Chapter 1 of 6 · 4000 words · ~20 min read

Part 1

NOTA DE TRANSCRIPCIÓN

* Las cursivas se muestran entre _subrayados_ y las versalitas se han convertido a MAYÚSCULAS.

* Los errores de imprenta han sido corregidos.

* La ortografía del texto original ha sido modernizada de acuerdo con las normas publicadas en 2010 por la Real Academia Española.

* Las abreviaturas y los nombres de los personajes han sido expandidos para mayor facilidad de lectura.

* Los leísmos y laísmos que no afectan a la rima han sido corregidos.

* Las páginas en blanco han sido eliminadas.

TRAIDOR, INCONFESO Y MÁRTIR

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TRAIDOR, INCONFESO Y MÁRTIR

DRAMA HISTÓRICO en tres actos y en verso _escrito expresamente_ PARA EL BENEFICIO DE DOÑA MATILDE DÍEZ

POR DON JOSÉ ZORRILLA

OCTAVA EDICIÓN

MADRID R. Velasco, Impresor, Marqués de Santa Ana, 11, dup.º TELÉFONO, NÚMERO 551 1917

REPARTO

PERSONAJES ACTORES

DOÑA AURORA Doña Matilde Díez. GABRIEL ESPINOSA Don Julián Romea. DON RODRIGO DE SANTILLANA, alcalde de casa y corte Don Antonio Barroso. DON CÉSAR DE SANTILLANA, capitán de jinetes del primer tercio de Flandes Don Florencio Romea. ARBUÉS Don Patricio Sobrado. BURGOA Y NAO D’ANDRADE EL MARQUÉS DE TAVIRA EL DOCTOR N. UN ESCRIBANO UN ALGUACIL UN CRIADO DE BURGOA _Alguaciles, soldados y criados_

La escena en los dos primeros actos, pasa en una posada de Valladolid, y en el tercero en Medina del Campo, en el año 1594 de N. S. J. C.

ACTO PRIMERO

Antesala de una posada de Valladolid. Puerta en el fondo, que da al exterior. Dos a la izquierda, que dan al interior. Ventana a la derecha.

ESCENA PRIMERA

BURGOA, que aparece; un CRIADO, que sale por el fondo.

CRIADO

Señor amo.

BURGOA

¿Qué hay?

CRIADO

Un hombre.

BURGOA

¿Qué quiere?

CRIADO

Veros.

BURGOA

Que pase.

CRIADO

Entrad aquí, seor hidalgo.

ESCENA II

BURGOA y el MARQUÉS, embozado.

MARQUÉS

Buenas noches.

BURGOA

Dios le guarde.

MARQUÉS

¿Eres tú el huésped?

BURGOA

Yo soy.

MARQUÉS

¿Luis Burgoa?

BURGOA

Y Nao d’Andrade.

MARQUÉS

¿Portugués?

BURGOA

Lo canta el nombre: De Alfontes en el Algarbe.

MARQUÉS

Paisanos somos.

BURGOA

¿Sois vos también?...

MARQUÉS

Escúchame y cállate.

BURGOA

Callo y escucho.

MARQUÉS

Esta noche vendrá a pedirte hospedaje en esta posada un hombre, cuyas señas voy a darte para que no le equivoques. Edad, cuarenta años; traje negro, cabello rapado, barba crecida, semblante pálido, mirada de águila, sonrisa triste, andar grave.

BURGOA

Con tantas señas, señor, que le equivoque no es fácil.

MARQUÉS

Aún faltan más; una dama en su compañía trae de apenas diecisiete años, y haciendo veces de paje, viene sirviéndoles a ambos un veterano de Flandes, en quien, por más que se afana por tosco labriego en darse, se revelan a la legua las costumbres militares. Lo mismo sea sentirles a tus puertas acercarse, con luz y sombrero en mano saldrás hasta los umbrales: mandarás de sus caballos cuidar, y sus equipajes subir a los aposentos mejores que puedas darles. Les servirás a su antojo los más sabrosos manjares, y los vinos más añejos, y entretanto que ocuparen cuarto en tu posada, en ella no recibirás a nadie. Yo toda entera la alquilo para ellos. Ahí va parte del gasto que hacerte puedan; cuando esa suma se acabe, te rellenaré esa bolsa: lo que sobre, para gajes del huésped y de los mozos. Adiós, y silencio, Andrade.

