Part 7
MARÍA. (_Animándose, se levanta_.) ¡Bravísimo, señor 245 hombre nuevo!
LEÓN. Pagué mi carbón a toca-teja: lo traje acá, parte en carro, parte en un borrico, y algo también a hombros, en una cesta...
MARÍA. Y lo vendió y ganó dinero. 250
LEÓN. Antes de veinte días pude comprar un carro.
MARÍA. (_Gozosa._) Ya veo, ya veo... Se le revelaba a usted un mundo.
LEÓN. Me sentía poseedor de cualidades nuevas, de ideas nuevas, de nuevas aptitudes... Buscaba en mí, 255 por curiosidad, al hombre antiguo, y no lo encontraba. Aquí de la expresión de usted, que me llega al alma: «No es aquél, Cesáreo; es otro.»
MARÍA. Su historia, señor mío, me conmueve, me anonada. La veo no menos maravillosa que las vidas de 260 santos y que las empresas de los conquistadores más atrevidos. Lo demás...
LEÓN. Lo demás apenas necesita explicaciones: honradez intachable; trabajo continuo noche y día; diligencia, prontitud, buena fe; cumplimiento exacto, 265 infalible, de todo compromiso comercial... conciencia tranquila, robustez, salud...
MARÍA. (_Suspira hondamente._) ¡Cuántos bienes después de tanta adversidad!
LEÓN. Y ahora, señorita, desenmascarado absolutamente 270 el vecino negro, dígame usted en qué puedo servirla.
MARÍA. (_Aparte._) Después de oírle, siento más vergüenza que antes. (_Alto._) No soy digna de acercarme a usted con la pretensión de... No, no puedo decirlo... 275 Usted ha turbado mis ideas... Yo le creía un hombre inferior... y ahora es usted tan grande que casi no me atrevo a mirarle. (_Inquieta, recorre la escena._) ¡Oh! no, imposible. Debo retirarme. (_Llamando en voz baja._) Cirila. (_Acude ésta a su lado._) ¡No me atrevo; siento 280 una vergüenza...!
CIRILA. En casa no duermen. Tu papá se pasea de sala en sala. Debemos irnos.
MARÍA. (_Dudando._) No, no: aguarda... ¡Dios mío, qué ansiedad! 285
LEÓN. Estamos solos, señorita. Puede explicarme...
MARÍA. No, no, León: me falta valor. Soy una pobre señorita mal educada, incapaz de resolver cosa alguna... Lo que yo pretendía, lo que me impulsó a llamarle, es algo que a sus ojos me rebajaría, y yo no quiero rebajarme 290 a los ojos de usted, de quien ha sabido ser creador de sí mismo. Hágase usted cuenta de que no le llamé, de que no nos hemos visto, y retírese... Le suplico que se retire.
LEÓN. (_Con calma, que encubre una calculada expectación 295 y deseos de penetrar en las ideas de María._) Bien, señorita, en ese caso... (_Con gran lentitud._) Si es deseo de usted que me retire... poniéndome siempre a sus órdenes... (_Se va retirando muy despacio, parándose y volviendo la cabeza._) me retiraré. 300
MARÍA. (_Con súbito arranque._) León. (_Aparte a Cirila._) Sí, sí: lo diré... es preciso. Me volvería loca si no lo dijese. Ello es ridículo, humillante; ¿pero qué importa? (_Alto._) Usted comprenderá que no es por mí... que obligada me veo por... Hay duras necesidades... 305 que abruman...
CIRILA. (_Aparte a María._) Ángel, dilo pronto, en dos palabras, para que acabe tu agonía.
MARÍA. (_Con gran esfuerzo._) Mi padre, mi familia...
LEÓN. Yo haré menos violenta esa manifestación, 310 anticipándome...
MARÍA. Sí... hable usted por mí...
