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Part 6

--¡Qué hermosas estaban en el mercado! ¡He debido traerme[75-2] a _Manuela_, para comérmela[75-3] esta noche y guardar 05 las pepitas!

Noviembre de 1877.

MOROS Y CRISTIANOS (p76)

(CUENTO)

I

La antes famosa y ya poco nombrada villa de Aldeire forma parte del marquesado del Cenet, o como si dijéramos, del respaldo de la Alpujarra,[76-1] hacia Levante,[76-2] y está medio colgada, medio escondida, en un escalón o barranco de la formidable 05 mole central de Sierra Nevada, a cinco o seis mil pies sobre el nivel del mar y seis o siete mil por debajo de las eternas nieves del Mulhacen.

Aldeire, dicho sea con perdón de su señor cura, es un pueblo morisco. Que fué moro, lo dicen claramente su nombre, su 10 situación y su estructura; y que no ha llegado aún a ser enteramente cristiano, aunque figure en la España reconquistada y tenga su iglesita católica y sus cofradías de la Virgen, de Jesús y de no pocos santos y santas, lo demuestran el carácter y costumbres de sus moradores, las pasiones terribles cuanto 15 quiméricas que los unen o separan en perpetuos bandos, y los lúgubres ojos negros, pálida tez y escaso hablar y reír de mujeres, hombres y niños....

Porque bueno será recordar, para que ni dicho señor cura ni nadie[76-3] ponga en cuarentena[76-4] la solidez de este 20 razonamiento, 20 que los moriscos del marquesado del Cenet no fueron expulsados en totalidad como los de la Alpujarra, sino que muchos de ellos lograron quedarse allí agazapados y escondidos gracias a la prudencia o cobardía con que desoyeron el temerario y heroico grito de su malhadado príncipe Aben-Humeya;[76-5] de donde 25 yo deduzco que el tío Juan Gómez (a)[76-6] _Hormiga_, (p77) alcalde constitucional de Aldeire en el año de gracia de 1821, podía muy bien ser nieto de algún Mustafá, Mahommed o cosa por el estilo.

Cuéntase, pues, que el tal Juan[77-1] Gómez, hombre a la sazón de más de media centuria, rústico muy avisado aunque no entendía 05 de letra,[77-2] y codicioso y trabajador con fruto, como lo acreditaba, no solamente su apodo, sino también su mucha hacienda, por él adquirida a fuerza de buenas o malas artes, y representada en las mejores suertes de tierra de aquella jurisdicción, tomó a censo enfitéutico[77-3] del caudal de Propios, 10 [77-4] y casi de balde, mediante algunas gallinas no ponedoras que regaló al secretario del Ayuntamiento, unos secanos situados a las inmediaciones de la villa, en medio de los cuales veíanse los restos y escombros de un antiguo castillejo,[77-5] morabito o atalaya árabe, cuyo nombre era todavía _La Torre del Moro_.

15 Excusado es decir que el tío Hormiga no se detuvo ni un instante a pensar en qué moro sería aquél, ni en la índole o pristino objeto de la arruinada construcción; lo único que vió desde luego más claro que el agua fué que con tantas desmoronadas piedras, y con las que él desmoronara, podía hacer allí un hermoso 20 y muy seguro corral para sus ganados; por lo que[77-6] desde el día siguiente, y como recreo muy propio de quien tan económico era, dedicó las tardes a derribar por sí mismo, y a sus solas,[77-7] lo que en pie quedaba del vetusto edificio arábigo.

--¡Te vas a reventar!--le decía su mujer, al verlo llegar 25 por la noche lleno de polvo y de sudor, y con la barra de hierro oculta bajo la capa....

--¡Al contrario!--respondía él.--Este ejercicio me conviene para no podrirme como nuestros hijos los estudiantes, que según me ha dicho el estanquero, estaban la otra noche en el 30 teatro de Granada y tenían un color de manteca que daba asco[77-8] mirarlos....

--¡Pobres! ¡De tanto estudiar! Pero a ti debía de darte vergüenza de trabajar como un peón siendo el más rico del pueblo, alcalde por añadidura. (p78) --Por eso voy solo.... ¡A ver!... Acércame esa ensalada....

