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Part 2

Y el alma superior es de las flores. ¡Oh licor que esas almas has unido! El que te gusta no sabe que traga Un resumen dorado del lirismo.

ELEGÍA

_Diciembre de 1918_

(GRANADA)

Como un incensario lleno de deseos, Pasas en la tarde luminosa y clara Con la carne obscura de nardo marchito Y el sexo potente sobre tu mirada.

Llevas en la boca tu melancolía De pureza muerta, y en la dionisiaca Copa de tu vientre la araña que teje El velo infecundo que cubre la entraña Nunca florecida con las vivas rosas Fruto de los besos.

En tus manos blancas Llevas la madeja de tus ilusiones, Muertas para siempre, y sobre tu alma La pasión hambrienta de besos de fuego Y tu amor de madre que sueña lejanas Visiones de cunas en ambientes quietos, Hilando en los labios lo azul de la nana.

Como Ceres dieras tus espigas de oro Si el amor dormido tu cuerpo tocara, Y como la virgen María pudieras Brotar de tus senos otra vía láctea.

Te marchitarás como la magnolia. Nadie besará tus muslos de brasa. Ni a tu cabellera llegarán los dedos Que la pulsen como Las cuerdas de un arpa.

¡Oh mujer potente de ébano y de nardo!, Cuyo aliento tiene blancor de biznagas. Venus del mantón de manila que sabe Del vino de Málaga y de la guitarra.

¡Oh cisne moreno!, cuyo lago tiene Lotos de saetas, olas de naranjas Y espumas de rojos claveles que aroman Los nidos marchitos que hay bajo sus alas.

Nadie te fecunda. Mártir andaluza, Tus besos debieron ser bajo una parra Plenos del silencio que tiene la noche Y del ritmo turbio del agua estancada.

Pero tus ojeras se van agrandando Y tu pelo negro va siendo de plata; Tus senos resbalan escanciando aromas Y empieza a curvarse tu espléndida espalda.

¡Oh mujer esbelta, maternal y ardiente! Virgen dolorosa que tiene clavadas Todas las estrellas del cielo profundo En su corazón, ya sin esperanza.

Eres el espejo de una Andalucía Que sufre pasiones gigantes y calla, Pasiones mecidas por los abanicos Y por las mantillas sobre las gargantas Que tienen temblores de sangre, de nieve Y arañazos rojos hechos por miradas.

Te vas por la niebla del Otoño, virgen Como Inés, Cecilia, y la dulce Clara, Siendo una bacante que hubiera danzado De pámpanos verdes y vid coronada.

La tristeza inmensa que flota en tus ojos Nos dice tu vida rota y fracasada, La monotonía de tu ambiente pobre Viendo pasar gente desde tu ventana, Oyendo la lluvia sobre la amargura Que tiene la vieja calle provinciana, Mientras que a lo lejos suenan los clamores Turbios y confusos de unas campanadas.

Mas en vano escuchaste los acentos del aire. Nunca llegó a tu oído la dulce serenata. Detrás de tus cristales aún miras anhelante. ¡Qué tristeza tan honda tendrás dentro del alma Al sentir en el pecho ya cansado y exhausto La pasión de una niña recién enamorada!

Tu cuerpo irá a la tumba Intacto de emociones. Sobre la obscura tierra Brotará una alborada. De tus ojos saldrán dos claveles sangrientos Y de tus senos rosas como la nieve blancas. Pero tu gran tristeza se irá con las estrellas Como otra estrella digna de herirlas y eclipsarlas.

SANTIAGO

BALADA INGENUA

_25 de julio de 1918_

(FUENTE VAQUEROS GRANADA)

I

Esta noche ha pasado Santiago Su camino de luz en el cielo, Lo comentan los niños jugando Con el agua de un cauce sereno.

¿Dónde va el peregrino celeste Por el claro infinito sendero? Va a la aurora que brilla en el fondo En caballo blanco como el hielo.

¡Niños chicos, cantad en el prado Horadando con risas al viento!

Dice un hombre que ha visto a Santiago En tropel con doscientos guerreros. Iban todos cubiertos de luces, Con guirnaldas de verdes luceros, Y el caballo que monta Santiago Era un astro de brillos intensos.

Dice el hombre que cuenta la historia Que en la noche dormida se oyeron Tremolar plateado de alas Que en sus ondas llevóse el silencio.

¿Qué sería que el río paróse? Eran ángeles los caballeros.

¡Niños chicos, cantad en el prado Horadando con risas al viento!