LEÓN. El Marqués se halla en situación precaria... Lo sé: he visto alguna carta dirigida por el señor Marqués a personas de la villa... 315
MARÍA. ¡Oh, qué vergüenza! (_Premiosa, trémula._) Mi padre me ordenó que escribiese a usted una de esas cartas... la escribí... Luego me pareció, viéndole a usted tan humilde, que de palabra... sería mejor... Perdone usted mi atrevimiento. Mi padre es bueno; 320 sólo que el pobrecito sueña con engrandecimientos y regeneraciones que no vienen, que no vendrán... Es bueno, y mi madre una excelente señora, y mis hermanitos... (_Sollozando_) son muy buenos también... están... en el colegio... Tenga compasión de nosotros... En mi 325 casa se ha llegado a una situación tan... no sé cómo decirlo... tal vez usted no lo crea. (_Más ahogado el sollozo._) Yo procuro ocultar a mi padre la terrible verdad de nuestra miseria. Yo sola la sé, yo y Cirila, que más que mi criada, es mi amiga. Los demás viven en 330 un mundo de ilusiones, de mentiras... Mi hermano los mantiene en el engaño... Nos hundimos; rodamos al precipicio, a la abyección... Esto lo veo yo... lo veo... pero no puedo remediarlo, no sé remediarlo... no sé, no sé... (_Rompe en llanto. Cirila llora también en 335 silencio._)
LEÓN. Es en usted mérito grande ver la situación en su realidad terrible, mirarla cara a cara...
MARÍA. (_Más serena._) Sí, señor... la miro... cara a cara. 340
LEÓN. Heroína es usted, y está llamada a entrar en batalla con las mayores desdichas... Pero usted tiene un corazón grande, un corazón valiente, ¿verdad?
MARÍA. Quiero tenerlo.
LEÓN. Usted no se acobarda ante ningún obstáculo. 345
MARÍA. No. (_Secándose las lágrimas, animosa._)
LEÓN. Y posee entereza bastante para permanecer serena ante un contratiempo, ante un golpe de adversidad... como el que yo voy a darle en este momento.
MARÍA. (_Aterrada._) ¡Usted... un golpe! 350
LEÓN. Diciéndole, como le digo, que no puedo socorrer a su familia. (_María permanece en muda expectación._) No podré esta noche, ni mañana... ni en algunos días podré.
MARÍA. (_Aparte consternada._) ¡Humillación, espantosa 355 ridiculez! (_Llévase las manos al rostro._)
LEÓN. ¡Cuánto me aflige mi negativa, sólo Dios lo sabe! (_Decidiéndose a presentar el asunto en su realidad descarnada._) Pero a una persona tan inteligente debo yo completa sinceridad... Suprimo las explicaciones sentimentales 360 de mi conducta, y daré a usted tan sólo las que deben hablar a su razón. (_María continúa expresando el trastorno de su desengaño._) Hace un mes, viendo claro un desarrollo grande de mi tráfico, hice a la mina un pedido de consideración. El nuevo ferrocarril me trajo 365 seis vagones, luego ocho, luego más. He colocado ya la mayor parte... Mañana, 10, es el día fatal, el vencimiento de las obligaciones que contraje. Gracias a mi puntualidad, tengo crédito en la Compañía Minera. La falta de pago me hundiría, me haría perder en un instante 370 la reputación mercantil adquirida con ímprobo trabajo y privaciones de que usted no puede tener idea.
MARÍA. (_Atónita, pero identificándose con las ideas de León._) Sí, sí: ya entiendo.
LEÓN. Allí (_Señalando a su casa._) tengo apilada, billete 375 sobre billete, duro sobre duro, la cantidad que he de pagar mañana. No me ha sobrado nada. ¿Quiere usted que le traiga la suma que allí espera... para el pago de una deuda sagrada y para la sanción de mi crédito? (_Pausa._) 380
MARÍA. (_Después de una vacilación momentánea, dice con voz firme:_) No.
LEÓN. Es usted fuerte, animosa. (_Gozoso._) Veo que si yo soy de hierro, usted también.
MARÍA. ¿Yo? (_Con grave acento y convicción._) Si 385 Dios me concede lo que le pido, el bronce será menos fuerte que yo, y el acero menos templado.
LEÓN. ¡Mujer grande!
MARÍA. Mujer... del tamaño de los acontecimientos, considero muy bien las razones que usted me da para... 390 En fin, que no desmerezca yo a sus ojos; que no me crea... no sé qué iba a decir... y procure usted olvidar esta entrevista...
LEÓN. Eso nunca. Espero que, en un día próximo, podré ser menos cruel que he sido esta noche. 395
MARÍA. (_Turbada._) Gracias, infinitas gracias. Retírese usted... Tiene ocupaciones... Yo también.
