Part 5
Hallábase coronado por una cúpula sostenida por ochenta columnas del mármol más transparente y más puro; las bases y capiteles estaban esculpidos con arte exquisito y adornados con aves de oro y animales de cuatro pies. Y la cúpula tenía pintados sobre fondo de oro unos dibujos de líneas coloreadas y como vivientes, que representaban los mismos adornos que los de la gran alfombra que cubría la sala. En los espacios que quedaban entre las columnas había grandes jarrones con flores, ó sencillamente unas grandes ánforas, hermosas con su propia belleza y su carne de jaspe, ágata ó cristal. Y aquella sala daba á un jardín, cuya entrada reproducía, con guijarros de colores, los mismos dibujos de la alfombra; de modo que la cúpula, el salón y el jardín se continuaban bajo el cielo tranquilo y azul.
Y mientras el príncipe Alí ben-Bekar y Abalhassan admiraban esta delicada combinación, vieron sentadas en corro, con los pechos turgentes, los ojos negros y las mejillas sonrosadas, diez muchachas que tenían cada una en la mano un instrumento de cuerda...
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.
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_PERO CUANDO LLEGÓ LA 153.ª NOCHE_
Ella dijo:
...diez muchachas que tenían cada una en la mano un instrumento de cuerda.
Y á una señal de la esclava favorita, aquellas jóvenes tocaron á un tiempo un preludio dulcísimo. Y el príncipe Alí, cuyo corazón estaba lleno del recuerdo de Schamsennahar, sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas. Y dijo á su amigo Abalhassan: «¡Ah, hermano mío, cuán conmovida siento mi alma! ¡Esos acordes me hablan en un lenguaje que la hace llorar, sin saber á punto fijo por qué!» Abalhassan dijo: «¡Mi joven señor, tranquiliza tu alma y presta toda tu atención á este concierto, que promete ser admirable, gracias á la hermosa Schamsennahar, que seguramente llegará pronto!»
Y en efecto, apenas Abalhassan había pronunciado estas palabras, cuando las diez mujeres se levantaron á la vez, y unas pulsando las cuerdas, y agitando otras rítmicamente sus panderetillas, entonaron este canto:
_¡Azul, nos miras con sonrisa de felicidad! ¡Y he aquí que la luna levanta sus lienzos de nube, para velarse confusa! ¡Y el sol, sol vencedor, huye también y no brilla ya!_
Y el coro se detuvo aguardando la respuesta, que cantó una de las diez jóvenes:
_¡He aquí nuestra luna que avanza! ¡Y viene porque el sol nos ha visitado, un sol juvenil y principesco, que ha venido á rendir tributo á Schamsennahar!_
Entonces el príncipe Alí, que representaba á aquel sol, miró á la parte opuesta, y vió acercarse doce negras jóvenes, que llevaban en hombros un trono de plata maciza cubierto con un dosel de terciopelo, y en el cual estaba sentada una joven tapada con un gran velo de seda que flotaba por delante del trono. Y aquellas negras llevaban el pecho desnudo y las piernas desnudas; y una faja de seda y oro, ajustada á la cintura, hacía resaltar las opulentas nalgas de las cargadoras. Y cuando llegaron adonde estaban las cantarinas, dejaron suavemente en el suelo el trono de plata y retrocedieron hasta debajo de los árboles.
Entonces una mano apartó el velo de seda, y brillaron unos ojos en un rostro de luna: era Schamsennahar. Llevaba un gran manto azul en fondo de oro, constelado de perlas, diamantes y rubíes, todo ello de una calidad y un precio incalculables. Apartadas las cortinas del trono, Schamsennahar se despojó completamente del velo de seda, y miró sonriendo al príncipe Alí, é inclinó levemente la cabeza. Y el príncipe Alí, suspirando, la miró, y con el lenguaje mudo de los ojos se dijeron en pocos instantes más cosas de las que hubieran podido decirse en mucho tiempo.
