Chapter 3 of 4 · 3999 words · ~20 min read

Part 3

Mi beso era una granada, Profunda y abierta; Tu boca era rosa De papel.

El fondo un campo de nieve.

Mis manos eran hierros Para los yunques, Tu cuerpo era el ocaso De una campanada.

El fondo un campo de nieve.

En la agujereada Calavera azul Hicieron estalactitas Mis te quiero.

El fondo un campo de nieve.

Llenáronse de moho Mis sueños infantiles, Y taladró a la luna Mi dolor salomónico.

El fondo un campo de nieve.

Ahora a maestro grave A la alta escuela, A mi amor y a mis sueños (Caballitos sin ojos).

Y el fondo es un campo de nieve.

UNA CAMPANA

_Octubre de 1920_

Una campana serena Crucificada en su ritmo Define a la mañana Con peluca de niebla Y arroyos de lágrimas. Mi viejo chopo Turbio de ruiseñores Esperaba Poner entre las hierbas Sus ramas Mucho antes que el otoño Lo dorara. Pero los puntales De mis miradas Lo sostenían. ¡Viejo chopo, aguarda! ¿No sientes la madera De mi amor desgarrada? Tiéndete en la pradera Cuando cruja mi alma Que un vendaval de besos Y palabras Ha dejado rendida, Lacerada.

CONSULTA

_Agosto de 1920_

¡Pasionaria azul! Yunque de mariposas. ¿Vives bien en el limo De las horas?

(¡Oh, poeta infantil Quiebra tu reloj!)

Clara estrella azul, Ombligo de la aurora. ¿Vives bien en la espuma De la sombra?

(¡Oh, poeta infantil Quiebra tu reloj!)

Corazón azulado, Lámpara de mi alcoba. ¿Lates bien sin mi sangre Filarmónica?

(¡Oh, poeta infantil Quiebra tu reloj!)

Os comprendo y me dejo Arrumbado en la cómoda Al insecto del tiempo. Sus metálicas gotas No se oirán en la calma De mi alcoba. Me dormiré tranquilo Como dormis vosotras Pasionarias y estrellas, Que al fin, la mariposa, Volará en la corriente De las horas Mientras nace en mi tronco La rosa.

TARDE

_Noviembre de 1919_

Tarde lluviosa en gris cansado, Y sigue el caminar. Los árboles marchitos. Mi cuarto, solitario. Y los retratos viejos Y el libro sin cortar...

Chorrea la tristeza por los muebles Y por mi alma. Quizá, No tenga para mí Naturaleza El pecho de cristal.

Y me duele la carne del corazón Y la carne del alma. Y al hablar, Se quedan mis palabras en el aire Como corchos sobre agua.

Sólo por tus ojos Sufro yo este mal, Tristezas de antaño Y las que vendrán.

Tarde lluviosa en gris cansado, Y sigue el caminar.

HAY ALMAS QUE TIENEN...

_8 de febrero de 1920_

Hay almas que tienen Azules luceros, Mañanas marchitas Entre hojas del tiempo, Y castos rincones Que guardan un viejo Rumor de nostalgias Y sueños.

Otras almas tienen Dolientes espectros De pasiones. Frutas Con gusanos. Ecos De una voz quemada Que viene de lejos Como una corriente De sombra. Recuerdos Vacíos de llanto, Y migajas de besos.

Mi alma está madura Hace mucho tiempo, Y se desmorona Turbia de misterio. Piedras juveniles Roídas de ensueño Caen sobre las aguas De mis pensamientos. Cada piedra dice: ¡Dios está muy lejos!

PRÓLOGO

_24 de julio de 1920_

(VEGA DE ZUJAIRA)

Mi corazón está aquí, Dios mío. Hunde tu cetro en él, Señor. Es un membrillo Demasiado otoñal Y está podrido. Arranca los esqueletos De los gavilanes líricos Que tanto, tanto lo hirieron, Y si acaso tienes pico Móndale su corteza De Hastío.

