Chapter 3 of 6 · 3945 words · ~20 min read

Part 3

Vos lo dijisteis: secreto nos liga un nudo a los dos, y siento a un tiempo por vos inclinación y respeto. Quisiera una prueba hallar irrecusable que daros de mi fe para obligaros sin recelo a confiar en mí.

GABRIEL

¡Vaya! ¡Estáis chistoso, por Dios. En este aposento queríais hace un momento atravesarme furioso, ¿y ahora mi confianza conquistaros pretendéis con ofertas? Ya sabéis que la razón se me alcanza de esa simpatía oculta que me tenéis; y a respeto muéveos solo mi secreto, que vuestra aprensión abulta tanto que seguís mi viaje vos, y a atajarle se arroja el juez, porque se os antoja que soy un gran personaje.

DON CÉSAR

Las apariencias están por ahora en contra vuestra.

GABRIEL

Pues la verdad se demuestra con la verdad, capitán.

DON CÉSAR

Pues bien; antes que un proceso entable el juez contra vos, valiera más, ¡vive Dios!...

GABRIEL

¿Que me diera por confeso yo mismo? ¿Que haciendo justo del juez el empeño, diera por supuesto que yo era _no sé quién_, y por dar gusto él al rey, y diversión al populacho, me ahorcara y Aurora por vos quedara? ¿Es esa vuestra cuestión?

DON CÉSAR

No así abuséis imprudente de ese misterioso influjo que a respeto me redujo para con vos, e insolente mi lealtad y mi amor ultrajéis. Esta es sincera, y mi pasión verdadera, señor.

GABRIEL

¡Dale con señor! Vos sois noble y yo villano, vos sois gentil caballero y yo humilde pastelero; decid Gabriel liso y llano.

DON CÉSAR

Me vais a desesperar.

GABRIEL

Y vos me vais a aburrir.

DON CÉSAR

¡Vos obstinado en fingir!

GABRIEL

¡Vos empeñado en hablar!

DON CÉSAR

¿Pronto a todo, fascinado que estoy, por vos no miráis?

GABRIEL

¿Y os mando yo que tengáis de mi porvenir cuidado?

DON CÉSAR

Una palabra tan solo.

GABRIEL

¿Vais a volver a lo mismo?

DON CÉSAR

De esperanza en este abismo dadme un rayo.

GABRIEL

¿Cuál?

DON CÉSAR

Sin dolo, prometedme responder a una pregunta.

GABRIEL

Si puedo, responderé.

DON CÉSAR

No hayáis miedo que os pueda comprometer la respuesta. ¿Sois de Aurora padre?

GABRIEL

No conoció más que a mí por padre jamás.

DON CÉSAR

¡Oh! ¡No lo sois!

GABRIEL

En buen hora que no lo soy os diré; mas de este arcano la llave tengo solo.

DON CÉSAR

¿Ella no sabe?...

GABRIEL

Nunca se lo revelé.

DON CÉSAR

¿Y la amáis?

GABRIEL

Mucho; quizás mucho más de lo que debo.

DON CÉSAR

¿Conque la guardáis?...

GABRIEL

¡Mancebo!

DON CÉSAR

Sí, para vuestra...

GABRIEL

Jamás. Pero tened desde aquí y para siempre entendido, que es mujer que no ha nacido para vos ni para mí.

DON CÉSAR

¡Cielos!

GABRIEL

De toda esperanza despedíos.

DON CÉSAR

¿Ofrecida está a Dios?

GABRIEL

No. Está elegida para prenda de venganza.

DON CÉSAR

¿Vuestra?

GABRIEL

Yo no voy en pos de venganzas.

DON CÉSAR

¿Es quizás de su familia?

GABRIEL

De más arriba.

DON CÉSAR

¡Del rey!

GABRIEL

De Dios.

DON CÉSAR

(¡Imposible atar un cabo! ¡Su ser parece que abarca con la altivez del monarca la abnegación del esclavo!).

ESCENA III

DON CÉSAR, GABRIEL y un ALGUACIL

ALGUACIL

Su señoría el alcalde don Rodrigo.

