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Part 1

LIBRO

DE

POEMAS

POR

FEDERICO G. LORCA

[Illustration: colofón]

1921 IMPRENTA MAROTO MADRID

ES PROPIEDAD

A MI HERMANO PAQUITO

PALABRAS DE JUSTIFICACION

Ofrezco en este libro, todo ardor juvenil, y tortura, y ambición sin medida, la imagen exacta de mis días de adolescencia y juventud, esos días que enlazan el instante de hoy con mi misma infancia reciente.

En estas páginas desordenadas va el reflejo fiel de mi corazón y de mi espíritu, teñido del matiz que le prestara, al poseerlo, la vida palpitante en torno recién nacida para mi mirada.

Se hermana el nacimiento de cada una de estas poesías que tienes en tus manos, lector, al propio nacer de un brote nuevo del árbol músico de mi vida en flor. Ruindad fuera el menospreciar esta obra que tan enlazada está a mi propia vida.

Sobre su incorrección, sobre su limitación segura, tendrá este libro la virtud, entre otras muchas que yo advierto, de recordarme en todo instante mi infancia apasionada correteando desnuda por las praderas de una vega sobre un fondo de serranía.

VELETA

_Julio de 1920_

(FUENTE VAQUEROS GRANADA)

Viento del Sur. Moreno, ardiente, Llegas sobre mi carne, Trayéndome semilla De brillantes Miradas, empapado De azahares.

Pones roja la luna Y sollozantes Los álamos cautivos, pero vienes ¡Demasiado tarde! ¡Ya he enrollado la noche de mi cuento En el estante!

Sin ningún viento, ¡Hazme caso! Gira, corazón; Gira, corazón.

Aire del Norte, ¡Oso blanco del viento!, Llegas sobre mi carne Tembloroso de auroras Boreales, Con tu capa de espectros Capitanes, Y riyéndote a gritos Del Dante. ¡Oh pulidor de estrellas! Pero vienes Demasiado tarde. Mi almario está musgoso Y he perdido la llave.

Sin ningún viento, ¡Hazme caso! Gira, corazón; Gira, corazón.

Brisas, gnomos y vientos De ninguna parte. Mosquitos de la rosa De pétalos pirámides. Alisios destetados Entre los rudos árboles, Flautas en la tormenta, ¡Dejadme! Tiene recias cadenas Mi recuerdo, y está cautiva el ave Que dibuja con trinos La tarde.

Las cosas que se van no vuelven nunca, Todo el mundo lo sabe, Y entre el claro gentío de los vientos Es inútil quejarse. ¿Verdad, chopo, maestro de la brisa? ¡Es inútil quejarse!

Sin ningún viento, ¡Hazme caso! Gira, corazón; Gira, corazón.

LOS ENCUENTROS DE UN CARACOL AVENTURERO

_Diciembre de 1918_

(GRANADA)

A RAMÓN P. RODA

Hay dulzura infantil En la mañana quieta. Los árboles extienden Sus brazos a la tierra. Un vaho tembloroso Cubre las sementeras, Y las arañas tienden Sus caminos de seda --Rayas al cristal limpio Del aire--. En la alameda Un manantial recita Su canto entre las hierbas. Y el caracol, pacífico Burgués de la vereda, Ignorada y humilde, El paisaje contempla. La divina quietud De la Naturaleza Le dió valor y fe, Y olvidando las penas De su hogar, deseó Ver el fin de senda.

Echó andar e internóse En un bosque de yedras Y de ortigas. En medio Había dos ranas viejas Que tomaban el sol, Aburridas y enfermas.

Estos cantos modernos, Murmuraba una de ellas, Son inútiles. Todos, Amiga, le contesta La otra rana, que estaba Herida y casi ciega: Cuando joven creía Que si al fin Dios oyera Nuestro canto, tendría Compasión. Y mi ciencia, Pues ya he vivido mucho, Hace que no la crea. Yo ya no canto más...

Las dos ranas se quejan Pidiendo una limosna A una ranita nueva Que pasa presumida Apartando las hierbas.

Ante el bosque sombrío El caracol, se aterra. Quiere gritar. No puede. Las ranas se le acercan.

¿Es una mariposa?, Dice la casi ciega. Tiene dos cuernecitos, La otra rana contesta. Es el caracol. ¿Vienes, Caracol, de otras tierras?

