Chapter 4 of 5 · 3996 words · ~20 min read

Part 4

¡Sí, es horrible; pero más horrible sería!...

EUGENIA

¿Qué?...

ISIDORO

Es capaz de matarse.

EUGENIA

¡Eso no, eso nunca! ¿Dónde está?... Vamos, sí, vamos...

ISIDORO

Le he hecho jurar que me esperaría. Es que no sabes: al rechazar la acusación de Enrique le insultó gravemente, y Enrique ya no quiso oír más y está decidido a todo; denunciará la falta de ese dinero; por lo menos se lo dirá a todo el mundo; será el escándalo, la vergüenza para todos.

EUGENIA

¡No puedo creerlo!... ¡No puedo creerlo!...

ISIDORO

Tampoco yo hubiera querido creerlo; pero él mismo me lo ha confesado. Ahora lo que importa es salvarle, convencer a Enrique; yo no podría; llevado de mi amistad por Manolo, yo también he ofendido a Enrique; no me recibiría en su casa; por eso no he dudado en venir a decírtelo todo; si tú le escribieras a Enrique... Si tú le pidieras...

EUGENIA

¿Tú le crees capaz?...

ISIDORO

Ahora sí; ahora le creo capaz de ensañarse sin compasión de tu hermano; solo tú podrías conseguir que perdonara... Escríbele.

EUGENIA

No, escribir, no. Iré yo misma.

ISIDORO

No me atrevía a decírtelo; si tú vas, perdonará de seguro. Iré contigo.

EUGENIA

No, iré yo sola.

ISIDORO

Pero yo te acompaño. A la puerta tengo mi cochecillo.

EUGENIA

No. Delante de la Mairie hay siempre taxis; tomaré uno; llamará menos la atención. Voy a vestirme. Tú vete con Manolo; ¡no le dejes, por Dios, no le dejes!

ISIDORO

Descuida. ¿Dónde nos vemos después de la entrevista?

EUGENIA

Yo iré a la pensión. Si ahora al salir te pregunta alguien de la casa, di que Manolo está enfermo, que has venido a avisarme. (_Viendo entrar a Guillermina._) ¡Ah, Guillermina!

GUILLERMINA

¿Qué ocurre? Me dijo Filomena que había venido Isidoro. Hola, Isidoro. ¿Qué sucede?

EUGENIA

Mi hermano Manolo que se ha puesto muy malo; Isidoro ha venido a avisarme. Voy a echarme un vestido y voy corriendo. (_Se oculta detrás del biombo._)

GUILLERMINA

¿Qué le pasa a Manolo?

ISIDORO

¿Qué sé yo? ¡Nos ha dado un susto!... Un colapso, algo nervioso...

GUILLERMINA

¿Quieres que yo vaya contigo? ¿Quieres que avise a algún médico?

ISIDORO

No, ya le han visto, ya le han recetado un calmante; cuando yo le dejé había pasado el peligro; pero está muy asustado, llorando como un chiquillo. Quería ver a su hermana; por eso vine en seguida, a riesgo de asustarla como la he asustado. ¡Pobre Eugenia!

GUILLERMINA

(_Bajo a Isidoro._) De verdad, ¿qué le ocurre a Manolo?

ISIDORO

¡Chiss!... Luego...

GUILLERMINA

¡Pobre Eugenia!

EUGENIA

(_Saliendo a medio vestir._) Vamos, Isidoro, vamos.

GUILLERMINA

¿Te has asustado mucho? ¡Estás muy pálida; da miedo verte!

EUGENIA

No, no es hada. Vamos, Isidoro.

GUILLERMINA

¿Vas tú con ella, verdad?

ISIDORO

Sí, descuida.

GUILLERMINA

Mis padres no se han levantado todavía; ¿quieres que les avise, que les diga algo?

EUGENIA

¡No, no les digas nada, que no sepan..., es mejor! ¡Dame un beso y tenme mucha lástima!

GUILLERMINA

¡Pobre Eugenia mía!

EUGENIA

Vamos, vamos. (_Salen Eugenia e Isidoro._) (_Telón._)

MUTACIÓN

CUADRO DÉCIMO

El despachito de Enrique Garcimora, lo mismo que en el cuadro séptimo.