DON CÉSAR

En el momento volved a vuestro aposento.

GABRIEL

La entrevista será en balde.

ESCENA IV

DON CÉSAR y DON RODRIGO

DON RODRIGO

¿Seguros ambos?

DON CÉSAR

Seguros, señor.

DON RODRIGO

Todo lo recelo de él, que es audaz.

DON CÉSAR

Sin embargo, no temáis ningún extremo.

DON RODRIGO

¿Le has hablado?

DON CÉSAR

Sí, un instante.

DON RODRIGO

¿Y qué dice? ¿Muestra miedo de la justicia?

DON CÉSAR

Ninguno.

DON RODRIGO

¿Bravea, eh?

DON CÉSAR

Nada de eso; tranquilo está, tal vez tiene de justificarse medios.

DON RODRIGO

Imposible: en contra suya tengo datos manifiestos.

DON CÉSAR

¿Sabéis ya?...

DON RODRIGO

Nada. Hilo a hilo voy la madeja cogiendo. Parece que hay en la vida de ese hombre tales enredos que, solo a fuerza de maña y paciencia, deshacerlos es posible. Mas no es lo que me trae más inquieto lo intrincado del negocio, que el laberinto estoy hecho a recorrer de las leyes. Acósame el alma empero una agitación, que no sé distinguir con acierto, si es afán o repugnancia, si es duda o presentimiento. Hay un punto de la historia de ese hombre, cuyo misterio del tiempo de mi mayor pesar me trae un recuerdo.

DON CÉSAR

¿De cuándo?

DON RODRIGO

Tú no lo sabes; eras aún pequeñuelo. Luego, estas causas políticas de Portugal me trajeron siempre desgracias. Parece que el destino, con empeño fatal para mí, me pone portugueses siempre en medio de mi camino. Seis años anduve por aquel reino, en comisión especial, los rebeldes persiguiendo, y como todos conspiran contra el rey y su gobierno, yo soy allí detestado.

DON CÉSAR

¿Fuisteis quizá muy severo?

DON RODRIGO

Fui de Felipe segundo leal servidor. Tan terco como ellos en resistirse, fui yo en desplomar sobre ellos todo el rigor de las leyes, y a fe que no me arrepiento. Rebeldes eran: cumplí con mi obligación; mas tengo todavía que volverles cierta partida, y si puedo, quedarán tan bien pagados como yo bien satisfecho. Mas las horas vuelan, César, déjame aquí con el preso. Guarda esa puerta por fuera, y si llamo, acude presto.

ESCENA V

DON RODRIGO DE SANTILLANA

DON RODRIGO

Las diligencias primeras terminaron, y el proceso está entablado. ¡Malditos portugueses!... ¡Qué de enredos! Dieciséis, y gente toda de probidad, de respeto y hasta de ciencia, declaran que en el fondo de su pecho existe la convicción de que el trágico suceso es falso, y que están seguros de que en África no ha muerto. Unos en Cintra le han visto, y en Cintra fue donde él mesmo dijo que compró su espada. Otros cruzando le vieron el Tajo una tarde: el fraile dice que en su monasterio le rezó él mismo una misa antes del alba, y a esto para obligarle, del Papa le mostró bula, y que cierto está de que él era: y todos afirman con juramento que fueron a Madrigal y que le reconocieron. Ahora bien, señor alcalde, pise su merced con tiento, que es la tierra escurridiza. O es él, o no: en los decretos de Dios todo cabe, y todo cabe en los humanos yerros. Si en verdad es él, alcalde, no será en verdad muy cuerdo ahorcarle sin dar al rey de todo aviso primero. Si es un impostor..., también le avisaré, y a lo menos si se yerra, entre los dos el error compartiremos.

ESCENA VI

DON RODRIGO y GABRIEL

DON RODRIGO

¡Hidalgo!

GABRIEL

Más alto pico.

DON RODRIGO

¿Caballero?

GABRIEL

Todavía más alto.

DON RODRIGO

Su señoría me excuse si no le aplico su título verdadero: mas hablemos un instante, y de hoy para en adelante no erraré en él: porque espero que aquí, y a solas los dos, me diréis la jerarquía que ocupáis.

