Chapter 12 of 32 · 3982 words · ~20 min read

Part 12

--De modo que para este ateo infame--exclamó con franca rabia,--no hay conveniencias sociales, no hay nada más que un capricho. Eso es una avaricia indigna. Mi 140 hija es rica.

--Si piensa usted herirme con esa arma sutil, tergiversando la cuestión e interpretando torcidamente mis [5] sentimientos, para lastimar mi dignidad, se equivoca, querida tía. Llámeme usted avaro. Dios sabe lo que soy.

--No tienes dignidad.

--Ésa es una opinión como otra cualquiera. El mundo podrá tenerla a usted en olor de infalibilidad. Yo no. Estoy [10] muy lejos de creer que las sentencias de usted no tengan apelación ante Dios.

--¿Pero es cierto lo que dices?... ¿Pero insistes después de mi negativa?... Tú lo atropellas todo, eres un monstruo, un bandido.

[15] --Soy un hombre.

--¡Un miserable! Acabemos: yo te niego a mi hija, yo te la niego.

--¡Pues yo la tomaré! No tomo más que lo que es mío.

--Quítate de mi presencia--exclamó la señora, levantándose [20] de súbito.--Fatuo, ¿crees que mi hija se acuerda de ti?

--Me ama, lo mismo que yo a ella.

--¡Mentira, mentira!

--Ella misma me lo ha dicho. Dispénseme usted si en esta cuestión doy más fe a la opinión de ella que a la de [25] su mamá.

--¿Cuándo te lo ha dicho, si no la has visto en muchos días?

--La he visto anoche y me ha jurado ante el Cristo de la capilla que sería mi mujer.

[30] --¡Oh escándalo y libertinaje!... ¿Pero qué es esto? ¡Dios mío, qué deshonra!--exclamó doña Perfecta comprimiéndose otra vez con ambas manos la cabeza y dando algunos pasos por la habitación.--¿Rosario salió anoche de su cuarto?

--Salió para verme. Ya era tiempo. 141

--¡Qué vil conducta la tuya! Has procedido como los ladrones, has procedido como los seductores adocenados.

--He procedido según la escuela de usted. Mi intención [5] era buena.

--¡Y ella bajó!... ¡Ah! lo sospechaba. Esta mañana al amanecer la sorprendí vestida en su cuarto. Díjome que había salido no sé a qué.... El verdadero criminal lo eres tú, tú.... Esto es una deshonra. Pepe, esperaba [10] todo de ti, menos tan grande ultraje.... Todo acabó. Márchate. No existes para mí. Te perdono, con tal de que te vayas.... No diré una palabra de esto a tu padre.... ¡Qué horrible egoísmo! No, no hay amor en ti. ¡Tú no amas a mi hija!

[15] --Dios sabe que la adoro, y me basta.

--No pongas a Dios en tus labios, blasfemo, y calla--exclamó doña Perfecta.--En nombre de Dios, a quien puedo invocar, porque creo en él, te digo que mi hija no será jamás tu mujer. Mi hija se salvará, Pepe; mi hija [20] no puede ser condenada en vida al infierno, porque infierno es la unión contigo.

--Rosario será mi esposa--repitió el matemático con patética calma.

Irritábase más la piadosa señora con la energía serena de [25] su sobrino. Con voz entrecortada habló así:

--No creas que me amedrentan tus amenazas. Sé lo que digo. Pues qué, ¿se puede atropellar un hogar, una familia; se puede atropellar la autoridad humana y divina?

--Yo atropellaré todo--dijo el ingeniero, empezando a [30] perder su calma y expresándose con alguna agitación.

--¡Lo atropellarás todo! ¡Ah! Bien se ve que eres un bárbaro, un salvaje, un hombre que vive de la violencia.

--No, querida tía. Soy manso, recto, honrado y enemigo de violencia; pero entre usted y yo, entre usted que es la ley y yo que soy el destinado a acatarla, está una pobre 142 criatura atormentada, un ángel de Dios sujeto a inicuos martirios. Este espectáculo, esta injusticia, esta violencia inaudita es la que convierte mi rectitud en barbarie, mi [5] razón en fuerza, mi honradez en violencia parecida a la de los asesinos y ladrones; este espectáculo, señora mía, es lo que me impulsa a no respetar la ley de usted, lo que me impulsa a pasar sobre ella, atropellándolo todo. Esto que parece un desatino es una ley ineludible. Hago lo que [10] hacen las sociedades, cuando una brutalidad tan ilógica como irritante se opone a su marcha. Pasan por encima y todo lo destrozan con feroz acometida. Tal soy yo en este momento: yo mismo no me conozco. Era razonable y soy un bruto: era respetuoso y soy insolente: era culto y me [15] encuentro salvaje. Usted me ha traído a este horrible extremo, irritándome y apartándome del camino del bien por donde tranquilamente iba. ¿De quién es la culpa, mía o de usted?

