Part 1
NOTA DE TRANSCRIPCIÓN
* Las cursivas se muestran entre _subrayados_ y las versalitas se han convertido a MAYÚSCULAS.
* Los errores de imprenta han sido corregidos.
* La ortografía del texto original ha sido modernizada de acuerdo con las normas publicadas en 2010 por la Real Academia Española.
* Las páginas en blanco han sido eliminadas.
COLECCIÓN UNIVERSAL
Agustín Moreto EL LINDO DON DIEGO COMEDIA
MCMXX
ES PROPIEDAD Copyright by Calpe, 1920.
Papel fabricado especialmente por LA PAPELERA ESPAÑOLA.
COLECCIÓN UNIVERSAL
AGUSTÍN MORETO El lindo don Diego COMEDIA
[Ilustración]
MADRID-BARCELONA MCMXX
«Tipográfica Renovación» (C. A.), Larra, 8.—MADRID.
Nació don Agustín Moreto y Cavaña en Madrid, en 1618. Hijo de padres ricos, dedicados, según parece, al comercio de prendería; estudió en la Universidad de Alcalá, obteniendo en ella el grado de licenciado en Artes. Luego tomó las órdenes menores, y consiguió un beneficio, sobre el cual sostuvo pleito, que terminó en avenencia. Residió de continuo en Madrid entre 1642-1656, época en que comienza a darse a conocer como escritor de comedias. Entró al servicio del arzobispo de Toledo, don Baltasar de Moscoso, quien le hizo director del hospital del Refugio o de San Nicolás. Allí tenía Moreto habitación; en ella murió en 1669.
Su obra, como su vida, fue tranquila y reposada, sin grandes tumultos de imaginación; pero sobresale por la exquisitez, la distinción, la tersura de las comedias que compuso. Su versificación es suelta, y sin violencia se deslizan sus versos, en el tono llano del diálogo vivido.
Ocupa Moreto un lugar preeminente entre los dramaturgos españoles, sobre todo por su arte de dibujar caracteres y de combinar hábilmente las intrigas con naturalidad, sin artificio ni violencia.
Ha sido Moreto acusado con frecuencia de plagiario. Se citan comedias suyas cuya idea y argumento provienen de otras obras anteriores. Pero sobre este punto precisa entenderse. No hay, acaso, ni uno solo de nuestros grandes comediógrafos que no haya tomado a manos llenas del cercado ajeno cuando así le convenía. Este hecho, ¿constituye plagio? ¿No recibe el asunto al ser tratado de nuevo un sentido original, una nueva interpretación, un aliento artístico inédito? ¿Puede decirse que Racine haya plagiado a Eurípides, o Virgilio a Homero? Si comparamos las mejores comedias de Moreto —_El lindo don Diego_ y _El desdén con el desdén_— con las que se citan de Guillén de Castro, de Tirso, de Lope, como fuentes en donde Moreto ha bebido, advertimos al instante la enorme superioridad de este sobre sus modelos. Ha tomado el asunto, pero resulta él ahora más verdaderamente creador que los que concibieron la primera idea. Conviene en literatura, antes de acusar a nadie de plagio, estimar justamente el valor de la sugestión recibida y de la realización propia original.
Las mejores comedias de Moreto son, además de las citadas, _El parecido en la corte_, _El caballero_, _Yo por vos y vos por otro_, _Trampa adelante_. Escribió muchas más, de inferior estimación.
EL LINDO DON DIEGO
PERSONAS
DON TELLO, _viejo_. DON JUAN. DOÑA INÉS. DOÑA LEONOR. MOSQUITO, _gracioso_. BEATRIZ, _criada_. DON DIEGO. DON MENDO. LOPE, _criado_. MARTÍN, _criado_.
JORNADA PRIMERA
Sala en casa de don Tello.
ESCENA PRIMERA
Sale don Tello, viejo, y don Juan, galán.
DON TELLO
Quiera Dios, señor don Juan, que volváis muy felizmente.
DON JUAN
Breves los días de ausente, señor don Tello, serán; pues llegar de aquí a Granada ha de ser mi detención.
DON TELLO
La precisa ocupación de ser hora señalada esta de estar esperando dos sobrinos, que han venido de Burgos, la causa ha sido de no iros acompañando hasta salir de Madrid; que mi amistad no sufriera, si este empeño no tuviera, dejar de hacerlo.
DON JUAN
Asistid, señor don Tello, a un empeño tan de vuestra obligación; que yo estimo la atención.