Schamsennahar pudo por fin separar sus miradas de los ojos de Alí ben-Bekar, para mandar á sus doncellas que cantaran. Entonces una de ellas se apresuró á templar el laúd, y cantó:
_¡Oh Destino! Cuando dos amantes, atraídos entre sí, se encuentran dignos el uno del otro y se unen en un beso, ¿quién tiene la culpa más que tú?_
_Y la amante dice: ¡Oh corazón mío, dame otro beso! ¡Te lo devolveré con el mismo calor que tenga el tuyo! ¡Y si quisieras que tuviera más calor, cuán fácil me sería complacerte!_
Entonces Schamsennahar y Alí ben-Bekar suspiraron; y otra joven cantó, obedeciendo á una seña de la hermosa favorita:
_¡Oh muy amado! ¡Luz que ilumina el espacio en que están las flores, como los ojos del muy amado!_
_¡Oh carne que filtras la bebida de mis labios! ¡oh carne tan dulce para mis labios!_
_¡Oh muy amado! Cuando te encontré, la Belleza me detuvo para decirme entusiasmada_:
_¡Helo aquí! ¡Ha sido modelado por dedos divinos! ¡Es una caricia, es como un bordado magnífico!_
Al oir estos versos, el príncipe Alí ben-Bekar y la hermosa Schamsennahar se miraron largo rato; pero ya una tercera cantarina decía:
_¡Las horas dichosas ¡oh jóvenes! corren como el agua, rápidas como el agua! ¡Creedme, enamorados, no aguardéis más!_
_¡Aprovechad la dicha! ¡Sus promesas son fugaces! ¡Aprovechad la belleza de vuestros años y el momento que os une!_
Cuando la cantarina hubo acabado su estrofa, el príncipe Alí exhaló un prolongado suspiro, y sin poder reprimir por más tiempo su emoción, rompió en sollozos. Schamsennahar, que no estaba menos conmovida, se echó á llorar también, y no pudiendo sobreponerse á su pasión, se levantó del trono y se dirigió hacia la puerta de la sala. Inmediatamente Alí ben-Bekar corrió en la misma dirección, y al llegar detrás del cortinaje que cubría la puerta se encontró con su amada. Fué tan grande su emoción al besarse y tan intenso su delirio, que se desmayaron uno en brazos de otro, y seguramente se habrían caído al suelo si no los hubiesen sostenido las doncellas que habían seguido á cierta distancia á su ama. Las esclavas se apresuraron á llevarlos á un diván, donde les hicieron volver en sí á fuerza de rociarlos con agua de rosas y con perfumes vivificantes.
Y Schamsennahar, al volver en si, sonrió dichosa al ver á su amigo Alí ben-Bekar; pero como no viese á Abalhassan ben-Taher, preguntó ansiosamente por él. Y Abalhassan, por discreción, se había retirado de allí temiendo las consecuencias desagradables que pudiese tener aquella aventura si llegaba á divulgarse por el palacio. Pero en cuanto se enteró de que la favorita preguntaba por él, avanzó respetuosamente y se inclinó ante ella. Y Schamsennahar dijo: «¡Oh Abalhassan! ¿cómo podré agradecerte tus buenos oficios? ¡Gracias á ti he conocido lo más digno de ser amado que hay entre las criaturas, y he gozado unos instantes incomparables en que el alma se llena de felicidad! ¡Sabe ¡oh Ben-Taher! que Schamsennahar no será ingrata!» Y Abalhassan se inclinó profundamente ante la favorita, pidiendo á Alah que le concediese todos los deseos que pudiera sentir su alma.
Entonces Schamsennahar se volvió hacia su amigo Alí ben-Bekar, y le dijo: «¡Oh mi señor! ¡ya no dudo de tu cariño, aunque el mío supere á todo lo que puedas sentir hacia mí! Pero ¡ay! el Destino es muy cruel al tenerme sujeta á este palacio y no serme posible dar entera satisfacción á mi ternura.» Alí ben-Bekar contestó: «¡Oh mi señora! ¡tu amor ha penetrado en mí de tal suerte, que forma parte de mi alma, hasta el punto de que después de mi muerte seguirá unido á ella! ¡Cuán desdichados somos al no podernos amar libremente!» Y dicho esto, las lágrimas inundaron como una lluvia las mejillas del príncipe Alí y las de Schamsennahar. Pero Abalhassan se acercó á ellos discretamente, y les dijo: «¡Por Alah! ¡No entiendo nada de ese llanto, ahora que estáis juntos! ¿Qué sería si estuvierais separados? El momento no es para estar tristes, sino para alegraros y pasar el tiempo agradablemente.»
