Part 10
»Y como le es imposible á mi lengua, aun exponiéndose á criar pelo, el pintarte la belleza de esa princesa, me contentaré con enumerarte sencillamente sus cualidades de un modo aproximado. Escucha, pues, ¡oh Maimuna!
»Te hablaré de su cabellera. Luego te describiré su rostro. Luego sus mejillas, sus labios, su saliva, su lengua, su garganta, sus pechos, su vientre, sus caderas, sus nalgas, su centro, sus muslos, y por fin sus pies, ¡oh Maimuna!
»¡Bismilah!
»¡Oh su cabellera, señora mía! ¡Es tan oscura, que resulta más negra que la separación de los amigos! ¡Y cuando se reparte en tres trenzas que descienden hasta sus pies, creo ver tres noches á un tiempo!
»¡Y su rostro! ¡Es tan blanco como el día en que se encuentran los amigos! ¡Si lo miro en el momento de brillar la luna llena, veo dos lunas á la vez!
»¡Sus mejillas están formadas por una anémona dividida en dos corolas; sus pómulos parecen la misma púrpura de los vinos, y su nariz es más recta y más fina que una hoja de acero escogido!
»¡Sus labios son ágata coloreada y coral; su lengua--cuando la mueve--segrega la elocuencia; y su saliva es más deseable que el zumo de las uvas; apaga la sed más abrasadora! ¡Tal es su boca!
»¡Pero su seno! ¡Bendito sea el Creador! ¡Es una seducción viviente! ¡Sostiene dos pechos gemelos del marfil más puro, redondos, y que caben en los cinco dedos de la mano!
»¡Su vientre tiene hoyuelos llenos de sombra y colocados con tanta armonía como los caracteres árabes en el sello de un escriba copto de Egipto! ¡Y este vientre da nacimiento á una cintura elástica ¡ya Alah! y formada!... Pero ¡y sus nalgas!
»¡Sus nalgas! ¡oh, oh! ¡me estremezco! ¡Son una masa tan pesada, que obligan á su ama á sentarse cuando se levanta y á levantarse cuando se acuesta! Verdaderamente, ¡oh dueña mía! no puedo darte idea de ellas más que recurriendo á estos versos del poeta:
_¡Tiene un trasero enorme y fastuoso, que necesitaría una cintura menos frágil que aquella de que está suspendido!_
_¡Es, para ella y para mí, origen de tortura incesantes y de alboroto, pues_
_A ella la obliga á sentarse cuando se levanta, y á mí, cuando pienso en él, me pone el zib siempre erguido!_
»¡Tal es su trasero! Y de él se desprenden dos muslos gloriosos, de mármol blanco, sólidos, unidos en lo alto por una corona. Después vienen las piernas y los pies gentiles, y tan pequeños, que me asombra cómo pueden sostener tantos pesos superpuestos.
»En cuanto á su centro, ¡oh Maimuna! á decir verdad, desespero de poder hablarte de él como corresponde, pues es definitivo y absoluto. Por ahora sólo esto mi lengua puede revelarte, pues ni siquiera con ademanes me sería posible hacerte apreciar todas sus suntuosidades.
»Y así es, poco más ó menos, ¡oh Maimuna! la adolescente princesa El-Sett Budur, hija del rey Ghayur...
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.
[Illustration]
_PERO CUANDO LLEGÓ LA 179.ª NOCHE_
Ella dijo:
»...Y así es, poco más ó menos, ¡oh Maimuna! la adolescente princesa El-Sett Budur, hija del rey Ghayur.
»Pero también he de decirte, ¡oh Maimuna! que el rey Ghayur amaba en extremo á su hija El-Sett-Budur, cuyas perfecciones acabo de enumerarte sencillamente, y la quería con afecto tan vivo, que su placer era ingeniarse para darle cada día una distracción nueva. Pero como pasado cierto tiempo ya se le agotaron toda clase de diversiones, pensó en darle goces diferentes, construyendo para ella palacios maravillosos. Empezó la serie por la edificación de siete, cada cual de estilo distinto y de diversa materia preciosa. Así, pues, mandó construir el primero todo de cristal, el segundo de alabastro diáfano, el tercero de porcelana, el cuarto de mosaicos de pedrería, el quinto de plata, el sexto de oro y el séptimo sólo de perlas y diamantes. Y el rey Ghayur no dejó de mandar que cada palacio se adornase de la manera más adecuada al estilo de su construcción; reunió en ellos todos los atractivos que pudieran hacer su uso todavía más encantador, cuidando, por ejemplo, y sobre todo, de la belleza de sus estanques y jardines. Y para distraer á su hija Budur la hizo habitar en estos palacios, pero sólo un año en cada uno, á fin de que no tuviera tiempo de cansarse y el placer sucediera sin fatiga al placer.