Vengo de mi casa y quiero Volverme muy pronto a ella. Es un bicho muy cobarde, Exclama la rana ciega. ¿No cantas nunca? No canto, Dice el caracol. ¿Ni rezas? Tampoco: nunca aprendí. ¿Ni crees en la vida eterna? ¿Qué es eso? Pues vivir siempre En el agua más serena, Junto a una tierra florida Que a un rico manjar sustenta.

Cuando niño a mí me dijo Un día mi pobre abuela Que al morirme yo me iría Sobre las hojas más tiernas De los árboles más altos.

Una hereje era tu abuela. La verdad te la decimos Nosotras. Creerás en ella, Dicen las ranas furiosas.

¿Por qué quise ver la senda? Gime el caracol. Si, creo Por siempre en la vida eterna Qué predicáis... Las ranas, Muy pensativas, se alejan, Y el caracol, asustado, Se va perdiendo en la selva.

Las dos ranas mendigas Como esfingen se quedan. Una de ellas pregunta: ¿Crees tú en la vida eterna? Yo no, dice muy triste La rana herida y ciega, ¿Por qué hemos dicho entonces Al caracol que crea? Por qué... No se por qué, Dice la rana ciega. Me lleno de emoción Al sentir la firmeza Con que llaman mis hijos A Dios desde la acequia...

El pobre caracol Vuelve atrás. Ya en la senda Un silencio ondulado Mana de la alameda. Con un grupo de hormigas Encarnadas se encuentra. Van muy alborotadas, Arrastrando tras ellas A otra hormiga que tiene Tronchadas las antenas. El caracol exclama: Hormiguitas, paciencia. ¿Por qué así maltratáis A vuestra compañera? Contadme lo que ha hecho. Yo juzgaré en conciencia. Cuéntalo tú, hormiguita.

La hormiga medio muerta Dice muy tristemente: Yo he visto las estrellas. «¿Qué son estrellas?--dicen Las hormigas inquietas. Y el caracol pregunta Pensativo: ¿estrellas? Sí, repite la hormiga, He visto las estrellas. Subí al árbol más alto Que tiene la alameda Y ví miles de ojos Dentro de mis tinieblas El caracol pregunta: ¿Pero qué son estrellas? Son luces que llevamos Sobre nuestra cabeza. Nosotras no las vemos, Las hormigas comentan. Y el caracol, mi vista Sólo alcanza a las hierbas.

Las hormigas exclaman Moviendo sus antenas: Te mataremos, eres Perezosa y perversa. El trabajo es tu ley.

Yo he visto a las estrellas, Dice la hormiga herida. Y el caracol sentencia: Dejadla que se vaya, Seguid vuestras faenas. Es fácil que muy pronto Ya rendida se muera.

Por el aire dulzón Ha cruzado una abeja. La hormiga agonizando Huele la tarde inmensa Y dice, es la que viene A llevarme a una estrella.

Las demás hormiguitas Huyen al verla muerta.

El caracol suspira Y aturdido se aleja Lleno de confusión Por lo eterno. La senda No tiene fin, exclama. Acaso a las estrellas Se llegue por aquí. Pero mi gran torpeza Me impedirá llegar. No hay que pensar en ellas.

Todo estaba brumoso De sol débil y niebla. Campanarios lejanos Llaman gente a la iglesia, Y el caracol, pacífico Burgués de la vereda, Aturdido e inquieto El paisaje contempla.

CANCIÓN OTOÑAL

_Noviembre de 1918_

(GRANADA)

Hoy siento en el corazón Un vago temblor de estrellas Pero mi senda se pierde En alma de la niebla. La luz me troncha las alas Y el dolor de mi tristeza Va mojando los recuerdos En la fuente de la idea.

Todas las rosas son blancas, Tan blancas como mi pena, Y no son las rosas blancas, Que ha nevado sobre ellas. Antes tuvieron el iris. También sobre el alma nieva. La nieve del alma tiene Copos de besos y escenas Que se hundieron en la sombra O en la luz del que las piensa. La nieve cae de las rosas Pero la del alma queda, Y la garra de los años Hace un sudario con ella.

¿Se deshelará la nieve Cuando la muerte nos lleva? ¿O después habrá otra nieve Y otras rosas más perfectas?

¿Será la paz con nosotros Como Cristo nos enseña? ¿O nunca será posible La solución del problema?