GABRIEL

Su señoría espera bien, pues por Dios, que sabiendo yo quién es, debo de hablar sin reparo.

DON RODRIGO

Eso quiero, que habléis claro.

GABRIEL

Ya veréis.

DON RODRIGO

Decidme, pues, señor Gabriel. (_Don Rodrigo va a sentarse a la mesa_).

GABRIEL

Un momento señor don Rodrigo.

DON RODRIGO

¿Qué?

GABRIEL

¿Vais a sentaros?

DON RODRIGO

(_Se sienta_). Sí a fe. (_Gabriel trae con mucha calma una silla, y la coloca frente a la mesa de don Rodrigo_). ¿Qué hacéis?

GABRIEL

Lo mismo; me siento.

DON RODRIGO

Yo soy alcalde de corte.

GABRIEL

Sí; mas no sabéis quién soy yo, y si mal o bien estoy sentado ante vos.

DON RODRIGO

¿Del porte audaz que usáis conmigo, buenas razones supongo que me daréis?

GABRIEL

Me propongo hacerlo así.

DON RODRIGO

Pues prosigo.

GABRIEL

Seguid.

DON RODRIGO

La duda primera que al escucharos me asalta es la de que nombre os falta digno de vuestra alta esfera.

GABRIEL

Lo tengo.

DON RODRIGO

Pues no lo sé.

GABRIEL

Gabriel Espinosa.

DON RODRIGO

¿Un tal pastelero en Madrigal?

GABRIEL

Sí.

DON RODRIGO

Pues poneos en pie, señor pastelero. (_Gabriel se levanta_). Así: ante el juez solo se sienta quien altos títulos cuenta.

GABRIEL

Como me sucede a mí. (_Se vuelve a sentar_).

DON RODRIGO

(_Aparte_). (Ir le tengo de dejar por donde quiera, y a ver).

GABRIEL

(_Aparte_). (Pienso que mi proceder le empieza a desconcertar).

DON RODRIGO

¿Pues cómo oficio tan bajo siendo tan alto elegís?

GABRIEL

Por vivir, cual vos vivís de la ley, de mi trabajo.

DON RODRIGO

Mas mi toga y aranceles no deshonran.

GABRIEL

No a fe mía; pero yo hacer no sabía otra cosa que pasteles.

DON RODRIGO

(No es lerdo el señor Gabriel).

GABRIEL

(Astuto es el don Rodrigo).

DON RODRIGO

(Por aquí nada consigo, pero yo daré con él en tierra al fin). ¡Caballero!

GABRIEL

Mandad.

DON RODRIGO

Una relación que os llamará la atención contaros quisiera.

GABRIEL

Espero que será por lo galana, lo discreta y lo curiosa, la invención más ingeniosa del señor de Santillana.

DON RODRIGO

Pues oíd. Buen capitán, más que rey, de fe tesoro, allá en las playas del moro murió el rey don Sebastián. ¿Supongo que de una historia tan pública oísteis algo?

GABRIEL

¡Si viérais qué poco valgo en esto de la memoria!

DON RODRIGO

En vuestro horno no me extraña que estéis de noticias falto.

GABRIEL

Sé que a su muerte, de un salto pasó Portugal a España.

DON RODRIGO

Justo: más hoy los noveles vasallos, por sacudir sus leyes, dan en decir a los pueblos a ellas fieles que ha sido una usurpación, y pregonan de concierto del rey en África muerto la fausta resurrección.

GABRIEL

¡Oiga! No está mal pensado.

DON RODRIGO

No, mas la dificultad era el dar en realidad con el rey resucitado. Buscósele con esmero, y hallose por toda cosa un tal Gabriel Espinosa, en Madrigal pastelero.

GABRIEL

Vamos, ya caigo; el error de esta semejanza mía hizo a vuestra señoría creer que soy...

DON RODRIGO

(_Interrumpiéndole_). Un impostor.

GABRIEL

¿Quién lo dice?

