Part 13
La señora terminó su frase con una risa exagerada que se hacía más chocante por el profundo silencio de los que la oían. Caballuco estaba pálido.
--Señor Pasolargo--continuó la dama, poniéndose seria,--esta 154 noche, cuando vaya usted a su casa, mándeme acá a su hijo Bartolomé para que se quede aquí. Necesito tener buena gente en casa; y aun así, bien podrá suceder que el [5] mejor día amanezcamos mi hija y yo asesinadas.
--¡Señora!--exclamaron todos.
--¡Señora!--gritó Caballuco levantándose.--¿Eso es broma o qué es?
--Señor Vejarruco, Sr. Pasolargo--continuó la señora, [10] sin mirar al bravo de la localidad;--no estoy segura en mi casa. Ningún vecino de Orbajosa lo está, y menos yo. Vivo con el alma en un hilo. No puedo pegar los ojos en toda la noche.
--Pero ¿quién, quién se atreverá?...
[15] --Vamos--exclamó Licurgo con ardor,--que yo, viejo y enfermo, seré capaz de batirme con todo el ejército español si tocan el pelo de la ropa a la señora....
--Con el Sr. Caballuco--dijo Frasquito González,--basta y sobra.
[20] --¡Oh! no--repuso doña Perfecta con cruel sarcasmo.--No ven ustedes que Ramos ha dado su palabra al Gobernador....
Caballuco volvió a sentarse, y poniendo una pierna sobre otra, cruzó las manos sobre ellas.
[25] --Me basta un cobarde--añadió implacablemente el ama,--con tal que no haya dado palabras. Quizás pase yo por el trance de ver asaltada mi casa, de ver que me arrancan de los brazos a mi querida hija, de verme atropellada e insultada del modo más infame....
[30] No pudo continuar. La voz se ahogó en su garganta y rompió a llorar desconsoladamente.
--¡Señora, por Dios, cálmese usted!... Vamos... no hay motivo todavía....--dijo precipitadamente y con semblante y voz de aflicción suma D. Inocencio.--También es preciso un poquito de resignación para soportar las 155 calamidades que Dios me envía.
--Pero ¿quién... señora? ¿Quién se atreverá a tales vituperios?--preguntó uno de los cuatro.--Orbajosa toda [5] se pondría sobre un pie para defender a la señora.
--Pero ¿quién, quién?--repitieron todos.
--Vaya, no la molesten ustedes con preguntas importunas--dijo con oficiosidad el Penitenciario.--Pueden retirarse.
[10] --No, no, que se queden--manifestó vivamente la señora, secando sus lágrimas.--La compañía de mis buenos servidores es para mí un gran consuelo.
--Maldita sea mi casta--dijo el tío Lucas, dándose un puñetazo en la rodilla,--si todos estos gatuperios no son [15] obra del mismísimo sobrino de la señora.
--¿Del hijo de D. Juan Rey?
--Desde que le vi en la estación de Villahorrenda y me habló con su voz melosilla y sus mimos de hombre cortesano-- manifestó Licurgo,--le tuve por un grandísimo... no [20] quiero acabar por respeto a la señora.... Pero yo le conocí... le señalé desde aquel día, y yo no me equivoco. Sé muy bien, como dijo el otro, que por el hilo se saca el ovillo, por la muestra se conoce el paño, y por la uña el león.
--No se hable mal en mi presencia de ese desdichado [25] joven--dijo la de Polentinos severamente.--Por grandes que sean sus faltas, la caridad nos prohibe hablar de ellas y darles publicidad.
--Pero la caridad--manifestó D. Inocencio con cierta energía,--no nos impide precavernos contra los malos; y [30] de eso se trata. Ya que han decaído tanto los caracteres y el valor en la desdichada Orbajosa; ya que este pueblo parece dispuesto a poner la cara para que escupan en ella cuatro soldados y un cabo, busquemos alguna defensa uniéndonos.
--Yo me defenderé como pueda--dijo con resignación 156 y cruzando las manos doña Perfecta.--¡Hágase la voluntad del Señor!
--Tanto ruido para nada.... ¡Por vida de!... ¡En [5] esta casa son de la piel del miedo!...--exclamó Caballuco, entre serio y festivo.--No parece sino que el tal D. Pepito es una _región_ (léase legión) de demonios. No se asuste usted, señora mía. Mi sobrinillo Juan, que tiene trece años, guardará la casa, y veremos, sobrino por sobrino, [10] quién puede más.
