Chapter 4 of 7 · 1576 words · ~8 min read

libro III

, Tuscul., cap. XXVI, dice así: _Sunt autem alii, quos in luctu cum ipsa solitudine loqui sæpe delectat, ut illa apud Ennium nutrix:_

_Cupido cepit miseram nunc me proloqui_ _Cælo at terræ Medeai miserias._

[388] Los dados eran pequeños cubos de marfil, hueso o madera, en cada uno de cuyos lados se señalaban desde uno a seis puntos. Ordinariamente su jugaba con tres, que se tiraban con un cubilete; la mejor jugada era cuando cada uno de ellos presentaba en el mismo lado distintos puntos, y la peor la contraria. Otras veces servían para este juego los huesos de la ranilla de ciertos animales, o se montaban en piedra o bronce. Solo tenían cuatro lados, no seis, y los puntos que se señalaban eran uno y seis en los dos lados opuestos, y tres y cuatro en los otros dos; dos y cuatro no se señalaban si no se jugaba con cuatro dados en lugar de tres. Los corintios tenían fama de jugadores.

[389] Famosa fuente al pie de la acrópolis de Corinto, dedicada a las Musas.

[390] El texto dice ἀμφιπόλου, de dos puertas; pero en nuestra opinión esa palabra no quiere expresar que el palacio tenía dos puertas, una primero y otra después, y que eran tales los clamores de Medea que habían atravesado a ambas. Conocida la construcción y el plan de las casas griegas, y sabiendo que las habitaciones de las mujeres o el gineceo se encontraban en el extremo opuesto, es evidente que, ni aun teniendo Medea la voz de Esténtor, se hubiese oído fuera. Lo más natural, por consiguiente, es que el coro le llame palacio de dos puertas, de puerta de dos hojas o batientes, como eran las de los teatros y palacios, distintas de las otras más pobres, que de ordinario constaban solo de una hoja.

[391] Para retardar la persecución de su padre mató Medea a su hermano Apsirto, y dejó sus restos abandonados por el camino para que el padre, cuidadoso de darles sepultura, no pudiese alcanzarla.

[392] Medea no ha invocado a Zeus, sino a Temis y a Artemisa; pero la nodriza, turbada por su emoción, confunde las especies.

[393] Porque la Cólquida, patria de Medea, estaba en la costa opuesta.

[394] Hasta ahora se puede decir que han sido tantas las traducciones hechas de estos versos, distintas entre sí, cuantos han sido los traductores, extraviados por los versos siguientes de Ennio:

_Quæ Corinti altam arcem habetis, matronæ opulentæ optimates,_ _Nobis ne vitio vertatis hoc, quod a patria absumus: nam_ _Multi suam rem bene gessere et publicam patria procul;_ _Multi qui domi ætatem agerent propterea sunt improbati._

Sin embargo, se ve fácilmente que Ennio tradujo palabra por palabra, sin cuidarse gran cosa del sentido, porque ἐξῆλθον δόμων lo vertió en _patria absumus_, σεμνοὺς γεγῶτας en _rem bene gessere_, y leyó δομάτων ἄπο en vez de ὀμμάτων ἄπο. El sentido, como siempre, nos aclara este enigma, dictándonos que el objeto de Medea, extranjera en Corinto, no es otro que captarse la benevolencia del coro, para que la proteja y no la descubra, y en este concepto parécenos nuestra versión la más natural y aceptable.

[395] El escoliasta observa que en la edad heroica sucedía lo contrario de lo que dice Eurípides, esto es, que el marido compraba a la mujer, no la mujer al marido.

[396] Desde las leyes de Solón, la mujer podía separarse del marido o abandonarlo, no repudiarle, aunque con ciertas restricciones, y exponiéndose a la murmuración pública.

[397] Eurípides, con su ordinaria sencillez, expresa este pensamiento tan profundo como verdadero, porque, en efecto, es una de las más graves injurias que puede recibir una mujer. Séneca, en cambio, en su _Medea_, verso 573, hace decir al coro estas palabras:

_Nulla vis flammæ, tumidique venti_ _Tanta, nec teli metuenda torti,_ _Quanta, quum conjux viduata tædis,_ _Ardet et odit._

[398] Medea, para conseguir su intento, como mujer de claras luces y consumada astucia, no obra como lo hubiera hecho un criminal ordinario. En virtud de un esfuerzo supremo, finge conformarse con las órdenes de Creonte, a quien detesta en realidad, pues bien sabía que Jasón era esposo de Medea y que estaba en su mano oponerse a este enlace, no autorizarlo ni consentirlo; pero no dice que ama a su esposo, a pesar de su infidelidad, sino claramente que lo aborrece, porque lo contrario hubiera sido sospechoso.

[399] Aunque en general sea cierta esta máxima, y en ello, como en todo, tenga gran importancia la buena o mala fortuna, no es lo menos que mucha parte de estos males nos son imputables, examinados de cerca y conocidas sus causas. La fortuna hace un gran papel en el mundo cargando con nuestras torpezas y desaciertos, y si no existiera, más de una vez habíamos de vernos en apurado atolladero.