--Sin embargo, convendría que te ayudase alguien. ¡Vas a echar un siglo[78-1] en derribar la Torre, y hasta quizá no sepas 05 componértelas[78-2] para volcarla toda!...

--¡No digas simplezas, Torcuata! Cuando se trate de construir la tapia del corral pagaré jornales, y hasta llevaré un maestro alarife....--¡Pero derribar sabe cualquiera! ¡Y es tan divertido[78-3] destruir!... ¡Vaya!... ¡quita la mesa y 10 acostémonos!...

--Eso lo dices porque eres hombre. ¡A mí me da miedo y lástima todo lo que es deshacer![78-4]

--¡Debilidades de vieja! ¡Si supieras tú cuántas cosas hay que deshacer[78-5] en este mundo!

15 --¡Calla, francmasón![78-6] ¡En mal hora te han elegido alcalde! ¡Verás cómo, el día que vuelvan a mandar los realistas, te ahorca el Rey absoluto!

--¡Eso... lo veremos! ¡Santurrona! ¡Beata! ¡Lechuza! ¡Vaya!: apaga esa luz, y no te santigües más..., 20 que tengo[78-7] mucho sueño.

Y así continuaban los diálogos hasta que se dormía uno de los dos consortes.

II

Una tarde regresó de su faena el tío Hormiga, muy preocupado y caviloso, y más temprano que de costumbre.

25 Su mujer aguardó a que despachase a los mozos de labor para preguntarle qué tenía, y él respondió enseñándole un tubo de plomo con tapadera por el estilo del cañuto[78-8] de un licenciado del ejército; sacó de allí, y desarrolló cuidadosamente, un amarillento pergamino escrito en caracteres muy enrevesados, y 30 dijo con imponente seriedad:

--Yo no sé leer, ni tan siquiera[78-9] en castellano, que (p79) es lalengua más clara del mundo; pero el diablo me lleve si esta escritura no es de moros.

--¿Es decir, que la has encontrado en la Torre?

--No lo digo sólo por eso, sino porque estos garrapatos no 05 se parecen a ninguno de los que he visto hacer a gente cristiana.

La mujer de Juan Gómez miró y olió el pergamino, y exclamó con una seguridad tan cómica como gratuita:

--¡De moros es!

Pasado un rato, añadió melancólicamente.

10 --Aunque también me estorba a mí lo negro,[79-1] juraría que tenemos en las manos la licencia absoluta[79-2] de algún soldado de Mahoma,[79-3] que ya estará en los profundos infiernos.

--¿Lo dices por el cañuto de plomo?

--Por el cañuto lo digo.

15 --Pues te equivocas de medio a medio,[79-4] amiga Torcuata; porque ni los moros entraban en quintas,[79-5] según me ha dicho varias veces nuestro hijo Agustín, ni esto es una licencia absoluta. Esto es... un....

El tío Hormiga miró en torno suyo,[79-6] bajó la voz y dijo con 20 entera fe:

--¡Estas son las señas de un tesoro!

--¡Tienes razón!--respondió la mujer, súbitamente inflamada por la misma creencia.--¿Y lo has encontrado ya? ¿Es muy grande? ¿Lo has vuelto a tapar bien? ¿Son monedas de 25 plata, o de oro? ¿Crees tú que _pasarán_ todavía? ¡Qué felicidad para nuestros hijos! ¡Cómo van a gastar y a triunfar en Granada[79-7] y en Madrid! ¡Yo quiero ver eso! Vamos allá.... Esta noche hace luna....

--¡Mujer de Dios! ¡Sosiégate! ¿Cómo quieres que haya 30 topado ya con el tesoro guiándome por estas señas, si yo no sé leer en moro ni en cristiano?

--¡Es verdad! Pues, mira.... Haz una cosa: en cuanto Dios eche sus luces,[79-8] apareja un buen mulo; pasa la sierra por el puerto[79-9] de la Ragua, que dicen está bueno, y llégate a (p80) Ugíjar,[80-1] a casa de nuestro compadre[80-2] D. Matías Quesada, el cual sabes entiende de todo[80-3].... El te pondrá en claro ese papel y te dará buenos consejos, como siempre.

--¡Mis dineros me cuestan todos sus consejos a pesar de 05 nuestro compadrazgo!... Pero, en fin, lo mismo había pensado yo. Mañana iré a Ugíjar, y a la noche estaré aquí de vuelta; pues todo será apretar un poco a la caballería[80-4]....

