Chapter 2 of 14 · 3808 words · ~19 min read

Part 2

»Entonces, pasado bastante tiempo, me pude levantar, y me alejé con el alma llena de espanto. Y así pude llegar hasta aquí, donde el Destino hizo que os encontrara, ¡oh señores míos de alma compasiva!»

Cuando el pavo real y la pava hubieron oído el relato de la oca...

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

[Illustration:

_PERO CUANDO LLEGÓ LA 147.ª NOCHE_ ]

Ella dijo:

...Cuando el pavo real y la pava hubieron oído el relato de la oca, se conmovieron hasta el límite de la emoción, y la pava dijo á la oca: «¡Hermana, aquí estamos seguros; permanece con nosotros todo el tiempo que quieras, hasta que Alah te devuelva la paz del corazón, único bien estimable después de la salud! ¡Quédate, pues, y compartirás nuestra suerte, buena ó mala!» Pero la oca dijo: «¡Tengo mucho miedo, mucho miedo!» La pava repuso: «¡Pues no debes tenerlo! ¡Queriendo librarte de la suerte que está escrita, tientas al Destino! ¡Éste es el más fuerte! ¡Y lo que en nuestra frente está escrito tiene que suceder! ¡No hay deuda que no se pague! ¡De modo que si se nos ha fijado un fin, no hay fuerza que pueda anularlo! ¡Pero lo que más ha de consolarte es la convicción de que ninguna alma puede morir sin haber agotado los bienes que le debe el Justo Retribuidor!»

Y mientras departían de esta suerte, crujieron las ramas á su alrededor, y se oyó un ruido de pasos que turbó de tal modo á la pobre oca, que tendió frenéticamente las alas, y se tiró al mar, gritando: «¡Tened cuidado, tened cuidado! ¡Aunque todo destino haya de cumplirse!»

Pero aquello era una falsa alarma, pues entre las ramas apareció la cabeza de un lindo corzo de ojos húmedos. Y la pava real gritó á la oca: «¡Hermana mía, no te asustes así! ¡Vuelve en seguida! ¡Tenemos un nuevo huésped! ¡Es un lindo corzo, de la raza de los animales, así como tú eres de la de las aves! ¡Y no come carne sangrienta, sino hierba y plantas! ¡Ven y ahuyenta tu inquietud, pues nada extenúa el cuerpo y agota el alma como el temor y la zozobra!»

Entonces volvió la oca meneando las alas, y el corzo, después de las zalemas de costumbre, les dijo: «¡Esta es la primera vez que vengo por aquí, y nunca he visto tierra más fértil, ni plantas y hierbas más frescas y tentadoras! ¡Permitidme, pues, que os acompañe y que disfrute con vosotros de los beneficios del Creador!» Y los tres le contestaron: «¡Sobre nuestras cabezas y nuestros ojos, ¡oh corzo lleno de cortesía! ¡Aquí encontrarás bienestar, amor de familia y todo género de felicidades!» Y todos se pusieron á comer, á beber y á gozar de aquel clima tan suave durante largo espacio de tiempo. Pero nunca dejaron de rezar sus oraciones por la mañana y por la tarde, excepto la oca, que, segura ya de la paz, olvidaba sus deberes para con el Distribuidor de la tranquilidad constante.

¡No tardó en pagar con la vida aquella ingratitud hacia Alah!

Una mañana, un barco desarbolado fué arrojado á la costa; sus tripulantes abordaron á la isla, y al ver el grupo formado por el pavo real, su esposa, la oca y el corzo, se acercaron rápidamente. Entonces los dos pavos reales volaron á lo lejos, ocultándose en las copas de los árboles más frondosos, el corzo saltó, y en unos cuantos brincos se puso fuera de alcance. Sólo la oca se quedó allí, pues aunque intentó correr, la cercaron en seguida y la cogieron, comiéndosela en la primera comida que hicieron en la isla.

