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libro I

, 10), era hermano de Alcestis. Su esposa Creteida se enamoró de Peleo, el padre de Aquiles, y viéndose despreciada como la mujer de Putifar y Fedra, hizo creer a su esposo que había querido seducirla. Acasto intentó ahorcar a Peleo; pero pudo escaparse y después se vengó matando a uno y a otra, apoderándose de Yolco, su reino.

[359] M. Artaud, I, 340, observa muy oportunamente que hay pocos ejemplos de que el coro abandone la escena, como sucede ahora. Solo ocurre esto en _Las Euménides_, de Esquilo, y en el _Áyax_, de Sófocles.

[360] Ya hemos visto antes que Heracles ni siquiera sabe las extrañas propiedades de los caballos antropófagos de Diomedes; y ahora, consecuente el poeta con la idea singular que había formado del carácter de este héroe, nos lo ofrece entregado por completo a los placeres de la gastronomía, sin dársele un ardite de la aflicción de su huésped. Nada tiene, pues, de extraño que Aristófanes nos lo presente en sus comedias como un glotón borracho y grosero, ya para satirizar a Eurípides, ya quizá acomodándose a las ideas de su tiempo acerca de este personaje.

[361] Eurípides, por boca de Heracles, condena aquí el ascetismo y la mortificación corporal como lo hubiese hecho un economista moderno. Adviértase, sin embargo, que con esta doctrina sucede lo que con otras muchas de aplicación práctica, que raras veces se observan con rigor. Los antiguos ascetas conocían la naturaleza humana mucho mejor que los materialistas modernos, puesto que sabían que, a pesar de los rigores de su predicación, pocos la observaban, y que para alcanzar una mediana virtud, era preciso defender el ascetismo. Para que el hombre llegue a la mitad siquiera del camino que ha de recorrer, debe poner su mira en lo más alto, porque su naturaleza lo arrastra hacia la tierra, y si no se le contiene, se hunde por largo tiempo en el cieno y la inmundicia.

[362] Como antes preguntó Heracles a Admeto claramente si habían muerto sus hijos o su padre, replicándole aquel que uno y otros vivían, y ahora repite la misma pregunta al esclavo, es de presumir que lo hace, o por creerse engañado y para averiguar la verdad, o porque con sus libaciones y cánticos se ha olvidado de lo que antes dijo.

[363] Ciudad de la Tesalia, a orillas del Peneo, capital de Ftiótide, en donde reinó Aquiles.

[364] Según nos dice Cicerón, _De leg._, l. II, cap. XXV, _in Athenis jam ille mos a Cecrope, ut aiunt, permansit ocius terra humandi; quam cum proximi injecerant, obductaque terra erat, frugibus obserebatur, ut sinus et gremium quasi matris mortuo tribueretur_. Los primeros monumentos funerarios de los griegos fueron montones de tierra, γῆς χῶμα, rodeados de un muro circular que los sostenía, κρηπίς. El sepulcro de Patroclo, τύμβον, que edificó Aquiles junto a los muros de Troya, era de esta especie. El de Aquiles, que se ve en el promontorio Sigeo, no era distinto de estos, y lo mismo debieron ser los de otros muchos héroes celebrados por Homero. Consistían en verdaderos túmulos, κολῶναι, formando eminencias más o menos elevadas. Tales eran las de las Amazonas, las de los frigios, la de Enómao, el padre de Hipodamía, la de Ífito, Ticio y otros. Todavía se encuentran en Grecia muchos túmulos de esta suerte, observados unos por los viajeros modernos y descritos otros por Pausanias. Sirva de ejemplo la eminencia que se ve cerca de Psófide a orillas del Erimanto, cercada de cipreses, la cual, según opina M. de Pouqueville, es la tumba de Alcmeón. Hállanse túmulos como este en Italia y en el Asia Menor, y cerca de Micenas se veían otros, descritos por Pausanias, que tenían la forma cónica. Otros pueblos de la Grecia enterraban sus muertos en sepulcros abiertos en la roca viva, como se ve en los laberintos de Nauplia.

[365] La de salsa mola, que se rociaba con la sangre de las víctimas.

