Part 3
--Lo hago con el derecho de un hermano mayor, de un maestro, de un padre; que todo esto soy para él.... ¡Lo hago en el nombre de Dios, os vuelvo a decir!--Respetadlo..., para bien de vuestra alma.
25 Y, así diciendo, el religioso cubrió su cabeza con la capucha y se alejó a lo largo del templo.[31-3]
--Vámonos[31-4] (dijo Rubens.) Yo sé lo que me toca hacer.
--¡Maestro! (exclamó uno de los discípulos, que durante la 30 anterior conversación había estado mirando alternativamente al lienzo y al religioso.) ¿No creéis, como yo, que ese viejo frailuco se parece muchísimo al joven que se muere en este cuadro?
--¡Calla![31-5] ¡Pues es verdad!--exclamaron todos.
--Restad las arrugas y las barbas, y sumad los treinta años que manifiesta la pintura, y resultará que el maestro tenía (p32) razón cuando decía que ese religioso muerto era a un mismo tiempo retrato y obra de un religioso vivo.--Ahora bien: ¡Dios me confunda si ese religioso vivo no es el Padre Prior!
Entretanto Rubens, sombrío, avergonzado y enternecido profundamente, 05 veía alejarse al anciano, el cual lo saludó cruzando los brazos sobre el pecho poco antes de desaparecer.
--¡_Él era_..., sí!... (balbuceó el artista.)--¡Oh!... Vamonos.... (añadió volviéndose a sus discípulos.) ¡Ese hombre tenía razón! ¡Su gloria vale más que la mía!--¡Dejémoslo 10 morir en paz!
Y dirigiendo una última mirada al lienzo que tanto le había sorprendido, salió del templo y se dirigió a Palacio,[32-1] donde lo honraban SS. MM. teniéndole a la mesa.[32-2]
Tres días después volvió Rubens, enteramente solo, a aquella 15 humilde capilla, deseoso de contemplar de nuevo la maravillosa pintura, y aun de hablar otra vez con su presunto autor.
Pero el cuadro no estaba ya en su sitio.
En cambio se encontró con que[32-3] en la nave principal del templo había un ataúd en el suelo, rodeado de toda la comunidad, 20 que salmodiaba el Oficio de difuntos....
Acercóse a mirar el rostro del muerto, y vió que era el Padre Prior.--¡Gran pintor fué!... (dijo Rubens, luego que la sorpresa y el dolor hubieron cedido lugar a otros sentimientos.)--¡Ahora 25 es cuando más se parece a su obra!
Madrid, 1858.
EL AFRANCESADO (p33)
I
En la pequeña villa del _Padrón_, sita en territorio gallego,[33-1] y allá por el año[33-2] del 1808, vendía sapos y culebras y agua llovediza,[33-3] a fuer de legítimo boticario, un tal GARCÍA[33-4] DE PAREDES, misántropo solterón, descendiente acaso, y sin acaso, 05 [33-5] de aquel varón[33-6] ilustre que mataba un toro de una [puñada.]
Era una fría y triste noche de otoño. El cielo estaba encapotado por densas nubes, y la total carencia de alumbrado terrestre dejaba a las tinieblas campar por su respeto[33-7] en todas las calles y plazas de la población.
10 A eso de las diez de aquella pavorosa noche, que las lúgubres circunstancias de la patria hacían mucho más siniestra, desembocó en la plaza que hoy se llamará[33-8] _de la Constitución_ un silencioso grupo de sombras, aun más negras que la obscuridad de cielo y tierra, las cuales avanzaron hacia la botica de García de 15 Paredes, cerrada completamente desde _las Ánimas_,[33-9] o sea desde las ocho y media en punto.
--¿Qué hacemos?[33-10]--dijo una de las sombras en correctísimo gallego.
--Nadie nos ha visto....--observó otra.
20 --¡Derribar la puerta!--propuso una mujer.
--¡Y matarlos!--murmuraron hasta quince voces.
--¡Yo me encargo del boticario!--exclamó un chico.
--¡De ése nos encargamos todos!
--¡Por judío![33-11]
25 --¡Por _afrancesado_!
--Dicen que hoy cenan con él más de veinte franceses....