Mas si no quieres hacerlo, Me da lo mismo, Guárdate tu cielo azul Que es tan aburrido. El rigodón de los astros Y tu Infinito, Que yo pediré prestado El corazón a un amigo. Un corazón con arroyos Y pinos, Y un ruiseñor de hierro Que resista El martillo De los siglos.

Ademas, Satanás me quiere mucho, Fué compañero mío En un examen de Lujuria, y el pícaro, Buscará a Margarita --Me lo tiene ofrecido-- Margarita morena, Sobre un fondo de viejos olivos, Con dos trenzas de noche De Estío, Para que yo desgarre Sus muslos limpios. Y entonces, ¡oh Señor!, Seré tan rico O más que tú, Porque el vacío No puede compararse Al vino Con que Satán obsequia A sus buenos amigos. Licor hecho con llanto. ¡Qué más da! Es lo mismo Que tu licor compuesto De trinos.

Dime, Señor, ¡Dios mío! ¿Nos hundes en la sombra Del abismo? ¿Somos pájaros ciegos Sin nidos?

La luz se va apagando. ¿Y el aceite divino? Las olas agonizan. ¿Has querido Jugar como si fuéramos Soldaditos? Dime, Señor, ¡Dios mío! ¿No llega el dolor nuestro A tus oídos? ¿No han hecho las blasfemias Babeles sin ladrillos Para herirte, o te gustan Los gritos? ¿Estás sordo? ¿Estás ciego? ¿O eres bizco De espíritu Y ves el alma humana Con tonos invertidos?

¡Oh Señor soñoliento! ¡Mira mi corazón Frío Como un membrillo Demasiado otoñal Que está podrido!

Si tu luz va a llegar Abre los ojos vivos Pero si continúas Dormido, Ven, Satanás errante, Sangriento peregrino, Ponme la Margarita Morena en los olivos Con las trenzas de noche De Estío, Que yo sabré encenderle Sus ojos pensativos Con mis besos manchados De lirios. Y oiré una tarde ciega Mi ¡Enrique! ¡Enrique! Lírico, Mientras todos mis sueños Se llenan de rocío. Aquí, Señor, te dejo Mi corazón antiguo, Voy a pedir prestado Otro nuevo a un amigo. Corazón con arroyos Y pinos. Corazón sin culebras Ni lirios. Robusto, con la gracia De un joven campesino, Que atraviesa de un salto El río.

BALADA INTERIOR

_16 de julio de 1920_

(VEGA DE ZUJAIRA)

A GABRIEL

El corazón, Que tenía en la escuela Donde estuvo pintada La cartilla primera, ¿Está en ti, Noche negra?

(Frío, frío, Como el agua Del río.)

El primer beso Que supo a beso y fué Para mis labios niños Como la lluvia fresca, ¿Está en ti, Noche negra?

(Frío, frío, Como el agua Del río.)

Mi primer verso. La niña de las trenzas Que miraba de frente, ¿Está en ti, Noche negra?

(Frío, frío, Como el agua Del río.)

Pero mi corazón Roído de culebras, El que estuvo colgado Del árbol de la ciencia, ¿Está en ti, Noche negra?

(Caliente, caliente, Como el agua De la fuente.)

Mi amor errante, Castillo sin firmeza, De sombras enmohecidas, ¿Está en ti, Noche negra?

(Caliente, caliente, Como el agua De la fuente.)

¡Oh, gran dolor! Admites en tu cueva Nada más que la sombra. ¿Es cierto, Noche negra?

(Caliente, caliente, Como el agua De la fuente.)

¡Oh, corazón perdido! ¡Réquiem aeternam!

EL LAGARTO VIEJO

_26 de julio de 1920_

(VEGA DE ZUJAIRA)

En la agostada senda He visto al buen lagarto (Gota de cocodrilo) Meditando. Con su verde levita De abate del diablo, Su talante correcto Y su cuello planchado, Tiene un aire muy triste De viejo catedrático. ¡Esos ojos marchitos De artista fracasado Cómo miran la tarde Desmayada!

