Part 7
Al mismo tiempo que el maestro de capilla escribía la precedente carta y la echaba al correo, Admet-ben-Carime-el-Abdoun 25 reunía en un envoltorio no muy grande todo su hato y ajuar, reducidos a tres jaiques viejos, dos mantas de pelo de cabra, un mortero para hacer alcuzcuz,[88-5] un candil[88-6] de hierro y una olla de cobre llena de pesetas (que desenterró de un rincón del patinillo de su casa); cargó con todo ello a su única mujer, 30 esclava, odalisca o lo que fuera, más fea que una mala noticia (p89) dicha de pronto[89-1] y más sucia que la conciencia de su marido, y salióse de Ceuta, diciendo al oficial de guardia de la puerta que da al campo moro que se iban a Fez[89-2] a mudar de aires por consejo de un veterinario. Y como quiera que esta sea la hora,[89-3] 05 después de sesenta años y algunos meses de ausencia, que no se haya vuelto a saber de _Manos-gordas_ ni en Ceuta, ni en sus cercanías, dicho se está[89-4] que D. Bonifacio Tudela y González no tuvo el gusto de recibir de sus manos la traducción del pergamino, ni al día siguiente, ni al otro, ni en toda su vida, que por 10 cierto debió de ser muy corta, puesto que de informes dignos de crédito aparece que su adorada Pepita se casó en Marbella en terceras nupcias con un tambor mayor asturiano, a quien hizo padre de cuatro hijos como cuatro soles, y era otra vez viuda a la muerte del Rey absoluto,[89-5] fecha en que ganó por oposición en 15 Málaga el destino de matrona aduanera.
Con que busquemos nosotros a _Manos-gordas_, y sepamos qué fué de él y del interesante pergamino.
VIII
Admet-ben-Carime-el-Abdoun respiró alegremente, y aun hizo alguna zapateta,[89-6] sin que por eso se le cayesen las mal 20 aseguradas zapatillas, tan luego como se vió fuera de los redoblados muros de la plaza española y con toda el África[89-7] delante de sí....
Porque África, para un verdadero africano como _Manos-gordas_, es la tierra de la libertad absoluta; de una libertad anterior 25 y superior a todas las Constituciones e instituciones humanas; de una libertad parecida a la de los conejos no caseros y demás animales de monte, valle o arenal.
África, quiero decir, es la Jauja[89-8] de los malhechores, el seguro de la impunidad, el campo neutral de los hombres y de las 30 fieras, protegido por el calor y la extensión de los desiertos.(p90) En cuanto a los sultanes, reyes y beyes que presumen imperar en aquella parte del mundo, y a las autoridades y mílites que los representan, puede decirse que vienen a ser, para tales vasallos, lo que el cazador para las liebres o para los corzos: un mal 05 encuentro 05 posible, que muy pocos tienen en la vida, y en el cual muere uno o no muere: si muere, tal día hizo un año;[90-1] y si no muere, con poner mucha tierra por medio[90-2] no hay que pensar [90-3] más en el asunto. Sirva esta digresión de advertencia a quien la necesitare, y prosigamos nosotros nuestra relación.
10 --¡Toma aquí,[90-4] Zama!--dijo el moro a su cansada esposa, como si hablase con una acémila.
Y, en lugar de dirigirse al Oeste, o sea hacia el Boquete de Anghera, en busca del sabio santón, según había dicho a D. Bonifacio, tomó hacia el Sur, por un barranquillo tapado de malezas 15 y árboles silvestres, que muy luego le llevó al camino de Tetuán,[90-5] o bien a la borrosa vereda que, siguiendo las ondulaciones de puntas y playas, conduce a Cabo-Negro por el valle del Tarajar, por el de los Castillejos, por Monte-Negrón y por las lagunas de Río-Azmir, nombres que todo español bien nacido 20 leerá hoy con amor y veneración, y que entonces no se habían oído pronunciar todavía en España ni en el resto del mundo civilizado.