En cuanto al pavo y la pava real, antes de dejar la isla para regresar á su bosque, fueron ocultamente á enterarse de la suerte de la oca; y la vieron en el momento que la degollaban. Entonces buscaron por todas partes á su amigo el corzo, y después de mutuas zalemas y felicitaciones por haber escapado del peligro, enteraron al corzo del infortunio de la pobre oca. Y los tres lloraron mucho en recuerdo suyo, y la pava dijo: «¡Era muy dulce, y modesta, y gentil!» Y el corzo exclamó: «¡Verdad es! ¡Pero á última hora descuidaba sus deberes para con Alah, y olvidaba darle las gracias por sus beneficios!» Entonces dijo el pavo real: «¡Oh hija de mi tío, y tú, corzo piadoso, oremos!» Y los tres besaron la tierra entre las manos de Alah, y exclamaron:

_¡Bendito sea el Justo, el Retribuidor, el Dueño Soberano del Poder, el Omnisciente, el Altísimo!_

_¡Gloria al Creador de todos los seres, al Vigilante de cada uno de los seres, al Retribuidor de cada cual según sus méritos y capacidades!_

_¡Alabado sea Aquel que ha desplegado los cielos, y los ha redondeado, y los ha iluminado; Aquel que ha tendido la tierra á cada lado de los mares, y la ha vestido y adornado con toda su belleza!_

Entonces, después de haber contado esta historia, Schahrazada se calló un momento. Y el rey Schahriar exclamó: «¡Qué admirable es esa oración, y qué bien dotados están esos animales! Pero ¡oh Schahrazada! ¿no sabes algo más respecto á ellos?» Y Schahrazada dijo: «¡Oh rey lleno de generosidad! Eso no es nada comparado con lo que podría contarte.» Y el rey preguntó: «Pues ¿qué esperas para seguir?» Schahrazada dijo: «Antes de continuar la historia de los animales, quiero contarte ¡oh rey! otra historia que confirmará las conclusiones de ésta, es decir, lo agradable que es la oración para el Señor.» Y el rey Schahriar dijo: «¡Ciertamente, puedes contarla!»

Entonces Schahrazada dijo:

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El pastor y la joven

Cuentan que en una montaña de entre las montañas del país musulmán había un pastor dotado de una gran cordura y de una fe constante. Este pastor llevaba una vida pacífica y retirada, contentándose con su suerte, y viviendo con la leche y la lana, productos de su rebaño. Y este pastor tenía tanta dulzura y reunía tantas bendiciones, que las bestias feroces nunca atacaban á su rebaño, pues tanto le respetaban, que al verlo de lejos le saludaban con sus gritos y aullidos. Este pastor siguió viviendo así largo tiempo, sin interesarle, para su mayor dicha y tranquilidad, nada de lo que pasaba en las ciudades del universo.

Pero un día Alah el Altísimo quiso probar el grado de su cordura y el valor real de sus virtudes, y no encontró tentación más fuerte que enviarle la beldad de la mujer. Encargó, pues, á uno de sus ángeles que se disfrazase de mujer y no escatimara ninguno de los artificios femeniles para hacer pecar al santo pastor.