DON TELLO
Vos de la mía sois dueño; que el hacer juntos pasaje los dos de Méjico a España, hace amistad tan extraña, que el cariño de un viaje casi es deudo; y más ahora, que mi obligación confiesa favor tanto a la condesa, vuestra prima y mi señora. Y pues ha de ser tan breve vuestra ausencia, hasta volver, las bodas no se han de hacer.
DON JUAN
¿Qué bodas?
DON TELLO
De todo debe daros cuenta mi atención. Los dos sobrinos que espero con mis hijas casar quiero.
DON JUAN
(_Aparte_). ¡Cielos! ¿Qué escucho?—
DON TELLO
Ellos son don Mendo y don Diego. A Mendo, hijo de hermana menor, le quiero dar a Leonor; y a Inés, en quien yo pretendo fundar de mi honor la basa, para don Diego la elijo, porque de mi hermano es hijo y cabeza de mi casa. Su gala y su bizarría es cosa de admiración; de Burgos es el blasón.
DON JUAN
(_Aparte_). ¡Ay de la esperanza mía! ¡Ay, Inés, qué bien se advierte que, de traición prevenida, me has encubierto esta herida para lograrme esta muerte!
DON TELLO
¿Qué decís, don Juan?
DON JUAN
Que apruebo vuestros justos regocijos.
DON TELLO
Voy a esperar a mis hijos, que ya este nombre les debo. Adiós, don Juan.
DON JUAN
Él os guarde.
DON TELLO
Y a vos os vuelva con bien. (_Vase_).
ESCENA II
Don Juan.
DON JUAN
Amor, el golpe detén, que contra la vida es tarde. Ya con tan cruel herida mi amor no puede vivir; pues ¿qué falta por morir, si era amor toda mi vida? ¡Ay, fe muerta a una mudanza! ¿Cómo pudo, aunque se ve, ser tan segura una fe puesta en tan falsa esperanza? ¡Ah, Inés! ¿Para mi partida me reservaste este daño? Pero ¿cuándo un desengaño no viene a la despedida? Pues diré a voces aquí mis ansias y mis desvelos, y me quejaré a los cielos para quejarme de ti. Culpen, pues, tu tiranía sus luces y sus estrellas; pero ¿qué han de culpar ellas, si entre ellas está la mía?
ESCENA III
Sale Doña Inés.
DOÑA INÉS
Don Juan, ¿qué es esto? ¿Tú voces, tú quejas y tú suspiros, cuando de tu ausencia está tan cercano mi peligro? Esperando que se fuese mi padre, me dio el aviso tu voz de que estabas solo; y cuando salgo, te miro triste, enojado y quejoso. ¿Qué ha sido la causa? Dilo, señor; que es cruel la duda.
DON JUAN
Pues ¿tú, ingrato dueño mío, por la causa me preguntas? ¿Tú, que eres della el principio, dudas la razón que tengo para llorar tus desvíos? No has de preguntar la causa, sino si yo lo he sabido; y entonces te respondiera mi amor, aunque muerto, fino, que ya he sabido tu engaño, que ya tu traición he visto; y que mi loca esperanza fue de viento, y la deshizo el viento que la formaba, como luz de rayos tibios, que de un suspiro se enciende y muere de otro suspiro.
DOÑA INÉS
Don Juan, señor, ¿con quién hablas? Que de tan bastardo estilo no puedo ser el sujeto. ¿Tú traición, tú engaño has visto? No sé, por Dios, lo que dices, y turbada te replico; que aunque no tenga razón tu queja, que no averiguo, tu tan horroroso estruendo, para turbar basta el ruido.
DON JUAN
¿No tiene razón mi queja? ¡Pluguiera al cielo divino que yo comprara mi engaño a precio de ese delito! Pero mira si la tiene, pues ya supe, dueño esquivo, que estás casada, y tu padre esperando a sus sobrinos, que han de ser los dos dichosos a costa de mi martirio; con Leonor, tu hermana, el uno; y el otro, ¡ay de mí!, contigo. Don Diego, Inés, es tu dueño; claro está que será digno, tanto como por tu sangre, por haberte merecido. Ya halló ocasión tu entereza de disfrazar sus cariños, dando en agrados de esposo envuelto el nombre de primo. De tu elección no me quejo; pero ¿qué triunfo has tenido en que muera de agraviado quien pudo morir de fino? ¿Para qué ha sido engañarme? ¿Para qué alentarme ha sido? Tu rigor...