Es la noche de luna menguante. ¡Escuchad! ¿Qué se siente en el cielo, Que los grillos refuerzan sus cuerdas Y dan voces los perros vegueros?

--¿Madre abuela, cuál es el camino, Madre abuela, que yo no lo veo?

--Mira bien y verás una cinta De polvillo harinoso y espeso, Un borrón que parece de plata O de nácar.--¿Lo ves? --Ya lo veo.

--Madre abuela, ¿dónde está Santiago? --Por allí marcha con su cortejo, La cabeza llena de plumajes Y de perlas muy finas el cuerpo, Con la luna rendida a sus plantas, Con el sol escondido en el pecho.

Esta noche en la vega se escuchan Los relatos brumosos del cuento.

¡Niños chicos, cantad en el prado, Horadando con risas al viento!

II

Una vieja que vive muy pobre En la parte más alta del pueblo, Que posee una rueca inservible, Una virgen y dos gatos negros, Mientras hace la ruda calceta Con sus secos y temblones dedos, Rodeada de buenas comadres Y de sucios chiquillos traviesos, En la paz de la noche tranquila, Con las sierras perdidas en negro, Va contando con ritmos tardíos La visión que ella tuvo en sus tiempos.

Ella vió en una noche lejana Como ésta, sin ruidos ni vientos, Al apostol Santiago en persona, Peregrino en la tierra del cielo.

--Y comadre, ¿cómo iba vestido? --La preguntan dos voces a un tiempo--.

--Con bordón de esmeraldas y perlas Y una túnica de terciopelo.

Cuando hubo pasado la puerta, Mis palomas sus alas tendieron, Y mi perro, que estaba dormido, Fué tras él, sus pisadas lamiendo. Era dulce el Apostol divino, Más aún que la luna de Enero. A su paso dejó por la senda Un olor de azucena y de incienso.

--Y comadre, ¿no le dijo nada? --La preguntan dos voces a un tiempo--.

--Al pasar me miró sonriente Y una estrella dejóme aquí dentro.

--¿Dónde tienes guardada esa estrella? --La pregunta un chiquillo travieso--.

--¿Se ha apagado--dijéronle otros-- Como cosa de un encantamiento?

--No hijos míos, la estrella relumbra, Que en el alma clavada la llevo.

--¿Cómo son las estrellas aquí?

--Hijo mío, igual que en el cielo.

--Siga, siga la vieja comadre. ¿Dónde iba el glorioso viajero?

--Se perdió por aquellas montañas Con mis blancas palomas y el perro. Pero llena dejóme la casa De rosales y de jazmineros, Y las uvas verdes de la parra Maduraron, y mi troje lleno Encontré a la siguiente mañana. Todo obra del Apostol bueno.

--¡Grande suerte que tuvo, comadre! --Sermonean dos voces a un tiempo--.

Los chiquillos están ya dormidos Y los campos en hondo silencio.

¡Niños chicos, pensad en Santiago Por los turbios caminos del sueño!

¡Noche clara, finales de Julio! ¡Ha pasado Santiago en el cielo!

La tristeza que tiene mi alma, Por el blanco camino la dejo, Para ver si la encuentran los niños Y en el agua la vayan hundiendo, Para ver si en la noche estrellada A muy lejos la llevan los vientos.

EL DIAMANTE

_Noviembre de 1920_

(GRANADA)

El diamante de una estrella Ha rayado el hondo cielo, Pájaro de luz que quiere Escapar del universo Y huye del enorme nido Donde estaba prisionero Sin saber que lleva atada Una cadena en el cuello.

Cazadores extrahumanos Están cazando luceros, Cisnes de plata maciza En el agua del silencio.

Los chopos niños recitan Su cartilla, es el maestro Un chopo antiguo que mueve Tranquilo sus brazos muertos. Ahora en el monte lejano Jugarán todos los muertos A la baraja. ¡Es tan triste La vida en el cementerio!

¡Rana, empieza tu cantar! ¡Grillo, sal de tu agujero! Haced un bosque sonoro Con vuestras flautas. Yo vuelvo Hacia mi casa intranquilo.

Se agitan en mi cerebro Dos palomas campesinas Y en el horizonte, ¡lejos!, Se hunde el arcaduz del día. ¡Terrible noria del tiempo!

MADRIGAL DE VERANO

_Agosto de 1920_

(VEGA DE ZUJAIRA)

Junta tu roja boca con la mía ¡oh Estrella la gitana! Bajo el oro solar del mediodía Morderé la Manzana.

