricos castellanos_, vol. I. In the manuscript occurs the statement: “_Lupus me feçit de Moros_”; but this Lupus de Moros may have been only the scribe. The manner of the poem is that of the French and Provençal _pastourelles_, _pastorelas_, whose octosyllabic metre is also imitated, somewhat irregularly, by the Spanish poet. Some of the metrical irregularities may be scribal only.
*Page 3.*—l. 6. *dueñas*: the MS. shows no _tilde_ in this and other cases where the modern language has it.
l. 7. The MS. has *tryança*.
l. 10. *cortesía*: i.e., the totality of qualities marking a gentleman; cf. the modern *cortesanía*.
l. 18. *tocas*: the truncated imperfect subjunctive occurs frequently in Old Spanish texts. Cf. p. 4, l. 11.
*Page 4.*—l. 7. *ovi miedo*: *haber* was regularly used in Old Spanish as an independent verb taking a direct object. It is still so employed in a few petrified expressions (*habérselas con uno*) and in the impersonal construction.
l. 17. *la calor*: a number of abstracts in _-or_ were treated as feminine in Old Spanish.
l. 18. *olíen*, l. 19. *teníe*. Under certain conditions the imperfect indicative endings _ia_, etc., were weakened to _ie_, etc. These lines seem to show assonance instead of rhyme.
l. 20. *es*, *sson*. The modern distinctions between *ser* and *estar* were not observed in early Spanish.
l. 29. *non ... peyor*, _not the very worst_.
*Page 5.*—l. 6. *á rrazón*, _well proportioned_.
ll. 31-32. The rhyme is imperfect or shows dialectal influence.
l. 32. *cortesa*, an analogical feminine form due, doubtless, to the influence of national and other locative adjectives in _-es_, _-esa_.
l. 33. *Te ... bien*, _loves thee so very much_.
*Page 6.*—l. 5. *la mía señor*. The article often appeared with the attributive possessive adjective in Old Spanish. The noun *señor* was both masculine and feminine in early Spanish, as its etymon, the adjective _senior_, was in Latin.
l. 17. *un su mesaiero*, _a messenger of his_. Cf. l. 27, *es meu amigo*, _this friend of mine_, and l. 31, *una mi çinta*, _a ribbon of mine_.
ll. 21-22. The MS. has *buenas yentes* and *punnientes*.
*Page 7.*—l. 3. This line is an emendation of Morel-Fatio’s.
l. 12. *fe que devedes*, _by the faith that you owe, on your honor_.
l. 18. *Por ... muerto*, _I nearly died_.
GONZALO DE BERCEO. Gonzalo de Berceo is the first Castilian poet known to us by name. He is mentioned in documents ranging in date from the second decade to the middle of the thirteenth century. From his birthplace, the village of Berceo, he early passed to the monastery of San Millán de la Cogolla, and there he remained, as a secular priest, throughout his life. Most of his work consists of religious, legendary and narrative verse, in the production of which he was most prolific. He has also left us one long profane poem, the _Libro de Alexandre_, giving the usual mediæval account of the adventures of Alexander the Great. Berceo seems to have been the first to use the metrical form called _cuaderna vía_—quatrains of fourteen-syllabled lines with a single rhyme—which he employed consistently and which had considerable vogue in the thirteenth and fourteenth centuries. Abandoning that narrative verse form, he strikes a true lyric note in the _Cántica de la Virgen_, a somewhat irregular octosyllabic song inserted in his longer poem, _El duelo de la Virgen_. As this lyric resembles watch-songs found in Latin and German Easter-plays, it has been supposed that Berceo borrowed it from a lost Easter play in Spanish. Like them it represents Mary as entreating the apostles to guard the body of the buried Christ. The collected poems of Berceo are to be found in volume 57 of the _Biblioteca de autores españoles_.
*Page 8.*—l. 1. *velar*, the infinitive with imperative force.
l. 4. *Dios*: as the rhyme shows, this word has the older accent in the first vowel.
JUAN RUIZ, ARCIPRESTE DE HITA. Archpriest of Hita, in the vicinity of Guadalajara, Ruiz, the most original Old Spanish poet, wrote during the first half of the fourteenth century. On account of his irregular life, his ecclesiastical superiors found it necessary to imprison him. His whole career reminds one strongly of that of the French cleric François Villon, like whom Ruiz is one of the first modern poets to strike a peculiarly personal note. In his _Libro de buen amor_ (published in the _Biblioteca de autores castellanos_, volume 57, as _Libro de los cantares_) he is frankly improper and shows in a marked degree the influence of Ovid’s works, of the _Pamphilus de Amore_, a mediæval imitation of Ovid, and of various Old French works. The selections here given are taken from the _Biblioteca_ volume already cited; cf. also the edition of the _Libro de buen amor_ by J. Ducamin (_Bibliothèque méridionale_, 1e série, tome VI).
*Page 9.*—l. 22. There is a metrical translation of this poem by Longfellow, first published in _The North American Review_, April, 1833, and reprinted in the Riverside edition of Longfellow’s works, 1886, vol. VI, pp. 414 ff. Longfellow imitates the _cuaderna vía_ arrangement of the original.
l. 25. *Ca ... corazon*, _for the heart desires but little and that well said_.
*Page 10.*—l. 8. *Mucho ... mientes*, _much more you will find wherever you direct your attention_.
*Page 11.*—l. 3. *en la salutaçion*: cf. Longfellow’s translation _in anticipation_.
l. 6. *tomar*, cf. note p. 8, l. 1.
l. 8. In this song the author abandons the _cuaderna vía_ for the octosyllabic verse. Occasional imperfections of rhyme are noticeable here.
l. 13. *Habémoslo a*: *haber a* equivalent to *haber de*; the *lo* is used indefinitely.
l. 28. *De quien*, equivalent to *por quien*.
*Page 12.*—l. 3. *Aquien*, i.e., *á quien*.
l. 8. *pecado*, i.e., *diablo*.
*Page 13.*—l. 4. *bien fechores*, i.e., *bienhechores*.
DON JUAN MANUEL. If the poem in octaves, _A la muerte del Príncipe D. Alfonso_, of which several stanzas are here given, were really the work of the Infante D. Juan Manuel (1282-1347), the author of the famous framework of prose tales entitled the _Conde Lucanor_, it would belong in the place here assigned to it. But the poems of the Infante are probably lost, and the pieces which, like the present one, are attributed to Don Juan Manuel in the _Cancionero General_, the _Cancioneiro_ of Resende, and other collections, must belong to the writer so called who was attached to the court of King Emanuel of Portugal († 1524) and composed in both Spanish and Portuguese. Cf. Ticknor, _History of Spanish Literature_, vol. I, p. 59, note 27, and Gröber’s _Grundriss der romanischen Philologie_, Band II, 2. Abteilung, p. 265, note 1, p. 270, note 5.
EL CANCILLER PERO LÓPEZ DE AYALA. One of the most important figures of the fourteenth century. Active in court and camp, he still found time to produce much prose and verse. He was a trusted servant of Don Pedro and the three succeeding monarchs, and was Chancellor of Castile from 1398 on. Several times taken in battle, he was once imprisoned at Oviedes for fifteen months. He was at one time the captive of the Black Prince, but there is probably no truth in the account that he was carried a prisoner to England.