--Pero ¡cuidado[80-5] que le expliques bien las cosas!...

--Poco tengo que explicarle. El cañuto estaba escondido 10 en un hueco o nicho revestido de azulejos como los de Valencia, [80-6] formado en el espesor de una pared. He derribado todo aquel lienzo, y nada más de particular he hallado. Debajo de lo ya destruido comienza la obra de sillería de los cimientos, cuyas enormes piedras, de más de vara en cuadro,[80-7] no removerán 15 fácilmente dos ni tres personas de puños tan buenos como los míos. Por consiguiente, es necesario saber de una manera fija en qué punto estaba escondido el tesoro, so pena[80-8] de tener que arrancar con ayuda de vecinos todos los cimientos de la Torre....

20 --¡Nada! ¡Nada! ¡A Ugíjar en cuanto amanezca! Ofrécele a nuestro compadre una parte..., no muy larga, de lo que hallemos, y, cuando sepamos dónde hay que excavar,[80-9] yo misma te ayudaré a arrancar piedras de sillería. ¡Hijos de mi alma! Todo para ellos! Por lo que a mí toca, sólo siento 25 si habrá algo que sea pecado en esto que hablamos en voz baja.

--¿Qué pecado puede haber, grandísima tonta?

--No sé explicártelo.... Pero los tesoros me habían parecido siempre cosa del demonio, o de duendes.... Además, ¡tomaste a censo aquel terreno por tan poco rédito al año!... 30 ¡Todo el pueblo dice hubo trampa[80-10] en el tal negocio!

--¡Eso es cuenta del secretario y de los concejales! Ellos me hicieron la escritura.

--Por otro lado, tengo entendido[80-11] que de los tesoros hay que dar parte al Rey.... (p81) --Eso es cuando no se hallan en terreno propio, como éste mío....

--¡Propio! ¡Propio!... ¡A saber[81-1] de quién sería esa torre que te ha vendido el Ayuntamiento!

05 --¡Toma! ¡Del _Moro_!

--¡A saber quién sería ese _Moro_!... Por de pronto,[81-2] Juan, las monedas que el _Moro_ escondiera en su casa, serían suyas o de sus herederos; no tuyas, ni mías....

--¡Estás diciendo disparates! ¡Por esa cuenta, no debía 10 yo ser alcalde de Aldeire, sino el que lo era el año pasado cuando se pronunció Riego![81-3] ¡Por esa cuenta, habría que mandar[81-4] todos los años a África, a los descendientes de los moros, las rentas que produjesen las vegas de Granada, de Guadix[81-5] y de centenares de pueblos!...

15 --¡Puede que[81-6] tengas razón!... En fin, ve a Ugíjar, y el compadre te aconsejará lo mejor en todo.

III

Ugíjar dista de Aldeire cosa de cuatro leguas de muy mal camino. No serían,[81-7] sin embargo, las nueve de la siguiente mañana 20 cuando el tío Juan Gómez, vestido con su calzón corto de punto azul y sus bordadas botas blancas de los días de fiesta, hallábase ya en el despacho de D. Matías de Quesada, hombre de mucha edad y mucha salud, doctor en ambos Derechos[81-8] y autor de la mayor parte de los _entuertos_ contra la justicia que 25 se hacían por entonces en aquella tierra. Había sido toda su vida lo que se llama un abogado picapleitos, y estaba riquísimo y muy bien relacionado en Granada y Madrid.

Oído que hubo[81-9] la historia de su digno compadre, y después de examinar atentamente el pergamino, díjole que, en su opinión, nada de aquello olía a tesoro: que el nicho en que 30 halló el tubo debió de ser[81-10] un _babuchero_,[81-11] y que el escrito le parecía una especie de oración que los moros suelen (p82) leer todos los viernes[82-1] por la mañana.... Pero que, sin embargo, no siéndole a él completamente conocida la lengua árabe, remitiría el documento a Madrid a un condiscípulo suyo que estaba empleado en la Comisaría de los Santos Lugares,[82-2] a fin de que 05 lo enviara a Jerusalén, donde lo traducirían al castellano; por todo lo cual sería conveniente mandarle al madrileño un par de onzas de oro,[82-3] en letra,[82-4] para una jícara de chocolate.

