Part 8
MENGA. Las aldeanas no quién otra cosa. Yo les digo que to l' señorío de Madril lo gasta, la Reina mesmamente en sus camisolines... y que lo train de unas 75 fráicas nuevas de las Alemañas, o del quinto infierno.
MARÍA. No te quejarás, Menga: bien te doy a ganar.
MENGA. No hay queja, muesama. Pero vea: siete bocas tengo que tapar: mi madre, mi güela de padre, mi güelo de madre, y cuatro sobrinos mocosos, tamaños 80 así.
MARÍA. Pero tú ganas mucho. Eres gran comercianta.
CIRILA. Pues no llevas aquí poco material. (_Mirando el contenido del cesto._)
MARÍA. ¿Qué vendes, a más de la puntilla? 85
MENGA. (_Mostrando sus mercancías._) Poca cosa: vendo cangrejos, peines, cuerdas de guitarra, aleluyas para los chicos, y velas para los difuntos.
CIRILA. ¡Ay, qué allegadora!
MARÍA. Dios la protegerá. (_Entra Vicenta por la 90 izquierda._)
ESCENA III
Las mismas, VICENTA.
VICENTA. ¡Queridísima...!
MARÍA. ¡Oh, Vicenta...! (_Se levanta. Alegre va a su encuentro._) ¿Qué hay, qué noticias me trae?
VICENTA. (_Con entusiasmo._) Hija, las flores y pájaros 95 para adorno de sombreros han tenido una aceptación colosal. ¡Qué feliz idea! No llegaban acá más que porquerías anticuadas... Me ha dicho Josefita que se queda con todo, y que le mande usted la factura.
MARÍA. Bien. (_Destapa cajas y le muestra más flores 100 y otros objetos._) Tengo más, mucho más... Mire, mire: aquí más flores... pájaros lindísimos... Aquí cascos de paja... ¡Vea usted qué cosa más elegante!
VICENTA. (_Con grande admiración._) ¡Oh, qué maravilla! 105
MARÍA. (_Sigue mostrando._) Vea la encajería para adorno de vestidos.
MENGA. (_Acercándose con Cirila y admirando aquellos primores._) Miá, miá, lo que trujo pa las señoras de acá... ¡Hale con ellas, muesama, y engáñelas y sáqueles la 110 enjundia, que son bien ricachonas!
VICENTA. Ha tenido el talento de adivinar los adelantos de esta villa...
MENGA. ¡Qué no discurrirá ésta, si tié los dimonios en el cuerpo! 115
CIRILA. Los ángeles tiene, que no demonios, bruta.
MENGA. Lo mesmo da... que hay dimonios del Cielo.
CIRILA. ¡Jesús, qué blasfemia!
MENGA. O angelicos de los infiernos... Dígolo porque 120 ésta paiz un dimonio, y es, como quien dice, santa... Ea, dame lo mío.
CIRILA. (_La va cargando de piezas._) Santa es: no lo sabes tú bien.
MENGA. (_Acomodando su carga en el cesto y en la 125 cabeza._) Echa más... ¡Arre ahora!
MARÍA. ¡Adiós Menga, ricachona!
MENGA. (_Abrumada con su carga._) Adiós, Santa Mariucha. (_Vase por la izquierda._)
MARÍA. (_A Cirila._) No te necesito por ahora. Acompaña 130 un ratito a mamá. (_Vase Cirila por la derecha._)
ESCENA IV
MARÍA, VICENTA.
VICENTA. Josefita colocará desde luego parte de estos primores. Ha estado usted felicísima. Agramante será dentro de poco un pequeño Madrid. Como dice Nicolás, la ola del lujo avanza, avanza... 135
MARÍA. Tendrá Josefita muchos encargos.
VICENTA. Como que se verá muy mal para poder cumplir. Ya sabe usted que para la inauguración del nuevo teatro tendremos aquí la compañía del Español. Nos abonaremos... todo el señorío. 140
MARÍA. Y venga lujo, vengan flores y encajes... y sombreros grandísimos, que son lo más propio para teatro.
VICENTA. Lo más elegante.
MARÍA. Así da gusto ver las butacas, hechas un bosque 145 de plumas.
VICENTA. En nuestro lindo coliseo, desplegará la aristocracia agramantina un lujo... (_Sin recordar el adjetivo._) ¿Cómo se llama al lujo?... ¡Ah! inusitado. 150
MARÍA. ¡Bien por Agramante!
