Chapter 1 of 4 · 3997 words · ~20 min read

Part 1

NOTA DE TRANSCRIPCIÓN

* Las cursivas se muestran entre _subrayados_ y las versalitas se han convertido a MAYÚSCULAS.

* Los errores de imprenta han sido corregidos.

* La ortografía del texto original ha sido modernizada de acuerdo con las normas publicadas en 2010 por la Real Academia Española.

* Las páginas en blanco han sido eliminadas.

LA ARLESIANA

ALFONSO DAUDET

LA ARLESIANA

DRAMA EN TRES ACTOS Y CINCO CUADROS

TRADUCIDO AL CASTELLANO POR R. A. Silva y Martínez.

MADRID — 1907

ES PROPIEDAD.—Reservados todos los derechos que conceden la Ley de 10 de enero de 1879, el Reglamento de 5 de septiembre de 1880, el Convenio de 9 de septiembre de 1886 y demás leyes y tratados internacionales vigentes.

Imp. Bernardo Rodríguez, Barquillo, 8, Madrid.

PERSONAJES

BALTASAR. FEDERICO. EL PATRÓN MARCOS. FRANCISCO SAMAY. MITIFIO. LA TRIPULACIÓN. UN MOZO DE LABRANZA. ROSA SAMAY. REINALDA. EL INOCENTE. VIVETA. UNA CRIADA.

LA ARLESIANA

ACTO PRIMERO

CUADRO PRIMERO

La granja de Castelet.

Un patio, en el fondo del cual hay una puerta cochera que da salida a un camino con altos y polvorientos árboles, detrás de los que se ve el Ródano. — A la izquierda, la granja, con una casa que forma rincón en el fondo. — Es una hermosa granja, muy antigua, de aspecto señorial. — Da acceso a ella una escalera de piedra con balaustrada de viejo hierro forjado. — Sobre el edificio del fondo hay una torrecilla que sirve de granero, y en cuya parte alta, junto al friso, se ve un postigo, con una polea y varios haces de heno. — En la pare inferior del edificio, la bodega; puerta ojival y baja. — A la derecha del patio, dependencias, porche y cochera. — Algo adelante, el pozo de brocal bajo, cubierto de mampostería blanca, adornada con guirnaldas de vid silvestre. — Esparcidos por el patio, un rastrillo, una reja de arado y una gran rueda de carreta.

ESCENA PRIMERA

FRANCISCO SAMAY, BALTASAR, EL INOCENTE; _después_ ROSA SAMAY.

El pastor Baltasar está sentado, con una pipa corta en la boca, sobre el brocal del pozo. — El Inocente, en el suelo, apoyando la cabeza en las rodillas del pastor. — Francisco Samay delante de ellos, con un manojo de llaves en una mano y un gran cesto de botellas en la otra.

FRANCISCO SAMAY

Conque, mi viejo Baltasar, ¿qué dices de esto? ¡Hay novedades en Castelet!

BALTASAR, con la pipa entre los dientes.

Me parece...

FRANCISCO SAMAY, bajando la voz y echando una mirada a la granja.

¡Vaya! Escucha. Rosa no quería que te hablase de ello antes de que se hubiese acabado todo; pero, ¡tanto peor!... Entre tú y yo no puede haber secretos.

EL INOCENTE, con voz doliente, un poco distraído.

Di, pastor...

FRANCISCO SAMAY

Además, como tú comprendes, en un asunto de esa importancia no me parecía mal tomar el consejo de otro más viejo que yo.

EL INOCENTE

Di, pastor, ¿qué le hizo el lobo a la cabra del señor Seguí?

FRANCISCO SAMAY

Ten paciencia, Inocente. Baltasar te acabará el cuento en seguida... ¡Toma! Juega con las llaves. (_El Inocente toma el manojo de llaves y lo agita, riéndose. Francisco, acercándose a Baltasar:_) Francamente, amigo, ¿qué opinas de esta boda?

BALTASAR

¿Qué quieres que opine, mi buen Francisco? En primer lugar, que es tu voluntad y la de tu nuera; también es la mía... por fuerza...

FRANCISCO SAMAY

¿Por fuerza?... ¿Por qué?

BALTASAR, sentenciosamente.

Cuando los amos tocan el violín, bailan los criados.