Ayala’s most important work in verse is the satirical and didactic _Rimado de Palacio_ (published in the _Biblioteca de Autores Españoles_, vol. 57). Here, in somewhat over 1600 stanzas, the author assails all abuses—social, political and others—of the time. Not merely the decay in court life, but general social degeneracy is his main theme. The first part of the poem consists of 705 strophes in _cuaderna vía_. In the second part, which opens with our first _cantar_, we find plaints, prayers and songs to the Virgin interspersed among the didactic and satiric passages. The last are still in _cuaderna vía_; the former elements, more lyric in their nature, show the use of various measures, with a particular influence of Provençal and Galician forms. They mark Ayala as one of the earliest of the court poets, who were to become so numerous in the reign of Juan II.
*Cantar*. The shorter lines are arranged in _redondillas_. Note the inner rhymes in the longer lines, which might also be divided into octosyllabic verses.
*Page 14.*—l. 9. *dada*. Occasionally the Old Spanish participle conjugated with *haber* is found agreeing with its object.
*Page 15.*—l. 13. *Cantar á la Virgen*. This octosyllabic song begins with stanza 830 of the _Rimado de Palacio_.
l. 17. With the epithets here applied to Mary compare those addressed to the Spouse in the _Song of Songs_, with whom she has been often identified by the exegetists.
LA DANZA DE LA MUERTE. This anonymous poem of seventy-nine octaves belongs to the general category of poetical and pictorial works, which in the Occident, and especially in the fourteenth and fifteenth centuries, celebrated the triumph of Death over all earthly creatures. The original form may have been that of a pantomime. The Spanish poem (published in full in the _Biblioteca de autores españoles_, vol. 57) is probably a version of an earlier French poem. Its date has been variously estimated. Baist (Gröber’s _Grundriss der romanischen Philologie_, II, p. 428, note) would place it in the middle of the fifteenth century. Cf. W. Seelmann, _Die Totentänze des Mittelalters_, Leipzig, 1893.
*Page 16.*—l. 24. *en ... durante*, i.e., _in the world throughout its duration_.
*Page 17.*—l. 2. *quando ... traspasante*, i.e., _when I discharge this cruel, piercing arrow of mine_.
l. 27. *de ... forçado*, _must perforce die_.
*Page 19.*—l. 29. *a tan syn pauor*, _so fearlessly_.
REVELACIÓN DE UN ERMITAÑO. This anonymous vision in twenty-five octaves (published in the _Biblioteca_, vol. 57) is of the class of _Debates between the Body and the Soul_, common in the Middle Ages. Cf. the _Visión de Filiberto_, published by Toledo in the _Zeitschrift f. romanische Philologie_, II, 40, and for a Middle-English version see Mätzner, _Altenglische Sprachproben_, I, 90. See also C. Fritzsche, _Die lateinischen Visionen des Mittelalters_, in _Romanische Forschungen_, II, 279 ff., III, 337 ff.
*çiençia gaya*, _art of poetry_; a term of Provençal origin.
*Page 21.*—l. 9. *prima*, the canonical hour _prime_.
l. 11. *hera*: the *era española* began thirty-eight years before the Christian era.
l. 16. *el*, found in early Spanish before feminine nouns not beginning with accented _a_. Cf. p. 28, l. 6, *un espesura*.
EL ALMIRANTE DIEGO FURTADO DE MENDOZA. The Admiral Furtado de Mendoza was the father of the Marqués de Santillana (cf. p. 34). Far less important as a poet than his more inspired son, he nevertheless possessed abundant lyric gifts, of which the present song (published by Amador de los Ríos, _Historia de la literatura española_, vol. V) gives evidence. It is a dance-song of a kind called _cossante_ by the author. Portuguese-Galician influence is clear in the Admiral’s poems.
ALFONSO ÁLVAREZ DE VILLASANDINO. One of the most important _trovadores_ at the court of Juan II (1406-54). He wrote in both Galician and Castilian, and most of his poems, which are in the conventional Provençal manner, are to be found in the _Cancionero_ of Baena (ed. Leipzig, 1860). In expression they are frequently coarse and vituperative. Villasandino’s several songs in praise of Seville seem to have been composed for pecuniary compensation; cf. F. Wolf, _Studien zur Gesch. der span. etc., Literatur_, Berlin, 1859, p. 200, note.
*Page 24.*—l. 17. *alta compaña*, i.e., the Giralda, the famous tower of the Cathedral of Seville.
*Page 25.*—l. 9. *mesura*, i.e., _measure_, with the connotation so customary in Provençal poetry, of _moderation_, _dignity_ and _grace_ in all things.
MICER FRANCISCO IMPERIAL. The son of a Genovese goldsmith established in Seville, Imperial was one of the first to import an Italian influence into Spanish poetry. His poems (published in the _Cancionero_ of Baena) mark the beginning of an allegorizing tendency in Castilian literature which harks back to Dante. The latter, Imperial constantly imitates and quotes, as he does in the present _decir_, or short poem.
*Page 25.*—l. 16. *Rribera del rio*, _on the bank of the river_.—Triana: a suburb of Seville, from which it is separated by the river.
l. 20. *santa Ana*: a church and a square of Seville.
l. 27. *al que dixo*: *Ave*, i.e., to the Archangel Gabriel.
l. 28. *paraysso*: the doubled _s_ here and in *rysso*, v. 25, is inorganic; cf. the rhymes quiso and lyso.
*Page 26.*—l. 4. *señores*, cf. note to p. 6, l. 5, and see l. 11 below.
RUY PÁEZ DE RIBERA. The poems of Páez de Ribera, like those of Imperial, are contained in the _Cancionero_ of Baena, and show similar tendencies toward the allegory. They are marked, furthermore, by a spirit of unrest which is somewhat socialistic in its expression.
*Page 27.*—l. 7. *veer lo caydo*, i.e., *verlo caído*.
l. 25. *mesurada*, cf. note to p. 25, l. 9.
EL CONDESTABLE ÁLVARO DE LUNA. Prominent among the two hundred or more poets of the reign of Juan II. was the courtier Álvaro de Luna. For a long time he enjoyed the favor of the monarch, who even raised him to one of the highest ranks to which a subject could attain, but, incurring the hatred of his fickle master, he was persecuted and finally executed in 1453. His tragic career has been several times treated in Spanish verse and prose. In his poems conventional gallantry borders on what the devout would call blasphemy.
*Page 28.*—l. 26. *E non ... vara*, i.e., _and I would not yield to thee_.
FERNÁN PÉREZ DE GUZMÁN. The nephew of one poet, the Canciller López de Ayala, and the uncle of another, the Marqués de Santillana, Pérez de Guzmán has left us in the _Cancioneros_ a few poems in the Provençal-Galician manner with traces of Italian influence. He is more important as a prose writer than as a poet, being one of the best of the early Spanish historians.
*Page 30.*—l. 12. This is the reading of this line in the _Cancionero_ of Baena (ed. 1860, II, p. 254), but the metre seems to require the conjunction *é* after *prados*.
l. 30. *ryso*: *risa* is needed for the rhyme.