DOÑA INÉS
Don Juan, detente. ¿Qué don Diego, qué sobrinos, qué casamientos son estos? ¿Quién ese engaño te ha dicho? Porque no solo es engaño, mas ni aun yo de él tengo indicio que llegue a más que saber que son esos dos mis primos, que mi padre hoy los espera, que de Burgos han venido; mas a casarse no sé, si no es que tú hallas camino de que, sin saberlo yo, pueda casarse conmigo.
DON JUAN
Pues ¿esto puede ser falso cuando tu padre lo ha dicho, o, siendo tú su hija, puedes ignorarle este disinio? Yo, Inés, había deseado, reconociendo el estilo de las mujeres, saber si habrá caso tan preciso o tan claro desengaño, donde alguna se haya visto, sin tener qué responder, concluida en su delito. Pero, pues tú hallas en esto a tu disculpa resquicio, de que no le puede haber, me doy, Inés, a partido. Pero, ¡vive Dios!, tirana, que no ha de lograr conmigo tu traición sus agudezas; y si era el intento mío partirme para volver en alas de mi cariño, ha de ser ahora alejarme de tu mentiroso hechizo; tanto, que en mi larga ausencia, llegue a encontrar el olvido. A esto voy, y ¡qué mal voy!; pues si te dejo rendido, a ti te logro el deseo y a mí me doy el castigo. Mas tendré, muriendo, el gozo de saber en mi martirio que eres tú la que me mata, pero yo el que me retiro. No has de lograr la traición, huyendo yo mi peligro, pues por malograrte el rayo voy a morir del aviso.
DOÑA INÉS
Don Juan, señor, oye, espera.
ESCENA IV
Sale Leonor.
DOÑA LEONOR
Inés, hermana, ¿qué miro? ¿Tú descompuesta? ¿Qué es esto?
DOÑA INÉS
Esto es, Leonor, un delirio: decir don Juan que mi padre que estoy casada le ha dicho, y que esposos de las dos vienen a ser nuestros primos.
DOÑA LEONOR
Pues, Inés, dice verdad, porque él ahora me dijo que prevenidas estemos, porque él va por sus sobrinos, que han de ser nuestros esposos; y que por cierto motivo que ha importado a su atención, nos ha callado este aviso.
DOÑA INÉS
¡Ay de mí! Leonor, ¿qué dices, que ya te oigo sin sentido?
DON JUAN
Mira, Inés, si fue verdad mi temor.
DOÑA INÉS
Mas ya has oído cómo pude yo ignorarlo.
DON JUAN
Pues ¿qué importa al temor mío? Erré en culpar tu fineza, mas no en temer mi peligro; ¿cómo se excusa mi muerte, si ya perderte imagino?
DOÑA INÉS
No sé, don Juan; que si es cierto, como en mi mal lo colijo, yo replicar a mi padre podré, mas no resistillo.
DON JUAN
Luego ¿es preciso morir?
DOÑA LEONOR
No, don Juan, no es tan preciso; que en la elección del estado dan fuero humano y divino la proposición al padre y la aceptación al hijo. Las dos, don Juan, nos casamos, aunque él nos busque el marido; que la elección no ha de ser de quien no fuere el peligro. El riesgo de un casamiento, que si se yerra es martirio, ha de ser el escogello de quien se obliga a sufrillo. Siendo esto cierto, ¿qué temes de que él tenga ese disinio? ¿Se ha casado alguna dama con el sí que el padre dijo? Y esto no es darte a entender que podrá nuestro albedrío oponerse a su precepto, porque si él lo ha concluido, no hay resistencia en nosotras; pero, cuando sabe él mismo que nuestras dos voluntades penden solo de su arbitrio, no es posible que una acción, que es tan de nuestro albedrío, la resuelva su decreto sin lograrnos el aviso.
DON JUAN
Pues ¿qué puede ser, Inés, haberme tu padre dicho que ya estáis las dos casadas?
DOÑA INÉS
Tener él ese disinio y queremos proponer para esposos nuestros primos; mas si él ya no lo ha resuelto, como mi hermana te ha dicho, cuanto está en mi voluntad, está, don Juan, sin peligro.
DOÑA LEONOR
Inés, mira que es forzoso que vamos a prevenirnos.
DOÑA INÉS
¡Ay, Leonor! ¿Cómo podremos hallar las dos un camino de parecerlos muy mal?
DOÑA LEONOR
Apelar al artificio; mucho moño y arracadas, valona de cañutillos, mucha color, mucho afeite, mucho lazo, mucho rizo, y verás qué mala estás; porque yo, según me he visto, nunca saco peor cara que con muchos atavíos.