En el verde olivar de la colina, Hay una torre mora Del color de tu carne campesina Que sabe a miel y aurora.

Me ofreces en tu cuerpo requemado, El divino alimento Que da flores al cauce sosegado Y luceros al viento.

¿Cómo a mí te entregaste luz morena? ¿Por qué me diste llenos De amor tu sexo de azucena Y el rumor de tus senos?

¿No fué por mi figura entristecida? (¡Oh mis torpes andares!) ¿Te dió lástima acaso de mi vida, Marchita de cantares?

¿Cómo no has preferido a mis lamentos Los muslos sudorosos De un San Cristóbal campesino lentos En el amor y hermosos?

Danaide del placer eres conmigo. Femenino silvano. Huelen tus besos como huele el trigo Reseco del verano.

Entúrbiame los ojos con tu canto. Deja tu cabellera Extendida y solemne como un manto De sombra en la pradera.

Píntame con tu boca ensangrentada Un cielo del amor, En un fondo de carne la morada Estrella de dolor.

Mi pegaso andaluz está cautivo De tus ojos abiertos, Volará desolado y pensativo Cuando los vea muertos.

Y aunque no me quisieras te querría, Por tu mirar sombrío Como quiere la alondra al nuevo día, Sólo por el rocío.

Junta tu roja boca con la mía; ¡Oh Estrella la gitana! Déjame bajo el claro mediodía Consumir la manzana.

CANTOS NUEVOS

_Agosto de 1920_

(VEGA DE ZUJAIRA)

Dice la tarde, ¡Tengo sed de sombra! Dice la luna: «Yo, sed de luceros» La fuente cristalina pide labios Y suspiros el viento.

Yo tengo sed de aromas y de risas. Sed de cantares nuevos Sin lunas y sin lirios, Y sin amores muertos.

Un cantar de mañana que estremezca A los remansos quietos Del porvenir. Y llene de esperanza Sus ondas y sus cienos.

Un cantar luminoso y reposado Pleno de pensamiento, Virginal de tristezas y de angustias Y virginal de ensueños.

Cantar sin carne lírica que llene De risas el silencio. (Una bandada de palomas ciegas Lanzadas al misterio.)

Cantar que vaya al alma de las cosas Y al alma de los vientos Y que descanse al fin en la alegría Del corazón eterno.

ALBA

_Abril de 1919_

(GRANADA)

Mi corazón oprimido Siente junto a la alborada El dolor de sus amores Y el sueño de las distancias. La luz de la aurora lleva Semilleros de nostalgias Y la tristeza sin ojos De la médula del alma. La gran tumba de la noche Su negro velo levanta Para ocultar con el día La inmensa cumbre estrellada.

¡Qué haré yo sobre estos campos Cogiendo nidos y ramas Rodeado de la aurora Y llena de noche el alma! ¡Qué haré si tienes tus ojos Muertos a las luces claras Y no ha de sentir mi carne El calor de tus miradas! ¿Porqué te perdí por siempre En aquella tarde clara? Hoy mi pecho está reseco Como una estrella apagada.

EL PRESENTIMIENTO

_Agosto de 1920_

(VEGA DE ZUJAIRA)

El presentimiento Es la sonda del alma En el misterio. Nariz del corazón, Palo de ciego Que explora en la tiniebla Del tiempo.

Ayer es lo marchito, El sentimiento Y el campo funeral Del recuerdo.

Anteayer, Es lo muerto. Madriguera de ideas moribundas De pegasos sin freno. Malezas de memorias, Y desiertos Perdidos en la niebla De los sueños.

Nada turba los siglos Pasados. No podemos Arrancar un suspiro De lo viejo. El pasado se pone Su coraza de hierro, Y tapa sus oídos Con algodón del viento. Nunca podrá arrancársele Un secreto.

Sus músculos de siglos Y su cerebro De marchitas ideas En feto No darán el licor que necesita El corazón sediento.

Pero el niño futuro Nos dirá algún secreto Cuando juegue en su cama De luceros. Y es fácil engañarle; Por eso, Démosle con dulzura Nuestro seno, Que el topo silencioso Del presentimiento Nos traerá sus sonajas Cuando se esté durmiendo.

