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libro IV

, _Teb._, dice: _Venit et Idæis ululatibus æmulus Azan_.

[318] Atenas.

[319] Hebe o la Juventud, hija única de Hera, que servía el néctar a la mesa de los dioses. Resbalose un día en el ejercicio de sus funciones y cayó al suelo, avergonzándose tanto que no quiso comparecer más ante la celestial asamblea. Entonces robó Zeus a Ganimedes, que fue desde su ascensión al cielo el copero de los dioses. Hebe se casó después con Heracles.

[320] Admeto, rey de Feras, en Tesalia, uno de los argonautas y de los cazadores del famoso jabalí de Calidón. Apolo fue protector de su familia porque habiendo sido su pastor fue tratado con benevolencia, y por esta causa libró a su protegido de la muerte, prometiendo a las Parcas otro muerto. Ninguno de su familia quiso dar por él su vida, excepto su virtuosa esposa Alcestis, salvada por Heracles.

[321] Esculapio, hijo de Apolo y de Coronis, dios de la medicina, que le enseñó su protector el sabio centauro Quirón. Acompañó a los argonautas, y a su vuelta resucitó a Esculapio, si bien lo trasladó al cielo, en donde forma una de las constelaciones del Zodiaco. Adorábasele principalmente en Epidauro, Atenas, Pérgamo y Esmirna, y le estaban consagrados el gallo y la serpiente, símbolo de la vigilancia y de la prudencia. Apolo, para vengarse de su padre, mató a los cíclopes, forjadores de los rayos, y por esta causa fue desterrado del cielo.

[322] Feres, según dice Apolod., _Bibliot._, 1, 9, 11, 14, fue hijo de Creteo y de Tiro, fundador de Feras, ciudad de la Magnesia, a algunas millas de la costa.

[323] Recuérdese que Artemisa dice lo mismo cuando se acerca el momento en que debe expirar Hipólito.

[324] Ni ahora ni después cuenta Eurípides cuál fuese este primer engaño de Apolo. El escoliasta, siguiendo a Esquilo, _Euménides_, 728, dice que embriagó a las Parcas.

[325] Uno de los trabajos de Heracles, de orden de Euristeo: apoderarse del carro y de los caballos de Diomedes, rey de la Bistonia o Tracia, que se alimentaban de carne humana.

[326] En _Electra_, en el sacrificio celebrado por Egisto y Orestes, el sacrificador corta también algunos pelos de la víctima y los arroja al fuego. Virgilio, en la _Eneida_, IV, 698, dice así:

_Nondum illi flavum Proserpina vertice crinem_ _Abstulerat, Stigioque caput damnaverat orco._ _Ergo Iris, croceis per cœlum roscida pennis_ _Mille trahens varios adverso sole colores,_ _Devolat, et supra caput adstitit: Hunc ergo Diti_ _Sacrum jussa fero, teque isto corpore solvo._ _Sic ait, et dextra crinem secat; omnis et una_ _Dilapsus calor, atque in ventos vita recessit._

Adviértase que se trata de la muerte de Dido, y que Iris es la mensajera enviada para acelerar su muerte.

[327] Pelias, hijo de Poseidón y de la ninfa Tiro, rey de Yolco. De Anaxibia, hija de Biante, o según otros, de Filómaca, hija de Anfión, tuvo a Acasto y a Alcestis, Pisídice, Pelopia e Hipótoe. (Véase la _Medea_).

[328] Alusiva a las abluciones que se hacían al cadáver.

[329] Licia, región del Asia Menor, al sur de la Frigia, entre la Caria y la Panfilia, cuyas ciudades principales eran Mira y Patara, famosa por su templo de Apolo. A él alude Virg., _Eneid._, IV, 143, cuando dice, comparando a Eneas con Apolo:

_Qualis ubi hibernam Lyciam Xanthique fluenta_ _Deserit, ac Delum maternam invisit Apollo,_ _Instauratque choros, mistique altaria circum_ _Cretesque, Dryopesque fremunt, pictique Agathyrsi._

[330] Esculapio.

[331] Dice la esclava que es tan débil la vida de Alcestis, que se puede llamar muerta. Por esto añade al coro que tanto monta llamarla viva o muerta.

[332] A Admeto, su señor.

[333] Es probable que esta diosa a quien invoca Alcestis sea la Ἑστία griega (Vesta romana) que presidia al hogar doméstico, y cuyo culto, entre los helenos, era muy semejante al de los latinos. Era hija de Cronos y de Rea.

[334] Las de los dioses penates o domésticos, patronos de la familia, así de las personas como de los bienes.