--¡Tuya, tuya!

[20] --Ni usted ni yo lo podemos resolver. Creo que ambos carecemos de razón. En usted violencia e injusticia; en mí injusticia y violencia. Hemos venido a ser tan bárbaro el uno como el otro, y luchamos y nos herimos sin compasión. Dios lo permite así. Mi sangre caerá sobre la [25] conciencia de usted, la de usted caerá sobre la mía.... Basta ya, señora. No quiero molestar a usted con palabras inútiles. Ahora entraremos en los hechos.

--¡En los hechos, bien!--dijo doña Perfecta más bien rugiendo que hablando.--No creas que en Orbajosa falta [30] Guardia civil.

--Adiós, señora. Me retiro de esta casa. Creo que nos volveremos a ver.

--Vete, vete, vete ya--gritó ella señalando la puerta con enérgico ademán.

Pepe Rey salió. Doña Perfecta, después de pronunciar 143 algunas palabras incoherentes que eran la más clara expresión de su ira, cayó en un sillón con muestras de cansancio o de ataque nervioso. Acudieron las criadas.

[5] --¡Que vayan a llamar al Sr. D. Inocencio!--gritó.--Al instante... ¡pronto!... ¡que venga!...

Después mordió el pañuelo.

XX

=Rumores.--Temores=

Al día siguiente de esta disputa lamentable, corrieron por toda Orbajosa de casa en casa, de círculo en círculo, [10] desde el Casino a la botica, y desde el paseo de las Descalzas a la puerta de Baidejos, rumores varios sobre Pepe Rey y su conducta. Todo el mundo los repetía, y los comentarios iban siendo tantos, que si D. Cayetano los recogiese y compilase, formaría con ellos un rico _Thesaurum_ de la [15] benevolencia orbajosense. En medio de la diversidad de especies que corrían, había conformidad en algunos puntos culminantes, uno de los cuales era el siguiente:

Que el ingeniero, enfurecido porque doña Perfecta se negaba a casar a Rosario con un ateo, había _alzado la [20] mano_ a su tía.

Estaba viviendo el joven en la posada de la viuda de Cuzco, establecimiento _montado_ como ahora se dice, no a la altura, sino a la bajeza de los más primorosos atrasos del país. Visitábale con frecuencia el teniente coronel [25] Pinzón, para ponerse de acuerdo respecto al enredo que entre manos traían, y para cuyo eficaz desempeño mostraba el soldado felices disposiciones. Ideaba a cada instante nuevas travesuras y artimañas, apresurándose a llevarlas del pensamiento a la obra con excelente humor, si bien solía [30] decir a su amigo:

--El papel que estoy haciendo, querido Pepe, no se debe 144 contar entre los más airosos; pero por dar un disgusto a Orbajosa y su gente, andaría yo a cuatro pies.

No sabemos qué sutiles trazas empleó el ladino militar, [5] maestro en ardides del mundo; pero lo cierto es que a los tres días de alojamiento había logrado hacerse muy simpático en la casa. Agradaba su trato a doña Perfecta, que no podía oír sin emoción sus zalameras alabanzas del buen porte de la casa, de la grandeza, piedad y magnificencia [10] augusta de la señora. Con D. Inocencio estaba a partir un confite. Ni la madre, ni el Penitenciario le estorbaban que hablase a Rosario (a quien se dió libertad después de la ausencia del feroz primo); y con sus cortesanías alambicadas, su hábil lisonja y destreza suma, adquirió en la casa [15] de Polentinos considerable auge y hasta familiaridad. Pero el objeto de todas sus artes era una criada, que tenía por nombre Librada, a quien sedujo (castamente hablando) para que transportase recados y cartitas a Rosario, fingiéndose enamorado de ésta. No resistió la muchacha al [20] soborno, realizado con bonitas palabras y mucho dinero, porque ignoraba la procedencia de las esquelas y el verdadero sentido de tales líos; pues si llegara a entender que todo era una nueva diablura de D. José, aunque éste le gustaba mucho, no hiciera traición a su señora por todo el [25] dinero del mundo.