--Ya sabemos todos lo que significan tus guapezas y valentías--replicó la dama.--¡Pobre Ramos, quieres echártela de bravucón cuando ya se ha visto que no vales para nada!
[15] Ramos palideció ligeramente, fijando en la señora una mirada singular en que se confundían el espanto y el respeto.
--Sí, hombre, no me mires así. Ya sabes que no me asusto de fantasmones. ¿Quieres que te hable de una vez con claridad? Pues eres un cobarde.
[20] Ramos, moviéndose como el que tiene por diversas partes de su cuerpo molestas picazones, demostraba gran desasosiego. Su nariz expelía y recogía el aire como la de un caballo. Dentro de aquel corpachón combatía consigo misma por echarse fuera rugiendo y destrozando, una [25] tormenta, una pasión, una barbaridad. Después de modular a medias algunas palabras, mascando otras, levantóse y bramó de esta manera:
--¡Le cortaré la cabeza al Sr. Rey!
--¡Qué desatino! Eres tan bruto como cobarde--dijo [30] palideciendo la señora.--¿Qué hablas ahí de matar, si yo no quiero que maten a nadie, y mucho menos a mi sobrino, persona a quien amo a pesar de sus maldades?
--¡El homicidio! ¡Qué atrocidad!--exclamó el Sr. D. Inocencio escandalizado.--Ese hombre está loco.
--¡Matar!... La idea tan sólo de un homicidio me 157 horroriza, Caballuco--dijo la señora cerrando los dulces ojos.--¡Pobre hombre! Desde que has querido mostrar valentía, has aullado como un lobo carnicero. Vete de [5] aquí, Ramos; me causas espanto.
--¿No dice la señora que tiene miedo? ¿No dice que atropellarán la casa, que robarán a la niña?
--Sí, lo temo.
--Y eso lo ha de hacer un solo hombre--dijo Ramos [10] con desprecio volviendo a sentarse.--Eso lo ha de hacer D. Pepe Poquita Cosa con sus matemáticas. Hice mal en decir que le rebanaría el pescuezo. A un muñeco de ese estambre, se le coge de una oreja y se le echa de remojo en el río.
[15] --Sí, ríete ahora, bestia. No es mi sobrino solo quien ha de cometer todos esos desafueros que has mencionado y que yo temo; pues si fuese él solo no le temería. Mandaría a Librada que se pusiera en la puerta con una escoba ... y bastaba.... No es él solo, no.
[20] --¿Pues quién?
--Hazte el borrico. ¿No sabes tú que mi sobrino y el brigadier que manda esa condenada tropa se han confabulado?...
--¡Confabulado!--exclamó Caballuco demostrando no [25] entender la palabra.
--Que están de compinche--dijo Licurgo.--Fabulearse quiere decir estar de compinche. Ya me barruntaba yo lo que dice la señora.
--Todo se reduce a que el brigadier y los oficiales son [30] uña y carne de D. José, y lo que él quiera lo quieren esos soldadotes, y esos soldadotes harán toda clase de atropellos y barbaridades, porque ese es su oficio.
--Y no tenemos alcalde que nos ampare.
--Ni juez.
--Ni gobernador. Es decir, que estamos a merced de 158 esa infame gentuza.
--Ayer--dijo Vejarruco,--unos soldados se llevaron engañada a la hija más chica del tío Julián, y la pobre no [5] se atrevió a volver a su casa; mas la encontraron llorando y descalza junto a la fuentecilla vieja, recogiendo los pedazos de la cántara rota.
--¡Pobre D. Gregorio Palomeque! el escribano de Naharilla Alta--dijo Frasquito.--Estos pillos le robaron todo [10] el dinero que tenía en su casa. Pero el brigadier, cuando se lo contaron, contestó que era mentira.
--Tiranos, más tiranos no nacieron de madre--manifestó el otro.--¡Cuando digo que por punto no estoy con los Aceros!...
[15] --¿Y qué se sabe de Francisco Acero?--preguntó mansamente doña Perfecta.--Sentiría que le ocurriera algún percance. Dígame usted, D. Inocencio, ¿Francisco Acero no nació en Orbajosa?
--No; él y su hermano son de Villajuán.