--¡Ya lo creo! ¡Como saben que ahí están seguros, han acudido en montón! (p34) --¡Ah! Si fuera en mi casa! ¡Tres alojados llevo echados[34-1] al pozo!
--¡Mi mujer degolló ayer a uno!...
--¡Y yo... (dijo un fraile con voz de figle) he asfixiado a 05 dos capitanes, dejando carbón encendido en _su celda_, que antes era mía![34-2]
--¡Y ese infame boticario los protege!
--¡Qué expresivo estuvo ayer en paseo con esos viles excomulgados!
10 --¡Quién lo había de esperar[34-3] de García de Paredes! ¡No hace un mes que era el más valiente, el más patriota, el más realista del pueblo!
--¡Toma! ¡Como que[34-4] vendía en la botica retratos del príncipe Fernando![34-5]
15 --¡Y ahora los vende de Napoleón!
--Antes nos excitaba a la defensa contra los invasores....
--Y desde que vinieron al Padrón se pasó a ellos....
--¡Y esta noche da de cenar a todos los jefes!
--¡Oíd qué algazara traen![34-6] ¡Pues no gritan _¡viva el 20 Emperador!_
--Paciencia.... (murmuró el fraile.) Todavía es muy temprano.
--Dejémosles emborracharse.... (expuso una vieja.) Después entramos[34-7]... ¡y ni uno ha de quedar vivo!
25 --¡Pido que se haga cuartos[34-8] al boticario!
--¡Se le hará ochavos,[34-9] si queréis! Un _afrancesado_ es más odioso que un francés. El francés atropella a un pueblo extraño: el afrancesado vende y deshonra a su patria. El francés comete un asesinato: el afrancesado ¡un parricidio!
II
30 Mientras ocurría la anterior escena en la puerta de la botica, _García de Paredes_ y sus convidados corrían la francachela[34-10] más alegre y desaforada que os podáis figurar. (p35) Veinte eran, en efecto, los franceses que el boticario tenía a la mesa, todos ellos jefes y oficiales.
_García de Paredes_ contaría[35-1] cuarenta y cinco años; era alto y seco y más amarillo que una momia; dijérase[35-2] que su 05 piel estaba muerta hacía mucho tiempo; llegábale la frente a la nuca, gracias a una calva limpia y reluciente, cuyo brillo tenía algo de fosfórico; sus ojos, negros y apagados, hundidos en las descarnadas cuencas, se parecían a esas lagunas encerradas entre montañas, que sólo ofrecen obscuridad, vértigos y muerte 10 al que las mira; lagunas que nada reflejan; que rugen sordamente alguna vez,[35-3] pero sin alterarse; que devoran todo lo que cae en su superficie; que nada devuelven; que nadie ha podido sondear; que no se alimentan de ningún río, y cuyo fondo busca la imaginación en los mares antípodas.
15 La cena era abundante, el vino bueno, la conversación alegre y animada.
Los franceses reían, juraban, blasfemaban, cantaban, fumaban, comían y bebían a un mismo tiempo.
Quién[35-4] había contado los amores secretos de Napoleón; 20 quién la noche del 2 de Mayo[35-5] en Madrid; cuál[35-6] la batalla de las Pirámides;[35-7] cuál otro la ejecución de Luis XVI.[35-8]
_García de Paredes_ bebía, reía y charlaba como los demás, o quizás más que ninguno;[35-9] y tan elocuente había estado en favor de la causa imperial, que los soldados del César[35-10] lo habían 25 abrazado, lo habían vitoreado, le habían improvisado himnos.
--¡Señores! (había dicho el boticario): la guerra que os hacemos los españoles es tan necia como inmotivada. Vosotros, hijos de la Revolución, venís a sacar a España[35-11] de su tradicional abatimiento, a despreocuparla, a disipar las tinieblas 30 religiosas, a mejorar sus anticuadas costumbres, a enseñarnos esas utilísimas e inconcusas «verdades de que no hay Dios, de que no hay otra vida, de que la penitencia, el ayuno, la castidad y demás virtudes católicas son quijotescas[35-12] locuras, impropias de un pueblo civilizado, y de que Napoleón es el verdadero Mesías, el(p36) redentor de los pueblos, el amigo de la especie humana....» ¡Señores! ¡Viva el Emperador cuanto yo deseo que viva!