CANCIÓN PARA LA LUNA

_Agosto de 1920_

Blanca tortuga, Luna dormida, ¡Qué lentamente Caminas! Cerrando un párpado De sombra, miras Cual arqueológica Pupila. Que quizás sea... (Satán es tuerto) Una reliquia, Viva lección Para anarquistas. Jehová acostumbra Sembrar su finca Con ojos muertos Y cabecitas De sus contrarias Milicias. Gobierna rígido La Faz divina Con su turbante De niebla fría, Poniendo dulces Astros sin vida Al rubio cuervo Del día. Por eso, luna, ¡Luna dormida!, Vas protestando Seca de brisas, Del gran abuso La tiranía De ese Jehová Que os encamina Por una senda, ¡Siempre la misma!, Mientras Él goza En compañía De Doña Muerte, Que es su querida...

Blanca tortuga, Luna dormida, Casta Verónica Del sol que limpias En el ocaso Su faz rojiza. Ten esperanza, Muerta pupila, Que el gran Lenin De tu campiña Será la Osa Mayor, la arisca Fiera del cielo Que irá tranquila A dar su abrazo De despedida, Al viejo enorme De los seis días.

Y entonces, luna Blanca, vendría El puro reino De la ceniza.

(Ya habréis notado Que soy nihilista.)

ELEGIA DEL SILENCIO

_Julio de 1920_

Silencio, ¿dónde llevas Tu cristal empañado De risas, de palabras Y sollozos del árbol? ¿Cómo limpias, silencio, El rocío del canto Y las manchas sonoras Que los mares lejanos Dejan sobre la albura Serena de tu manto? ¿Quién cierra tus heridas Cuando sobre los campos Alguna vieja noria Clava su lento dardo En tu cristal inmenso? ¿Dónde vas si al ocaso Te hieren las campanas Y quiebran tu remanso Las bandadas de coplas Y el gran rumor dorado Que cae sobre los montes azules sollozando?

El aire del invierno Hace tu azul pedazos, Y troncha tus florestas El lamentar callado De alguna fuente fría. Donde posas tus manos, La espina de la risa O el caluroso hachazo De la pasión encuentras. Si te vas a los astros, El zumbido solemne De los azules pájaros Quiebra el gran equilibrio De tu escondido cráneo.

Huyendo del sonido Eres sonido mismo, Espectro de harmonía, Humo de grito y canto. Vienes para decirnos En las noches obscuras La palabra infinita Sin aliento y sin labios.

Taladrado de estrellas Y maduro de música, ¿Dónde llevas, silencio, Tu dolor extrahumano, Dolor de estar cautivo En la araña melódica, Ciego ya para siempre Tu manantial sagrado?

Hoy arrastran tus ondas Turbias de pensamiento La ceniza sonora Y el dolor del antaño. Los ecos de los gritos Que por siempre se fueron. El estruendo remoto Del mar, momificado.

Si Jehová se ha dormido Sube al trono brillante Quiébrale en su cabeza Un lucero apagado, Y acaba seriamente Con la música eterna, La harmonía sonora De luz, y mientras tanto, Vuelve a tu manantial, Donde en la noche eterna, Antes que Dios y el Tiempo, Manabas sosegado.

BALADA DE UN DÍA DE JULIO

_Julio de 1919_

Esquilones de plata Llevan los bueyes.

--¿Dónde vas, niña mía, De sol y nieve?

--Voy a las margaritas Del prado verde.

--El prado está muy lejos y miedo tiene.

--Al airón y a la sombra Mi amor no teme.

--Teme al sol, niña mía, De sol y nieve.

--Se fué de mis cabellos Ya para siempre.

--¿Quién eres, blanca niña? ¿De dónde vienes?

--Vengo de los amores Y de las fuentes.

Esquilones de plata Llevan los bueyes.

--¿Qué llevas en la boca Que se te enciende?

--La estrella de mi amante Que vive y muere.

--¿Qué llevas en el pecho Tan fino y leve?

--La espada de mi amante Que vive y muere.

--¿Qué llevas en los ojos Negro y solemne?

--Mi pensamiento triste Que siempre hiere.

--¿Por qué llevas un manto Negro de muerte?

--¡Ay, yo soy la viudita Triste y sin bienes!

Del conde del Laurel De los Laureles.

--¿A quién buscas aquí Si a nadie quieres?

--Busco el cuerpo del conde De los Laureles.

--¿Tú buscas el amor, Viudita aleve? Tú buscas un amor Que ojalá encuentres.

--Estrellitas del cielo Son mis quereres, ¿Dónde hallaré a mi amante Que vive y muere?

--Está muerto en el agua, Niña de nieve, Cubierto de nostalgias Y de claveles.

--¡Ay! caballero errante De los cipreses, Una noche de luna Mi alma te ofrece.