JUAN DE MENA. Mena, the Latin secretary of King Juan II. and a leader of the stylistic poets of his court, became most noted as the author of the allegorical poem _El Laberinto_ (also known as the _Trecientas_, from the original number of its stanzas). Imitating the scheme of Dante’s _Divina Commedia_, and largely influenced also by Lucan, Mena here seeks to picture the vicissitudes of Fortune. Elaborate but cold, the work was a great favorite with his contemporaries. At times, as in these octaves celebrating the luckless Galician troubadour Macías, a martyr of love, Mena rises to a respectable lyric height. Other ambitious poetical works of his are the _Coronación_ and the _Coplas de los siete pecados mortales_. Note the dactylic (—́ ‿ ‿) rhythm of the present _versos de arte mayor_. For accounts of Macías, and the plays and novels dealing with him, see F. Wolf, _Studien_, etc., p. 772, and Ticknor, _History of Span. Literature_, I, 329 f.
RODRIGO COTA. A converted Hebrew, who has owed a great deal of his fame to the false attribution to him of the _Coplas de Mingo Revulgo_ and of the _Celestina_. A meritorious poem of Cota’s is the _Diálogo entre el Amor y un Viejo_ (published by Menéndez y Pelayo in his _Antología de poetas líricos castellanos_, vol. IV, p. 1). A burlesque ascribed to him may be seen in the _Revue hispanique_, vol. I.
COPLAS DE MINGO REVULGO. This is one of several satires, lyrico-dramatic in form, written during the reign of Enrique IV. of Castile († 1474). It is in the nature of a dialogue in thirty-two stanzas, between two shepherds, Mingo Revulgo, representing the more inferior class, and Gil Arribato, representing the more elevated class, who discuss the moral and social decay of the time and the dissolute behavior of the king. The work has been attributed without warrant to Rodrigo Cota, Juan de Mena and others. For the full text see Menéndez y Pelayo, _Antología_, III, 5 ff., and cf. Ticknor, I, 232 f., and Pidal in the _Cancionero_ of Baena (ed. 1860, p. c).
*Page 32.*—l. 13. *Mingo Rebulgo*; *Mingo* = *Domingo*, and according to early glosses *Rebulgo* is here an intensitive of *vulgo* = *cosa pública*.
l. 21. *¿Non ... rejo?* A line of doubtful sense. Menéndez y Pelayo would translate *te llotras* by *te alegras*. But *llotrarse* seems to mean *vestirse*; hence a possible sense would be, _Do you not arm yourself with good courage?_ (*rejo* = _vigor_, _strength_). Cf. the translation in Ticknor (I, 233): “_Pray, are you broken down with care_?”
*Page 33.*—l. 1. *Arribato*, possibly based on *arriba* and equivalent to _The Elevated_.
l. 2. *en fuerte ... echamos*, i.e., _we made a very bad cast, we had hard luck_.
l. 3. *Candaulo*, here for the king Enrique IV. Candaulo, or Candaule, was a Lydian king.
l. 12. *nin roso nin velloso*, _nothing at all_.
l. 18. *tyenen de*, i.e., *han de*. According to the glosses, the three ravenous she-wolves are the three persecutions—hunger, war and pestilence—which Ezekiel promised to the Israelites in punishment for their sins; cf. the three next stanzas.
ÍÑIGO LÓPEZ DE MENDOZA, MARQUÉS DE SANTILLANA. Perhaps the most impressive literary figure of the fifteenth century. The nephew of López de Ayala, he belongs partly to the Middle Ages, but largely also to the Renaissance. Amador de los Ríos, who has given us the best edition of his works (Madrid, 1852), as well as an excellent account of his life and genius, divides Santillana’s productions into five classes: _obras de amores_, _obras doctrinales é históricas_, _sonetos fechos al itálico modo_, _obras devotas_, _obras de recreación_. Of these, two of the most important are represented by our selections, viz., the _sonetos_ and the _obras de amores_. Santillana is thought to have imported the sonnet into Spain, and this poetical form does not represent his whole debt to Italian literature, for in a great part of his work he stands under the influence preëminently of Dante, but also of Petrarch and Boccaccio. The Dantesque allegory plays a prominent part in his poetical vision (_not a drama_), the _Comedieta de Ponza_, in the _Coronacion de Mossen Jordi_ and the _Infierno de enamorados_. Didactic or doctrinal in bent are the _Diálogo de Bias contra Fortuna_, the _Proverbios_, and the _Doctrinal de privados_, the last-named containing a bitter arraignment of his unfortunate enemy Álvaro de Luna. The most original and most interesting element of all his work is that represented by the _obras de amores_, that is to say, the _serranillas_ (mountain-girl songs) or _vaqueiras_ (cowherd songs, a Galician word), such as the famous one on p. 35, the _villancicos_ (a popular form with an _estribillo_ or refrain), etc. A Provençal-Galician influence is, of course, discernible in these songs. Santillana was deeply imbued with an admiration for classic letters. In his prose _Carta al Condestable de Portugal_ he is the first real historian of Spanish literature. Cf. Menéndez y Pelayo, _Antología_, V, pp. lxxviii ff. and Ticknor, I, 331 ff.
*Page 34.*—l. 19. In tone this sonnet is paralleled by that of Quevedo on p. 164 and of Núñez de Arce on p. 324.
*Page 35.*—l. 11. *Tabor*: Mount Tabor, the supposed scene of the Transfiguration of Christ; cf. St. Matthew xvii., St. Mark ix., St. Luke ix.
l. 12. *que se raçona*, _which is related_.
l. 13. *fija de Latona*, i.e., Diana.
l. 15. *punto*: strengthens the negation, _not at all_.
ll. 17-22. These two tercets suggest Dante’s sonnet, _Tanto gentile e tanto onesta pare_ (in the _Vita nuova_).
l. 23. This is the most celebrated of all Santillana’s poems.
*Page 36.*—l. 29. As the caption states, this was composed by the Marquis for his three daughters.
l. 34. *conosçellas*: i.e., *conocerlas*. The assimilation of the infinitive _r_ to the _l_ of the appended pronoun is still frequent in poetry.
LOPE DE ESTÚÑIGA. Estúñiga, or Stúñiga, fought under Alfonso V. of Aragon (1416-58) in Italy, and played a prominent part in the passage of honor held by his cousin, Suero de Quiñones. The fact that two of his pieces stand at the head of a certain collection of poems—the _Cancionero de Stúñiga_—caused it to be called by his name. Cf. Menéndez y Pelayo, _Antología_, II, 163 ff.
SUERO DE QUIÑONES. Noted as the originator of the famous passage of honor (_paso honroso_), which lasted from July 10 to August 9, 1434, and during which, in order to dissolve his chivalric vow of wearing an iron chain in his lady’s honor, he and nine other champions held the bridge of Órbigo, near León, against all knightly comers. Cf. Menéndez y Pelayo, _Antología_, II, 477.
JUAN ALFONSO DE BAENA. Probably a converted Jew. His verse is contained in the _Cancionero de Juan Baena_, an anthology which he himself compiled around 1445, as a typical collection of the productions of the court poets of Juan II.’s time (cf. the ed. of Pidal, etc., Madrid, 1851, and of Michel, Leipzig, 1860).
MANUEL DE LANDO was one of these poets and a reputed disciple of Imperial, like whom he shows the influence of Dante. The system of poetical pleas, replications, replies, etc., here illustrated, was frequently employed in the court poetry of the time. It is but a continuation of the _jeu parti_ and the _joex partitz_ of French and Provençal poetry.
*Page 39.*—ll. 7-8. *Quando ... ygualante*, i.e., _when it has recourse to the sun, so that the latter, which has equalizing powers, may subdue its diverging rays_.
