PARTE CUARTA
Salió, en fin, de aquel estado, para caer en el dolor más sombrío, en la más desalentada desesperación y en la mayor amargura y desconsuelo que pueden apoderarse de este pobre corazón humano, que tan positivamente choca y se quebranta con los males, como con vaguedad aspira en algunos momentos, casi siempre sin conseguirlo, a tocar los bienes ligeramente y de pasada.--"La protección de un sastre," novela original por D. MIGUEL DE LOS SANTOS ÁLVAREZ
SPIRITUS QUIDEM PROMPTUS EST; CARO VERO INFIRMA.--S. MARCOS, "Evangelio"
Vedle, Don Félix es, espada en mano, Sereno el rostro, firme el corazón; También de Elvira el vengativo hermano [695] Sin piedad a sus pies muerto cayó.
Y con tranquila audacia se adelanta Por la calle fatal del Ataúd; Y ni medrosa aparición le espanta, Ni le turba la imagen de Jesús. [700]
La moribunda lámpara que ardía Trémula lanza su postrer fulgor, Y, en honda oscuridad, noche sombría La misteriosa calle encapotó.
Mueve los pies el Montemar osado [705] En las tinieblas con incierto giro, Cuando, ya un trecho de la calle andado, Súbito junto a él oye un suspiro.
Resbalar por su faz sintió el aliento, Y a su pesar sus nervios se crisparon; [710] Mas, pasado el primero movimiento, A su primera rigidez tornaron.
«¿Quién va?» pregunta con la voz serena. Que ni finge valor, ni muestra miedo, El alma de invencible vigor llena, [715] Fïado en su tajante de Toledo.
Palpa en torno de sí, y el impio jura, Y a mover vuelve la atrevida planta, Cuando hacia él fatídica figura Envuelta en blancas ropas se adelanta. [720]
Flotante y vaga, las espesas nieblas Ya disipa, y se anima, y va creciendo Con apagada luz, ya en las tinieblas Su argentino blancor va apareciendo.
Ya leve punto de luciente plata, [725] Astro de clara lumbre sin mancilla, El horizonte lóbrego dilata Y allá en la sombra en lontananza brilla.
Los ojos, Montemar, fijos en ella, Con más asombro que temor la mira; [730] Tal vez la juzga vagorosa estrella Que en el espacio de los cielos gira;
Tal vez engaño de sus propios ojos, Forma falaz que en su ilusión creó, O del vino ridículos antojos [735] Que al fin su juicio a alborotar subió.
Mas el vapor del néctar jerezano Nunca su mente a trastornar bastara, Que ya mil veces embriagarse en vano En frenéticas orgias intentara. [740]
«Dios presume asustarme; ¡ojalá fuera», Dijo entre sí riendo, «el diablo mismo! Que entonces ¡víve Dios! quién soy supiera El cornudo monarca del abismo.»
Al pronunciar tan insolente ultraje [745] La lámpara del Cristo se encendió, Y una mujer, velada en blanco traje, Ante la imagen de rodillas vió.
«Bienvenida la luz,» dijo el impío, «Gracias a Dios o al diablo;» y, con osada, [750] Firme intención y temerario brío, El paso vuelve a la mujer tapada.
Mientras él anda, al parecer se alejan La luz, la imagen, la devota dama; Mas si él se pára, de moverse dejan; [755] Y lágrima tras lágrima derrama
De sus ojos inmóviles la imagen. Mas sin que el miedo ni el dolor que inspira Su planta audaz, ni su impiedad atajen, Rostro a rostro a Jesús Montemar mira. [760]
--La calle parece se mueve y camina, Faltarle la tierra sintió bajo el pie; Sus ojos la muerta mirada fascina Del Cristo, que intensa clavada está en él.
Y en medio el delirio que embarga su mente, [765] Y achaca él al vino que al fin le embriagó, La lámpara alcanza con mano insolente Del ara do alumbra la imagen de Dios;
Y al rostro la acerca, que el cándido lino Encubre, con ánimo asaz descortés; [770] Mas la luz apaga viento repentino, Y la blanca dama se puso de pie.
Empero un momento creyó que veía Un rostro que vagos recuerdos quizá Y alegres memorias confusas traía [775] De tiempos mejores que pasaron ya,
Un rostro de un ángel que vió en un ensueño, Como un sentimiento que el alma halagó, Que anubla la frente con rígido ceño, Sin que lo comprenda jamás la razón. [780]
Su forma gallarda dibuja en las sombras El blanco ropaje que ondeante se ve, Y cual si pisara mullidas alfombras, Deslízase leve sin ruido su pie.
Tal vimos al rayo de la luna llena [785] Fugitiva vela de lejos cruzar, Que ya la hinche en popa la brisa serena, Que ya la confunde la espuma del mar.
También la esperanza blanca y vaporosa Así ante nosotros pasa en ilusión, [790] Y el alma conmueve con ansia medrosa Mientras la rechaza la adusta razón.
D. FÉLIX «¡Qué! ¿sin respuesta me deja? ¿No admitís mi compañía? ¿Será quizá alguna vieja [795] Devota?... ¡Chasco sería!
En vano, dueña, es callar, Ni hacerme señas que no; He resuelto que sí yo, Y os tengo de acompañar. [800]
Y he de saber dónde vais Y si sois hermosa o fea, Quién sois y cómo os llamáis, Y aun cuando imposible sea,
Y fuerais vos Satanás [805] Con sus llamas y sus cuernos, Hasta en los mismos infiernos, Vos delante y yo detrás,
Hemos de entrar; ¡vive Dios! Y aunque lo estorbara el cielo, [810] Que yo he de cumplir mi anhelo Aun a despecho de vos;
Y perdonadme, señora, Si hay en mi empeño osadía, Mas fuera descortesía [815] Dejaros sola a esta hora;
Y me va en ello mi fama, Que juro a Dios no quisiera Que por temor se creyera Que no he seguido a una dama.» [820]
Del hondo del pecho profundo gemido, Crujido del vaso que estalla al dolor, Que apenas medroso lastima el oído, Pero que punzante rasga el corazón,
Gemido de amargo recuerdo pasado, [825] De pena presente, de incierto pesar, Mortífero aliento, veneno exhalado Del que encubre el alma ponzoñoso mar,
Gemido de muerte lanzó, y silenciosa La blanca figura su pie resbaló, [830] Cual mueve sus alas sílfide amorosa Que apenas las aguas del lago rizó.
¡Ay! el que vió acaso perdida en un día La dicha que eterna creyó el corazón, Y en noche de nieblas y en honda agonía [835] En un mar sin playas muriendo quedó!...
Y solo y llevando consigo en su pecho, Compañero eterno su dolor crüel, El mágico encanto del alma deshecho, Su pena, su amigo y su amante más fiel; [840]
¡Miró sus suspiros llevarlos el viento, Sus lágrimas tristes perderse en el mar, Sin nadie que acuda ni entienda su acento, Insensible el cielo y el mundo a su mal!
Y ha visto la luna brillar en el cielo [845] Serena y en calma mientras él lloró, Y ha visto los hombres pasar en el suelo Y nadie a sus quejas los ojos volvió!
Y él mismo, la befa del mundo temblando, Su pena en su pecho profunda escondió, [850] Y dentro en su alma su llanto tragando Con falsa sonrisa su labio vistió!!...
¡Ay! quien ha contado las horas que fueron, Horas otro tiempo que abrevió el placer, Y hoy solo y llorando piensa como huyeron [855] Con ellas por siempre las dichas de ayer;
Y aquellos placeres, que el triste ha perdido, No huyeron del mundo, que en el mundo están; Y él vive en el mundo do siempre ha vivido, Y aquellos placeres para él no son ya! [860]
¡Ay del que descubre por fin la mentira! ¡Ay del que la triste realidad palpó! Del que el esqueleto de este mundo mira, Y sus falsas galas loco le arrancó!...
¡Ay de aquel que vive sólo en lo pasado! [865] ¡Ay del que su alma nutre en su pesar! Las horas que huyeron llamará angustiado, Las horas que huyeron jamás tornarán!...