DON RODRIGO

Yo lo digo, y el rey Felipe y el mundo entero.

GABRIEL

Pues miente el mundo y el rey, y vos, don Rodrigo.

DON RODRIGO

Inútil es vuestra audacia: testigos tengo allá fuera que os acusan por doquiera por impostor.

GABRIEL

¡Vaya en gracia! Mas permitid que os arguya: para llamarme impostor, esa impostura, señor, ha de ser mía y no suya. ¿Y dónde hay hombre capaz de jurar que he dicho yo que era el rey?

DON RODRIGO

Vos mismo, no.

GABRIEL

Entonces dejadme en paz. Si yo me parezco a un rey, y el vulgo por rey me tiene, citar al vulgo os conviene, pero no a mí, ante la ley.

DON RODRIGO

¡Espinosa!

GABRIEL

Don Rodrigo, aunque en leyes sois muy ducho, os falta que aprender mucho para habéroslas conmigo. ¿Cree, buen juez, vuestra altiveza, que a ser yo el que habéis pensado estaríais vos sentado y cubierta la cabeza? (_Don Rodrigo se levanta y se descubre conforme va hablando Gabriel_). Rodrigo de Santillana, a ser yo el que habéis creído, hubiérais vos ya salido, ¡vive Dios!, por la ventana.

DON RODRIGO

(Por quien soy, que me ha turbado. ¿Si contarán con razón lo de la resurrección?).

GABRIEL

(¡Pobre juez!).

DON RODRIGO

(No habría osado palabras tan arrogantes decir.) Señor... Si en mal hora...

GABRIEL

Ni tan bajo como ahora, ni tan alto como antes.

DON RODRIGO

(Tanta majestad me asombra). Gabriel, quienquier que seáis, manda en mí el rey que digáis quién sois, en fin.

GABRIEL

Una sombra; y porque acabemos, voy, y afanes para excusaros, señor Santillana, a daros cuenta exacta de quién soy. Nací donde quiso Dios; si de noble raza, bien se demuestra en mí; de quién me importa callar, y a vos saber de mí no os importa; prestadme, empero, atención, pues va a ser mi relación, cuanto complicada, corta. Apenas cumplí la edad que se llama juventud, con loca solicitud, con ciega temeridad, abandoné mis hogares, y en más remoto hemisferio, dueño del mayor imperio, pirata fui de los mares. En ellos, profundo osario de cien bajeles, guerrero alcé mi estandarte fiero de Asia y Europa corsario, y amontoné más tesoros que guarda el mar en su centro y arenas quemadas dentro de sus desiertos los moros. Ebrio con tanta riqueza, dejé mi gente y la mar, queriendo en tierra ostentar mi valor y mi grandeza, y con el nombre supuesto de marqués de Mari-Alba, al lado del duque de Alba gané en sus glorias un puesto y en la cabeza esta herida (_La muestra_); bien es que al que me la abrió, con mi espada le abrí yo las puertas de la otra vida.

DON RODRIGO

No os daría poca pena después.

GABRIEL

¡Fue un fatal desliz!...

DON RODRIGO

(_Mirándole a la frente_). No es mala la cicatriz.

GABRIEL

La cuchillada fue buena. No me tendió, sin embargo; el furor me mantenía, y combatí todavía hasta caer, tiempo largo. Mas, harto al fin del oficio de lidiar en tierra firme, licencia para salirme por entonces del servicio al duque de Alba pedí; diómela el duque cortés, y vedla. (_Le da un papel_).

DON RODRIGO

Su firma es: para el marqués...

GABRIEL

Para mí. Di, pues, vuelta hacia la corte, sirviéndome mucho en ella, primero mi buena estrella, después mi lujoso porte. Por ese tiempo, de vos nadie hablaba todavía, y a mí el rey me recibía con grande amistad.

DON RODRIGO

(¡Gran Dios, entonces fue cuando vino el monarca portugués a Castilla! ¿Será, pues, este hombre?). ¿Quién previno más festejos a usarced?

GABRIEL

No hay por qué ocultarlo al fin; el conde de Medellín con tantos me hizo merced que corresponder no supe, como era mi obligación.