VICENTA. Y ahora, otra cosa. (_Se sienta frente a ella._) Y esto que voy a decirle, querida mía, es un tantico desagradable...
MARÍA. (_Alarmada._) ¿Qué, Vicenta? 155
VICENTA. No, María, no es para asustarse... Soy su mejor amiga; me intereso mucho por usted, y quiero prevenirla de ciertos rumores...
MARÍA. (_Serena._) ¿A ver, a ver?... ¿Qué dicen de mí? 160
VICENTA. Naturalmente, todo el mundo encuentra muy extraordinario, encuentra inverosímil que una mujer sola pueda...
MARÍA. ¿Levantar del suelo a una familia, sostenerla en una pobreza decorosa?... ¡Vaya con el milagro! 165 ¿Y de esto se asombran?
VICENTA. Se asustan, se escandalizan. Este compra-y-vende de una señorita noble, hija de Marqueses, no está en nuestras costumbres.
MARÍA. Ni ello les cabe en la cabeza a estas mujercitas 170 encogidas y para poco... Como si lo estuviera oyendo, Vicenta... dirán que una mujer no puede ganar dinero...
VICENTA. Honradamente. Se lo digo a usted con toda esa crudeza, para, que se indigne. 175
MARÍA. No, amiga mía: si no me indigno.
VICENTA. ¡Y se queda tan fresca!
MARÍA. Cuando me determiné a sacar a mis padres de la miseria, por los medios que usted conoce, ya conté con que me habían de tomar por loca, o por otra cosa 180 peor... y fortifiqué mi alma contra esos ataques... que no podían faltar.
VICENTA. ¿De modo que usted no teme...?
MARÍA. ¿A lo que llaman la opinión, a la falsa crítica, a la mentira maliciosa? No la temo. Todo es pura 185 espuma, y yo soy roca.
VICENTA. Dios la conserve a usted en esa fortaleza y serenidad.
MARÍA. Con ellas me va muy bien: nadie viene a turbarme... 190
VICENTA. ¿Nadie? (_Picaresca._) Eso no es verdad; que por ser usted mujer de tanto mérito, no le falta el asedio de pretendientes, alguno tan enfadoso como el pobre Corral...
MARÍA. ¡Mentecato como ése! 195
VICENTA. Loco está por usted, y a los desdenes responde con mayor exaltación... La verdad: yo, en el caso y en las circunstancias de usted...
MARÍA. (_Imponiéndole silencio._) No siga, Vicenta, se lo suplico... y hablemos de otra cosa. (_Transición 200 rápida a las ideas alegres._) Hablemos de esto, de mi lindo comercio. ¿Sabe usted que tengo que ver a Josefita y acordar con ella plazos, precios...?
VICENTA. Iremos juntas. Yo también tengo que verla. ¿Vámonos ahora? 205
MARÍA. Dentro de un rato, si le parece bien.
VICENTA. (_En actitud de despedirse._) Viene usted a mi casa, o llama desde el balcón... (_Recordando._) ¡Ah!... Otra cosa: ya decía yo que se me olvidaba lo más importante... Esta tarde empiezan las fiestas de 210 la Virgen de las Mieses... Es la locura de Agramante. Mañana y pasado, gran baile popular en el campo que rodea el Santuario, al pie del monte. Es costumbre de las señoras principales, en días tan alegres, sacar de las arcas los mantones de Manila. 215
MARÍA. ¿Y bailan?
VICENTA. Baila sólo el pueblo. Nosotras organizamos meriendas, paseamos en el bosque, nos reunimos las amigas, formamos corros...
MARÍA. ¡Oh, sí!... Un rato de expansión, al aire 220 libre, entre personas amables, me agradará mucho...
VICENTA. Pues allá nos vamos. Yo tengo mantones...
ESCENA V
MARÍA, VICENTA; LEÓN, por la izquierda.
LEÓN. (_En la puerta, gozoso, gallardo, descubriéndose._) Saludo a María, estrella de la mañana, torre de marfil, asiento de la sabiduría. 225
MARÍA. _Ora pro nobis._ (_Riendo._) ¡Cómo viene hoy! (_Ocupa su sitio en la mesa._)
VICENTA. (_Aparte._) ¡Jesús, qué saludos tan poéticos usa este hombre carbonífero!