FRANCISCO SAMAY, sonriéndose.

Y tú no me pareces muy dispuesto a bailar... (_Sentándose sobre el cesto._) Vamos a ver, ¿qué pasa? ¿Es que no te gusta eso?

BALTASAR

¡Psch!... Pues... no.

FRANCISCO SAMAY

¿Y el motivo?...

BALTASAR

Motivos, tengo varios. Primero, creo que vuestro Federico es muy joven, y que os dais demasiada prisa para casarle...

FRANCISCO SAMAY

¡Pero, hombre de Dios, si quien tiene prisa es él, nosotros no! Si te digo que está loco con su arlesiana; desde hace tres meses que se ven, no duerme, no come. Parece que esa niña le ha dado una fiebre de amor... Y después de todo, ¡qué! El chico tiene veinte años cumplidos y se desespera por hacer uso de ellos.

BALTASAR, sacudiendo la pipa.

¡Entonces, si habíais de casarle, debíais haberle buscado en los alrededores una buena ama de casa, bien surtida de hilo y de agujas; una joven bonita y hacendosa, que supiese hacer una colada, recoger la aceituna; una mujer del campo, en fin!...

FRANCISCO SAMAY

¡Ah! De seguro que una hija de esta tierra hubiera convenido más...

BALTASAR

Gracias a Dios, no es eso lo que falta en Camarga... ¡Toma!... Sin ir más lejos, la ahijada de Rosa, esa Viveta que veo rondar por aquí en tiempo de siega... Una mujer como esa necesitaba él...

FRANCISCO SAMAY

Sí, sí..., pero ¡qué le vamos a hacer..., si él ha querido tener una de la ciudad!

BALTASAR

Ahí está el mal... En nuestros tiempos, el padre era quien decía: «Quiero.» Hoy lo dicen los hijos. Tú has educado el tuyo a la nueva usanza; veremos si has acertado.

FRANCISCO SAMAY

La verdad es que a ese chico se le ha dejado hacer todo cuanto le daba la gana, y quizás algo más de lo que convenía. Pero ¿quién tiene la culpa?... Quince años hace que murió el padre (¡maldita sea...!), y ni Rosa ni yo podíamos sustituirle. Una madre, un abuelo, tienen la mano demasiado blanda para dirigir a los niños. Y, además, ¿qué quieres?, no teniendo más que uno, somos más débiles con él. Y nosotros puede decirse que solo tenemos ese, puesto que su hermano... (_Señala al Inocente._)

EL INOCENTE, meneando el manojo de llaves, que acaba de abrillantar con la blusa.

Abuelo, mira tus llaves, cómo relucen...

FRANCISCO SAMAY, mirándole enternecido.

¡Catorce años por la Candelaria!... ¡Si esto no es para dar lástima!... Sí, sí, hijito mío.

BALTASAR, levantándose de repente.

Al menos, ¿conocéis bien a esa arlesiana? ¿Sabéis exactamente a quien tomáis?...

FRANCISCO SAMAY

¡Oh! En cuanto a eso...

BALTASAR, paseándose de un lado a otro.

Mira, ten cuidado, que en esas condenadas de ciudades no pasa lo que aquí. Aquí todos nos conocemos. Vivimos a la pata llana, nos vemos venir de lejos; mientras que allá...

FRANCISCO SAMAY

No te apures; he tomado mis precauciones. Tenemos en Arlés al hermano de Rosa...

BALTASAR

¿Al patrón Marcos?...

FRANCISCO SAMAY

Al mismo. Antes de pedirla, le envié por escrito el nombre de la señorita, y le encargué que buscase informes; ya sabes que tiene buen ojo...

BALTASAR, sarcásticamente.

Pero no para matar gallinetas.

FRANCISCO SAMAY, riéndose.

El caso es que el buen muchacho no suele estar afortunado cuando viene a cazar al pantano... Pero, ¿qué más da?, es hombre listo y a quien no se le traba la lengua cuando habla con los señoritos... Treinta años hace que pertenece a la marina de Arlés; conoce a todos los de la ciudad, y según lo que nos diga...

ROSA SAMAY, en la granja.

¡Oiga, abuelo! ¿Y el moscatel?

FRANCISCO SAMAY

Ya voy, ya voy, Rosa... Dame pronto las llaves, hijito... (_A Rosa, que sale al balcón:_) Este Baltasar no acaba de hablar nunca... (_A Baltasar:_) ¡Chist!...

