Part 5
Tenga usted calma. Yo las misas pagaré..., a no ser que quiera usté que se endosen a su alma. Lea usté ahora en desquite esta carta que Melchor me dio...
FROILÁN.
Sí; mi arrendador de la hacienda de Belchite.
(_Toma la carta, la abre, y la lee para sí_).
ISABEL.
(_Después de una breve pausa_). ¿Qué será?
MATÍAS.
Le tiembla el pulso...
ANTONIO.
Gime...
ELÍAS.
Un color se le va y otro se le viene...
FROILÁN.
¡Ah!
JACINTA.
Mira al cielo...
LUPERCIO.
Está convulso...
FROILÁN.
¡Cruel, funesta noticia! ¡Desventurado de mí! ¡Yo esperaba el bien ajeno, y pierdo el mío! ¡Infeliz! ¡Me ha arruinado, me ha perdido la infame facción servil! Me ha subastado el aceite, me ha saqueado el maíz, me ha destruido el molino, me ha secuestrado el redil. A mí, que no me metía con liberal y servil, y ni he sido diputado, ni prócer, ni alcalde, ni... Si hasta los neutrales tienen su hacienda y vida en un tris, ¿quién quieres, aleve príncipe, que te doble la cerviz? Ya es crimen la indiferencia. ¡Guerra! ¡Un fusil! ¡Un fusil! ¡Traidor don Carlos! La sangre siento ya en mi pecho hervir. Yo moriré peleando o me vengaré de ti.
ESCENA ÚLTIMA.
LOS PRECEDENTES, _menos_ DON FROILÁN.
JACINTA.
¡Dios mío!
ISABEL.
¡Pobre Froilán!... ¡Funesta guerra civil!
PABLO.
Le está muy bien empleado. ¡El cielo castigue así a todo infame egoísta que a la patria ve gemir y ni acude a sus miserias, ni la defiende en la lid! Volviendo a lo de la boda, en buen hora sea mil y mil veces. Yo también me caso.
ISABEL.
(¡Ay!)
JACINTA.
¿De veras?
PABLO.
Sí. Si ustedes quieren mañana a mi contrato asistir...
ISABEL.
(¡Mañana!...)
LAS DAMAS.
(_A Jacinta, mostrando todas mucha curiosidad_). ¿Quién...?
ANTONIO.
(_A los caballeros, que forman también corrillo_). ¿Quién será?...
MATÍAS.
¿Quién es la novia feliz? Dime...
PABLO.
Son amores póstumos. No es la novia que escogí de este mundo.
MATÍAS.
Alguna momia...
PABLO.
No. Fresca como el abril. ¡Flor de mi tumba!, ¿por qué tan tarde te conocí?
ISABEL.
(Me mira... ¡Ah! ¡Cómo palpita mi corazón!)
ANTONIO.
Pero en fin...
JACINTA.
(¿Será Isabel?...)
UNA SEÑORA.
¿No sabremos...?
PABLO.
Aunque a su gracia gentil sabe hermanar la modestia, su nombre puedo decir, que pues la ofrezco mi mano, no la alejará de sí quien ya me dio el corazón.
(_Isabel no puede reprimir su agitación_).
LA SEÑORA.
(_Aparte a las otras_). Hacia aquí mira, ¿advertís?
PABLO.
¡Ah! Sí. Ya anuncia mi dicha en su labio de carmín la sonrisa del amor.
LA SEÑORA.
(¡Yo soy! Me ve sonreír...)
PABLO.
Y esa mirada... ¡Isabel!
(_Acercándose a ella, y presentándola la mano_).
ISABEL.
¡Pablo mío!
(_Tomando la mano de don Pablo, y reclinando la cabeza en el pecho del mismo como para ocultar el exceso de su gozo_).
LA SEÑORA.
(_Con un suspiro y abanicándose_). (¡No era a mí!)
ANTONIO, LUPERCIO, DAMAS, CABALLEROS.
¡Isabel!
MATÍAS.
(_A Jacinta_). ¡Era tu hermana!
ELÍAS.
(¡Ya llegó mi San Martín!)
MATÍAS.
¿No dijiste que tu esposa no era de este mundo?
PABLO.
Sí. Mujer de un alma tan pura, cuya virtud sin igual compite con su hermosura, es un ser angelical, no es humana criatura. Mujer de tanta virtud, mujer de amor tan profundo que en su tierna juventud se inmolaba... ¡a un ataúd!... no pertenece a este mundo. Yo, que su ventura anhelo, ya no me juzgo habitante de este miserable suelo; que Isabel me mira amante y sus brazos son... ¡el cielo!
ISABEL.
Yo que te lloré en la losa; yo, que con verte, no más, me tenía por dichosa, ¿qué haré ahora que me das el dulce nombre de esposa?
PABLO.
¡Cuán de veras lo mereces! ¡Dichosa muerte mil veces! Muérete ¡y verás!, Matías...
MATÍAS.
¡Lindo regalo me ofreces!
PABLO.
¿Qué dice usted, don Elías?
ELÍAS.
Que el mundo es un entremés, don Pablo.
MATÍAS.
Es cierto.
LUPERCIO.
Así es.
ANTONIO.
Para aprender a vivir...
ELÍAS.
No hay cosa como morir...
PABLO.
Y resucitar después.
FIN DE LA COMEDIA.