BURGOA

Un momento, caballero, ¿Y si ese hombre preguntare quién paga su gasto?

MARQUÉS

Nada digas.

BURGOA

¿Y si se obstinase en saberlo?

MARQUÉS

Guardarás silencio, y la cuenta al darme, tu silencio y sus porfías pondrás como cantidades en guarismos, y yo solo veré las sumas totales. Pero ten cuenta, Burgoa: porque el oro que aquí ganes crecerá con tu prudencia y te se irá con tu sangre; porque indiscreciones de oro con hierro es bien que se atajen, y fortuna que se canta siempre se la lleva el aire.

BURGOA

Señor...

MARQUÉS

Adiós, que no quiero que aquí si llegan me hallen. (_Vase_).

ESCENA III

BURGOA; después DON CÉSAR

BURGOA

¡Aventura más extraña! alguna apuesta, algún lance de amor: pero ¿qué me importa a mí? Lo que es indudable es que el bolsillo está lleno de doblillas; ¿para gajes las que sobren? ¡Bah! lo menos ciento por veinte. Adelante.

DON CÉSAR

(_Saliendo_). Buenas noches.

BURGOA

¿Qué se ofrece?

DON CÉSAR

Hablar con el dueño.

BURGOA

Habladle.

DON CÉSAR

¿Eres tú?

BURGOA

Yo mismo.

DON CÉSAR ¿Estamos solos?

BURGOA

Sí.

DON CÉSAR

Atento estame. Tres personas a tu puerta vendrán muy pronto a apearse; un hombre galán, de pálido rostro y de noble talante, una dama tan hermosa como pintan a los ángeles, y un escudero que tiene mezcla de asistente y paje. Dale lo mejor que tengas, como a príncipes regálales: lo que no poseas, cómpralo, y en el precio no repares. Ahí tienes doscientos pesos en oro: cuando los gastes en su servicio, me pides más, y si sobran, por gajes te los embolsas, con ceros sumas y cuentas cabales.

BURGOA

Caballero, perdonad: pero habéis llegado tarde.

DON CÉSAR

No te entiendo.

BURGOA

Un embozado que salía cuando entrabais os ha ganado la mano; y para esos personajes por quien os interesáis, con palabras semejantes a las vuestras ha alquilado y pagado el hospedaje de mi casa con el oro de este bolsillo: miradle.

DON CÉSAR

¿Y quién es ese embozado?

BURGOA

No le conozco.

DON CÉSAR

¿Su traje, su porte, ni sus palabras indicios no pueden darte de quién sea?

BURGOA

No, señor militar; ni su semblante vi jamás, ni haber oído recuerdo en ninguna parte su voz.

DON CÉSAR

¿Es joven o viejo?

BURGOA

¿No le habéis visto?

DON CÉSAR

En la calle estaba ya cuando yo llegaba a tu puerta, y casi no puse atención en él.

BURGOA

Es un señor respetable, de barba gris, noble y rico.

DON CÉSAR

¿Noble y rico? ¿De qué sabes que lo es si no le conoces?

BURGOA

Dan en él lo muy bastante a conocer la riqueza, su oro y modo de darle, y la nobleza, además, de su tono y de sus frases, el aroma que se exhala de su valona y sus guantes.

DON CÉSAR

Pues, señor, ¡cómo ha de ser! Dijiste bien, llego tarde. Réstame, pues, solamente mis ofertas reiterarte: emplea ese oro a gusto de quien lo da, y lo que falte yo lo abono: y a otra cosa, que el tiempo vuela. Melquiades, acomoda los caballos en la cuadra.

BURGOA

Dispensadme, capitán; no puede ser.