Quien haya sufrido tan bárbaro duelo, Quien noches enteras contó sin dormir [870] En lecho de espinas, maldiciendo al cielo, Horas sempiternas de ansiedad sin fin....
Quien haya sentido quererse del pecho Saltar a pedazos roto el corazón, Crecer su delirio, crecer su despecho, [875] Al cuello cien nudos echarle el dolor,
Ponzoñoso lago de punzante hielo, Sus lágrimas tristes que cuajó el pesar, Reventando ahogarle, sin hallar consuelo, Ni esperanza nunca, ni tregua en su afán. [880]
Aquél, de la blanca fantasma el gemido, Única respuesta que a Don Félix dió, Hubiera, y su inmenso dolor, comprendido, Hubiera pesado su inmenso valor.
D. FÉLIX «Si buscáis algún ingrato, [885] Yo me ofrezco agradecido; Pero o miente ese recato, O vos sufrís el mal trato De algún celoso marido.
¿Acerté? ¡Necia manía! [890] Es para volverme loco, Si insistís en tal porfía; Con los mudos, reina mía, Yo hago mucho y hablo poco.»
Segunda vez importunada en tanto, [895] Una voz de süave melodía El estudiante oyó que parecía Eco lejano de armonioso canto,
De amante pecho lánguido latido, Sentimiento inefable de ternura, [900] Suspiro fiel de amor correspondido, El primer sí de la mujer aun pura.
«Para mí los amores acabaron; Todo en el mundo para mí acabó; Los lazos que a la tierra me ligaron [905] El cielo para siempre desató,»
Dijo su acento misterioso y tierno, Que de otros mundos la ilusión traía, Eco de los que ya reposo eterno Gozan en paz bajo la tumba fría. [910]
Montemar, atento sólo a su aventura, Que es bella la dama y aun fácil juzgó, Y la hora, la calle y la noche oscura Nuevos incentivos a su pecho son.
«--Hay riesgo en seguirme.--Mirad ¡qué reparo! [915] --Quizá luego os pese.--Puede que por vos. --Ofendéis al cielo.--Del diablo me amparo. --Idos, caballero, no tentéis a Dios.
--Siento me enamora más vuestro despego, Y si Dios se enoja, pardiez que hará mal; [920] Veame en vuestros brazos y máteme luego. --¡Vuestra última hora quizá ésta será!...
Dejad ya, Don Félix, delirios mundanos. --¡Hola, me conoce!--¡Ay! ¡temblad por vos! ¡Temblad no se truequen deleites livianos [925] En penas eternas!--Basta de sermón,
Que yo para oírlos la cuaresma espero; Y hablemos de amores, que es más dulce hablar; Dejad ese tono solemne y severo, Que os juro, señora, que os sienta muy mal. [930]
La vida es la vida: cuando ella se acaba, Acaba con ella también el placer. ¿De inciertos pesares por qué hacerla esclava? Para mí no hay nunca mañana ni ayer.
Si mañana muero, que sea en mal hora [935] O en buena, cual dicen, ¿qué me importa a mí? Goce yo el presente, disfrute yo ahora, Y el diablo me lleve siquiera al morir.
--¡Cúmplase en fin tu voluntad, Dios mío!--» La figura fatídica exclamó; [940] Y en tanto al pecho redoblar su brío Siente Don Félix y camina en pos.
Cruzan tristes calles, Plazas solitarias, Arruinados muros, [945] Donde sus plegarias Y falsos conjuros, En la misteriosa Noche borrascosa, Maldecida bruja [950]
Con ronca voz canta, Y de los sepulcros Los muertos levanta, Y suenan los ecos De sus pasos huecos [955] En la soledad; Mientras en silencio Yace la ciudad, Y en lúgubre són Arrulla su sueño [960] Bramando Aquilón.
Y una calle y otra cruzan, Y más allá y más allá; Ni tiene término el viaje, Ni nunca dejan de andar. [965] Y atraviesan, pasan, vuelven, Cien calles quedando atrás, Y paso tras paso siguen, Y siempre adelante van; Y a confundirse ya empieza [970] Y a perderse Montemar, Que ni sabe a dó camina, Ni acierta ya dónde está; Y otras calles, otras plazas Recorre, y otra ciudad, [975] Y ve fantásticas torres De su eterno pedestal Arrancarse, y sus macizas, Negras masas caminar, Apoyándose en sus ángulos, [980] Que en la tierra en desigual, Perezoso tranco fijan; Y a su monótono andar, Las campanas sacudidas Misteriosos dobles dan, [985] Mientras en danzas grotescas, Y al estruendo funeral, En derredor cien espectros Danzan con torpe compás; Y las veletas sus frentes [990] Bajan ante él al pasar, Los espectros le saludan, Y en cien lenguas de metal, Oye su nombre en los ecos De las campanas sonar. [995] Mas luego cesa el estrépito, Y en silencio, en muda paz Todo queda, y desparece De súbito la ciudad: Palacios, templos, se cambian [1000] En campos de soledad, Y en un yermo y silencioso, Melancólico arenal, Sin luz, sin aire, sin cielo, Perdido en la inmensidad. [1005] Tal vez piensa que camina, Sin poder parar jamás, De extraño empuje llevado Con precipitado afán; Entretanto que su guía, [1010] Delante de él sin hablar, Sigue misteriosa, y sigue Con paso rápido, y ya Se remonta ante sus ojos En alas del huracán, [1015] Visión sublime, y su frente Ve fosfórica brillar Entre lívidos relámpagos En la densa oscuridad, Sierpes de luz, luminosos [1020] Engendros del vendaval; Y cuando duda si duerme, Si tal vez sueña o está Loco, si es tanto prodigio, Tanto delirio verdad, [1025] Otra vez en Salamanca Súbito vuélvese a hallar, Distingue los edificios, Reconoce en dónde está, Y en su delirante vértigo [1030] Al vino vuelve a culpar, Y jura, y siguen andando, Ella delante, él detrás.
«¡Vive Dios! dice entre sí, O Satanás se chancea, [1035] O no debo estar en mí, O el Málaga que bebí En mi cabeza aun humea.
«Sombras, fantasmas, visiones.... Dale con tocar a muerto, [1040] Y en revueltas confusiones, Danzando estos torreones Al compás de tal concierto.
«Y el juicio voy a perder Entre tantas maravillas. [1045] ¡Que estas torres llegue a ver, Como mulas de alquiler, Andando con campanillas!
«¿Y esta mujer quién será? Mas si es el diablo en persona, [1050] ¿A mí qué diantre me da? Y más que el traje en que va En esta ocasión le abona.
«Noble señora, imagino Que sois nueva en el lugar: [1055] Andar así es desatino; O habéis perdido el camino, O esto es andar por andar.
«Ha dado en no responder, Que es la más rara locura [1060] Que puede hallarse en mujer, Y en que yo la he de querer Por su paso de andadura.»
En tanto Don Félix a tientas seguía, Delante camina la blanca visión, [1065] Triplica su espanto la noche sombría, Sus hórridos gritos redobla Aquilón.
Rechinan girando las férreas veletas, Crujir de cadenas se escucha sonar, Las altas campanas, por el viento inquietas, [1070] Pausados sonidos en las torres dan.
Rüido de pasos de gente que viene A compás marchando con sordo rumor, Y de tiempo en tiempo su marcha detiene, Y rezar parece en confuso són, [1075]
Llegó de Don Félix luego a los oídos, Y luego cien luces a lo lejos vió, Y luego en hileras largas divididos, Vió que murmurando con lúgubre voz
Enlutados bultos andando venían; [1080] Y luego más cerca con asombro ve Que un féretro en medio y en hombros traían Y dos cuerpos muertos tendidos en él.