Y la bella Schamsennahar, al oir estas palabras de Abalhassan, cuyos consejos estimaba en mucho, se secó las lágrimas é hizo seña á una de sus esclavas, que salió en seguida, volviendo después con varias criadas que llevaban grandes bandejas de plata con toda clase de viandas de aspecto tentador. Y colocadas las bandejas en la alfombra entre Alí ben-Bekar y Schamsennahar, se alejaron las criadas y permanecieron inmóviles junto á la puerta.
Entonces Schamsennahar invitó á Abalhassan á sentarse con ellos frente á los platos de oro cincelado, donde aparecían las frutas redondas y maduras y los sabrosos pasteles. Y con sus propias manos, la favorita se puso á servirles de cada plato, y colocaba los bocados en los labios de su amigo Alí ben-Bekar. Cuando hubieron comido, apresuráronse los criados á llevarse las fuentes de oro, y les presentaron un jarro de oro fino en una palangana de plata cincelada, y se lavaron las manos con el agua perfumada que les echaron. Después se sentaron de nuevo, y las esclavas negras les ofrecieron copas de ágata de varios colores llenas de un vino exquisito, que alegraba los ojos y ensanchaba el alma. Lo bebieron lentamente mirándose largo rato, y vacías ya las copas, Schamsennahar despidió á todas las esclavas, quedando solamente las cantarinas y tañedoras de instrumentos.
Entonces, teniendo deseos de cantar, la favorita mandó á una de las esclavas que preludiase el tono, y la esclava templó su laúd, y cantó dulcemente:
_¡Alma mía, cómo te agotas! ¡Las manos del amor te agitaron en todos sentidos, arrojando á todos los vientos tu misterio!_
_¡Alma mía! ¡Te guardaba delicadamente en mi pecho, y te escapas para correr hacia el que te hace sufrir!_
_¡Corred, lágrimas mías! ¡Os escapáis de mis párpados para correr hacia el cruel! ¡Lágrimas mías, también vosotras estáis enamoradas de mi muy amado!_
Entonces Schamsennahar alargó el brazo, llenó una copa, bebió de ella, y luego se la ofreció al príncipe Alí, que bebió también, poniendo los labios en el mismo sitio que habían tocado los labios de su amiga...
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.
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_PERO CUANDO LLEGÓ LA 154.ª NOCHE_
Ella dijo:
...que bebió también, poniendo los labios en el mismo sitio que habían tocado los labios de su amiga, mientras las cuerdas de los instrumentos se estremecían amorosamente bajo los dedos de las tañedoras. Y Schamsennahar hizo otra seña á una de las cantarinas para que cantase algo. Y la esclava cantó:
_¡Mis mejillas están regadas incesantemente por el licor de mis ojos!_
_¡La copa en que pongo mis labios se llena con mis lágrimas más que con el vino del copero!_
_¡Por Alah! ¡oh corazón mío, bebe de este licor! ¡Te infundirá mi alma, que se escapa de mis ojos!_
En este momento Schamsennahar se sintió dominada completamente por las notas conmovedoras de las canciones, y cogiendo un laúd de manos de una de las esclavas entornó los ojos, y con toda el alma cantó estas estrofas admirables:
_¡Oh luz de mis ojos! ¡oh hermosura de la gacela joven! ¡Si te alejas, me muero; si te acercas, me embriago! ¡Vivo ardiendo, y gozando me extingo!_
_¡La olorosa brisa nació del soplo de tu aliento; de tu aliento, que embalsama las noches del desierto y las tibias noches bajo las palmeras admirables!_
_¡Oh brisa que estás enamorada de su contacto amado! ¡Tengo celos de ese beso que robas en el lunar de su barbilla y en el hoyuelo de sus mejillas! ¡Porque tu caricia es tan intensa, que toda su carne se estremece!_