»¡Es natural que, en medio de tantas cosas bellas, la belleza de la joven se afinara, y llegara por último al estado supremo que hubo de encantarme!
»De tal modo, que no te pasmarás, ¡oh Maimuna! si te digo que todos los reyes vecinos á los Estados del rey Ghayur deseaban ardientemente casarse con la joven de fastuoso trasero. Pero he de apresurarme, no obstante, á tranquilizarte respecto á su virginidad, pues hasta ahora rechazó con horror las proposiciones que su padre le transmitiera, y contentóse con responderle cada vez: «¡Soy mi propia reina y mi única dueña! ¿Cómo he de soportar que un hombre roce un cuerpo que tolera apenas el contacto de la seda?»
»Y el rey Ghayur, que habría preferido la muerte á contrariar á Budur, no encontraba nada que replicar, y se veía forzado á no atender las peticiones de los reyes vecinos suyos y de los príncipes que con tal fin iban á su reino desde los países más remotos. Y un día que un rey joven, más bello y poderoso que los demás, se presentó después de haber enviado muchos regalos preparatorios, el rey Ghayur habló de él á Budur, que, indignada esta vez, estalló en reconvenciones, y exclamó: «¡Ya veo que no me queda más que un medio de acabar con este tormento continuo! ¡Voy á coger ese alfanje que veo ahí, y clavármelo de punta en el corazón para que me salga por la espalda! ¡Por Alah! ¡No tengo otro recurso!» Y como se disponía de veras á emplear tal violencia consigo misma, el rey Ghayur se asustó de tal modo, que sacó la lengua, y sacudió la mano, y puso los ojos en blanco; y después se apresuró á confiar á Budur á diez viejas muy listas y llenas de experiencia, una de las cuales fué la propia nodriza de Budur. Y desde entonces las diez viejas no la dejan un momento y vigilan sucesivamente á la puerta de su habitación.
»Y he aquí ¡oh mi señora Maimuna! el estado actual de las cosas. Y yo no ceso, ciertamente, de ir todas las noches á contemplar la belleza de la princesa y á ensancharme los sentidos viendo sus esplendores. Y puedes creer que no me faltan tentaciones de cabalgarla y deleitarme con su trasero; pero pienso que sería una lástima atentar, á disgusto de la propietaria, contra una suntuosidad tan bien guardada. Sin embargo, ¡oh Maimuna! disfruto algo de ella durante su sueño; la beso, por ejemplo, entre los dos ojos, suavemente, aunque se me pasan ganas muy grandes de hacerlo con fuerza; pero desconfío de mí mismo, sabiendo que no podré contenerme si empiezo, y prefiero abstenerme del todo por temor de estropear á la joven.
»Te conjuro, pues, ¡oh Maimuna! á que vengas conmigo á ver á mi amiga Budur, cuya belleza te encantará, sin duda alguna, y cuyas perfecciones te garantizo que han de entusiasmarte. ¡Vamos ¡oh Maimuna! al país del rey Ghayur para admirar á El-Sett Budur!»
* * * * *
Así habló el efrit Dahnasch, hijo del rápido Schamhurasch...
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.
[Illustration]
_PERO CUANDO LLEGÓ LA 180.ª NOCHE_
Ella dijo:
...Así habló el efrit Dahnasch, hijo del rápido Schamhurasch.