DON CÉSAR

¿Por qué?

BURGOA

Porque no hay vacante un solo pesebre en ella.

DON CÉSAR

Pues en ese caso dame un cuarto a mí y una cama, y que se vaya Melquiades con los caballos.

BURGOA

Tampoco puedo serviros.

DON CÉSAR

¡Bergante! ¿Intentas burlas conmigo?

BURGOA

¡Dios me libre de burlarme de tan gallardo mancebo! Mas tengo orden terminante de aquel embozado incógnito de no recibir a nadie por esta noche en mi casa, más que a ellos. Excusadme, pues, capitán.

DON CÉSAR

(_Se sienta_). Pues entonces dame un bocado que el hambre me satisfaga y un trago que me remoje las fauces.

BURGOA

Señor, todo está comprado, y nos cansamos en balde. Pues que por esos viajeros os interesáis, dejadles libre la casa, y no hagáis que yo a mi palabra falte.

DON CÉSAR

El caso es que a mí me importa en esta casa quedarme por esta noche, y es fuerza que me quede.

BURGOA

Pues en grave compromiso me ponéis si os quedáis, y por mi parte por cuantos medios me ocurran estoy dispuesto a evitarle.

DON CÉSAR

¿De modo que te propones en la plazuela plantarme en una noche como esta, con frío tal, oro y hambre?

BURGOA

Sí, señor.

DON CÉSAR

¿Sin más razones?

BURGOA

Os llevo dadas bastantes.

DON CÉSAR

Pues señor, lo siento mucho; mas fuerza es que te se alcance, pues no eres tonto, que cuando muestro empeño semejante en hospedarme en tu casa, no vine para marcharme de ella otra vez despedido como un buhonero errante.

BURGOA

Pues mirad cómo ha de ser.

DON CÉSAR

Así: toma, y lee si sabes. (_Le da un papel_).

BURGOA

¿Y qué es esto?

DON CÉSAR

Lee.

BURGOA

(_Leyendo_). «Dará Luis Burgoa Nao d’Andrade alojamiento en su casa número dos de la calle de la Antigua, al capitán del primer tercio de Flandes don César de Santillana, con seis jinetes».

DON CÉSAR

Cabales. Burgoa, en nombre del rey vas a ofrecerme de balde lo que por oro me niegas.

BURGOA

La boleta haré que os cambien a cualquier costa.

DON CÉSAR

Será trabajo inútil; es tarde.

BURGOA

No importa, tengo dineros y muy buenas amistades hoy en el Ayuntamiento.

DON CÉSAR

Pues Burgoa, no las canses inútilmente esta noche; porque a más de que es mi padre juez de la chancillería, y de casa y corte alcalde, tengo seis hombres y un escudero, incapaces de obedecer otras órdenes que las que yo quiera darles, que del umbral de la puerta no permitirán que pases. Conque cede a mis razones, que son a fe terminantes, y dame luz, cena y cuarto, que con ese personaje misterioso, seré yo solamente el responsable de todo, en nombre del rey.

BURGOA

Callo al rey.

DON CÉSAR

Y muy bien haces, que contra el rey nadie es cuerdo en oponerse. Melquiades, toma luz y desensilla a Bayardo: a acomodarme voy en algún cuarto bajo, para que cuando llegaren esos huéspedes, en casa ya pagada no me hallen.

BURGOA

Capitán, pues no hay remedio, yo os ruego, con la más grande humildad, que os alojéis en una sala que cae al huerto que tengo a espalda de la casa.

DON CÉSAR

Que me place te digo el alojamiento. Vamos allá.

BURGOA

(_Los dos a la puerta_). Hacia esta parte y en el fin del corredor veréis una puerta grande que da sobre esta escalera: tomad el farol que arde en el descanso; bajadla, y Andrés os dará la llave de vuestro cuarto, y decidle que a vuestras gentes os llame. Yo os enviaré buena cena y fuego.

DON CÉSAR

Dios te lo pague. (_Vase_).

