Chapter 18 of 28 · 3995 words · ~20 min read

Part 18

As by a greater gladness urged and drawn They who are dancing in a ring sometimes Uplift their voices and their motions quicken;

So, at that orison devout and prompt, The holy circles a new joy displayed In their revolving and their wondrous Song.

_Idem, canto XIV._]

IX

Más allá hirieron sus oídos con un estrépito discordante mil y mil acentos ásperos y roncos, blasfemias, gritos de venganzas, cantares de orgias, palabras lúbricas, maldiciones de la desesperación, amenazas de impotencia y juramentos sacrílegos de la impiedad.[1]

[Footnote 1: This conception of two distinct places in the other world to which all good words and all evil words go and echo eternally seems to be original with Becquer.]

Teobaldo atravesó el segundo círculo con la rapidez que el meteoro cruza el cielo en una tarde de verano, por no oir su voz que vibraba allí sonante y atronadora, sobreponiéndose á las otras voces en media de aquel concierto infernal.

--_¡ No creo en Dios! ¡ No creo en Dios!_ decia aún su acento agitándose en aquel océano de blasfemias; y Teobaldo comenzaba á creer.

X

Dejó atrás aquellas regiones y atravesó otras inmensidades llenas de visiones terribles, que ni él pudo comprender ni yo acierto á concebir, y llegó al cabo al último círculo[1] de la espiral de los cielos, donde los serafines[2] adoran al Señor, cubierto el rostro con las triples alas[3] y postrados á sus pies.

[Footnote 1: último circulo. Becquer follows no particular metaphysical system in his description of the various heavenly spheres.]

[Footnote 2: serafines. The seraphim ('burning' _or_ 'flaming ones') are the highest order in the hierarchy of angels. They are mentioned by Isaiah (vi. 2).

Dante speaks of the seraph as "that soul in Heaven which is most enlightened." _Paradiso_, canto XXI, Charles Eliot Norton's translation. See p. 47, note 1, and also p. 152, note 1.]

[Footnote 3: cubierto el rostro con las triples alas. Becquer does not follow exactly the Biblical description. "Above it stood the seraphim: each one had six wings; with twain he covered his face, and with twain he covered his feet, and with twain he did fly." Isaiah vi. 2.

In the famous vision of St. Francis of Assisi, at the time that he received his stigmata, the Seraph appeared to him with two wings raised above his head, with two wings stretched out for flight, and with two wings covering his whole body. See Mrs. Oliphant, Francis _of Assisi_, London, Macmillan & Co., 1871, pp. 253-255.]

Él quiso mirarlo.

Un aliento de fuego abrasó su cara, un mar de luz obscureció sus ojos, un trueno gigante retumbó en sus oídos, y arrancado del corcel y lanzado al vacío como la piedra candente que arroja un volcán, se sintió bajar, y bajar sin caer nunca, ciego, abrasado y ensordecido, como cayó el ángel rebelde cuando Dios derribó el pedestal de su orgullo con un soplo de sus labios.[1]

[Footnote 1: Compare--

Nine days they fell; confounded Chaos roared, And felt tenfold confusion in their fall Through his wild anarchy; so huge a rout Encumbered him with ruin. Hell at last, Yawning, received them whole, and on them closed-- Hell, their fit habitation, fraught with fire Unquenchable, the house of woe and pain. Milton, _Paradise Lost_, book vi.]

* * * * *

I

La noche había cerrado, y el viento gemía agitando las hojas de los árboles, por entre cuyas frondosas ramas se deslizaba un suave rayo de luna, cuando Teobaldo, incorporándose sobre el codo y restregándose los ojos como si despertara de un profundo sueño, tendió alrededor una mirada y se encontró en el mismo bosque donde hirió al jabalí, donde cayó muerto su corcel; donde le dieron aquella fantástica cabalgadura que le había arrastrado á unas regiones desconocidas y misteriosas.

Un silencio de muerte reinaba á su alrededor; un silencio que sólo interrumpía el lejano bramido de los ciervos, el temeroso murmullo de las hojas, y el eco de una campana distante que de vez en cuando traía el viento en sus ráfagas.