LEÓN. Sí... debo retirarme. (_Le hace reverencia. Aléjase lentamente; la contempla a distancia. Aparte._) ¡Dura lección es ésta!... ¡Terrible lección! Aprovéchala. 400 (_Continúa observándola. Acércase Cirila de nuevo a María, con ánimo de consolarla._) Desdichada víctima social, lucha, padece y vencerás. (_Entra en su casa._)
ESCENA III
MARÍA, CIRILA; después VICENTA.
CIRILA. Niña del alma, no te acobardes. Poco amable y nada generoso ha estado el vecino. Probaremos 405 con otros. (_Saca la carta._) Con variar el nombre...
MARÍA. (_Vivamente, mirando a la parte obscura de la escena por donde ha desaparecido León, arrebata a Cirila la carta y la estruja._) Acábese esta ignominia. (_Rompe la carta y arroja los pedazos. Aparece Vicenta por la 410 puerta del patio. Viste traje para la fiesta._) Su proceder duro, casi bárbaro, es para mí un aviso del Cielo. Admiro en ese hombre la severidad de un maestro inflexible.
VICENTA. (_Aparte._) ¡Aquí María!... ¡y qué elegante!... 415
CIRILA. La señora Alcaldesa.
MARÍA. (_Aparte a Cirila._) Apártate... Vigila en la escalera. (_Cirila se aleja por la derecha, cautelosa, y aguarda sentada en el primer peldaño._)
ESCENA IV
MARÍA, VICENTA.
VICENTA. ¡María... querida! Usted, impaciente por 420 mi tardanza, ha bajado a esperarme.
MARÍA. Sí: esperaba a usted...
VICENTA. Vengo retrasada. Cosiendo hasta muy tarde hemos estado mi hermana y yo con el dichoso arreglo. (_Mostrando su vestido._) Yo quería que lo viese su mamá. 425
MARÍA. Mamá se acuesta muy temprano.
VICENTA. (_Girando sobre sí._) ¿Qué tal estoy?...
MARÍA. (_Riendo._) ¡Horrible! No podía usted discurrir un arreglo más desatinado.
VICENTA. ¡Oh, qué pena me da usted!... Pero ya 430 no tiene remedio... Vámonos.
MARÍA. No: yo no voy. Después de vestida, decido no ir.
VICENTA. Entonces, ¿qué hacía usted aquí?
MARÍA. Salíamos... (_Sin saber qué decir._) Íbamos a 435 casa de usted para que me viese...
VICENTA. (_Deslumbrada por la elegancia y riqueza del atavío de María._) ¡Oh, suprema elegancia! Está usted divina, ideal.
MARÍA. Vea usted, Vicenta: con un traje como éste 440 debiera usted presentarse esta noche en los jardines de Teodolinda, iluminados _a giorno_. Una _toilette_ así es lo que a usted le corresponde, por su posición, por su natural elegancia y belleza... y no ese adefesio barato, que va pregonando las hechuras de casa y el aprovechamiento 445 de trapitos. (_Burlándose._) ¡Pobre amiga mía! No puede usted imaginar qué lástima le tengo.
VICENTA. (_Consternada._) No me lo diga usted más, porque hago lo que usted: no ir.
MARÍA. (_Vivamente._) No, no, Vicenta. Usted no 450 puede faltar. ¡Qué se diría! No, no... De ninguna manera...
VICENTA. ¡Vaya que es desdicha! No tan bueno como ése, pero elegantísimo también y de gran novedad, es el vestido que yo encargué. (_Furiosa._) ¡Ay, 455 qué bribona de modista; era cosa de arrastrarla!...
MARÍA. (_Imitando su furia._) De sacarle los ojos. Sí, porque con su informalidad la pone a usted en un ridículo espantoso. Yo lo siento tanto como usted, y estoy pensando que... (_Pausa._) 460
VICENTA. (_Con gran ansiedad, reparando en todas las partes del hermoso vestido._) ¿Qué, hija mía?
MARÍA. (_Gozando con la ansiedad de Vicenta._) Pienso... que con este traje estaría usted encantadora, Vicenta. 465
VICENTA. ¡Oh, sí...!