¿Y si el Amor nos engaña? ¿Quién la vida nos alienta Si el crepúsculo nos hunde En la verdadera ciencia Del Bien que quizá no exista Y del Mal que late cerca?

¿Si la esperanza se apaga Y la Babel se comienza Qué antorcha iluminara Los caminos en la Tierra?

¿Si el azul es un ensueño Qué será de la inocencia? ¿Qué será del corazón Si el Amor no tiene flechas?

¿Y si la muerte es la muerte Qué será de los poetas Y de las cosas dormidas Que ya nadie las recuerda? ¡Oh sol de las esperanzas! ¡Agua clara! ¡Luna nueva! ¡Corazones de los niños! ¡Almas rudas de las piedras! Hoy siento en el corazón Un vago temblor de estrellas Y todas las rosas son Tan blancas como mi pena.

CANCIÓN PRIMAVERAL

_28 de marzo de 1919_

(GRANADA)

I

Salen los niños alegres De la escuela, Poniendo en el aire tibio Del Abril, canciones tiernas. ¡Que alegría tiene el hondo Silencio de la calleja! Un silencio hecho pedazos Por risas de plata nueva.

II

Voy camino de la tarde Entre flores de la huerta Dejando sobre el camino El agua de mi tristeza. En el monte solitario Un cementerio de aldea Parece un campo sembrado Con granos de calaveras. Y han florecido cipreses Como gigantes cabezas Que con órbitas vacías Y verdosas cabelleras Pensativos y dolientes El horizonte contemplan.

¡Abril divino, que vienes Cargado de sol y esencias Llena con nidos de oro Las floridas calaveras!

CANCIÓN MENOR

_Diciembre de 1918_

(GRANADA)

Tienen gotas de rocío Las alas del ruiseñor, Gotas claras de la luna Cuajadas por su ilusión.

Tiene el mármol de la fuente El beso del surtidor, Sueño de estrellas humildes.

Las niñas de los jardines Me dicen todas adiós Cuando paso. Las campanas También me dicen adiós. Y los árboles se besan En el crepúsculo. Yo Voy llorando por la calle, Grotesco y sin solución, Con tristeza de Cyrano Y de Quijote, Redentor De imposibles infinitos Con el ritmo del reloj. Y veo secarse los lirios Al contacto de mi voz Manchada de luz sangrienta, Y en mi lírica canción Llevo galas de payaso Empolvado. El amor Bello y lindo se ha escondido Bajo una araña. El sol Como otra araña me oculta Con sus patas de oro. No Conseguiré mi ventura, Pues soy como el mismo Amor, Cuyas flechas son de llanto, Y el carcaj el corazón.

Daré todo a los demás Y lloraré mi pasión Como niño abandonado En cuento que se borró.

ELEGÍA A DOÑA JUANA LA LOCA

_Diciembre de 1918_

(GRANADA)

A MELCHOR FERNÁNDEZ ALMAGRO

Princesa enamorada sin ser correspondida. Clavel rojo en un valle profundo y desolado. La tumba que te guarda rezuma tu tristeza A través de los ojos que ha abierto sobre el mármol.

Eras una paloma con alma gigantesca Cuyo nido fué sangre del suelo castellano Derramaste tu fuego sobre un cáliz de nieve Y al querer alentarlo tus alas se troncharon.

Soñabas que tu amor fuera como el infante Que te sigue sumiso recogiendo tu manto. Y en vez de flores, versos y collares de perlas Te dió la Muerte rosas marchitas en un ramo.

Tenías en el pecho la formidable aurora De Isabel de Segura. Melibea. Tu canto Como alondra que mira quebrarse el horizonte Se torna de repente monótono y amargo.

Y tu grito estremece los cimientos de Burgos. Y oprime la salmodia del coro cartujano. Y choca con los ecos de las lentas campanas Perdiéndose en la sombra tembloroso y rasgado.

Tenías la pasión que da el cielo de España. La pasión del puñal, de la ojera y el llanto. ¡Oh princesa divina de crepúsculo rojo Con la rueca de hierro y de acero lo hilado! Nunca tuviste el nido, ni el madrigal doliente, Ni el laud juglaresco que solloza lejano. Tu juglar fué un mancebo con escamas de plata Y un eco de trompeta su acento enamorado.

Y sin embargo, estabas para el amor formada Hecha para el suspiro, el mimo y el desmayo. Para llorar tristeza sobre el pecho querido Deshojando una rosa de olor entre los labios.