Cuando la joven efrita Maimuna hubo oído esta historia, en vez de contestar, se rió burlonamente, dió un aletazo en el vientre al efrit, y escupiéndole en la cara, le dijo: «¡Qué estúpido estás con tu muchacha meona! ¡Y verdaderamente me pregunto cómo te has atrevido á hablarme de ella, cuando debes saber que no podría soportar por un momento la comparación con el hermoso adolescente á quien amo!» Y el efrit exclamó, limpiándose la cara: «Pero ¡oh mi señora! ignoro en absoluto la existencia de tu joven amigo, y con perdón tuyo, no deseo más que verlo, aunque me cuesta mucho trabajo creer que pueda igualar á la hermosura de mi princesa.» Entonces Maimuna le gritó: «¿Quieres callar, maldito? Te repito que mi amigo es tan hermoso, que si le vieras, aunque fuese en sueños, te daría un ataque de epilepsia y babearías como un camello.» Y Dahnasch preguntó: «Pero ¿dónde está y quién puede ser?» Maimuna dijo: «¡Oh bribón! Sabe que está en el mismo caso que tu princesa, y le han encerrado en la torre vieja á cuyo pie tengo mi morada subterránea. Pero no te forjes la ilusión de que vas á verle sin mí, pues ya conozco tus torpezas, y no te confiaría ni siquiera la custodia del culo de un santón. No obstante, me avengo á consentir en enseñártelo, para saber tu parecer, advirtiéndote que como tengas la audacia de mentir, hablando contra la realidad de lo que vas á ver, te arranco los ojos y te convierto en el más mísero de los genios. Además, me pagarás una buena apuesta si mi amigo resulta más bello que tu princesa; y para ser justa, me comprometo á pagar yo en el caso contrario.» Y Dahnasch exclamó: «¡Acepto la condición! Ven, pues, conmigo á ver á El-Sett Budur al país de su padre el rey Ghayur.» Pero Maimuna dijo: «Acabaremos más pronto yendo á la torre, que está ahí á nuestros pies, para empezar por juzgar la hermosura de mi amigo, y luego compararemos.» Entonces Dahnasch respondió: «¡Escucho y obedezco!» Y ambos bajaron en línea recta desde lo alto de los aires hasta la techumbre de la torre, y penetraron por la ventana en el aposento de Kamaralzamán.
Entonces Maimuna dijo al efrit Dahnasch: «¡No te muevas! ¡Y sobre todo, sé correcto!» Después se acercó al joven dormido, y levantó la sábana que en aquel momento le cubría. Y se volvió hacia Dahnasch y le dijo: «¡Mira, oh maldito! ¡Y ten cuidado con no caerte todo lo largo que eres!» Y Dahnasch alargó la cabeza, y retrocedió estupefacto; luego estiró de nuevo el cuello é inspeccionó largo rato la cara y el cuerpo del hermoso joven, al cabo de lo cual movió la cabeza y dijo: «¡Oh mi señora Maimuna! ¡ya veo que tienes mucha disculpa al pensar que tu amigo es de belleza incomparable, pues en verdad que nunca he visto tantas perfecciones en un cuerpo de adolescente, y eso que sabes que conozco á los más bellos de los hijos de los hombres; pero ¡oh Maimuna! el molde que le fabricó no se ha roto sin producir antes una muestra femenil, que es precisamente la princesa Budur!»
Al oir estas palabras, Maimuna se lanzó sobre Dahnasch y le dió un aletazo en la cabeza, que le rompió un cuerno, y le gritó: «¡Oh tú, el más vil de los genios! Ve inmediatamente al palacio de Sett Budur, en ese país del rey Ghayur, y trae á la princesa desde allá hasta aquí, pues no quiero molestarme en acompañarte á casa de esa chiquilla; en cuanto la hayas traído, la acostaremos al lado de mi joven amigo, y compararemos con nuestros propios ojos. ¡Y vuelve pronto, Dahnasch, ó te despedazo el cuerpo y te echo como pasto á las hienas y á los cuervos!» Entonces el efrit Dahnasch recogió el cuerno del suelo y se marchó con aire lamentable, rascándose el trasero. Después atravesó el espacio como una saeta, y no tardó en volver, pasada una hora, con su carga á cuestas.