*l. 11. otealla*, see note to p. 36, l. 34, and cf. *cobralla*, p. 40, l. 2.
*l. 12.* *Syn ser demandante*: Baena contends that actual verbal wooing is requisite.
*Page 40.*—l. 1. *vista de amor*: Lando, like the Italian _dolce stil nuovo_ poets, maintained that the love-glance constitutes sufficient wooing. Vergil is mentioned because of the importance which Dante gave to him.
CARVAJAL (CARVAJALES). A Spanish poet who followed the Aragonese arms into Italy during the reign of Alfonso V., and at Naples wrote in both Spanish and Italian. Two _romances_ of his, contained in the _Cancionero de Stúñiga_ (cf. ed. 1872)—a compilation of Spanish verse written at Naples—are thought to be among the earliest of the kind. Cf. Menéndez y Pelayo, _Antología_, II, 181 ff.
GÓMEZ MANRIQUE. Uncle of the more illustrious Jorge Manrique, and a poet of considerable lyric merit. Cf. the edition of his _Cancionero_ by Paz y Melia (1885). As in the work of his nephew, so in his poems, pathos is a distinguishing trait. He had some success also in political satire.
*Page 40.*—l. 21. *lo no puedes*: this order of pronoun and negative adverb is not infrequent in earlier Spanish.
*Page 41.*—l. 24. *solares*, i.e., mere _sites_ formerly occupied by edifices.
JORGE MANRIQUE. The most eminently successful of the Spanish lyric poets of the fifteenth century, Jorge Manrique fell in battle when but thirty-eight years old. The greater part of his verse is to be found in the _Cancionero General_ of 1511. The love-poems and humorous pieces given there and in other _Cancioneros_ are of no decided merit, except perhaps an occasional poem, such as that printed here on p. 42. His real title to enduring fame is based upon the exquisite _coplas_, in which he commemorates the death of his father, the Maestre de Santiago, and proclaims the vanity and fleetingness of all earthly things. In sweetness and mournfulness of tone, as in finish of form, they are surpassed by nothing prior to them. The calm beauty and dignity of the original, and to some degree its metre, have been excellently rendered into English verse by Longfellow in his translation, beginning: “_O let the soul her slumbers break_.” Cf. Ticknor, I, 366 ff., 391 ff.
*Page 44.*—l. 3. *se acabar*: an Old Spanish order of infinitive and object pronoun.
l. 15. *yerva secreta*: so in Menéndez y Pelayo, _Antología_, III, 102. The rhyme seems to require *yervas secretas*.
l. 20. Cf. St. John i. 10.
*Page 45.*—l. 1. *fué*: in modern Spanish *fuera* or *sería* would be more natural.
ll. 5-6. *Es ... atendemos*, i.e., _It serves for the gaining of that world (Paradise) which we await_, i.e., _hope for_.
l. 19. *D’ellas*: partitive, _some of them_.
*Page 46.*—l. 1. *arraval*: _limit, bounds_.
ll. 12-14. *Otros que por*, etc.: an ellipsis. *Otros* is in the same construction as *unos* of l. 9. Translate: _How low and abject do people deem others who, since they have nothing, maintain themselves by means of undeserved offices!_
*Page 48.*—l. 19. *al Rey Don Juan*: Juan II. of Castile (1406-54), a weak sovereign, but a munificent patron of letters in his splendid court.
*Page 49.*—l. 10. *Don Enrique*: Enrique IV., the Impotent († 1474). Unsuccessful in war, degraded and deposed by his subjects (1465), he was finally allowed to end his life on the throne only after consenting to the right of succession of his sister Isabel as opposed to that of his alleged daughter Juana.
l. 33. *su hermano el innocente*: the Infante Alfonso, to whom the throne was offered after the deposition of Enrique in 1465. Alfonso died, poisoned it is said, in 1468.
*Page 50.*—l. 11. *Condestable*: Álvaro de Luna; cf. note to p. 28.
l. 13. *tan privado*, _so great a favorite_.
*Page 51.*—l. 25. Longfellow inserts here the translation of two other stanzas not to be found in the text as published by Menéndez y Pelayo. A legend has it that they were discovered in the pocket of the author after his death on the battlefield.
l. 28. *El Maestre don Rodrigo*: Rodrigo Manrique, the father of the poet, died in 1476.
*Page 52.*—l. 9. *para*: equivalent to *para con*.
l. 15. *Octaviano*: the allusions to events in ancient history conveyed by this and the following names will readily suggest themselves.
l. 24. *En ... Archidano*: cf. Longfellow: “_The arm of Hector_.”
l. 28. *en ygualdad*, etc.: i.e., _in placidity of countenance_.
*Page 54.*—l. 5. The order of _Santiago de la Espada_ was a military and religious one, the charter of which was confirmed by Pope Alexander III. in 1175.
l. 16. *el*, i.e., *el rey*.
*Page 55.*—l. 34. *contra*, i.e., in battle against.
CARTAGENA: a member of a family of converted Jews that rose to prominence in the Church. The present song is from the _Cancionero General_ of 1511, and has been translated into English verse by Ticknor, I, 398. The theme is the same as that of St. Theresa in the _Glosa_ on p. 82.
RODRÍGUEZ DEL PADRÓN. Also called Juan Rodríguez de la Cámara, the last representative of the Galician tradition in Spanish poetry. His poems are in the _Cancionero General_, and the _Cancioneros_ of Stúñiga and Baena. A legend makes him the lover of the wife of the Castilian monarch of the time. Cf. the somewhat fictitious account of him given by Pidal in the notes to the _Cancionero_ of Baena (ed. 1860, II, 347), and see also Ticknor, I, 355.
*Page 58.*—l. 11. *Penetre*: in assonance only with *Contemple*.
MOSSÉN JUAN TALLANTE. The title of this personage may indicate an Aragonese origin for him. His devotional poems are found in the _Cancionero General_. A verse translation of this one is given by Ticknor, I, 395; cf. note there.
EL COMENDADOR ESCRIBÁ. These exquisitely mournful verses are attributed in the _Cancionero General_ to a Comendador Escribá (or Escrivá). They appealed strongly to the great writers of the _siglo de oro_, for Calderón cited the first stanza (with some variation) in his dramas _El mayor monstruo los celos_ and _Manos blancas no ofenden_, Cervantes repeated it in _Don Quijote_, II, ch. 38, and Lope de Vega wrote a gloss upon the poem. Cf. Ticknor, I, 246 f. and II, 386, note. Both Longfellow (Riverside ed. VI, p. 218) and Archdeacon Churton have made poetical versions of it.
*Page 59.*—l. 9. *de contigo*, i.e., *de estar contigo*.
JUAN ÁLVAREZ GATO. The author of love-songs and devotional lyrics that show in him considerable mastery of form. His individual _Cancionero_ exists in manuscript; only the poems found in the _Cancionero General_ have been published. Cf. _Romanische Forschungen_ of Vollmöller, X, 13.
*Page 60.*—l. 5. *Que aquel*; equivalent to *Que á aquel*.
ANÓNIMO. A wide-spread conceit, given Spanish form in this poem. Cf. C. M. de Vasconcellos, _Antología Española_ (Leipzig, 1875), I, 53.
