Part 13
_¡Trataré de cantar los méritos de una beldad, causante de mis padecimientos, para hacer revivir el recuerdo de sus antiguos encantos!_
_Me dicen_: «_¡Oh tú, el herido por la flecha de amor, levántate! ¡He aquí la copa llena, y la guitarra para alegrarte!_»
_Yo les digo_: «_¿Cómo podré alegrarme si amo? ¿Hay mayor alegría que la del amor y la de padecer por amor?_
»_¡Amo tanto á mi amiga, que me encela hasta la camisa que toca sus caderas cuando la camisa se ciñe demasiado á sus caderas hermosas, benditas y suaves!_
»_¡Amo tanto á mi amiga, que tengo celos de la copa que toca sus labios gentiles cuando la copa roza durante mucho tiempo sus labios, creados para el beso!_
»_¡No me censuréis por amarla tan apasionadamente; bastante padezco con mi propio amor!_
»_¡Ah, si supierais sus méritos! ¡Tan seductora es como José en casa de Faraón, tan melodiosa como David delante de Saúl, tan modesta como María, madre de Cristo!_
»_¡Y yo me veo tan triste como Jacob apartado de su hijo, tan desdichado como Jonás en la ballena, tan probado como Job entre la paja, tan decaído como Adán perseguido por el ángel!_
»_¡Ay! ¡Nada me curará, á no ser el regreso de la amiga!_»
Cuando Kamaralzamán oyó estos versos, notó como si penetrase en él una gran frescura que le apaciguara el alma, é hizo seña á su padre para que invitara al joven á sentarse cerca de él y los dejaran solos. Y encantado el rey al ver que su hijo interesábase por algo, se apresuró á invitar á Marzauán á sentarse cerca de Kamaralzamán, y salió de la sala después de haber guiñado el ojo al visir para indicarle que le siguiera.
Entonces Marzauán se inclinó al oído del príncipe y le dijo: «Alah me ha guiado hasta aquí para servir de mediador entre tú y la que amas. Y á fin de convencerte, escucha.» Y dió á Kamaralzamán tales pormenores de la noche pasada con la joven, que no era posible la duda. Y añadió: «Y esa joven se llama Budur, y es hija del rey Ghayur, señor de El-Buhur y El-Kussur. Y es mi hermana de leche.»
Al oir estas palabras, Kamaralzamán se sintió tan aliviado de su languidez, que notó cómo las fuerzas daban á su alma nueva vida; y se levantó de la cama, y cogió del brazo a Marzauán y le dijo: «¡Voy á irme en seguida contigo al país del rey Ghayur!» Pero Marzauán le dijo: «Está algo lejos, y primero has de recobrar las fuerzas por completo. Después iremos juntos allá, y tú solo curarás á Sett Budur...»
En este momento de su narración, Schahrazada vio aparecer la mañana, y se calló discretamente.
[Illustration]
_PERO CUANDO LLEGÓ LA 199.ª NOCHE_
Ella dijo:
»...y tú solo curarás á Sett Budur.»
A todo esto, el rey, impulsado por la curiosidad, volvió á la sala y vió el rostro radiante de su hijo. Entonces, con la alegría, se le atascó en la garganta el aliento; y la alegría llegó al delirio cuando oyó que su hijo le decía: «¡Voy á vestirme al momento para ir al hammam!»
En seguida el rey se echó al cuello de Marzauán y le besó, sin pensar siquiera en preguntarle de qué receta ó remedio se había servido para obtener en tan poco tiempo tan buen resultado. Y luego de colmar á Marzauán de regalos y honores, mandó iluminar toda la ciudad en señal de alegría, distribuyó prodigiosa cantidad de ropones de honor y obsequios á sus dignatarios y á toda la servidumbre de palacio, y mandó abrir todas las cárceles y poner en libertad á los presos. Y de aquella manera toda la ciudad y todo el reino se llenaron de contento y dicha.