¿Es este su paseo Crepuscular, amigo? Usad bastón, ya estáis Muy viejo, Don Lagarto, Y los niños del pueblo Pueden daros un susto. ¿Qué buscáis en la senda, Filósofo cegato, Si el fantasma indeciso De la tarde agosteña Ha roto el horizonte?

¿Buscáis la azul limosna Del cielo moribundo? ¿Un céntimo de estrella? ¿O acaso Estudiásteis un libro De Lamartine, y os gustan Los trinos platerescos De los pájaros?

(Miras al sol poniente, Y tus ojos relucen, ¡Oh, dragón de las ranas!, Con un fulgor humano. Las góndolas sin remos De las ideas, cruzan El agua tenebrosa De tus iris quemados.)

¿Venís quizá en la busca De la bella lagarta, Verde como los trigos De Mayo, Como las cabelleras De las fuentes dormidas, Que os despreciaba, y luego Se fué de vuestro campo? ¡Oh, dulce idilio roto Sobre la fresca juncia! ¡Pero vivir! ¡qué diantre! Me habéis sido simpático. El lema de «me opongo A la serpiente» triunfa En esa gran papada De arzobispo cristiano.

Ya se ha disuelto el sol En la copa del monte, Y enturbian el camino Los rebaños. Es hora de marcharse, Dejad la angosta senda Y no continuéis Meditando, Que lugar tendréis luego De mirar las estrellas Cuando os coman sin prisa Los gusanos.

¡Volved a vuestra casa Bajo el pueblo de grillos! ¡Buenas noches, amigo Don Lagarto!

Ya está el campo sin gente, Los montes apagados Y el camino desierto; Sólo de cuando en cuando Canta un cuco en la umbría De los álamos.

PATIO HÚMEDO

_1920_

Las arañas Iban por los laureles.

La casualidad Se va tornando en nieve, Y los años dormidos Ya se atreven A clavar los telares Del siempre.

La Quietud hecha esfinge Se ríe de la Muerte Que canta melancólica En un grupo De lejanos cipreses.

La yedra de las gotas Tapiza las paredes Empapadas de arcaicos Misereres.

¡Oh, torre vieja! Llora Tus lágrimas mudéjares Sobre este grave patio Que no tiene fuente.

Las arañas Iban por los laureles.

BALADA DE LA PLACETA

_1919_

Cantan los niños En la noche quieta: ¡Arroyo claro, Fuente serena!

LOS NIÑOS.

¿Qué tiene tu divino Corazón en fiesta?

YO.

Un doblar de campanas Perdidas en la niebla.

LOS NIÑOS.

Ya nos dejas cantando En la plazuela. ¡Arroyo claro, Fuente serena!

¿Qué tienes en tus manos De primavera?

YO.

Una rosa de sangre Y una azucena.

LOS NIÑOS.

Mójalas en el agua De la canción añeja. ¡Arroyo claro, Fuente serena!

¿Qué sientes en tu boca Roja y sedienta?

YO.

El sabor de los huesos De mi gran calavera.

LOS NIÑOS.

Bebe el agua tranquila De la canción añeja. ¡Arroyo claro, Fuente serena!

¿Por qué te vas tan lejos De la plazuela?

YO.

¡Voy en busca de magos Y de princesas!

LOS NIÑOS.

¿Quién te enseñó el camino De los poetas?

YO.

La fuente y el arroyo De la canción añeja.

LOS NIÑOS.

¿Te vas lejos, muy lejos Del mar y de la tierra?

YO.

Se ha llenado de luces Mi corazón de seda, De campanas perdidas, De lirios y de abejas. Y yo me iré muy lejos, Más allá de esas sierras, Más allá de los mares, Cerca de las estrellas, Para pedirle a Cristo Señor que me devuelva Mi alma antigua de niño, Madura de leyendas, Con el gorro de plumas Y el sable de madera.