LEÓN. Señora Alcaldesa, Dios la guarde. (_A María._) 230 Hoy, más que ningún día, anhelaba yo venir a tomar sus órdenes.
VICENTA. (_Aparte._) ¡Y entra aquí como en su casa! Pues yo no me voy sin enterarme... (_Retirándose a la izquierda._) 235
MARÍA. No se aparte usted, Vicenta. Todo lo que hablemos León y yo puede usted oírlo.
LEÓN. Tratamos de negocios. (_Saca una voluminosa cartera y la pone en la mesa._) Señora Alcaldesa, acérquese usted. Aquí no hay secreto, porque los arrebatos 240 de mi admiración por esta señorita sin par, de nadie los recato... quiero que sean públicos.
VICENTA. Y lo serán... Ya empiezan a serlo.
MARÍA. Vaya, vaya, tenga juicio.
VICENTA. (_Maliciosa._) Creo haber oído... que 245 María debe a usted sus conocimientos mercantiles.
LEÓN. No merezco el honor de llamarme su maestro. Si esto se dice, será porque algún ejemplo de mi azarosa vida le sirvió de lección saludable. De aquellos ejemplos ha sacado su ciencia; de su ciencia, sus triunfos y la 250 reparación de su casa y familia.
VICENTA. ¿Es cierto, amiga mía?
MARÍA. Cierto será cuando él lo dice, Vicenta.
VICENTA. Bien. (_A León con picardía._) Sabe mucho su alumna. 255
LEÓN. ¡Que si sabe! (_Observando a María, que sonríe._) Vea usted esos ojos, que penetran en toda la realidad humana.
VICENTA. ¡Los ojos!... Ésa es la ciencia que a usted le fascina, señor mío. 260
MARÍA. No le haga usted caso, Vicenta. Hoy le desconozco: el hombre más aplomado y más sereno del mundo, se nos presenta como un cadete sin juicio... ¿Qué le pasa a usted hoy?
LEÓN. Me pasa... Pues verá usted: hoy he despertado 265 con una idea luminosa, que repentinamente brotó en mí como una inspiración. Pensé...
MARÍA. (_Con gran interés, levantándose y pasando al centro._) ¿A ver, qué ha pensado el hombre?
LEÓN. Muy sencillo... Pienso... como si Dios murmurara 270 en mi alma... pienso que después de tanto penar, después del largo espacio de soledad y afanes en mi trabajosa vida, ya merezco el descanso, la alegría. Acábese mi Purgatorio y denme el Cielo, que ya tengo bien ganado. 275
VICENTA. ¿Y quién es usted para decir y afirmar que lo merece ya?
MARÍA. Eso sólo Dios lo decide.
LEÓN. Pues... a eso voy. Creo que Dios ha decidido mi indulto. 280
MARÍA. ¿En qué se funda para creerlo así?
LEÓN. En que... hoy, hoy ha dispuesto Dios... algo que estimula mis esperanzas. Y al hacerlo así, me ha dicho...
VICENTA. ¿Dios?... ¿Pero habla Dios con los 285 comerciantes?
LEÓN. Alguna vez... Pues me ha dicho... «Pobre alma, acábese tu suplicio... ven... llama a la puerta de mi Cielo... No faltará un ángel que te abra...»
VICENTA. ¿Y ha llamado usted? 290
LEÓN. Voy a llamar.
VICENTA. (_Aparte._) Sin duda estorbo para el llamamiento... Pero aquí me planto.
MARÍA. (_Queriendo variar de conversación._) En fin, loquinario, ¿viene usted o no a que pongamos en orden 295 nuestras cuentas?
LEÓN. No... Digo, sí... vengo a eso... y a otra cosa. Empecemos por las cuentas.
VICENTA. (_Apartándose._) ¡Ay, ay, ay! Estas cuentecitas... me parece a mí que es el diablo quien las 300 arregla.
LEÓN. (_Saca de su cartera un papel._) Liquidación de azulejos.
VICENTA. ¿Qué, también vende alfarería? En el nombre del Padre... 305
LEÓN. Alfarería y cerámica superior. ¿A qué ese asombro? Mi discípula pidió a Sevilla dos partidas de azulejos: la una superior, con reflejos metálicos... la otra ordinaria. A mí me dio el encargo de colocarlas... ¿Pero no ha visto usted el zócalo del nuevo salón del 310 Ayuntamiento?