[335] Παιάν, nombre que da Homero al médico de los dioses, y sobrenombre de Apolo y de su hijo Esculapio, como de dioses que curan los males físicos.

[336] Muy sabido es que Caronte, hijo del Érebo y de la Noche, tenía la obligación de transportar a los muertos de una a otra orilla del Aqueronte, siempre que hubiesen sido sepultados y que le pagasen el óbolo del pasaje. Su barca era birreme, y llevaba, además un garfio para atracarla a la orilla.

[337] El texto griego dice así: ... καὶ τόδ᾽ οὐκ ἐς αὔριον, οὐδ᾽ ἐς τρίτην μοι μηνὸς ἔρχεται κακόν. Hartung traduce _Ich muss ja sterben: dieses Schicksal stellt sich auch nicht etwa morgen oder übermorgen ein_. Fúndase sin duda en estas palabras del escoliasta: οὐκ εἰς τὴν αὔριον τοῦ μηνος τούτου οὐδ’ εἰς τὴν μετὰ τὴν αὔριον, en las cuales el τρίτην μοι μηνὸς se comprende como el día que sigue al de mañana. La exactitud y la fidelidad que merece el original nos impiden aceptar su opinión, porque así no sería la versión cual debiera ser. Según todas las probabilidades, Alcestis alude a un plazo, vulgar entre los atenienses y muy conocido, ya sea que se refiera al que se concedía a los deudores por sus acreedores para el pago de sus deudas, ya al de los condenados a pena capital, que era de tres días, ya, en fin, porque en general se pagasen las deudas el día primero del mes.

[338] Chócanos no poco lo que Alcestis hace valer su sacrificio a los ojos de su marido, con escasa modestia y excesiva alabanza de sí misma, lo cual no está muy acorde con nuestras costumbres. A pesar de esto y de lo inverosímil que parece tan larga tirada de versos en boca de una moribunda, no puede negarse que es un bello trozo de poesía dramática, tanto por el patético que en él domina, cuanto por la naturalidad de las ideas y sentimientos que expresa. Si ella insiste con tanto ahínco en el sacrificio que hace por su marido, es para obligarlo más a cumplir sus deseos y llevada de su amor maternal, que la fuerza a mirar con previsión por la suerte de sus hijos. Solo así se disculpan algún tanto sus exageradas alabanzas.

[339] No hay necesidad de decir que la hermana de Eumelo, personaje mudo, está presente, puesto que ya lo advertimos a la llegada de Alcestis. Es fácil de deducir que no debía ser muy tierna la edad de este hijo de Admeto y de Alcestis, porque sus razones y quejas casi son ya de hombre, y porque en edad más temprana solo se imita lo que se ve hacer a los demás.

[340] Representábase de ordinario a Hades con una corona de ébano en la cabeza, en la mano unas llaves, y en un carro tirado de negros caballos.

[341] Carnos fue un poeta, hijo de Zeus y de Europa, que debió morir con violencia, pues Apolo, para vengarlo, envió crudísima peste a los dorios. Para aplacarlo instituyeron en su honor las fiestas Carneas, que duraban nueve días del mes Carneo (agosto), casi en la misma época que las Olímpicas, y poco después de las Jacínticas. Había carreras y luchas, y según dice Aten. (XIV, pág. 635 D.) leíanse también composiciones poéticas. Adviértase que Apolo amó mucho a Carnos, a Alcestis y a Jacinto.

[342] El Cocito era un arroyo del Epiro, de aguas negras y fangosas, que desembocaba en la laguna Aquerontia. De aquí la fábula de que corría por los infiernos.

[343] Porque reinaba en Tirinto, ciudad de la Argólida, a corta distancia del golfo Argólico y al NE de Nauplia. Fue fundada por Tirinto, hijo de Argos.

[344] Parte de la Tracia, al sur del monte Ródope.

[345] No es fácil de explicar cómo ignora Heracles este apetito antropófago de las caballos de Diomedes, sabiéndolo el coro, a no suponer que su desidia y ningún temor a los peligros y ciega sumisión a las órdenes de Euristeo le impedían informarse previamente de las hazañas que acomete.

[346] Ares fue dios muy venerado de los tracios.

[347] En los mitólogos griegos solo encontramos un Licaón, hijo de Pelasgo y de Melibea o Cilene (Apolod., III, 8.º-1.º), a quien mató Zeus con un rayo; pero no puede ser este hijo de Ares, según asegura Eurípides. Cicno fue hijo de Ares y de Pelopia, y murió a manos de Heracles.