--Habré soñado, dijo el barón: y emprendió su camino al través del bosque, y salió al fin á la llanura.

II

En lontananza, y sobre las rocas de Montagut, vió destacarse la negra silueta de su castillo, sobre el fondo azulado y transparente del cielo de la noche.--Mi castillo está lejos y estoy cansado, murmuró; esperaré el día en un lugar cercano, y se dirigió al lugar.--Llamó á la puerta.--¿Quien sois? le preguntaron.--El barón de Fortcastell, respondió, y se le rieron en sus barbas.--Llamó á otra.--¿Quién sois y que queréis? tornaron á preguntarle.--Vuestro señor, insistió el caballero, sorprendido de que no le conociesen; Teobaldo de Montagut.[1]--¡Teobaldo de Montagut! dijo colérica su interlocutora, que no era una vieja; ¡Teobaldo de Montagut el del cuento!... ¡Bah!... Seguid vuestro camino, y no vengáis á sacar de su sueño á las gentes honradas para decirles chanzonetas insulsas.

[Footnote 1: Teobaldo de Montagut. See p. 140, note 1.]

III

Teobaldo, lleno de asombro, abandonó la aldea y se dirigió al castillo, á cuyas puertas llego cuando apenas clareaba el día. El foso estaba cegado con los sillares de las derruidas almenas; el puente levadizo, inútil ya, se pudría colgado aún de sus fuertes tirantes de hierro, cubiertos de orín por la acción de los años; en la torre del homenaje tañia lentamente una campana; frente al arco principal de la fortaleza y sobre un pedestal de granito se elevaba una cruz; en los muros no se veía un solo soldado; y confuso, y sordo, parecía que de su seno se elevaba como un murmullo lejano, un himno religioso, grave, solemne y magnífico.

--¡Y este es mi castillo, no hay duda! decía Teobaldo, paseando su inquieta mirada de un punto á otro, sin acertar á comprender lo que le pasaba. ¡Aquel es mi escudo, grabado aún sobre la clave del arco! ¡Ese es el valle de Montagut! Estas tierras que domina, el señorio de Fortcastell....

En aquel instante las pesadas hojas de la puerta giraron sobre sus goznes y apareció en su dintel un religioso.

IV

--¿Quién sois y que hacéis aquí? preguntó Teobaldo al monje.

--Yo soy, contestó éste, un humilde servidor de Dios, religioso del monasterio de Montagut.

--Pero ... interrumpió el barón, Montagut ¿no es un señorío?

--Lo fué, prosiguió el monje ... hace mucho tiempo. ... Á su último señor, según cuentan, se le llevó el diablo; y como no tenía á nadie que le sucediese en el feudo, los condes soberanos[1] hicieron donación de estas tierras á los religiosos de nuestra regla, que están aquí desde hará cosa de ciento á ciento veinte años. Y vos ¿quién sois?

[Footnote 1: condes soberanos. See p. 121, note 1, and p. 123, l. 22.]

--Yo ... balbuceó el barón de Fortcastell, después de un largo rato de silencio; yo soy ... un miserable pecador, que arrepentido de sus faltas, viene á confesarlas á vuestro abad, y 15 á pedirle que le admita en el seno de su religión.

LAS HOJAS SECAS

El sol se había puesto: las nubes, que cruzaban hechas jirones sobre mi cabeza, iban á amontonarse unas sobre otras en el horizonte lejano. El viento frio de las tardes de otoño arremolinaba las hojas secas á mis pies.

Yo estaba sentado al borde de un camino,[1] por donde siempre vuelven menos de los que van.

[Footnote 1: un camino. The road to the cemetery.]

No sé en qué pensaba, si en efecto pensaba entonces en alguna cosa. Mi alma temblaba á punto de lanzarse al espacio, como el pajáro tiembla y agita ligeramente las alas antes de levantar el vuelo.

Hay momentos en que, merced á una serie de abstracciones, el espíritu se sustrae á cuanto le rodea, y replegándose en sí mismo analiza y comprende todos los misteriosos fenómenos de la vida interna del hombre.

Hay otros en que se desliga de la carne, pierde su personalidad y se confunde con los elementos de la naturaleza, se relaciona con su modo de ser, y traduce su incomprensible lenguaje.