VICENTA. Y los portales de las casas nuevas... sí.
LEÓN. (_A María._) La clase superior se ha vendido ya totalmente. La otra ya irá saliendo. Liquidaremos las dos... 315
MARÍA. No: liquidemos sólo la partida realizada.
VICENTA. (_Aparte._) Estas partiditas y estas liquidacioncitas... ¡ay! (_Suspira._)
LEÓN. (_Saca billetes de su cartera._) Son ochocientas treinta y dos... Rebajadas las letras de Aguiló Hermanos, 320 Pasamanería, que pagué, resultan...
MARÍA. (_Después de hacer rápida cuenta._) No tiene usted que darme más que cuatrocientas catorce, con diez céntimos.
LEÓN. Hija, no: seiscientas veintiocho. 325
MARÍA. ¿Y su comisión, no la descuenta?
LEÓN. Deje usted. Otra vez será.
MARÍA. No, no. ¡Lucido está el maestro! ¡Vaya un ejemplo que me da!... No hacemos más tratos si no descuenta ahora mismo... 330
LEÓN. Bueno, bueno: no riña. (_Contando._) Cuatrocientas catorce... No discuto con usted ninguna de las formalidades mercantiles, y tomo lo que, según convenio, me corresponde. Esto no quita para que esté dispuesto ahora y siempre a dar a usted mi hacienda toda, mi vida, 335 y mil vidas si mil tuviera.
VICENTA. (_Aparte._) ¡Ay, Dios mío, esto está perdido!
MARÍA. Pues con esto, unido a lo que me trajo usted ayer por las vajillas de porcelana superior y la cristalería 340 de Bohemia (_Contando en la cesta del dinero_)... y otras cosillas, tengo en mi caja más de dos mil pesetas... Verdad que hay aquí un ingreso... (_Picaresca._)
LEÓN. ¿De qué?
MARÍA. ¡Curiosón!... Esto es una partida secreta... 345 un dinerito que me ha caído del Cielo. No puedo decir más.
VICENTA. (_Aparte maliciosa._) ¡Qué cielo será ése, Señor, de donde caen estos dineritos!
MARÍA. Bueno, bueno. Pues lo que debo a usted 350 sigo pagándolo en partiditas... Abóneme otras trescientas pesetas. (_Se las pone delante._)
LEÓN. ¿De veras no las necesita? Antes que los principios, está la conveniencia de usted.
MARÍA. (_Insistiendo._) No, hijo: cuando digo que... 355
VICENTA. (_Aparte._) ¡También le presta dinero!
LEÓN. (_A Vicenta._) Estos son negocios, esto es ley y mutuo auxilio comercial, señora Alcaldesa.
MARÍA. Llevamos nuestras cuentas con todo rigor.
LEÓN. Aquí no hay engaño ni misterio. Señora mía, 360 está usted en la casa de la sinceridad, de la honradez más pura.
VICENTA. Sí, sí... Pero estos tratos y combinaciones...
LEÓN. (_Con brío._) A gritos los digo yo en medio de 365 la calle. Y puesto a descubrir mi alma, gritaré también que quiero a María, que la quiero con amistad, con respeto, con amor: la trinidad del querer...
MARÍA. (_Riendo._) ¡Qué sutil y qué hiperbólico, Dios mío! 370
VICENTA. ¿Pasión tenemos?... Ya dije yo...
LEÓN. Culto fervoroso que no quiere ni debe ocultarse.
MARÍA. Basta ya... Cállese la boca. Sea usted discreto. 375
LEÓN. No puedo callar. La realidad presente me ordena la indiscreción.
MARÍA. (_Confusa, turbada._) ¿Qué realidad es ésa que ayer no existía y hoy sí?
LEÓN. Ha llegado la ocasión de que todos los buenos 380 afrontemos la verdad de la vida, y despreciemos todo artificio por imponente que sea.
MARÍA. (_Con gran confusión._) ¿Qué dice?... ¿qué pasa?
LEÓN. Cualquier suceso inesperado abre a la voluntad 385 humana caminos nuevos.
VICENTA. Ya, ya. (_Con pretensiones de agudeza._) Crisis comercial... ¿no es eso?
LEÓN. Sí, señora... crisis.
MARÍA. ¿Crisis en el comercio de usted o en el mío? 390
LEÓN. En los dos... No, no: en el de usted.