Estaban un día en la huerta doña Perfecta, D. Inocencio, Jacinto y Pinzón. Hablóse de la tropa y de la misión que traía a Orbajosa, en cuyo tratado el señor Penitenciario halló tema para condenar la tiránica conducta del Gobierno, [30] y, sin saber cómo, nombraron a Pepe Rey.

--Todavía está en la posada--dijo el abogadillo.--Le he visto ayer, y me ha dado memorias para usted, doña Perfecta.

--¿Hase visto mayor insolencia?... ¡Ah! Sr. Pinzón, no extrañe usted que emplee este lenguaje, tratándose de un sobrino carnal... ya sabe usted... aquel caballerito 145 que se aposentaba en el cuarto que usted ocupa.

--¡Sí, ya lo sé! No le trato; pero le conozco de vista y de fama. Es amigo íntimo de nuestro brigadier.

[5] --¿Amigo íntimo del brigadier?

--Sí, señora, del que manda la brigada que ha venido a este país, y que se ha repartido entre diferentes pueblos.

--¿Y dónde está?--preguntó la dama.

--En Orbajosa.

[10] --Creo que se aposenta en casa de Polavieja--indicó Jacinto.

--Su sobrino de usted--continuó Pinzón,--y el brigadier Batalla son íntimos amigos, se quieren entrañablemente, y a todas horas se les ve juntos por las calles del pueblo.

[15] --Pues, amiguito, mala idea formo de ese señor jefe--repuso doña Perfecta.

--Es un... es un infeliz--dijo Pinzón en el tono propio de quien por respeto no se atreve a aplicar una calificación dura.

[20] --Mejorando lo presente, Sr. Pinzón, y haciendo una salvedad honrosísima en honor de usted--afirmó la señora--no puede negarse que en el ejército español hay cada tipo....

--Nuestro brigadier era un excelente militar antes de darse al espiritismo....

[25] --¡Al espiritismo!

--¡Esa secta que llama a los fantasmas y duendes por medio de las patas de las mesas!...--exclamó el canónigo riendo.

--Por curiosidad, sólo por curiosidad--dijo Jacintillo [30] con énfasis,--he encargado a Madrid la obra de Allan Cardec. Bueno es enterarse de todo.

--¿Pero es posible que tales disparates?... ¡Jesús! Dígame usted, Pinzón, ¿mi sobrino también es de esa secta de pie de banco?

--Me parece que él fué quien catequizó a nuestro bravo 146 brigadier Batalla.

--¡Pero, Jesús!

--Eso es; y cuando se le antoje--dijo don Inocencio [5] sin poder contener la risa--hablará con Sócrates, San Pablo, Cervántes y Descartes, como hablo yo ahora con Librada para pedirle un fosforito. ¡Pobre Sr. de Rey! Bien dije yo que aquella cabeza no estaba buena.

--Por lo demás--continuó Pinzón,--nuestro brigadier [10] es un buen militar. Si de algo peca es de excesivamente duro. Toma tan al pie de la letra las órdenes del Gobierno, que si le contrarían mucho aquí, será capaz de no dejar piedra sobre piedra en Orbajosa. Sí, les prevengo a ustedes que estén con cuidado.

[15] --Pero ese monstruo nos va a cortar la cabeza a todos. ¡Ay! Sr. D. Inocencio, estas visitas de la tropa me recuerdan lo que he leído en la vida de los mártires, cuando se presentaba un procónsul romano en un pueblo de cristianos....

[20] --No deja de ser exacta la comparación--dijo el[20] Penitenciario, mirando al militar por encima de las gafas.

--Es un poco triste; pero siendo verdad, debe decirse--manifestó Pinzón con benevolencia.--Ahora, señores míos, están ustedes a merced de nosotros.

[25] --Las autoridades del país--objetó Jacinto,--funcionan aún perfectamente.

--Creo que se equivoca usted--repuso el soldado, cuya fisonomía observaban con profundo interés la señora y el Penitenciario.--Hace una hora ha sido destituído el alcalde [30] de Orbajosa.

--¿Por el gobernador de la provincia?