Yo me hallaba en uno de estos últimos momentos, cuando solo y en medio de la escueta llanura, oí hablar cerca de mí.

Eran dos hojas secas las que hablaban, y éste, poco más ó menos, su extraño diálogo:

¿De donde vienes, hermana?

--Vengo de rodar con el torbellino, envuelta en la nube del polvo y de las hojas secas nuestras compañeras, á lo largo de la interminable llanura. ¿Y tú?

--Yo he seguido algún tiempo la corriente del río, hasta que el vendaval me arranco de entre el légamo y los juncos de la orilla.

--¿Y adónde vas?

--No lo sé[1]: ¿lo sabe acaso el viento que me empuja?

[Footnote 1: ¿Y adónde vas?--No lo sé. Compare these well-known verses by the French poet Arnault:

De ta tige détachée, Pauvre feuille desséchée, Oh vas-tu?--Je n'en sais rien. L'orage a brisé le chêne Qui seul était mon soutien; De son inconstante haleine Le zéphyr ou l'aquilon Depuis ce jour me promène De la forêt a la plaine, De la montagne au vallon. Je vais oh le vent me mene, Sans me plaindre ou m'effrayer; Je vais où va toute chose, Oh va la fenille de rose Et la feuille de laurier.]

--¡Ay! ¿Quién diría que habíamos de acabar 'amarillas y secas arrastrándonos por la tierra, nosotras que vivimos vestidas de color y de luz meciéndonos en el aire?

--Te acuerdas de los hermosos días en que brotamos; de aquella apacible mañana en que, roto el hinchado botón que nos servía de cuna, nos desplegamos al templado beso del sol como un abanico de esmeraldas?

--¡Oh! ¡Qué dulce era sentirse balanceada por la brisa á aquella altura, bebiendo por todos los poros el aire y la luz!

--¡Oh! ¡Qué hermoso era ver correr el agua del río que lamía las retorcidas raíces del añoso tronco que nos sustentaba, aquel agua limpia y trasparente que copiaba como un espejo el azul del cielo, de modo que creíamos vivir suspendidas entre dos abismos azules!

--¡Con qué placer nos asomábamos por cima de las verdes frondas para vernos retratadas en la temblorosa corriente!

--¡Cómo cantábamos juntas imitando el rumor de la brisa y siguiendo el ritmo de las ondas!

--Los insectos brillantes revoloteaban desplegando sus alas de gasa á nuestro alrededor.

--Y lás mariposas blancas y las libélulas azules, que giran por el aire en extraños círculos, se paraban un momento en nuestros dentellados bordes á contarse los secretos de ese misterioso amor que dura un instante y les consume la vida.[1]

[Footnote 1: y les consume la vida. This is strictly true of the honey-bee, but not to my knowledge of butterflies or dragon-flies.]

--Cada cual de nosotras era una nota en el concierto de los bosques.

--Cada cual de nosotras era un tono en la armonía de su color.

--En las noches de luna, cuando su plateada luz resbalaba sobre la cima de los montes, ¿te acuerdas cómo charlábamos en voz baja entre las diáfanas sombras?

--Y referíamos con un blando susurro las historias de los silfos que se columpian en los hilos de oro que cuelgan las arañas entre los árboles.

--Hasta que suspendíamos nuestra monótona charla para oir embebecidas las quejas del ruiseñor, que había escogido nuestro tronco por escabel.

--Y eran tan tristes y tan suaves sus lamentos que, aunque lenas de gozo al oirle,[1] nos amanecía llorando.

[Footnote 1: oirle. See p. 66, note 1.]

--¡Oh! ¡Qué dulces eran aquellas lágrimas que nos prestaba el rocío de la noche y que resplandecían con todos los colores del iris á la primera luz de la aurora!

--Después vino la alegre banda de jilgueros á llenar de vida y de ruidos el bosque con la alborozada y confusa algarabia de sus cantos.

--Y una enamorada pareja, colgó junto á nosotras su redondo nido de aristas y de plumas.

--Nosotras servíamos de abrigo á los pequeñuelos contra las molestas gotas de la lluvia en las tempestades de verano.