--Ah Isis soñadora. Niña sin mieles La que en bocas de niños Su cuento vierte. Mi corazón te ofrezco, Corazón tenue, Herido por los ojos De las mujeres.

--Caballero galante, Con Dios te quedes.

--Voy a buscar al conde De los Laureles...

--Adiós mi doncellita, Rosa durmiente, Tú vas para el amor Y yo a la muerte.

Esquilones de plata Llevan los bueyes.

--Mi corazón desangra Como una fuente.

IN MEMORIAM

_Agosto de 1920_

Dulce chopo, Dulce chopo, Te has puesto De oro. Ayer estabas verde, Un verde loco De pájaros Gloriosos. Hoy estás abatido Bajo al cielo de agosto Como yo bajo al cielo De mi espíritu rojo. La fragancia cautiva De tu tronco Vendrá a mi corazón Piadoso. ¡Rudo abuelo del prado! Nosotros, Nos hemos puesto De oro.

SUEÑO

_Mayo de 1919_

Mi corazón reposa junto a la fuente fría.

(Llénalo con tus hilos Araña del olvido.)

El agua de la fuente su canción le decía.

(Llénala con tus hilos Araña del olvido.)

Mi corazón despierto sus amores decía.

(Araña del silencio, Téjele tu misterio.)

El agua de la fuente lo escuchaba sombría.

(Araña del silencio, Téjele tu misterio.)

Mi corazón se vuelca sobre la fuente fría.

(Manos blancas, lejanas, Detened a las aguas.)

Y el agua se lo lleva cantando de alegría.

(¡Manos blancas, lejanas, Nada queda en las aguas!)

PAISAJE

_Junio de 1920_

Las estrellas apagadas Llenan de ceniza el río Verdoso y frío.

La fuente no tiene trenzas. Ya se han quemado los nidos escondidos.

Las ranas hacen del cauce Una siringa encantada Desafinada.

Sale del monte la luna, Con su cara bonachona De jamona.

Una estrella le hace burla Desde su casa de añil Infantil.

El débil color rosado Hace cursi el horizonte Del monte,

Y observo que el laurel tiene Cansancio de ser poético Y profético.

Como la hemos visto siempre El agua se va durmiendo, Sonriyendo.

Todo llora por costumbre, Todo el campo se lamenta Sin darse cuenta.

Yo, por no desafinar, Digo por educación: «¡Mi corazón!».

Pero una grave tristeza Tiñe mis labios manchados De pecados.

Yo voy lejos del paisaje. Hay en mi pecho una hondura De sepultura.

Un murciélago me avisa Que el sol se esconde doliente En el Poniente.

¡Pater noster por mi amor! (Llanto de las alamedas Y arboledas.)

En el carbón de la tarde Miro mis ojos lejanos, Cual milanos.

Y despeino mi alma muerta Con arañas de miradas Olvidadas.

Ya es de noche, y las estrellas Clavan puñales al río Verdoso y frío.

NOVIEMBRE

_Noviembre 1920_

Todos los ojos Estaban abiertos Frente a la soledad Despintada por el llanto. Tin Tan, Tin Tan.

Los verdes cipreses Guardaban su alma Arrugada por el viento, Y las palabras como guadañas Segaban almas de flores. Tin Tan, Tin Tan.

El cielo estaba marchito. ¡Oh tarde cautiva por las nubes, Esfinge sin ojos! Obeliscos y chimeneas Hacían pompas de jabón. Tin Tan, Tin Tan.

Los ritmos se curvaban Y se curvaba el aire, Guerreros de niebla Hacían de los árboles Catapultas. Tin Tan, Tin Tan.

¡Oh tarde, Tarde de mi otro beso! Tema lejano de mi sombra, ¡Sin rayo de oro! Cascabel vacío. Tarde desmoronada Sobre piras de silencio. Tin Tan, Tin Tan.

PREGUNTAS

_Mayo de 1918_

Un pleno de cigarras tiene el campo. --¿Qué dices, Marco Aurelio, De estas viejas filósofas del llano?-- ¡Pobre es tu pensamiento!

Corre el agua del río mansamente. --¡Oh, Sócrates! ¿Qué ves En el agua que va a la amarga muerte?-- ¡Pobre y triste es tu fe!

Se deshojan las rosas en el lodo. ¡Oh, dulce Juan de Dios! ¿Qué ves en estos pétalos gloriosos? ¡Chico es tu corazón!