ROSA

¡Cómo! ¿Está ahí también el pastor?... ¿Las ovejas se guardan ahora a sí mismas?...

BALTASAR, alzando un poco su gran sombrero.

Las ovejas no salen, mi ama. Los esquiladores han llegado esta mañana.

ROSA

¡Tan pronto!...

BALTASAR

Claro..., como que estamos a primero de mayo... Antes de quince días estaré en el monte...

FRANCISCO SAMAY, abriendo la puerta de la bodega.

¡Vaya, vaya!... Bien pudiera suceder que su partida se retrasase este año... ¿No es verdad, Rosa?

ROSA

¿Quiere usted callar, hablador, e ir en seguida por el moscatel?... La gente va a llegar antes de que usted haya sacado una sola botella...

FRANCISCO SAMAY

Allá voy... (_Baja a la bodega._)

ROSA

¿Tendrás cuidado del niño, Baltasar?...

BALTASAR, volviendo a ocupar su sitio sobre el pozo.

Sí, sí... Descuide, mi ama...

ESCENA II

BALTASAR, EL INOCENTE.

BALTASAR

¡Pobre Inocente! Quisiera saber quién se ocupa de él cuando yo no estoy aquí... No piensan más que en el otro...

EL INOCENTE, impacientado.

¡Vaya, cuéntame lo que le hizo el lobo a la cabra del señor Seguí!...

BALTASAR

¡Calla!... Es verdad... Si no hemos acabado el cuento... A ver, ¿en qué estábamos?

EL INOCENTE

Estábamos en... «Y entonces...».

BALTASAR

¡Caramba! Es que hay muchos «y entonces» en nuestro cuento... Vamos a ver... Y entonces... ¡Ah, ya caigo!... Y entonces la cabrita oyó moverse las hojas detrás de ella, y en lo oscuro, al volverse, vio dos orejas tiesecitas y dos ojazos que brillaban. Era el lobo...

EL INOCENTE, estremeciéndose.

¡Oh!...

BALTASAR

Como demasiado sabía que se la comería, el lobo no se daba prisa... Para eso han nacido los lobos: para comerse a las cabritas... Sino que cuando se volvió, dijo el lobo, con sonrisa de malvado: «¡Hola, hola! ¡La cabrita del señor Seguí!...»; y paseaba su lenguaza de fuego sobre el belfo color de yesca. La cabra sabía también que el lobo había de comérsela; pero, así y todo, se defendió; ¡como que era una valiente la cabra del señor Seguí!... Luchó toda la noche, hijo mío, toda la noche... Luego despuntó el alba. Cantó un gallo abajo, allá en el valle. «¡Gracias a Dios!», dijo la cabrita, que solo esperaba el día para morir, y extendiose por tierra sobre su blanco vellón bañado en sangre. Entonces el lobo se arrojó sobre ella y se la comió.

EL INOCENTE

Bien podía haberse dejado comer en seguida; ¿no es verdad?

BALTASAR, sonriendo.

¡Mira el Inocente, cómo se hace cargo de las cosas!...

ESCENA III

LOS MISMOS, VIVETA.

VIVETA, entrando por el foro con un paquete debajo del brazo y una cestita en la mano.

Dios le guarde, tío Baltasar...

BALTASAR

¡Hola, Viveta!... ¿De dónde vienes, pequeña, cargada como una abeja?

VIVETA

Vengo de San Luis en el barco del Ródano... ¿Aquí están todos buenos? ¿Y nuestro Inocente?... (_Inclinándose para besarle._) Buenos días.

EL INOCENTE, balando.

«¡Be, be!...». La cabra.

VIVETA

¿Qué dice?

BALTASAR

¡Psch! Un cuento muy bonito que acabamos de contar: la cabra del señor Seguí que riñó toda la noche con el lobo.

EL INOCENTE

Y luego, por la mañana, se la comió el lobo.

VIVETA

¡Ah! Ese es nuevo; no lo conocía.

BALTASAR

Lo inventé el verano pasado... Por las noches, en el monte, cuando estoy solo guardando el ganado a la luz de las estrellas, me entretengo en prepararle cuentos para el invierno... Es lo único que le divierte algo.