Cuando á Marzauán le pareció que la salud del príncipe estaba completamente restablecida, le llamó aparte y le dijo: «¡Llegó el momento de partir, ya que no puedes aguardar más! ¡Haz, pues, tus preparativos, y vámonos!» El príncipe respondió: ¡Pero mi padre no me dejará marchar, porque me quiere tanto, que nunca se decidirá á separarse de mí! ¡Ya Alah! ¡Cuál será entonces mi desolación! ¡Seguramente tendré una grave recaída!» Pero Marzauán contestó: «Ya he previsto esa dificultad, y me las arreglaré de modo que no haya retraso; verás qué ardid he discurrido para lograrlo. Dirás al rey que tienes gana de respirar el aire libre en una cacería de algunos días conmigo, porque te notas oprimido el pecho desde que no sales de casa. ¡Y seguramente el rey no te negará el permiso!»
Al oir estas palabras, Kamaralzamán se alegró en extremo, y fué en el acto á pedir la venia á su padre, quien, efectivamente, para no afligirle, no se atrevió á negarse. Pero le dijo: «¡Sólo por una noche! ¡Pues una ausencia muy prolongada me mataría de pena!» Después el rey mandó preparar para su hijo y Marzauán dos magníficos caballos y otros seis de repuesto, y un dromedario para los bagajes, y un camello cargado de víveres y odres con agua.
Tras de lo cual, el rey abrazó á su hijo Kamaralzamán y á Marzauán; llorando les encargó recíproco cuidado, y después de la despedida más conmovedora, les dejó alejarse de la ciudad con todo su séquito.
Fuera ya de las murallas, los dos camaradas fingieron cazar todo el día para engañar á los palafreneros y conductores, y al oscurecer armaron las tiendas y comieron, bebieron y durmieron hasta medianoche. Entonces Marzauán despertó sigilosamente á Kamaralzamán, y le dijo: «¡Tenemos que aprovechar el sueño de esta gente para marcharnos!» Cada cual montó en uno de los caballos de refresco, y se pusieron en camino sin llamar la atención.
Así anduvieron á buen paso hasta el nacimiento del alba. En aquel momento Marzauán paró el caballo y dijo al príncipe: «¡Párate también y apéate!» Y cuando se apeó, le dijo: «¡Quítate pronto la camisa y los calzones!» Y Kamaralzamán, sin replicar, se despojó de los calzones y la camisa. Y Marzauán le dijo: «¡Ahora dámelos y aguarda un poco!» Y cogió las dos prendas y se fué hasta un sitio en que el camino formaba una encrucijada. Entonces cogió un caballo que había tenido la precaución de llevarse detrás, y lo metió en el centro de un bosque que se extendía hasta allí, y lo degolló, y tiñó con su sangre la camisa y los calzones. Después de lo cual volvió al sitio en que el camino se dividía y tiró las prendas entre el polvo del camino. Luego volvió hacia Kamaralzamán, que lo aguardaba sin moverse, y que le preguntó: «Quisiera saber tus proyectos.» El otro contestó: «Empecemos por tomar un bocado.» Comieron y bebieron, y Marzauán dijo entonces al príncipe: «¡Verás! Cuando el rey advierta que transcurren dos días y no regresas, y cuando los conductores le digan que hemos partido á medianoche, mandará en seguida en nuestra busca á gente, que no dejará de ver en la encrucijada tu camisa y tus calzones ensangrentados, y dentro de los cuales he tenido, además, la precaución de meter algunos pedazos de carne de caballo y dos huesos rotos. Y así nadie dudará de que una fiera te ha devorado y de que yo he huído lleno de terror.» Luego añadió: «Indudablemente esa noticia será un golpe terrible para tu padre; pero en cambio, ¡cuál no será después su júbilo cuando sepa que vives y estás casado con Sett Budur!» Kamaralzamán nada tuvo que replicar á esto, y dijo: «¡Oh Marzauán, tu ocurrencia es excelente y tu estratagema ingeniosa! Pero ¿cómo nos arreglaremos para los gastos?» Marzauán respondió: «¡No te preocupe eso! He traído conmigo las más hermosas pedrerías, de las cuales la peor vale más de doscientos mil dinares.»
Y así siguieron viajando durante bastante tiempo, hasta que por fin avistaron la ciudad del rey Ghayur. Entonces echaron á todo galope los caballos, y franquearon los muros, y entraron por la puerta principal de las caravanas.
