Chapter 5 of 5 · 1330 words · ~7 min read

Part 5

(_A Enrique dándole la mano._) Enrique, hermano mío.

EUGENIA

¿Y si yo no aceptara?... (_Movimiento de sorpresa en todos._) No, no acepto.

MANOLO

¿Qué dices?

MARQUESA

¿Estás loca?

MARQUÉS

¡Eugenia!

GUILLERMINA

¡No, no es posible!

EUGENIA

Ya lo he dicho: no acepto, no, mil veces no.

ENRIQUE

¿Por qué, Eugenia, por qué?... ¿Es que no me quiere usted?... ¿Que no puede usted quererme?...

EUGENIA

Ya no.

ENRIQUE

No creo que tenga usted que culparme de nada. No haga usted que nadie pueda creer de mí lo que usted sabe que no es verdad.

EUGENIA

Sí, ya lo sé; no puedo culparle a usted de nada porque en su voluntad de usted no hubo culpa, y el corazón no es nunca culpable, y solo con el corazón podía usted haber adivinado... solo su corazón podía haberle dicho que tal vez no hay en nuestra vida más que un instante en que dos corazones pueden comprenderse, y si ese instante se pierde en nuestro corazón ya no es posible encontrarse nunca. Si yo aceptara su ofrecimiento nunca creería usted la verdad; dudaría usted siempre, siempre; creería usted que todo fue hábil comedia bien representada, un riesgo fácil en que yo no arriesgaba nada porque estaba segura de que el final sería esto: un matrimonio ventajoso.

ENRIQUE

No, Eugenia, no... No puedo creerlo.

EUGENIA

No podrá usted creerlo nunca; pero solo así no podrá usted creerlo. La verdad solo tiene un camino: el sacrificio, la verdad que nos mostró Dios en la cruz.

ENRIQUE

No, Eugenia, no puede ser; usted sabe que no puede ser, que hay algo sagrado entre nosotros que no tiene usted derecho a sacrificar, aunque nuestro cariño no fuera verdad, aunque yo no creyera en usted y usted hubiera llegado a odiarme.

EUGENIA

Mi hijo, ¿verdad? El que ha de nacer de mí y será tan mío, tan mío, que solo de él y de Dios acepta mi conciencia mi absolución o mi castigo, de nadie más. Callen ustedes, es inútil, no hay palabras que me convenzan; cuanto más tardara en convencerme para acceder después, más pensaría usted que todo era mentira, y yo quiero que no pueda usted dudar nunca, que sepa usted siempre que le he querido con toda mi alma, y que por quererle tanto, antes que a dudar siempre, le condeno a la verdad.

ENRIQUE

¿Aunque esa verdad sea mi remordimiento para siempre?

EUGENIA

Eso sí, para siempre, para siempre; así quiero que sea. No podrá usted dudar nunca de mí. No hay nada que pueda destruir una verdad; pero si es de amor esa verdad, ¿no valdrá más que todo en nuestra vida?

ENRIQUE

¡Eugenia, no, no; no es posible, no es posible!...

EUGENIA

Déjeme usted..., déjenme todos... ¡Para siempre, para siempre!... (_Sale del brazo de su hermano._)

TELÓN

CUADRO EPÍLOGO

Jardín de un hotel de viajeros.

ESCENA I

_Fanny_ y _Enrique_, sentados en una mesa, toman café, y un _Camarero_ cerca.

ENRIQUE

Hemos merendado muy bien.

FANNY

Está muy bien este hotelito; nunca se nos había ocurrido pararnos aquí.

CAMARERO

Pues paran aquí muchos autos; en verano está esto muy concurrido, y desde que el hotel cambió de dueño es otra cosa; había caído mucho.

ENRIQUE

¿El dueño vive aquí?

CAMARERO

No, señor; aquí está el encargado, un amigo del dueño, que, lo que es el mundo, es un joven de la aristocracia.

ENRIQUE

¿Sí? ¿Cómo se llama?

CAMARERO

Don Manuel, y se apellida..., deje usted, aquí se apellida de otro modo; pero yo tengo oído, por gente que viene aquí y le conoce, que el título, porque es de título, es algo así..., deje usted..., de Castro...

ENRIQUE

¿Castrojeriz?

CAMARERO

Ya: Manolo Castrojeriz.

FANNY

¿Le conoces?

ENRIQUE

Sí, mucho.

CAMARERO

Pues ese es el encargado. Vive aquí con su hermana.

ENRIQUE

¿Sí?

CAMARERO

Muy buena señora y muy trabajadora; ella, más que nadie, es la que tiene todo a su cargo; no perdona falta; pero tiene un modo de decir las cosas que no puede uno disgustarse. Se ve que es persona de clase, porque la mujer del dueño de antes, no quiera usted saber, dicen que había sido cocinera, y no había quien la aguantara. (_Se oye la voz de Eugenia dentro._)

EUGENIA

No pises las flores.