EL INOCENTE

«¡Hu, hu!...». El lobo.

VIVETA, de rodillas, junto al Inocente.

¡Qué lástima! Un niño tan bonito... ¿No se curará nunca?

BALTASAR

Todos dicen que no; pero no es lo que yo pienso... Sobre todo desde hace algún tiempo, me parece que pasa algo en su cabecita, como en el capullo del gusano de seda cuando la mariposa quiere salir. ¡Este niño despierta! ¡Estoy seguro de que despierta!...

VIVETA

Sería una dicha que sucediera semejante cosa.

BALTASAR, pensativo.

¡Una dicha! ¡Según!... Tener un inocente es la salvación de la casa. Ya ves, desde hace quince años que nació este Inocente, ni una sola de nuestras ovejas ha enfermado, ni tampoco las moreras, ni las viñas..., nada...

VIVETA

Verdad es...

BALTASAR

No cabe duda, a él le debemos todo eso. Y si alguna vez despertase, sería preciso que estos tuviesen cuidado. Su estrella podría cambiar.

EL INOCENTE, procurando abrir el cesto de Viveta.

¡Tengo gana!

VIVETA, riéndose.

¡Vamos! En cuanto a la golosina, me parece que está casi del todo despierto... ¡Mire usted el tunante! Ha olido que ahí dentro viene algo para él... Una magnífica torta de anís que la abuela Reinalda ha hecho precisamente para su Inocentito.

BALTASAR, con interés

Chica, ¿está buena la Reinalda?

VIVETA

No anda mal, tío, para su mucha edad.

BALTASAR

Tendrás siempre buen cuidado de ella, ¿eh?

VIVETA

¡Oh! ¡Puede usted creerlo!... La pobre ancianita que solo me tiene a mí...

BALTASAR

¡Ya, ya!... Y cuando estás trabajando fuera de casa todo el día y queda sola, ¿qué pasa?...

VIVETA

Casi siempre la llevo conmigo. Así, el mes pasado, cuando fui a Montalbán a coger la aceituna, vino conmigo...; pero a Castelet nunca ha querido. Sin embargo, aquí todos nos tienen afecto.

BALTASAR

Quizás está demasiado lejos para ella.

VIVETA

¡Oh! Todavía tiene buenas piernas. ¡Vamos..., si usted la viese andar!... ¿Hace mucho tiempo que no se han visto ustedes, tío Baltasar?....

BALTASAR, con trabajo.

¡Oh! Sí... ¡Mucho tiempo!

EL INOCENTE

Tengo gana... Dame la torta...

VIVETA

No..., ahora no.

EL INOCENTE

Sí, sí... Quiero torta... Si no, le diré a Federico...

VIVETA, turbada.

¿Qué?... ¿Qué le dirás a Federico?...

EL INOCENTE

Le contaré que una vez has dado un beso a su retrato, allá arriba, en el cuarto grande.

BALTASAR

¡Anda, anda, anda!

VIVETA, colorada como una cereza.

No lo vaya usted a creer...

BALTASAR, riéndose.

Si le digo a usted que este chico se va despertando.

ESCENA IV

LOS MISMOS, ROSA SAMAY.

ROSA

¿Nadie aún?...

BALTASAR

Sí, ama..., aquí hay gente.

VIVETA

Buenos días, madrina.

ROSA, sorprendida.

¿Eres tú?... ¿Qué te trae por aquí?...

VIVETA

Pues vengo, madrina, como todos los años, a lo de los gusanos de seda.

ROSA

Es verdad; no me acordaba... Desde esta mañana no sé dónde tengo la cabeza... Baltasar, echa un vistazo al camino, a ver si ves algo. (_Baltasar se dirige al foro. El Inocente coge el cesto y escapa a la torrecilla._)

VIVETA

¿Espera usted a alguien, madrina?

ROSA

Sí... El mayor hace dos horas que ha salido con la tartana para ir al encuentro de su tío.

BALTASAR, desde el foro.

Nadie... (_Observa que el Inocente ha desaparecido y entra en la torrecilla._)

ROSA

¡Dios mío! ¡Dios mío! Con tal de que no haya pasado nada...

VIVETA

¿Qué quiere usted que le pase? Los caminos no están muy buenos, pero Federico los ha recorrido tantas veces...