Kamaralzamán quiso ir en seguida á palacio; pero Marzauán le dijo que tuviera otro poco de paciencia, y le llevó al khan en donde paraban los ricos extranjeros, y allí estuvieron tres días completos para descansar bien de las fatigas del viaje. Y Marzauán aprovechó el tiempo en mandar fabricar para uso del príncipe un artilugio completo de astrólogo, todo de oro y materias preciosas; y luego le llevó al hammam, y después del baño le vistió con un traje de astrólogo, y habiéndole comunicado las instrucciones necesarias, le guió hasta el pie del palacio del rey, y le dejó para ir á avisar á su madre la nodriza, á fin de que ésta advirtiera á la princesa Budur.
En cuanto á Kamaralzamán, llegó hasta el pórtico del palacio...
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.
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_PERO CUANDO LLEGÓ LA 200.ª NOCHE_
Ella dijo:
...llegó hasta el pórtico del palacio, y ante la muchedumbre hacinada en la plaza y los guardias y porteros, clamó en alta voz:
_¡Soy el astrólogo ilustre, el mágico digno de memoria!_
_¡Soy la cuerda que levanta los velos más espesos y la llave que abre armarios y cajones!_
_¡Soy la pluma que traza caracteres en los amuletos y en los libros de hechicería!_
_¡Soy la mano que extiende la arena adivinatoria y extrae la curación del fondo de los tinteros!_
_¡Soy el que da sus virtudes á los talismanes y por medio de la palabra alcanza todas las victorias!_
_¡Desvío hacia los emuntorios todas las enfermedades; no utilizo inflamatorios, ni vomitorios, ni estornudatorios, ni infusorios, ni vejigatorios!_
_¡No uso oraciones, jaculatorias, ni palabras evocadoras, ni fórmulas propiciatorias, y así obtengo curas rápidas y meritísimas!_
_¡Soy el mágico notorio, digno de recordación; acudid á mí todos! ¡No pido propina, ni óbolo remunerador, pues todo lo hago por la gloria!_
Cuando los habitantes de la ciudad, los guardias y los porteros oyeron la proclama, se quedaron estupefactos; pues desde la ejecución sumarísima de los cuarenta médicos, creían que tal raza se había extinguido, tanto más cuanto que no habían vuelto á ver médicos ni magos.
Así es que todos rodearon al joven astrólogo, y al ver su hermosura, y su tez fresquísima, y sus demás perfecciones, quedaron encantados y desconsolados al mismo tiempo, porque temieron que sufriera igual suerte que sus antecesores. Y los que estaban más cerca del carro cubierto de terciopelo, en el cual se le veía de pie, le suplicaron que se alejase del palacio, y le dijeron: «Señor mago, ¡por Alah! ¿no sabes lo que te espera si recorres mucho estos lugares? El rey te mandará para que pruebes tu ciencia con su hija. ¡Desdichado! ¡Sufrirás entonces la suerte de todos esos cuyas cabezas cortadas cuelgan precisamente encima de ti!»
Pero á tales conjuros, respondía Kamaralzamán gritando más alto:
_¡Soy el mago ilustre, digno de recordación! ¡No uso jeringas ni fumigaciones! ¡Oh vosotros todos, venid á verme!_
Entonces todos los circunstantes, aunque convencidos de la ciencia del astrólogo, seguían temiendo que fracasara contra aquella enfermedad sin remedio.
De modo que se pusieron muy tristes, diciéndose unos á otros: «¡Qué lástima de juventud!»
A todo esto, el rey, al oir el tumulto en la plaza y al ver el gentío que rodeaba al astrólogo, dijo al visir: «¡Ve pronto á buscar á ese hombre!» Y el visir ejecutó inmediatamente la orden.
Cuando Kamaralzamán llegó á la sala del trono, besó la tierra entre las manos del rey, y empezó por dirigirle este ditirambo:
_En ti están reunidas las ocho cualidades que obligan á inclinar la frente al más sabio_:
_La ciencia, la fuerza, el poderío, la generosidad, la elocuencia, la sagacidad, la fortuna y la victoria._
Encantado quedó el rey Ghayur cuando hubo oído tales alabanzas, y miró atentamente al astrólogo. Y era tal la hermosura de éste, que el rey cerró los ojos un momento, luego los volvió á abrir, y le dijo: «¡Siéntate á mi lado!» Después le dijo: «¡Mira, hijo mío, mejor estarías sin ese traje de médico! ¡Y mucho me alegraría de casarte con mi hija si consiguieras curarla! ¡Pero dudo de que lo logres! ¡Y como he jurado que nadie conservaría la vida después de haber visto la cara de la princesa, á no ser que la alcanzara por esposa, me vería obligado, muy contra mi gusto, á hacerte sufrir la misma suerte que á los cuarenta que te han precedido! ¡Contesta, pues! ¿Te allanas á las condiciones impuestas?»