VICENTA. Subida inesperada en el precio de los artículos.
LEÓN. Sí... Artículo hay que ha estado por los suelos, y ahora sube, sube... 395
MARÍA. No entiendo...
VICENTA. Y vendrá la quiebra.
LEÓN. Para impedir la ruina de mi amiga, le propongo mi apoyo comercial.
MARÍA. ¿Cómo? 400
VICENTA. Es muy sencillo... asociándose...
LEÓN. Propongo un negocio comanditario... sobre nuevas bases... Formulado lo traigo aquí. (_Saca de su cartera un pliego sellado._)
MARÍA. (_Con gran curiosidad, tomándolo._) A ver, a 405 ver... (_Trata de abrirlo._)
LEÓN. No, no: la índole delicada de este nuevo negocio exige que usted no se entere de él hasta que pueda consagrarle toda su atención... en la soledad.
VICENTA. Ya... estorbo. 410
MARÍA. No. (_Persistiendo en su confusión._) ¡Si no es amor, Vicenta: es...!
VICENTA. ¿Que no? Abra usted y lea.
LEÓN. Ahora no.
VICENTA. ¡Si bien claro lo dijo antes! Huido del 415 Purgatorio, se atreve a llamar a las puertas del Cielo.
LEÓN. He llamado, sí... ¡y con alma!
VICENTA. Me parece que no le abrirán, señor mío. (_Mira alternativamente a León y a María. Pausa. María mira al suelo, a León; mira la carta. Con los ojos expresa 420 todo: alegría, expectación, miedo de dar a conocer sus sentimientos ante su amiga._)
LEÓN. (_Que ha recogido rápidamente su cartera y sombrero._) Si no me abren, si soy despedido, volveré al lugar de suplicio y expiación. Sé padecer; conozco el 425 dolor; viviré recogido y encerrado en el desconsuelo infinito... sin que por eso flaquee mi fe cristiana. Siempre diré: Dios en las alturas, María en la tierra. María es la paz; María es la esperanza, la flor y el fruto de todo bien... (_Se retira hacia la izquierda._) He llamado y 430 espero. (_Hace ligera reverencia y se va. María le sigue con la mirada. Permanece absorta._)
ESCENA VI
MARÍA, VICENTA; después CIRILA.
VICENTA. (_Mirándola con severidad._) Lea usted... lea para sí. Hágase cuenta de que está sola.
MARÍA. (_Vencida de la curiosidad, rasga el sobre; 435 desdobla con febril mano el papel, y lee rápidamente._) «En previsión de una crisis próxima...» ¿Ve usted? no es nada. Cosa de política, de comercio...
VICENTA. Amiga querida, estoy asustada. Preveo cosas muy graves. 440
MARÍA. ¿Por qué?
VICENTA. Ya sabe usted cuánto la quiero. Lo que he visto y oído aquí paréceme un principio de grandes desastres.
MARÍA. (_Abrasada de curiosidad, vuelve a desdoblar la 445 carta._) Permítame un instante. (_Lee para sí._) «Crisis de familia...» (_Se interrumpe al oír la voz de Cirila; vuelve a replegar la carta._)
CIRILA. (_Entrando por la derecha._) Los señores Marqueses bajan ahora. 450
VICENTA. Yo me voy. (_Retrocede._) Hemos quedado en ir juntas a la romería. Vendrán conmigo las de González. Por Dios, María, que no se arrime a usted ese hombre, que no caiga en la estúpida presunción de acompañarla. 455
MARÍA. (_Sin oír lo que dice._) Bien... sí... Hasta luego, amiga mía.
VICENTA. Adiós.
MARÍA. (_En cuanto la ve salir, lee rápidamente saltando de una carilla a otra._) «Este inmenso amor mío, 460 hijo de la adversidad, tiene de su madre la firmeza y la esperanza...»
CIRILA. (_Mirando por la derecha._) Ya vienen...
MARÍA. (_Lee saltando._) «Soy incandescente. Ardo: no me consumo. Siempre espero. (_Saltando._)... alma 465 superior, fuerte... La vida armónica... eficaz. (_Repliega la carta y la esconde al sentir la voz de su padre._)
ESCENA VII
MARÍA, CIRILA, DON PEDRO, FILOMENA, DON RAFAEL.
DON PEDRO. Hijita del alma, los ratos que nos roban tus quehaceres nos parecen siglos.