ROSA

¡Oh! No es eso... Es que me temo que el patrón Marcos haya traído malas noticias; que aquella familia no sea la que quisiéramos...

VIVETA

¿Qué familia?

ROSA

¡Es que le conozco bien a ese chico!... Si la boda no pudiera celebrarse, ahora que se le ha metido en la cabeza...

VIVETA

¿Va a casarse Federico?...

EL INOCENTE, sentado arriba, junto al friso, en el alféizar del postigo.

¡Be..., be...!

ROSA

¡Jesús, el Inocente... allá arriba...! ¿Quieres bajar, condenado?...

BALTASAR, desde el granero.

No tenga usted cuidado, ama, aquí estoy... (_Coge al niño y entra en el granero._)

ROSA

¡Oh! Ese granero me hace temblar cuando le veo abierto... Te parece a ti, si uno cayera desde arriba sobre estas losas... (_Ciérrase la ventana del granero._)

VIVETA

¿Decía usted, madrina, que Federico va a casarse?

ROSA

Sí... ¡Que pálida estás!... Tú también has tenido miedo, ¿eh?

VIVETA, sofocada.

Y... ¿con quién... se casa?

ROSA

Con una joven de Arlés... Se vieron aquí un domingo en que se corrían toros, y desde entonces no ha pensado más que en ella.

VIVETA

Dícese que son muy bonitas las mujeres de esa tierra.

ROSA

Y también coquetas... Pero, ¿qué quieres? Los hombres prefieren eso...

VIVETA, muy conmovida.

Entonces... ¿es cosa resuelta?...

ROSA

No del todo... Los novios están conformes, pero la petición está todavía por hacer... Todo depende de lo que nos diga el patrón Marcos... Por eso, si hubieras visto a Federico hace un momento, cuando salió al encuentro de su tío... Le temblaban las manos al aparejar... Y aun yo, desde entonces, estoy como aturdida... ¡Le quiero tanto a mi Federico! ¡Sin él no podría vivir! Figúrate, Viveta: es más que un hijo para mí. Conforme va haciéndose hombre, me recuerda más a su padre... Aquel esposo a quien tanto amé, a quien perdí tan pronto, me lo devuelve mi hijo al crecer... Es el mismo modo de hablar, de mirar... ¡Oh! Escucha: cuando veo a ese muchacho ir y venir por la granja, me produce una impresión que no puedo describir. Me parece que no soy tan viuda... ¡Y además, no sé, hay tantas cosas entre nosotros, nuestros corazones palpitan tan al unísono!... ¡Mira! Toca el mío, repara cuán de prisa late. Diríase que yo también tengo veinte años y que es mi boda la que va a resolverse.

FEDERICO, desde fuera.

¡Madre!

ROSA

¡Ahí está!...

ESCENA V

LOS MISMOS, FEDERICO; _luego_ BALTASAR Y EL INOCENTE.

FEDERICO, entra corriendo.

Madre, todo va bien... Dame un beso... ¡Oh, qué felicidad!

TODOS

¿Y tu tío?

FEDERICO

Allá viene... Ya baja de la tartana... ¡Pobre señor! Le he traído tan de prisa... Estará reventado.

ROSA, riéndose.

¡Oh, qué malo eres!

FEDERICO

Ya comprenderás... me moría por traértela buena noticia... Dame otro beso...

ROSA

¿La quieres mucho a tu arlesiana?...

FEDERICO

¡Que si la quiero!...

ROSA

¿Más que a mí?...

FEDERICO

¡Oh, madre mía!... (_Cogiendo por el brazo a su madre._) ¡Vamos a ver al tío! (_Se alejan por el foro._)

VIVETA, en la parte anterior del escenario.

Ni siquiera me ha mirado.

BALTASAR, acercándose con el Inocente.

¿Qué te pasa, muchacha?...

VIVETA, recogiendo su paquete.

¿A mí?... Nada... El calor..., el barco..., el... ¡Oh! ¡Oh, Dios mío!...

EL INOCENTE

No llores, Viveta... No le diré nada a Federico...

BALTASAR

Unos ríen y otros lloran: esta es la vida.

FEDERICO, en el foro, agitando su sombrero.

¡Viva el patrón Marcos!

ESCENA VI

LOS MISMOS, EL PATRÓN MARCOS; _luego_ FRANCISCO SAMAY.