[20] --Lo siento por Orbajosa--dijo doña Perfecta.--Esta pobre ciudad ha entrado en desgracia. ¿Sabe usted si Francisco Acero dió palabra al gobernador de no molestar a los pobres soldaditos en sus robos de doncellas, en sus irreligiosidades, en sus sacrilegios, en sus infames felonías?
[25] Caballuco dió un salto. Ya no se sentía punzado, sino herido por atroz sablazo. Encendido el rostro y con los ojos llenos de fuego, gritó de este modo:
--Yo di mi palabra al gobernador, porque el gobernador me dijo que venían con buen fin.
[30] --Bárbaro, no grites. Habla como la gente y te escucharemos.
--Yo prometí que ni yo ni ninguno de mis amigos levantaríamos partidas en tierra de Orbajosa.... A todo el que ha querido salir porque le retozaba la guerra en el cuerpo, le he dicho: _Vete con los Aceros, que aquí no nos movemos_. 159 Pero tengo mucha gente honrada, sí señora, y buena, sí señora, y valiente, sí señora, que está desperdigada por los caseríos y las aldeas y los arrabales y los montes, cada uno [5] en su casa, ¿eh? Y en cuanto yo les diga la mitad de media palabra, ¿eh? ya están todos descolgando las escopetas, ¿eh? y echando a correr a caballo o a pie para ir a donde yo les mande.... Y no me anden con gramáticas, que si yo di mi palabra, fué porque la di, y si no salgo es porque [10] no quiero salir, y si quiero que haya partidas las habrá, y si no quiero, no; porque yo soy quien soy, el mismo hombre de siempre, bien lo saben todos.... Y digo otra vez que no vengan con gramáticas, ¿estamos?... y que no me digan las cosas al revés, ¿estamos?... y si quieren que [15] salga me lo declaren con toda la boca abierta, ¿estamos? ... porque para eso nos ha dado Dios la lengua, para decir esto y aquello. Bien sabe la señora quien soy, así como bien sé yo que le debo la camisa que me pongo, y el pan que cómo hoy, y el primer garbanzo que chupé cuando [20] me despecharon, y la caja en que enterraron a mi padre cuando murió, y las medicinas y el médico que me pusieron bueno cuando estuve enfermo; y bien sabe la señora que si ella me dice: "Caballuco, rómpete la cabeza," voy a aquel rincón y contra la pared me la rompo; bien sabe la señora [25] que si ahora dice ella que es de día, yo, aunque vea la noche, creeré que me equivoco y que es claro día; bien sabe la señora que ella y su hacienda son antes que mi vida, y que si delante de mí la pica un mosquito, le perdono porque es mosquito; bien sabe la señora que la quiero más [30] que a cuanto hay debajo del sol.... A un hombre de tanto corazón se le dice: "Caballuco, so animal, haz esto o lo otro,"... y basta de ritólicas y mete y saca de palabrejas y sermoncillos al revés y pincha por aquí y pellizca por allá.
--Vamos, hombre, sosiégate--dijo doña Perfecta con 160 bondad.--Te has sofocado como aquellos oradores republicanos que venían a predicar aquí la religión libre, el amor libre y no sé cuántas cosas libres.... Que te traigan un [5] vaso de agua.
Caballuco hizo con el pañuelo una especie de rodilla, apretado envoltorio o más bien pelota, y se lo pasó por la ancha frente y cogote para limpiarse ambas partes, cubiertas de sudor. Trajéronle un vaso de agua, y el señor [10] canónigo, con una mansedumbre que cuadraba perfectamente a su carácter sacerdotal, lo tomó de manos de la criada para presentárselo y sostener el plato mientras bebía. El agua se escurría por el gaznate de Caballuco, produciendo un claqueteo sonoro.
[15] --Ahora tráigame usted otro a mí, señora Librada--dijo D. Inocencio.--También tengo un poco de fuego dentro.
XXII.
=¡Desperta!=
--Respecto a lo de las partidas--dijo doña Perfecta cuando concluyeron de beber,--sólo te digo que hagas lo que tu conciencia te dicte.
[20] --Yo no entiendo de ditados--gritó Ramos.--Haré lo que sea del gusto de la señora.
--Pues yo no te aconsejaré nada en asunto tan grave--repuso ella con la circunspección y comedimiento que tan bien le sentaban.--Eso es muy grave, gravísimo, y yo no [25] puedo aconsejarte nada.
--Pero el parecer de usted....