--¡Bravo, vítor!--exclamaron los hombres del 2 de Mayo.
El boticario inclinó la frente con indecible angustia.
05 Pronto volvió a alzarla, tan firme y tan sereno como antes.
Bebióse un vaso de vino, y continuó:
--Un abuelo mío, un _García de Paredes_, un bárbaro, un Sansón,[36-1] un Hércules, un Milón de Crotona,[36-2] mató doscientos franceses en un día.... Creo que fué en Italia. ¡Ya veis que 10 no era tan _afrancesado_ como yo! ¡Adiestróse en las lides contra los moros del reino de Granada; armóle caballero el mismo Rey Católico,[36-3] y montó más de una vez la guardia en el Quirinal,[36-4] siendo Papa _nuestro tío_ Alejandro Borja! [36-5] ¡Eh, eh! ¡No me hacíais tan linajudo!--Pues este DIEGO GARCÍA DE 15 PAREDES, este ascendiente mío..., que ha tenido un descendiente boticario, tomó a Cosenza y Manfredonia; entró por asalto en Cerinola, y peleó como bueno[36-6] en la batalla de Pavía![36-7] ¡Allí _hicimos_ prisionero a un rey de Francia, cuya espada ha estado en Madrid cerca de tres siglos, hasta que nos la robó 20 hace tres meses ese hijo de un posadero que viene a vuestra cabeza, y a quien llaman Murat![36-8]
Aquí hizo otra pausa el boticario. Algunos franceses demostraron querer contestarle; pero él, levantándose, e imponiendo a todos silencio con su actitud, empuñó convulsivamente un 25 vaso, y exclamó con voz atronadora:
--¡Brindo, señores, porque maldito sea mi abuelo, que era un animal, y porque se halle ahora mismo en los profundos infiernos!--¡Vivan los franceses de Francisco I[36-9] y de Napoleón Bonaparte!
30 --¡Vivan!...--respondieron los invasores, dándose por satisfechos.
Y todos apuraron su vaso.
Oyóse en esto[36-10] rumor en la calle, o, mejor dicho, a la puerta de la botica. (p37) --¿Habéis oído?--preguntaron los franceses.
_García de Paredes_ se sonrió.
--¡Vendrán[37-1] a matarme!--dijo.
--¿Quién?
05 --Los vecinos[37-2] del Padrón.
--¿Por qué?
--¡Por _afrancesado_!--Hace algunas noches que rondan mi casa....--Pero ¿qué nos importa?--Continuemos nuestra fiesta.
10 --Sí... ¡continuemos! exclamaron los convidados. ¡Estamos aquí para defenderos!
Y chocando ya botellas contra botellas, que no[37-3] vasos contra vasos.
--¡Viva Napoleón! ¡Muera Fernando![37-4] ¡Muera Galicia![37-5] 15 --gritaron a una voz.
_García de Paredes_ esperó a que[37-6] se acallase el brindis, y murmuró con acento lúgubre:
--¡Celedonio!
El mancebo[37-7] de la botica asomó por una puertecilla su cabeza 20 pálida y demudada, sin atreverse a penetrar en aquella caverna.
--Celedonio, trae papel y tintero--dijo tranquilamente el boticario.
El mancebo volvió con recado de escribir.[37-8]
--¡Siéntate! (continuó su amo.)--Ahora, escribe las cantidades 25 que yo te vaya diciendo. Divídelas en dos columnas. Encima de la columna de la derecha, pon: _Deuda_,[37-9] y encima de la otra: _Crédito_.
--Señor... (balbuceó el mancebo.)--En la puerta hay una especie de motín.... Gritan _¡muera el boticario!_... 30 Y ¡quieren entrar!
--¡Cállate y déjalos!--Escribe lo que te he dicho.
Los franceses se rieron de admiración al ver al farmacéutico ocupado en ajustar cuentas cuando le rodeaban la muerte y la ruina. (p38) Celedonio alzó la cabeza y enristró la pluma, esperando cantidades que anotar.
--¡Vamos a ver, señores! (dijo entonces _García de Paredes_, dirigiéndose a sus comensales.)--Se trata de resumir nuestra 05 fiesta en un solo brindis. Empecemos por orden de colocación.
