Part 9
Cuando K se sentó, miró a su alrededor: era una habitación amplia y elevada, la clientela del abogado de los pobres se debía de sentir perdida[27]. K creyó apreciar los pequeños pasos con los que los visitantes se acercaban al poderoso escritorio. Pero poco después lo olvidó y sólo tuvo ojos para la enfermera, que estaba sentada junto a él y casi le presionaba contra uno de los brazos del arcón.
--Pensé--dijo ella--que vendría conmigo sin necesidad de llamarle. Ha sido muy extraño. Primero me estuvo mirando al entrar casi ininterrumpidamente y luego me dejó esperando. Por lo demás, llámeme Leni--añadió rápida e inesperadamente, como si no quisiera desperdiciar ni un segundo de esa conversación.
--Encantado--dijo K--. Pero en lo que concierne a su extrañeza, Leni, se puede explicar fácilmente. En primer lugar, tenía que escuchar la cháchara de los dos ancianos y no podía salir sin motivo alguno; en segundo lugar, soy más bien tímido, y usted, Leni, no tenía el aspecto de poder ser conquistada en un instante.
--No ha sido eso--dijo Leni, que apoyó el brazo en el respaldo y contempló a K--, lo que pasa es que no le gusté al principio y probablemente tampoco le gusto ahora.
--«Gustar» no expresaría bien lo que siento--dijo K, eludiendo una respuesta directa.
--¡Oh!--exclamó ella sonriendo, y ganó gracias a las últimas palabras de K cierta superioridad. Por esta causa, K permaneció un rato en silencio. Como ya se había acostumbrado a la oscuridad de la habitación, pudo distinguir algunos objetos. En concreto, le llamó la atención un gran cuadro que colgaba a la derecha de la puerta. Se inclinó para verlo mejor. En él estaba retratado un hombre con la toga de juez, sentado en un sitial, cuyos adornos dorados destacaban intensamente. Lo insólito era que ese juez no estaba sentado en una actitud digna y reposada, sino que presionaba con fuerza el brazo izquierdo contra el respaldo y contra el brazo del sitial, mientras mantenía libre el brazo derecho, cuya mano se aferraba al otro brazo del asiento como si en el instante siguiente fuera a saltar con un giro violento para decir algo decisivo o pronunciar una sentencia[28]. Se suponía que el acusado estaba al inicio de una escalera, de la cual sólo se podían ver los peldaños superiores, cubiertos con una alfombra amarilla.
--Tal vez sea éste mi juez--dijo K, y señaló el cuadro con el dedo.
--Yo le conozco--dijo Leni, que también miró el cuadro--, viene a menudo de visita. El retrato lo pintaron cuando era joven, pero jamás ha podido parecerse al del cuadro, pues es muy bajito. Sin embargo, se hizo retratar con esa estatura porque es muy vanidoso, como todos los de aquí. Pero yo también soy vanidosa y estoy muy insatisfecha por no gustarle a usted.
K sólo respondió a este último comentario atrayendo a Leni hacia él y abrazándola: ella reclinó en silencio la cabeza en su hombro. A continuación, K le preguntó:
--¿Qué rango tiene?
--Es juez de instrucción--dijo ella, tomó la mano de K, con la que él la abrazaba y jugó con sus dedos.
--Otra vez sólo un juez instructor--dijo K decepcionado--, los funcionarios superiores se esconden, pero él está sentado en un sitial.
--Eso es todo un invento--dijo Leni, poniendo el rostro en la mano de K--, en realidad está sentado en una silla de cocina, cubierta por una vieja manta para caballerías. Pero ¿tiene que pensar siempre en su proceso?--añadió lentamente.
--No, no, en absoluto--dijo K--, incluso creo que pienso demasiado poco en él.
--Ése no es el error que está cometiendo--dijo Leni--. Usted es demasiado inflexible, al menos eso es lo que he oído.
--¿Quién ha dicho eso?--preguntó K. Sintió su cuerpo en su pecho y contempló su mata de pelo oscuro.
--Revelaría demasiado si se lo dijera--respondió Leni--. Por favor, no pregunte nombres, pero rectifique su error, no sea tan inflexible. No hay defensa posible contra esta judicatura, hay que confesar. Haga la confesión en la próxima oportunidad que se le presente. Sólo así tendrá la posibilidad de escapar, sólo así. No obstante, le será imposible sin ayuda. No tema por esa ayuda, yo se la prestaré.
--Usted sabe mucho de esta justicia y de todas las trampas necesarias para moverse en ella--dijo K, y, como se apretaba mucho a él, decidió sentarla sobre sus rodillas.
--Así estoy bien--dijo ella, y se acomodó un poco la falda y la camisa. Luego puso las manos en torno a su cuello, se inclinó un poco hacia atrás y lo contempló durante un rato.
Y si no confieso, ¿no me podrá ayudar?--preguntó K de prueba. Reúno ayudantes femeninos--pensó con asombro--, primero la señorita Bürstner, luego la esposa del ujier y por último esta pequeña enfermera, que parece sentir una incomprensible atracción hacia mí. ¡Se sienta en mis rodillas como si fuese su lugar preferido!».