Las luces, la hora, la noche, profundo, Infernal arcano parece encubrir. [1085] Cuando en hondo sueño yace muerto el mundo, Cuando todo anuncia que habrá de morir
Al hombre que loco la recia tormenta Corrió de la vida, del viento a merced, Cuando una voz triste las horas le cuenta, [1090] Y en lodo sus pompas convertidas ve,
Forzoso es que tenga de diamante el alma Quien no sienta el pecho de horror palpitar, Quien como Don Félix, con serena calma, Ni en Dios ni en el diablo se ponga a pensar. [1095]
Así en tardos pasos, todos murmurando, El lúgubre entierro ya cerca llegó, Y la blanca dama, devota rezando, Entrambas rodillas en tierra dobló.
Calado el sombrero y en pie, indiferente [1100] El féretro mira Don Félix pasar, Y al paso pregunta con su aire insolente Los nombres de aquellos que al sepulcro van.
Mas ¡cuál su sorpresa, su asombro cuál fuera, Cuando horrorizado con espanto ve [1105] Que el uno Don Diego de Pastrana era, Y el otro ¡Dios santo! y el otro era él!...
Él mismo, su imagen, su misma figura, Su mismo semblante, que él mismo era en fin; Y duda, y se palpa, y fría pavura [1110] Un punto en sus venas sintió discurrir.
Al fin era hombre, y un punto temblaron Los nervios del hombre, y un punto temió; Mas pronto su antiguo vigor recobraron, Pronto su fiereza volvió al corazón. [1115]
«Lo que es, dijo, por Pastrana, Bien pensado está el entierro; Mas es diligencia vana Enterrarme a mí, y mañana Me he de quejar de este yerro. [1120]
«Diga, señor enlutado, ¿A quién llevan a enterrar?» «--Al estudiante endiablado Don Félix de Montemar,» Respondió el encapuchado. [1125]
«--Mientes, truhán.--No por cierto. --Pues decidme a mí quién soy, Si gustáis, porque no acierto Cómo a un mismo tiempo estoy Aquí vivo y allí muerto. [1130]
«--Yo no os conozco.--Pardiez, Que si me llego a enojar, Tus burlas te haga llorar De tal modo que otra vez Conozcas ya a Montemar. [1135]
«¡Villano!... mas esto es Ilusión de los sentidos, El mundo que anda al revés, Los diablos entretenidos En hacerme dar traspiés. [1140]
«¡El fanfarrón de Don Diego! De sus mentiras reniego, Que cuando muerto cayó, Al infierno se fué luego Contando que me mató.» [1145]
Diciendo así, soltó una carcajada, Y las espaldas con desdén volvió; Se hizo el bigote, requirió la espada, Y a la devota dama se acercó.
«Conque, en fin, ¿dónde vivís? [1150] Que se hace tarde, señora. --Tarde, aun no; de aquí a una hora Lo será.--Verdad decís, Será más tarde que ahora.
«Esa voz con que hacéis miedo [1155] De vos me enamora más. Yo me he echado el alma atrás; Juzgad si me dará un bledo De Dios ni de Satanás.
«--Cada paso que avanzáis [1160] Lo adelantáis a la muerte, Don Félix. ¿Y no tembláis Y el corazón no os advierte Que a la muerte camináis?»
Con eco melancólico y sombrío [1165] Dijo así la mujer, y el sordo acento, Sonando en torno del mancebo impío, Rugió en la voz del proceloso viento.
Las piedras con las piedras se golpearon, Bajo sus pies la tierra retembló, [1170] Las aves de la noche se juntaron, Y sus alas crujir sobre él sintió;
Y en la sombra unos ojos fulgurantes Vió en el aire vagar que espanto inspiran, Siempre sobre él saltándose anhelantes, [1175] Ojos de horror que sin cesar le miran.
Y los vió y no tembló; mano a la espada Puso y la sombra intrépido embistió; Y ni sombra encontró ni encontró nada, Sólo fijos en él los ojos vió. [1180]
Y alzó los suyos impaciente al cielo, Y rechinó los dientes y maldijo, Y, en él creciendo el infernal anhelo, Con voz de enojo blasfemando dijo:
«Seguid, señora, y adelante vamos: [1185] Tanto mejor si sois el diablo mismo, Y Dios y el diablo y yo nos conozcamos, Y acábese por fin tanto embolismo.
«Que de tanto sermón, de farsa tanta, Juro, pardiez, que fatigado estoy; [1190] Nada mi firme voluntad quebranta: Sabed, en fin, que, donde vayáis, voy.
«Un término no más tiene la vida: Término fijo; un paradero el alma: Ahora adelante.» Dijo, y en seguida [1195] Camina en pos con decidida calma.
Y la dama a una puerta se paró, Y era una puerta altísima, y se abrieron Sus hojas en el punto en que llamó, Que a un misterioso impulso obedecieron; [1200] Y tras la dama el estudiante entró; Ni pajes ni doncellas acudieron; Y cruzan a la luz de unas bujías Fantásticas, desiertas galerías.
Y la visión, como engañoso encanto, [1205] Por las losas deslízase sin ruido, Toda encubierta bajo el blanco manto Que barre el suelo en pliegues desprendido; Y por el largo corredor en tanto Sigue adelante, y síguela atrevido, [1210] Y su temeridad raya en locura, Resuelto Montemar a su aventura.
Las luces, como antorchas funerales, Lánguida luz y cárdena esparcían, Y en torno, en movimientos desiguales, [1215] Las sombras se alejaban o venían Arcos aquí ruinosos, sepulcrales, Urnas allí y estatuas se veían, Rotas columnas, patios mal seguros, Yerbosos, tristes, húmedos y oscuros. [1220]
Todo vago, quimérico y sombrío, Edificio sin base ni cimiento, Ondula cual fantástico navío Que anclado mueve borrascoso viento. En un silencio aterrador y frío [1225] Yace allí todo: ni rumor, ni aliento Humano nunca se escuchó: callado, Corre allí el tiempo, en sueño sepultado.
Las muertas horas a las muertas horas Siguen en el reloj de aquella vida, [1230] Sombras de horror girando aterradoras, Que allá aparecen en medrosa huída; Ellas solas y tristes moradoras De aquella negra, funeral guarida, Cual soñada fantástica quimera, [1235] Vienen a ver al que su paz altera.
Y en él enclavan los hundidos ojos Del fondo de la larga galería, Que brillan lejos cual carbones rojos, Y espantaran la misma valentía; [1240] Y muestran en su rostro sus enojos Al ver hollada su mansión sombría; Y ora en grupos delante se aparecen, Ora en la sombra allá se desvanecen.
Grandïosa, satánica figura, [1245] Alta la frente, Montemar camina, Espíritu sublime en su locura, Provocando la cólera divina: Fábrica frágil de materia impura, El alma que la alienta y la ilumina [1250] Con Dios le iguala, y con osado vuelo Se alza a su trono y le provoca a duelo.
Segundo Lucifer que se levanta Del rayo vengador la frente herida, Alma rebelde que el temor no espanta, [1255] Hollada sí, pero jamás vencida: El hombre, en fin, que en su ansiedad quebranta Su límite a la cárcel de la vida, Y a Dios llama ante él a darle cuenta, Y descubrir su inmensidad intenta. [1260]
Y un báquico cantar tarareando, Cruza aquella quimérica morada, Con atrevida indiferencia andando, Mofa en los labios, y la vista osada; Y el rumor que sus pasos van formando, [1265] Y el golpe que al andar le da la espada, Tristes ecos, siguiéndole detrás, Repiten con monótono compás.
Y aquel extraño y único rüido Que de aquella mansión los ecos llena, [1270] En el suelo y los techos repetido, En su profunda soledad resuena; Y espira allá cual funeral gemido Que lanza en su dolor la ánima en pena, Que al fin del corredor largo y oscuro [1275] Salir parece de entre el roto muro.
Y en aquel otro mundo y otra vida, Mundo de sombras, vida que es un sueño, Vida que, con la muerte confundida, Ciñe sus sienes con letal beleño; [1280] Mundo, vaga ilusión descolorida De nuestro mundo y vaporoso ensueño, Son aquel ruido y su locura insana La sola imagen de la vida humana.