_¡Jazmines de su vientre bajo el ligerísimo vestido, jazmines de su piel suave y blanca como una piedra de luna!_
_¡Saliva de su boca que amo, capullo de sus labios sonrosados! ¡Ah, las mejillas húmedas y los ojos cerrados después de los abrazos de amor!_
_¡Oh corazón mío! ¡Te extravías en los deliciosos repliegues de una carne de pedrería! ¡Ten cuidado! ¡El amor te acecha, y sus flechas están preparadas!_
Cuando Alí ben-Bekar y Abalhassan ben-Taher oyeron este canto de Schamsennahar, se sintieron transportados por el éxtasis; después se estremecieron de placer, y exclamaron: «¡Oh Alah, oh Alah!» Y rieron y lloraron al mismo tiempo. El príncipe Alí, en el límite de la emoción, cogió un laúd y se lo dió á Abalhassan, rogándole que le acompañase, pues iba á cantar. Y cerró los ojos, y con la cabeza inclinada y apoyada en la mano, cantó á media voz al estilo de su país:
_¡Escucha, oh copero!_
_¡Es tan hermoso mi amor, que si yo fuese el dueño de todas las ciudades, se las daría en seguida, por tocar una sola vez con mis labios el lunar de su mejilla ingrata!_
_¡Su rostro es tan bello, que hasta el lunar le sobra! ¡Porque tiene tal belleza propia, que ni las rosas ni el terciopelo de un vello juvenil le añadirían nuevo encanto!_
Y lo dijo el príncipe Alí ben-Bekar con una voz admirable. Y cuando se extinguía aquel canto, la esclava favorita acudió trémula y asustada y dijo á Schamsennahar: «¡Oh mi señora! Massrur, Afif y otros eunucos están á la puerta y solicitan hablar contigo.»
Al oir estas palabras se alarmaron el príncipe Alí, Abalhassan y todas las esclavas, y hasta temblaron por su vida. Pero Schamsennahar, la única que conservaba la calma, sonrió tranquilamente y dijo á todos: «¡No temáis! ¡Y dejadme á mi!» Después ordenó á su confidente: «Procura entretener á Massrur, á Afif y á los demás, diciéndoles que nos den tiempo para recibirlos con arreglo á su categoría.» Y mandó á las esclavas que cerraran todas las puertas y corrieran cuidadosamente las cortinas. Hecho esto, invitó al príncipe y á Abalhassan á que no se moviesen de allí y que nada temieran. Después salió con sus esclavas por la puerta que daba al jardín, mandándola cerrar detrás de ella, y fué á sentarse en el trono que había dispuesto que pusieran bajo la sombra de los árboles. Ordenó á una de las esclavas jóvenes que le diera masaje y á las otras que se apartaran más lejos, mientras enviaba á una esclava negra para que abriese la puerta y diese entrada á Massrur y á los otros que habían llegado con él.
Entonces Massrur, Afif y veinte eunucos avanzaron desde lejos encorvados hasta tierra, con la espada desnuda en la mano y el talle ceñido por el ancho cinturón, y saludaron á la favorita con las mayores muestras de respeto. Y Schamsennahar dijo: «¡Oh Massrur! ¡Alah haga que seas portador de buenas nuevas!» Y Massrur contestó: «¡Inschala! ¡oh mi señora!» Y acercándose al trono de la favorita, prosiguió: «El Emir de los Creyentes te envía su saludo de paz y te dice que desea ardientemente verte. Y te hace saber que este día se le ha anunciado como lleno de alegría y bendito entre todos; y quiere acabarlo junto á ti, para que sea admirable del todo. Pero antes quisiera saber si prefieres ir á su palacio ó recibirle en tu casa, aquí mismo.»
Oídas estas palabras, incorporóse Schamsennahar, se prosternó y besó la tierra en señal de que consideraba como una orden el deseo del califa, y contestó: «¡Soy la esclava sumisa y dichosa del Emir de los Creyentes! Te ruego, pues, ¡oh Massrur! que digas á nuestro amo lo feliz que soy al recibirle, y que su venida iluminará este palacio.»