--Mi parecer es que abras los ojos y veas, que abras los oídos y oigas.... Consulta tu corazón... yo te concedo que tienes un gran corazón.... Consulta a ese juez, a [30] ese consejero que tanto sabe, y haz lo que él te mande.
Caballuco meditó, pensó todo lo que puede pensar una 161 espada.
--Los de Naharilla Alta--dijo Vejarruco,--nos contamos ayer y éramos trece, propios para cualquier cosita [5] mayor.... Pero como temíamos que la señora se enfadara, no hicimos nada. Es tiempo ya de trasquilar.
--No te preocupes de la trasquila--dijo la señora.--Tiempo hay. No se dejará de hacer por eso.
--Mis dos muchachos--manifestó Licurgo--riñeron ayer [10] el uno con el otro, porque uno quería irse con Francisco Acero y el otro no. Yo les dije: "Despacio, hijos míos, que todo se andará. Esperad, que tan buen pan hacen aquí como en Francia."
--Anoche me dijo Roque Pelosmalos--manifestó el tío [15] Pasolargo,--que en cuanto el Sr. Ramos dijera tanto así, ya estaban todos con las armas en la mano. ¡Qué lástima que los dos hermanos Burguillos se hayan ido a labrar las tierras de Lugarnoble!
--Vaya usted a buscarlos--dijo el ama vivamente.--Sr. [20] Lucas, proporciónele usted un caballo al tío Pasolargo.
--Yo, si la señora me lo manda, y el señor Ramos también--dijo Frasquito González,--iré a Villahorrenda a ver si Robustiano, el guarda de montes y su hermano Pedro quieren también....
[25] --Me parece buena idea. Robustiano no se atreve a venir a Orbajosa, porque me debe un piquillo. Puedes decirle que le perdono los seis duros y medio.... Esta pobre gente, que tan generosamente sabe sacrificarse por una buena idea, se contenta con tan poco.... ¿No es [30] verdad, Sr. D. Inocencio?
--Aquí nuestro buen Ramos--repuso el canónigo,--me dice que sus amigos están descontentos con él por su tibieza; pero que en cuanto le vean determinado se pondrán todos la canana al cinto.
--Pero qué, ¿estás determinado a echarte a la calle?--dijo 162 la señora.--No te he aconsejado yo tal cosa, y si lo haces es por tu voluntad. Tampoco el Sr. D. Inocencio te habrá dicho una palabra en este sentido. Pero cuando tú [5] lo decides así, razones muy poderosas tendrás.... Dime, Cristóbal, ¿quieres cenar? ¿quieres tomar algo?... con franqueza....
--En cuanto a que yo aconseje al Sr. Ramos que se eche al campo--dijo D. Inocencio, mirando por encima de los [10] cristales de sus anteojos,--razón tiene la señora. Yo, como sacerdote, no puedo aconsejar tal cosa. Sé que algunos lo hacen; y aun toman las armas; pero esto me parece impropio, muy impropio, y no seré yo quien los imite. Llevo mi escrupulosidad hasta el extremo de no decir una [15] palabra al Sr. Ramos sobre la peliaguda cuestión de su levantamiento en armas. Yo sé que Orbajosa lo desea; sé que le bendecirán todos los habitantes de esta noble ciudad; sé que vamos a tener aquí hazañas dignas de pasar a la historia; pero, sin embargo, permítaseme un discreto [20] silencio.
--Está muy bien dicho--añadió doña Perfecta.--No me gusta que los sacerdotes se mezclen en tales asuntos. Un clérigo ilustrado debe conducirse de este modo. Bien sabemos que en circunstancias solemnes y graves, por [25] ejemplo, cuando peligran la patria y la fe, están los sacerdotes en su terreno incitando a los hombres a la lucha y aun figurando en ella. Pues que Dios mismo ha tomado parte en célebres batallas, bajo la forma de ángeles o santos, bien pueden sus ministros hacerlo. Durante la guerra contra [30] los infieles, ¿cuántos obispos acaudillaron las tropas castellanas?