FILOMENA. Y siglos de tristeza, porque debemos 470 decirte...
DON RAFAEL. ¿Qué?... ¿Ya empiezan a reñirla?
DON PEDRO. ¿Quién habla de reñir? Adorada Mariucha, tus ideas de mujer entendida y laboriosa han sido el remedio de nuestra desdicha. Pero... 475
FILOMENA. Te agradecemos en el alma lo primero que hiciste por nosotros...
DON PEDRO. La venta de tu ropa de lujo nos pareció un rasgo de cariño filial. Lo demás...
MARÍA. ¿Lo demás, qué...? 480
DON RAFAEL. Lo diré yo. Es que no pueden habituarse... cuestión de sangre, de nacimiento... no se acomodan a estos menesteres mercantiles.
MARÍA. Bah, bah. (_Acariciándoles._) Por Dios, queridos papás, reflexionad en lo que consumimos; y si 485 habéis pensado mejor arbitrio para vivir decorosamente, decídmelo... Pero ahora no. (_Impaciente._) Estoy de prisa.
FILOMENA. ¿Tienes que salir?
MARÍA. Voy con Vicenta a casa de Josefita. 490
DON PEDRO. Ya... Pues vete, vete.
FILOMENA. ¿Volverás pronto?
MARÍA. (_En el ángulo de la derecha, quitándose el delantal._) En seguida... Dime, papaíto: de las remesas de esperanzas que te hace mi hermano, ¿ha resultado 495 algo positivo?
DON PEDRO. (_Con tristeza._) Nada, hija mía.
MARÍA. Ya ves que ni le han hecho diputado, ni le ha salido aquel negocio, ni nada...
FILOMENA. Pero en su última carta nos dice, con 500 cierto misterio, que no tardarán en despejarse los horizontes.
MARÍA. (_Arreglándose._) No os fiéis de horizontes, ni de las nubes esperéis nada bueno. Miradme a mí, que quiero ser vuestro cielo, y más aun vuestra tierra. Dejadme 505 que os gobierne, que os cuide, que os alimente... Sed modestos, sencillos, y no soñéis con grandezas alcanzadas por arte de magia. (_Vuelve al centro ya vestida, el sombrero en la mano._) Mil veces os lo he dicho y hoy os lo repito. El noble arruinado no debe obstinarse en 510 aparentar la posición perdida. Hágase cuenta de que se ha caído de la altura social, y al caer... naturalmente... cae en el pueblo... en el pueblo de donde todo sale y a donde todo vuelve.
DON PEDRO. ¿Pueblo nosotros?... _Shocking._ 515
MARÍA. (_Expresión de incredulidad y burla en el Marqués y Filomena._) ¿No lo creéis, dudáis?... Pues no dudéis nunca del amor ni de la abnegación de vuestra hija.
FILOMENA. (_Poniéndole el sombrero._) Sí, sí... No 520 dudamos... Pero no te detengas, hija.
DON PEDRO. (_Deseando que salga._) Lo primero tus asuntos.
MARÍA. No tardaré. (_Indica a Cirila las cajas que ha de llevar._) 525
DON RAFAEL. (_Aparte a María, junto a la puerta._) ¿Volverá usted pronto?
MARÍA. (_Aparte a don Rafael, con vivo afán._) Sí: espéreme usted aquí, don Rafael. Tengo que hablarle.
DON RAFAEL. ¿Cosa de importancia? 530
MARÍA. De inmensa importancia y gravedad.
DON RAFAEL. Aquí estaré. (_Sale María, seguida de Cirila con cajas._)
ESCENA VIII
DON PEDRO, FILOMENA, DON RAFAEL.
DON PEDRO. (_Esperando que se aleje._) Ahora, aprovechando su ausencia... (_A Filomena, que se asoma a 535 la puerta._) ¿Está lejos?
FILOMENA. Ya están en la calle... Registremos todo. (_Dirígense los dos a la mesa de escribir._)
DON RAFAEL. ¿Pero qué hacen?
DON PEDRO. (_Probando a abrir el cajón de la 540 mesa._) Veamos si se encuentra aquí la clave de este misterio.
FILOMENA. (_Dándole un manojito de llaves._) Prueba con estas llaves.
DON RAFAEL. Pero, señor Marqués... 545
DON PEDRO. Alguna habrá que sirva. (_Probando llaves._) Ésta no va... probemos otra.