Y un día en que el pastor, hallándose enfermo, estaba tendido en su gruta y glorificaba en su alma al Creador, vió entrar de pronto en su albergue, risueña y gentil, á una joven de ojos negros, á quien se podía tomar también por un muchacho. Y al entrar se perfumó la gruta y el pastor sintió que se estremecía su carne de viejo. Pero frunció el ceño y se hizo un ovillo en su rincón, y dijo á la intrusa: «¿Qué vienes á hacer aquí, ¡oh mujer desconocida!? ¡Ni te he llamado, ni me haces ninguna falta!» La joven se acercó entonces, se sentó junto al viejo, y le dijo: «¡Mírame! ¡Todavía no soy mujer, sino virgen, y vengo á ofrecerme á ti, sencillamente por gusto y por lo que he sabido de tu virtud!» Pero el anciano exclamó: «¡Oh tentadora del infierno, aléjate! ¡Déjame entregarme á la adoración de Aquel que no muere!» Entonces la joven movió lentamente las flexibilidades de su cintura, miró al viejo, que trataba de retroceder, y suspiró: «¡Dime! ¿Por qué no me quieres? ¡Te traigo un alma sumisa y un cuerpo á punto de derretirse de deseo! ¡Mira si mi pecho no es más blanco que la leche de tus ovejas! ¡Y si mi desnudez no es más fresca que el agua de la sierra! Toca mi cabellera, ¡oh pastor! ¡Es más sedosa que el vello del cordero al salir del vientre de su madre! ¡Mis caderas son finas y resbaladizas, y apenas se dibujan en mi primera eflorescencia! ¡Y mis senos, que comienzan á hincharse, se estremecerían sólo con que los rozara ligeramente tu mano! ¡Ven! ¡Mis labios, que siento vibrar, se derretirán en tu boca! ¡Mis dientes tienen mordiscos que infunden vida á los viejos moribundos! ¡Ven, que mi miel está pronta á caer gota á gota de todos los poros de mi cuerpo! ¡Ven!»

Pero el viejo, aunque le temblaban todos los pelos de la barba, exclamó: «¡Huye, ¡oh demonio! ó te echaré de aquí con este garrote!»

Entonces la joven celestial le echó frenéticamente los brazos al cuello y le murmuró al oído: «¡Soy un fruto exquisito; cómelo y curarás! ¿Conoces el perfume del jazmín?... ¡Te parecería muy basto si olieras mi virginidad!»

Pero el anciano exclamó: «¡El perfume de la plegaria es el único que perdura! ¡Fuera de aquí, miserable seductora!» Y la rechazó con ambos brazos.

Entonces la joven se levantó, se quitó rápidamente la ropa y se quedó erguida, toda desnuda, blanca, sólo bañada en las oleadas de sus cabellos. Y su mudo llamamiento, en la soledad de aquella gruta, era más terrible que todos los gritos del delirio. Y el viejo no pudo dejar de gemir, y para no ver ya á aquella azucena viviente, se cubrió la cabeza con su manto, y exclamó: «¡Vete, vete, ¡oh mujer de ojos traicioneros! ¡Desde el principio del mundo eres la causa de nuestras calamidades! ¡Perdiste á los hombres de las edades primeras, y siembras la discordia entre los hijos del mundo! ¡El que te escucha renuncia para siempre á los goces infinitos, que sólo podrán disfrutar aquellos que te expulsan de su vida!» Y el viejo ocultó más la cabeza entre los pliegues del manto.

Pero la joven repuso: «¿Qué dices de los antiguos? ¡Los más sabios entre ellos me adoraron, y me cantaron los más severos! ¡Y mi belleza no les hizo desviarse del camino recto, sino que iluminó sus pasos y constituyó la delicia de su vida! ¡La verdadera cordura ¡oh pastor! es olvidarlo todo en mi seno! ¡Vuelve á la sabiduría! ¡Estoy dispuesta á abrirme á ti y á llenarte de la verdadera sabiduría!» Entonces el viejo se volvió del todo hacia la pared, y exclamó: «¡Atrás, engendro de malicia! ¡Te abomino y te rechazo! ¡A cuántos hombres buenos has hecho traición, y á cuántos malvados has protegido! ¡Tu hermosura es falsa! ¡En cambio, al que sabe orar se le aparece una belleza que nunca podrán ver los que te miran! ¡Atrás!»

Oídas estas palabras, la joven exclamó: «¡Oh pastor santo! ¡Bebe la leche de tus ovejas, y vístete con su lana, y reza al Señor en la soledad y en la paz de tu corazón!» Y la visión desapareció.

Entonces, desde todos los puntos de la montaña acudieron hacia el pastor las alimañas silvestres, que besaron la tierra entre sus manos para pedirle su bendición.