[366] El texto griego dice terminantemente μία γὰρ ψυχή, porque su alma es solo una. Estas palabras que pronuncia Admeto, inmorales en absoluto, porque revelan un deseo egoísta y antisocial, son, sin embargo, muy naturales en su estado, porque el hombre a quien ciega una pasión, no suele ser enteramente responsable de lo que dice. Verdad es que pocos debieran callar como él, porque si se ve solo, a sí, no a otro lo debe.

[367] Estas palabras que Eurípides pone en boca del coro, han servido a varios glosadores para levantar castillos en el aire. Unos han sostenido que aludía a algún hijo de Pericles, cuando se sabe que los dos que tuvo murieron casi al mismo tiempo, y aquí solo se habla de uno; y otros que a Anaxágoras, del cual dice Cicerón en su _Tuscul._, III, 14: _Fuerat enim auditor_ (Eurípides) _Anaxagoræ, quem ferunt, nuntiata morte filii, dixisse: Sciabam me genuisse mortalem_. La verdad es, en nuestro concepto, que el coro dice esto en general para exhortar a Admeto a que sufra con resignación la pérdida de una esposa, cuando no ha faltado quien soporte con moderación la muerte de un hijo único.

[368] La antorcha se componía de pedacitos de pino unidos empapados en resina, y servía en las nupcias y procesiones; su figura era cónica, encendiéndose por la base, no por el vértice, y en este caso los romanos le llamaban _tæda_. La _fax_ era de un solo trozo de madera resinosa, acabado en punta y mojado en aceite o pez, o bien manojos de estopa bañada en cera, sebo, pez, resina otras materias inflamables metidas en un tubo de metal, ya continuo, ya formando una especie de enrejado.

[369] Eurípides, conociendo que la acción de Admeto era innoble y egoísta, pone ahora en sus labios estas frases que expresan sus remordimientos. No se puede negar que, dada la fábula de la tragedia, este es el lugar acomodado a las quejas de Admeto contra sí mismo, puesto que la conciencia, como juez sapientísimo, solo pronuncia sus sentencias acabada toda la causa, y cuando se disipa la pasión que perturba el ánimo.

[370] Ya en nuestra nota al verso 936 del _Hipólito_ hemos hablado de los órficos y de sus tablas. Enseñaban misteriosas ceremonias y cantos, con los cuales se recuperaban las perdidas fuerzas y se ahuyentaban las enfermedades y los espíritus malignos. Así lo dice Pausanias, IX, 30, pág. 768. Filócoro, en su _Tratado de la adivinación_, cita una poesía de Orfeo, y Pausanias dice de él que sus versos épicos aventajaron en belleza a los de todos sus predecesores. Heráclito el físico habla también de las tablas órficas, y el escoliasta de _Hécuba_, al verso 1243, Matth., dice así: οἱ μὲν περὶ τὸ Παγγαῖον εἶναι τὸ μαντεῖόν φασι τοῦ Διονύσου, οἱ δὲ περὶ τὸν Αἷμον, οὗ εἰσὶ καὶ Ὀρφέως ἐν σανίσιν ἀναγραφαί. Unos sostienen que el oráculo de Dioniso estaba en el monte Pangeo; otros que en el Hemo, en donde se guardan también las tablas de la doctrina de Orfeo.

[371] Macaón y Podalirio, hijos de Esculapio y de Epione o Arsínoe, célebres médicos y hábiles cazadores, capitanes de los guerreros de la Ecalia en el sitio de Troya. Macaón curó a Menelao, herido de un flechazo, y murió a manos de Eurípilo, hijo de Télefo. Podalirio, después de la toma de Troya, naufragó y desembarcó en Caria, en donde se casó con la hija del rey. Ambos fueron adorados después de su muerte.

[372] Pueblo poco numeroso del Asia, en la Paflagonia, entre los tibarenos al O y los mosinecos al E. Abundaba en su país el hierro, y se fabricaba allí mucho acero.

[373] Es natural que Heracles, al devolver Alcestis a su esposo, y no queriendo que la reconozca de pronto, la cubra con un velo y la adorne de distinta manera de la que convenía a una mujer casada.

[374] El doble sentido que tienen estas palabras de Heracles solo el público lo comprendía. Admeto nada sabe del noble propósito de Heracles, y por consiguiente solo mira sus palabras como la expresión de un deseo generoso; no así los espectadores, que han oído antes al héroe declarar su proyecto, que lo han visto ausentarse, y volver después con esa mujer velada.