--No--respondió Leni y sacudió lentamente la cabeza--. En ese caso no podría ayudarle. Pero está claro que usted no quiere mi ayuda, usted es obstinado y no se deja convencer. ¿Tiene una amante?--preguntó después de un rato de silencio.
--No--dijo K.
--¡Oh, sí!--dijo ella.
--Sí, claro que sí--dijo K--. La he negado y, no obstante, llevo una fotografía suya.
Siguiendo su petición, le mostró la fotografía, que ella estudió hecha un ovillo sobre sus rodillas. Era una fotografía al natural: la tomaron mientras Elsa bailaba una danza trepidante, como las que le gustaba bailar en el local donde trabajaba; su falda volaba a su alrededor agitada por sus giros y apoyaba las manos en las caderas, al mismo tiempo miraba sonriendo hacia un lado con el cuello estirado. No se podía reconocer en la foto a quién dirigía esa sonrisa.
--Se ha ceñido demasiado el corpiño--dijo Leni, y señaló el lugar donde se podía apreciar--. No me gusta, es torpe y vulgar. Tal vez sea con usted dulce y amable, eso se podría deducir de la fotografía. Mujeres tan altas y fuertes no saben a menudo otra cosa que ser dulces y amables; pero, ¿sería capaz de sacrificarse por usted?
--No--dijo K--, ni es dulce ni amable, ni tampoco se sacrificaría por mí. Aunque hasta ahora no he reclamado de ella ni lo uno ni lo otro. Y no he contemplado la fotografía con tanto detenimiento como usted.
--Entonces no tiene mucha importancia para usted--dijo Leni--, no es su amante.
--Sí lo es--dijo K--, no voy a desmentirlo ahora.
--Bueno, por mucho que sea su amante--dijo Leni--, no la echaría de menos si la perdiera o la sustituyera por otra, por ejemplo por mí.
--Cierto--dijo K sonriendo--, eso sería posible, pero ella tiene una ventaja frente a usted, no sabe nada del proceso y si supiera algo, no pensaría en convencerme para que condescendiera.
--Eso no es ninguna ventaja--dijo Leni--. Si no tiene más ventajas, no perderé la esperanza. ¿Tiene algún defecto corporal?
--¿Un defecto corporal?--preguntó K.
--Sí--dijo Leni--, yo tengo un pequeño defecto, mire.
Estiró los dedos corazón e índice de su mano derecha y una membrana llegaba prácticamente hasta la mitad del dedo más corto. La oscuridad impidió ver a K lo que quería mostrarle, así que ella llevó su mano hasta el sitio indicado para que él lo tocara.
--Qué capricho de la naturaleza--dijo K, y añadió mientras miraba toda la mano--: Qué garra tan hermosa.
Leni contempló con orgullo cómo K abría y cerraba asombrado los dos dedos hasta que, finalmente, los besó ligeramente y los soltó.
--¡Oh!--exclamó ella en seguida--. ¡Me ha besado!
Ayudándose con las rodillas, trepó por el cuerpo de K con la boca abierta; K la miró consternado, ahora que estaba tan cerca notó que despedía un olor amargo y excitante, como a pimienta; atrajo su cabeza, se inclinó sobre ella y la mordió y besó en el cuello, luego mordió su pelo.
--La ha sustituido por mí--exclamaba ella--, ve, ¡la ha sustituido por mí!
Sus rodillas resbalaron y cayó hasta casi tocar la alfombra lanzando un pequeño grito. K la abrazó para sujetarla, pero ella lo atrajo.
--Ahora me perteneces[29]--dijo ella.
--Aquí tienes la llave de la casa, ven cuando quieras--fueron sus últimas palabras y un beso al azar le alcanzó en la espalda mientras se alejaba. Cuando salió de la casa comprobó que caía una fina lluvia, quería llegar a la mitad de la calle para poder ver a Leni en la ventana, pero de un automóvil, que esperaba cerca de la casa, y que K no había advertido, salió el tío, le cogió del brazo y le empujó contra la puerta de la casa, como si quisiera apuntalarle contra ella.