Oídas estas palabras, Kamaralzamán dijo: «¡Oh rey afortunado! ¡vengo desde muy lejos á este país próspero para ejercer mi arte y no para callar! ¡Sé lo que arriesgo, pero no retrocederé!» Entonces el rey dijo al jefe de los eunucos: «¡Ya que insiste, guíale á la habitación de la princesa!»
Entonces ambos fueron al aposento de la princesa, y el eunuco, al ver que el joven apresuraba el paso, le dijo: «¡Infeliz! ¿Crees de veras que llegarás á ser yerno del rey?» Kamaralzamán dijo: «¡Así lo espero! Y además, estoy tan seguro de ganar, que sin moverme de aquí puedo curar á la princesa, demostrando á toda la tierra mi habilidad y mi sabiduría.» Oídas estas palabras, el eunuco, en el colmo del asombro, le dijo: «¡Cómo! ¿Puedes curarla sin verla? ¡Gran mérito el tuyo si es así!» Kamaralzamán dijo: «Aunque el deseo de ver á la princesa, que ha de ser mi esposa, me mueva á penetrar inmediatamente en su aposento, prefiero obtener su curación quedándome detrás del cortinaje de su cuarto.» El eunuco dijo: «¡Más sorprendente será la cosa!»
Entonces Kamaralzamán se sentó en el suelo, detrás del cortinaje del cuarto de Sett Budur, sacó del cinturón un pedazo de papel y recado de escribir, y redactó la siguiente carta...
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.
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_PERO CUANDO LLEGÓ LA 204.ª NOCHE_
Ella dijo:
...sacó del cinturón un pedazo de papel y recado de escribir, y redactó la siguiente carta:
«ESTOS RENGLONES SON DE MANO DE KAMARALZAMÁN, HIJO DEL SULTÁN SCHAHRAMÁN, REY DE LAS TIERRAS Y DE LOS OCÉANOS EN LOS PAÍSES MUSULMANES DE LAS ISLAS DE KHALEDÁN,
»A SETT BUDUR, HIJA DEL REY GHAYUR, SEÑOR DE EL-BUHUR Y EL-KUSSUR, PARA EXPRESARLE SUS PENAS DE AMOR.
»Si hubiera de decirte ¡oh princesa! todo lo abrasado que está este corazón que heriste, no habría en la tierra cañas bastante duras para trazar sobre el papel afirmación tan osada. Pero sabe ¡oh adorable! que si se agotara la tinta, mi sangre no se agotaría, y con su color hubiera de expresarte mi interna llama, esta llama que me consume desde la noche mágica en que se me apareciste en sueños y me cautivaste para siempre.
»Dentro de este pliego va la sortija que te pertenecía. Te la mando como prueba cierta de que yo soy el quemado por tus ojos, el amarillo como azafrán, el hirviente como volcán, el sacudido por las desventuras y el huracán, que grita hacia ti _Amán_, firmando con su nombre, KAMARALZAMÁN.
»Habito en la ciudad en el gran khan.»
Escrita ya la carta, Kamaralzamán la dobló, metiendo en ella diestramente la sortija; la cerró, y luego entregósela al eunuco, que fué inmediatamente á dársela á Sett Budur, diciéndole: «Ahí detrás de la cortina ¡oh mi señora! hay un joven astrólogo tan temerario, que pretende curar á la gente sin verla. He aquí, por cierto, lo que para ti me entregó.»
Pero apenas abrió la carta la princesa Budur, cuando reconoció la sortija, y dió un grito agudo; y después, enloquecida, atropelló al eunuco y corrió á levantar la cortina, y á la primera ojeada reconoció también en el joven astrólogo al hermoso adolescente á quien se había entregado toda durante su sueño. Y tal fué su alegría, que entonces sí que le faltó poco para volverse loca de veras. Echóse al cuello de su amante, y ambos se besaron como dos palomos separados durante mucho tiempo.