--Muchos, y algunos fueron insignes guerreros. Pero estos tiempos no son como aquellos, señora. Verdad es que si vamos a mirar atentamente las cosas, la fe peligra ahora más que antes.... ¿Pues qué representan esos 163 ejércitos que ocupan nuestra ciudad y pueblos inmediatos? ¿qué representan? ¿Son otra cosa más que el infame instrumento de que se valen para sus pérfidas conquistas [5] y el exterminio de las creencias, los ateos y protestantes de que está infestado Madrid?... Bien lo sabemos todos. En aquel centro de corrupción, de escándalo, de irreligiosidad y descreimiento, unos cuantos hombres malignos, comprados por el oro extranjero, se emplean en destruir en [10] nuestra España la semilla de la fe.... ¿Pues qué creen ustedes? Nos dejan a nosotros decir misa y a ustedes oírla por un resto de consideración, por vergüenza... pero el mejor día.... Por mi parte, estoy tranquilo. Soy un hombre que no se apura por ningún interés temporal y [15] mundano. Bien lo sabe la señora doña Perfecta, bien lo saben todos los que me conocen. Estoy tranquilo y no me asusta el triunfo de los malvados. Sé muy bien que nos aguardan días terribles; que cuantos vestimos el hábito sacerdotal tenemos la vida pendiente de un cabello, porque [20] España, no lo duden ustedes, presenciará escenas como aquellas de la revolución francesa, en que perecieron miles de sacerdotes piadosísimos en un mismo día.... Mas no me apuro. Cuando toquen a degollar presentaré mi cuello; ya he vivido bastante. ¿Para qué sirvo yo? Para nada, [25] para nada.
--Comido de perros me vea yo--exclamó Vejarruco, mostrando el puño, no menos duro y fuerte que un martillo,--si no acabamos pronto con toda esa canalla ladrona.
--Dicen que la semana que viene comienza el derribo [30] de la catedral--indicó Frasquito.
--Supongo que la derribarán con picos y martillos--dijo el canónigo sonriendo.--Hay artífices que no tienen esas herramientas, y sin embargo adelantan más edificando. Bien saben ustedes que, según tradición piadosa, nuestra hermosa capilla del Sagrario fué derribada por los moros en 164 un mes y reedificada en seguida por los ángeles en una sola noche.... Dejarles, dejarles que derriben.
--En Madrid, según nos contó la otra noche el cura de [5] Naharilla--dijo Vejarruco,--ya quedan tan pocas iglesias, que algunos curas dicen misa en medio de la calle, y como les aporrean y les dicen injurias y también les escupen, muchos no la quieren decir.
--Felizmente aquí, hijos míos--manifestó D. Inocencio,--no [10] hemos tenido aún escenas de esa naturaleza. ¿Por qué? Porque saben qué clase de gente sois; porque tienen noticia de vuestra piedad ardiente y de vuestro valor.... No les arriendo la ganancia a los primeros que pongan la mano en nuestros sacerdotes y en nuestro culto.... Por [15] supuesto, dicho se está que si no se les ataja a tiempo, harán diabluras. ¡Pobre España, tan santa y tan humilde y tan buena! ¡Quién había de decir que llegarían a estos apurados extremos!... Pero yo sostengo que la impiedad no triunfará, no señor. Todavía hay gente valerosa, [20] todavía hay gente de aquella de antaño, ¿no es verdad, Sr. Ramos?
--Todavía la hay, sí señor--repuso éste.
--Yo tengo una fe ciega en el triunfo de la ley de Dios. Alguno ha de salir en defensa de ella. Si no son unos, [25] serán otros. La palma de la victoria, y con ella la gloria eterna, alguien se la ha de llevar. Los malvados perecerán, si no hoy mañana. Aquél que va contra la ley de Dios caerá, no hay remedio. Sea de esta manera, sea de la otra, ello es que ha de caer. No le salvan ni sus argucias, ni [30] sus escondites, ni sus artimañas. La mano de Dios está alzada sobre él y le herirá sin falta. Tengámosle compasión y deseemos su arrepentimiento... en cuanto a vosotros, hijos míos, no esperéis que os diga una palabra sobre el paso que seguramente vais a dar. Sé que sois buenos, sé que vuestra determinación generosa y el noble fin que os 165 guía lavan toda mancha pecaminosa por causa del derramamiento de sangre que pudierais recibir; sé que Dios os bendice, que vuestra victoria, lo mismo que vuestra muerte, [5] os sublimarán a los ojos de los hombres y a los de Dios; sé que se os deben palmas y alabanzas y toda suerte de honores; pero a pesar de esto, hijos míos, mi labio no os incitará a la pelea. No lo ha hecho nunca ni lo hará ahora. Obrad con arreglo al ímpetu de vuestro noble corazón. Si [10] él os manda que os estéis en vuestras casas, estáos en ellas; si él os manda que salgáis, salid en buen hora. Me resigno a ser mártir y a inclinar mi cuello ante el verdugo, si esa miserable tropa continúa aquí. Pero si un impulso hidalgo y ardiente y pío de los hijos de Orbajosa contribuye a la [15] grande obra de la extirpación de las desventuras patrias, me tendré por el más dichoso de los hombres sólo con ser paisano vuestro; y toda mi vida de estudios, de penitencia, de resignación, no me parecerá tan meritoria para aspirar al cielo, como un día solo de vuestro heroísmo.