LOS NIÑOS.

Ya nos dejas cantando En la plazuela, ¡Arroyo claro, Fuente serena!

Las pupilas enormes De las frondas resecas, Heridas por el viento, Lloran las hojas muertas.

ENCRUCIJADA

_Julio de 1920_

Oh, que dolor el tener Versos en la lejanía De la pasión, y el cerebro Todo manchado de tinta!

¡Oh, que dolor no tener La fantástica camisa Del hombre feliz: la piel --Alfombra del sol--curtida.

(Alrededor de mis ojos Bandadas de letras giran.)

¡Oh, que dolor el dolor Antiguo de la poesía, Este dolor pegajoso Tan lejos del agua limpia!

¡Oh, dolor de lamentarse Por sorber la vena lírica! ¡Oh dolor de fuente ciega Y molino sin harina!

¡Oh, que dolor no tener Dolor y pasar la vida, Sobre la hierba incolora De la vereda indecisa!

¡Oh, el más profundo dolor, El dolor de la alegría. Reja que nos abre surcos Donde el llanto fructifica!

(Por un monte de papel Asoma la luna fría) ¡Oh dolor de la verdad! ¡Oh dolor de la mentira!

HORA DE ESTRELLAS

_1920_

El silencio redondo de la noche Sobre el pentágrama Del infinito.

Yo me salgo desnudo a la calle, Maduro de versos Perdidos. Lo negro, acribillado Por el canto del grillo, Tiene ese fuego fatuo, Muerto, Del sonido. Esa luz musical Que percibe El espíritu.

Los esqueletos de mil mariposas Duermen en mi recinto.

Hay una juventud de brisas locas Sobre el río.

EL CAMINO

No conseguirá nunca Tu lanza Herir al horizonte. La montaña Es un escudo Que lo guarda.

No sueñes con la sangre de la luna Y descansa. Pero deja camino, Que mis plantas Exploren la caricia De la rociada.

¡Quiromántico enorme! ¿Conocerás las almas Por el débil tatuaje Que olvidan en tu espalda? Si eres un Flanmarión De las pisadas, ¡Cómo debes amar A los asnos que pasan Acariciando con ternura humilde Tu carne desgarrada! Ellos solos meditan donde puede Llegar tu enorme lanza. Ellos solos, que son Los Bhudas de la Fauna, Cuando viejos y heridos deletrean Tu libro sin palabras.

¡Cuánta melancolía Tienes entre las casas Del poblado! ¡Qué clara Es tu virtud! Aguantas Cuatro carros dormidos, Dos acacias, Y un pozo del antaño Que no tiene agua.

Dando vueltas al mundo, No encontrarás posada. No tendrás camposanto Ni mortaja, Ni el aire del amor renovará Tu substancia.

Pero sal de los campos Y en la negra distancia De lo eterno, si tallas La sombra con tu lima Blanca ¡oh, camino! ¡Pasarás por el puente De Santa Clara!

EL CONCIERTO INTERRUMPIDO

_1920_

A ADOLFO SALAZAR

Ha roto la armonía De la noche profunda, El calderón helado y soñoliento De la media luna.

Las acequias protestan sordamente Arropadas con juncias, Y las ranas, muecines de la sombra, Se han quedado mudas.

En la vieja taberna del poblado Cesó la triste música, Y ha puesto la sordina a su aristón La estrella más antigua.

El viento se ha sentado en los torcales De la montaña obscura, Y un chopo solitario--el Pitágoras De la casta llanura-- Quiere dar con su mano centenaria, Un cachete a la luna.

CANCIÓN ORIENTAL

_1920_

Es la granada olorosa Un cielo cristalizado. (Cada grano es una estrella Cada velo es un ocaso) Cielo seco y comprimido Por la garra de los años.