Un criado. Después entra _Damián_.

DAMIÁN

Que pase esa señorita. (_Sale el criado, y a poco entra Eugenia._) Tome usted asiento. El señor, que perdone usted un momento; saldrá en seguida.

EUGENIA

Esperaré. (_Sale Damián. Eugenia se sienta en primer término, muy abatida. Se hace el oscuro, sale el Ladrón de Sueños y con la luz que lleva en la mano ilumina el rostro de Eugenia, que va diciendo_:) «Era una reina joven y hermosa; un terrible pirata había logrado hacerse dueño del mar sobre las costas de su reino; la reina aprestó sus galeras para darle caza; ella misma quiso mandar una de ellas. La reina fue pronto su cautiva, cautiva del pirata, que era, en verdad, lo que ella había querido, porque en el fondo oscuro de su corazón, donde se ocultan los deseos inconfesables a nosotros mismos, la reina amaba al pirata con toda su alma».

TELÓN

[Ilustración]

SEGUNDA PARTE

CUADRO PRIMERO

Una salita en casa de los marqueses de Valladares. Es de noche. Hay fiesta. Música dentro.

ESCENA I

_Guillermina_, _María Antonia_, _Marquesa de Valladares_ y _Condesa del Encinar_.

CONDESA

¿Cómo no ha venido Eugenia esta noche? Es la primera vez que no la veo en vuestra casa en una noche como esta.

MARÍA ANTONIA

Eso mismo le preguntaba yo a Guillermina; dice que apenas la ha visto desde que ha vuelto a Madrid.

MARQUESA

Si vieras que yo prefiero no saber nada; oye una tantas cosas.

CONDESA

Sí, yo también he oído... Claro es que no puedo creerlo.

MARQUESA

No puede creerse; pero es tan raro todo. Ya sabes que, como siempre, pasaba el verano con nosotros, en nuestra casa.

CONDESA

Ya sé; allí fue la última vez que la vimos.

MARQUESA

De la noche a la mañana se escapó, no puede decirse de otra manera, sin querer esperar a que nosotros regresáramos; se vino a Madrid, y desde entonces, en lo que va de invierno, solo la hemos visto dos o tres veces, y eso porque Guillermina ha ido a buscarla. Con nosotros no ha tenido ningún disgusto, no puede tener queja de nosotros. Vosotros sabéis lo que Eugenia ha sido siempre para nosotros.

CONDESA

Por Dios, todo el mundo lo sabe.

MARQUESA

No es que no pueda presentarse en sociedad; porque no es porque nosotros lo digamos, pero todo el mundo sabe que Guillermina le regala sus mejores vestidos, algunos casi sin estrenar. Está muy rara esa muchacha.

CONDESA

Siempre ha sido muy especial. Nosotros también, al principio de su desgracia, procuramos atenderles en lo posible; pero nunca fueron muy agradecidos ni ella ni su hermano, y, la verdad, ya tiene una bastantes atenciones.

MARÍA ANTONIA

¿Qué dice su hermano? Porque ese sí ha venido.

MARQUESA

Sí, ha venido sin que se le invitara.

GUILLERMINA

Qué cosas tienes, mamá; Manolo es de casa.

MARQUESA

Yo ni siquiera le he preguntado por su hermana; no he querido ponerle en el caso de disculparla con una mentira. ¿Tú le has preguntado algo?

GUILLERMINA

Sí, pero no necesitaba preguntarle; Eugenia está muy disgustada por su hermano; la da muchos disgustos. Este verano, yo no creo que fuera todo verdad; pero dijeron cosas horribles: Eugenia tuvo que ir a suplicar a Enrique Garcimora para que salvara a su hermano.

CONDESA

Y Enrique fue tan generoso que perdonó y pagó deudas y dio todavía algún dinero; todo el mundo lo sabe, y, naturalmente, cada uno lo explica a su modo, y todo ello no favorece a Eugenia en nada.

MARQUESA

¿A ti te han dicho?...

CONDESA

¡Figúrate! Yo no he querido creerlo; pero tú lo habrás oído como yo, como todo el mundo.