Para mirar la luna bordada sobre el río Y sentir la nostalgia que en sí lleva el rebaño. Y mirar los eternos jardines de la sombra. ¡Oh princesa morena que duermes bajo el mármol!

¿Tienes los ojos negros abiertos a la luz? O se enredan serpientes a tus senos exaustos... ¿Dónde fueron tus besos lanzados a los vientos? ¿Dónde fué la tristeza de tu amor desgraciado? En el cofre de plomo, dentro de tu esqueleto, Tendrás el corazón partido en mil pedazos.

Y Granada te guarda como santa reliquia, ¡Oh princesa morena que duermes bajo el mármol! Eloisa y Julieta fueron dos margaritas Pero tú fuiste un rojo clavel ensangrentado. Que vino de la tierra dorada de Castilla A dormir entre nieves y ciprerales castos.

Granada era tu lecho de muerte, Doña Juana, Los cipreses tus cirios, La sierra tu retablo. Un retablo de nieve que mitigue tus ansias ¡Con el agua que pasa junto a ti! ¡La del Dauro!

Granada era tu lecho de muerte, Doña Juana, La de las torres viejas y del jardín callado, La de la yedra muerta sobre los muros rojos, La de la niebla azul y el arrayan romántico.

Princesa enamorada y mal correspondida. Clavel rojo en un valle profundo y desolado, La tumba que te guarda rezuma tu tristeza A través de los ojos que ha abierto sobre el mármol.

¡CIGARRA! _3 de agosto de 1918_ (FUENTE VAQUEROS GRANADA)

A MARÍA LUISA

¡CIGARRA! ¡Dichosa tú! Que sobre lecho de tierra Mueres borracha de luz.

Tú sabes de las campiñas El secreto de la vida, Y el cuento del hada vieja Que nacer hierba sentía En ti quedóse guardado.

¡Cigarra! ¡Dichosa tú! Pues mueres bajo la sangre De un corazón todo azul. La luz es Dios que desciende, Y el sol Brecha por donde se filtra.

¡Cigarra! ¡Dichosa tú! Pues sientes en la agonía Todo el peso del azul.

Todo lo vivo que pasa Por las puertas de la muerte Va con la cabeza baja Y un aire blanco durmiente. Con habla de pensamiento. Sin sonidos... Tristemente, Cubierto con el silencio Que es el manto de la muerte.

Más tú, cigarra encantada, Derramando son te mueres Y quedas trasfigurada En sonido y luz celeste.

¡Cigarra! ¡Dichosa tú! Pues te envuelve con su manto El propio espíritu Santo, Que es la luz.

¡Cigarra! Estrella sonora Sobre los campos dormidos, Vieja amiga de las ranas Y de los obscuros grillos, Tienes sepulcros de oro En los rayos tremolinos Del sol que dulce te hiere En la fuerza del Estío, Y el sol se lleva tu alma Para hacerla luz.

Sea mi corazón cigarra Sobre los campos divinos. Que muera cantando lento Por el cielo azul herido Y cuando esté ya expirando Una mujer que adivino Lo derrame con sus manos Por el polvo.

Y mi sangre sobre el campo Sea rosado y dulce limo Donde claven sus azadas Los cansados campesinos.

¡Cigarra! ¡Dichosa tú! Pues te hieren las espadas invisibles Del azul.

BALADA TRISTE

PEQUEÑO POEMA

_Abril de 1918_

(GRANADA)

¡Mi corazón es una mariposa, Niños buenos del prado! Que presa por la araña gris del tiempo Tiene el polen fatal del desengaño.

De niño yo canté como vosotros, Niños buenos del prado, Solté mi gavilán con las temibles Cuatro uñas de gato. Pasé por el jardín de Cartagena La verbena invocando Y perdí la sortija de mi dicha Al pasar al arroyo imaginario.

Fui también caballero Una tarde fresquita de Mayo, Ella era entonces para mí el enigma, Estrella azul sobre mi pecho intacto. Cabalgué lentamente hacia los cielos, Era un domingo de pipirigallo. Y ví que en vez de rosas y claveles Ella tronchaba lirios con sus manos.

Yo siempre fui intranquilo, Niños buenos del prado, El _ella_ del romance me sumía En ensoñares claros. ¿Quién será la que coge los claveles Y las rosas de Mayo? ¿Y por qué la verán sólo los niños A lomos de Pegaso? ¿Será esa misma la que en los rondones Con tristeza llamamos Estrella, suplicándole que salga A danzar por el campo?...