ESCENA IV

BURGOA; después DON RODRIGO

BURGOA

Santillana y capitán, y de los tercios de Flandes y con la boleta en regla y espada de gavilanes, ¿quién le resiste? El incógnito se hará cargo del percance, y tendrá su compañía que sufrir y resignarse. Contra el rey nadie es valiente.

DON RODRIGO

(_Entrando_). ¡Ah de esta casa!

BURGOA

Adelante.

DON RODRIGO

¿Sois el dueño de ella?

BURGOA

Soy Luis Burgoa.

DON RODRIGO

Dios le guarde.

BURGOA

Mil gracias; lo mismo digo. ¿Qué se ofrece?

DON RODRIGO

Que oiga y calle. Esta noche a esta posada vendrá un viejo a apearse con una dama encubierta y un escudero; hospedadles con mucho agrado y servidles sin dudar cuanto demanden: su gasto corre por cuenta del rey, y desde el instante en que vuestra casa ocupen, de ellos, de sus equipajes y cuanto les pertenezca, seréis vos el responsable. Dejaréis entrar a todos los que por él preguntaren: a todos, quienquier que fueren; mas no dejaréis a nadie volver a salir. Abajo tenéis unos militares alojados, y las órdenes competentes voy a darles para que os presten auxilio, y en caso de apuro guarden las puertas. Conque silencio y adiós; volveré más tarde.

BURGOA

Señor, vuestra autoridad, sea cual fuere, excusadme que os pregunte a quién la honra tengo de hablar.

DON RODRIGO

Al alcalde Rodrigo de Santillana.

BURGOA

¡Jesucristo!

DON RODRIGO

Dios le guarde.

ESCENA V

BURGOA

¡Dios nos asista! Con un Santillana era bastante para su mal; pero ¿juntos el capitán y el alcalde pisándoles los talones? Ya, ya están frescos los tales viajeros. Los Santillanas... Raza de réprobos; aves de mal agüero; golillas todos; búhos de las cárceles y de las horcas, que solo pronosticar pueden males. Santillanas..., ¡fuego en ellos y en quien a casa los trae! No hay portugués que no tenga con ellos cuentas. Mas baste, que Dios dirá. Gente llega. ¡Andrés!

(_Al ir a entrar por el fondo, sale Arbués de viaje, enlodado_).

ESCENA VI

BURGOA y ARBUÉS

ARBUÉS

No hay que incomodarse, patrón; somos gente llana mis amos y yo, y a nadie gustamos de dar que hacer. ¿Hay aposentos capaces, limpios y con buenas camas para una dama, su padre, su escudero y dos criados?

BURGOA

Sí, señor, los hay; y tales que no habrá en palacio muchos que en lo limpio les alcancen.

ARBUÉS

Pues poned en uno luces para la dama.

BURGOA

Que bajen; voy a mandar por los trastos que traigáis.

ARBUÉS

Que no se cansen vuestros mozos; ya los nuestros suben con los equipajes. (_Suben los mozos con baúles_). ¿Dónde los pondrán?

BURGOA

Allí, en esos cuartos.

ARBUÉS

(_A los mozos_). Llevadles, pues.

BURGOA

¿Y la dama?

ARBUÉS Se está despidiendo de su padre.

BURGOA

¿Pues qué, no se queda en casa con ella?

ARBUÉS

Sí, mas tiene antes que entregar unos breviarios a un primo suyo que es fraile en San Pablo, y tardará tal vez, mas no hay que esperarle.

BURGOA

Marta, Ginés, a esa dama alumbrad. (_Sale doña Aurora_).

ARBUÉS

Ya llegan tarde, patrón.

BURGOA

¡Qué! ¿Sin aguardar que la sirvan?...

ARBUÉS

Si es más ágil que un lancero, y nunca se anda con cumplimientos.

ESCENA VII

ARBUÉS, BURGOA y DOÑA AURORA

BURGOA

(_Aparte_). (Buen talle, garboso andar, y ¡qué hermosa! Dijo bien cuando a los ángeles la comparó el capitán).

