CAPÍTULO XII
De la extraña aventura que le sucedió al valeroso Don Quijote con el bravo caballero de los Espejos.
Conversando sobre lo que es la comedia del mundo se quedaron amo y escudero debajo de unos altos y sombrosos árboles, cuando les rompió el sueño la llegada del caballero de los Espejos. Y allí fué la plática de los escuderos de un lado y de los caballeros por el otro, y el declarar Sancho que a su amo un niño le haría entender que era de noche en la mitad del día, sencillez por la que le quería como a las telas de su corazón y no se amañaba a dejarle por más disparates que hiciera. Aquí se nos declara la razón del amor que Sancho profesaba a su amo, mas no la de la admiración.
¿Pues qué creíais, Sancho? El héroe es siempre por dentro un niño, su corazón es infantil siempre; el héroe no es más que un niño grande. Tu Don Quijote no fué sino un niño, un niño durante los doce largos años en que no logró romper la vergüenza que le ataba, un niño al engolfarse en los libros de caballerías, un niño al lanzarse en busca de aventuras. ¡Y Dios nos conserve siempre niños, Sancho amigo!
CAPÍTULOS XIII Y XIV
Donde se prosigue la aventura del caballero del Bosque con el discreto, nuevo y suave coloquio que pasó entre los dos escuderos.
Mientras platicaban los escuderos entre sí también platicaban los caballeros, y de esta plática y de haber afirmado el de los Espejos ser vencedor de Don Quijote surgió el que concertasen un duelo bajo condiciones de que el vencido quedara sujeto a obedecer al vencedor. Y así que fué de día fué el lance, derribando Don Quijote al de los Espejos, el bachiller Sansón Carrasco, pues no era otro, que habiendo ido por lana y a llevarse al hidalgo a su casa, salió para la suya trasquilado.
Al descubrirle la visera y ver al bachiller, atribuyólo Don Quijote a magia, mas Sancho, que se había encaramado a un árbol para ver la pelea, le pidió metiese la espada por la boca al que parecía el bachiller Sansón Carrasco. ¡Ah, Sancho, Sancho, y cuán bien se aviene tu impiadosa crueldad de ahora con tu cobardía de antes!
Volvió al cabo en sí el bachiller, confesó aventajar Dulcinea del Toboso en hermosura a Casildea de Vandalia y prometió ir a presentarse a ella. _Todo lo confieso, juzgo y siento como vos lo creéis, juzgáis y sentís--respondió el derrengado caballero_, el burlador burlado, el vencido bachiller. Así, mal que les pese, tienen que declarar los bachilleres ser verdad lo que por tal proclaman los hidalgos; así los burladores son burlados; así el sentido común debe andar por los suelos a botes de la lanza del heroísmo. Pues que ¿no hay sino hacerse el loco para reducir a cordura a los que lo son de veras?