La granada es como un seno Viejo y apergaminado, Cuyo pezón se hizo estrella Para iluminar el campo.

Es colmena diminuta Con panal ensangrentado Pues con bocas de mujeres Sus abejas la formaron. Por eso al estallar, ríe Con purpuras de mil labios...

La granada es corazón Que late sobre el sembrado, Un corazón desdeñoso Donde no pican los pájaros, Un corazón que por fuera Es duro como el humano, Pero da al que lo traspasa Olor y sangre de mayo. La granada es el tesoro Del viejo gnomo del prado, El que habló con niña Rosa, En el bosque solitario, Aquél de la blanca barba Y del traje colorado. Es el tesoro que aún guardan Las verdes hojas del árbol. Arca de piedras preciosas En entraña de oro vago.

La espiga es el pan. Es Cristo En vida y muerte cuajado.

El olivo es la firmeza De la fuerza y el trabajo.

La manzana es lo carnal, Fruta esfinge del pecado, Gota de siglos que guarda De Satanás el contacto.

La naranja es la tristeza Del azahar profanado, Pues se torna fuego y oro Lo que antes fué puro y blanco.

Las vides son la lujuria Que se cuaja en el verano, De las que la iglesia saca Con bendición, licor santo.

Las castañas son la paz Del hogar. Cosas de antaño. Crepitar de leños viejos, Peregrinos descarriados.

La bellota es la serena Poesía de lo rancio, Y el membrillo de oro débil La limpieza de lo sano.

Más la granada es la sangre, Sangre del cielo sagrado, Sangre de la tierra herida Por la aguja del regato. Sangre del viento que viene Del rudo monte arañado. Sangre de la mar tranquila, Sangre del dormido lago. La granada es la prehistoria De la sangre que llevamos, La idea de sangre, encerrada En glóbulo duro y agrio, Que tiene una vaga forma De corazón y de cráneo.

¡Oh granada abierta!, que eres Una llama sobre el árbol, Hermana en carne de Venus, Risa del huerto oreado. Te cercan las mariposas Creyéndote sol parado, Y por miedo de quemarse Huyen de ti los gusanos.

Porque eres luz, de la vida, Hembra de las frutas. Claro Lucero de la floresta Del arroyo enamorado.

¡Quién fuera como tú, fruta, Todo pasión sobre el campo!

CHOPO MUERTO

_1920_

¡Chopo viejo! Has caído En el espejo Del remanso dormido, Abatiendo tu frente Ante el poniente. No fué el vendaval ronco El que rompió tu tronco, Ni fué el hachazo grave Del leñador, que sabe Has de volver A nacer.

Fué tu espíritu fuerte El que llamó a la muerte, Al hallarte sin nidos, olvidado De los chopos infantes del prado. Fué que estabas sediento De pensamiento, Y tu enorme cabeza centenaria, Solitaria Escuchaba los lejanos Cantos de tus hermanos.

En tu cuerpo guardabas Las lavas De tu pasión, Y en tu corazón, El semen sin futuro de Pegaso. La terrible simiente De un amor inocente Por el sol del ocaso.

¡Qué amargura tan honda Para el paisaje, El héroe de la fronda Sin ramaje!

Ya no serás la cuna De la luna, Ni la mágica risa De la brisa, Ni el bastón de un lucero Caballero. No tornará la primavera De tu vida, Ni verás la sementera Florecida. Serás nidal de ranas Y de hormigas. Tendrás por verdes canas Las ortigas, Y un día la corriente Sonriente Llevará tu corteza Con tristeza.

¡Chopo viejo! Has caído En el espejo Del remanso dormido. Yo te vi descender En el atardecer, Y escribo tu elegía, Que es la mía.