Llegado que hubieron[90-6] ben-Carime[90-7] y Zama al vallecillo del Tarajar, diéronse un punto de descanso a la orilla del arroyuelo 25 de agua potable que lo atraviesa, procedente de las alturas de Sierra-Bullones; y en aquella tan segura y áspera soledad, que parecía recién salida[90-8] de manos del Criador y no estrenada todavía por el hombre; a la vista de un mar solitario, únicamente surcado, tal o cual[90-9] noche de luna, por cárabos de piratas o buques oficiales de Europa encargados de perseguirlos, 30 30 la mora se puso a lavarse y peinarse, y el moro sacó el manuscrito y volvió a leerlo con tanta emoción como la primera vez.
Decía así el pergamino árabe: (p91) «La bendición de Alah sea con los hombres buenos que lean estas letras.
«No hay más gloria que la de Alah, de quien Mahoma fué y es, en el corazón de los creyentes, profeta y enviado.
05 «Los hombres que roban la casa del que está en la guerra o en el destierro viven bajo la maldición de Alah y de Mahoma, y mueren roídos de escarabajos y cucarachas.
«¡Bendito sea, pues, Alah, que crió estos y otros bichos para que se coman[91-1] a los hombres malos!
10 «Yo soy el caid _Hassan-ben-Jussef_, siervo de Alah, aunque malamente he sido llamado D. Rodrigo de Acuña por los sucesores de los perros cristianos que, haciéndoles fuerza y violando solemnes capitulaciones, bautizaron con una escoba, a guisa de hisopo, a mis infortunados ascendientes y a otros muchos islamitas 15 de estos reinos.
«Yo soy capitán bajo el estandarte del que, desde la muerte de Aben-Humeya,[91-2] titúlase legítimamente rey de los andaluces, Muley-Abdalá-Mahamud-Aben-Aboó, el cual, si no está ya sentado en el trono de Granada, es por la traición y cobardía con 20 que los moros valencianos han faltado a sus compromisos y juramentos, dejando de alzarse al mismo tiempo que los moros granadinos contra el tirano común; pero de Alah recibirán el pago, y, si somos vencidos nosotros, vencidos serán también ellos y expulsados a la postre de España, sin el mérito de haber luchado hasta última hora en el campo del honor y en defensa 25 de la justicia; y, si somos vencedores, les cortaremos el pescuezo y echaremos sus cabezas a los marranos.
«Yo soy, en fin, el dueño de esta _Torre_ y de toda la tierra que hay a su alrededor, hasta llegar por Occidente al barranco 30 del Zorro y por Oriente al de los Espárragos, el cual debe tal nombre a los muchos y muy exquisitos que cultivó allí mi abuelo Sidi-Jussef-ben-Jussuf.
«La cosa no anda bien. Desde que el mal nacido D. Juan de Austria[91-3] (confúndalo Alah) vino a combatir contra los (p92) creyentes, prevemos que por ahora vamos a ser derrotados, sin perjuicio de que,[92-1] andando los años[92-2] o las centurias, otro Príncipe de la sangre del Profeta venga a recobrar el trono de Granada, que ha pertenecido setecientos[92-3] años a los moros, y 05 volverá a pertenecerles[92-4] cuando Alah quiera, con el mismo título con que lo poseyeron antes vándalos y godos, y antes los romanos, y antes aquellos otros africanos que se llamaban los cartagineses:[92-5] ¡con el título de la conquista! Pero conozco, vuelvo a decir, que por la presente[92-6] la cosa anda mal, y que 10 muy pronto tendré que trasladarme a Marruecos con mis cuarenta y tres hijos, suponiendo que[92-7] los austriacos no me cojan en la primera batalla y me cuelguen de un alcornoque, como yo los colgaría a todos ellos si pudiera.
«Pues bien: al salir de esta _Torre_ para emprender la última 15 y decisiva campaña dejo escondidos aquí, en sitio a que no podrá llegar nadie sin topar primero con el presente manuscrito, todo mi oro, toda mi plata, todas mis perlas; el tesoro de mi familia; la hacienda de mis padres, mía y de mis herederos; el caudal de que soy dueño y señor por ley divina y humana, como 20 es del ave la pluma que cría, o como son del niño los dientes que echa con trabajo, o como son de cada mortal los malos humores de cáncer o de lepra que hereda de sus padres.