Que allá su blanca, misteriosa guía, [1285] De la alma dicha la ilusión parece, Que ora acaricia la esperanza impía, Ora al tocarla ya se desvanece; Blanca, flotante nube que en la umbría Noche en alas del céfiro se mece [1290] Su airosa ropa, desplegada al viento, Semeja en su callado movimiento;
Humo süave de quemado aroma Que al aire en ondas a perderse asciende; Rayo de luna que en la parda loma [1295] Cual un broche su cima al éter prende; Silfa que con el alba envuelta asoma Y al nebuloso azul sus alas tiende, De negras sombras y de luz teñidas, Entre el alba y la noche confundidas. [1300]
Y ágil, veloz, aérea y vaporosa, Que apenas toca con los pies al suelo, Cruza aquella morada tenebrosa La mágica visión del blanco velo: Imagen fiel de la ilusión dichosa [1305] Que acaso el hombre encontrará en el cielo, Pensamiento sin fórmula y sin nombre Que hace rezar y blasfemar al hombre.
Y al fin del largo corredor llegando, Montemar sigue su callada guía, [1310] Y una de mármol negro va bajando De caracol torcida gradería, Larga, estrecha y revuelta, y que girando En torno de él y sin cesar veía Suspendida en el aire y con violento, [1315] Veloz, vertiginoso movimiento.
Y en eterna espiral y en remolino Infinito prolóngase y se extiende, Y el juicio pone en loco desatino A Montemar que en tumbos mil desciende, [1320] Y, envuelto en el violento torbellino, Al aire se imagina, y se desprende, Y sin que el raudo movimiento ceda, Mil vueltas dando, a los abismos rueda;
Y de escalón en escalón cayendo, [1325] Blasfema y jura con lenguaje inmundo, Y su furioso vértigo creciendo, Y despeñado rápido al profundo, Los silbos ya del huracán oyendo, Ya ante él pasando en confusión el mundo, [1330] Ya oyendo gritos, voces y palmadas, Y aplausos y brutales carcajadas,
Llantos y ayes, quejas y gemidos, Mofas, sarcasmos, risas y denuestos; Y en mil grupos acá y allá reunidos, [1335] Viendo debajo de él, sobre él enhiestos, Hombres, mujeres, todos confundidos, Con sandia pena, con alegres gestos, Que con asombro estúpido le miran Y en el perpetuo remolino giran. [1340]
Siente por fin que de repente pára, Y un punto sin sentido se quedó; Mas luego valeroso se repara, Abrió los ojos y de pie se alzó; Y fué el primer objeto en que pensara [1345] La blanca dama, y alredor miró, Y al pie de un triste monumento hallóla Sentada en medio de la estancia, sola.
Era un negro solemne monumento Que en medio de la estancia se elevaba, [1350] Y, a un tiempo a Montemar ¡raro portento! Una tumba y un lecho semejaba: Ya imaginó su loco pensamiento Que abierta aquella tumba le aguardaba; Ya imaginó también que el lecho era [1355] Tálamo blando que al esposo espera.
Y pronto, recobrada su osadía, Y a terminar resuelto su aventura, Al cielo y al infierno desafía Con firme pecho y decisión segura: [1360] A la blanca visión su planta guía, Y a descubrirse el rostro la conjura, Y a sus pies Montemar tomando asiento Así la habló con animoso acento:
«Diablo, mujer o visión, [1365] Que, a juzgar por el camino Que conduce a esta mansión, Eres puro desatino O diabólica invención,
«Siquier de parte de Dios, [1370] Siquier de parte del diablo, ¿Quién nos trajo aquí a los dos? Decidme, en fin, ¿quién sois vos? Y sepa yo con quién hablo:
«Que más que nunca palpita [1375] Resuelto mi corazón, Cuando en tanta confusión, Y en tanto arcano que irrita, Me descubre mi razón
«Que un poder aquí supremo, [1380] Invisible se ha mezclado, Poder que siento y no temo, A llevar determinado Esta aventura al extremo.»
Fúnebre [1385] Llanto De amor Óyese En tanto En son [1390]
Flébil, blando Cual quejido Dolorido Que del alma Se arrancó: [1395] Cual profundo ¡Ay! que exhala Moribundo Corazón.
Música triste [1400] Lánguida y vaga, Que a par lastima Y el alma halaga; Dulce armonía Que inspira al pecho [1405] Melancolía, Como el murmullo De algún recuerdo De antiguo amor, A un tiempo arrullo [1410] Y amarga pena Del corazón.
Mágico embeleso, Cántico ideal, Que en los aires vaga [1415] Y en sonoras ráfagas Aumentado va; Sublime y oscuro, Rumor prodigioso, Sordo acento lúgubre, [1420] Eco sepulcral, Músicas lejanas, De enlutado parche Redoble monótono, Cercano huracán, [1425] Que apenas la copa Del árbol menea Y bramando está; Olas alteradas De la mar bravía [1430] En noche sombría, Los vientos en paz, Y cuyo rugido Se mezcla al gemido Del muro que trémulo [1435] Las siente llegar; Pavoroso estrépito, Infalible présago De la tempestad.
Y, en rápido _crescendo_, [1440] Los lúgubres sonidos Más cerca vanse oyendo Y en ronco rebramar; Cual trueno en las montañas Que retumbando va, [1445] Cual rugen las entrañas De horrísono volcán.
Y algazara y gritería, Crujir de afilados huesos, Rechinamiento de dientes [1450] Y retemblar los cimientos, Y en pavoroso estallido Las losas del pavimento Separando sus junturas Irse poco a poco abriendo, [1455] Siente Montemar; y el ruido Más cerca crece, y a un tiempo Escucha chocarse cráneos, Ya descarnados y secos, Temblar en torno la tierra, [1460] Bramar combatidos vientos, Rugir las airadas olas, Estallar el ronco trueno, Exhalar tristes quejidos Y prorrumpir en lamentos: [1465] Todo en furiosa armonía, Todo en frenético estruendo, Todo en confuso trastorno, Todo mezclado y diverso.
Y luego el estrépito crece [1470] Confuso y mezclado en un són, Que ronco en las bóvedas hondas Tronando furioso zumbó; Y un eco que agudo parece Del ángel del juicio la voz, [1475] En tiple, punzante alarido Medroso y sonoro se alzó; Sintió, removidas las tumbas, Crujir a sus pies con fragor,
Chocar en las piedras los cráneos [1480] Con rabia y ahinco feroz, Romper intentando la losa, Y huir de su eterna mansión, Los muertos, de súbito oyendo El alto mandato de Dios. [1485]
Y de pronto en horrendo estampido Desquiciarse la estancia sintió, Y al tremendo tartáreo ruido Cien espectros alzarse miró:
De sus ojos los huecos fijaron [1490] Y sus dedos enjutos en él; Y después entre sí se miraron, Y a mostrarle tornaron después;
Y, enlazadas las manos siniestras, Con dudoso, espantado ademán [1495] Contemplando, y, tendidas sus diestras, Con asombro al osado mortal,
Se acercaron despacio, y la seca Calavera, mostrando temor, Con inmóvil, irónica mueca [1500] Inclinaron, formando en redor.
Y entonces la visión del blanco velo Al fiero Montemar tendió una mano, Y era su tacto de crispante hielo, Y resistirlo audaz intentó en vano: [1505]
Galvánica, crüel, nerviosa y fría, Histérica y horrible sensación, Toda la sangre coagulada envía Agolpada y helada al corazón....
Y a su despecho y maldiciendo al cielo, [1510] De ella apartó su mano Montemar, Y temerario alzándola a su velo, Tirando de él la descubrió la faz.
_¡Es su esposo!!_ los ecos retumbaron, _¡La esposa al fin que su consorte halló!!_ [1515] Los espectros con júbilo gritaron: _¡Es el esposo de su eterno amor!!_
Y ella entonces gritó: _¡Mi esposo!!_ ¡Y era (¡Desengaño fatal! ¡triste verdad!) Una sórdida, horrible calavera, [1520] La blanca dama del gallardo andar!...