POESÍAS DE LOS SIGLOS XVI-XVII
JUAN DEL ENCINA. A member of the household of the Duke of Alba, whence he passed over into Italy. There he became master of the papal choir; he then took orders and went to Jerusalem. He is supposed to have died at Salamanca. Of his lyrics, which belong to his earlier period, the more important have been published by Menéndez y Pelayo, _Antología_, IV, 135 ff. His eclogues were, perhaps, the first Spanish dramas actually staged. Cf. F. Wolf, _Studien_, etc., pp. 270 ff.
*Page 64.*—l. 14. *mancilla*: here used in the older sense of _pity_, _compassion_.
PEDRO MANUEL DE URREA. This noble published his lyrics in 1513 in a volume dedicated to his mother. They are partly secular and partly religious in nature, and show some Italian influence. Urrea also cultivates popular Spanish forms. His _Cancionero_ has been reprinted in the _Biblioteca de escritores aragoneses. Secc. lit. II_ (1876). Cf. the verse translation of this _romance_ in Ticknor, I, 371.
GIL VICENTE. A Portuguese disciple of Encina’s, who wrote dramas in both Portuguese and Spanish. The present song occurs in his play, _El auto de la Sibila Casandra_. See the edition of his works, Hamburg, 1834, and cf. Ticknor, I, 259, where there is a metrical translation of the song.
JUAN BOSCÁN ALMOGAVER. A Catalonian who wrote in Castilian with great success. He served in the Spanish army in Italy, and was later a tutor to the Duke of Alba. His earlier verses are in the national manner. Prompted, it is said, by the Venetian ambassador Navagiero, he became an Italianate, and, following the lead of Imperial and Santillana, was much more influential than they in establishing Italian verse methods in Castilian. He has made a large use of the hendecasyllable, the _verso suelto_ or blank verse (imitated from the Italian _versi sciolti_), the _ottava rima_ and the sonnet, and has frequently imitated Dante, Petrarch, and the _cinque cento_ poets of Italy. Among his more important poetical works are the _Hero y Leandro_ and the _Octava rima_, this latter being an allegorical poem from which the verses on p. 68 ff. are an excerpt. The influence of the Italian poet Bembo is clear in the _Octava rima_. In his translation of Castiglione’s _Cortegiano_, Boscán showed a mastery of Castilian prose. Cf. W. T. Knapp, _Las obras de Juan Boscán_, Madrid, 1875, and G. Baist, _Spanische Literatur_ (Gröber’s _Grundriss_, II, 2, 449 ff.).
*Page 68.*—ll. 6-8. A reminiscence of Dante, _Inferno_, Canto V, the words of Francesca: “Nessun maggior dolore, | Che ricordarsi del tempo felice | Nella miseria.”
l. 11. *Por do*: _wherefore_.
*Page 69.*—l. 17. Cf. the translation of this stanza in Ticknor, I, 445.
l. 30. *quexaros*, i.e., *quejaros*.
GARCILASO DE LA VEGA. This soldier-poet, a native of Toledo, took part in the battle of Pavia, distinguished himself in several succeeding campaigns, and was killed in an assault when but thirty-three years of age. A friend of Boscán, he represents the same Italianizing tendencies in Spanish literature. His verses, along with those of Boscán, were first published by the latter’s widow in 1543. The bulk of his poetry is small—some early _villancicos_, a few eclogues and elegies, an epistle, several _canciones_, and between thirty and forty sonnets—but it suffices to show him to be a greater poet than Boscán. But very little of his work is in the old Castilian manner; the Italians are his masters in the important part of his production, although the eclogues show also a Vergilian influence. Cf. _Biblioteca de autores españoles_, vols. 32 and 42, and see Baist in Gröber’s _Grundriss_, II, 2, p. 449; Ticknor, I, 446 ff.
*Page 71.*—l. 34. *de consuno*, _at the same time_.
*Page 72.*—l. 12. *Tomando*: if *fe* is the object of *tomando*, then it is by a poetical license that *presupuesto* is left invariable. If *fe* is the subject of *tomando*, the participle agrees with the idea in *lo que no entiendo*.
l. 17. *nascí*, i.e., *nací*.
FERNANDO DE ACUÑA. A member of the court of Charles V. In imitation of Garcilaso de la Vega, he adopted the Italian measures, and was particularly successful with the sonnet. Cf. his _Varias poesías_, Madrid, 1803-04, and see Ticknor I, 458 ff.
GUTIERRE DE CETINA. Another follower of Garcilaso. Like the latter he was a soldier, and distinguished himself in Italy. About 1550 he appears to have wandered as far as Mexico. Cetina cultivated the sonnet with great skill. His madrigals are famous. Cf. the ed. of his _Obras_, Seville, 1895; and see Salvi López, _Un Petrarchista spagnuolo_ (1896); Ticknor I, 461 (with a verse translation of the first madrigal).
DIEGO HURTADO DE MENDOZA. Soldier, diplomat, historian, humanist, poet; one of the most illustrious figures in the history of Spain. His long sojourn in Italy acquainted him with the Italian verse methods, which he adopted, although he constantly recurred to the regular Spanish forms, such as the _quintillas_ and the _redondillas_. His fame rests secure, despite the unfounded attribution to him of the picaresque novel _Lazarillo de Tormes_. There is an edition of his verse by Knapp (1877); cf. also _Biblioteca de autores españoles_, vol. 32, and see J. D. Fesenmair, _Diego Hurtado de Mendoza, ein span. Humanist des 16. Jhs._, Munich, 1882.
*Page 74.*—l. 24. *de medroso*, _through fear_.
l. 25. *De desesperado*, _through despair_.
CRISTÓBAL DE CASTILLEJO. This writer was abroad for a long period as the secretary of Ferdinand I., king of Bohemia. Although he spent much time in Italy, and occasionally adopted the Italian manner, he usually protested loudly against the Italianizing tendencies in Spanish literature. Cf. _Biblioteca de autores españoles_, vol. 32.
*Page 75.*—l. 15. This poem is in double _quintillas_.
l. 26. *Anabaptistas*: allusion is here made to the fact that this sect does not recognize any but adult baptism. One baptized in unconscious childhood has to be rebaptized to enter this communion.
*Page 76.*—l. 3. *Petrarquistas*: imitators of the Italian poet Petrarch (1304-74).
l. 20. *Jorge Manrique*: cf. note to p. 42.
l. 23. *platique* (i.e., *pratique*), _because the old style is no longer practised_.
l. 24. *Garci-Sánchez*: Garci-Sánchez de Badajoz, the author of an allegorical poem entitled _El Infierno del Amor_, died in a mad-house at the end of the fifteenth or in the early sixteenth century. He appears here as an enemy of the Italianates.
l. 25. *¡Quien me otorgase*, _oh, if some one would only grant me_!
l. 30. *Cartagena*: cf. note to p. 57.
l. 34. *Torres Naharro*: one of the most important of the early Spanish dramatists. His plays were published at Naples in 1517. Following the rule of Horace, he was the first to divide the Spanish drama into five acts. Despite the large Italian influence upon him, he is here made an opponent of the Italian movement in Spain.
*Page 77.*—l. 5. *Boscán*: cf. note to p. 67.
l. 6. *Garcilaso*: cf. note to p. 70. The praise here given is, of course, ironical.
l. 22. *desmandados*, _astray_.