DON RAFAEL. Permítanme que les diga...
DON PEDRO. Sí: que es cosa fea esta violación de cerraduras... 550
FILOMENA. Pero se trata de un ser adorado...
DON PEDRO. Que no queremos que se nos extravíe.
FILOMENA. Nos encontramos frente a un tremendo enigma...
DON PEDRO. (_Probando otra llave._) A ver ésta... 555 Señor don Rafael, el enigma es éste: ¿cómo se puede atender a las necesidades de esta familia, y pagar el colegio de los niños, vendiendo flores de trapo y jugando a las tiendas?
DON RAFAEL. Puede ser, cuando ella lo hace. 560
DON PEDRO. Pero de veras, don Rafael, ¿usted no duda?
FILOMENA. ¿No sospecha...?
DON RAFAEL. (_Con energía._) Ni sospecho ni dudo. Yo creo en María. 565
DON PEDRO. (_Lanzando una exclamación de alegría al sentir que se abre la cerradura._) ¡Ah! (_Tira del cajón._)
FILOMENA. ¡Abierto! (_Se aproxima con viva curiosidad._)
DON PEDRO. Venga usted, señor Cura, y examine... 570
DON RAFAEL. (_Alejándose._) Yo no: soy confesor; pero no abro las conciencias con llave falsa.
FILOMENA. (_Dando prisa a don Pedro._) Registra pronto, por si vuelve.
DON PEDRO. (_Sacando con gran respeto la cestilla 575 del dinero._) ¡Santa Bárbara, cuánto dinero! (_Se asombra de su contenido._)
FILOMENA. (_Mirando el dinero sin contarlo._) Pasa de quinientas pesetas...
DON PEDRO. (_Contando a la ligera._) Doscientas... 580 cuatro... seis... Y también mil... (_Más asombrado._) ¡Y también dos mil!... Y aquí un sobre que contiene billetes. A ver, ¿qué dice aquí? (_Lee el sobre._) «Dinero del Cielo.»
DON RAFAEL. (_Aparte._) ¡Ahora es ella! 585
DON PEDRO. Tanto dinero me pone en gran confusión.
FILOMENA. Y a mí.
DON RAFAEL. A mí no. Dios ha favorecido a la niña en sus negocios.
DON PEDRO. La legítima ganancia no puede ser tan 590 grande.
FILOMENA. No nos hará creer don Rafael que Dios multiplica los billetes de Banco.
DON RAFAEL. ¿No multiplicó los panes y los peces?
DON PEDRO. Amigo mío, no estamos en los tiempos 595 bíblicos.
DON RAFAEL. En los tiempos bíblicos y en todos los tiempos, Dios hace lo que le da la gana.
FILOMENA. Y este dinero bajado del Cielo, ¿qué significa? Yo no lo entiendo. 600
DON PEDRO. Queridísimo Cura, ¿no comprende usted que hay misterio?
DON RAFAEL. Misterio habrá. Pero mi fe religiosa me ha enseñado a creer lo que no entiendo. Creo en María.
FILOMENA. (_A Don Pedro._) Sigue... A ver si los 605 papeles nos aclaran el enigma.
DON PEDRO. (_Pone la cestilla donde estaba. Saca papeles._) Cuentas... facturas...
FILOMENA. Lee.
DON PEDRO. (_Leyendo._) «Letras pagadas por 610 León... Saldo con León...»
FILOMENA. ¿Y esto, don Rafael?... ¿Qué dice de esta ingerencia del carbonero en los asuntos de mi hija?
DON RAFAEL. (_Imperturbable, paseándose._) Creo en Mariucha. 615
DON PEDRO. (_Examinando otro papel._) Una cuenta de sus gastos... (_Lee._) «Caja de puros _Henry Clay_ para papá... la pensión de los niños... (_Alzando la voz._) Pagado a León...»
FILOMENA. (_Que también ha examinado papeles._) Y 620 aquí: «Cobrado de León...» Esto ya es demasiado.
DON PEDRO. (_Repitiendo._) ¡Debido a León... entregado a León... recibido de León!... ¡Pero esto es una cueva de leones! (_Se levanta indignado._)
FILOMENA. (_Con disgusto._) Déjalo ya... tapa... 625 cierra.
DON PEDRO. (_A Don Rafael._) ¿Qué significa la repetición de este maldito nombre en todos los apuntes, en todas las cuentas?