CAPÍTULO II
Que trata de la notable pendencia que Sancho Panza tuvo con la sobrina y ama de Don Quijote, con otros sucesos graciosos.
Mientras estaban en esas pláticas Don Quijote, el cura y el barbero, se armó en el patio una más que regular peltrera entre Sancho de un lado y del otro el ama y la sobrina, pues no querían éstas dejarle entrar, reprochándole de haber sido él quien distraía y sonsacaba a su señor y le llevaba por aquellos andurriales, y replicándoles Sancho que él era el sonsacado y el distraído con engañifas.
Mas cabe aquí hacer notar que acaso el ama y la sobrina no andaban muy lejos de la verdad, pues ambos a la par, Don Quijote y Sancho, se sonsacaban y distraían y se llevaban mutuamente por los andurriales del mundo. El que cree dirigir suele ser en mucha parte el dirigido, y la fe del héroe se alimenta de la que alcanza a infundir en sus seguidores. Sancho era la humanidad para Don Quijote, y Sancho, desfallecido y enardeciéndose a veces en su fe, alimentaba la de su señor y amo. Solemos necesitar de que nos crean para creernos, y si no fuera monstruosa herejía y hasta impiedad manifiesta sostendría que Dios se alimenta de la fe que en él tenemos los hombres. Pensamiento que disfrazándolo con los dioses paganos, expresó profundísima y egregiamente Góngora en aquellos dos diamantinos--por la dureza y por el esplendor--versos que dicen:
_Ídolos a los troncos la escultura, a los ídolos dioses hizo el ruego._
En una misma turquesa forjaron a caballero y escudero, como suponía el cura. Lo más grande y más consolador de la vida que en común hicieron, es el no poderse concebir al uno sin el otro, y que muy lejos de ser dos cabos opuestos, como hay quien mal supone, fueron y son no ya las dos mitades de una naranja, sino un mismo ser visto por dos lados. Sancho mantenía vivo el sanchopancismo de Don Quijote y éste quijotizaba a Sancho, sacándole a flor de alma su entraña quijotesca. Que aunque él dijera _Sancho nací y Sancho pienso morir_, lo cierto es que hay dentro de Sancho mucho Don Quijote.
Y así cuando se quedaron solos, dijo el hidalgo a su escudero lo de _juntos salimos, juntos fuimos y juntos peregrinamos; una misma fortuna y una misma suerte ha corrido por los dos, y lo otro de soy tu cabeza y tú mi parte_... _y por esta razón el mal que a mí me toca o tocare, a ti te ha de doler y a mí el tuyo_, preñadísimas palabras en que mostró el caballero cuan a lo hondo sentía lo uno y mismo que con su escudero era.
CAPÍTULOS III Y IV
Del ridículo razonamiento que pasó entre Don Quijote, Sancho Panza y el bachiller Sansón Carrasco y Donde Sancho Panza satisface al bachiller Sansón Carrasco de sus dudas y preguntas, con otros sucesos dignos de saberse y de contarse.
Siguieron hablando de lo que de ellos se decía por el mundo, radical cuidado de Don Quijote, y luego hizo Sancho venir al bachiller Sansón Carrasco, bachiller por esta Salamanca de mis pecados, típico personaje que entra aquí en tablado. Es este bachiller por Salamanca el hombre más representativo, después de nuestros dos héroes, que en la historia de éstos juega papel; es el cogollo y cifra del sentido común amigo de burlas y regocijos, el cabecilla de los que traían y llevaban, dejándola uno para tomarla otro, la Vida del Ingenioso Hidalgo. Quedóse a comer con Don Quijote y de refilón a burlarse de él para hacer honor a su mesa.
Y el cándido Don Quijote--siempre lo fueron los héroes--al oir hablar de la historia que de sus hazañas andaba compuesta, se encendió en sed de renombre, pues _una de las cosas que más debe de dar contento a un hombre virtuoso y eminente, es verse_--dijo--_viviendo andar con buen nombre por las lenguas de las gentes, impreso y en estampa_, y así y por ello decidió volver a salir y declaró al bachiller su intento y cayó en la simplicidad de pedirle consejo de _por qué parte comenzaría su jornada_.