DOÑA INÉS
Tienes buen gusto, Leonora; que es el demasiado aliño confusión de la hermosura y embarazo para el brío.
ESCENA V
Sale Mosquito.
MOSQUITO
¡Jesús, Jesús! Dadme albricias.
DOÑA LEONOR
¿De qué las pides, Mosquito?
MOSQUITO
De haber visto a vuestros novios; que apenas el viejo hoy dijo la sobriniboda, cuando partí como un hipogrifo; fui, vi y vencí mi deseo, y vi vuestro par de primos.
DOÑA LEONOR
Y ¿cómo son?
MOSQUITO
Hombres son.
DOÑA LEONOR
Siempre estás de un humor mismo; pues ¿podían no ser hombres?
MOSQUITO
Bien podían ser borricos; que en trajes de hombre hay hartos.
DOÑA LEONOR
Y ¿cómo te han parecido?
MOSQUITO
El don Mendo —que es el tuyo—, galán, discreto, advertido, cortés, modesto y afable; menos algún revoltillo que se le irá descubriendo con el uso de marido.
DOÑA LEONOR
Si él es tan afable, casado será lo mismo.
MOSQUITO
Eso no, que suelen ser como espadas los maridos, que en la tienda están derechas, y comprándolas sin vicio, en el primer lance salen con más corcova que un cinco.
DOÑA INÉS
¿Y don Diego?
MOSQUITO
Ese es un cuento sin fin, pero con principio; que es lindo el don Diego y tiene más que de Diego de lindo. Él es tan rara persona, que, como se anda vestido, puede en una mojiganga ser figura de capricho. Que él es muy gran marinero se ve en su talle y su brío, porque el arte suyo es arte de marear los sentidos. Tan ajustado se viste, que al andar sale de quicio, porque anda descoyuntado del tormento del vestido. De curioso y aseado tiene bastantes indicios; porque, aunque de traje no, de sangre y bolsa es muy limpio. En el discurso parece ateísta, y lo colijo de que, según él discurre, no espera el día del juicio. A dos palabras que hable le entenderás todo el hilo del talento, que él es necio, pero muy bien entendido. Y porque mejor te informes de quién es y de su estilo, te pintaré la mañana que con él hoy he tenido. Yo entré allá, y le vi en la cama, de la frente al colodrillo ceñido de un tocador, que pensé que era judío. Era el cabello, hecho trenzas, crin de caballo morcillo, aunque la comparación de rocín a ruin ha ido. Con su bigotera puesta estaba el mozo jarifo, como mulo de arriero con jáquima de camino; las manos, en unos guantes de perro, que por aviso del uso de los que da las aforra de su oficio. Deste modo, de la cama salió a vestirse a las cinco, y en ajustarse las ligas llegó a las ocho de un giro. Tomó el peine y el espejo, y en memoria de Narciso le dio las once en la luna; y en daga y espada y tiros, capa, vueltas y valona, dio las dos, y después dijo: «Dios me vuelva a Burgos, donde sin ir a visitas vivo, que para mí es una muerte cuando de priesa me visto. Mozo, ¿dónde habrá ahora misa?». Y el mozo, humilde, le dijo: «A las dos dadas, señor, no hay misa sino en el libro». Y él respondió muy contento: «No importa, que yo he cumplido con hacer la diligencia. Vamos a ver a mi tío». Este es el novio, señora, que de Burgos te ha venido; tal que primero que al novio esperara yo a un novillo.
DOÑA INÉS
¡Ay, don Juan! Con estas nuevas es menos ya el temor mío, pues mi padre no es posible que me entregue a este martirio.
DON JUAN
Inés, por cualquiera parte crece el temor y el peligro; no es nuevo ser tú mi vida, y ya en tus labios la miro.
DOÑA INÉS
Vete, don Juan, que es forzoso ir las dos a prevenirnos.
DON JUAN
Ya no es posible ausentarme.
DOÑA INÉS
Albricias doy al peligro; mas ¿cómo, si de mi padre ya has quedado despedido?
DON JUAN
Fingiré algún embarazo.
DOÑA INÉS
¿Y lograrasme un alivio?
DON JUAN
A eso voy.
DOÑA INÉS
¡Guárdete el cielo!
DON JUAN
Guárdeste tú, que es lo mismo.
MOSQUITO
¡Ah, señor don Juan!
DON JUAN
¿Qué quieres?