MARÍA. ¡Y qué golpe daría usted si con él se presentara en el baile! Usted imagínese la grandiosa decoración del parque y jardines... los focos eléctricos, que darán a las mujeres bien vestidas un aspecto ideal, fantástico... 470 y por fondo el follaje verde, salpicado de lucecitas...
VICENTA. (_Entusiasmada._) ¡Oh, incomparable! Creerían que es el vestido que encargué a Madrid... María, amiga del alma, ¿es cierto lo que sospecho? 475 Me dice el corazón que usted, con su generosidad sin ejemplo, se digna prestarme... (_María hace signos afirmativos, lentamente._) ¡Oh, qué alegría! ¿Con que...?
MARÍA. (_Empezando a ponerse grave._) Hay algún 480 inconveniente.
VICENTA. ¿Cuál?
MARÍA. Yo le prestaría a usted con mucho gusto mi traje... pero... si luego me lo ven a mí, ¡qué dirán!
VICENTA. (_Desconsolada._) ¡Ah, sí...! no había 485 caído...
MARÍA. No debo prestar a usted mi vestido, no... Pero... por otro medio podría lucirlo. (_Pausa, expectación de Vicenta._)
VICENTA. ¿Cómo? 490
MARÍA. Comprándolo.
VICENTA. (_Asustada, cruzando las manos._) ¡María!
MARÍA. Vendo esta ropa, que es absurda, irrisoria, en la humilde situación a que ha llegado mi familia. Mi padre es pobre, tan pobre que no lo son más los que 495 mendigan en las calles. Ya no hay forma de disimular ni encubrir nuestra descarnada miseria...
VICENTA. (_Compadecida._) ¡Pobre amiga de mi alma! ¡Qué pena!... Sí: compro el vestido... compro todo: traje, sombrero, abrigo... Pero ello ha de ser para 500 ponérmelo y lucirlo esta noche.
MARÍA. Tiene usted tiempo.
VICENTA. (_Con gran impaciencia._) Pero no podemos descuidarnos.
MARÍA. Espérese un poco. Aún tenemos que 505 estipular...
VICENTA. Naturalmente, el precio.
MARÍA. Que no puede ser corto. Usted, señora rica y de buen gusto, puede apreciar... Fíjese bien: este traje es de Redfern, el primer modisto de París... 510
VICENTA. Ya se conoce.
MARÍA. _Rue de Rivoli_, 242. Viste a la Emperatriz de Rusia y a la Reina de Inglaterra.
VICENTA. Y será carísimo.
MARÍA. Usted figúrese... Mis padres encargaron y 515 pagaron estos lujosos trapos dos meses ha, cuando ya eran pobres, casi miserables. Lo que ellos dieron entonces a la vanidad, justo es que la vanidad se lo devuelva.
VICENTA. Amiga mía, me hago cargo de las circunstancias, y sé que me obligan a ser generosa. Fije usted 520 un valor razonable, teniendo en cuenta que es prenda usada, y no regatearemos. (_Impaciente porque María se quite el vestido._) Y ahora... Porque los instantes vuelan, María. El precio y pago lo arreglaremos mañana.
MARÍA. Perdone usted, Vicenta. Los malditos _mañanas_, 525 causa de tantos desórdenes, están abolidos...
VICENTA. ¿Por quién?
MARÍA. Por mí. Me propongo cambiar radicalmente mi modo de ser. Ya no soy aquélla, soy otra. La gravedad, la urgencia del caso exigen que esta noche quede 530 todo resuelto y concluido: la entrega de la ropa, el pago, etc... No he de ser exigente. De lo que costaron a mi padre este rico traje y sus accesorios... ya usted ve: todo nuevecito... sólo una vez me lo puse en Madrid,... rebajo la mitad. 535
VICENTA. Bien.
MARÍA. Si usted quiere lucirlo esta noche haciéndolo pasar por el que encargó a Madrid, tiene que darme...
VICENTA. ¿Cuánto? 540
MARÍA. (_Con energía._) No mañana, mañana no, esta noche misma, ahora, corra usted a su casa, que está bien cerca, dos pasos, y tráigame... cuatrocientos duros.