DON RODRIGO

¿Y os tuvo tal atención en Madrid?

GABRIEL

No, en Guadalupe.

DON RODRIGO

¿En ese pueblo?

GABRIEL

Sí tal.

DON RODRIGO

No recuerdo que de allí...

GABRIEL

Al rey de España en él vi junto al rey de Portugal. Después..., abrid, Santillana, un paréntesis aquí, y poned en él de mí cuanto mal os diere gana. Básteos saber, don Rodrigo, que perdí mi oro y mi gloria sin que una buena memoria me quedara, ni un amigo. Por tierra extranjera anduve errante, como un bandido, y el pan que en ella he comido que mendigármelo tuve. Mas el desengaño, al fin, ¿qué ánimo feroz no doma? Llegué arrepentido a Roma remando en un bergartín. Visité a Su Santidad; confesión le hice de todo, y el Santo Padre halló modo de absolverme en su piedad, dándome por penitencia de los pecados sin cuento que abrasan mi pensamiento y me abruman la conciencia, que emprendiera el viaje entero del Santo Sepulcro a pie.

DON RODRIGO

¿Y lo hicisteis?

GABRIEL

Por la fe lo juro de caballero. Y aun fue más: Su Santidad me ordenó que renunciara mi jerarquía y que echara mi nombre en la eternidad. He aquí por qué no os lo digo. Penitente le arrojé dentro de ella, y le olvidé para siempre, don Rodrigo.

DON RODRIGO

¡Interesante proemio! Y a ser tan cierto...

GABRIEL

Lo es tanto, que tengo del Padre Santo por testimonio y por premio esta bula. Me conviene que la leáis. (_Le da otro papel_).

DON RODRIGO

Os la tomo. No está vuestro nombre.

GABRIEL

¿Y cómo, si a quien se dio no lo tiene?

DON RODRIGO

Proseguid.

GABRIEL

Mi protector, el Papa, en sus santos juicios, utilizar mis servicios imaginó, y fiador constituyéndose mío, me envió a un poderoso Estado, que al verme tan bien fiado fió un bajel a mi brío. Venecia fue nuevamente del corsario protectora; ved de tan noble señora, don Rodrigo, la patente. (_Le da otro papel_). Volví al mar; del africano las costas guardando anduve, y en un combate que tuve los dos dedos de esta mano perdí; mas su nave, hundida, cogí a mi enemigo preso. La mano llevo por eso siempre en el guante metida. El rumbo a Venecia di contento, cuando topé con un barco de no sé qué argelino, resolví abordarle, y por despojo de esta sangrienta jornada, rescaté una desgraciada niña, a quien con noble arrojo defendía un pobre anciano, y a quien, según esperaba, iba a vender por esclava el argelino inhumano.

DON RODRIGO

¿Y esa niña es doña Aurora?

GABRIEL

Que pasa por hija mía.

DON RODRIGO

¿Familia, pues, no tenía?

GABRIEL

Y tiene.

DON RODRIGO

¿Por qué hasta ahora no se la habéis vos devuelto?

GABRIEL

Necesito presentar documentos que probar puedan que es ella, y resuelto estoy conmigo a guardarla mientras tanto.

DON RODRIGO

¿Y dónde están los documentos?

GABRIEL

Vendrán muy pronto; porque entregarla mucho a su padre me importa.

DON RODRIGO

Pensáis que él os dé...

GABRIEL

Al contrario: las riquezas del corsario son para ella.

DON RODRIGO

Porción corta no será.

GABRIEL

¡No habrá, a fe mía, quien competirla pretenda! Millones tiene en hacienda, millones en pedrería.

DON RODRIGO

¿Dónde?

GABRIEL

En Venecia.

DON RODRIGO

¿Estarán en el poder?...

GABRIEL

Del Estado; es ahijada del Senado serenísimo, y tendrán que devolvérsela salva sus parientes a Venecia, rica y libre, cual la precia el marqués de Mari-Alba. Ya nuestra historia sabéis. A qué vine a Madrigal y a qué voy a Portugal, indagadlo si podéis. Ni sabréis de mí otra cosa, ni nadie más de mí sabe. Solo Dios tiene la llave del corazón de Espinosa; y si más de lo que digo saber importa a la ley, llevadme a Madrid, el rey me conoce, don Rodrigo.