[400] A los partidarios de la exagerada verosimilitud, no de la prudente, diremos que nos expliquen la connivencia de las mujeres corintias que componen el coro en los proyectos criminales de Medea, extranjera, odiosa por su mala fama y por su orgullo, y dirigidos contra Creonte, su rey, y contra su inocente hija. Parecía natural que el coro no se hubiese compuesto de corintias, sino de esclavas de Medea, o de otra cualquier manera.

[401] Hécate, deidad infernal llamada así, según algunos etimologistas, de la palabra griega ἑκατόν, ciento, porque retenía cien años a las orillas de la Estigia a las almas de los insepultos. A veces se confunde con Artemisa, y a veces es una diosa distinta, hija del Sol, según Hesíodo. Otros aseguran que fue una mágica temible, que envenenó a su padre y se casó con Eetes, de cuyo matrimonio nacieron Medea y Circe. El triple culto de Hécate, Artemisa y la Luna parece una reminiscencia del de la Isis egipcia.

[402] Eetes, el padre de Medea, era hijo del Sol y de Perseis, y Creonte, como dijimos al principio, hijo de Sísifo.

[403] Sísifo era hijo de Eolo y esposo de Mérope. Fundó a Éfira, después Corinto, cerró el Istmo, obligó al Asopo a regar con sus aguas la acrópolis de Corinto, y exigió a cuantos pasaban por allí cierta cantidad de dinero. Murió a manos de Teseo, y habiendo conseguido de los dioses infernales que le permitiesen volver un día a la tierra para ser sepultado, no quiso regresar al infierno y fue arrastrado de nuevo a él a viva fuerza, y, ya sea en castigo de esta informalidad, ya por sus tropelías en vida, condenado a llevar un peñasco a la cima de una montaña, desde donde en seguida se despeñaba.

[404] Estamos casi seguros que Eurípides no conoció a su madre.

[405] Safo, Corina, Telesila y otras ilustres poetisas griegas anteriores a Eurípides, o sus coetáneas, podían muy bien haberlos escrito.

[406] Las Simplégadas o Cianeas.

[407] El texto vulgar griego dice así:

ὦ παγκάκιστε, τοῦτο γάρ σ᾽ εἰπεῖν ἔχω γλώσσῃ μέγιστον εἰς ἀνανδρίαν κακόν.

La traducción latina de estos versos es la siguiente:

_O pessime omnium! (hoc enim quo te appellem habeo_ _Linguæ summum, in (tuam) ignaviam convicium)._

M. Artaud los traduce de esta manera:

_O Le plus scélérat des hommes! (car ma voix peut donner ce nom le plus outrageux de tous à ta lâcheté)._

Hartung, a su vez, lo interpreta así:

_O schlechter Mann! ach leider kann ich Schlimm’res nicht_ _Dir mit der Zung’ entgegnen, als ein schwaches Weib!_

Si quisiéramos citar otros intérpretes o traductores además de estos, veríamos que todos ellos, sobre poco más o menos, se afanan en atormentar dichos versos para entenderlos y expresarlos, indicando de esta manera que son oscuros o defectuosos, como sucede de ordinario. En nuestro concepto, la palabra griega que puede darnos la clave para comprender estas palabras de Eurípides es ἀνανδρία, que significa propiamente afeminación; pero como esta afeminación se echa en cara al esposo de Medea, nos dice el sentido que no puede ser así, porque ni el casamiento de Jasón con Creusa es prueba de ello, sino de lo contrario, ni antes ni después se atribuye por Medea a afeminación dicho casamiento. Además, tampoco se comprende que se llame a un hombre afeminado, el peor de todos, porque esto es evidentemente falso, y entre ambas ideas no hay clara relación. Para salir de dudas consultemos al escoliasta, que se expresa en estos términos: τοῦτο γὰρ εἰπεῖν ἔχω σοι μέγιστον κακὸν διὰ τὴν ἀσθένειαν τὴν ἐμήν, γυνὴ γάρ εἰμι καὶ ἀσθενὴς. Es, pues, de advertir que Medea insulta de este modo a Jasón por su debilidad: διὰ τὴν ἀσθένειαν τὴν ἐμήν: porque soy débil mujer, γυνὴ γάρ εἰμι καὶ ἀσθενὴς. La palabra ἀνανδρία no se refiere, por tanto, a Jasón, sino a Medea; por consiguiente, si la conservamos con una leve variación en el caso y sin alterar la versificación, habremos conseguido nuestro objeto.

[408] Según parece, las aventuras de Jasón para conquistar el vellocino de oro son semejantes a las de Cadmo cuando fundó a Tebas. Eetes, padre de Medea y dueño del vellocino, tenía dos toros gigantescos y bravos, de pies de bronce y abrasador aliento, que fueron uncidos al mismo yugo para labrar la tierra y sembrar en los surcos dientes de dragón, que se convirtieron en hombres armados, a los cuales venció Jasón con ayuda de Medea. Después, esta misma lo llevó de noche al lugar en donde el dragón guardaba el vellocino, lo aletargó y Jasón le dio muerte, robando a Medea y huyendo con ella a la Grecia. (V. Apolod.,