*Page 78.*—l. 10. *Luis de Haro*: although Castillejo singles this personage out as a leading Italianate, little is known of him. The few poems ascribed to him in the _Cancionero_ of Nájera (1554) hardly justify the importance here given to him. Cf. Ticknor, I, 461, note.
l. 13. *el otro*: seemingly, Luis de Haro; but Garcilaso also figured in the campaign against the Sultan.—*Solimán*: Solimán II, Sultan from 1520 to 1566.
GREGORIO DE SILVESTRE. A Portuguese, organist of the cathedral at Granada. He imitated Castillejo in abusing the Italianates, yet he later wrote in the foreign manner. Simplicity of expression and considerable finish of form are the chief characteristics of his verse. Cf. Ticknor, I, 465 f.; Garcia Peres, _Catálogo de los autores portugueses que escribieron en castellano_, Madrid, 1890. His verse is in the _Biblioteca de autores españoles_, vol. 32.
*Page 78.*—l. 23-24. Cf. p. 77, ll. 5 ff. Castillejo’s praise was rather sarcastic.
*Page 80.*—l. 17. *Guarte*: i.e., *guárdate*.
JORGE DE MONTEMAYOR. Also a Portuguese, and originally named _Montemôr_. He is famous as the author of the prose pastoral romance _Diana Enamorada_. He wrote a good deal of verse in Spanish—satires, elegies, ballads, lyrics, etc.—that may be found in his _Cancioneros_ (Antwerp, 1554, etc.). Cf. G. Schönnherr, _Jorge de Montemayor_, etc., Halle, 1886.
LUIS DE CAMOENS. The glory of Portuguese literature, author of the Portuguese epic _Os Lusiadas_. Like so many of his countrymen, he wrote verse in Spanish as well as in his own language. Cf. his _Obras_, Lisbon, 1860-69; and see Ticknor, III, 77, note, and 58 (with a verse translation of the _Letrilla_).
*Page 81.*—l. 30. *vo*, i.e., *voy*.
*Page 82.*—l. 26. *fora*, i.e., *fuera*.
SANTA TERESA DE JESÚS (Teresa de Cepeda y Ahumada). A Carmelite nun already in 1536, she devoted the rest of her laborious life to founding convents and thoroughly reforming her Order and to the composition of her devotional and mystical works (_El Camino de la perfección—El castillo interior_, etc.). She is one of the greatest of the Spanish mystics, and is in every way an attractive figure. Cf. _Biblioteca de autores españoles_, vols. 53 and 55, for her works; and see an account of her life by Mrs. Cunninghame Graham (1894).
*Page 85.*—l. 21. This _Letrilla_ has been translated by Longfellow (Riverside ed., 1886, VI, 216).
FERNANDO DE HERRERA. An ecclesiastic, and head of the so-called Seville school of lyric poetry in the sixteenth century. Not much is known of his life. Eminently a poet, and as such called the _Divine_ by his countrymen, he wrote with exceeding purity of style and greatly enriched Spanish poetic diction. His masterpiece is the ode: _Por la vitoria de Lepanto_. The influence of Petrarch is clear in his sonnets. See _Biblioteca de autores españoles_, vol. 32, for his poems; and cf. Ticknor, III, 7 ff. and E. Bourciez in the _Annales de la Faculté des lettres de Bordeaux_ (1891).
*Page 86.*—l. 1. This sonnet has been Englished by Archdeacon Churton (in his translations from Gongora, etc., London, 1862, vol. I, p. 223). The naval battle of Lepanto (near Corinth) took place on October 7, 1571, between the Turks on one side, and on the other the combined squadrons of Spain, Venice and Pope Pius V, under the command of Don John of Austria, a natural brother of Philip II. The Christians triumphed and Mohammedan inroads into the Occident were checked. Cervantes was crippled in this battle.—*Ponto*, _ocean_, _sea_.
l. 14. *El joven de Austria*, i.e., Don John.
l. 15. Cf. the _Cantiga_ of Villasandino, p. 24.
*Page 87.*—l. 14. *aquella*: cf. p. 88, l. 23.
*Page 88.*—l. 12. *efeto*, 15 *afeto*: i.e., *efecto*, *afecto*; cf. *vitoria*.
l. 23. *Pasitea*: one of the three Graces.
l. 24. Cf. note to p. 86, l. 1, and see the critical edition of this ode by A. Morel-Fatio, Paris, 1893.
l. 25. *Trace*, _Thracian_: here the _Turk_.
*Page 89.*—l. 20. *las dos Hesperias*, i.e., Italy and Spain.
ll. 27-28. Allusions to the campaigns of the Turks in Hungary and Dalmatia, and their seizure of Rhodes (1522).
*Page 91.*—l. 15. *Egito*: cf. _Ægyptus_, feminine in Latin.
l. 24. *dellas*, i.e., *de ellas*.
*Page 92.*—l. 21. *dragón*; 28. *león*: allusions to the arms of the Turk and of Castile and Leon.
*Page 93.*—l. 6. *De Tiro*, i.e., _of the Turks_. Tyre had been in their hands since 1517.
FRAY LUIS DE LEÓN. Cleric, poet, humanist, mystic, professor at the University of Salamanca. Accused of a violation of church law in publishing a Spanish translation of the _Song of Solomon_, he was arrested by order of the tribunal of the Inquisition and spent five years in its dungeons. Then, his innocence being made clear, he was released, rehabilitated in the University, and promoted to high honors in his Order (the Augustinians). There is no good edition of his works, but his poems and his prose treatises in expositive theology may be found in vol. 37 of the _Biblioteca de autores españoles_. His verse is admirable, and is distinguished by its noble diction, the purity of its style, and the simplicity of its expression, qualities especially noticeable in the _Vida del Campo_ and the _Profecía del Tajo_. It shows generally a strongly marked mystical tendency, but bears also the impress of his humanistic temperament. The influence of Horace is everywhere patent in León’s works. With Herrera and Garcilaso, he occupies the highest place among the lyric poets of the age. See Menéndez y Pelayo, _De la poesía mística_ (_Estudios de crítica literaria_, Madrid, 1884); J. D. M. Ford, _Luis de León, the Spanish Poet, Humanist, and Mystic_ (_Publications of the Modern Language Association of America_, vol. XIV, No. 2); and Blanco-García’s recent treatise on León. See also English poetical versions of several of León’s lyrics made by H. Phillips (Philadelphia, 1883).
*Page 97.*—ll. 14-15. An extremely venturesome _enjambement_. But the entity of _mente_ in adverbs is always clear to the Spanish mind.
l. 24. This poem has been rendered into English verse by W. C. Bryant. Cf. Ticknor, II, 88.
l. 30. *agora*, i.e., *ahora*.
*Page 100.*—l. 6. *el arrebatado*, i.e., _the sudden, violent and abnormal movement_.
ll. 12-13. The Bears are, of course, boreal constellations and regularly above the horizon.
l. 26. León here deals with an unhistorical legend of Arabic origin, according to which the Moors were introduced into Spain in 711, through the treachery of an injured father, Count Julian, whose daughter, sometimes called _Cava_, King Roderick was said to have seduced. The Spanish poet imitates the situation in Horace’s ode, _Pastor quum traheret per freta navibus_.
*Page 101.*—l. 14. *Constantina*: a town of the province of Seville.
l. 17. *Sansueña*: the Spanish kingdom of Sansueña figures in the legends dealing with Charlemagne, and has been identified with Saragossa; cf. the _Don Quijote_, II, ch. xxvi. For an identification with Saxony cf. F. Hanssen, _Sobre la poesía épica de los Visigodos_, Santiago, 1892.
l. 19. *dende*: equivalent to the modern *desde*.