CAMPO

_1920_

El cielo es de ceniza. Los árboles son blancos, Y son negros carbones Los rastrojos quemados. Tiene sangre reseca La herida del Ocaso, Y el papel incoloro Del monte, está arrugado. El polvo del camino Se esconde en los barrancos. Están las fuentes turbias Y quietos los remansos. Suena en un gris rojizo La esquila del rebaño, Y la noria materna Acabó su rosario.

El cielo es de ceniza Los árboles son blancos.

LA BALADA DEL AGUA DEL MAR

_1920_

A EMILIO PRADOS (CAZADOR DE NUBES)

El mar, Sonríe a lo lejos. Dientes de espuma Labios de cielo.

¿Qué vendes; oh joven turbia Con los senos al aire?

--Vendo señor, el agua De los mares.--

¿Qué llevas, oh negro joven, Mezclado con tu sangre?

--Llevo señor el agua De los mares.--

¿Esas lágrimas salobres De dónde vienen, madre?

--Lloro señor, el agua De los mares.--

¿Corazón; y esta amargura Seria, de dónde nace?

--¡Amarga mucho el agua De los mares!--

El mar Sonríe a lo lejos. Dientes de espuma Labios de cielo.

ÁRBOLES

_1919_

¡Árboles! ¿Habéis sido flechas Caidas del azul? ¿Qué terribles guerreros os lanzaron? ¿Han sido las estrellas?

Vuestras músicas vienen del alma de los pájaros, De los ojos de Dios, De la pasión perfecta. ¡Árboles! ¿Conocerán vuestras raíces toscas Mi corazón en tierra?

LA LUNA Y LA MUERTE

_1919_

La luna tiene dientes de marfil. ¡Qué vieja y triste asoma! Están los cauces secos, Los campos sin verdores Y los árboles mustios Sin nidos y sin hojas. Doña Muerte, arrugada, Pasea por saurales Con su absurdo cortejo De ilusiones remotas. Va vendiendo colores De cera y de tormenta Como un hada de cuento Mala y enredadora.

La luna le ha comprado Pinturas a la Muerte. En esta noche turbia ¡Está la luna loca!

Yo mientras tanto pongo En mi pecho sombrío Una feria sin músicas Con las tiendas de sombra.

MADRIGAL

_1919_

Yo te miré a los ojos Cuando era niño y bueno. Tus manos me rozaron Y me distes un beso.

(Los relojes llevan la misma cadencia, Y las noches tienen las mismas estrellas.)

Y se abrió mi corazón Como una flor bajo el cielo, Los pétalos de lujuria Y los estambres de sueño.

(Los relojes llevan la misma cadencia, Y las noches tienen las mismas estrellas.)

En mi cuarto sollozaba Como el príncipe del cuento Por Estrellita de oro Que se fué de los torneos.

(Los relojes llevan la misma cadencia, Y las noches tienen las mismas estrellas.)

Yo me alejé de tu lado Queriéndote sin saberlo, No sé como son tus ojos Tus manos ni tus cabellos. Solo me queda en la frente La mariposa del beso.

(Los relojes llevan la misma cadencia, Y las noches tienen las mismas estrellas.)

DESEO

_1920_

Solo tu corazón caliente, Y nada más.

Mi paraíso un campo Sin ruiseñor Ni liras, Con un río discreto Y una fuentecilla.

Sin la espuela del viento Sobre la fronda, Ni la estrella que quiere Ser hoja.

Una enorme luz Que fuera Luciernaga De otra, En un campo de Miradas rotas.

Un reposo claro Y allí nuestros besos, Lunares sonoros Del eco, Se abrirían muy lejos.

Y tu corazón caliente, Nada más.

LOS ÁLAMOS DE PLATA

_Mayo de 1919_

Los álamos de plata Se inclinan sobre el agua. Ellos todo lo saben pero nunca hablarán. El lirio de la fuente No grita su tristeza. ¡Todo es más digno que la humanidad!

La ciencia del silencio frente al cielo estrellado, La posee la flor y el insecto no más. La ciencia de los cantos por los cantos, la tienen Los bosques rumorosos Y las aguas del mar.