--El gobernador ha sido sustituído por un delegado del Gobierno que debió llegar esta mañana. Los Ayuntamientos todos cesarán hoy. Así lo ha mandado el ministro, porque temía, no sé con qué motivo, que no prestaban apoyo 147 a la autoridad central.

--Bien, bien estamos--murmuró el canónigo frunciendo el ceño y echando adelante el labio inferior.

[5] Doña Perfecta meditaba.

--También han sido quitados algunos jueces de primera instancia, entre ellos el de Orbajosa.

--¡El juez! ¡Periquito!... ¿Ya no es juez Periquito?--exclamó doña Perfecta con voz y gesto semejantes [10] a los de las personas que tienen la desgracia de ser picadas por una víbora.

--Ya no es juez de Orbajosa el que lo era--dijo Pinzón.--Mañana vendrá el nuevo.

--¡Un desconocido!

[15] --¡Un desconocido!

--Un tunante quizás.... ¡El otro era tan honrado!...--dijo la señora con zozobra.--Jamás le pedí cosa alguna que al punto no me concediera. ¿Sabe usted quién será el alcalde nuevo?

[20] --Dicen que viene un corregidor.

--Vamos, diga usted de una vez que viene el Diluvio, y acabaremos--manifestó el canónigo levantándose.

--¿De modo que estamos a merced del señor brigadier?

--Por algunos días, ni más ni menos. No se enfaden [25] ustedes conmigo. A pesar de mi uniforme, soy enemigo del militarismo; pero nos mandan pegar... y pegamos. No puede haber oficio más canalla que el nuestro.

--Sí que lo es, sí que lo es--dijo la señora, disimulando mal su furor.--Ya que usted lo ha confesado.... Con [30] que ni alcalde ni juez....

--Ni gobernador de la provincia.

--Que nos quiten también al señor obispo y nos manden un monaguillo en su lugar.

--Es lo que falta.... Si aquí les dejan hacerlo-- murmuró D. Inocencio, bajando los ojos,--no se pararán 148 en pelillos.

--Y todo es porque se teme el levantamiento de partidas en Orbajosa--exclamó la señora, cruzando las manos y [5] agitándolas de arriba a bajo, desde la barba a las rodillas. Francamente, Pinzón, no sé cómo no se levantan hasta las piedras. No le deseo mal ninguno a usted; pero lo justo sería que el agua que beben ustedes se les convirtiera en lodo.... ¿Dijo usted que mi sobrino es íntimo amigo del [10] brigadier?

--Tan íntimo que no se separan en todo el día; fueron compañeros de colegio. Batalla le quiere como un hermano y le complace en todo. En su lugar de usted, señora, yo no estaría tranquilo.

[15] --¡Oh! ¡Dios mío! ¡Temo un atropello!...--exclamó ella muy desasosegada.

--Señora--afirmó el canónigo con energía.--Antes que consentir un atropello en esta honrada casa, antes que consentir el menor vejamen hecho a esta nobilísima familia, yo [20] ... mi sobrino... los vecinos todos de Orbajosa....

Don Inocencio no concluyó. Su cólera era tan viva, que se le trababan las palabras en la boca. Dió algunos pasos marciales, y después se volvió a sentar.

--Me parece que no son vanos esos temores--dijo [25] Pinzón.--En caso necesario yo....

--Y yo....--repitió Jacinto.

Doña Perfecta había fijado los ojos en la puerta vidriera del comedor, tras la cual dejóse ver una graciosa figura. Mirándola, parecía que en el semblante de la señora se [30] ennegrecían más las sombrías nubes del temor.

--Rosario, pasa aquí, Rosario--dijo saliendo a su encuentro.--Se me figura que tienes hoy mejor cara y estás más alegre, sí.... ¿No les parece a ustedes que Rosario tiene mejor cara? Si parece otra.

Todos convinieron en que tenía retratada en su semblante 149 la más viva felicidad.

XXI

=Desperta, ferro=

Por aquellos días publicaron los periódicos de Madrid las siguientes noticias:

[5] "No es cierto que en los alrededores de Orbajosa se haya levantado partida alguna. Nos escriben de aquella localidad que el país está tan poco dispuesto a aventuras, que se considera inútil en aquel punto la presencia de la brigada Batalla."

[10] "Dícese que la brigada Batalla saldrá de Orbajosa, porque no hacen falta allí fuerzas del ejército, e irá a Villajuán de Nahara, donde han aparecido algunas partidas."