Luego un caballero de espuela dorada, Airoso, aunque el rostro con mortal color, Traspasado el pecho de fiera estocada, Aun brotando sangre de su corazón, [1525]
Se acerca y le dice, su diestra tendida, Que impávido estrecha también Montemar: «--Al fin, la palabra, que disteis, cumplida, Doña Elvira, vedla, vuestra esposa es ya;
«Mi muerte os perdono.--Por cierto, Don Diego, [1530] Repuso Don Félix tranquilo a su vez, Me alegro de veros con tanto sosiego, Que a fe no esperaba volveros a ver.
«En cuanto a ese espectro que decís mi esposa, Raro casamiento venísme a ofrecer: [1535] Su faz no es por cierto ni amable ni hermosa; Mas no se os figure que os quiera ofender.
«Por mujer la tomo, porque es cosa cierta, Y espero no salga fallido mi plan, Que, en caso tan raro y mi esposa muerta, [1540] Tanto como viva no me cansará.
«Mas antes decidme si Dios o el demonio Me trajo a este sitio, que quisiera ver Al uno u al otro, y en mi matrimonio Tener por padrino siquiera a Luzbel: [1545]
«Cualquiera o entrambos con su corte toda, Estando estos nobles espectros aquí, No perdiera mucho viniendo a mi boda.... Hermano Don Diego, ¿no pensáis así?»
Tal dijo Don Félix con fruncido ceño, [1550] En torno arrojando con fiero ademán Miradas audaces de altivo desdeño, Al Dios por quien jura capaz de arrostrar.
El carïado, lívido esqueleto, Los fríos, largos y asquerosos brazos, [1555] Le enreda en tanto en apretados lazos, Y ávido le acaricia en su ansiedad; Y con su boca cavernosa busca La boca a Montemar, y a su mejilla La árida, descarnada y amarilla [1560] Junta y refriega repugnante faz.
Y él, envuelto en sus secas coyunturas, Aun más sus nudos que se aprietan siente, Baña un mar de sudor su ardida frente, Y crece en su impotencia su furor. [1565] Pugna con ansia a desasirse en vano, Y cuanto más airado forcejea, Tanto más se le junta y le desea El rudo espectro que le inspira horror.
Y en furioso, veloz remolino, [1570] Y en aérea fantástica danza, Que la mente del hombre no alcanza En su rápido curso a seguir, Los espectros su ronda empezaron, Cual en círculos raudos el viento [1575] Remolinos de polvo violento Y hojas secas agita sin fin.
Y elevando sus áridas manos, Resonando cual lúgubre eco, Levantóse en su cóncavo hueco [1580] Semejante a un aullido una voz Pavorosa, monótona, informe, Que pronuncia sin lengua su boca, Cual la voz que del áspera roca En los senos el viento formó. [1585]
«Cantemos, dijeron sus gritos, La gloria, el amor de la esposa, Que enlaza en sus brazos dichosa Por siempre al esposo que amó; Su boca a su boca se junte, [1590] Y selle su eterna delicia, Süave, amorosa caricia Y lánguido beso de amor.
«Y en mútuos abrazos unidos, Y en blando y eterno reposo, [1595] La esposa enlazada al esposo, Por siempre descansen en paz; Y en fúnebre luz ilumine Sus bodas fatídica tea, Les brinde deleites, y sea [1600] La tumba su lecho nupcial.»
Mientras, la ronda frenética, Que en raudo giro se agita, Más cada vez precipita Su vértigo sin ceder; [1605] Más cada vez se atropella, Más cada vez se arrebata, Y en círculos se desata Violentos más cada vez;
Y escapa en rueda quimérica; [1610] Y negro punto parece Que en torno se desvanece A la fantástica luz, Y sus lúgubres aullidos Que pavorosos se extienden [1615] Los aires rápidos hienden Más prolongados aún.
Y a tan continuo vértigo, A tan funesto encanto, A tan horrible canto, [1620] A tan tremenda lid, Entre los brazos lúbricos Que aprémianle sujeto Del hórrido esqueleto, Entre caricias mil, [1625]
Jamás vencido el ánimo, Su cuerpo ya rendido Sintió desfallecido Faltarle Montemar; Y a par que más su espíritu [1630] Desmiente su miseria, La flaca, vil materia Comienza a desmayar.
Y siente un confuso, Loco devaneo, [1635] Languidez, mareo Y angustioso afán; Y sombras y luces, La estancia que gira, Y espíritus mira [1640] Que vienen y van.
Y luego a lo lejos, Flébil en su oído, Eco dolorido Lánguido sonó, [1645] Cual la melodía Que el aura amorosa Y el agua armoniosa De noche formó;
Y siente luego [1650] Su pecho ahogado Y desmayado, Turbios sus ojos, Sus graves párpados, Flojos caer; [1655] La frente inclina Sobre su pecho, Y, a su despecho, Siente sus brazos Lánguidos, débiles [1660] Desfallecer.
Y vió luego Una llama Que se inflama Y murió; [1665] Y perdido Oyó el eco De un gemido Que espiró.
Tal, dulce [1670] Suspira La lira Que hirió En blando Concento [1675] Del viento La voz,
Leve, Breve Són. [1680]
En tanto en nubes de carmín y grana Su luz el alba arrebolada envía, Y alegre regocija y engalana Las altas torres el naciente día: Sereno el cielo, calma la mañana, [1685] Blanda la brisa, trasparente y fría, Vierte a la tierra el sol con su hermosura Rayos de paz y celestial ventura.
Y huyó la noche y con la noche huían Sus sombras y quiméricas mujeres, [1690] Y a su silencio y calma sucedían El bullicio y rumor de los talleres; Y a su trabajo y a su afán volvían Los hombres y a sus frívolos placeres, Algunos hoy volviendo a su faena. [1695] De zozobra y temor el alma llena;
¡Que era pública voz, que llanto arranca Del pecho pecador y empedernido, Que en forma de mujer y en una blanca Túnica misteriosa revestido, [1700] Aquella noche el diablo a Salamanca Había, en fin, por Montemar venido!... _Y si, lector, dijerdes ser comento, Como me lo contaron, te lo cuento._
CANCIÓN DEL PIRATA
Con diez cañones por banda, Viento en popa, a toda vela, No corta el mar sino vuela Un velero bergantín: Bajel pirata que llaman [5] Por su bravura el _Temido_, En todo mar conocido Del uno al otro confín.
La luna en el mar rïela, En la lona gime el viento, [10] Y alza en blando movimiento Olas de plata y azul; Y ve el capitán pirata, Cantando alegre en la popa, Asia a un lado, al otro Europa, [15] Y allá a su frente Stambul.[1]
[Nota 1: Nombre que dan los Turcos a Constantinopla]
«Navega, velero mío, Sin temor, Que ni enemigo navío, Ni tormenta, ni bonanza [20] Tu rumbo a torcer alcanza, Ni a sujetar tu valor.
«Veinte presas Hemos hecho A despecho [25] Del Inglés, Y han rendido Sus pendones Cien naciones A mis pies. [30]
«Que es mi barco mi tesoro, Que es mi Dios la libertad, Mi ley la fuerza y el viento, Mi única patria la mar.
«Allá muevan feroz guerra [35] Ciegos reyes Por un palmo más de tierra; Que yo tengo aquí por mío Cuanto abarca el mar bravío, A quien nadie impuso leyes. [40]
«Y no hay playa, Sea cualquiera, Ni bandera De esplendor, Que no sienta [45] Mi derecho Y dé pecho A mi valor.
«Que es mi barco mi tesoro....
«A la voz de '¡barco viene!' [50] Es de ver Cómo vira y se previene A todo trapo a escapar; Que yo soy el rey del mar, Y mi furia es de temer. [55]
«En las presas Yo divido Lo cogido Por igual: Sólo quiero [60] Por riqueza La belleza Sin rival.
«Que es mi barco mi tesoro....
«¡Sentenciado estoy a muerte! [65] Yo me río. No me abandone la suerte, Y al mismo que me condena Colgaré de alguna entena, Quizá en su propio navío. [70]
«Y si caigo, ¿Qué es la vida? Por perdida Ya la di, Cuando el yugo [75] Del esclavo, Como un bravo, Sacudí.