«¡Detente, por tanto, oh tú, moro, cristiano o judío que, habiéndote puesto a derribar esta mi casa, has llegado a descubrir 25 y leer los renglones que estoy escribiendo! ¡Detente, y respeta el arca de tu prójimo![92-8] ¡No pongas la mano en su caudal! ¡No te apoderes de lo ajeno! Aquí no hay nada del fisco, nada de dominio público, nada del Estado. El oro de las minas podrá pertenecer a quien lo descubra, y una parte de 30 él al Rey del territorio. Pero el oro fundido y acuñado, el dinero, la moneda, es de su dueño, y nada más que[92-9] de su dueño. ¡No me robes, pues, mal hombre! ¡No robes a mis descendientes, que ya vendrán, el día que esté escrito,[92-10] a recoger su herencia! Y si es que buenamente, por casualidad, encuentras (p93) mi tesoro, te aconsejo que publiques edictos, llamando y notificando el caso a los causa-habientes de Hassan-ben-Jussef; que no es de hombres honestos[93-1] guardarse los hallazgos cuando estos hallazgos tienen propietario conocido.
05 «Si así no lo hicieres, ¡maldito seas,[93-2] con la maldición de Alah y con la mía! ¡Y pártate un rayo! ¡Y quiera Dios que cada una de mis monedas se vuelva en tus manos un escorpión, y cada perla un alacrán! ¡Y que mueran de lepra tus hijos, con los dedos podridos y deshechos, para que no tengan ni tan siquiera [93-3] 10 el placer de rascarse! ¡Y que tu hija la mayor se escape de tu casa con un judío! ¡Y que a ti te metan un palo por el cuerpo, y te saquen asi a la vergüenza, teniéndote en alto hasta que, con el peso de tu cuerpo, el palo salga por encima de la coronilla y quedes patiabierto en el suelo, como 15 indecente rana atravesada por un asador!
«Ya lo sabes, y sépanlo todos, y bendito sea Alah, que es Alah.
«Torre de Zoraya, en Aldeire del Cenet, a 15 días del mes de Saphar del año de la egira[93-4] 968.
20 «HASSAN-BEN-JUSSEF.»
IX
_Manos-gordas_ quedó profundamente preocupado con la nueva lectura de este documento, no por las máximas morales y por las espantosas maldiciones que contenía, pues el pícaro había perdido la fe en Alah y en Mahoma de resultas de[93-5] su frecuente 25 trato con los cristianos y judíos de Tetuán y Ceuta, que, naturalmente, se reían del Corán,[93-6] sino por creer que su cara, su acento y algún otro signo musulmán de su persona le impedían trasladarse a España, donde se vería expuesto a muerte segura tan luego como cualquier cristiano o cristiana descubriese en él 30 a un enemigo de la Virgen María. (p94) Además, ¿qué apoyo (a juicio de _Manos-gordas_) podría hallar en las leyes ni en las autoridades de España un extranjero, un mahometano, un semi-salvaje, para adquirir la _Torre de Zoraya_, para hacer excavaciones en ella, para entrar en posesión 05 del tesoro o para no perderlo inmediatamente con la vida?
--¡No hay remedio!--díjose por remate de largas reflexiones.--¡Tengo que confiarme al _renegado_ ben-Munuza! Él es español, y su compaña[94-1] me librará de todo peligro en aquella tierra. Pero como no existe bajo la capa del cielo un hombre 10 de peor alma que el tal renegado, no me estará de más[94-2] tomar algunas precauciones.
Y en virtud de esta cavilación sacó del bolsillo avíos de escribir, redactó una carta, púsole el sobre, pególo con un poco de pan mascado, y echóse a reír de una manera diabólica.
15 En seguida fijó los ojos en su mujer, que continuaba haciendo la policía de todo un año a costa de la limpieza física y... moral del malaventurado arroyuelo, y, llamándola por medio de un silbido, dignóse hablarle de este modo:
--Cara de higo chumbo, siéntate a mi lado y óyeme.... 20 Luego[94-3] acabarás de lavarte, que bien lo necesitas, y puede que entonces te juzgue merecedora de algo mejor que la paliza diaria con que te demuestro mi cariño. Por de pronto,[94-5] sinvergüenzona,[94-6] déjate de monadas y entérate bien de lo que voy a decirte.