Y la princesa, dormida en hombros de Dahnasch, no tenía puesta más que la camisa, y su cuerpo palpitaba en su blancura. Y en las amplias mangas de la camisa estaban bordados estos versos, que se entrelazaban agradablemente:
_¡Tres cosas le impiden otorgar á los humanos una mirada que diga «Sí»: el temor á lo desconocido, el horror á lo conocido, y su hermosura!_
Entonces Maimuna dijo á Dahnasch: «¡Me parece que debiste entretenerte por el camino con esta joven, pues te has retrasado, y á un buen efrit no le hace falta gastar una hora en ir del país de Khaledán á lo último de la China y volver por el camino más recto! ¡Bueno! Apresúrate á tender á esa muchacha al lado de mi amigo, para que hagamos nuestro examen.» Y el efrit Dahnasch, con infinitas precauciones, colocó suavemente en la cama á la princesa y le quitó la camisa.
Verdaderamente, la princesa era muy bella y tal como la había descrito el efrit Dahnasch. Y Maimuna pudo observar que el parecido entre los dos jóvenes era tan perfecto, que se les hubiera tomado por dos gemelos, y solamente diferían en el centro; pero tenían la misma cara de luna, la misma cintura delicada y las mismas nalgas redondas y llenas de opulencia; y también pudo darse cuenta de que si la joven carecía en el centro de lo que adornaba al adolescente, lo sustituía ventajosamente con dos breves pechos maravillosos que denotaban su sexo suculento.
Dijo, pues, á Dahnasch: «Veo que se puede vacilar un momento acerca de la preferencia debida á uno ú otra de nuestros amigos. ¡Pero hay que ser ciego ó insensato como tú, para no reconocer que entre dos jóvenes de igual belleza, siendo uno varón y otra hembra, el varón es superior á la hembra! ¿Qué dices á eso, maldito?» Pero Dahnasch contestó: «¡Por mi parte, sé lo que sé, y veo lo que veo, y el tiempo no me haría creer lo contrario de lo que mis ojos han visto! Pero ¡oh mi señora! ¡si tuvieras empeño en que mintiese, mentiría para darte gusto!»
Cuando la efrita Maimuna oyó estas palabras, se echó á reir, y comprendiendo que no podría nunca ponerse de acuerdo con el testarudo Dahnasch sólo por medio de un examen, le dijo: «Acaso haya un medio de averiguar cuál de nosotros dos tiene razón, y es recurrir á nuestra inspiración. El que diga los mejores versos en loor de su preferido, será quien esté en lo cierto. ¿Estás conforme? ¿O no eres capaz de esa habilidad, propia sólo de los seres delicados?» Pero el efrit Dahnasch exclamó: «¡Eso es precisamente, señora mía, lo que quería proponerte! Pues mi padre Schamhurasch me enseñó las reglas de la construcción poética y el arte de los versos ligeros de ritmo perfecto. Pero sea tuya la prioridad, ¡oh encantadora Maimuna!»
Entonces Maimuna se acercó á Kamaralzamán dormido, é inclinándose hacia sus labios, se los besó suavemente; después le acarició la frente, y con la mano en su cabellera, dijo, mirándole:
_¡Oh cuerpo claro, al que las ramas han dado su flexibilidad y los jazmines su fragancia! ¿Qué cuerpo de virgen vale lo que tu olor?_
_Ojos en que el diamante puso su luz y la noche sus estrellas, ¿qué ojos de mujer alcanzarán tu fuego?_
_Beso de tu boca, más dulce que la miel aromática, ¿qué beso femenil logrará tu frescura?_
_¡Oh! ¡Acariciar tu cabellera y estremecerse con toda mi carne sobre tu carne, y luego ver salir las estrellas en tus ojos!_
Cuando el efrit Dahnasch oyó estos versos de Maimuna, se extasió hasta el límite del éxtasis, y después se convulsionó hasta el límite de la convulsión, tanto por rendir homenaje al talento de la efrita como para expresar la emoción que le habían causado ritmos tan afinados; pero no tardó en acercarse á su vez á su amiga Budur, para inclinarse hacia sus pechos desnudos y depositar en ellos una caricia; é inspirado por sus encantos, dijo, mirándola:
_¡Los arrayanes de Damasco ¡oh joven! me exaltan el alma cuando sonríen; pero tu belleza...!_
_¡Las rosas de Bagdad, alimentadas con claror de luna y rocío, me embriagan el alma cuando sonríen; pero tus labios desnudos...!_
_¡Cuando sonríen tus labios desnudos y tu belleza florida, ¡oh amada mía! me vuelven loco! ¡ Y desaparece todo lo demás!_
No bien Maimuna oyó oda tan deliciosa, sorprendióse en gran manera al encontrar...