«Que es mi barco mi tesoro....
«Son mi música mejor [80] Aquilones; El estrépito y temblor De los cables sacudidos; Del negro mar los bramidos Y el rugir de mis cañones. [85]
«Y del trueno Al són violento, Y del viento Al rebramar, Yo me duermo [90] Sosegado, Arrullado Por el mar.
«Que es mi barco mi tesoro, Que es mi Dios la libertad, [95] Mi ley la fuerza y el viento, Mi única patria la mar.»
EL CANTO DEL COSACO
Donde sienta mi caballo los pies no vuelve a nacer yerba.--Palabras de Átila
CORO ¡Hurra, Cosacos del desierto! ¡Hurra! La Europa os brinda espléndido botín: Sangrienta charca sus campiñas sean, De los grajos su ejército festín.
¡Hurra! a caballo, hijos de la niebla! [5] Suelta la rienda, a combatir volad. ¿Veis esas tierras fértiles? las puebla Gente opulenta, afeminada ya. Casas, palacios, campos y jardines, Todo es hermoso y refulgente allí; [10] Son sus hembras celestes serafines, Su sol alumbra un cielo de zafir.
¡Hurra, Cosacos del desierto....
Nuestros sean su oro y sus placeres, Gocemos de ese campo y de ese sol; [15] Son sus soldados menos que mujeres, Sus reyes viles mercaderes son. Vedlos huír para esconder su oro, Vedlos cobardes lágrimas verter.... ¡Hurra! volad: sus cuerpos, su tesoro [20] Huellen nuestros caballos con sus pies.
¡Hurra, Cosacos del desierto....
Dictará allí nuestro capricho leyes, Nuestras casas alcázares serán, Los cetros y coronas de los reyes [25] Cual juguetes de niños rodarán. ¡Hurra! volad a hartar nuestros deseos; Las más hermosas nos darán su amor, Y no hallarán nuestros semblantes feos, Que siempre brilla hermoso el vencedor. [30]
¡Hurra, Cosacos del desierto....
Desgarraremos la vencida Europa Cual tigres que devoran su ración; En sangre empaparemos nuestra ropa Cual rojo manto de imperial señor. [35] Nuestros nobles caballos relinchando Regias habitaciones morarán; Cien esclavos, sus frentes inclinando, Al mover nuestros ojos temblarán.
¡Hurra, Cosacos del desierto.... [40]
Venid, volad, guerreros del desierto, Como nubes en negra confusión, Todos suelto el bridón, el ojo incierto, Todos atropellándoos en montón. Id, en la espesa niebla confundidos, [45] Cual tromba que arrebata el huracán, Cual témpanos de hielo endurecidos Por entre rocas despeñados van.
¡Hurra, Cosacos del desierto....
Nuestros padres un tiempo caminaron [50] Hasta llegar a una imperial ciudad; Un sol más puro es fama que encontraron, Y palacios de oro y de cristal. Vadearon el Tibre sus bridones, Yerta a sus pies la tierra enmudeció; [55] Su sueño con fantásticas canciones La fada de los triunfos arrulló.
¡Hurra, Cosacos del desierto....
¡Qué! ¿No sentís la lanza estremecerse, Hambrienta en vuestras manos de matar? [60] ¿No veis entre la niebla aparecerse Visiones mil que el parabién nos dan? Escudo de esas míseras naciones Era ese muro que abatido fué; La gloria de Polonia y sus blasones [65] En humo y sangre convertidos ved.
¡Hurra, Cosacos del desierto....
¿Quién en dolor trocó sus alegrías? ¿Quién sus hijos triunfante encadenó? ¿Quién puso fin a sus gloriosos días? [70] ¿Quién en su propia sangre los ahogó? ¡Hurra, Cosacos! ¡Gloria al más valiente! Esos hombres de Europa nos verán. ¡Hurra! nuestros caballos en su frente Hondas sus herraduras marcarán. [75]
¡Hurra, Cosacos del desierto....
A cada bote de la lanza ruda, A cada escape en la abrasada lid, La sangrienta ración de carne cruda Bajo la silla sentiréis hervir. [80] Y allá después en templos suntüosos, Sirviéndonos de mesa algún altar, Nuestra sed calmarán vinos sabrosos, Hartará nuestra hambre blanco pan.
¡Hurra, Cosacos del desierto.... [85]
Y nuestras madres nos verán triunfantes, Y a esa caduca Europa a nuestros pies, Y acudirán de gozo palpitantes, En cada hijo a contemplar un rey. Nuestros hijos sabrán nuestras acciones, [90] Las coronas de Europa heredarán, Y a conquistar también otras regiones El caballo y la lanza aprestarán.
¡Hurra, Cosacos del desierto! ¡Hurra! La Europa os brinda espléndido botín. [95] Sangrienta charca sus campiñas sean, De los grajos su ejército festín.
EL MENDIGO
Mío es el mundo: como el aire libre, Otros trabajan porque coma yo; Todos se ablandan si doliente pido Una limosna por amor de Dios.
El palacio, la cabaña [5] Son mi asilo, Si del ábrego el furor Troncha el roble en la montaña, O que inunda la campaña El torrente asolador. [10]
Y a la hoguera Me hacen lado Los pastores Con amor, Y sin pena [15] Y descuidado De su cena Ceno yo; O en la rica Chimenea, [20] Que recrea Con su olor, Me regalo Codicioso Del banquete [25] Suntüoso Con las sobras De un señor.
Y me digo: el viento brama, Caiga furioso turbión; [30] Que al són que cruje de la seca leña, Libre me duermo sin rencor ni amor.
Mío es el mundo: como el aire libre....
Todos son mis bienhechores, Y por todos [35] A Dios ruego con fervor; De villanos y señores Yo recibo los favores Sin estima y sin amor.
Ni pregunto [40] Quiénes sean, Ni me obligo A agradecer; Que mis rezos Si desean, [45] Dar limosna Es un deber. Y es pecado La riqueza, La pobreza [50] Santidad; Dios a veces Es mendigo, Y al avaro Da castigo, [55] Que le niegue Caridad.
Yo soy pobre y se lastiman Todos al verme plañir, Sin ver son mías sus riquezas todas, [60] Que mina inagotable es el pedir.
Mío es el mundo: como el aire libre....
Mal revuelto y andrajoso, Entre harapos Del lujo sátira soy; [65] Y con mi aspecto asqueroso Me vengo del poderoso, Y adonde va, tras él voy.
Y a la hermosa Que respira [70] Cien perfumes, Gala, amor, La persigo Hasta que mira, Y me gozo [75] Cuando aspira Mi punzante Mal olor. Y las fiestas Y el contento [80] Con mi acento Turbo yo, Y en la bulla Y la alegría Interrumpen [85] La armonía Mis harapos Y mi voz,
Mostrando cuán cerca habitan El gozo y el padecer, [90] Que no hay placer sin lágrimas, ni pena Que no transpire en medio del placer.
Mío es el mundo: como el aire libre....
Y para mí no hay _mañana_, Ni hay _ayer_; [95] Olvido el bien como el mal, Nada me aflije ni afana; Me es igual para mañana Un palacio, un hospital.
Vivo ajeno [100] De memorias, De cuidados Libre estoy; Busquen otros Oro y glorias, [105] Yo no pienso Sino en hoy. Y doquiera Vayan leyes, Quiten reyes, [110] Reyes den; Yo soy pobre, Y al mendigo, Por el miedo Del castigo, [115] Todos hacen Siempre bien.
Y un asilo dondequiera Y un lecho en el hospital Siempre hallaré, y un hoyo donde caiga [120] Mi cuerpo miserable al espirar.
Mío es el mundo: como el aire libre, Otros trabajan porque coma yo; Todos se ablandan, si doliente pido Una limosna por amor de Dios. [125]
SONETO
Fresca, lozana, pura y olorosa, Gala y adorno del pensil florido, Gallarda puesta sobre el ramo erguido, Fragrancia esparce la naciente rosa.
