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PARTE PRIMERA

Sus fueros, sus bríos; sus premáticas, su voluntad.--"Quijote," Parte Primera

Era más de media noche, Antiguas historias cuentan, Cuando, en sueño y en silencio Lóbrego envuelta la tierra, Los vivos muertos parecen, [5] Los muertos la tumba dejan. Era la hora en que acaso Temerosas voces suenan Informes, en que se escuchan Tácitas pisadas huecas, [10] Y pavorosas fantasmas Entre las densas tinieblas Vagan, y aúllan los perros Amedrentados al verlas; En que tal vez la campana [15] De alguna arruinada iglesia Da misteriosos sonidos De maldición y anatema, Que los sábados convoca A las brujas a su fiesta. [20] El cielo estaba sombrío, No vislumbraba una estrella, Silbaba lúgubre el viento, Y allá en el aire, cual negras Fantasmas, se dibujaban [25] Las torres de las iglesias, Y del gótico castillo Las altísimas almenas, Donde canta o reza acaso Temeroso el centinela [30] Todo en fin a media noche Reposaba, y tumba era De sus dormidos vivientes La antigua ciudad que riega El Tormes, fecundo río, [35] Nombrado de los poetas, La famosa Salamanca, Insigne en armas y letras, Patria de ilustres varones, Noble archivo de las ciencias. [40] Súbito rumor de espadas Cruje, y un «¡ay!» se escuchó; Un «¡ay!» moribundo, un «¡ay!» Que penetra el corazón, Que hasta los tuétanos hiela [45] Y da al que lo oyó temblor; Un «¡ay!» de alguno que al mundo Pronuncia el último adiós.

El ruido Cesó, [50] Un hombre Pasó Embozado, Y el sombrero Recatado [55] A los ojos Se caló. Se desliza Y atraviesa Junto al muro [60] De una iglesia, Y en la sombra Se perdió.

Una calle estrecha y alta, La calle del Ataúd, [65] Cual si de negro crespón Lóbrego eterno capuz La vistiera, siempre oscura Y de noche sin más luz Que la lámpara que alumbra [70] Una imagen de Jesús, Atraviesa el embozado, La espada en la mano aún, Que lanzó vivo reflejo Al pasar frente a la cruz. [75]

Cual suele la luna tras lóbrega nube Con franjas de plata bordarla en redor, Y luego si el viento la agita, la sube Disuelta a los aires en blanco vapor,

Así vaga sombra de luz y de nieblas, [80] Mística y aérea dudosa visión, Ya brilla, o la esconden las densas tinieblas, Cual dulce esperanza, cual vana ilusión.

La calle sombría, la noche ya entrada, La lámpara triste ya pronta a espirar, [85] Que a veces alumbra la imagen sagrada, Y a veces se esconde la sombra a aumentar,

El vago fantasma que acaso aparece, Y acaso se acerca con rápido pie, Y acaso en las sombras tal vez desparece, [90] Cual ánima en pena del hombre que fué,

Al más temerario corazón de acero Recelo inspirara, pusiera pavor; Al más maldiciente feroz bandolero El rezo a los labios trajera el temor. [95]

Mas no al embozado, que aun sangre su espada Destila, el fantasma terror infundió, Y el arma en la mano con fuerza empuñada, Osado a su encuentro despacio avanzó.

Segundo Don Juan Tenorio, [100] Alma fiera e insolente, Irreligioso y valiente, Altanero y reñidor: Siempre el insulto en los ojos, En los labios la ironía, [105] Nada teme y todo fía De su espada y su valor.

Corazón gastado, mofa De la mujer que corteja, Y hoy, despreciándola, deja [110] La que ayer se le rindió. Ni el porvenir temió nunca, Ni recuerda en lo pasado La mujer que ha abandonado, Ni el dinero que perdió. [115]

Ni vió el fantasma entre sueños Del que mató en desafío, Ni turbó jamás su brío Recelosa previsión. Siempre en lances y en amores, [120] Siempre en báquicas orgías, Mezcla en palabras impías Un chiste a una maldición.

En Salamanca famoso Por su vida y buen talante, [125] Al atrevido estudiante Le señalan entre mil; Fueros le da su osadía, Le disculpa su riqueza, Su generosa nobleza, [130] Su hermosura varonil.

Que su arrogancia y sus vicios, Caballeresca apostura, Agilidad y bravura Ninguno alcanza a igualar; [135] Que hasta en sus crímenes mismos, En su impiedad y altiveza, Pone un sello de grandeza Don Félix de Montemar.

Bella y más pura que el azul del cielo, [140] Con dulces ojos lánguidos y hermosos, Donde acaso el amor brilló entre el velo Del pudor que los cubre candorosos; Tímida estrella que refleja al suelo Rayos de luz brillantes y dudosos, [145] Ángel puro de amor que amor inspira, Fué la inocente y desdichada Elvira.

Elvira, amor del estudiante un día, Tierna y feliz y de su amante ufana, Cuando al placer su corazón se abría, [150] Como al rayo del sol rosa temprana, Del fingido amador que la mentía La miel falaz que de sus labios mana Bebe en su ardiente sed, el pecho ajeno De que oculto en la miel hierve el veneno. [155]

Que no descansa de su madre en brazos Más descuidado el candoroso infante Que ella en los falsos lisonjeros lazos Que teje astuto el seductor amante: Dulces caricias, lánguidos abrazos, [160] Placeres ¡ay! que duran un instante, Que habrán de ser eternos imagina La triste Elvira en su ilusión divina.

Que el alma virgen que halagó un encanto Con nacarado sueño en su pureza [165] Todo lo juzga verdadero y santo, Presta a todo virtud, presta belleza. Del cielo azul al tachonado manto, Del sol radiante a la inmortal riqueza, Al aire, al campo, a las fragantes flores, [170] Ella añade esplendor, vida y colores.

Cifró en Don Félix la infeliz doncella Toda su dicha, de su amor perdida; Fueron sus ojos a los ojos de ella Astros de gloria, manantial de vida. [175] Cuando sus labios con sus labios sella, Cuando su voz escucha embebecida, Embriagada del dios que la enamora, Dulce le mira, extática le adora.