EL PATRÓN MARCOS

En primer lugar, ya no hay patrón Marcos. Soy desde este año capitán de cabotaje con certificados, diplomas y toda la pesca... Conque, muchacho, si no se te hace muy cuesta arriba, llámame capitán... (_Con las manos en los costados._) Y guía la tartana con más suavidad.

FEDERICO

Sí, capitán.

EL PATRÓN MARCOS

Perfectamente. (_A Rosa:_) Buenas tardes, Rosa. (_Le da un beso. Viendo a Baltasar:_) ¡Hola! Aquí está el tío Estrellas.

BALTASAR

Salud, salud, marinero.

EL PATRÓN MARCOS

¿Qué es eso de marinero? ¿No acabo de decir?...

FRANCISCO SAMAY, llegando.

¡Bueno! ¿Qué noticias tenemos?

EL PATRÓN MARCOS

Las noticias, señor Francisco, son que va a ser preciso que se ponga usted sus trapitos de solemnidad y marche a escape a la ciudad para hacer la petición. Le esperan a usted...

FRANCISCO SAMAY

Entonces, ¿son buena gente?...

EL PATRÓN MARCOS

Lo mejorcito que hay... ¡Excelentes, simpáticos, como usted y yo..., y unas limonadas!...

ROSA.

¡Cómo! ¿Limonadas?...

EL PATRÓN MARCOS

¡Oh! Divinas... las hace la madre... Una receta familiar... Nunca he bebido cosa igual...

ROSA

¿Pero has estado en su casa?

EL PATRÓN MARCOS

¡Pues no! Ya puedes suponer que en semejante ocasión no debe uno fiarse más que de sí mismo... (_Señalando a sus ojos._) ¡No hay informes que valgan lo que dos buenos anteojos de marina como estos!

FRANCISCO SAMAY

¿De manera que estás satisfecho?...

EL PATRÓN MARCOS

Podéis fiaros de mí... El padre, la madre, la hija... son oro en paño, como sus limonadas...

FRANCISCO SAMAY, a Baltasar, con ademán triunfante.

¿Eh?... ¿Lo ves?...

EL PATRÓN MARCOS

Y ahora me figuro que despacharéis esto en seguida.

FEDERICO

Así lo espero.

EL PATRÓN MARCOS

Por de pronto, yo no me muevo de aquí hasta que la boda se haya celebrado. Dejó a la _Bella Arsenia_ en el astillero por quince días; y mientras se templan los violines, iré a decir dos palabras a las gallinetas: ¡Pum! ¡Pum!

BALTASAR, sarcásticamente.

Ya sabes, marinero; si te hace falta uno que te lleve el morral...

EL PATRÓN MARCOS

Gracias, gracias, tío Estrellas... He traído a la tripulación.

ROSA, asustada.

¡La tripulación! ¡Dios mío!...

FEDERICO, riéndose.

No tenga usted cuidado, madre... La tripulación del capitán no es muy numerosa; mire, ahí está...

ESCENA VII

LOS MISMOS, UN VIEJO MARINERO.

Entra gruñendo sordamente, y saluda a derecha y a izquierda. Viene sudando y cargado de escopetas, morrales y grandes botas altas.

EL PATRÓN MARCOS

No está ahí toda la tripulación. Tenemos también un grumete; pero se ha quedado en Arlés para vigilar las reparaciones. Acércate, acércate, marinero; ya saludarás el domingo... ¿Te has traído las botas y la escopeta?

LA TRIPULACIÓN

Sí, patrón.

EL PATRÓN, fuera de sí, en voz baja.

¡Pero animal, llámame capitán!

LA TRIPULACIÓN

Sí, patr...

EL PATRÓN MARCOS

¡Bueno! Mete todo eso allá dentro. (_El marinero entra en la granja._) No es muy despierto, pero es un lobo de mar.

FRANCISCO SAMAY

Oye, Rosa, parece que la tripulación tiene mucha sed.

EL PATRÓN

¡Y también el capitán!... Dos horas cabeceando, al sol, en esa maldita tartana.

ROSA

¡Bien! Entremos... Precisamente el abuelo acaba de abrir un barril de moscatel en tu honor.