GUILLERMINA

No, eso que dicen no puede ser verdad; eso no; yo pondría las manos en el fuego por Eugenia. Yo quiero mucho a Eugenia.

MARÍA ANTONIA

Ella habrá pensado que Enrique se casaría con ella, porque él estaba muy encaprichado; lo vimos todos.

GUILLERMINA

Y se hubiera casado; pero con su hermano...

CONDESA

Enrique tiene otras aspiraciones; de Eugenia pensará que solo le aceptaba por su dinero, y por su dinero, él, que es un poco fatuo, antes que casarse lo habrá creído todo posible.

GUILLERMINA

Pero yo no creo que Enrique...

CONDESA

Pues, hija, lo que ve todo el mundo es que ahora ni ella ni su hermano pasan apuros, y yo no sé lo que vosotros haréis todavía por ellos; pero de otras muchas personas yo sé que han dejado de protegerles, y ellos no tienen más que el día y la noche, como suele decirse, y todos sabemos lo que cuesta vivir.

GUILLERMINA

Eugenia, la pobre, vive como siempre; no es para pensar mal; y Manolo todos le conocemos: ese tiene la culpa de todo.

MARQUESA

La verdad es que Eugenia hace muy mal en huir de la gente, como parece que huye. ¿Por qué no viene a nuestra casa como antes? ¿Por qué no ha venido esta noche? Debió pensar que todo el mundo había de comentarlo, y los comentarios no han de favorecerla.

CONDESA

Naturalmente. Cuidado que nadie la ha defendido como yo; pero no va una a pelearse con todo el mundo por defenderla. Ya sabe ella que yo la he querido siempre.

MARÍA ANTONIA

(_A Guillermina._) Tú, que conoces bien a Eugenia, ¿tú crees posible que sea verdad lo que dicen?

GUILLERMINA

Yo no sé. Pero si Eugenia no perdería nada casándose con Enrique, no sé tampoco qué perdería Enrique casándose con ella. ¿Qué necesidad tenían de dar una campanada?

MARQUESA

No, si yo no digo que todo no acabe en boda, porque Enrique tampoco quedaría muy bien conceptuado de otra manera; pero, en su vanidad de nuevo rico, ¿quién le quita la satisfacción de haber comprometido a una muchacha de nuestra clase, aunque no sea más que para humillarnos a todos los que hemos tenido la condescendencia de admitirle en nuestra sociedad como a uno de los nuestros? Nos está muy bien empleado.

ESCENA II

_Dichas_, y el _Marqués de Valladares_.

MARQUÉS

¿Te parece que es buena hora de pasar al comedor?

MARQUESA

En seguida. Hablábamos de Eugenia y Enrique.

MARQUÉS

Yo no quiero hablar, no quiero hablar. Por ahí anda el fresco de su hermano; apenas si le he saludado. ¡Pero ese muchacho!... ¡Qué inconsciencia!... ¿No sabrá?... ¿No habrá oído?... No, pues esta noche ya habrá advertido los desaires de todo el mundo.

MARQUESA

Bastante le importa. Debiera haber empezado por no presentarse en nuestra casa sin su hermana.

MARQUÉS

Para colmo, no se separa de Enrique en toda la noche, sabiendo todos lo que sabemos.

CONDESA

¿Entonces tú lo crees?... ¿Crees también lo que dice todo el mundo?... Yo que te he conceptuado siempre como la persona más ecuánime de nuestra sociedad, y solo tenía la esperanza de que tú no lo creyeras para no creerlo yo tampoco, porque para mí tu opinión pesa más que la de todo el mundo. Ahora ya no tendré más remedio que pensar mal como todo el mundo. ¡Es horrible!

MARQUÉS

Mira, Carolina, yo te agradezco el favorable concepto de mi persona; pero esas frases, que en tu boca adquieren un valor apocalíptico: «Todo el mundo lo dice... Todo el mundo lo sabe...». Todo el mundo significa muy poco, porque el mundo es muy grande para que todo el mundo sienta ni diga lo que aun en este Madrid, que ya es una pequeña parte del mundo, solo le importa a otra pequeñísima parte, que somos nosotros, y si fuéramos a ver, tampoco nos importa gran cosa.