Entonces el jefe de los eunucos y su séquito se apresuraron á retirarse, y Schamsennahar corrió en seguida al salón en que se hallaba su enamorado, y con lágrimas en los ojos le estrechó contra su pecho, y le besó tiernamente, lo mismo que él á ella; y luego le expresó su pena por despedirse de él antes de lo que esperaba. Y ambos se echaron á llorar uno en brazos de otro. Y el príncipe Alí pudo por fin decir a su amada: «¡Oh mi señora! ¡por favor, déjame estrecharte y sentirte junto á mí y gozar de tu contacto adorable, ya que está próximo el momento de la separación fatal! ¡Conservaré en mi carne este contacto amado y en mi alma su recuerdo! ¡Será un consuelo en la ausencia y endulzará mi tristeza!» Ella contestó: «¡Oh Alí! ¡Por Alah! ¡A mí sola me alcanza la tristeza, pues que me quedo sola en este palacio, sin más que tu recuerdo! ¡Tú tendrás los zocos para distraerte y las jóvenes de la calle! ¡Sus gracias y sus ojos alargados te harán olvidar á esta desconsolada Schamsennahar, tu enamorada! ¡El tintineo de los brazaletes de cristal de esas jóvenes disiparán hasta las huellas de mi imagen ante tus ojos! ¡Oh amado mío! ¿Cómo podré resistir los estallidos de mi dolor, ni reprimir los gritos de mi garganta reemplazándolos con las canciones que me pida el Emir de los Creyentes? ¿Cómo podrá articular mi lengua las palabras armoniosas? ¿Con qué sonrisa le podré recibir, cuando eres tú solo el que puedes aliviar mi alma? ¿Qué miradas tan ansiosas no he de fijar en el sitio que ocupaste junto á mí, ¡oh Alí!? Y sobre todo, ¿cómo podré, sin que me cueste la vida, llevar á mis labios la copa que me ofrezca el Emir de los Creyentes? ¡Estoy segura de que, al beberla, una ponzoña implacable correrá por mis venas! Y entonces, ¡cuán ligera me será la muerte, oh amado mío!»
En este momento, cuando Abalhassan ben-Taher se disponía á consolarlos, apareció la esclava confidente para avisar á su ama que se acercaba el califa. Y Schamsennahar, arrasados los ojos en lágrimas, no tuvo tiempo más que para dar el último beso á su amado, y dijo á la confidente: «Llévalos á la galería que da al Tigris, y cuando la noche esté bien oscura, hazlos salir diestramente por la parte del río.» Y dichas estas palabras, Schamsennahar reprimió los sollozos que la ahogaban, para correr al encuentro del califa, que avanzaba por el lado opuesto.
Por su parte, la esclava guió al príncipe Alí y á Abalhassan hacia la galería consabida, y se retiró después de haber cerrado cuidadosamente la puerta. Y los dos jóvenes se hallaron en la mayor oscuridad; pero á los pocos momentos, á través de las ventanas caladas entró una gran claridad y pudieron distinguir una comitiva formada por cien jóvenes eunucos que llevaban en las manos antorchas encendidas; y tras de estos cien eunucos seguían otros cien eunucos viejos que llevaban en la mano un alfanje desnudo; y por último, á veinte pasos de ellos avanzaba, magnifico, precedido del jefe de los eunucos y rodeado por veinte esclavas jóvenes, blancas como la luna, el califa Harún Al-Rachid.
El califa iba precedido por Massrur, llevando á la derecha á Afif, segundo jefe de los eunucos, y á la izquierda al otro segundo jefe, Wassif. ¡Y era, en verdad, arrogante y hermoso por sí mismo y por todo el resplandor que hacia él proyectaban las antorchas de los esclavos y las pedrerías de las damas! Y así avanzó al son de los instrumentos que tañían las esclavas, y así llegó hasta Schamsennahar, que se había prosternado á sus pies. El emir se apresuró á ayudarla á levantarse, tendiéndole una mano, que ella se llevó á los labios. Después, contentísimo por volverla á ver, le dijo: «¡Oh Schamsennahar! Las atenciones de mi reino me impedían tiempo ha descansar mi vista en tu rostro. Pero Alah me ha otorgado esta noche bendita para regocijar completamente mis ojos con tus encantos.» Después fué á sentarse en el trono de plata, mientras la favorita se sentaba frente á él, y las otras veinte mujeres formaban un círculo alrededor de ellos en asientos colocados á igual distancia unos de otros. Las tañedoras de instrumentos y las cantarinas formaron otro grupo cercano á la favorita, mientras los eunucos, jóvenes y viejos, se alejaban, según costumbre, hasta llegar junto á los árboles, teniendo siempre las antorchas encendidas, alumbrando desde lejos, á fin de que el califa pudiera deleitarse cómodamente con el fresco de la noche.