EL PATRÓN

¡Que rico es el moscatel de Castelet!... Con eso, y las limonadas de la señorita, vais a hacer una buena bodega. (_Cogiendo del brazo a Federico._) Ven acá, muchacho; vamos a beber a la salud de tu novia.

ESCENA VIII

BALTASAR; _después_ EL POTRERO.

BALTASAR

¡Pobre Viveta!... Ya tiene luto para toda la vida... ¡Amar en silencio y sufrir!... Esta será su estrella, como la de su abuela... (_Enciende la pipa. Silencio prolongado. Al levantar la cabeza, ve al Potrero, de pie en el dintel del portalón, con su látigo corto al cuello, la chaqueta a la espalda y el zurrón de cuero en la cintura._) ¡Anda!... ¿Qué querrá ese?

EL POTRERO, adelantándose.

Pastor, es esto Castelet, ¿verdad?

BALTASAR

Me parece.

EL POTRERO

¿Está el amo?...

BALTASAR, señalando a la granja.

¡Entra!... Están en el comedor.

EL POTRERO, con viveza.

¡No, no!... No quiero entrar... Llámele.

BALTASAR, mirándole con curiosidad.

¡Calla!... ¡Es raro! (_Llama._) ¡Francisco!... ¡Francisco!...

FRANCISCO SAMAY, desde la puerta.

¿Qué hay?

BALTASAR

Ven... Aquí hay un hombre que quiere hablarte.

ESCENA IX

LOS MISMOS, FRANCISCO SAMAY.

FRANCISCO SAMAY, acercándose precipitadamente.

¡Un hombre! ¿Por qué no pasa? Amigo, ¿tiene usted miedo de que se le caiga encima el techo?...

EL POTRERO, en voz baja.

Lo que tengo que decirle es solo para usted, señor Francisco.

FRANCISCO SAMAY

¿Por qué tiembla usted?... Hable, ya le escucho. (_Baltasar fuma en un rincón._)

EL POTRERO

Dicen que su nieto de usted se va a casar con una joven de Arlés... ¿Es verdad, señor? (_Óyense en el interior de la casa alegres risotadas y rumor de botellas._)

FRANCISCO SAMAY

En efecto, amigo mío... (_Señalando la granja._) Escuche cómo se ríen allá dentro; estamos bebiendo a la salud de los novios.

EL POTRERO

Entonces, óigame: va usted a entregar su nieto a una miserable, que hace dos años es mi querida. Los padres lo saben todo, y me la habían prometido. Pero desde que la pretende su nieto de usted, ni ellos ni la joven me quieren ya a mí. Pensaba yo, sin embargo, que después de eso no podría ser mujer de otro.

FRANCISCO SAMAY

Eso es terrible... Pero, ¿quién es usted?...

EL POTRERO

Me llamo Mitifio. Guardo caballos allá en el pantano de Faramán. Sus pastores de usted me conocen bien...

FRANCISCO SAMAY, bajando la voz.

¿Pero es cierto lo que usted me dice? Tenga usted cuidado, joven... A veces la pasión, la cólera...

EL POTRERO

Lo que digo, lo demuestro. Cuando no podíamos vernos, me escribía; después, recogió sus cartas, pero pude apartar dos, y aquí las tengo; son de su puño y letra.

FRANCISCO SAMAY, pasando la vista por las cartas.

¡Justo cielo! ¿Qué es esto?...

FEDERICO, desde el interior.

¡Abuelo, abuelo!

EL POTRERO

¿Es una cobardía, verdad, lo que hago?... Pero esa mujer es mía, y quiero conservarla mía, cueste lo que cueste.

FRANCISCO SAMAY, con altivez.

Esté usted tranquilo; no se la vamos a quitar... ¿Puede usted dejarme esas cartas?

EL POTRERO

¡No puedo! Esto es lo único que de ella me queda, y... (_en voz baja, con cólera_) así la tengo en mi poder.

FRANCISCO SAMAY

Me harían mucha falta, sin embargo... El muchacho tiene mucho orgullo; solo con leer esto... se curaría su pasión.

EL POTRERO

¡Bueno! Sea: guárdelas usted, señor... Confío en su palabra... Su pastor me conoce y me las devolverá.

FRANCISCO SAMAY

Convenido.

EL POTRERO

Adiós. (_Se dispone a salir._)

FRANCISCO SAMAY