CONDESA

Si tú no le das ninguna importancia.

MARQUÉS

Sí, le doy la que debe dársele. Me disgusta que Eugenia dé ocasión a murmuraciones de ese género; pero después de todo, a poco que Enrique lo piense comprenderá que a él le conviene menos que a nadie que por él se murmure de una muchacha como Eugenia.

CONDESA

¿Entonces tú crees también que todo acabará en boda?

MARQUÉS

¿Quién lo duda?... ¿Qué razón hay para que Enrique, aunque fuera verdad lo que la gente ya supone, se niegue a reparar una ligereza?

MARQUESA

Lo mismo le decía yo a Carolina. De todos modos es muy lamentable que Eugenia tenga que aceptar como reparación un matrimonio con quien, por su origen, por su educación, por todo menos por su dinero, es muy inferior a ella.

MARQUÉS

¡No has dicho nada!... Por su dinero...

CONDESA

Tienes razón; pero es que no sabemos si de otro modo... Yo no quiero creerlo, no quiero pensar que Eugenia haya calculado que no exponía nada al arriesgarlo todo, porque en el peor caso contaba siempre con nosotros para hacer comprender a Enrique su obligación de caballero, porque yo no puedo creer que Enrique haya puesto un precio indigno de un caballero al favor de salvar al hermano de Eugenia... ¡Sería horrible! (_Mirando a las chicas._) ¿Nos habrán oído?

MARQUÉS

No te preocupes; estarán hablando de lo mismo con mayor claridad y más atrevimiento. ¿Vamos al comedor?

MARQUESA

Cuando quieras. (_A María Antonia y Guillermina._) ¿Estáis cansadas de bailar?

GUILLERMINA

No, es que sabíamos que Manolo nos buscaba, y yo no quería bailar con él.

MARÍA ANTONIA

Yo tampoco.

GUILLERMINA

Y nos refugiamos aquí. Yo pienso ir a casa de Eugenia mañana mismo, quiero hablar con ella. ¿Me dais permiso?

MARQUESA

No sé qué vas a decirle. Esta hija mía es de un candor...

GUILLERMINA

Conformes, siempre que no situéis el candor en una higuera.

MARQUESA

¡Guillermina!...

GUILLERMINA

Porque si creéis que no estoy enterada de todo, aunque habléis con medias palabras... Yo sé bien lo que se dice de la pobre Eugenia, y aunque fuera verdad, hay que evitarlo. Pero lo que yo quiero es saber la verdad, y yo sé que ella me dirá la verdad, toda la verdad, sea la que sea. Manolo viene; vámonos antes. (_Salen Guillermina y María Antonia._)

MARQUESA

¿Qué te parece, Carolina?

CONDESA

Que me dan una envidia estas muchachas de ahora... Dicen todo lo que piensan con la mayor libertad.

MARQUÉS

Y menos mal cuando se contentan con decirlo; pero no son peores por eso, porque en nuestros tiempos...; vosotras bien está que no queráis acordaros, pero nosotros sí nos acordamos.

MARQUESA

¡Por Dios! ¡Cualquiera que os oiga!

ESCENA III

_Dichos_; _Manolo_, _Enrique_ y _Ricardo_.

MANOLO

¿No estaban aquí Guillermina y María Antonia?

MARQUÉS

Si, aquí estaban cansadas de bailar. (_Salen el Marqués, la Marquesa de Valladares y la Condesa del Encinar._)

ESCENA IV

_Enrique_, _Manolo_ y _Ricardo_.

MANOLO

¿Os quedáis todavía?

RICARDO

Como Enrique diga.

ENRIQUE

Por mí...

MANOLO

Yo me marcho. Ya habréis observado cómo está la gente esta noche con nosotros.

ENRIQUE

¿Conmigo?

MANOLO

Es verdad; es que no me he separado de ti; era por mí entonces. Tú sabrás...

ENRIQUE

No me mires así, porque no entiendo lo que quieres decirme. Por mí nadie ha sabido nada; de Ricardo tampoco creo que supongas...