Al ver aquello, el eunuco fué á escape á avisar al rey lo que acababa de ocurrir, diciéndole: «Ese astrólogo joven es el más sabio de todos los astrólogos. Acaba de curar á tu hija sin verla siquiera, quedándose detrás del cortinaje.» Y el rey exclamó: «¿Es verdad eso que me cuentas?» El eunuco dijo: «¡Oh señor mío, puedes ir á comprobarlo con tus propios ojos!»
Entonces el rey se dirigió inmediatamente al cuarto de su hija, y vió que, en efecto, era una realidad lo dicho. Y se regocijó tanto, que besó á su hija entre los dos ojos, porque la quería mucho, y besó también á Kamaralzamán, y después le preguntó de qué tierra era. Kamaralzamán le contestó: «De las islas de Khaledán, y soy el propio hijo del rey Schahramán.» Y refirió al rey Ghayur toda su historia con Sett Budur.
Cuando la oyó, exclamó el rey: «¡Por Alah! Esta historia es tan pasmosa y maravillosa, que si se escribiera con agujas en el ángulo interior del ojo, sería motivo de asombro para quienes la leyeran con atención.» E inmediatamente la mandó escribir en los anales por los escribas más hábiles de palacio, para que se transmitiera de siglo en siglo á todas las generaciones futuras.
En el acto mandó llamar al kadí y á los testigos, para que se extendiera sin demora el contrato de matrimonio de Sett Budur con Kamaralzamán. Y mandó adornar é iluminar la ciudad siete noches y siete días; y se comió, y se bebió, y se disfrutó; y Kamaralzamán y Sett Budur llegaron al colmo de sus anhelos, y se amaron recíprocamente durante mucho tiempo entre fiestas, bendiciendo á Alah el Bienhechor.
Pero una noche, después de cierto festín al cual habían sido invitados los principales personajes de las islas exteriores é interiores, y cuando Kamaralzamán había disfrutado de manera todavía más grata que la acostumbrada de las suntuosidades de su esposa, tuvo, dormido ya, un sueño en el cual vió á su padre, el rey Schahramán, que se le aparecía con la cara bañada en llanto, y le decía tristemente: «¿Cómo me abandonas así, ya Kamaralzamán? ¡Mira! ¡Voy á morir de dolor!»
Entonces Kamaralzamán se despertó sobresaltado, y despertó también á su esposa, y empezó á exhalar hondos suspiros. Y Sett Budur, ansiosa, le preguntó: «¿Qué te pasa, ojos míos? Si te duele el vientre, te haré en seguida un cocimiento de anís é hinojo. Y si te duele la cabeza, te pondré en la frente paños de vinagre. Y si has comido demasiado por la noche, te colocaré encima del estómago un panecillo caliente envuelto en una servilleta, y te daré á beber un poco de agua de rosas mezclada con jugo de otras flores...»
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.
[Illustration]
_PERO CUANDO LLEGÓ LA 206.ª NOCHE_
Ella dijo:
»...y te daré á beber un poco de agua de rosas mezclada con jugo de otras flores.» Kamaralzamán contestó: «Tenemos que marcharnos mañana ¡oh Budur! á mi país, cuyo rey, mi padre, está enfermo. Acaba de aparecérseme en sueños, y me aguarda allá llorando.» Budur contestó: «¡Escucho y obedezco!» Y aunque todavía era de noche, se levantó en seguida y fué en busca de su padre, el rey Ghayur, que estaba en el harén, y á quien con el eunuco mandó recado de que tenía que hablarle.
El rey Ghayur, al ver aparecer la cabeza del eunuco á aquellas horas, se quedó estupefacto, y le dijo: «¿Qué desastre vienes á anunciarme, ¡oh cara de alquitrán!?» El eunuco contestó: «La princesa Budur desea hablar contigo.» Él contestó: «Aguarda que me ponga el turbante.» Después de lo cual salió, y dijo á Budur: «Hija mía, ¿qué clase de pimienta has tragado, para estar en movimiento á estas horas?» Ella contestó: «¡Oh padre mío! Vengo á pedirte permiso para salir al amanecer hacia el país de Khaledán, reino del padre de mi esposo Kamaralzamán.» El rey dijo: «No me opongo, con tal de que vuelvas pasado un año.» Ella dijo: «¡Si, por cierto!» Y dió gracias á su padre por el permiso, besándole la mano, y llamó á Kamaralzamán, que también le dió las gracias.