--Nosotras les servíamos de dosel y los defendíamos de los importunos rayos del sol.

--Nuestra vida pasaba como un sueño de oro, del que no sospechábamos que se podría despertar.

--Una hermosa tarde en que todo parecía sonreir á nuestro alrededor, en que el sol poniente encendía el ocaso y arrebolaba las nubes, y de la tierra ligeramente húmeda se levantaban efluvios de vida y perfumes de flores, dos amantes se detuvieron á la orilla del agua y al pie del tronco que nos sostenía.

--¡Nunca se borrará ese recuerdo de mi memoria! Ella era joven, casi una niña, hermosa y pálida. Él le decía con ternura:--¿Por qué lloras?--Perdona este involuntario sentimiento de egoísmo, le respondió ella enjugándose una lágrima; lloro por mí. Lloro la vida que me huye: cuando el cielo se corona de rayos de luz, y la tierra se viste de verdura y de flores, y el viento trae perfumes y cantos de pájaros y armonías distantes, y se ama y se siente una amada ¡la vida es buena!--¿Y por que no has de vivir? insistió él estrechándole las manos conmovido.--Porque es imposible. Cuando caigan secas--esas hojas que murmuran armoniosas sobre nuestras cabezas, yo moriré también, y el viento llevará algún día su polvo y el mío ¿quién sabe adónde?

--Yo lo oí y tú lo oiste, y nos estremecimos y callamos. ¡Debiamos secarnos! ¡Debiamos morir y girar arrastradas por los remolinos del viento! Mudas y llenas de terror permanecíamos aún cuando llegó la noche. ¡Oh! ¡Que noche tan horrible!

--Por la primera vez faltó á su cita el enamorado ruiseñor que la encantaba con sus quejas.

--Á poco volaron los pájaros, y con ellos sus pequeñuelos ya vestidos de plumas; y quedó el nido solo, columpiándose lentamente y triste, como la cuna vacía de un niño muerto.

--Y huyeron las mariposas blancas y las libélulas azules, dejando su lugar á los insectos obscuros que venían á roer nuestras fibras y á depositar en nuestro seno sus asquerosas larvas.

--¡Oh! ¡Y cómo nos estremecíamos encogidas al helado contacto de las escarchas de la noche!

--Perdimos el color y la frescura.

--Perdimos la suavidad y las formas, y lo que antes al tocarnos era como rumor de besos, como murmullo de palabras de enamorados, luego se convirtió en áspero ruido, seco, desagradable y triste.

--¡Y al fin volamos desprendidas!

--Hollada bajo el pie de indiferente pasajero, sin cesar arrastrada de un punto á otro entre el polvo y el fango, me he juzgado dichosa cuando podía reposar un instante en el profundo surco de un camino.

--Yo he dado vueltas sin cesar arrastrada por la turbia corriente, y en mi larga peregrinación vi, solo, enlutado y sombrío, contemplando con una mirada distraída las aguas que pasaban y las hojas secas que marcaban su movimiento, á uno de los dos amantes cuyas palabras nos hicieron presentir la muerte.

--¡Ella también se desprendió de la vida y acaso dormirá en una fosa reciente, sobre la que yo me detuve un momento!

--¡Ay! Ella duerme y reposa al fin; pero nosotras, cuando acabaremos este large viaje?...

--¡Nunca!...Ya el viento que nos dejó reposar un punto vuelve á soplar, y ya me siento estremecida para levantarme de la tierra y seguir con él. ¡Adiós, hermana!

--¡Adiós!...

Silbó el aire que había permanecido un momento callado, y las hojas se lavantaron en confuso remolino, perdiéndose á 10 lejos entre las tineblas de la noche.

Y yo pensé entonces algo que no puedo recordar, y que, aunque lo recordase, no encontraría palabras para decirlo.

RIMAS

I[1]

Yo sé un himno gigante y extraño Que anuncia en la noche del alma una aurora, Y estas páginas son de ese himno Cadencias que el aire dilata en las sombras.

Yo quisiera escribirle,[2] del hombre Domando el rebelde, mezquino idioma, Con palabras que fuesen á un tiempo Suspiros y risas, colores y notas.