MANOLO

No, ya lo sé. No era preciso que nadie lo dijera: lo sabían. No he debido venir a Madrid. ¡Si no hubiera sido por mi hermana!... Y si ella quisiera nos iríamos los dos lejos, muy lejos, ahora que gracias a ti puedo irme sin que parezca que huyo, sin temor a que nadie pudiera impedirlo; empezar otra vida... ¿Cómo voy a pedirte más de lo que has hecho?... ¿Cómo voy a pedir que tengas confianza en mí para nada?... Pero si tú pudieras emplearme en tus empresas, en tus negocios; ¡yo te juro!... ¿Por qué te lo juraría yo?...

ENRIQUE

No es preciso, Manolo; no es preciso.

MANOLO

¡Soy otro hombre! Sería el ser más despreciable si no fuera capaz de sentir toda la vergüenza de lo que hice; ¡y cien veces me hubiera matado si no me hubiera sentido capaz de regenerarme!

ENRIQUE

Vamos, Manolo; no vamos ahora a dramatizar, ni es el lugar, ni es el momento.

MANOLO

¿Es que no creéis en mí, verdad?... ¡No, no creéis; no cree nadie; mi hermana tampoco!... ¡Ese es mi mayor castigo!... ¡Por mí!... ¡Por mí!... ¿Verdad?

ENRIQUE

¿Qué quieres decirme?

MANOLO

¡Nada, es verdad!... ¡Estoy loco!... ¿Qué derecho tengo yo a pedirte explicaciones de nada?... ¡Cuentas, menos!... Hasta mañana. No os digo que me despidáis de nadie, porque sé que nadie preguntará por mí. (_Sale._)

ESCENA V

_Enrique_ y _Ricardo_.

ENRIQUE

¡Explicaciones!... ¡Cuentas!... ¿Qué ha querido decir?

RICARDO

No, no se refería a lo que tú supones, a lo que tú temes. Él solo piensa que tú querías a su hermana; que tal vez por su conducta has dejado de pensar en ella. Otra cosa, no; estoy seguro. Él nada sabe; nadie le ha podido decir...

ENRIQUE

¿Decir? ¿Qué? ¿Qué podrían decirle?

RICARDO

¡Enrique!...

ENRIQUE

Te suplico que no insistas. No sé cómo voy a decirte...

RICARDO

Que tú no puedes decir nada ni a mí, a tu mejor amigo, lo sé: es tu obligación, tu deber de caballero; pero debieras comprender que en mí no es exceso de curiosidad; es que acaso yo pudiera aconsejarte, prevenir con tiempo lo que preveo que te verás obligado a hacer por fin.

ENRIQUE

Casarme con Eugenia, ¿no es eso?

RICARDO

Es lo que más te conviene, tenga la gente o no tenga razón; todo antes que nadie pueda suponer de ti que si salvaste a su hermano de ir a presidio fue a cambio del precio...

ENRIQUE

Supongo que tú no me habrás creído nunca capaz de semejante villanía.

RICARDO

No lo creo; pero entonces..., ¿qué ha sucedido? Porque Eugenia ha sido tuya, es inútil que me lo niegues; tu temor al interpretar las palabras de su hermano ahora mismo; tus caballerosas negativas con más silencios que palabras; porque sabes bien que las palabras nunca tendrán el valor que solo da la verdad a nuestras palabras... ¡Sí, Enrique, sí, y no soy yo solo quien lo supone, quien lo cree; lo dicen todos; lo aseguran todos!... ¿Quieres un consejo leal? Apresúrate a pedir la mano de Eugenia.

ENRIQUE

Sí, caeré sin defensa en una habilísima trama.

RICARDO

Tal vez no. ¿Por qué no ha de quererte Eugenia? Quizá eso que tú juzgas habilidad solo haya sido llevada del temor a perderte; pero no hay razón para que ella no se case contigo enamorada, aparte de la conveniencia; pero ¿en qué acción humana hallaremos nunca el perfecto desinterés?

ENRIQUE

Es que si tú supieras... ¡No, no debo hablar, no puedo hablar!... ¡Es que te espantarías si supieras!...

RICARDO

¿La facilidad de la caída?