[375] Eurípides intenta sin duda persuadir al lector que si Admeto recupera a su esposa, es en premio de su hospitalidad, puesto que Apolo solo aparece al principio de la tragedia, no después. Por otra parte, aquel rey lleva tan lejos su amabilidad, tratándose de un amigo, que por darle gusto se resuelve a hacer cuanto desea. Heracles, en cambio, quiere probarlo hasta el fin, y acumula ruego sobre ruego y exigencia sobre exigencia.

[376] Ψυχαγωγός, conductor o guía de almas, exorcista, encantador, mágico. El escoliasta dice así: «Hay ciertos mágicos entre los tesalios que, en virtud de sus artes y encantos, evocan las almas de los muertos. Los lacedemonios los mandaron llamar cuando el alma de Pausanias se aparecía en el templo de Atenea Calcieco, y espantaba a cuantos se acercaban a él, según cuenta Plutarco en sus estudios sobre Homero».

[377] Como Alcestis pertenecía ya a los dioses infernales y les había sido arrebatada, era menester aplacarlos con sacrificios. El plazo de tres días durante los cuales Alcestis no podía hablar, es parte de esa misma expiación.

[378] La Tesalia (primitivamente Hemonia) era una de las siete regiones de la Península helénica, al S del Escardo y del Hemón, en la costa oriental, entre la Macedonia al N y la Grecia propiamente dicha al S. Confinaba al O con el Pindo, que la separaba del Epiro; al E con la mar, y al S con el monte Eta. El Olimpo, el Osa y el Pelión formaban una cadena casi paralela a la costa. Sus ríos principales eran el Esperqueo al S y el Peneo al N. Esta tetrarquía (cuatro provincias o gobiernos) eran, según Focio, la Tesaliótide, la Ftiótide, la Pelasgiótide y la Histiótide.

[379] _Argo_, famosa nave en donde se embarcaron varios héroes griegos al mando de Jasón para conquistar el vellocino de oro de la Cólquida. Los más célebres, además de Jasón, fueron Heracles, que los dejó en la travesía, Orfeo, Tifis el piloto, Esculapio, Linceo, Cástor y Pólux, Calais y Zetes, Tideo y Néstor. Salieron del puerto de Yolco, y después de sufrir muchos peligros y contrariedades, llegaron a la Cólquida, y con ayuda de Medea, hija del rey de este país, se apoderaron del codiciado vellocino y volvieron a Grecia, según unos, por el Danubio y el Mediterráneo, o, según otros, por el Volga, el Báltico, el Océano y el estrecho de Gibraltar. Tres poemas se han escrito sobre esta expedición: uno que se atribuye falsamente a Orfeo, otro de Apolonio de Rodas, y el último de Valerio Flaco. Es probable que se hubiese verificado, o para explotar las minas de oro del Cáucaso, o para colonizar las ricas regiones situadas al norte del Asia Menor.

[380] La Cólquida, hoy Imeretia y Mingrelia, región del Asia, yacía entre el Ponto Euxino al O, el reino del Ponto al SO, el Cáucaso al N y la Iberia al E. Su río más célebre era el Fasis.

[381] Simplégadas o Cianeas, escollos que se abrían y se cerraban para destrozar las naves en el estrecho de Constantinopla, hasta que las atravesó la nave _Argo_.

[382] Pelión, monte de la Tesalia, en la Magnesia, prolongación del Olimpo, que; formaba un cabo al S.

[383] Pelias, rey de Yolco, era hijo de Tiro y de Poseidón. Usurpó el trono de Yolco, que correspondía a Esón, padre de Jasón, su hermano uterino, y sugirió a este la expedición de los argonautas con el objeto de verse libre de este rival, y esperando que perecería en ella; pero a su vuelta, engañadas sus hijas por Medea, que prometió rejuvenecerlo, pereció, sufriendo una muerte horrorosa.

[384] Yolco, ciudad de la Hemonia, en el golfo de Págasas, cerca del mar.

[385] Medea, hija de Eetes, rey de la Cólquida, y de la mágica Hipsea. Enamorada de Jasón, le ayudó en la conquista del vellocino de oro, y huyó con él a Grecia.

[386] Creonte, hijo de Sísifo, y por lo tanto pariente de Odiseo.

[387] Cicerón, en el