Mas si el ardiente sol lumbre enojosa [5] Vibra del can en llamas encendido, El dulce aroma y el color perdido, Sus hojas lleva el aura presurosa.
Así brilló un momento mi ventura En alas del amor, y hermosa nube [10] Fingí tal vez de gloria y de alegría.
Mas ¡ay! que el bien trocóse en amargura, Y deshojada por los aires sube La dulce flor de la esperanza mía.
A TERESA DESCANSA EN PAZ
Bueno es el mundo, ¡bueno! ¡bueno! ¡bueno! Como de Dios al fin obra maestra, Por todas partes de delicias lleno, De que Dios ama al hombre hermosa muestra; Salga la voz alegre de su seno A celebrar esta vivienda nuestra; ¡Paz a los hombres! ¡gloria en las alturas! ¡Cantad en vuestra jaula, crïaturas! DON MIGUEL DE LOS SANTOS ÁLVAREZ, "María"
¿Por qué volvéis a la memoria mía, Tristes recuerdos del placer perdido, A aumentar la ansiedad y la agonía De este desierto corazón herido? ¡Ay! que de aquellas horas de alegría, [5] Le quedó al corazón sólo un gemido, Y el llanto que al dolor los ojos niegan Lágrimas son de hiel que el alma anegan!
¿Dónde volaron ¡ay! aquellas horas De juventud, de amor y de ventura, [10] Regaladas de músicas sonoras, Adornadas de luz y de hermosura? Imágenes de oro bullidoras, Sus alas de carmín y nieve pura, Al sol de mi esperanza desplegando, [15] Pasaban ¡ay! a mi alredor cantando.
Gorjeaban los dulces ruiseñores, El sol iluminaba mi alegría, El aura susurraba entre las flores, El bosque mansamente respondía, [20] Las fuentes murmuraban sus amores.... ¡Ilusiones que llora el alma mía! ¡Oh! ¡cuán süave resonó en mi oído El bullicio del mundo y su ruïdo!
Mi vida entonces cual guerrera nave [25] Que el puerto deja por la vez primera, Y al soplo de los céfiros süave, Orgullosa despliega su bandera, Y al mar dejando que a sus pies alabe Su triunfo en roncos cantos, va velera [30] Una ola tras otra bramadora Hollando y dividiendo vencedora;
¡Ay! en el mar del mundo, en ansia ardiente De amor volaba, el sol de la mañana Llevaba yo sobre mi tersa frente, [35] Y el alma pura de su dicha ufana. Dentro de ella el amor cual rica fuente, Que entre frescura y arboledas mana, Brotaba entonces abundante río De ilusiones y dulce desvarío. [40]
Yo amaba todo: un noble sentimiento Exaltaba mi ánimo, y sentía En mi pecho un secreto movimiento, De grandes hechos generoso guía: La libertad con su inmortal aliento, [45] Santa diosa, mi espíritu encendía, Contino imaginando en mi fe pura Sueños de gloria al mundo y de ventura:
El puñal de Catón, la adusta frente Del noble Bruto, la constancia fiera [50] Y el arrojo de Scévola valiente, La doctrina de Sócrates severa, La voz atronadora y elocuente Del orador de Atenas, la bandera Contra el tirano macedonio alzando, [55] Y al espantado pueblo arrebatando;
El valor y la fe del caballero, Del trovador el arpa y los cantares, Del gótico castillo el altanero, Antiguo torreón, do sus pesares [60] Cantó tal vez con eco lastimero ¡Ay! arrancada de sus patrios lares, Joven cautiva, al rayo de la luna, Lamentando su ausencia y su fortuna;
El dulce anhelo del amor que aguarda, [65] Tal vez inquieto y con mortal recelo, La forma bella que cruzó gallarda, Allá en la noche entre el medroso velo, La ansiada cita que en llegar se tarda Al impaciente y amoroso anhelo, [70] La mujer y la voz de su dulzura, Que inspira al alma celestial ternura,
A un tiempo mismo en rápida tormenta Mi alma alborotaban de contino, Cual las olas que azota con violenta [75] Cólera, impetüoso torbellino; Soñaba al héroe ya, la plebe atenta En mi voz escuchaba su destino; Ya al caballero, al trovador soñaba, Y de gloria y de amores suspiraba. [80]
Hay una voz secreta, un dulce canto, Que el alma sólo recogida entiende, Un sentimiento misterioso y santo, Que del barro al espíritu desprende, Agreste, vago y solitario encanto, [85] Que en inefable amor el alma enciende, Volando tras la imagen peregrina El corazón de su ilusión divina.
Yo, desterrado en extranjera playa, Con los ojos, extático seguía [90] La nave audaz que argentada raya Volaba al puerto de la patria mía; Yo cuando en Occidente el sol desmaya, Solo y perdido en la arboleda umbría, Oír pensaba el armonioso acento [95] De una mujer, al suspirar del viento.
¡Una mujer! En el templado rayo De la mágica luna se colora, Del sol poniente al lánguido desmayo Lejos entre las nubes se evapora; [100] Sobre las cumbres que florece el mayo Brilla fugaz al despuntar la aurora, Cruza tal vez por entre el bosque umbrío, Juega en las aguas del sereno río.
¡Una mujer! Deslízase en el cielo [105] Allá en la noche desprendida estrella; Si aroma el aire recogió en el suelo, Es el aroma que le presta ella. Blanca es la nube que en callado vuelo Cruza la esfera y que su planta huella, [110] Y en la tarde la mar olas la ofrece De plata y de zafir donde se mece.
Mujer que amor en su ilusión figura, Mujer que nada dice a los sentidos, Ensueño de suavísima ternura, [115] Eco que regaló nuestros oídos; De amor la llama generosa y pura, Los goces dulces del placer cumplidos, Que engalana la rica fantasía, Goces que avaro el corazón ansía; [120]
¡Ay! aquella mujer, tan sólo aquella Tanto delirio a realizar alcanza, Y esa mujer, tan cándida y tan bella, Es mentida ilusión de la esperanza; Es el alma que vívida destella [125] Su luz al mundo cuando en él se lanza, Y el mundo con su magia y galanura Es espejo no más de su hermosura;
Es el amor que al mismo amor adora, El que creó las sílfides y ondinas, [130] La sacra ninfa que bordando mora Debajo de las aguas cristalinas; Es el amor que recordando llora Las arboledas del Edén divinas, Amor de allí arrancado, allí nacido, [135] Que busca en vano aquí su bien perdido.
¡Oh llama santa! ¡celestial anhelo! ¡Sentimiento purísimo! ¡memoria Acaso triste de un perdido cielo, Quizá esperanza de futura gloria! [140] ¡Huyes y dejas llanto y desconsuelo! ¡Oh mujer! que en imagen ilusoria Tan pura, tan feliz, tan placentera, Brindó el amor a mi ilusión primera...!
¡Oh Teresa! ¡Oh dolor! Lágrimas mías, [145] ¡Ah! ¿dónde estáis que no corréis a mares? ¿Por qué, por qué como en mejores días No consoláis vosotras mis pesares? ¡Oh! los que no sabéis las agonías De un corazón, que penas a millares [150] ¡Ay! desgarraron, y que ya no llora, ¡Piedad tened de mi tormento ahora!
¡Oh! ¡dichosos mil veces! sí, dichosos, Los que podéis llorar y ¡ay! sin ventura De mí, que, entre suspiros angustiosos, [155] Ahogar me siento en infernal tortura! Retuércese entre nudos dolorosos Mi corazón, gimiendo de amargura!... También tu corazón, hecho pavesa, ¡Ay! llegó a no llorar, ¡pobre Teresa! [160]
¿Quién pensara jamás, Teresa mía, Que fuera eterno manantial de llanto Tanto inocente amor, tanta alegría, Tantas delicias y delirio tanto? ¿Quién pensara jamás llegase un día, [165] En que, perdido el celestial encanto, Y caída la venda de los ojos, Cuanto diera placer causara enojos?