ENRIQUE

Eso.

RICARDO

Razón de más para no creer que hubiera habilidad; comprende que era exponer demasiado.

ENRIQUE

Ya sabía ella que nada exponía; que estaban todos los suyos para obligarme, porque de otro modo yo sería para todos el más vulgar traidor de melodrama; he salvado a su hermano, he pagado deudas, le he amparado con mi amistad de las más infamantes sospechas; pero todo a costa de otra deshonra mayor, la de la mujer que había de resignarse a todo por salvar a su hermano. ¡Eso creerían todos, eso se diría, y el más deshonrado sería yo! ¡Qué voy a hacer!... Esta misma noche anunciaré a los marqueses mi resolución de casarme con Eugenia. ¿Está bien?

RICARDO

Es lo mejor que puedes hacer. Te felicito. Y no pienses demasiado mal de Eugenia. ¿Quién sabe?... ¿Quién sabe nunca con las mujeres?...

ENRIQUE

¡Quién sabe!

RICARDO

Supongamos lo peor: que ni ella te quiere ni tú puedes ya quererla; con mucho dinero y sin cariño no hay infelicidad posible en el matrimonio.

TELÓN

CUADRO SEGUNDO

Gabinete modestísimo en casa de Eugenia y Manolo.

ESCENA I

_Eugenia_ y _Manolo_.

EUGENIA

¿Mucha gente?...

MANOLO

Sí, ya sabes. Guillermina me preguntó por ti.

EUGENIA

Guillermina me quiere; es muy buena. (_Pausa._)

MANOLO

¿Te importaría que nos marcháramos de Madrid los dos?

EUGENIA

No deseo otra cosa; pero ¿cómo viviremos?...

MANOLO

Yo buscaré, yo trabajaré.

EUGENIA

También yo, también yo quiero trabajar.

MANOLO

¡Pensar que yo tengo la culpa de todo!... Enrique se hubiera casado contigo.

EUGENIA

¡Quién piensa en eso!...

MANOLO

Tú le querías.

EUGENIA

¡Qué importa, si él no hubiera creído nunca que yo le quería!...

MANOLO

¿Por qué no habrá de creerlo?

EUGENIA

Lo sé, estoy segura ... ¡Si me hubiera querido!... ¡No, no!...

GUILLERMINA

(_Dentro._) ¡Eugenia!... ¡Eugenia!...

EUGENIA

¡Ah, Guillermina!...

ESCENA II

_Dichos_ y _Guillermina_.

EUGENIA

¿Vienes sola?

GUILLERMINA

Sí, yo sola, y muy contenta. Tenemos mucho que hablar; traigo muy buenas noticias. ¡Qué alegría!...

EUGENIA

¿Buenas noticias?...

GUILLERMINA

Sí, sí, ya verás. Estoy contentísima. ¿Quieres dejarnos solas, Manolo? Tengo que decirle a tu hermana tantas cosas... Delante de ti no me atrevería.

MANOLO

Te veo tan contenta; como sé cuánto quieres a mi hermana, me voy tranquilo y contento también. ¡Gracias, Guillermina!... ¡Por Eugenia y por mí: gracias!... (_Sale._)

ESCENA III

_Eugenia_ y _Guillermina_.

GUILLERMINA

¡Qué alegría, Eugenia, qué alegría!... ¿No sabes?... Anoche Enrique dijo a mis padres que estaba dispuesto a pedir tu mano.

EUGENIA

¿Eh?...

GUILLERMINA

¡Sí, sí!... ¡Si no podía ser otra cosa; si él te quiere; si te ha querido siempre, y ahora él sabe muy bien, tú también lo sabrás!... ¡La gente es muy mala! Por culpa de tu hermano tuviste que suplicar a Enrique; ha habido gente capaz de suponer que él había puesto precio, un precio indigno de su generosidad... Ya ves qué infamia... Yo sabía que eso no era posible, ni por él ni por ti; por ti, menos.

EUGENIA

No..., Enrique no...

GUILLERMINA

Había gente capaz de suponer que tú eras su amante, que podías serlo; ahora se convencerá todo el mundo: serás su mujer y serás muy dichosa.