El silencio profundo de la vida en la tierra, Nos lo enseña la rosa Abierta en el rosal.

¡Hay que dar el perfume Que encierran nuestras almas! Hay que ser todo cantos, Todo luz y bondad. ¡Hay que abrirse del todo Frente a la noche negra, Para que nos llenemos de rocío inmortal!

¡Hay que acostar al cuerpo Dentro del alma inquieta! Hay que cegar los ojos con luz de más allá. Tenemos que asomarnos A la sombra del pecho, Y arrancar las estrellas que nos puso Satán.

Hay que ser como el árbol Que siempre está rezando, Como el agua del cauce Fija en la eternidad.

¡Hay que arañarse el alma con garras de tristeza Para que entren las llamas Del horizonte astral!

Brotaría en la sombra del amor carcomido, Una fuente de aurora Tranquila y maternal. Desaparecerían ciudades en el viento Y a Dios en una nube Veríamos pasar.

ESPIGAS

_Junio de 1919_

El trigal se ha entregado a la muerte. Ya las hoces cortan las espigas. Cabecean los chopos hablando Con el alma sutil de la brisa.

El trigal sólo quiere silencio. Se cuajó con el sol, y suspira Por el amplio elemento en que moran Los ensueños despiertos. El día, Ya maduro de luz y sonido, Por los montes azules declina.

¿Qué misterioso pensamiento Conmueve a las espigas? ¿Qué ritmo de tristeza soñadora Los trigales agita?...

¡Parecen las espigas viejos pájaros Que no pueden volar! Son cabecitas, Que tienen el cerebro de oro puro Y expresiones tranquilas.

Todas piensan lo mismo, Todas llevan Un secreto profundo que meditan. Arrancan a la tierra su oro vivo Y cual dulces abejas del sol, liban El rayo abrasador con que se visten Para formar el alma de la harina.

¡Oh, qué alegre tristeza me causais Dulcísimas espigas! Venís de las edades más profundas, Cantásteis en La Biblia, Y tocáis cuando os rozan los silencios Un concierto de liras.

Brotáis para alimento de los hombres, ¡Pero mirad las blancas margaritas Y los lirios que nacen _porque sí_! ¡Momias de oro sobre las campiñas! La flor silvestre nace para el Sueño Y vosotras nacéis para la vida.

MEDITACIÓN BAJO LA LLUVIA

FRAGMENTO

_3 de enero de 1919_

A JOSÉ MORA

Ha besado la lluvia al jardín provinciano Dejando emocionantes cadencias en las hojas. El aroma sereno de la tierra mojada, Inunda al corazón de tristeza remota.

Se rasgan nubes grises en el mudo horizonte. Sobre el agua dormida de la fuente, las gotas Se clavan, levantando claras perlas de espuma. Fuegos fatuos, que apaga el temblor de las ondas.

La pena de la tarde estremece a mi pena. Se ha llenado el jardín de ternura monótona. ¿Todo mi sufrimiento se ha perder, Dios mío, Como se pierde el dulce sonido de las frondas?

¿Todo el eco de estrellas que guardo sobre el alma Será luz que me ayude a luchar con mi forma? ¿Y el alma verdadera se despierta en la muerte? ¿Y esto que ahora pensamos se lo traga la sombra?

¡Oh, qué tranquilidad del jardín con la lluvia! Todo el paisaje casto mi corazón transforma, En un ruido de ideas humildes y apenadas Que pone en mis entrañas un batir de palomas.

Sale el sol. El jardín desangra en amarillo. Late sobre el ambiente una pena que ahoga. Yo siento la nostalgia de mi infancia intranquila, Mi ilusión de ser grande en el amor, las horas Pasadas como ésta contemplando la lluvia Con tristeza nativa. Caperucita roja Iba por el sendero... Se fueron mis historias, hoy medito, confuso, Ante la fuente turbia que del amor me brota.