VICENTA. (_Confusa, sin saber qué hacer._) Pero... verá usted... el caso es que esta noche... Naturalmente, 545 no voy a decirle a Nicolás... Quizás se opondría.
MARÍA. Pues entonces, no hay trato.
VICENTA. Mañana, amiga mía... ma...
MARÍA. (_Cortándole el concepto._) No hay amiguitas, ni carantoñas, ni mañanas, ni nada de eso. ¿No sabe 550 usted que soy de bronce?
VICENTA. Ya lo veo, ya... Pero... No sé cómo arreglarlo... (_Con una idea salvadora._) ¡Ah! Si usted se aviene a recibir esta noche la mitad, un poquito menos... Sin enterar a Nicolás ni a nadie, puedo disponer ahora 555 mismo de unas novecientas pesetas.
MARÍA. Acepto, siempre que usted me dé formal promesa de entregarme el resto antes de las veinticuatro horas... mil cien pesetas.
VICENTA. Justas y cabales. Pero no perdamos tiempo... 560 Corro a casa... Nicolás, a quien dije que iríamos juntas, ya está allá. Luego le diré: «¿no sabes? llegó el vestido...» Y mañana le cuento... En fin, yo lo arreglaré... tardaré tres minutos... Que cuando yo venga, esté usted despojada... ¿Subiré a su casa? 565
MARÍA. No: espéreme aquí. (_Se quita el abrigo y sombrero._)
VICENTA. A prisita, a prisita, para que yo tenga tiempo... (_Vase corriendo por el patio._)
ESCENA V
MARÍA, CIRILA; después DON PEDRO, dentro.
CIRILA. (_Deteniendo a María que se dirige a la escalera, 570 llevando en la mano sombrero y abrigo._) No subas: tu papá, inquieto y desvelado, con el torbellino de sus ilusiones, no hace más que pasear por toda la casa, y a ratos sale a la galería alta.
MARÍA. (_Indicando la glorieta, junto a la escalera._) 575 Pues aquí mismo. (_Entrega a Cirila el abrigo, el sombrero._) Sube corriendo y traeme un _peignoir_. Si te preguntan... di... cualquier cosa, que lo piden la Alcaldesa y su hermana para modelo.
CIRILA. Voy. (_Presurosa sube a la casa._) 580
MARÍA. (_Sola desabrochándose._) ¡Qué agradecida estoy a ese hombre! Su negativa me ha puesto en el verdadero camino. (_Óyese la voz de Don Pedro, que en la galería alta llama._)
DON PEDRO. ¡Cirila, Cirila! 585
MARÍA. (_Con voz muy queda, gozosa._) Señor Marqués, señor papaíto, ya tenemos dinero.
DON PEDRO. ¿Pero dónde se mete esa...?
MARÍA. Y sin pedir nada a nadie.
CIRILA. (_Baja rápidamente con la prenda pedida._) 590 Aquí está. (_Señalando la galería alta hacia el fondo._) Ya se ha cansado de llamar; ya se va.
MARÍA. (_Cogiendo el peignoir._) Dáme. _(A Cirila que fija la vista en la reja y puerta de la casa de León._) ¿Qué miras? 595
CIRILA. Parecióme ver los ojos del hombre negro acechando tras de la reja.
MARÍA. Ilusión tuya. (_Entra en la glorieta. Cirila le desabrocha el vestido._) Nadie más que tú verá el nacimiento de la mujer nueva. (_Gozosa._) Cirila, abrázame. 600
CIRILA. ¿Estás contenta?
MARÍA. ¿No lo ves?... ¿No notas tú que el mundo todo se ha transformado? No, tú no lo notarás.
CIRILA. Es tu alegría.
MARÍA. No: es el mundo que me sonríe y me dice: 605 «Soy muy grande. Estoy lleno de tesoros... Ven, toma para ti lo que encuentres, que no sea de los demás. Recoge todo, recoge los átomos...»
CIRILA. Vaya, no delires tú ahora. (_Ayudándola a cambiar de ropa._) 610
MARÍA. (_En la glorieta habrá un trozo de follaje, tras el cual se oculta María al desprenderse de la falda y cuerpo._) Es la sociedad que me dice: «Mírame: no soy toda egoísmo, no soy toda vanidad y mentiras. Estoy llena de virtudes: búscalas, y en ellas encontrarás la vida.» 615
CIRILA. Es tu ilusión de sustentar a la familia.