25 La mora, que, lavada y peinada, resultaba más joven y artística, aunque no menos fea que antes, se relamió como una gata, clavó en _Manos-gordas_ los dos carbunclos que le servían de ojos, y díjole, mostrando sus blanquísimos y anchos dientes, que nada tenían de humanos:
30 --Habla, mi señor; que tu esclava sólo desea servirte.
_Manos-gordas_ continuó:
--Si desde este momento en adelante llega a ocurrirme alguna desgracia, o desaparezco del mundo sin haberme despedido de ti, o, habiéndome despedido, no tienes noticias mías en seis (p95) semanas, procura volver a entrar en Ceuta y echa esta carta al correo. ¿Te has enterado bien, cara de mona?
Zama rompió a llorar, y exclamó:
--¡Admet! ¿Piensas dejarme?
05 --¡No rebuznes, mujer!--contestó el moro.--¿Quién habla ahora de eso? ¡Demasiado sabes que me gustas y que me sirves! Pero de lo que[95-1] ahora se trata es de que te hayas enterado bien de mi encargo....
--¡Trae!--dijo la mora, apoderándose de la carta, abriéndose 10 el justillo y colocándola entre él y su gordo y pardo seno, al lado del corazón.--Si algo malo llega a sucederte, esta carta caerá en el correo de Ceuta, aunque después caiga yo en la sepultura.
Aben-Carime sonrió humanamente al oír aquellas palabras, y 15 dignóse mirar a su mujer como a una persona.
X
Mucho y muy regaladamente debió de dormir aquella noche el matrimonio agareno[95-2] entre los matorrales del camino, pues no serían menos de las nueve de la siguiente mañana cuando llegó al pie de Cabo-Negro.
20 Hay allí un _aduar_ de pastores y labriegos árabes, llamado «Medik», compuesto de algunas chozas, de un morabito o ermita mahometana, y de un pozo de agua potable, con su brocal de piedra y su acetre de cobre, como los que figuran en algunas escenas bíblicas.
25 El _aduar_ se hallaba completamente solo en aquel momento. Todos sus habitantes habían salido ya con el ganado o con los aperos de labor a los vecinos montes y cañadas.
--Espérame aquí...--dijo _Manos-gordas_ a su mujer.--Yo voy á buscar a ben-Munuza, que debe de hallarse al otro 30 lado de aquel cerro arando los pobres secanos que allí posee.
--¡Ben-Munuza!--exclamó Zama con terror.--¡El renegado de quien me has dicho.... (p96)
--Descuida....--interrumpió _Manos-gordas_.-- ¡Hoy puedo yo más que él! Dentro de un par de horas estaré de vuelta, y verás cómo se viene[96-1] detrás de mí con la humildad de un perro. Esta es su choza.... Aguárdanos en ella, y haznos 05 una buena ración de alcuzcuz[96-2] con el maíz y la manteca que hallarás a mano. ¡Ya sabes que me gusta muy recocido![96-3] ¡Ah! Se me olvidaba.... Si ves que anochece y no he bajado, sube tú; y si no me hallas en la otra ladera del cerro o me hallas cadáver, vuélvete a Ceuta y echa la carta al correo.... 10 Otra advertencia: suponiendo que sea mi cadáver lo que encuentres, regístrame, a ver[96-4] si ben-Munuza me ha robado o no este pergamino.... Si me lo ha robado, vuélvete de Ceuta a Tetuán, y denuncia a las autoridades el asesinato y el robo. ¡No tengo más que decirte! Adiós.
15 La mora se quedó llorando a lágrima viva, y _Manos-gordas_ tomó la senda que llevaba a la cumbre del inmediato cerro.
XI
Pasada la cumbre, no tardó en descubrir en la cañada próxima a un corpulento moro vestido de blanco, el cual araba patriarcalmente la negruzca tierra con auxilio de una hermosa 20 yunta de bueyes. Parecía aquel hombre la estatua de la Paz tallada en mármol. Y, sin embargo, era el triste y temido _renegado_ ben-Munuza, cuya historia os causará espanto cuando la conozcáis.