En este momento de su narración, Schahrazada se detuvo, y el rey Schahriar, entristecido, le dijo: «¡Oh Schahrazada! El ejemplo del pastor me da verdaderamente en qué pensar. ¡Y no sé si lo mejor para mí sería retirarme á una gruta, y huir para siempre de las preocupaciones de mi reino, y no tener más ocupación que apacentar ovejas! ¡Pero antes quiero oir cómo continúa la Historia de los Animales y las Aves!»

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_PERO CUANDO LLEGÓ LA 148.ª NOCHE_ ]

Schahrazada dijo:

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Cuento de la tortuga y el martín pescador

Se cuenta en uno de mis libros antiguos, ¡oh rey afortunado! que un martín pescador estaba un día á orillas de un río y observaba atentamente, alargando el pescuezo, la corriente del agua. Pues tal era el oficio que le permitía ganarse la vida y alimentar á sus hijos, y lo ejercía sin pereza, desempeñando honradamente su profesión.

Y mientras vigilaba de tal modo el menor remolino y la ondulación más leve, vió deslizarse por delante de él, y detenerse contra la peña en que estaba observando, un cuerpo muerto de la raza humana. Entonces lo examinó, y viendo que tenía heridas de importancia en todos sus miembros y rastros de lanzazos y sablazos, pensó para sí: «¡Debe ser algún bandido al cual han hecho expiar sus fechorías!» Después levantó las alas y saludó al Retribuidor, diciendo: «¡Bendito sea Aquel que hace servir á los malos después de muertos para el bienestar de sus buenos servidores!» Y se dispuso á precipitarse sobre el cuerpo para arrancarle algunos pedazos y llevárselos á sus crías, y comérselos con ellas. Pero en seguida vió que el cielo se oscurecía por encima de él con una nube de grandes aves de rapiña, como buitres y gavilanes, que empezaron á dar vueltas en grandes círculos, acercándose cada vez más.

Al ver aquello, el martín pescador se sintió sobrecogido del temor de que lo devorasen aquellos lobos del aire, y se apresuró á largarse á todo vuelo lejos de allí. Y pasadas muchas horas se detuvo en la copa de un árbol que se hallaba en medio del río, hacia su desembocadura, y aguardó allí á que la corriente arrastrara hasta aquel sitio el cuerpo flotante. Y muy entristecido, se puso á pensar en las vicisitudes y en la inconstancia de la suerte. Y se decía: «He aquí que me veo obligado á alejarme de mi país y de la orilla que me vió nacer, y en la cual están mis hijos y mi esposa. ¡Ah, cuán vano es el mundo! ¡Y cuánto más vano todavía el que se deja engañar por sus exterioridades, y confiando en la buena suerte vive al día, sin ocuparse del mañana! ¡Si yo hubiese sido más prudente habría hacinado provisiones para los días de necesidad como el de hoy, y los lobos del aire no me habrían asustado al haber venido á disputarme mis ganancias! ¡Pero el sabio nos aconseja la paciencia en tales trances! ¡Tengámosla, pues!»

Y mientras recapacitaba de esta manera, vió á una tortuga que, saliendo del agua y nadando lentamente, avanzaba hacia el árbol en que él se encontraba. Y la tortuga levantó la cabeza, le vió en el árbol, y en seguida le deseó la paz, y le dijo: «¿Cómo es ¡oh pescador! que has desertado del ribazo en que generalmente te hallabas?» El pájaro respondió:

«_¡Si bajo la misma tienda que te alberga y en tu mismo país llega á habitar un rostro desagradable,_ »_Sólo una determinación has de tomar: déjale tu tienda y tu país y apresúrate á marcharte!_

«Y yo ¡oh buena tortuga! he visto mi ribazo dispuesto á ser invadido por los lobos del aire, y para que no me impresionaran de mala manera sus caras desagradables, he preferido dejarlo todo y marcharme, hasta que Alah quiera compadecerse de mi suerte.»

Cuando la tortuga oyó estas palabras, dijo al martín pescador: «Desde el momento en que es así, aquí me tienes entre tus manos, dispuesta á servirte con toda mi abnegación y á hacerte compañía en tu abandono é indigencia, pues ya sé lo desdichado que es el extranjero lejos de su país y de los suyos, y cuán dulce es para él hallar afecto y solicitud entre los desconocidos. Y yo, aunque sólo te conozco de vista, seré para ti una compañera atenta y cordial.»