DOÑA AURORA

¿Sois el huésped?

BURGOA

Ordenadme, señora; yo soy.

DOÑA AURORA

¿Hay fuego en mi aposento?

BURGOA

Y bujía, y puede vueseñoría disponer de él desde luego y de toda mi posada. Os mandaré a mi mujer que os sirva.

DOÑA AURORA

No es menester; yo me sirvo sola, y nada necesito. ¿Arbués?

ARBUÉS

Señora.

DOÑA AURORA

Cuando vuelva, aunque sea tarde, me avisarás.

ARBUÉS

A la hora en que llegue.

DOÑA AURORA

(_A Burgoa_). Dios os guarde.

BURGOA

¿Tomaréis un refrigerio, un tentempié, para abrigo del estómago?

DOÑA AURORA

¿No os digo que nada quiero? (_Vase por la izquierda_).

BURGOA

¡Qué imperio!

ESCENA VIII

ARBUÉS y BURGOA

BURGOA

¿Y vos no cenáis?

ARBUÉS

Poco ha que comimos y costumbre no tenemos.

BURGOA

A la lumbre podéis venir, que la habrá buena en el hogar.

ARBUÉS

No tengo frío; podéis sin reparos cuando queráis acostaros; porque mi amo, os lo prevengo, de que le sirva no gusta nadie más que yo, que sé sus mañas.

BURGOA

Tenéis a fe buen trabajo.

ARBUÉS

¡Bah! Se ajusta cada cual al que le toca en esta vida: yo estoy a su servicio y le doy cumplimiento..., y punto en boca, que tengo sueño. Dejad la llave a mano y a abrir bajaré, cuando venir le sienta; que echen, mandad, pienso a los caballos, yo de este sillón haré lecho.

BURGOA

¿Dormiréis ahí?

ARBUÉS

¿Pues no? Es costumbre y ya estoy hecho.

BURGOA

Pues para cuando me acueste ahí queda la llave, y vos os gobernaréis.

ARBUÉS

Adiós, pues.

BURGOA

Descansad. (¡Mala peste me coja si yo me acuesto sin ver a ese hombre quedar dentro de casa!). (_Vase_).

ARBUÉS

Cerrar no está demás. (_Cierra la puerta del fondo_).

ESCENA IX

ARBUÉS; después DON CÉSAR

ARBUÉS

En mi puesto heme ya. (_Se sienta en el sillón y llaman a la puerta del fondo_). Han llamado.

DON CÉSAR

(_Dentro_). ¿Arbués?

ARBUÉS

¿Por mi nombre? ¿Quién será?

DON CÉSAR

Alférez Arbués.

ARBUÉS

¿Quién va?

DON CÉSAR

Abre a un amigo.

ARBUÉS

¿Quién es?

DON CÉSAR

El capitán Santillana.

ARBUÉS

¿Don César?

DON CÉSAR

Sí, date prisa, Arbués, que nos interesa.

ARBUÉS

(_Abre_). ¡Válame la soberana Virgen! ¡Vos, mi capitán!

DON CÉSAR

No malgastemos, Arbués, nuestro tiempo.

ARBUÉS

Hablad: ¿qué hay, pues?

DON CÉSAR

Las bocacalles están tomadas alrededor y conmigo hay seis soldados en esta casa apostados.

ARBUÉS

¿Y qué?

DON CÉSAR

Que es a tu señor a quien buscan. Si Gabriel los umbrales de ella pasa, Arbués, dentro de esta casa todos sois presos con él.

ARBUÉS

No os dé pena, capitán; mi amo, que lo sabe todo, de hacer encontrará modo inútil todo ese afán.

DON CÉSAR

El asunto no es materia de chanzas; en la partida sé yo que le va la vida.

ARBUÉS

¡Diablo!

DON CÉSAR

La cuestión es seria. Registrarán su equipaje y hasta la misma persona; y si razón no le abona terminante, aquí su viaje concluye, porque al misterio de su vida dar alcance quiere el rey.