En abril de mi infancia yo cantaba, Niños buenos del prado, La _ella_ impenetrable del romance Donde sale Pegaso. Yo decía en las noches la tristeza De mi amor ignorado, Y la luna lunera ¡qué sonrisa Ponía entre sus labios! ¿Quién será la que corta los claveles Y las rosas de Mayo? Y de aquella chiquita, tan bonita, Que su madre ha casado, ¿En qué oculto rincón de cementerio Dormirá su fracaso?

Yo solo con mi amor desconocido, Sin corazón, sin llantos, Hacia el techo imposible de los cielos Con un gran sol por báculo.

¡Qué tristeza tan seria me da sombra! Niños buenos del prado, Cómo recuerda dulce el corazón Los días ya lejanos... ¿Quién será la que corta los claveles Y las rosas de Mayo?

MAÑANA

_7 de agosto de 1918_

(FUENTE VAQUEROS GRANADA)

A FERNANDO MARCHESI.

Y la canción del agua Es una cosa eterna.

Es la savia entrañable Que madura los campos Es sangre de poetas Que dejaron sus almas Perderse en los senderos De la naturaleza.

¡Qué armonías derrama Al brotar de la peña! Se abandona a los hombres Con sus dulces cadencias.

La mañana está clara. Los hogares humean Y son los humos brazos Que levantan la niebla.

Escuchad los romances Del agua en las choperas. ¡Son pájaros sin alas Perdidos entre hierbas!

Los árboles que cantan Se tronchan y se secan. Y se tornan llanuras Las montañas serenas. Mas la canción del agua Es una cosa eterna.

Ella es luz hecha canto De ilusiones románticas. Ella es firme y suave Llena de cielo y mansa, Ella es niebla y es rosa De la eterna mañana. Miel de luna que fluye De estrellas enterradas. ¿Qué es el santo bautismo, Sino Dios hecho agua Que nos unge las frentes Con su sangre de gracia? Por algo Jesucristo En ella confirmóse. Por algo las estrellas En sus ondas descansan. Por algo madre Venus En su seno engendróse Que amor de amor tomamos Cuando bebemos agua. Es el amor que corre Todo manso y divino, Es la vida del mundo, La historia de su alma.

Ella lleva secretos De las bocas humanas, Pues todos la besamos Y la sed nos apaga. Es un arca de besos De bocas ya cerradas, Es eterna cautiva, Del corazón hermana.

«Cristo debió decirnos: Confesaos con el agua, De todos los dolores, De todas las infamias. ¿A quién mejor, hermanos, Entregar nuestras ansias Que a ella que sube al cielo En envolturas blancas?»

No hay estado perfecto Como al tomar el agua, Nos volvemos más niños Y más buenos: y pasan Nuestras penas vestidas Con rosadas guirnaldas. Y los ojos se pierden En regiones doradas. ¡Oh fortuna divina Por ninguno ignorada! Agua dulce en que tantos Sus espíritus lavan, No hay nada comparable Con tus orillas santas Si una tristeza honda Nos ha dado sus alas.

LA SOMBRA DE MI ALMA

_Diciembre de 1919_

(MADRID)

La sombra de mi alma Huye por un ocaso de alfabetos, Niebla de libros Y palabras.

¡La sombra de mi alma!

He llegado a la línea donde cesa La nostalgia, Y la gota de llanto se transforma Alabastro de espíritu.

(¡La sombra de mi alma!)

El copo del dolor Se acaba, Pero queda la razón y la substancia De mi viejo medio día de labios de mi viejo medio día De miradas.

Un turbio laberinto De estrellas ahumadas Enreda mi ilusión Casi marchita.

¡La sombra de mi alma!

Y una alucinación Me ordeña las miradas. Veo la palabra amor Desmoronada.

¡Ruiseñor mío! ¡Ruiseñor! ¿Aún cantas?

LLUVIA

_Enero de 1919_

(GRANADA)

La lluvia tiene un vago secreto de ternura, Algo de soñolencia resignada y amable. Una música humilde se despierta con ella Que hace vibrar el alma dormida del paisaje.

Es un besar azul que recibe la Tierra, El mito primitivo que vuelve a realizarse. El contacto ya frío de cielo y tierra viejos Con una mansedumbre de atardecer constante.