MOSQUITO
Tres portes de papelillos, que, a doblón, montan...
DON JUAN
Ve a casa y llevarás un vestido. (_Vase_).
ESCENA VI
Doña Leonor, doña Inés, Mosquito.
MOSQUITO
Pues si él ha de ser llevado, no me le dé usted traído.
DOÑA INÉS
Vamos, Leonor.
MOSQUITO
¡Ah, señora!
DOÑA INÉS
¿Qué dices?
MOSQUITO
Tengo contigo una intercesión y un ruego; y aunque con sol tan divino es osadía, me atrevo a título de Mosquito.
DOÑA INÉS
¿Qué es lo que quieres?
MOSQUITO
Beatriz, después que la has despedido, anda pidiendo limosna.
DOÑA INÉS
Pues si mi padre lo hizo, ¿qué puedo yo remediar?
MOSQUITO
Ese es rigor.
DOÑA INÉS
Mas no mío.
MOSQUITO
Pues pide, dale, que es pobre.
DOÑA INÉS
¿Qué la he de dar?
MOSQUITO
Un recibo, y vuelva a servirte a casa, pues ya llora el pan perdido.
DOÑA INÉS
Espero hoy otra criada.
MOSQUITO
No la llegará al tobillo ninguna de cuantas vengan.
DOÑA INÉS
¿Por qué no?
MOSQUITO
Eso ¿no está visto? Ella es golosa, chismosa, respondona y alza el grito, ventanera, y todo el día gasta en tratar de su aliño. Pues, ¿dónde has de hallar criada que cumpla más con su oficio?
DOÑA INÉS
Porque se ha criado en casa siento haberla despedido; mas como ella, por ahora, quiera estarse en mi retiro sin que la vea mi padre, la recibiré.
MOSQUITO
¡Ah, Dios mío, lo que hace un buen abogado!
DOÑA INÉS
Dila que venga, Mosquito.
DOÑA LEONOR
Y entre sin verla mi padre.
MOSQUITO
¿Y si está aquí?
DOÑA INÉS
Entre contigo. (_Vanse_).
ESCENA VII
Mosquito, Beatriz.
MOSQUITO
Vitoria por mis camisas.— ¡Ah, Beatricilla! (_Sale Beatriz_).
BEATRIZ
¿Qué ha habido?
MOSQUITO
Que estás recibida ya.
BEATRIZ
¿Qué dices?
MOSQUITO
Que Tito Livio no pudo hablar en tu abono como yo de tu servicio. Ponderé aquí tus labores, tu cuidado y tu buen pico, y hace tanto un buen tercero, que te recibió al proviso.[1]
[1] Pronto.
BEATRIZ
Siempre conocí yo en ti tu buena intención, Mosquito.
MOSQUITO
Mira, yo, naturalmente, hablo bien de mis amigos.
BEATRIZ
Seré tuya eternamente.
MOSQUITO
Mas ya que te han recibido, no me des carta de pago.
BEATRIZ
Tú verás si es mi amor fino.
MOSQUITO
Toca esos huesos y vamos.
BEATRIZ
Toco y taño.
MOSQUITO
Salto y brinco.
BEATRIZ
Y ¿esto ha de pasar de aquí?
MOSQUITO
¡No, sino amarnos de vicio!
BEATRIZ
Pues querernos en silencio.
MOSQUITO
No podré, siendo Mosquito.
BEATRIZ
¿Por qué no?
MOSQUITO
Porque los moscos, para picar, hacen ruido. (_Vanse_).
Sala en la posada de don Diego y don Mendo.
ESCENA VIII
Salen dos criados con dos espejos, y don Diego y don Mendo.
DON DIEGO
Poneos los dos enfrente, porque me mire mejor.
DON MENDO
Don Diego, tanto primor es ya estilo impertinente. Si todo el día se asea vuestra prolija porfía, ¿cómo os puede quedar día para que la gente os vea?
DON DIEGO
Don Mendo, vos sois extraño; yo rindo, con salir bien, en una hora que me ven, más que vos en todo el año. Vos, que no tan bien formado os veis como yo me veo, no os tardáis en vuestro aseo, porque es tiempo mal gastado. Mas si veis la perfección que Dios me dio sin tramoya, ¿queréis que trate esta joya con menos estimación? ¿Veis este cuidado vos? Pues es virtud más que aseo, porque siempre que me veo me admiro y alabo a Dios. Al mirarme todo entero, tan bien labrado y pulido, mil veces he presumido que era mi padre tornero. La dama bizarra y bella que rinde el que más regala, la arrastro yo con mi gala; pues dejadme cuidar della. Y vos, que vais a otros fines, vestíos de priesa, yo no, que no me he de vestir yo como frailes a maitines.