ARBUÉS

¿El rey?

DON CÉSAR

El lance ves que no puede más serio ser. Mi padre, don Rodrigo, me ha encomendado su guarda, diciéndome que le aguarda pronto y ejemplar castigo. Hasta ahora, a lo que creo, de sus poderes abusa la justicia, pues le acusa a ciegas su buen deseo. Mas he oído una expresión, que, a probarse con certeza, le va a costar la cabeza, sea impostura o ambición. Óyeme ahora. El destino, por su bien o por mi mal, me une a su sino fatal y me arroja en su camino. Instinto y veneración por él en mi pecho ruegan, y por Aurora me ciegan cariño y adoración. En el nombre de la ley a espiarle a Madrigal me enviaron, y cumplí mal con las órdenes del rey. Desde Madrigal os sigo.

ARBUÉS

Lo sabíamos.

DON CÉSAR

Tiempo es de que sepamos, Arbués, a qué atenernos. Conmigo es preciso que Gabriel hable esta noche. Es forzoso que este arcano misterioso penetre a la par con él. Hay de un misterio tremendo en su existencia la duda; siempre me tendrá en su ayuda, mas que se explique pretendo. Yo quiero de cualquier modo salvarle; quiero que a prueba ponga mi fe y que me deba su porvenir, en fin, todo quiero comprenderlo, y sea quien fuere, noble o villano, vil traidor o soberano coronado, que en mí vea un fiel amigo, un apoyo presto a dividir con él desde el sitial de un dosel, hasta de la tumba el hoyo.

ARBUÉS

Que os ciega amor bien se ve.

DON CÉSAR

Arbués, si su amor merezco y si mi mano la ofrezco...

ARBUÉS

No la admitirá.

DON CÉSAR

¿Por qué?

ARBUÉS

Porque es Espinosa un hombre que no quiere que se una ni hombre alguno a su fortuna, ni nombre alguno a su nombre.

DON CÉSAR

Yo los males que le afligen acepto y sus opiniones, sin pedir de ellas razones. Y si ocultarme su origen les importa, nunca el nombre preguntaré de mi esposa; sea honrada y cariñosa, y nada habrá que me asombre.

ARBUÉS

Estáis loco, capitán. ¿Queréis con un pastelero emparentar?

DON CÉSAR

Arbués, quiero salir de una vez de afán. Te he dicho que mi destino me lleva tras de Gabriel.

ARBUÉS

Pues es fuerza que huyáis de él; echad por otro camino.

DON CÉSAR

¡Arbués!

ARBUÉS

Yo sé lo que digo. Vuestro ayo fui; soy ya viejo y daros puedo un consejo; tomadle que es de un amigo. Cumplid vuestra obligación sin tropezar con Gabriel, y el misterio que hay en él dejad en su corazón. Para vuestro amor, de roca será su alma, y recelo que no os dará ni consuelo ni satisfacción su boca.

DON CÉSAR

Pues qué, ¿hace ese hombre un agravio impunemente?

ARBUÉS

Lo que hace no sé, mas no satisface jamás.

DON CÉSAR

Pues bien, si su labio satisfacción no me da, yo le haré que hable sin gana con mi acero.

ARBUÉS

Santillana, en silencio os matará.

DON CÉSAR

¿A mí?

ARBUÉS

Tal creo en conciencia.

DON CÉSAR

¿Tiene algún filtro Gabriel?

ARBUÉS

No; mas acaso con él pelea la omnipotencia. Don César, tened a raya vuestra locura y tomad mi consejo: abandonad la senda por donde él vaya.

DON CÉSAR

No puedo.

ARBUÉS

Una indiscreción muy sandia sé que cometo; mas voy a ser indiscreto, porque tengo os obligación.

DON CÉSAR

Habla, habla.

ARBUÉS

Ese Gabriel Espinosa, el pastelero, tiene más de caballero de lo que aparenta él. Tres años ha que le sigo de su favor obligado, que honra y vida me ha salvado, y más que dueño es mi amigo.