[20] --¡No se puede decir más y mejor!--exclamó doña Perfecta arrebatada de entusiasmo.
Caballuco se había inclinado hacia adelante en su asiento, poniendo los codos sobre las rodillas. Cuando el canónigo acabó de hablar, tomóle la mano y se la besó con fervor.
[25] --Hombre mejor no ha nacido de madre--dijo el tío Licurgo enjugando o haciendo que enjugaba una lágrima.
--¡Que viva el señor Penitenciario!--gritó Frasquito González poniéndose en pie y arrojando hacia el techo su gorra.
[30] --Silencio--dijo doña Perfecta.--Siéntate, Frasquito. Tú eres de los de mucho ruido y pocas nueces.
--¡Bendito sea Dios, que le dió a usted ese pico de oro!--exclamó Cristóbal inflamado de admiración.--¡Qué dos personas tengo delante! Mientras vivan las dos, ¿para qué se quiere más mundo?... Toda la gente de España 166 debiera ser así... pero ¡cómo ha de ser así si no hay más que pillería! En Madrid, que es la corte de donde vienen leyes y mandarines, todo es latrocinio y farsa. [5] ¡Pobre religión, cómo la han puesto!... No se ven más que pecados.... Señora doña Perfecta, señor D. Inocencio, por el alma de mi padre, por el alma de mi abuelo, por la salvación de la mía, juro que deseo morir.
--¡Morir!
[10] --Que me maten esos perros tunantes, y digo que me maten, porque yo no puedo descuartizarlos a ellos. Soy muy chico.
--Ramos, eres grande--dijo solemnemente la señora.
--¿Grande, grande?... Grandísimo por el corazón; [15] pero ¿tengo yo plazas fuertes, tengo caballería, tengo artillería?
--Esa es una cosa, Ramos--dijo doña Perfecta sonriendo,--de que yo no me ocuparía. ¿No tiene el enemigo lo que a ti te hace falta?
[20] --Sí.
--Pues quítaselo....
--Se lo quitaremos, sí, señora. Cuando digo que se lo quitaremos....
[25] --Querido Ramos--exclamó D. Inocencio.--Envidiable posición es la de usted.... ¡Destacarse, elevarse sobre la vil muchedumbre, ponerse al igual de los mayores héroes del mundo... poder decir que la mano de Dios guía su mano.... ¡Oh, qué grandeza y honor! Amigo mío, no es lisonja. ¡Qué apostura, qué gentileza, qué gallardía!... [30] No; hombres de tal temple no pueden morir. El Señor va con ellos y la bala y hierro enemigos detiénense... no se atreven... ¿qué se han de atrever viniendo de cañón y de manos de herejes?... Querido Caballuco, al ver a usted, al ver su bizarría y caballerosidad, vienen a mi memoria, sin poderlo remediar, los versos de aquel romance 167 de la conquista del imperio de Trapisonda:
Llegó el valiente Roldán de todas armas armado, [5] en el fuerte Briador, su poderoso caballo, y la fuerte Durlindana muy bien ceñida a su lado, la lanza como una entena, [10] el fuerte escudo embrazado.... Por la visera del yelmo fuego venía lanzando; retemblando con la lanza como un junco muy delgado, [15] y a toda la hueste junta fieramente amenazando.
--Muy bien--exclamó Licurgo batiendo palmas.--Y yo digo como D. Renialdos:
¡Nadie en don Renialdos toque [20] si quiere ser bien librado! Quien otra cosa quisiere él será tan bien pagado, que todo el resto del mundo no se escape de mi mano [25] sin quedar pedazos hecho o muy bien escarmentado.
--Ramos, tú querrás cenar; tú querrás tomar algo, ¿no es verdad?--dijo la señora.
--Nada, nada--repuso el Centauro,--denme si acaso [30] un plato de pólvora.