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.
[Illustration]
_PERO CUANDO LLEGÓ LA 182.ª NOCHE_
Ella dijo:
...sorprendióse en gran manera al encontrar en Dahnasch tanto talento unido á tanta fealdad; como, aunque mujer, estaba dotada de cierta dosis de buen juicio, no dejó de felicitar á Dahnasch, que se ensanchó en extremo. Y le dijo: «¡Verdaderamente, ¡oh Dahnasch! tienes un alma bastante delicada dentro de esa armazón que habitas; pero no creas que vences en el arte de los versos, ni Sett Budur vence tampoco en hermosura á Kamaralzamán!» Y Dahnasch, sofocado, exclamó: «¿Lo crees así de veras?» Ella dijo: «¡Seguramente!» Él dijo: «¡No lo creo!» Ella dijo: «¡Toma!» Y de un aletazo le hinchó un ojo. Él dijo: «¡Eso no prueba nada!» Ella dijo: «¡Bueno! ¡Mírame el trasero!» Él dijo: «¡Está bastante flaco!»
Al oir estas palabras, Maimuna, doblemente irritada, quiso precipitarse sobre Dahnasch y estropearle alguna parte de su individuo; pero Dahnasch, que lo había previsto, de pronto se convirtió en pulga y se refugió sigilosamente en la cama debajo de los dos jóvenes; y como Maimuna temía despertarlos, se vió obligada, para resolver aquel caso, á jurar á Dahnasch que ya no le haría más daño; y Dahnasch, oído el juramento, recobró su forma, pero se mantuvo en guardia. Entonces Maimuna le dijo: «Oye, Dahnasch: no encuentro más medio para terminar esta disputa que recurrir al arbitraje de un tercero.» Él dijo: «Me avengo á ello.»
Entonces Maimuna dió con el pie en el suelo, que se entreabrió, dando salida á un efrit espantoso, inmensamente horrible. En la cabeza tenía seis cuernos, cada uno de cuatro mil cuatrocientos ochenta codos de longitud; ostentaba tres rabos ahorquillados no menos extensos. Uno de sus brazos tenía cinco mil quinientos cincuenta y cinco codos de largo, y el otro medio codo nada más; era cojo y jorobado, y sus ojos estaban colocados en el centro de la cara y en sentido longitudinal; las manos, más anchas que calderos, acababan en garras de león; las piernas, rematadas con cascos, le hacían renquear; y su zib, cuarenta veces más gordo que el de un elefante, daba la vuelta por la espalda y surgía triunfador. Se llamaba Kaschkasch ben-Fakhrasch ben-Atrasch, de la posteridad de Eblis Abú-Hanfasch.
Y cuando la tierra se volvió á cerrar, el efrit Kaschkasch distinguió á Maimuna, y en seguida besó la tierra entre sus manos, quedándose delante de ella humildemente con los brazos cruzados, y le preguntó: «¡Oh mi dueña Maimuna, hija de nuestro rey Domriatt! Soy el esclavo que aguarda tus órdenes.» Ella dijo: «Quiero, Kaschkasch, que seas juez en la disputa que ha surgido entre ese maldito Dahnasch y yo. Ocurre tal y cuál cosa. Te corresponde ser imparcial, y después de echar una mirada á ese lecho, decirnos quién te parece más hermoso, si mi amigo ó esa joven.»