EUGENIA

¿Lo crees?... Lo que no creerás nunca es lo que voy a decirte, lo que no podrás explicarte nunca: Que yo he sido de Enrique... Sí, he podido ser su amante; podía creerse con derecho a serlo.

GUILLERMINA

¡Eugenia!... ¡Me asustas!... ¡No es verdad, no es verdad!...

EUGENIA

Sí, es verdad. Y he sido yo, he sido yo, no puedo culparle... Él nada exigía; he sido yo la que se ha ofrecido como una mujer fácil, como una mujer cualquiera; en ninguna de esas mujeres que él habrá conseguido con su dinero habrá hallado más fácil conquista. Lo que él no sabrá nunca es cómo pudo ser; cómo el orgullo puede llevar a la humillación; porque ese fue mi orgullo. Yo le quería, le quería con toda mi alma, y sabía que él no podía creer en mi cariño, y mi orgullo era que él creyera sin exigirle nada. Al salvar a mi hermano yo adivinaba en él la satisfacción orgullosa de sentirse superior a mí, a nosotros; estaba a merced suya, y él era tan generoso que salvaba el honor de nuestro nombre; solo el orgullo de mi humillación podía humillar su orgullo; era preciso pagar, pagar con lo que más valía... ¿Me miras espantada?... Mi orgullo es que yo sola me comprendo, y mi orgullo mayor, porque no podré ocultar la verdad: que he pagado con la vergüenza de toda mi vida.

GUILLERMINA

¿Qué dices?... Entonces, ¿si Enrique no se hubiera casado contigo?...

EUGENIA

Sí, la deshonra, la vergüenza; pero no me arrepentiré nunca. Mi única tristeza es que él nunca comprenderá cómo le he querido, aunque yo sola sé de lo que soy capaz para que lo comprenda.

GUILLERMINA

¿De qué has de ser capaz?... De ser muy dichosa con él, de ser los dos muy felices.

EUGENIA

Sí, sí. ¿Dices que ha hablado con tus padres?...

GUILLERMINA

Sí, él sabe que nosotros somos vuestros mejores amigos, y ha querido que fuéramos los primeros en saberlo. Esta tarde vendrás a casa, ¿verdad?, y allí, delante de mis padres, de todos... ¿No estás contenta?... Debías estarlo... ¿Ves cómo yo tenía razón?... Yo lo creí siempre; tenía una fe ciega en el cariño de Enrique. (_Entra una criada._)

CRIADA

Con permiso de la señorita.

EUGENIA

¿Qué es?...

CRIADA

(_Dándole una tarjeta._) Este caballero que si puede recibirle la señorita.

EUGENIA

¡Enrique!... No, no, diga usted...

GUILLERMINA

Diga usted que pase; yo hablaré con él. Comprendo que tú no quieras verle ahora. (_A la criada._) Que pase. (_Sale la Criada._) Vamos, Eugenia; ya no hay por qué llorar. (_Sale Eugenia._)

ESCENA IV

_Guillermina_ y _Enrique_.

ENRIQUE

¡Guillermina!

GUILLERMINA

Perdone usted; Eugenia está muy emocionada; no ha tenido valor para recibirle a usted. Esta tarde vendrán a nuestra casa; también usted, ¿verdad?

ENRIQUE

Sí.

GUILLERMINA

Hasta luego entonces.

ENRIQUE

Hasta luego, Guillermina, y muchas gracias. (_Sale Enrique. Entra Eugenia y se arroja llorando en brazos de Guillermina._)

CUADRO TERCERO

La misma salita del primer cuadro. Es de día.

ESCENA I

La _Marquesa de Valladares_, el _Marqués de Valladares_, _Eugenia_, _Guillermina_, _Enrique_ y _Manolo_, todos sentados menos Enrique.

ENRIQUE

Y por mi parte no tengo más que decir a ustedes, a Eugenia.

MARQUÉS

Está bien, Enrique, está bien. No dude usted que nuestra satisfacción es inmensa; Eugenia es como una hija para nosotros. (_Abrazándola._) Eugenia.

MARQUESA

(_Abrazándola también._) Hija mía.

MANOLO