Contentaos por lo pronto con saber que tendría cuarenta años, 25 y que era rudo, fuerte, ágil y de muy lúgubre fisonomía, bien que sus ojos fuesen azules como el cielo y rubias sus barbas como aquel sol de África que había dorado a fuego[96-5] la primitiva blancura europea de su semblante.
--¡Buenos días, _Manos-gordas_!--gritó en castellano el antiguo 30 español, tan luego como divisó al marroquí.
Y su voz expresó la alegría melancólica propia del extranjero que halla ocasión de hablar la lengua patria. (p97) --¡Buenos días, Juan Falgueira!--respondió sarcásticamente ben-Carime.
El renegado tembló de pies a cabeza al oír semejante saludo, y sacó del arado la reja de hierro como para defender su vida.
05 --¿Qué nombre acabas de pronunciar?--añadió luego, avanzando hacia _Manos-gordas_.
Éste lo aguardaba riéndose, y le respondió en árabe, con un valor de que nadie le hubiera creído capaz:
--He pronunciado... tu verdadero nombre: el nombre 10 que llevabas en España cuando eras cristiano, y que yo conozco desde que estuve en Orán[97-1] hace tres años....
--¿En Orán?
--¡En Orán, sí, señor!... ¿Qué tiene eso de extraordinario? De allí habías venido tú a Marruecos,[97-2] y allí fuí yo a comprar 15 gallinas. Allí pregunté tu historia, dando tus señas, y allí me la contaron varios españoles. Supe,[97-3] por tanto, que eras gallego, que te llamabas Juan Falgueira, y que te habías escapado de la Cárcel Alta de Granada, donde estabas ya en capilla para ir a la horca por resultas de[97-4] haber robado y dado 20 muerte, hace quince años, a unos señores a quienes servías en clase de mulero.... ¿Dudarás ahora de que te conozco perfectamente?
--Dime, alma mía...--respondió el renegado con voz sorda y mirando a su alrededor--¿y has contado eso a algún 25 marroquí? ¿Lo sabe alguien más que tú en esta condenada tierra? Porque es el caso que yo quiero vivir en paz, sin que nadie ni nada me recuerde aquella mala hora, que harto he purgado. Soy pobre; no tengo familia, ni patria, ni lengua, ni el Dios que me crió. Vivo entre enemigos, sin más capital 30 que estos bueyes y que esos secanos, comprados a fuerza de[97-5] diez años de sudores.... Por consiguiente, haces muy mal en venir a decirme....
--¡Espera!--respondióle muy alarmado _Manos-gordas_--No me eches esas miradas de lobo, que vengo a hacerte un (p98) gran favor, y no a ofenderte por mero capricho. ¡A nadie he contado tu desgraciada historia! ¿Para qué? ¡Todo secreto puede ser un tesoro, y quien lo cuenta se queda sin él! Hay, empero, ocasiones en que se hacen _cambios de secretos_ sumamente 05 útiles. Por ejemplo: yo te voy a contar un importante secreto mío, que te servirá como de fianza del tuyo, y que nos obligará a ser amigos toda la vida....
--Te oigo. Concluye....--respondió calmosamente el renegado.
10 Aben-Carime leyóle entonces el pergamino árabe, que Juan Falgueira oyó sin pestañear y como enojado; visto lo cual[98-1] por el moro, y a fin de acabar de atraerse su confianza, le reveló también que había robado aquel documento a un cristiano de Ceuta....
15 El español se sonrió ligeramente al pensar en el mucho miedo que debía de tenerle el mercader de huevos y de gallinas cuando le contaba sin necesidad aquel robo, y, animado el pobre _Manos-gordas_ con la sonrisa de ben-Munuza, entró al fin en el fondo del asunto, hablando de la siguiente 20 manera:
--Supongo que te has hecho cargo[98-2] de la importancia de este documento y de la razón por qué te lo he leído. Yo no sé dónde está la _Torre de Zoraya_, ni _Aldeire_, ni el _Cenet_: yo no sabría ir a España, ni caminar por ella; y, además, allí me 25 matarían por no ser cristiano, o, cuando menos,[98-3] me robarían el tesoro antes o después de descubierto.[98-4] Por todas estas razones necesito que me acompañe un español fiel y leal, de cuya vida sea yo dueño y a quien pueda hacer ahorcar con media palabra; un español, en fin, como tú, Juan Falgueira, que, 30 después de todo, nada adelantaste con robar ni matar, pues trabajas aquí como un asno, cuando con los millones que voy a proporcionarte podrás irte a América, a Francia, a la India, y gozar, y triunfar, y subir tal vez hasta rey.[98-5] ¿Qué te parece mi proyecto?[98-6] (p99) --Que está bien hilado, como obra de un moro....--respondió ben-Munuza, de cuyas recias manos, cruzadas sobre la rabadilla, pendía, balanceándose, la barra de hierro a la manera de la cola de un tigre.