Aun parece, Teresa, que te veo Aerea como dorada mariposa, [170] Ensueño delicioso del deseo, Sobre tallo gentil temprana rosa, Del amor venturoso devaneo, Angélica, purísima y dichosa, Y oigo tu voz dulcísima, y respiro [175] Tu aliento perfumado en tu suspiro.
Y aun miro aquellos ojos que robaron A los cielos su azul, y las rosadas Tintas sobre la nieve, que envidiaron Las de mayo serenas alboradas; [180] Y aquellas horas dulces que pasaron Tan breves ¡ay! como después lloradas, Horas de confïanza y de delicias, De abandono, y de amor y de caricias.
Que así las horas rápidas pasaban, [185] Y pasaba a la par nuestra ventura; Y nunca nuestras ansias las contaban, Tú embriagada en mi amor, yo en tu hermosura; Las horas ¡ay! huyendo nos miraban, Llanto tal vez vertiendo de ternura, [190] Que nuestro amor y juventud veían, Y temblaban las horas que vendrían.
Y llegaron en fin.... ¡Oh! ¿quién impío ¡Ay! agostó la flor de tu pureza? Tú fuiste un tiempo cristalino río, [195] Manantial de purísima limpieza; Después torrente de color sombrío, Rompiendo entre peñascos y maleza, Y estanque, en fin, de aguas corrompidas, Entre fétido fango detenidas. [200]
¿Cómo caíste despeñado al suelo, Astro de la mañana luminoso? Ángel de luz, ¿quién te arrojó del cielo A este valle de lágrimas odioso? Aun cercaba tu frente el blanco velo [205] Del serafín, y, en ondas fulgoroso, Rayos al mundo tu esplendor vertía, Y otro cielo el amor te prometía.
Mas ¡ay! que es la mujer ángel caído O mujer nada más y lodo inmundo, [210] Hermoso ser para llorar nacido, O vivir como autómata en el mundo. Sí, que el demonio en el Edén perdido Abrasara con fuego del profundo La primera mujer, y ¡ay! aquel fuego [215] La herencia ha sido de sus hijos luego.
Brota en el cielo del amor la fuente Que a fecundar el universo mana, Y en la tierra su límpida corriente Sus márgenes con flores engalana; [220] Mas ¡ay! huíd: el corazón ardiente Que el agua clara por beber se afana Lágrimas verterá de duelo eterno, Que su raudal lo envenenó el infierno.
Huíd, si no queréis que llegue un día, [225] En que, enredado en retorcidos lazos El corazón, con bárbara porfía Luchéis por arrancároslo a pedazos: En que al cielo en histérica agonía Frenéticos alcéis entrambos brazos, [230] Para en vuestra impotencia maldecirle, Y escupiros, tal vez, al escupirle.
Los años ¡ay! de la ilusión pasaron; Las dulces esperanzas que trajeron Con sus blancos ensueños se llevaron, [235] Y el porvenir de oscuridad vistieron: Las rosas de amor se marchitaron, Las flores en abrojos convirtieron, Y de afán tanto y tan soñada gloria Sólo quedó una tumba, una memoria. [240]
¡Pobre Teresa! al recordarte siento Un pesar tan intenso...! embarga impío Mi quebrantada voz mi sentimiento, Y suspira tu nombre el labio mío: Pára allí su carrera el pensamiento, [245] Hiela mi corazón punzante frío, Ante mis ojos la funesta losa, Donde vil polvo tu beldad reposa.
¡Y tú feliz, que hallaste en la muerte Sombra a que descansar en tu camino, [250] Cuando llegabas, mísera, a perderte, Y era llorar tu único destino: Cuando en tu frente la implacable suerte Grababa de los réprobos el sino...! ¡Feliz! la muerte te arrancó del suelo, [255] Y otra vez ángel te volviste al cielo.
Roída de recuerdos de amargura, Árido el corazón sin ilusiones, La delicada flor de tu hermosura Ajaron del dolor los Aquilones: [260] Sola, y envilecida y sin ventura, Tu corazón secaron las pasiones, Tus hijos, ¡ay! de ti se avergonzaran, Y hasta el nombre de madre te negaran.
Los ojos escaldados de tu llanto, [265] Tu rostro cadavérico y hundido, Único desahogo en tu quebranto, El histérico ¡ay! de tu gemido: ¿Quién, quién pudiera, en infortunio tanto, Envolver tu desdicha en el olvido, [270] Disipar tu dolor y recogerte En su seno de paz? ¡Sólo la muerte!
¡Y tan joven, y ya tan desgraciada! Espíritu indomable, alma violenta, En ti, mezquina sociedad, lanzada [275] A romper tus barreras turbulenta. Nave contra las rocas quebrantada, Allá vaga, a merced de la tormenta, En las olas tal vez náufraga tabla, Que sólo ya de sus grandezas habla. [280]
Un recuerdo de amor que nunca muere Y está en mi corazón; un lastimero Tierno quejido que en el alma hiere, Eco süave de su amor primero: ¡Ay! de tu luz en tanto yo viviere [285] Quedará un rayo en mí, blanco lucero, Que iluminaste con tu luz querida La dorada mañana de mi vida.
Que yo como una flor que en la mañana Abre su cáliz al naciente día, [290] ¡Ay! al amor abrí tu alma temprana, Y exalté tu inocente fantasía: Yo inocente también: ¡oh! ¡cuán ufana Al porvenir mi mente sonreía, Y en alas de mi amor con cuánto anhelo [295] Pensé contigo remontarme al cielo!
Y alegre, audaz, ansioso, enamorado, En tus brazos en lánguido abandono, De glorias y deleites rodeado, Levantar para ti soñé yo un trono: [300] Y allí, tú venturosa y yo a tu lado, Vencer del mundo el implacable encono, Y en un tiempo sin horas y medida Ver como un sueño resbalar la vida.
¡Pobre Teresa! Cuando ya tus ojos [305] Áridos ni una lágrima brotaban, Cuando ya su color tus labios rojos En cárdenos matices cambïaban, Cuando de tu dolor tristes despojos La vida y su ilusión te abandonaban, [310] Y consumía lenta calentura Tu corazón al par de tu amargura,
Si en tu penosa y última agonía Volviste a lo pasado el pensamiento, Si comparaste a tu existencia un día [315] Tu triste soledad y tu aislamiento; Si arrojó a tu dolor tu fantasía Tus hijos ¡ay! en tu postrer momento, A otra mujer tal vez acariciando, Madre tal vez a otra mujer llamando, [320]
Si el cuadro de tus breves glorias viste Pasar como fantástica quimera, Y si la voz de tu conciencia oíste Dentro de ti gritándote severa, Si, en fin, entonces tú llorar quisiste, [325] Y no brotó una lágrima siquiera Tu seco corazón, y a Dios llamaste, Y no te escuchó Dios, y blasfemaste,
¡Oh! ¡crüel! ¡muy crüel! ¡martirio horrendo! ¡Espantosa expiación de tu pecado! [330] ¡Sobre un lecho de espinas maldiciendo, Morir el corazón desesperado! ¡Tus mismas manos de dolor mordiendo, Presente a tu conciencia lo pasado, Buscando en vano con los ojos fijos, [335] Y extendiendo tus brazos a tus hijos!!
¡Oh! ¡crüel! ¡muy crüel!... ¡Ah! yo entre tanto, Dentro del pecho mi dolor oculto, Enjugo de mis párpados el llanto Y doy al mundo el exigido culto: [340] Yo escondo con vergüenza mi quebranto, Mi propia pena con mi risa insulto, Y me divierto en arrancar del pecho Mi mismo corazón pedazos hecho.
Gocemos, sí; la cristalina esfera [345] Gira bañada en luz: ¡bella es la vida! ¿Quién a parar alcanza la carrera Del mundo hermoso que al placer convida? Brilla radiante el sol, la primavera Los campos pinta en la estación florida: [350] Truéquese en risa mi dolor profundo.... ¡Que haya un cadáver más! ¿Qué importa al mundo?
NOTES
EL ESTUDIANTE DE SALAMANCA