[348] Alcmena fue hija de Electrión, y este de Perseo.

[349] Adviértase que Admeto no contesta a Heracles categóricamente, y que unas veces le dice que vive y que ha muerto, otras da a entender que falleció hacia ya tiempo, y otras, en fin, le habla en términos vagos y generales. Para nosotros, que conocemos su muerte, son claras sus palabras; no así para Heracles, que nada sabe.

[350] El texto griego dice: δωμάτων ἐξωπίους ξενῶνας, _la hospedería que se halla fuera del palacio_, puesto que ἐξώπιος es un adjetivo, derivado del adverbio ἔξω, fuera. Aristófanes, _Tesm._, 881, dice también αὐτὸς δὲ Πρωτεὺς ἔνδον ἔστ᾽ ἢ ᾽ξώπιος. Esta hospedería era, por tanto, un ala lateral del palacio, ya a la derecha, ya a la izquierda de los aposentos que daban al patio, y no detrás de él, porque en este lugar estaban las habitaciones de las mujeres. Es probable que estuviera unida al edificio por un corredor y una puerta intermedia, y de aquí el epíteto μέσαυλος con que la distingue el poeta. Una vez cerrada, la hospedería quedaba incomunicada con el resto del edificio.

[351] Esto es falso, porque los linces, animales carniceros, no se alimentan de hierba.

[352] El monte Otris estaba al S de Feres, y llegaba hasta el Osa. Entre uno y otro, de SE a NO, hallábase la laguna Bebia. Los Molosos, famosos por sus perros, eran habitantes del Epiro. Según la descripción que hace aquí el coro, los dominios de Admeto tenían por límites al O el país de los Molosos, y el Pelión al E hasta el mar Egeo.

[353] No puede negarse que en estas quejas de Admeto, según nuestras ideas, encontramos mucho que reprender y poco o nada que alabar. Parécenos el colmo del egoísmo, de la cobardía y de la infamia que un hombre digno injurie nada menos que a su padre por no haber querido morir por él, y que consienta en el sacrificio de su esposa, por salvar su vida, cuando en nuestro juicio debiera hacer lo contrario. Nosotros, en efecto, creemos que esto es lo racional, lo justo y lo verdadero. Tengamos, no obstante, en cuenta que, a pesar de la veneración que se mostraba en general a los ancianos antiguamente, y mucho más a los padres, con arreglo a sus creencias los viejos se miraban como una verdadera carga del Estado, y en algunos pueblos se sacrificaban inexorablemente. Sabido es también que la mujer se miraba de ordinario como un mal irremediable y necesario, y que en esas épocas heroicas lo primero y más sagrado, aquello a cuya salud todo se sacrificaba, era la persona del rey, cabeza y eje del Estado, porque faltando, venían guerras y revueltas que se habían de evitar a toda costa. Sin embargo, esta escena entre Admeto y su padre Feres es más bien cómica que trágica, y en vez de excitar el terror y la compasión, solo a risa nos mueve, porque ridículo es, a no dudarlo, que un padre y un hijo se injurien tan gravemente, defendiendo lo que ambos defienden.

[354] Los lectores recordarán que entre los griegos eran muy frecuentes estas sustituciones y exposiciones de hijos, como veremos en Ion, y como nos lo prueban algunas comedias de Terencio y de Plauto, y hasta ciertas leyes que se han conservado de romanos y griegos.

[355] Verdadera y oportuna es esta observación, ya porque el amor a la vida nunca nos abandona, ya porque, en realidad y contra la común opinión, los bienes humanos son más numerosos que los males, y en fin, porque el hombre, por grande que sea su fe, teme siempre dejar un mundo conocido por otro desconocido. En esta verdad se funda la fábula de _El Leñador y la Muerte_.

[356] Los lidios y frigios en la antigüedad, como sucedía hace algunos años en nuestras colonias de América con los negros de Loango y de Angola, vendían sus hijos y prisioneros de guerra a los demás griegos. Debían ser los que más abundaran y los más baratos, porque el poeta los nombra como a los más despreciables.

[357] Poco edificante es, en verdad, este diálogo, y escandalosa o irreverente en sumo grado la conducta de Admeto. Llama cobarde a su padre, reniega de él, amenázale no sepultarlo como conviene a su rango y abandonarlo si algún día lo necesita, y por último le desea la muerte, y todo ello por no haber querido dar por él su vida. Con nuestras ideas modernas es incomprensible todo esto.

[358] Acasto, hijo de Pelias y de Anaxibia o Filómaca (Apolod., _Bibl._,