"Ya es seguro que los Aceros recorren con algunos ginetes el término de Villajuán, próximo al distrito judicial de [15] Orbajosa. El gobernador de la provincia de X... ha telegrafiado al Gobierno diciendo que Francisco Acero entró en las Roquetas, donde cobró un semestre y pidió raciones. Domingo Acero (Faltriquera) vagaba por la sierra del Jubileo, activamente perseguido por la Guardia [20] civil, que le mató un hombre y aprehendió a otro. Bartolomé Acero fué el que quemó el registro civil de Lugarnoble, llevándose en rehenes al alcalde y a dos de los principales propietarios."

"En Orbajosa reina tranquilidad completa, según carta [25] que tenemos a la vista, y allí no piensan más que en trabajar el campo para la próxima cosecha de ajos, que promete ser magnífica. Los distritos inmediatos sí están infestados de partidas; pero la brigada Batalla dará buena cuenta de ellas."

En efecto; Orbajosa estaba tranquila.--Los Aceros, 150 aquella dinastía aguerrida, merecedora, según algunas gentes, de figurar en el _Romancero_, había tomado por su cuenta la provincia cercana; pero la insurrección no cundía en el [5] término de la ciudad episcopal. Creeríase que la cultura moderna había al fin vencido en su lucha con las levantiscas costumbres de la gran behetría, y que ésta saboreaba las delicias de una paz duradera. Y esto es tan cierto, que el mismo Caballuco, una de las figuras más caracterizadas de [10] la rebeldía histórica de Orbajosa, decía claramente a todo el mundo que él no quería _reñir con el Gobierno_ ni _meterse en danzas_ que podían costarle caras.

Dígase lo que se quiera, el arrebatado carácter de Ramos había tomado asiento con los años, enfriándose un poco la [15] fogosidad que con la existencia recibiera de los Caballucos padres y abuelos, la mejor casta de guerreros que ha asolado la tierra. Cuéntase además que por aquellos días el nuevo gobernador de la provincia _celebró una conferencia_ con este importante personaje, _oyendo de sus labios las mayores [20] seguridades_ de contribuir al reposo público y evitar toda ocasión de disturbios. Aseguran fieles testigos que se le veía en amor y compaña con los militares, partiendo un piñón con este o el otro sargento en la taberna, y hasta se dijo que le iban a dar un buen destino en el Ayuntamiento de la capital [25] de la provincia. ¡Oh! cuán difícil es para el historiador, que presume de imparcial, depurar la verdad en esto de las opiniones y pensamientos de los insignes personajes que han llenado el mundo con su nombre! No sabe uno a qué atenerse, y la falta de datos ciertos da origen a lamentables [30] equivocaciones. En presencia de hechos tan culminantes como la jornada de Brumario, como el saco de Roma por Borbón, como la ruina de Jerusalén, ¿qué psicólogo, ni qué historiador podrá determinar los pensamientos que les precedieron o les siguieron en la cabeza de Bonaparte, Carlos V y Tito?--¡Responsabilidad inmensa la nuestra! Para 151 librarnos en parte de ella, refiramos palabras, frases y aun discursos del mismo emperador orbajosense, y de este modo cada cual formará la opinión que le parezca más acertada.

[5] No cabe duda alguna de que Cristóbal Ramos salió, ya anochecido, de su casa, y atravesando por la calle del Condestable, vió tres labriegos que en sendas mulas venían en dirección contraria a la suya, y preguntándoles que a dó caminaban, repusieron que a la casa de la señora doña [10] Perfecta a llevarle varias primicias de frutos de las huertas y algún dinero de las rentas vencidas. Eran el señor Pasolargo, un mozo a quien llamaban Frasquito González, y el tercero, de mediana edad y recia complexión, recibía el nombre de Vejarruco, aunque el suyo verdadero era José [15] Esteban Romero. Volvió atrás Caballuco, solicitado por la buena compañía de aquella gente, con quien tenía franca y antigua amistad, y entró con ellos en casa de la señora. Esto ocurría, según los más verosímiles datos, al anochecer, y dos días después de aquél en que doña Perfecta y Pinzón [20] hablaron lo que en el anterior capítulo ha podido ver quien lo ha leído. Entretúvose el gran Ramos dando a Librada ciertos recados de poca importancia que una vecina confiara a su buena memoria, y cuando entró en el comedor ya los tres labriegos antes mencionados y el señor Licurgo, que [25] asimismo por singular coincidencia estaba presente, habían entablado conversación sobre asuntos de la cosecha y de la casa. La señora tenía un humor endiablado; a todo ponía faltas, y reprendíales ásperamente por la sequía del cielo y la infecundidad de la tierra, fenómenos de que ellos los [30] pobrecitos no tenían culpa. Presenciaba la escena el Sr. Penitenciario. Cuando entró Caballuco, saludóle afectuosamente el buen canónigo, señalándole un asiento a su lado.