DON RODRIGO

(Su altivez en confusión me pone, y su majestad me asombra. ¿Será verdad lo de la resurrección? Si miente, lo hace con tal aplomo y con tanta fe, que a poco más le daré por el rey de Portugal. Mas no ha de quedar por mí. Yo he de apurar este arcano; no dirán que de un villano impostor juguete fui).

(_Llama don Rodrigo y habla en secreto con un alguacil, que se vuelve a marchar_).

GABRIEL

(¿Secretos con el ministro de justicia? Estoy al cabo: tenemos careo; alabo por sorprendente el registro).

ESCENA VII

DON RODRIGO, GABRIEL y el MARQUÉS DE TAVIRA.

(_Gabriel se aparta a un lado, y, sentándose, se mantiene en toda esta escena dando la espalda al marqués_).

DON RODRIGO

Señor marqués, perdonad si cumpliendo obligaciones de juez...

MARQUÉS

Vuestras atenciones os agradezco, en verdad; pero advertid que mañana quiero dejar a Castilla, y que el mesón de una villa no es el lugar, Santillana, que me conviene; os prevengo que hombre soy muy principal y de todo Portugal la sangre más limpia tengo.

GABRIEL

(_Aparte_). (Si mi mente no delira, por Dios, que está en mi presencia la hinchada magnificencia del buen marqués de Tavira.)

DON RODRIGO

No os he de faltar en nada; mas quiero que me digáis sin doblez cuanto sepáis de aquella fatal jornada de África; corre el rumor por ahí de que no es cierto que don Sebastián ha muerto; y aun hay algún impostor que usurpa su augusto nombre.

GABRIEL

(_Mirándole_). (Y el gesto y el ademán. ¡Pobre rey don Sebastián si en manos cae de ese hombre!)

DON RODRIGO

Conque decid, ¿es verdad que en África el rey murió? Que allá estuvisteis sé yo con toda seguridad. Hablad, marqués de Tavira, vuestra nobleza es notoria. No echéis en su ejecutoria el borrón de una mentira.

MARQUÉS

Inexperto capitán, de mi edad en el vigor esclavo fue mi valor de mi rey don Sebastián. Juntos un mismo bajel a tierras del africano nos llevó; como un hermano al combate fui con él. Un mar de sangre corrió. Pero al partirse la suerte solo el baldón y la muerte a nosotros nos tocó.

GABRIEL

(No sé por qué la memoria de este lance me enternece y me irrita; no parece sino que cuentan mi historia).

MARQUÉS

El rey, que escudo y celada tiró para más grandeza de valor, en la cabeza recibió una cuchillada tal, que la frente serena le rajó hasta la nariz.

DON RODRIGO

(_A Gabriel_). ¡No es mala esa cicatriz!

GABRIEL

La cuchillada fue buena.

DON RODRIGO

(_Al marqués_). Seguid.

MARQUÉS

El rey, nuevo Marte de tan sangrienta jornada, continuó, rota la espada defendiendo su estandarte, hasta que el filo fatal de un yatagán africano, segó de su izquierda mano dos dedos.

DON RODRIGO

(_A Gabriel_). Si no oí mal, me habéis dicho...

GABRIEL

(_Con calma y sin volverse_). Que perdí dos dedos en un combate naval.

DON RODRIGO

Marqués, el remate de la batalla.

MARQUÉS

Caí bajo un hachazo a los pies de mi rey..., y no viví más; perdí el sentido.

DON RODRIGO

Quizás al recobrarlo después...

MARQUÉS

Ya no le hallé; con la luna tomé del mar el camino, maltratado peregrino, caballero sin fortuna, llevando en el corazón el recuerdo de una hazaña que será, no para España, para su rey, un baldón.

DON RODRIGO

¡Señor marqués de Tavira! Esa frase infamatoria...