05 _Manos-gordas_ se sonrió ufanamente, creyendo aceptada su proposición.
--Sin embargo....--añadió después el sombrío gallego.--Tú no has caído en una cuenta[99-1]....
--¿En cuál?--preguntó cómicamente ben-Carime, alzando 10 mucho la cara y no mirando a parte alguna, como quien se dispone a oír sandeces y majaderías.
--¡Tú no has caído en que yo sería tonto de capirote[99-2] si me marchase contigo a España a ponerte en posesión de... medio tesoro, contando con que tú me pondrías a mí en posesión 15 del otro medio! Lo digo porque no tendrías más que pronunciar media palabra el día que llegásemos a Aldeire y te creyeses libre de peligros, para zafarte de mi compañía y de darme la mitad de las halladas riquezas.... ¡En verdad que no eres tan listo como te figuras, sino un pobre hombre, digno 20 de lástima, que te has metido en un callejón sin salida al descubrirme las señas de ese gran tesoro y decirme al mismo tiempo que conoces mi historia, y que, si yo fuera contigo a España, serías dueño absoluto de mi vida!... Pues ¿para qué te necesito yo a ti? ¿Qué falta me hace tu ayuda para ir a apoderarme 25 del tesoro entero? ¿Ni[99-3] qué falta me haces en el mundo? ¿Quién eres tú, desde el momento en que me has leído ese pergamino, desde el momento en que puedo quitártelo?
--¿Qué dices?--gritó _Manos-gordas_, sintiendo de pronto circular por todos sus huesos el frío de la muerte.
30 --No digo nada.... ¡Toma!--respondió Juan Falgueira, asestando un terrible golpe con la barra de hierro sobre la cabeza de ben-Carime, el cual rodó en tierra, echando sangre por ojos, narices y boca, y sin poder articular palabra....
El desgraciado estaba muerto.
(p100) XII
Tres o cuatro semanas después de la muerte de _Manos-gordas,_ el veintitantos[100-1] de Febrero de 1821, nevaba si había que nevar[100-2] en la villa de Aldeire y en toda la elegantísima sierra andaluza,[100-3] a que la propia nieve da vida y nombre.
05 Era domingo de Carnaval, y la campana de la iglesia llamaba por cuarta vez a misa, con su voz delgada y pura como la de un niño, a los ateridos cristianos de aquella feligresía demasiado próxima al cielo, los cuales no se resignaban fácilmente, en día tan crudo y desapacible, a dejar la cama o a separarse de los 10 tizones, alegando acaso, como pretexto, que «los días de Carnestolendas no se debe rendir culto a Dios, sino al diablo.»
Algo semejante decía por lo menos el tío Juan Gómez a su piadosa mujer, la seña[100-4] Torcuata, defendiéndose, en el rincón del fuego, de los argumentos con que nuestra amiga le rogaba 15 que no bebiera más aguardiente ni comiese más roscos, sino que la acompañase a misa, a fuer de buen cristiano, sin miedo alguno a las críticas del maestro de escuela y demás electores liberales; y muy enredada estaba la disputa cuando cata aquí[100-5] que entró en la cocina el tío Jenaro, mayoral de los pastores 20 de su merced, y dijo, quitándose el sombrero y rascándose la cabeza, todo de un solo golpe:[100-6]
--¡Buenos días nos dé Dios, señor Juan y señá Torcuata! Ya se harán ustedes cargo[100-7] de que algo habrá sucedido por allá arriba para que yo baje por aquí con tan mal tiempo, no 25 tocándome oír misa este domingo. ¿Cómo va de salud?