Entonces el martín pescador dijo: «¡Oh tortuga de buen corazón, que eres dura por fuera y dulce por dentro! ¡Comprendo que voy á llorar de emoción ante la sinceridad de tu oferta! ¡Cuántas gracias te doy! ¡Y cuán razonables son tus palabras acerca de la hospitalidad que se ha de conceder á los extranjeros y la amistad que se ha de otorgar á las personas en el infortunio! Porque, verdaderamente, ¿qué sería la vida sin amigos, y sin las conversaciones con los amigos, y sin las risas y canciones con los amigos? ¡El sabio es el que sabe encontrar amigos conforme á su temperamento, pues no se puede considerar amigos á los seres con quienes hay que tratar por razón del oficio, como yo trataba con los martín pescadores de mi especie, que me envidiaban por mis pescas y mis hallazgos! Así es que ahora deben estar muy contentos con mi ausencia esos tristes compañeros, que sólo saben hablar de su pesca y de sus mezquinos intereses, pero nunca piensan en elevar sus almas hacia el Dador. Siempre están con el pico vuelto hacia la tierra. ¡Y tienen alas, pero no las utilizan! Por eso la mayoría de ellos no podrían volar aunque quisieran. No pueden hacer más que sumergirse, y á veces se quedan en el fondo del agua.»

Al oir estas palabras, la tortuga, que escuchaba silenciosa, exclamó: «¡Oh martín pescador, baja para que te abrace!» Y el martín pescador bajó del árbol, y la tortuga le besó entre los ojos, y le dijo: «Verdaderamente, ¡oh hermano mío! no has nacido para vivir en comunidad con las aves de tu raza, que están completamente desprovistas de sutileza y no poseen modales exquisitos. Quédate conmigo, y nuestra vida será agradable en este rincón de la tierra perdido en medio del agua, á la sombra de este árbol y entre el rumor de las olas.» Pero el martín pescador dijo: «¡Oh hermana tortuga! Te doy las gracias. Pero ¿y los niños? ¿y mi esposa?» La tortuga respondió: «¡Alah es grande y misericordioso! Nos ayudará á transportarlos hasta aquí, y pasaremos días tranquilos y libres de toda zozobra.» Al oirla, el martín pescador dijo: «¡Oh tortuga! Demos juntos gracias al Óptimo, que ha permitido que nos reuniéramos.» Y exclamaron:

_¡Loor á Nuestro Señor! ¡Da riquezas á unos y pobreza á otros! ¡Sus designios son sabios y bien calculados!_

_¡Loor á Nuestro Señor! ¡Cuántos pobres son ricos en sonrisas! ¡Cuántos ricos son pobres de alegría!_

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente. Entonces el rey Schahriar dijo: «¡Oh Schahrazada! Tus palabras alejan de mí los feroces pensamientos. ¡Quisiera saber si conoces historias de lobos, por ejemplo, ó de animales montaraces!» Y contestó Schahrazada: «¡Precisamente son las historias que mejor conozco!» Entonces el rey Schahriar dijo: «¡Apresúrate, pues, á contarlas!» Y Schahrazada prometió contarlas en la noche venidera.

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_PERO CUANDO LLEGÓ LA 149.ª NOCHE_ ]

Schahrazada dijo:

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Cuento del lobo y el zorro

Sabe ¡oh rey afortunado! que el zorro, cansado de las continuas iras de su señor el lobo, y de su constante ferocidad, y de sus intrusiones en los últimos derechos que al zorro le quedaban, se sentó un día en el tronco de un árbol y se puso á reflexionar. Después dió un brinco lleno de alegría, porque se le había ocurrido una idea que le parecía la solución. Y en seguida corrió en busca del lobo, hallándole al fin con el pelo todo erizado, el hocico contraído y de muy mal humor. Desde lo más lejos que pudo divisarle, besó la tierra, llegó humildemente ante él, y aguardó con los ojos bajos que le interrogase. El lobo gritó: «¿Qué te pasa, hijo de perro?» Y el zorro dijo: «Perdona ¡oh señor! mi osadía, pero tengo una idea que exponerte y un ruego que dirigirte, si tienes á bien otorgarme una audiencia.» El lobo gritó: «¡Ahorra palabras, y en cuanto acabes, márchate en seguida, ó te romperé los huesos!» Entonces el zorro dijo: «He notado ¡oh señor! que desde hace algún tiempo Ibn-Adán nos hace una guerra incesante. ¡Por todo el bosque no se ven más que trampas y lazos de todas clases! Como sigamos así, llegará á ser inhabitable el bosque. ¿Qué te parecería de una alianza entre todos los lobos y todos los zorros para oponerse en masa á los ataques de Ibn-Adán y prohibirle que se acercase á nuestro territorio?»

Al oir estas palabras, el lobo exclamó: «¡Digo que eres muy osado pretendiendo mi alianza y mi amistad, falso, enclenque y miserable zorro! ¡Ahí tienes, por tu insolencia!» Y le sacudió una patada que le tumbó en el suelo, medio muerto.

El zorro se levantó renqueando, pero se guardó muy bien de mostrar ningún resentimiento; al contrario, revistió el aspecto más sonriente y contrito, y dijo al lobo: «¡Señor, perdona á tu esclavo su falta de tacto y su escaso trato social! ¡Reconozco mis faltas, que son muy grandes! ¡Si no las hubiese advertido, ese golpe tan terrible como merecido que me acabas de dirigir, y que bastaría por sí solo para matar á un elefante, me las habría mostrado sobradamente!» El lobo, algo calmado por la actitud del zorro, le dijo: «¡Así aprenderás para otra vez á no meterte en lo que no te importa!» El zorro contestó: «¡Cuánta razón tienes! Ya lo dijo el sabio: «No hables ni cuentes nada hasta que te lo pidan, y no contestes nunca antes que te pregunten. Y no te olvides de atender solamente lo que pueda interesarte. Pero sobre todo, guárdate bien de prodigar consejos á quienes no hayan de comprenderlos, y no los des tampoco á los malos, que te tomarían ojeriza por el bien que quisieras hacerles.»

Tales eran las palabras que el zorro decía al lobo, pero por dentro pensaba: «¡Ya me tocará la vez, y este lobo me pagará la deuda hasta lo último, porque la arrogancia, la provocación, la insolencia y el orgullo necio tienen al fin y al cabo su castigo! Humillémonos, pues, hasta que seamos poderosos.» Después el zorro dijo: «¡Oh mi señor lobo! Ya sabes que la equidad es la virtud de los poderosos, y la bondad y la dulzura de modales los dones y el ornamento de los fuertes. El mismo Alah perdona al culpable arrepentido. Ahora bien; mi crimen es enorme, ya lo sé, pero mi arrepentimiento no es menor, pues ese golpe doloroso que has tenido la bondad de darme me ha estropeado el cuerpo, pero me ha remediado el alma, y esto es para mí un gran motivo de júbilo. Ya lo dijo el sabio: «El castigo que te impone la mano de tu maestro tendrá al principio cierta amargura, pero después te sabrá más dulce que la miel clarificada.»

Entonces el lobo dijo al zorro: «Acepto tus disculpas y perdono tu mal paso y la molestia que me has ocasionado obligándome á asestarte ese golpe, pero tienes que ponerte de rodillas, con la cabeza en el polvo.» Y el zorro, sin vacilar, se arrodilló y adoró al lobo, diciéndole: «¡Alah te haga triunfar y consolide tu dominio!» Entonces el lobo dijo: «Bueno está. Ahora marcha delante de mí y sírveme de batidor. Y si ves algo de caza, ven á advertírmelo en seguida.» El zorro respondió oyendo y obedeciendo, y se apresuró á marchar delante.