--¡Pero cómo has podido hacerlo!--gritó--. Has dañado gravemente tu causa cuando ya iba por el buen camino. Te ocultas con esa cosa sucia que, además, es la amante del abogado y permaneces ausente durante horas. Ni siquiera buscas una excusa, no, ni disimulas, sino que abiertamente corres hacia ella y te quedas con ella. Y mientras tanto nosotros permanecemos allí sentados, tu tío, que se esfuerza por ti, el abogado, al que hay que ganarse para que te defienda y, sobre todo, el jefe de departamento, ese gran señor, que domina tu caso en su estado actual. Queríamos hablar sobre cómo se te podía ayudar, yo tenía que hablar cuidadosamente con el abogado y luego éste con el jefe de departamento y al menos tendrías que haberme apoyado. En vez de eso permaneces ausente. Al final ya no se puede ocultar, son hombres educados, no hablan de ello, me guardan consideración, pero llega un momento en que ya no lo pueden tolerar, y como no pueden hablar del caso, enmudecen. Hemos permanecido allí sentados minutos y minutos sin decir una palabra, escuchando si venías o no. Todo en vano. Finalmente, el jefe de departamento, que ha permanecido más tiempo del que quería, se ha levantado y se ha despedido de mí, compadeciéndome y sin poder ayudarme. Luego esperó amablemente un tiempo en la puerta y se fue. Naturalmente, yo estaba feliz de que se hubiera ido, ya no podía ni respirar. Al abogado le ha sentado mucho peor, el pobre hombre no podía hablar cuando me despedí de él. Probablemente has contribuido a que sufriese una recaída y así aceleras la muerte del hombre del que dependes. Y me dejas a mí, a tu tío, aquí, bajo la lluvia, mira, estoy empapado, he esperado horas[30].
NOTAS:
[23] En el manuscrito, en un principio, «Laura». Ema se llamaba la hermana de Felice Bauer, con la que Kafka permaneció en contacto aun después de la ruptura de relaciones con Felice.
[24] En el manuscrito, después de «ordinario» aparece tachado «estatal». Kafka se decantó así por mantener cierta ambigüedad respecto a la calificación del tribunal, aunque todas las referencias refuerzan la impresión de que se trataba de una organización al margen del Estado.
[25] En el manuscrito, en un principio, «abogado Massal». En «yiddisch» «massel» significa «suerte». «Huid» significa «favor» o «benevolencia».
[26] A continuación, tachado en el manuscrito: «Esa alabanza no hizo efecto alguno en la muchacha, ni siquiera le impresionó lo que el tío dijo a continuación: "Puede ser. No obstante, te enviaré lo más pronto posible, incluso hoy mismo, una enfermera. Si no cumple con sus obligaciones, la despides, pero hazme el favor e inténtalo. En este ambiente y con este silencio no se puede vivir". "No siempre es tan silencioso--dijo el abogado--. Sólo tomaré a tu enfermera si es algo obligatorio". "Lo es"--dijo el tío.
[27] Tachado en el manuscrito: «El escritorio, que casi ocupaba la habitación en toda su longitud, se hallaba cerca de la ventana. Estaba de tal manera dispuesto que el abogado daba la espalda a la puerta. Así, el visitante tenía que atravesar toda la habitación como un intruso antes de poder ver el rostro del abogado, si éste no tenía la amabilidad de volverse hacia el visitante».
[28] Tachado en el manuscrito «para terror del acusado». Según M. Pasley, Kafka se inspiró en la obra de Freud _El Moisés de Miguel Ángel_ para la descripción de la actitud del juez retratado.
[29] En un principio Kafka planeó terminar el capítulo con esta frase. En el manuscrito aparece la palabra «Fin». No obstante, más tarde se decidió por continuar el capítulo para dar una mayor consistencia al argumento.
[30] Kafka tuvo problemas para terminar este capítulo y no quedó satisfecho. Se ha conservado otra continuación, publicada por Max Brod: «Cuando salieron del teatro lloviznaba ligeramente. K estaba cansado por la mala representación. El pensamiento de que tenía que albergar a su tío le deprimía, precisamente ese día necesitaba hablar con F. B., podría haber encontrado una oportunidad para verla. La compañía del tío, sin embargo, se lo impedía. Salía un tren nocturno que el tío podía coger, pero convencerle para que se fuera ese día, en que habían estado tan ocupados con el proceso, era completamente imposible. No obstante, K hizo el intento, aunque sin esperanzas: "Temo, tío--dijo--, que necesitaré tu ayuda en el futuro. Aún no sé en qué, pero la necesitaré con toda seguridad". "Puedes contar conmigo--dijo el tío--, no paro de pensar en cómo te puedo ayudar". "Eres el mismo de siempre--dijo K--, sólo temo que la tía se enoje conmigo si te pido que vuelvas a la ciudad". "Tu asunto es mucho más importante que esas molestias". "En eso no coincido--dijo K--, no quiero separarte inútilmente de la tía. Te necesitaré muy pronto, así que podrías irte a casa mientras tanto". "¿Mañana?"--dijo el tío. "Sí, mañana--respondió K--, o, tal vez, lo más cómodo sería que viajases esta misma noche en el tren nocturno"».
=EL ABOGADO EL FABRICANTE EL PINTOR=
Una mañana de invierno--fuera caía la nieve y la luz era mortecina--, K estaba sentado en su despacho, exhausto a pesar de encontrarse en las primeras horas de la mañana. Para protegerse de los funcionarios inferiores, había encargado a su ordenanza que no dejase pasar a nadie; puso como excusa que estaba muy ocupado. Pero en vez de trabajar, giraba en su sillón, desplazaba lentamente distintos objetos sobre el escritorio y, sin ser muy consciente de lo que hacía, terminó por extender el brazo sobre la mesa y permanecer inmóvil con la cabeza inclinada.