Mucho lo pensó el tío Juan Gómez antes de pagar un chocolate tan caro (que resultaba a diez mil doscientos cuarenta 10 reales la libra); pero tenía tal seguridad en lo del _tesoro_[82-5] (y a fe que[82-6] no se equivocaba según después veremos), que sacó de la faja ocho monedillas de a cuatro[82-7] duros y se las entregó al abogado, quien las pesó una por una antes de guardárselas[82-8] 15 en el bolsillo; con lo que el tío Hormiga tomó la vuelta de Aldeire decidido a seguir excavando en la Torre del Moro, mientras tanto que[82-9] enviaban el pergamino a Tierra Santa y volvía de allá traducido; diligencias en que, según el letrado, se tardaría cosa de año y medio.

IV

No bien había vuelto la espalda el tío Juan, cuando su compadre 20 y asesor cogió la pluma y escribió la siguiente carta comenzando por el sobre:

«SR. D. BONIFACIO TUDELA Y GONZALEZ,[82-10] _Maestro de capilla_ [82-11] _de la Santa Iglesia Catedral de CEUTA._[82-12]

«Mi querido sobrino político:[82-13]

25 «Solamente a un hombre de tu religiosidad confiaría yo el importantísimo secreto contenido en el documento adjunto. Dígolo porque indudablemente están escritas en él las señas de un _tesoro_, de que te daré alguna parte si llego a descubrirlo con tu ayuda. Para ello es necesario que busques un moro 30 que te traduzca ese pergamino, y que me mandes la traducción (p83) en carta certificada,[83-1] sin enterar a nadie del asunto, como no sea[82-2] a tu mujer, que me consta es persona reservada.

«Perdona que no te haya escrito en tantos años; pero bien conoces mis muchos quehaceres. Tu tía sigue rezando por ti 05 todas las noches al tiempo de acostarse. Que estés mejor[83-3] del dolor de estómago[83-4] que padecías en 1806, y sabes que te quiere tu tío político,

«MATÍAS DE QUESADA. «UGÍJAR, 15 de ENERO, 1821.

10 «POSDATA.--Expresiones a Pepa, y dime, si habéis tenido hijos.»

Escrita la precedente carta,[83-5] el insigne jurisconsulto pasó a la cocina, donde su mujer estaba haciendo calceta y cuidando el puchero, y díjole las siguientes expresiones en tono muy áspero 15 y desabrido, después de echarle en la falda las ocho monedas de a cuatro duros que ya conocemos:

--Encarnación,[83-6] ahí tienes: compra más trigo, que va a subir en los meses mayores,[83-7] y procura que lo midan bien. Hazme de almorzar mientras yo voy a echar al correo esta carta para 20 Sevilla preguntando los precios de la cebada. ¡Que el huevo esté bien frito y el chocolate claro! ¡No tengamos la de todos los días![83-8]

La mujer del abogado no respondió palabra, y siguió haciendo calceta como un autómata.

V

25 Dos semanas después, un hermosísimo día de Enero, como sólo los hay en el Norte de África y en el Sur de Europa, tomaba el sol en la azotea de su casa de dos pisos el maestro de capilla de la catedral de Ceuta con la tranquilidad de quien ha tocado el órgano en misa mayor y se ha comido 30 luego una libra de boquerones, otra de carne y otra de pan, con su correspondiente dosis de vino de Tarifa.[83-9] (p84) El buen músico, gordo como un cebón y colorado como una remolacha, digería penosamente, paseando su turbia mirada de apoplético por el magnífico panorama del Mediterráneo, y del Estrecho de Gibraltar, del maldecido Peñón[84-1] que le da nombre, 05 de las cercanas cumbres de Anghera[84-2] y Benzú[84-3] y de las remotas nieves del Pequeño Atlas, cuando sintió acelerados pasos en la escalera y la argentina voz de su mujer, que gritaba gozosamente:

--¡Bonifacio! ¡Bonifacio! ¡Carta de Ugíjar! ¡Carta de tu tío! ¡Y vaya si es gorda![84-4]

10 --¡Hombre![84-5]--respondió el maestro de capilla, girando como una esfera o globo terráqueo sobre el punto de su redonda individualidad, que descansaba en el asiento.--¿Qué santo se habrá empeñado para que mi tío se acuerde de mí? ¡Quince años hace que resido en esta tierra usurpada a Mahoma, 15 y cata aquí[84-6] la primera vez que me escribe aquel abencerraje, [84-7] sin embargo de haberle yo escrito cien veces a él! ¡Sin duda me necesita para algo!