MARÍA. Es Dios que me dice: «Soy la voluntad que hizo el mundo. A ti te di la existencia, y por redimirte sufrí martirio. Adórame Redentor y mártir... Adórame también Creador.» (_Vuelve Vicenta presurosa por el 620 fondo. Busca a María en el sitio donde la dejó. De la glorieta sale María completamente transformada._)
ESCENA VI
MARÍA, VICENTA, CIRILA.
CIRILA. Aquí, señora.
VICENTA. (_Llega junto a María y le entrega los billetes._) Aquí está. Cuéntelo... 625
MARÍA. (_Toma los billetes sin mirarlos._) Gracias, amiga mía.
VICENTA. ¿Y cómo no ha subido usted?...
MARÍA. No conviene que se enteren. No pierda usted tiempo, Vicenta. 630
VICENTA. (_Muy impaciente._) Sí: me vestiré al instante. (_Recoge la ropa._)
MARÍA. (_Coge la mano de Vicenta y la retiene entre las suyas._) Ahora, júreme por la salud de sus hijos que me dará lo restante... 635
VICENTA. Antes de las veinticuatro horas.
MARÍA. Júreme también que me guardará el secreto.
VICENTA. Mi marido y mi hermana tienen que saberlo.
MARÍA. Pero nadie más... Júremelo.
VICENTA. Nadie más. Por la salud de mis hijos. 640
MARÍA. Bueno: adiós. ¿Lleva usted todo?
CIRILA. Cuerpo, falda... (_Le va entregando todo._)
MARÍA. Sombrero, abrigo...
VICENTA. (_Recogiendo todo cuidadosamente._) Está bien. 645
MARÍA. Estará usted...
VICENTA. (_Con entusiasmo._) ¡Oh, elegantísima! Adiós. Hasta mañana. (_Vase corriendo._)
CIRILA. (_Después de mirar por la escalera._) Podemos subir. Tu papá se ha retirado. Nos meteremos en mi 650 cuarto.
MARÍA. Sí. (_Contemplando los billetes._) Dinero de mi pobreza, ya estamos aquí frente a frente tú y yo... ¿Qué quieres decirme al venir a mí? Que desde que te inventaron los hombres eres muy malo, y que por malo 655 te han puesto innumerables motes injuriosos... que revuelves todo el mundo y originas infinitos desastres... ¡Ah! ya veremos eso... Conmigo no juegas. ¡No sabes tú en qué manos has venido a parar!... ¿Serás bueno, eh?... Seremos amigos. (_Los besa y los guarda en el 660 seno._)
CIRILA. Vámonos ya.
MARÍA. Un momento. (_En el centro de la escena, vuelta hacia la casa de León._) ¡Maestro...!
CIRILA. No responde... No hay nadie. 665
MARÍA. Hablo con su espíritu, mujer. (_Alzando más la voz y mirando siempre a la izquierda._) Ya no soy aquélla... soy otra.
CIRILA. (_Asustada._) Cállate, niña mía...
MARÍA. No puedo. Déjame expresar mi alegría, mi 670 gratitud... Maestro, buenas noches. (_Dirígese a la escalera con paso ligero._)
ACTO TERCERO
Sala baja en el palacio de Alto-Rey. En el fondo dos grandes rejas por las cuales se ve un patio con árboles separado de la calle por un muro bajo o empalizada. A la izquierda, puerta por donde entran los que vienen de la calle. A la derecha, puerta grande que comunica con el interior.--Mesa grande a la derecha, con cajón practicable; a la izquierda otra mesa sobre la cual hay piezas de puntilla y cajas de flores artificiales, pasamanería. Parte de estos objetos están a la vista, fuera de las cajas. Debajo de la mesa, más cajas. En el fondo grandes armarios antiguos, con puertas de nogal. En el ángulo de la derecha un perchero con ropa de María. Ésta, junto a la mesa de la derecha, de perfil al público, toma nota de existencias. Viste con elegante sencillez; se cubre con un largo delantal. Cirila está mirando a la calle por la reja. Óyese lejano rumor de panderetas y cantos populares.
ESCENA PRIMERA
MARÍA, CIRILA.