--Vos,[38-1] Capitán, decidme: ¿cuántos españoles habréis matado[38-2] desde que pasasteis los Pirineos?[38-3]
--¡Bravo! ¡Magnífica idea!--exclamaron los franceses.
--Yo.... (dijo el interrogado, trepándose en la silla y 10 retorciéndose el bigote con petulancia.) Yo... habré matado... personalmente... con mi espada... ¡poned unos diez o doce!
--¡Once a la derecha![38-4]--gritó el boticario, dirigiéndose al mancebo.
15 El mancebo repitió, después de escribir:
--_Deuda_... once.
--¡Corriente! (prosiguió el anfitrión.)--¿Y vos?...--Con vos hablo, señor Julio....
--Yo... seis.
20 --¿Y vos, mi Comandante?
--Yo... veinte.
--Yo... ocho.
--Yo catorce.
--Yo... ninguno.
25 --¡Yo no sé!...; he tirado a ciegas....--respondía cada cual, según le llegaba su turno.
Y el mancebo seguía anotando cantidades a la derecha.
--¡Veamos ahora, Capitán! (continuó _García de Paredes_.)--Volvamos a empezar[38-5] por vos. ¿Cuántos españoles esperáis 30 matar en el resto de la guerra, suponiendo que dure todavía... tres años?
--¡Eh!... (respondió el Capitán.)--¿Quién calcula[38-6] eso?
--Calculadlo...; os lo suplico....
--Poned otros once. (p39) --Once a la izquierda....--dictó _García de Paredes_.
Y Celedonio repitió:
--_Crédito_, once.
--¿Y vos?--interrogó el farmacéutico por el mismo orden[39-1] 05 seguido anteriormente.
--Yo... quince.
--Yo... veinte.
--Yo... ciento.
--Yo... mil--respondían los franceses.
10 --¡Ponlos todos a _diez_, Celedonio!... (murmuró irónicamente el boticario.)--Ahora, suma por separado[39-2] las dos columnas.
El pobre joven, que había anotado las cantidades con sudores de muerte, vióse obligado a hacer el resumen con los dedos, 15 como las viejas. Tal era su terror.
Al cabo de un rato de horrible silencio, exclamó, dirigiéndose a su amo:
--_Deuda_..., 285.--_Crédito_..., 200.
--Es decir... (añadió _García de Paredes_), ¡doscientos 20 ochenta y cinco _muertos_, y doscientos _sentenciados_! ¡Total, cuatrocientas ochenta y cinco _víctimas_!!!
Y pronunció estas palabras con voz tan honda y sepulcral, que los franceses se miraron alarmados.
En tanto, el boticario ajustaba una nueva cuenta.
25 --¡Somos unos héroes!--exclamó al terminarla.--Nos hemos bebido[39-3] setenta botellas, o sean[39-4] ciento cinco libras y media de vino, que, repartidas entre veintiuno, pues todos hemos bebido con igual bizarría, dan cinco libras de líquido por cabeza.--¡Repito que somos unos héroes!
30 Crujieron en esto las tablas de la puerta de la botica, y el mancebo balbuceó tambaleándose:
--¡Ya entran!...
--¿Qué hora es?--preguntó el boticario con suma tranquilidad. (p40) --Las once. Pero ¿no oye usted que entran?
--¡Déjalos! _Ya es hora_.[40-1]
--¡Hora!... ¿de qué?--murmuraron los franceses, procurando levantarse.
05 Pero estaban tan _ebrios_, que no podían moverse de sus sillas.
--¡Que entren![40-2] ¡Que entren!... (exclamaban, sin embargo, con voz vinosa, sacando los sables con mucha dificultad y sin conseguir ponerse de pie.) ¡Que entren esos canallas! ¡Nosotros los recibiremos!
10 En esto,[40-3] sonaba ya abajo, en la botica, el estrépito de los botes y redomas que los vecinos[40-4] del Padrón hacían pedazos, y oíase resonar en la escalera este grito unánime y terrible:
--¡Muera el _afrancesado_!