Entonces Kaschkasch se volvió hacia la cama en que ambos jóvenes dormían tranquilos y desnudos, y al verlos, fué tal su emoción, que se agarró con la mano izquierda la herramienta que se le erguía por encima de la cabeza, y se puso á bailar, cogido con la mano derecha al triple rabo ahorquillado. Después de lo cual dijo á Maimuna y á Dahnasch: «¡Por Alah! Bien mirado, me parecen iguales en belleza y diferentes sólo en el sexo. Pero de todos modos, sé de un medio único que puede dirimir la contienda.» Ellos dijeron: «¡Date prisa á comunicárnoslo!» Él contestó: «Dejadme primero cantar algo en honor á esa joven, que me alborota en extremo.» Maimuna dijo: «Poco tiempo hay para eso. ¡Como no quieras decirnos algunos versos acerca de ese hermoso adolescente!» Y Kaschkasch dijo: «Acaso resulte algo extraordinario.» Ella contestó: «Canta de todas maneras, siempre que los versos sean bien medidos y breves.» Entonces Kaschkasch cantó estos versos oscuros y complicados:
_¡Adolescente, me recuerdas que al consagrarse á un amor único, el cuidado y la zozobra ahogarían el fervor! ¡Sé prudente, corazón mío!_
_¡Gusta el azúcar de los besos en el labio virginal; pero para que el porvenir sea propicio, no dejes que se enmohezca la puerta de salida! ¡El sabor á sal es delicioso en los labios menos fáciles!_
Entonces Maimuna dijo: «No quiero tratar de entender. ¡Pero dinos pronto el medio para saber quién acierta!» Y el efrit Kaschkasch dijo: «Mi opinión es que el único medio que se ha de emplear consiste en despertarlos sucesivamente, mientras nosotros tres permanecemos invisibles. Y acordemos que aquel de los dos que manifieste amor más ardiente hacia el otro y demuestre más pasión en sus ademanes y actitud, será ciertamente el menos hermoso, pues se reconocerá subyugado por los encantos de su compañero.»
Oídas estas palabras del efrit Kaschkasch...
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.
[Illustration]
_PERO CUANDO LLEGÓ LA 183.ª NOCHE_
Ella dijo:
...Oídas estas palabras del efrit Kaschkasch, Maimuna exclamó: «¡Admirable idea!» Y Dahnasch también exclamó: «¡Me parece muy bien!» E inmediatamente se convirtió otra vez en pulga, pero esta vez para picar en el cuello al hermoso Kamaralzamán.
Al sentir tal picadura, que fué terrible, Kamaralzamán se despertó con sobresalto y se llevó la mano rápidamente al sitio picado; pero nada pudo coger, pues el veloz Dahnasch, que se había vengado algo en la piel del adolescente de todas las afrentas de Maimuna, soportadas en silencio, pronto recobró su forma de efrit invisible para ser testigo de lo que iba á suceder. Y en verdad que fué muy notable lo que sucedió.
En efecto, Kamaralzamán, todavía soñoliento, dejó caer la mano que no había podido cazar la pulga, y la mano fué precisamente á tocar el muslo desnudo de la joven. Aquella sensación le hizo abrir los ojos, é inmediatamente los volvió á cerrar, deslumbrado y conmovido. Y sintió junto á él aquel cuerpo más tierno que la manteca y aquel aliento más grato que el perfume del almizcle. De modo, que su sorpresa fué extremada, pero no desprovista de atractivos, y acabó por levantar la cabeza y contemplar la incomparable belleza de la desconocida que dormía á su lado.
Apoyó, pues, el codo en las almohadas, y olvidándose en un momento de la aversión que experimentó por el otro sexo hasta entonces, empezó á detallar con miradas de deleite las perfecciones de la joven. Primero la comparó mentalmente con una hermosa ciudadela coronada por una cúpula, después con una perla, luego con una rosa, ya que de primera intención no podía establecer comparaciones muy exactas, porque siempre se había negado á mirar á las mujeres, y era muy ignorante en cuanto á sus formas y sus gracias. Pero no tardó en comprender que su última comparación era la más precisa, y la más cierta la penúltima; y en cuanto á la primera, pronto le hizo sonreir.
De modo que Kamaralzamán se inclinó hacia la rosa, y vió que el perfume de su carne era tan delicioso, que pasó la nariz por toda su superficie. Y le agradó tanto aquello, que dijo para sí: «¡Voy á tocarla para enterarme!» Y paseó los dedos por todos los contornos de la perla, y comprobó que aquel contacto le abrasaba el cuerpo y provocaba movimientos y latidos en diversas partes de su individuo, de tal modo, que experimentó violento deseo de dar libre carrera á aquel instinto natural tan espontáneo. Y exclamó: «¡Todo sucede mediante la voluntad de Alah!» Y se dispuso á la copulación.