Pero en vano es luchar; que no hay cifra Capaz de encerrarlo, y apenas ¡oh hermosa! Si, teniendo en mis manos las tuyas, Pudiera, al oirlo, cantártelo á solas.

[Footnote 1: This poem is made up of alternate decasyllabic anapests and dodecasyllabic amphibrachs, thus:

-- -- / | -- -- / | -- -- / | -- -- / -- | -- / -- | -- / -- | -- / --

The even verses have the same assonance throughout.]

[Footnote 2: escribirle. Le refers to _himno_. See p. 66, note 1.]

IV[1]

No digáis que agotado su tesoro, De asuntos falta,[2] enmudeció la lira: Podrá no haber poetas; pero siempre Habrá poesía.

Mientras las ondas de la luz al beso[3] Palpiten encendidas; Mientras el sol las desgarradas nubes De fuego y oro vista;

Mientras el aire en su regazo lleve Perfumes y armonías; Mientras haya en el mundo primavera, ¡Habrá poesía!

Mientras la ciencia á descubrir no alcance Las fuentes de la vida, Y en el mar ó en el cielo haya un abismo Que al cálculo resista;[4] Mientras la humanidad siempre avanzando No sepa á do camina;[5] Mientras haya un misterio para el hombre, ¡Habrá poesía!

Mientras sintamos que se alegra el alma, Sin que los labios rían; Mientras se llore sin que el llanto acuda Á nublar la pupila;

Mientras el corazón y la cabeza[6] Batallando prosigan; Mientras haya esperanzas y recuerdos, ¡Habrá poesía!

Mientras haya unos ojos que reflejen Los ojos que los miran; Mientras responda el labio suspirando Al labio que suspira; Mientras sentirse puedan en un beso Dos almas confundidas; Mientras exista una mujer hermosa, ¡Habrá poesía!

[Footnote 1: This poem is composed of hendecasyllabic and heptasyllabic verses, with a pentasyllabic refrain. The hendecasyllabic verses are partly of the first and partly of the second class (see Introduction), while the heptasyllabic verses have the required accent on the sixth syllable, with at least one minor variable accent, and the pentasyllabic verses on the fourth, according to rule. The even verses have the same assonance throughout.]

[Footnote 2: De asuntos falta = 'through (_or_ for) lack of subjects.' Prose order--_falta de asuntos_.]

[Footnote 3: de la luz al beso. Prose order--al beso de la luz.]

[Footnote 4: Mientras... resista. Man's inability to solve these sovereign problems is nowhere more poetically expressed than in Edward Fitzgerald's translation of Omar Khayyam's _Rubáiyát._ Compare--

(XXVII) Myself when young did eagerly frequent Doctor and Saint, and heard great argument About it and about: but evermore, Came out by the same door where in I went.

(XXXI) Up from Earth's Center through the Seventh Gate I rose, and on the Throne of Saturn sate, And many a Knot unravel'd by the Road; But not the Master-knot of Human Fate.]

[Footnote 5: No sepa á do camina. This doubt seems to assail frequently the mind of Becquer, as it does that of the old Persian poet Omar Khayyam:

(XXIX) Into this Universe, and _Why_ not knowing Nor _Whence_, like water willy-nilly flowing; And out of it, as Wind along the Waste I know not _Whither_, willy-nilly blowing.

(LXIV) Strange, is it not? that of the myriads who Before us pass'd the door of Darkness through, Not one returns to tell us of the Road, Which to discover we must travel too.

_Rubáiyát--Edward Fitzgerald's translation._]

[Footnote 6: el corazón y la cabeza. Compare--

It is the heart, and not the brain, That to the highest doth attain.

Longfellow, _The Building of the Ship._]

VII[1]

Del salón en el ángulo obscuro, De su dueño tal vez olvidada, Silenciosa y cubierta de polvo Veíase el arpa.

¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas, Como el pájaro duerme en las ramas, Esperando la mano de nieve Que sabe arrancarlas![2]

¡Ay! pensé; ¡cuántas veces el genio Así duerme en el fondo del alma, Y una voz, como Lázaro,[3] espera Que le diga: «Levántate y anda!»