El emir hizo una seña á las cantarinas, é inmediatamente una de ellas, acompañada por las demás, entonó estas estrofas, que el califa prefería entre todas las que cantaba, por la belleza de su ritmo y la rica melodía de los finales:
_¡Oh niño! ¡el rocío enamorado de la mañana humedece las flores entreabiertas, y una brisa del Edén balancea sus tallos! ¡Pero tus ojos...!_
_¡Tus ojos son el límpido manantial que ha de apagar largamente la sed que siente el cáliz de mis labios! ¡Y tu boca...!_
_¡Tu boca ¡oh joven amigo! es la colmena de perlas donde fluye una miel envidiada por las abejas!_
Y cantadas estas maravillosas estrofas con voz apasionada, la cantarina se calló. Y Schamsennahar hizo seña á su favorita, que sabía el amor que le había inspirado el príncipe Alí; y la esclava cantó estos versos, que se aplicaban perfectamente á los sentimientos de su señora:
_¡Cuando la joven beduína encuentra en su camino á un hermoso jinete, sus mejillas se ponen tan rojas como la flor del laurel que crece en Arabia!_
_¡Oh joven aventurera! ¡Apaga ese fuego que enciende tus colores! ¡Preserva á tu alma de una pasión que la consumiría! ¡Sigue tranquila en tu desierto, pues el hacer sufrir de amor es don de los jinetes hermosos!_
Cuando la bella Schamsennahar oyó estos versos, sintió una emoción tan viva, que se echó hacia atrás y cayó desvanecida en brazos de las mujeres que habían acudido en su auxilio.
Y al verlo el príncipe Alí, que miraba la escena tras la ventana, se sintió sobrecogido de un dolor tan intenso...
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.
[Illustration]
_PERO CUANDO LLEGÓ LA 155.ª NOCHE_
Ella dijo:
...se sintió sobrecogido de un dolor tan intenso, que cayó también desmayado en brazos de su amigo Abalhassan ben-Taher. Entonces Abalhassan se alarmó mucho por causa del lugar en que se hallaban, y cuando buscaba un poco de agua entre aquella oscuridad para rociarle la cara á su amigo, vió abrirse una de las puertas de la galería, y apareció la esclava confidente de Shamsennahar, que dijo con voz llena de susto: «¡Voy á haceros salir, pues se ha armado un alboroto y me temo que haya llegado nuestro día fatal! ¡Seguidme, ó démonos por muertos!» Pero Abalhassan repuso: «¡Oh caritativa joven! Advierte el estado en que se halla mi amigo. ¡Acércate y mira!»
Cuando la esclava vió al príncipe Alí desmayado sobre la alfombra, corrió á una mesa en que se hallaban varios frascos, cogió uno que contenía agua de flores, y refrescó el rostro del joven, que no tardó en recobrar el sentido. Entonces Abalhassan lo cogió por los hombros, y la joven por los pies, y entre los dos lo transportaron fuera de la galería, hasta el pie del palacio, á la orilla del Tigris. Lo dejaron en un banco, dió unas palmadas la joven, y en seguida apareció por el río una barca con un solo remero, que se apresuró á atracar. Y sin pronunciar palabra alguna, á una seña de la esclava cogió en brazos al príncipe Alí y lo llevó á la embarcación, donde se apresuró á saltar Abalhassan. En cuanto á la esclava, se excusó por no poder acompañarlos más lejos, y con voz muy triste les deseó la paz, regresando en seguida al palacio.