*Page 102.*—l. 12. *el hercúleo estrecho*, _the Strait of Gibraltar_.
l. 19. *el puerto ... sagrado*: the port of Tarifa.
l. 21. *el alta sierra*: el was used as the feminine article even before adjectives in earlier Spanish.
l. 30. *Betis*: the Latin river _Bætis_, the modern _Guadalquivir_.
*Page 103.*—l. 2. *luces*, i.e., *días*.—*haces*, _ranks_.
l. 6. Churton (_l. c._, II, 245) has made a poetical translation of the _Noche serena_.
*Page 104.*—l. 22. *luz*: i.e., Mercury.
23. *estrella*: i.e., Venus.
SAN JUAN DE LA CRUZ. St. John of the Cross (in the world, Juan de Yepes y Álvarez) was like St. Theresa a Carmelite, and like her also one of the most illustrious of the mystics and an energetic monastic reformer. His prose works of contemplative mysticism gained him the title of the _Ecstatic Doctor_. Of his poems, but few in number, the best is the _Canción_ printed here, in which we see illustrated the part played by the _Song of Solomon_ in the development of a highly sensuous element in Spanish mysticism. Cf. _Biblioteca de autores españoles_, vol. 27, and an ed. of the poems by W. Storck (1854); and see Ticknor, I, 208.
*Page 105.*—l. 21. David Lewis has made a rhythmical version in English of this beautiful poem.
PEDRO MALÓN DE CHAIDE. An Augustinian mystic with ascetic tendencies. The present verses are taken from his metrical paraphrase of the _Song of Solomon_. Cf. _Biblioteca de autores españoles_, vol. 27.
*Page 107.*—l. 20. *escuro*, i.e., *oscuro*.
JUAN DE TIMONEDA. A Valencian bookseller and one of the earliest playwrights of the sixteenth century, successful especially in his _pasos_. He attempted the tale in his _Patrañuelo_, a collection of some twenty stories, and in the _Rosa de romances_ (1573) published a collection of the ballads of other poets, along with lyrics of his own composition. Cf. Ticknor, III, 81 ff.
*Page 108.*—l. 22. *vella*, i.e., *verla*.
FRANCISCO DE FIGUEROA. A native of Alcalá de Henares who went to Italy as a soldier and there spent a good part of his life, writing verse in both Spanish and Italian. He was successful in the pastoral, and firmly established blank verse (the _verso suelto_) in Castilian. His eclogue _Thyrsis_ was the first composition in Spanish wholly in that metrical form. Only a part of his poems are preserved, as at his death he seems to have ordered them to be destroyed. Cf. the _Biblioteca de autores españoles_, vol. 42; the _Colección Fernández_, vol. 20; Ticknor, III, 5 ff.
LUIS BARAHONA DE SOTO. Enjoyed much fame with his contemporaries for his _Lágrimas de Angelica_, a continuation of the story in the Italian epic _Orlando Furioso_. Some pleasing lyrics of his are found in the _Flores de poetas ilustres_ of Espinosa (Valladolid, 1604); cf. also vol. II of the _Líricos del siglo XVI_ in the _Biblioteca de autores españoles_.
SONETO: Á CRISTO CRUCIFICADO. This beautiful sonnet has been ascribed without warrant to St. Theresa, St. Ignatius Loyola, St. Francis Xavier and others. It remains anonymous; cf. Foulché-Delbose in the _Revue hispanique_, II, 120 ff. There is an English poetical version of it, attributed to Dryden (“_O God, thou art the object of my love_,” etc.); cf. also J. Y. Gibson’s version (_The Cid Ballads_, etc., London, 1887, II, 144) and the Latin hymn, “_Deus ego te amo_.” It is printed with the works of St. Theresa in the _Biblioteca de autores españoles_.
BENITO ARIAS MONTANO. A theologian of note and the friend of Luis de León. Cf. vol. II, p. 502 of the _Líricos del siglo XVI_ in the _Biblioteca de autores españoles_.
ROMANCES. In _romances_ or ballads, Spain is the richest of all lands. During the sixteenth and seventeenth centuries particularly, there appeared many collections (_romanceros_) of these short lyrico-narrative poems, dealing with subjects drawn from the history—more or less legendary—of Spain and of France, and with subjects purely chivalrous and erotic in nature. The oldest and most typical of the Spanish ballads have been edited by Wolf and Hoffman in their _Primavera y flor de romances_, Berlin, 1856 (reprinted by Menéndez y Pelayo in his _Antología_, vols. 8 and 9), and practically the whole of them are to be found in A. Durán’s _Romancero General_, Madrid, 1849, 1851 (vols. 10 and 16 of the _Biblioteca de autores españoles_). The great majority of the _romances_ are in octosyllabic lines bearing the stress on the seventh syllable and having assonance—that is, vowel rhyme only, as distinguished from vowel and consonant rhyme—in the alternate lines. At one time it was believed that the _romances_ were of very ancient origin, although written down only at the end of the fifteenth and in the sixteenth and seventeenth centuries. As a matter of fact, most of them are rather artificial in nature, and in composition belong to the period when they were written. Gaston Paris maintains, however, that a number of them deal with detached episodes from old epic poems, and there seems to be ample evidence to prove his assertion. Cf. G. Paris in the _Journal des savants_, mai et juin, 1898 (a review of Menéndez-Pidal’s _Leyenda de los Infantes de Lara_); Milá y Fontanals _De la poesía heroico-popular castellana_ (in his _Obras completas_, vol. 7, Barcelona, 1896); Ticknor, I, 95 ff.; F. Wolf, _Ueber die Romanzen-poesie der Spanier_ (in his _Studien_, etc., Berlin, 1859, pp. 304 ff.); R. Menéndez-Pidal, _La leyenda de los Infantes de Lara_, Madrid, 1896; Baist in Gröber’s _Grundriss_, II, 2, pp. 430 ff. Many of the ballads have been translated into English by J. G. Lockhart and others.
*Page 112.*—l. 11. For the subject, cf. the note to p. 100, l. 26. See the English poetical version of J. G. Lockhart in his _Ancient Spanish Ballads_, New York, 1856, pp. 4 f.
l. 19. *de cansado*, _from weariness_.
l. 26. *velle*, i.e., *verle*.—*mancilla*, _pity_.
*Page 114.*—l. 10. *Bernardo del Carpio*: Largely a fictitious figure invented in Spain to take the place of the Roland of French epic poetry, when the latter became known in the Spanish peninsula. Bernardo is represented as the illegitimate son of a Conde de Saldaña and the sister of Alfonso el Casto, king of Asturias. Now grown up and a doughty warrior who has triumphed over the king’s French enemies, Bernardo demands the release of his father, imprisoned all these years by the king. The king requires certain concessions of Bernardo, and then orders the release of the count. The latter has died in the meantime, and Alfonso delivers over only the dead body. Cf. Milá y Fontanals, _De la poesía heroico-popular_, pp. 130 ff.
*Page 115.*—l. 25. Note the change from _asonantes_ to rhymed octaves, indicating a certainly late origin for this part of the ballad.