MARQUÉS

No tendrá mi ejecutoria el borrón de una mentira.

DON RODRIGO

Conque, en fin, ¿el rey murió?

MARQUÉS

No lo sé, ¡por vida mía! Si lo supiera os diría, señor alcalde, que no.

DON RODRIGO

(_Al Marqués, llevándole aparte_). ¿Buena memoria tenéis?

MARQUÉS

Buena.

DON RODRIGO

¿Y vista?

MARQUÉS

Perspicaz.

DON RODRIGO

Si vive y le veis, ¿capaz de conocerle seréis?

MARQUÉS

¡Si vive habéis dicho!

DON RODRIGO

Sí.

MARQUÉS

¿Tenéis, pues, noticias de él?

DON RODRIGO

¿Recibisteis un papel anónimo?

MARQUÉS

Recibí uno ayer.

DON RODRIGO

¿Y qué os decía?

MARQUÉS

Las señas de un personaje me daban, que iba de viaje y aquí a hospedarse vendría. Mandábanme a un comerciante que me daría dinero para pagar del viajero el gasto, y que en el instante fuera a cobrarlo y corriera con el pago, y tras el tal viajero hacia Portugal la vuelta sin falta diera.

DON RODRIGO

¿Y cobrasteis?

MARQUÉS

Sí cobré.

DON RODRIGO

¿Y pagasteis?

MARQUÉS

¿Pues cobrado por mí, no fuera pagado?

DON RODRIGO

Perdonad; ¿e iréis?

MARQUÉS

Iré.

DON RODRIGO

¿Luego sabéis de quién es el anónimo?

MARQUÉS

Aunque no lo sé, jamás me engañó en uno.

DON RODRIGO

¿Os ha escrito, pues, otros?

MARQUÉS

Varios.

DON RODRIGO

Sobre asuntos...

MARQUÉS

Secretos.

DON RODRIGO

Mas ¿ciertos?

MARQUÉS

Sí. Siempre que salieron vi ciertos en todos sus puntos.

GABRIEL

(_Aparte_). (¡Con famosos servidores cuenta el rey don Sebastián! ¡Pobres reyes! ¡Siempre dan con tontos o con traidores!).

MARQUÉS

Si he concluido, no es cosa de estarme aquí sin provecho.

DON RODRIGO

Perdonadme que aún insista; mas ya que memoria y vista tenéis, de ese hombre en acecho estad, y del rey en nombre os mando decir, marqués, si le conocéis, quién es.

GABRIEL

(_Aparte_). (Santillana es todo un hombre).

MARQUÉS

(_Aparte_). (¿Qué diablos de juego es este? ¡Posición más engorrosa!).

DON RODRIGO

(_A Gabriel_). Señor Gabriel Espinosa, permitid que os manifieste que habéis descortés andado con el marqués de Tavira, que está mirándoos con ira.

GABRIEL

¿Se lo habéis vos ordenado?

DON RODRIGO

Ved que son los portugueses quisquillosos; despedidle al menos; vamos, decidle cuatro palabras corteses.

GABRIEL

Voy, pues que vos lo queréis.

DON RODRIGO

(Yo apuraré la mentira).

GABRIEL

¿Señor marqués de Tavira?

MARQUÉS

¡Jesucristo!

GABRIEL

¿Qué tenéis?

MARQUÉS

¡Señor!... ¿Sois vos?... ¿Aún vivís?

GABRIEL

¡Si vivo! ¿Pues no lo veis? ¡Pero qué diablos decís!

MARQUÉS

¡Ese gesto, ese ademán, esa voz, ese semblante que no olvidé ni un instante! (_Cae de rodillas_). Es el rey don Sebastián.

GABRIEL

¡Imbécil! A ser de cierto don Sebastián, ¿no reparas que antes que me delataras a mis pies te hubiera muerto?

MARQUÉS

¡Jesús!

GABRIEL

Señor Santillana, ¿que sé, daréis por supuesto, que sois vos quien me ha dispuesto una farsa tan villana?

DON RODRIGO

¡Yo! ¡Farsa!... ¿Y con qué interés?

GABRIEL