III
Levantóse _García de Paredes_, como impulsado por un resorte, 15 al oír semejante clamor dentro de su casa, y apoyóse en la mesa para no caer de nuevo sobre la silla. Tendió en torno suyo una mirada de inexplicable regocijo, dejó ver en sus labios la inmortal sonrisa del triunfador, y así, transfigurado y hermoso, con el doble temblor de la muerte y del entusiasmo, pronunció 20 las siguientes palabras, entrecortadas y solemnes como las campanadas del toque de agonía:[40-5]
--¡Franceses!... Si cualquiera de vosotros, o todos juntos, hallarais ocasión propicia de vengar la muerte de doscientos ochenta y cinco compatriotas y de salvar la vida a otros doscientos 25 más; si sacrificando vuestra existencia pudieseis desenojar la indignada sombra de vuestros antepasados, castigar a los verdugos de doscientos ochenta y cinco héroes, y librar de la muerte a doscientos compañeros, a doscientos hermanos, aumentando así las huestes del ejército patrio con doscientos 30 campeones de la independencia nacional, ¿repararíais ni[40-6] un momento en vuestra miserable vida? ¿Dudaríais ni un punto (p41) en abrazaros, como Sansón,[41-1] a la columna del templo, y morir, a precio de matar a los enemigos de Dios?
--¿Qué dice?--se preguntaron los franceses.
--Señor..., ¡los asesinos están en la antesala!--exclamó 05 Celedonio.
--¡Que entren!... (gritó _García de Paredes_.)--Ábreles la puerta de la sala.... ¿Qué vengan todos... a ver cómo muere el descendiente de un soldado de Pavía![41-2]
Los franceses, aterrados, estúpidos, clavados en sus sillas por 10 insoportable letargo, creyendo que la muerte de que hablaba el español iba a entrar en aquel aposento en pos de los amotinados, hacían penosos esfuerzos por levantar los sables, que yacían sobre la mesa; pero ni siquiera conseguían que sus flojos dedos asiesen las empuñaduras: parecía que los hierros[41-3] estaban 15 adheridos[41-4] a la tabla por insuperable fuerza de atracción.
En esto inundaron la estancia más de cincuenta hombres y mujeres, armados con palos, puñales y pistolas, dando tremendos alaridos y lanzando fuego por los ojos.
--¡Mueran todos!--exclamaron algunas mujeres, lanzándose 20 las primeras.
--¡Deteneos!--gritó _García de Paredes_ con tal voz, con tal
## actitud, con tal fisonomía, que, unido este grito a la inmovilidad
y silencio de los veinte franceses, impuso frío terror a la muchedumbre, la cual no se esperaba[41-5] aquel tranquilo y 25 lúgubre recibimiento.
--No tenéis para qué[41-6] blandir los puñales.... (continuó el boticario con voz desfallecida.)--He hecho más que todos vosotros por la independencia de la Patria.... ¡Me he fingido _afrancesado_!... Y ¡ya veis!... los veinte Jefes y Oficiales 30 invasores... ¡los veinte!--no los toquéis[41-7]...--¡están envenenados!...
Un grito simultáneo de terror y admiración salió del pecho de los españoles. Dieron éstos un paso más hacia los convidados, y hallaron que la mayor parte estaban ya muertos, con la (p42) cabeza caída hacia adelante, los brazos extendidos sobre la mesa, y la mano crispada en la empuñadura de los sables. Los demás agonizaban silenciosamente.
--¡Viva _García de Paredes_!--exclamaron entonces los españoles, 05 rodeando al héroe moribundo.
--Celedonio.... (murmuró el farmacéutico.)--El _opio_ se ha concluido.... Manda por opio a la Coruña[42-1]....
Y cayó de rodillas.
Sólo entonces comprendieron los vecinos del Padrón que el 10 boticario estaba también envenenado.
Vierais[42-2] entonces un cuadro tan sublime como espantoso.--Varias mujeres, sentadas en el suelo, sostenían en sus faldas y en sus brazos al expirante patriota, siendo las primeras en colmarlo de caricias y bendiciones, como antes fueron las primeras en 15 pedir su muerte.--Los hombres habían cogido todas las luces de la mesa, y alumbraban arrodillados aquel grupo de patriotismo y caridad....--Quedaban, finalmente, en la sombra veinte muertos o moribundos, de los cuales algunos iban desplomándose contra el suelo con pavorosa pesantez.