Es la aurora del fruto. La que nos trae las flores Y nos unge de espíritu santo de los mares. La que derrama vida sobre las sementeras Y en el alma tristeza de lo que no se sabe.

La nostalgia terrible de una vida perdida, El fatal sentimiento de haber nacido tarde, O la ilusión inquieta de un mañana imposible Con la inquietud cercana del dolor de la carne.

El amor se despierta en el gris de su ritmo, Nuestro cielo interior tiene un triunfo de sangre, Pero nuestro optimismo se convierte en tristeza Al contemplar las gotas muertas en los cristales.

Y son las gotas: ojos de infinito que miran Al infinito blanco que les sirvió de madre.

Cada gota de lluvia tiembla en el cristal turbio Y le dejan divinas heridas de diamante. Son poetas del agua que han visto y que meditan Lo que la muchedumbre de los ríos no sabe.

¡Oh lluvia silenciosa sin tormentas ni vientos, Lluvia mansa y serena de esquila y luz suave, Lluvia buena y pacífica que eres la verdadera, La que amorosa y triste sobre las cosas caes!

¡Oh lluvia franciscana que llevas a tus gotas Almas de fuentes claras y humildes manantiales! Cuando sobre los campos desciendes lentamente Las rosas de mi pecho con tus sonidos abres.

El canto primitivo que dices al silencio Y la historia sonora que cuentas al ramaje Los comenta llorando mi corazón desierto En un negro y profundo pentágrama sin clave.

Mi alma tiene tristeza de la lluvia serena, Tristeza resignada de cosa irrealizable, Tengo en el horizonte un lucero encendido Y el corazón me impide que corra a contemplarle.

¡Oh lluvia silenciosa que los árboles aman Y eres sobre el piano dulzura emocionante. Das al alma las mismas nieblas y resonancias Que pones en el alma dormida del paisaje!

SI MIS MANOS PUDIERAN DESHOJAR

_10 de noviembre de 1919_

(GRANADA)

Yo pronuncio tu nombre En las noches obscuras Cuando vienen los astros A beber en la luna Y duermen los ramajes de las frondas ocultas. Y yo me siento hueco de pasión y de música. Loco reloj que canta Muertas horas antiguas.

Yo pronuncio tu nombre, En esta noche obscura, Y tu nombre me suena Más lejano que nunca. Más lejano que todas las estrellas Y más doliente que la mansa lluvia.

¿Te querré como entonces Alguna vez? ¿Qué culpa Tiene mi corazón? Si la niebla se esfuma ¿Qué otra pasión me espera? ¿Será tranquila y pura? ¡¡Si mis dedos pudieran Deshojar a la luna!!

EL CANTO DE LA MIEL

_Noviembre de 1918_

(GRANADA)

La miel es la palabra de Cristo. El oro derretido de su amor. El más allá del néctar. La momia de la luz del paraíso.

La colmena es una estrella casta, Pozo de ambar que alimenta el ritmo De las abejas. Seno de los campos Tembloroso de aromas y zumbidos.

La miel es la epopeya del amor, La materialidad de lo infinito. Alma y sangre doliente de las flores Condensada a través de otro espíritu.

(Así la miel del hombre es la poesía Que mana de su pecho dolorido, De un panal con la cera del recuerdo Formado por la abeja de lo íntimo.)

La miel es la bucólica lejana Del pastor, la dulzaina y el olivo. Hermana de la leche y las bellotas, Reinas supremas del dorado siglo.

La miel es como el sol de la mañana, Tiene toda la gracia del estío Y la frescura vieja del Otoño. Es la hoja marchita y es el trigo.

¡Oh divino licor de la humildad, Sereno como un verso primitivo!

La armonía hecha carne tú eres, El resumen genial de lo lírico. En ti duerme la melancolía, El secreto del beso y del grito.

Dulcísima. Dulce. Este es tu adjetivo. Dulce como los vientres de las hembras. Dulce como los ojos de los niños. Dulce como la sombra de la noche. Dulce como una voz O como un lirio.

Para el que lleva la pena y la lira, Eres sol que ilumina el camino. Equivales a todas las bellezas Al color, a la luz, a los sonidos.

¡Oh! Divino licor de la esperanza, Donde a la perfección del equilibrio Llegan alma y materia en unidad Como en la hostia cuerpo y luz de Cristo.