DON CÉSAR

¿Pero quién es?

ARBUÉS

Voy a ello. Quién es... ¡sábenlo él y Dios! Cuanto sé yo de él vais vos a saber, mas bajo sello guardadlo siempre.

DON CÉSAR

Concluye.

ARBUÉS

Escuchad, pues, lo que sé, y vos veréis de él a fe si en pro o en contra os arguye. Él sabe todas las leyes, cuenta todas las historias, los desastres y las glorias de los europeos reyes. Él conoce los blasones como un rey de armas; él mide las noblezas; él decide sobre razas y opiniones; y tales fuerzas alcanza, que con precisión certera monta un potro a la carrera y hace astillas una lanza en el aire.

DON CÉSAR

¡Jesucristo! Eso se cuenta también de don... (_Arbués le tapa la boca con la mano_).

ARBUÉS

No digáis de quién; de él yo lo cuento, y lo he visto. Y en fin, os diré un secreto: ¿Conocíais a Quiñones, el teniente de dragones?

DON CÉSAR

Sí.

ARBUÉS

Sabéis que era el respeto de los diestros en la esgrima, porque jamás estocada le hirió, mientras que su espada veinte muertes le echó encima.

DON CÉSAR

Sí.

ARBUÉS

No ignoraréis que muerto en Madrigal se le halló; pues bien, Gabriel le mató riñendo.

DON CÉSAR

¿Cierto?

ARBUÉS

Tan cierto, capitán, como es de noche. De Gabriel en la hostería con el alférez comía yo una tarde, cuando un coche paró a sus puertas, y de él un embozando bajando se entró hasta allí preguntando si estaba en casa Gabriel. Salió este; y el forastero, que ser mostraba en su porte un gran señor de la corte, llevó la mano al sombrero al ir a hablarle; Quiñones, de quien sabéis la insolencia, con aquella impertinencia peculiar de los matones, dijo: «¡Hola! ¿Esas tenemos?». Mas no bien le oyó Gabriel, cuando, viniéndose a él, le asió por los dos extremos del collarín del coleto, diciendo: «¡Hola, seor espía! ¡Yo os haré, por vida mía, que me guardéis el secreto!». Y con muñeca de hierro, zarandeándole de un lado a otro, le echó derribado bajo el banco como a un perro. El teniente, puesto apenas en pie, echó mano al acero yéndose hacia el pastelero, quien con miradas serenas y voz grave e imperiosa nos dijo: «Echémonos fuera»; y echamos por la escalera los tres en pos de Espinosa. Detrás de unos paredones que hay debajo del camino, parose; fue su padrino el otro, y yo el de Quiñones. Capitán, juro a mi honor que no he visto tal destreza jamás, ni tanta firmeza, serenidad y valor. Era un maestro el teniente; pero a las cuatro paradas tenía tres estocadas; rugía de ira, y valiente atacaba; mas escrito debió estar: tendiose a fondo Gabriel, y cayó redondo Quiñones sin dar un grito.

DON CÉSAR

¿Y Espinosa?

ARBUÉS

Ni un rasguño sacó; en silencio su espada limpió, que estaba manchada de sangre hasta el mismo puño, y envainándola con calma, nos dijo: «Quede lo hecho sepultado en nuestro pecho, y que Dios perdone su alma». Y volviéndose a entrar otra vez en la hostería, no ha vuelto desde aquel día a Quiñones a mentar. Ahora, señor Santillana, pues sabéis que hondo cariño os cobré desde muy niño, y os guardo afición cristiana, creed a un amigo viejo: por delante de Gabriel pasad sin topar con él; y agradecedme el consejo.

DON CÉSAR

Es tarde, y retroceder no quiero. Resuelto a todo vengo, y de uno u otro modo esta noche le he de ver.

ARBUÉS

Yo no os lo puedo impedir; pero hacéis mal, os lo advierto.

DON CÉSAR

Más quiero por él ser muerto que sin Aurora vivir.