20 Y a cada suspiro de muerte que se oía, a cada francés que venía a tierra, una sonrisa gloriosa iluminaba la faz de _García de Paredes_, el cual de allí a poco devolvió su espíritu al cielo, bendecido por un Ministro del Señor y llorado de sus hermanos en la Patria.
Madrid, 1856.
¡VIVA EL PAPA! (p43)
I
El tierno episodio que voy a referir es rigurosamente histórico, como los anteriores y como los siguientes; pero no ya sólo por la materia, sino también por la forma.--Vivo está quien lo cuenta, como suele decirse..., y entiéndase que quien le 05 cuenta no soy yo; es un Capitán retirado que dejó el servicio en 1814.
Hoy no soy escritor; soy mero amanuense: no os pido, pues, admiración ni indulgencia, sino que me creáis a puño cerrado.[43-1]
Para invención, el asunto es de poca monta; y luego pertenece 10 a un género en que yo no me tomaría el trabajo de inventar nada....
Presumo de liberal,[43-2] y un pobre Capitán retirado me ha conmovido profundamente contándome los sinsabores... políticos de un Papa muy absolutista....
15 Mi objeto es conmoveros hoy a vosotros con su misma relación, a fin de que el número de los derrotados cohoneste mi derrota.
Habla mi Capitán.
II
Uno de los más calurosos días del mes de Julio de 1809, y 20 ¡cuidado que[43-3] aquel dichoso año hizo calor! a eso de las diez de la mañana, entrábamos en Montelimart, villa o ciudad del Delfinado,[43-4] que lo que sea no lo sé,[43-5] ni lo he (p44) sabidonunca, y maldita la falta[44-1] que me hacía saber que existía tal Francia en el mundo....
--¡Ah! ¿Conque era en Francia?...
--Pues ¡hombre![44-2] ¡Me gusta! ¿Dónde está el Delfinado 05 sino en Francia?--Y no crean ustedes que ahí, en la frontera..., sino muy tierra adentro,[44-3] más cerca del Piamonte[44-4] que de España....
--¡Siga V...., Capitán! Los niños... que aprendan[44-5] en la escuela....--Y tú, ¡a ver si[44-6] te callas, Eduardito!
10 --Pues como digo, entrábamos en Montelimart, ahogados de calor y polvo, y rendidos[44-7] de caminar a pie durante tres semanas, veintisiete[44-8] oficiales españoles que habíamos caído prisioneros en Gerona[44-9].... Mas no creáis[44-10] que en la capitulación de la plaza, sino en una salida que hicimos pocos días 15 antes, a fin de estorbar unas obras en el campamento francés.... Pero esto no hace al caso. Ello es[44-11] que nos atraparon y nos llevaron a Perpiñán,[44-12] desde donde nos destinaron a Dijon [44-13].... Y ahí tienen Vds. el por qué[44-14] de lo que voy a [referir.]
Pues, señor, como uno se acostumbra a todo, y el Emperador 20 nos pasaba[44-15] _diez reales_ diarios durante el viaje--que íbamos haciendo a jornadas militares de tres o cuatro leguas,--y nadie nos custodiaba, porque cada uno de nosotros había respondido con su cabeza de que no desertarían los demás, y veintisiete españoles juntos no se han aburrido nunca, sucedía que, sin embargo 25 del[44-16] calor, de la fatiga y de no saber ni una palabra de francés, pasábamos muchos ratos divertidos,[44-17] sobre todo desde las once de la mañana hasta las siete de la tarde, horas que permanecíamos en las poblaciones del tránsito; pues las jornadas las hacíamos de noche con la fresca.... A ver, Antonio, 30 enciéndeme esta pipa.
Montelimart....--¡Bonito pueblo!...--El café está en una calle cerca de la Plaza, y en él entramos a refrescarnos, es decir, a evitar el sol... (pues los bolsillos no se prestaban a gollerías), en tanto que[44-18] tres de nuestros compañeros (p45) iban a ver al Prefecto[45-1] para que nos diese las boletas de alojamiento,[45-2] que en Francia se llaman _mandat_....