CAMARERO

Esa es doña Eugenia, con el niño, su hijo.

FANNY

¿Es casada?

CAMARERO

Viuda muy joven, quedó viuda muy joven. También dicen... Vaya usted a saber; como aquí viene tanta gente, qué no oirá uno.

ENRIQUE

¿Sabe usted si ha merendado ya el mecánico?

CAMARERO

Iré a ver. ¿Se marchan ustedes? Esto ahora es cuando empieza a estar bueno, a la caída de la tarde.

ENRIQUE

Sí, pero vamos muy lejos.

CAMARERO

Ya.

ENRIQUE

La cuentecita, si me hace el favor.

CAMARERO

Voy a ver cuánto importa lo del mecánico.

ENRIQUE

Dígale usted que prepare el coche. (_Sale el camarero._)

FANNY

Sí que parece todo muy cuidadito el jardín; bonitas flores, ¿vamos a verlas?

ENRIQUE

Deja, sentiría encontrarme...

FANNY

¿Con el encargado?

ENRIQUE

Sí, no puede hacerle gracia encontrarse con amigos que les conocieron en otra posición.

FANNY

¿Los conocías mucho?

ENRIQUE

Sí, de Madrid; después, claro, con mis viajes dejé de verlos; no sabía lo que había sido de ellos. (_Entra el Camarero._)

CAMARERO

Aquí tiene usted, señor. (_Dándole la cuenta. Enrique saca dinero y paga._) Voy por la vuelta.

ENRIQUE

Está bien.

CAMARERO

Muchísimas gracias. (_Ha entrado un niño pequeño con un ramo de flores._) El niño de la señorita que trae unas flores para la señora: es su costumbre.

FANNY

Es muy guapo.

NIÑO

De parte de mi mamá.

FANNY

Muchas gracias a tu mamá y a ti. ¡Qué amable!... ¿Me das un beso?... ¿Cómo te llamas?

NIÑO

Jesusito.

CAMARERO

Van ustedes a oír. Vamos a ver: diles a estos señores lo que eres tú.

NIÑO

Soy el niño Jesús de mi mamá.

FANNY

Qué rico. (_Basándole._)

ENRIQUE

¿Qué juguetes te gustan más?

CAMARERO

Tiene de todo; no crean ustedes: su tío le compra muchos juguetes; siempre que va a Madrid le trae sin fin de cosas.

ENRIQUE

¿Te gustaría un auto de verdad, un auto muy pequeño para manejarlo tú y pasear por aquí?

NIÑO

¿Un auto de verdad..., de verdad?

ENRIQUE

Pues dentro de unos días van a traerte uno.

CAMARERO

Mire el señor que va a creérselo y no va a haber quien le aguante pensando en el auto.

ENRIQUE

Es que vendrá de verdad.

CAMARERO

¿Tú oyes esto?

ENRIQUE

¿Había merendado ya el mecánico?

CAMARERO

Sí, ya está junto al coche.

ENRIQUE

Pues vamos.

FANNY

Adiós, hermoso; da muchas gracias a tu mamá por sus flores.

NIÑO

¿Cuándo traerán el auto?

ENRIQUE

Muy pronto..., muy pronto.

FANNY

Ya volveremos alguna vez a verte. Adiós, adiós.

CAMARERO

Muy buenas tardes; que los señores sigan bien. Dales las buenas tardes.

NIÑO

Muy buenas tardes tengan ustedes.

FANNY

Adiós, adiós. (_Salen Enrique y Fanny. El niño se va corriendo en dirección contraria. La escena queda sola un momento, al cabo del cual entra Eugenia con el niño de la mano._)

NIÑO

Ese señor que estaba aquí, que le di las flores a la señora que estaba con él, me ha dicho que me iba a traer un auto de verdad, un auto pequeñito para mí, para andar por aquí, para montarme yo. ¿No será mentira? Dime, mamá..., mamá.

EUGENIA

No; hijo mío, será verdad. (_Entra Manolo._)

NIÑO

¿Quién es ese señor y por qué va a regalarme a mí un auto?

EUGENIA

Porque sabe que vas a ser muy bueno, y por eso.

NIÑO

Pero no es un rey mago, ¿verdad?... ¿Verdad, mamá?

EUGENIA

Calla, hijo.

MANOLO

¿Le has visto?

EUGENIA

Sí.

MANOLO

Es su mujer; yo le había visto con ella en Madrid; también tiene mucho dinero. ¿En qué piensas?... ¿Te has puesto triste?...

EUGENIA

No, ¿por qué?

MANOLO

Y él vivirá tan feliz.

EUGENIA

Eso no, estoy segura; eso no; soy yo mucho más feliz. (_Abrazándose a su hijo._) ¿No es verdad, hijo mío? ¡Más feliz!...

TELÓN