[Footnote 1: This poem is composed of decasyllabic anapests and of hexasyllabic amphibrachs, thus:

-- -- / | -- -- / | -- -- / | -- -- / -- | -- / --

The even verses have the same assonance throughout.]

[Footnote 2: For this idea, compare--

Je suis dans un salon comme une mandoline Oubliée en passant sur le bord d'un coussin. Elle renferme en elle une langue divine, Mais si son mattre dort, tout reste dans son sein.

Alfred de Musset, _A quoi rêvent les jeunes filles_, Act 1, SC. iv.]

[Footnote 3: Lázaro = 'Lazarus.' See Gospel by St. John, chapter II. Read Stephen Phillips' beautiful poem entitled "Lazarus," pp. 45-47 of his _Poems_, published by John Lane, London, 1901.]

IX[1]

Besa el aura que gime blandamente Las leves ondas que jugando riza; El sol besa á la nube en occidente Y de púrpura y oro la matiza; La llama en derredor del tronco ardiente Por besar á otra llama se desliza, Y hasta el sáuce, inclinándose á su peso, Al río, que le besa, vuelve un beso.

[Footnote 1: This poem, of the form called Octava _real_, with the regular rhyme scheme _a b a b a b c c_, is composed of hendecasyllabic verses of the first class, save the 2d, which is of the second class.]

X[1]

Los invisibles átomos del aire En derredor palpitan y se inflaman; El cielo se deshace en rayos de oro; La tierra se estremece alborozada; Oigo flotando en olas de armonía Rumor de besos y batir de alas; Mis párpados se cierran... ¿Qué sucede? --!Es el amor que pasa![2]

[Footnote 1: This poem is an _Octava_ composed, with the exception of the concluding heptasyllabic verse, of hendecasyllabic verses, all of which are of the first class, save the 6th, which is of the second class. Note the hiatus in the 6th verse. The even verses have the same assonance.]

[Footnote 2: Note Mrs. Ward's translation (_Macmillan's Mag._, Feb., 1883, p. 316).

The viewless atoms of the air Around me palpitate and burn, All heaven dissolves in gold, and earth Quivers with new-found joy. Floating on waves of harmony I hear A stir of kisses, and a sweep of wings; Mine eyelids close--"What pageant nears?" "'Tis Love that passes by!"]

XIII[1]

Tu pupila es azul, y cuando ríes, Su claridad suave me recuerda El trémulo fulgor de la mañana Que en el mar se refleja.

_Tu pupila es azul; y cuando lloras, Las trasparentes lágrimas en ella Se me figuran gotas de rocío Sobre una violeta._

Tu pupila es azul, y si en su fondo Como un punto de luz radia una idea,[2] Me parece en el cielo de la tarde ¡Una perdida estrella!

[Footnote 1: Each stanza of this poem is composed of three hendecasyllabic verses of the first class, followed by a heptasyllabic verse. The even verses of the poem have the same assonance throughout.]

[Footnote 2: radia una idea = 'there gleams some fancy.']

XIV[1]

Te ví un punto,[2] y, flotando ante mis ojos La imagen de tus ojos se quedó, Como la mancha obscura, orlada en fuego, Que flota y ciega, si se mira al sol.

Adonde quiera que la vista fijo, Torno á ver sus pupilas llamear, Mas no te encuentro á tí; que es tu mirada: Unos ojos, los tuyos, nada más.

De mi alcoba en el ángulo los miro Desasidos fantásticos lucir:[3] Cuando duermo los siento que se ciernen De par en par abiertos sobre mí.

Yo sé que hay fuegos fátuos que en la noche Llevan al caminante á perecer: Yo me siento arrastrado por tus ojos, Pero adónde me arrastran, no lo sé.

[Footnote 1: This poem is composed chiefly of hendecasyllabic verses of the first class. The even verses of each stanza are _agudos_ and assonanced.]

[Footnote 2: un punto = 'but a moment.']

[Footnote 3: los miro desasidos fantásticos lucir = 'I watch them shine like orbs fantastic.' Mrs. Ward translates this stanza as follows:

In my room's furthest corner I behold Their strange fantastic blaze, And when I sleep I feel them watch Unmoved and open o'er my head.

See Macmillan's Magazine, February, 1883, P--317.]

XV[1]