--Aquí está el personaje--dijo la señora con desdén.--¡Parece mentira que se hable tanto de un hombre de tan poco valer! Dime, Caballuco, ¿es verdad que te han dado 152 de bofetadas unos soldados esta mañana?

--¡A mí! ¡A mí!--dijo el Centauro levantándose indignado cual si recibiera el más grosero insulto.

[5] --Así lo han dicho--añadió la señora.--¿No es verdad? Yo lo creí, porque quien en tan poco se tiene.... Te escupirán, y tú te creerás honrado con la saliva de los militares.

--¡Señora!--vociferó Ramos con energía.--Salvo el [10] respeto que debo a usted, que es mi madre, más que mi madre, mi señora, mi reina... pues digo que salvo el respeto que debo a la persona que me ha dado todo lo que tengo... salvo el respeto....

--¿Qué?... Parece que vas a decir mucho y no dices [15] nada.

--Pues digo que salvo el respeto, eso de la bofetada es una calumnia--añadió, expresándose con extraordinaria dificultad.--Todos hablan de mí, que si entro o si salgo, que si voy, que si vengo.... Y todo, ¿por qué? Porque [20] quieren tomarme por figurón para que revuelva el país. Bien está Pedro en su casa, señoras y caballeros. ¿Que ha venido la tropa?... malo es; ¿pero qué le vamos a hacer?... ¿Que han quitado al alcalde y al secretario y al juez?... malo es; yo quisiera que se levantaran contra [25] ellos las piedras de Orbajosa; pero di mi palabra al gobernador, y hasta ahora yo....

Rascóse la cabeza, frunció el adusto ceño, y con lengua cada vez más torpe, prosiguió así:

--Yo seré bruto, pesado, ignorante, querencioso, testarudo [30] y todo lo que quieran; pero a caballero no me gana nadie.

--Lástima de Cid Campeador--dijo con el mayor desprecio doña Perfecta.--¿No cree usted, como yo, señor Penitenciario, que en Orbajosa no hay ya un solo hombre que tenga vergüenza?

--Grave opinión es ésa--repuso el capitular, sin mirar 153 a su amiga ni apartar de su barba la mano en que apoyaba el-meditabundo rostro.--Pero se me figura que este vecindario ha aceptado con excesiva sumisión el pesado yugo del [5] militarismo.

Licurgo y los tres labradores reían con toda su alma.

--Cuando los soldados y las autoridades nuevas--dijo la señora,--nos hayan llevado el último real, después de deshonrado el pueblo, enviaremos a Madrid, en una urna de [10] cristal, a todos los valientes de Orbajosa para que los pongan en el Museo o les enseñen por las calles.

--¡Viva la señora!--exclamó con vivo ademán el que llamaban Vejarruco.--Lo que ha dicho es como el oro. No se dirá por mí que no hay valientes, pues no estoy con [15] los Aceros por aquello de que tiene uno tres hijos y mujer y puede suceder cualquier estropicio; que si no....

--¿Pero tú no has dado tu palabra al gobernador?--le preguntó la señora.

--¡Al gobernador!--exclamó el nombrado Frasquito [20] González.--No hay en todo el país tunante que más merezca un tiro. Gobernador y Gobierno, todos son lo mismo. El cura nos predicó el domingo tantas cosas altisonantes sobre las herejías y ofensas a la religión que hacen en Madrid.... ¡Oh! había que oírle.... Al fin dió muchos gritos en el [25] púlpito, diciendo que la religión ya no tenía defensores.

--Aquí está el gran Cristóbal Ramos--dijo la señora, dando fuerte palmada en el hombro del Centauro.--Monta a caballo; se pasea en la plaza y en el camino real, para llamar la atención de los soldados; venle éstos, se espantan [30] de la fiera catadura del héroe y echan todos a correr muertos de miedo.