Y, dicho esto,[84-8] abrió la epístola (procurando que no la leyese la _Pepa_ de la posdata), y apareció, crujiente y tratando de 20 arrollarse por sí propio,[84-9] el amarillento pergamino.

--¿Qué nos envía?--preguntó entonces la mujer, gaditana[84-10] y rubia por más señas,[84-11] y muy agraciada y valiente a pesar de sus cuarenta agostos.

--¡Pepita, no seas tan curiosa!... Yo te lo diré, si debo 25 decírtelo, luego que me entere. ¡Mil veces te he advertido que respetes mis cartas!...

--¡Advertencia propia de un libertino como tú! En fin, ¡despacha! y veamos si yo puedo saber qué papelote[84-12] te manda tu tío. ¡Parece un billete de Banco del otro mundo!

30 En tanto que[84-13] su mujer decía aquellas cosas y otras, el músico leyó la carta, y maravillóse hasta el extremo de ponerse de pie sin esfuerzo alguno.

Tenía, sin embargo, tal hábito de disimular, que acertó a decir muy naturalmente: (p85) --¡Qué tontería! ¡Sin duda está ya chocheando aquel mal hombre! ¿Querrás creer que me remite esta hoja de una Biblia en hebreo, para que yo busque algún judío que la compre imaginándose el muy bobo que darán por ella un dineral? 05 Al mismo tiempo...--añadió para cambiar la conversación y guardándose[85-1] en la faltriquera la carta y el pergamino:--al propio tiempo... me pregunta con mucho interés si tenemos hijos.

--¡Él no los tiene!...--observó vivamente Pepita.--¡Sin 10 duda piensa dejarnos por herederos!

--¡Más fácil es que al muy avaro se le haya ocurrido heredarnos a nosotros!... Pero ¡calla!: están dando las once, y yo tengo que afinar el órgano para las vísperas de esta tarde.... Me voy. Oye, prenda: que la comida esté dispuesta a 15 la una, y que no se te olvide[85-2] echar dos buenas patatas en el puchero. ¡Que si tenemos hijos[85-3]!... ¡Vergüenza me da de haber de contestarle que no!

--¡Escucha! ¡Espera! ¡Oye!--contestó como un rayo la parte contraria....

20 --¡Ya! ¡Ya!

--¡Anda, zambombo, tonel, desagradecido![85-4] ¿Quién te habrá amado a ti en el mundo como esta necia, que, con ese barrigón y todo, te considera el hombre más hermoso que Dios ha criado?

25 --¿Sí? ¿Me has dicho _hermoso_? ¡Pues mira, Pepa--respondió el artista, pensando seguramente en el pergamino árabe;--si mi tío llega a dejarme por heredero, o yo me hago rico de cualquier otro modo, te juro llevarte a vivir a la plaza de San Antonio de la ciudad de Cádiz, y comprarte más 30 joyas que tiene la Virgen de las Angustias[85-5] de Granada! Conque hasta luego, pichona.

Y tirando un pellizco[85-6] en la barba a la que de antemano tenía ya el hoyo en ella, cogió el sombrero y tomó el (p86) camino..., no de la catedral, sino de las callejuelas en que suelen vivir las familias moras avecindadas en aquella plaza fuerte.[86-1]

VI

En la más angosta de dichas callejuelas, y a la puerta de una muy pobre, pero muy blanqueada casucha, estaba sentado 05 en el suelo, o más bien sobre sus talones, fumando en pipa de5 barro secado al sol, un moro de treinta y cinco a cuarenta años, revendedor de huevos y gallinas, que le traían a las puertas de Ceuta los campesinos independientes de Sierra-Bullones y Sierra-Bermeja, y que él despachaba, a domicilio o en el mercado, 10 con una ganancia de ciento por ciento. Vestía chilava[86-2] de lana blanca y jaique[86-3] de lana negra, y llamábase entre los españoles _Manos-gordas_, y entre los marroquíes Admet-ben-Carime-el-Abdoun.