LA VELETA YACENTE

_Diciembre de 1920_

(MADRID)

El duro corazón de la veleta Entre el libro del tiempo. (Una hoja la tierra Y otra hoja el cielo.) Aplastóse doliente sobre letras De tejados viejos. Lírica flor de torre Y luna de los vientos, Abandona el estambre de la cruz Y dispersa sus pétalos, Para caer sobre las losas frías Comida por la oruga De los ecos.

Yaces bajo una acacia. ¡Memento! No podías latir Porque eras de hierro... Mas poseíste la forma, ¡Conténtate con eso! Y húndete bajo el verde Legamo, En busca de tu gloria De fuego, Aunque te llamen tristes Las torres desde lejos Y oigas en las veletas Chirriar tus compañeros. Húndete bajo el paño Verdoso de tu lecho, Que ni la blanca monja, Ni el perro, Ni la luna menguante, Ni el lucero, Ni el turbio sacristán Del convento, Recordarán tus gritos Del invierno. Húndete lentamente, Que si no, luego, Te llevarán los hombres De los trapos viejos. Y ojalá pudiera darte Por compañero Este corazón mío ¡Tan incierto!

CORAZÓN NUEVO

_Junio de 1918_

(GRANADA)

Mi corazón, como una sierpe, Se ha desprendido de su piel, Y aquí la miro entre mis dedos Llena de heridas y de miel.

Los pensamientos que anidaron En tus arrugas ¿dónde están? ¿Dónde las rosas que aromaron A Jesucristo y a Satán?

¡Pobre envoltura que ha oprimido A mi fantástico lucero! Gris pergamino dolorido De lo que quise y ya no quiero.

Yo veo en ti fetos de ciencias, Momias de versos y esqueletos De mis antiguas inocencias Y mis románticos secretos.

¿Te colgaré sobre los muros De mi museo sentimental, Junto a los gélidos y obscuros Lirios durmientes de mi mal?

¿O te pondré sobre los pinos --Libro doliente de mi amor-- Para que sepas de los trinos Que da a la aurora el ruiseñor?

SE HA PUESTO EL SOL

_Agosto de 1920_

Se ha puesto el sol. Los árboles Meditan como estatuas. Ya está el trigo segado, ¡Qué tristeza De las norias paradas!

Un perro campesino Quiere comerse a Venus, y le ladra. Brilla sobre su campo de pre-beso, Como una gran manzana.

Los mosquitos--pegasos del rocío-- Vuelan, el aire en calma. La Penelope inmensa de la luz Teje una noche clara.

Hijas mías, dormid, que viene el lobo, Las ovejitas balan. ¿Ha llegado el otoño, compañeras? Dice una flor ajada.

¡Ya vendrán los pastores con sus nidos Por la sierra lejana! Ya jugarán las niñas en la puerta De la vieja posada, Y habrá coplas de amor Que ya se saben De memoria las casas.

PAJARITA DE PAPEL

_Julio de 1920_

¡Oh pajarita de papel! Aguila de los niños. Con las plumas de letras, Sin palomo Y sin nido.

Las manos aun mojadas de misterio Te crean en un frío Anochecer de otoño, cuando mueren Los pájaros y el ruido De la lluvia nos hace amar la lámpara, El corazón y el libro.

Naces para vivir unos minutos En el frágil castillo De naipes que se eleva tembloroso Como el tallo de un lirio, Y meditas allí ciega y sin alas Que pudiste haber sido El atleta grotesco que sonríe Ahorcado por un hilo, El barco silencio sin remeros ni velamen, El lírico Buque fantasma del miedoso insecto, O el triste borriquito Que escarnecen, haciéndolo pegaso, Los soplos de los niños.

Pero enmedio de tu meditación Van gotas de humorismo. Hecha con la corteza de la ciencia Te ríes del destino, Y gritas: Blanca flor no muere nunca, Ni se muere Luisito. La mañana es eterna, es eterna La fuente del rocío.

Y aunque no crees en nada dices esto, No se enteren los niños, De que hay sombra detrás de las estrellas Y sombra en tu castillo.

Enmedio de la mesa, al derrumbarse Tu azul mansión, has visto Que el milano te mira ansiosamente: Es un recién nacido. Una pompa de espuma sobre el agua Del sufrimiento vivo.

Y tú vas a sus labios luminosos Mientras ríen los niños, Y callan los papás no sea despierten Los dolores vecinos.

Así pájaro clown desapareces Para nacer en otro sitio. Así pájaro esfinge das tu alma De ave fénix al limbo.

MADRIGAL

_Octubre de 1920_

(MADRID)