DON MENDO
Si lo hacéis con ese fin, ¿qué dama hay que os quiera bien?
DON DIEGO
Cuantas veo, si me ven, porque en viéndome dan fin.
DON MENDO
¡Que lleguéis a imaginar locura tan conocida! ¿Habéis visto en vuestra vida mujer que os venga a buscar?
DON DIEGO
Eso consiste en mis tretas, que yo a las necias no miro; y en las que yo logro el tiro sufren, como son discretas. Y aunque las mueva su fuego a hablar, callarán también, porque ven que mi desdén ha de despreciar su ruego.
DON MENDO
¿Vos desdén? Tema graciosa.
DON DIEGO
Pues ¿queréis que me avasalle, fácil yo, con este talle? No me faltaba otra cosa.
DON MENDO
Mirad que eso es bobería de vuestra imaginación.
DON DIEGO
No paso yo por balcón donde no haga batería;[2] pues al pasar por las rejas donde voy logrando tiros, sordo estoy de los suspiros que me dan por las orejas.
[2] Estragos.
DON MENDO
Vive Dios que eso es manía que tenéis.
DON DIEGO
Mujer sé yo que dos veces se sangró por haberme visto un día.
DON MENDO
Yo desengañaros quiero.
DON DIEGO
¿Cómo?
DON MENDO
Que a una dama vamos a festejar, y veamos a cuál se rinde primero.
DON DIEGO
Pues ¿no tenemos aquí a nuestras primas yo y vos? ¿Cuánto va que ambas a dos hoy se enamoran de mí?
DON MENDO
¿No veis que en ellas es más el honor que las refrena?
DON DIEGO
Hasta verme, norabuena; pero en mirándome, ¡zas!
DON MENDO
(_Aparte_). Loco soy, pues quiero yo a tal necio disuadir.
DON DIEGO
¿Qué decís?
DON MENDO
Que ya temo ir con vos.
DON DIEGO
¡Pues no, sino no! Mas dejadme que yo mismo vuelva el talle a repasar; que hoy por vos temo sacar en mi gala un solecismo.— Alzad esos dos espejos.
MARTÍN
Bien están así.
DON DIEGO
No están.
LOPE
Pues ¿cómo bien estarán?
DON DIEGO
Mirándose los reflejos.
MARTÍN
La luna se mira toda.
DON DIEGO
No tal.
LOPE
Pues ¿cómo ha de ser?
DON DIEGO
¡Que no aprendáis a poner los espejos a la moda!
MARTÍN
Di cómo, y no te alborotes.
LOPE
¿Qué es moda?
DON DIEGO
¡Mi rabia toda! ¡Que no sepan lo que es moda hombres que tienen bigotes!
MARTÍN
¿Están bien así?
DON DIEGO
Eso quiero, que así todo me divisa.
DON MENDO
(_Aparte_). Cayéndome estoy de risa de ver a este majadero.
DON DIEGO
¡El pelo va hecho una palma! ¡Guárdese toda mujer! Yo apostaré que al volver en cada hebra traigo un alma. Los bigotes son dos motes;[3] diera su belleza espanto si hiciera una dama un manto de puntas destos bigotes. El talle está de retablo; el sombrero va sereno, de medio arriba está bueno, de medio abajo es el diablo. Lo bien calzado me agrada. ¡Qué airosa pierna es la mía! De la tienda no podía parecer más bien sacada.— Pero tened, ¡vive Dios!, que aquesta liga va errada. Más larga está esta lazada un canto de un real de a dos.— Llega, mozo, a deshacella.
[3] Sentencias graciosas y atractivas.
DON MENDO
¡Que aqueso os cueste fatiga! Pues ¿qué importará esa liga?
DON DIEGO
No caer pájaro en ella.
DON MENDO
Mirad que esas son locuras, que a quien las ve a risa obliga.
DON DIEGO
Solo con aquesta liga cazo yo las hermosuras.
MARTÍN
Ya está buena.
DON DIEGO
Ahora están iguales las dos; bien voy. Con el reparillo estoy cuatro dedos más galán. Siempre que el verme repito queda el alma más ufana.— Mozo, acuérdate mañana de traerme pan bendito.
ESCENA IX
Sale Mosquito.
MOSQUITO
Ya está aquí el coche, señor.
DON DIEGO