*Page 116.*—l. 6. Lockhart, _l. c._, has a version of this _romance_.
l. 7. A ballad dealing with an episode of the second part of the tragic history of the seven Infantes (nobles) of Lara (cf. Menéndez-Pidal, _La leyenda de los Infantes de Lara_). At the instance of their aunt, Doña Lambra, and through the treachery of their uncle, Don Rodrigo, the Infantes are delivered into the hands of the Saracens, who slay them. Their father Gonzalo Gustioz (Gustos) had previously been betrayed into the hands of the Moors by the same Don Rodrigo. After some years, Gonzalo is released and returns to Lara, whither he is later followed by his illegitimate half-Moorish son, Mudarra, who is to take vengeance for the death of his half-brothers and the injury done to his father. There is a modern poetical version of the story of Mudarra (_El Moro expósito_) by the Duke of Rivas (cf. p. 258). Cf. Lockhart’s translation: “To the chase goes Rodrigo with hound and with hawk.”
*Page 117.*—l. 22. A considerable number of the ballads deal with the story of the greatest of the old Spanish heroes, Rodrigo Diaz de Bivar, El Cid († 1099). The present one is interesting as giving a picture of a wedding in high life in the fifteenth or the sixteenth century. Cf. the translation of Lockhart, _l. c._, p. 48.
l. 25. *afijados*, i.e., *ahijados*.
l. 27. *Laín Calvo*: the Cid’s father.
*Page 118.*—l. 3. *polido*, i.e., *pulido*.
l. 16. *Fuyendo*, i.e., *huyendo*.—*mochachos*, i.e., *muchachos*.
l. 19. *fembras*, i.e., *hembras*.
l. 29. *homildosa*, i.e., *humildosa*.
l. 31. *marquesota*, _a high collar of linen_.
*Page 119.*—l. 7. *Fablándole*, i.e., *Hablándole*.
l. 8. *fabla*, i.e., *habla*.
l. 10. *faz*, i.e., *hace*.
l. 15. The story of the Cid’s pilgrimage to Santiago de Compostella, after his marriage to Jimena (the _Chimène_ of Corneille), and of his meeting with the leper who proves to be Lazarus, is told in the _Crónica rimada del Cid_, a document which in its present form belongs to the second half of the thirteenth century. Our ballad has the essentials of the story there told. Cf. Milá y Fontanals, _De la poesía heroico-popular_, pp. 219 ff., and see Lockhart’s version.
*Page 120.*—l. 3. *fidalgos*, i.e., *hidalgos*.
l. 14. *d’ello se serviría*, i.e., _he would requite it_.
l. 21. *ficiera*, i.e., *hiciera*.
*Page 122.*—l. 9. *Martín González*: the champion of the king of Aragon, whom the Cid, as representative of the king of Castile, was to meet in battle upon his return from his pilgrimage.
l. 11. This _romance_ deals with the sad history of Blanche of Bourbon, the French wife of Pedro el Cruel, whom he deserted for his mistress, María de Padilla. Blanche was poisoned in 1366. Cf. Lockhart’s version and the accompanying note.
*Page 124.*—l. 1. *sospiros*, i.e., *suspiros*.
l. 2. *terné*, i.e., *tendré*.
l. 8. The _Moorish ballads_ are more romantic and lyric, as a rule, than those dealing with the purely Christian side of Spanish history. This one on the conquest of Alhama—a city of the province of Granada, taken from the Moors by the marquis of Cadiz, Feb. 28, 1482—has been done into English verse by Byron (Oxford edition, 1896, p. 97), who wrongly translated the refrain as “_Woe is me, Alhama_.”—*el rey moro*: Muley Hassan, the father of Boabdil.
*Page 124.*—l. 20. *el Zacatín*: a street of Granada now leading to the Plaza Nueva.
*Page 125.*—l. 7. *batalla*, _battalion_.
l. 10. *hablara*: as numerous instances have already shown the verbal form in *-ara*, *-iera* is regularly used in the ballad as an aorist or preterite of the indicative. This use is a living one.
l. 24. *Abencerrajes*: one of the two leading tribes among the Moors. They were dominant until the fifteenth century, when, assembled in one of the courts of the Alhambra, they were there murdered by their rivals, the Cegríes. Cf. _Le dernier des Abencerrages_ of Chateaubriand and the modern Spanish poem _Granada_ of Zorrilla.
l. 33. Byron adds stanzas from another ballad.
*Page 126.*—l. 1. The French epic poems dealing with Charlemagne and his peers early became favorites in Spain, and before long received a peculiarly Spanish treatment. Thus the original French Roland was elaborated into a Spanish hero, Bernardo del Carpio. The present romantic ballad, however, shows no Spanish modification of this kind. The vision of Lady Alda (the _Aude_ of later French epic verse) reminds one of Kriemhild’s vision in the _Nibelungenlied_. Cf. the English version of Lockhart, _l. c._, p. 124, and that in Ticknor, I, 121; and the German poem of Uhland, _Roland und Aude_.
l. 4. *Para la acompañar*: the older order of pronouns.
*Page 127.*—l. 2. *vide*, i.e., *ví*.
l. 6. There may be an allusion here to the old Spanish custom according to which a refugee had sanctuary under the cloak or skirt of a lady.
l. 17. *sedes*, i.e., *sois*.
*Page 128.*—l. 1. A ballad from the _Cancionero_ of Antwerp, 1555, printed in the _Romancero General_, I, 161. Cf. Lockhart’s version, _l. c._, p. 147.
l. 15. The _Rosa fresca_ and the _Fonte-frida_ are the most beautiful of the erotic ballads. They are found in various _Romanceros_ and _Cancioneros_. Cf. Wolf and Hoffman, _Primavera y flor_, etc., II, pp. 18 ff. and the _Romancero general_, II; and see Ticknor, I, 110 ff. (with translations) and Baist in Groeber’s _Grundriss_, II, 2, p. 433.
See the translations of these ballads by J. Y. Gibson, _The Cid Ballads_, etc., London, 1887, II, 81 ff.
l. 23. *Enviastes*, i.e., *Enviasteis*.
*Page 129.*—l. 2. *érades*, i.e., *erais*.
l. 12. *Fonte-frida*, i.e., *Fuente-fría*.
*Page 130.*—l. 8. From the _Romancero general_ of 1604.
BALTASAR DE ALCÁZAR. A Sevillan poet with strongly marked epigrammatic tendencies, natural in tone and witty. Cf. ed. of his _Poesías_, Seville, 1878.
*Page 131.*—l. 4. *dalle*, i.e., *darle*.
l. 28. *efeto*, i.e., *efecto*.
MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA. The author of the famous _Don Quijote_ and a dramatist of considerable power, Cervantes does not occupy a high rank as a lyric poet. His _Poesías sueltas_—largely sonnets and occasional in their nature—may be found in vol. I of the _Biblioteca de autores españoles_, pp. 705 ff. Cf. Ticknor, I, 90 ff.; the biography by Fernández de Navarrete; and his _Obras completas_ (1863-64). The poems here printed occur in the _Don Quijote_.
*Page 133.*—l. 5. This poem is found in the _Don Quijote_, I, chapter XXVII.
l. 17. *repuna*, i.e., *repugna*.
*Page 134.*—l. 9. A _canción_ from the _Don Quijote_, I, chapter XLIII.
l. 16. *Palinuro*: Palinurus, the Trojan pilot; cf. _Æneid_,