MARÍA. ¿Pero qué bulla es esa?
CIRILA. Primer día de ferias. El pueblo quiere divertirse. (_Dirígese a la mesa de la izquierda._)
MARÍA. Sigamos. De puntillas quedan... dos cajas...
CIRILA. (_Contando piezas de puntilla._) Dos, y estas 5 cuatro piezas.
MARÍA. Lástima no haber traído más.
CIRILA. Inspirada fue tu invención de esta granjería. Los tenderos de aquí traían un género anticuado, carísimo, y más falso que Judas... y tú, pidiéndolo directamente a 10 la fábrica y contentándote con una ganancia corta...
MARÍA. (_Atenta a sus notas._) Doscientas doce. (_Hace su apuntación en pie._)
CIRILA. (_Suspendiendo el trabajo._) ¿Sabes, mi ángel, que es una maravilla lo que has hecho? En poco más 15 de dos meses...
MARÍA. Dos meses y algunos días desde aquella noche... Parece que fue ayer...
CIRILA. Cuando le vendiste a doña Vicenta tu ropa... ¡Ay, de rodillas debiera adorarte la familia! Mira que... 20 Imposible parece...
MARÍA. Vamos, Cirila, no te entretengas. Si no me ayudas, tendré que volver a ponerte en la cocina. (_Pasa a la mesa de la derecha._)
CIRILA. ¡Ay! no, no: déjame aquí. (_Vuelve a su 25 trabajo._) Por cierto que con la nueva cocinera están muy contentos los señores. Tu papá la llama _el jefe_. Esta mañana, a más del _rosbif_, ha traído Bernarda unas aves riquísimas, pavipollos que parecen bolas de manteca... un jamón de York... pasas de Corinto para hacer _plum 30 pudding_... té superior... _foie-gras_... y vino blanco, de ese que llaman _Chablis_... (_Pasa a la derecha._) ¿Pero no sabes, bobita? (_Con misterio._) Quieren convidar a comer al señor de Corral.
MARÍA. (_Vivamente._) ¡A ese gaznápiro insufrible! 35 ¡Vaya que es gana de contrariarme! Sabiendo mi antipatía, mi repugnancia.
ESCENA II
Las mismas; MENGA. Mozuela del pueblo, vendedora en la plaza. Viste pobremente; trae al brazo un gran cesto con sus variadas mercancías; en la mano un palo tarja. Su hablar es áspero y descarado.
MENGA. (_Por la izquierda._) ¿Ha lugar, muesama?
MARÍA. Adelante, Menga.
MENGA. Si quié que ajustemos la cuenta... (_Saca 40 un bolsón mugriento._)
MARÍA. Vamos allá. (_Se sienta. Saca del cajón de la mesa una cestilla con dinero y un papel._)
MENGA. Léame la apuntación, a ver si hay conformidá. 45
MARÍA. Tienes que darme: pesetas...
MENGA. (_Vivamente._) ¡Noramala con las pesetas! ¡Cuénteme por benditos riales!
MARÍA. Pues cuatrocientos ochenta reales. Bien clarito está. 50
MENGA. No, muesama.
MARÍA. ¿Que no? Pues haz tú la cuenta.
MENGA. Cuenta clara. (_Mirando el palo en que tiene hecha la cuenta por cortaduras a navaja._) Sesenta piezas. 55
MARÍA. Sesenta piezas.
MENGA. A siete y medio. Pus son: cuarenta dieces, más cuatro cincos, que hacen veinte, más sesenta medios riales. Esto sí que es claro.
MARÍA. A ver. (_Mirando la tarja._) Ya... es que 60 tú te descuentas tu corretaje...
MENGA. ¡Pus no!
MARÍA. ¡Pero si del corretaje te llevo yo cuenta aparte! (_Saca otro papel._) Toma: treinta reales. (_Se los da._) 65
MENGA. (_Coge su dinero. Saca del bolsón billetes y plata._) Cuentas claras: cuarenta y cinco dieces, más seis cincos... Ahí tiene... Ahora déme (_Sacando cuenta mental, ayudada de los dedos._) veinte piezas, y otras veinte, y cinco más. 70
CIRILA. Cuarenta y cinco. Toma. (_Se las va contando._)