Y al amanecer del día siguiente estaban hechos los preparativos, enjaezados los caballos y cargados los dromedarios y camellos. Entonces el rey Ghayur se despidió de su hija Budur y la recomendó mucho á su esposo, y les regaló numerosos presentes de oro y diamantes, y los acompañó durante algún tiempo. Tras de lo cual regresó á la ciudad, no sin haberles encargado, llorando, que se cuidaran mucho, y les dejó seguir su camino.
Entonces Kamaralzamán y Sett Budur, después del llanto de la despedida, no pensaron más que en la alegría de ver al rey Schahramán. Y viajaron el primer día, y el segundo, y el tercero, y así sucesivamente hasta el día trigésimo. Llegaron entonces á un prado muy agradable, que les gustó hasta el punto de que mandaron armar el campamento allí para descansar un día ó dos. Y no bien estuvo dispuesta y armada junto á una palmera la tienda de Sett Budur, cansada ésta, entró en seguida en ella, tomó un bocado y no tardó en dormirse.
Cuando Kamaralzamán acabó de dar órdenes y de mandar armar las otras tiendas mucho más lejos, para que él y Budur pudieran disfrutar del silencio y la soledad, penetró á su vez en la tienda, y vió dormida á su joven esposa. Y al verla se acordó de la primera noche milagrosa pasada con ella en la torre.
Porque en aquel momento Sett Budur aparecía tendida en la alfombra de la tienda, colocada la cabeza en un almohadón de seda escarlata. No tenía encima más que una camisa de color claro, de gasa fina, y el ancho calzón de tela de Mosul. Y de cuando en cuando la brisa entreabría hasta el ombligo la ligera camisa, y todo el hermoso vientre surgía blanco como la nieve, ostentando en los sitios delicados hoyuelos lo bastante anchos para contener cada uno una onza de nuez moscada.
Y Kamaralzamán, encantado, no pudo dejar de recordar estos versos deliciosos del poeta:
_¡Cuando duermes en la púrpura, tu rostro claro es como la aurora, y tus ojos como los cielos marinos!_
_¡Cuando tu cuerpo, vestido de narcisos y rosas, se yergue ó se alarga flexible, no lo igualaría la palmera que crece en Arabia!_
_¡Cuando tu fina cabellera, en la cual arden las pedrerías, cae maciza ó se despliega leve, no hay seda que valga lo que su tejido natural!_
Después recordó asimismo este poema admirable, que acabó de llevarle al límite del éxtasis:
_¡Durmiente! ¡Magnífica es la hora en que las palmas abiertas beben la claridad! ¡Mediodía sin aliento! ¡Un zángano de oro aspira una rosa desfallecida! ¡Sueñas! ¡Sonríes! ¡No te muevas!_
_¡No te muevas! ¡Tu delicada piel dorada colorea con sus reflejos la gasa diáfana; y los rayos del sol, vencedores de las palmas, te penetran, ¡oh diamante! y al atravesarte te iluminan! ¡Ah! ¡No te muevas!_
_¡No te muevas! ¡Deja respirar así á tus senos, que se alzan y descienden como las olas del mar! ¡Oh! ¡Tus senos nevados! ¡Quiero aspirarlos como la espuma marina y la sal blanca! ¡Ah! ¡Deja respirar á tus senos!_
_¡Deja respirar á tus senos! ¡El arroyo risueño reprime sus risas; el zángano interrumpe su zumbido en la flor; y mi mirada quema las dos uvas color granate de tus pechos! ¡Oh! ¡Deja que mis ojos ardan!_
_¡Deja que mis ojos ardan! ¡Pero que mi corazón se ensanche bajo las palmas afortunadas, con tu cuerpo macerado en las rosas y el sándalo, con todo el beneficio de la soledad y la frescura del silencio!_