No sé si el café estará todavía como entonces estaba. ¡Han pasado cuarenta y cuatro años! Recuerdo que a la izquierda[45-3] 05 de la puerta había una ventana de reja,[45-4] con cristales, y delante una mesa a la cual nos sentamos algunos de los oficiales, entre ellos C...., que ha sido diputado a Cortes[45-5] por Almería [45-6] y murió el año pasado....--Ya veis que esto es cosa que puede preguntarse.[45-7]
10 --Pues ¿no dice V. que ha muerto?
--¡Hombre! Supongo que C.... se lo habrá contado [45-8] a su familia--respondió el Capitán, escarbando la pipa con la uña.
--¡Tiene V. razón, Capitán!--Siga V....; el que no lo 15 crea, que [45-9] lo busque.
--¡Bien hablado, hijo mío!--Pues, como íbamos diciendo, sentados estábamos a la mesa del café, cuando vimos correr mucha gente por la calle, y oímos una gritería espantosa.... Pero como la gritería era en francés, no la entendimos.
20 --_Le Pape![45-10] Le Pape! Le Pape!_...--decían los muchachos y las mujeres, levantando las manos al cielo, en tanto que todos los balcones se abrían y llenaban de gente, y los mozos del café y algunos gabachos que jugaban al billar se lanzaban a la calle con un palmo de boca abierta,[45-11] como si oyeran 25 decir que el sol se había parado.
--¡Pues parado está, papá abuelo![45-12]
--¡Cállese V. cuando hablan los mayores! ¡A ver[45-13]... el deslenguado!
--No haga V. caso, Capitán.... ¡Estos niños de 30 ahora!...
--Toma[45-14].... ¡Y si está parado[45-15]!...--murmuró el muchacho entre dientes.
--_Le Pape! Le Pape!_ ¿Qué significa esto?--nos preguntamos todos los oficiales. (p46) Y cogiendo a uno de los mozos del café, le dimos a entender nuestra curiosidad.
El mozo tomó dos llaves; trazó con las manos una especie de morrión sobre su cabeza; se sentó en una silla, y dijo:
05 --_Le Pontife!_[46-1]
--¡Ah!... (dijo C....--que era el más avisado de nosotros.--¡Por eso fué luego diputado a Cortes!)--_¡El Pontífice! ¡El Papa!_
--_Oui, monsieur. Le Pape! Pie sept._[46-2]
10 --¡Pío VII[46-3]!... ¡El Papa!... (exclamamos nosotros, sin atrevernos a creer lo que oíamos.) ¿Qué hace el Papa en Francia? Pues ¿no está el Papa en Roma? ¿Viajan los Papas? ¿El Papa en Montelimart?
No extrañéis nuestro asombro, hijos míos.... En aquel 15 entonces[46-4] todas las cosas tenían más prestigio que hoy.--No se viajaba tan fácilmente, ni se publicaban tantos periódicos.--Yo creo que en toda España no había más que uno, tamaño como un recibo de contribución.[46-5]--El Papa era para nosotros un sér[46-6] sobrenatural..., no un hombre de carne y hueso....--¡En 20 toda la tierra no había más que un Papa!... Y en aquel tiempo era la tierra mucho más grande que hoy.... ¡La tierra era el mundo..., y un mundo lleno de misterios, de regiones desconocidas, de continentes ignorados!--Además, aun sonaban en nuestros oídos aquellas palabras de nuestra 25 madre y de nuestros maestros: «El Papa es el Vicario de Jesucristo; su representante en la tierra; una autoridad infalible, y lo que desatare o atare aquí, remanecerá atado o desatado en el cielo....»
Creo haberme explicado.--Creo que habréis comprendido 30 todo el respeto, toda la veneración, todo el susto que experimentaríamos aquellos pobres españoles del siglo pasado, al oír decir que el Sumo Pontífice estaba en un villorrio de Francia y que íbamos a verle!
Efectivamente: no bien salimos del café, percibimos allá, (p47) en la Plaza (que como os he dicho estaba cerca), una empolvada silla de posta, parada delante de una casa de vulgar apariencia y custodiada por dos gendarmes de caballería, cuyos desnudos sables brillaban que era un contento[47-1]....