Tan luego como el moro vió al maestro de capilla levantóse 15 y salió a su encuentro, haciéndole grandes zalemas; y, cuando estuvieron ya juntos, díjole cautelosamente:

--¿Querer[86-4] morita? Yo traer mañana cosa meleja; de doce años....

--Mi mujer no quiere más criadas moras....--respondió 20 el músico con inusitada dignidad.

_Manos-gordas_ se echó a reír.

--Además...--prosiguió D. Bonifacio--tus endiabladas moritas son muy sucias.

--Lavar....--respondió el moro, poniéndose en cruz[86-5] y 25 ladeando la cabeza.

--¡Te digo que no quiero moritas!--prosiguió D. Bonifacio.--Lo que necesito hoy es que tú, que sabes tanto y que por tanto saber eres intérprete de la plaza, me traduzcas al español este documento.

30 _Manos-gordas_ cogió el pergamino, y a la primera ojeada murmuró: (p87) --Estar moro....

--¡Ya lo creo que es árabe! Pero quiero saber qué dice, y, si no me engañas, te haré un buen regalo... cuando se realice el negocio que confio a tu lealtad.

05 A todo esto, Admet-ben-Carime había pasado ya la vista por todo el pergamino y puéstose muy pálido.

--¿Ves que se trata de un gran tesoro?--medio afirmó, medio interrogó el maestro de capilla.

--Creer que sí--tartamudeó el mahometano.

10 --¿Cómo creer? ¡Tu misma turbación lo dice!

--Perdona....--replicó _Manos-gordas_ sudando a mares.[87-1] --Haber aquí palabras de árabe moderno, y yo entender. Haber otras de árabe antiguo o literario, y yo no entender.

--¿Qué dicen las palabras que entiendes?

15 --Decir _oro_, decir _perlas_, decir _maldición de Alah_[87-2]... Pero yo no entender sentido, explicaciones ni señas. Necesitar ver al derwich de Anghera, que estar sabio, y él traducir todo. Llevarme yo pergamino hoy, y traer pergamino mañana, y no engañar ni robar al señor Tudela. ¡Moro jurar!

20 Así diciendo, cruzó las manos, se las llevó a la boca[87-3] y las besó fervorosamente.

Reflexionó D. Bonifacio: conoció que para descifrar aquel documento tendría que fiarse de algún moro, y que ninguno le era tan conocido ni tan afecto como _Manos-gordas_, y accedió 25 a dejarle el manuscrito, bien que bajo reiterados juramentos de que al día siguiente estaría de vuelta de Anghera con la traducción, y jurándole él, por su parte, que le entregaría lo menos[87-4] cien duros cuando fuese descubierto el tesoro.

Despidiéronse el musulmán y el cristiano, y éste se dirigió, 30 no a su casa ni a la catedral, sino a la oficina de un amigo, donde escribió la siguiente carta:

«SR. D. MATÍAS DE QUESADA Y SÁNCHEZ (p88) «Alpujarra, _UGÍJAR_.

«Mi queridísimo tío:

«Gracias a Dios que hemos tenido noticias de usted y de tía 05 Encarnación, y que éstas son tan buenas como Josefa y yo deseábamos. Nosotros, querido tío, aunque más jóvenes que ustedes, estamos muy achacosos y cargados de diez hijos, que pronto se quedarán huérfanos y pidiendo limosna.

«Se burló de usted quien le dijera que el pergamino que me 10 ha enviado contenía las señas de un tesoro. He hecho traducirlo por persona muy competente, y ha resultado ser una sarta de blasfemias contra Nuestro Señor Jesucristo, la Santísima Virgen y los santos de la Corte celestial, escritas en versos árabes por un perro morisco del marquesado del Cenet durante la 15 rebelión de Aben-Humeya.[88-2] En vista de semejante sacrilegio, y por consejo del señor Penitenciario,[88-3] acabo de quemar tan impío testimonio de la perversidad mahometana.

«Memorias a mi tía: recíbanlas ustedes de Josefa, y mande algún socorro a su sobrino, que está en los huesos[88-4] por 20 resultas del pícaro dolor de estómago.

«BONIFACIO. «CEUTA, 29 de Enero de 1821.»

VII