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Part 1

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LIBROS CÉLEBRES ESPAÑOLES Y EXTRANJEROS ]

Director literario: V. Blasco Ibáñez

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EL LIBRO

DE LAS

MIL NOCHES Y UNA NOCHE ]

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EL LIBRO DE LAS MIL NOCHES Y UNA NOCHE

TRADUCCIÓN DIRECTA Y LITERAL DEL ÁRABE POR EL

DOCTOR J. C. MARDRUS

Versión española de VICENTE BLASCO IBAÑEZ

PRÓLOGO DE E. GÓMEZ CARRILLO

TOMO SÉPTIMO

Historia de Kamaralzamán y la princesa Budur, la luna más bella entre las lunas (_continuación_).--De Feliz Bello y Feliz-Bella.--De Grano-de-Belleza.--De la docta Simpatía.

PROMETEO Germanías, 33.--VALENCIA (Published in Spain) ]

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Ya que no la obra toda, deposito este libro de alegría y risas en manos de la joven francesa que encantará mañana á la tierra occidental más todavía que Schahrazada á Oriente,

LUCIA DELARUE

(Sra. de J. C. M.)

Mi amiga.

J. C. M.

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Historia de Kamaralzamán y la princesa Budur, la luna más bella entre todas las lunas

(CONTINUACIÓN)

_PERO CUANDO LLEGÓ LA 209.ª NOCHE_

Ella dijo:

«Tiene sólo una hija, la virgen más hermosa del reino, y su nombre es Hayat-Alnefus.»

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Entonces Sett Budur envió un correo con una carta al rey Armanos, para anunciarle su llegada; y esta carta la firmaba como príncipe Kamaralzamán, hijo del rey Schahramán, señor del país de Khaledán.

Cuando el rey Armanos supo esta noticia, como siempre había mantenido excelentes relaciones con el poderoso rey Schahramán, se alegró mucho de poder hacer los honores de su ciudad al príncipe Kamaralzamán. Inmediatamente, seguido de una comitiva compuesta de los principales de su corte, fué hacia las tiendas al encuentro de Sett Budur, y la recibió con todos los miramientos y honores que creía ofrecer al hijo de un rey amigo. Y á pesar de las vacilaciones de Budur, que trató de no aceptar el alojamiento que graciosamente le ofrecían en palacio, el rey Armanos la decidió á acompañarle. E hicieron juntos su entrada solemne en la población. Y durante tres días obsequiaron á la corte toda con magníficos festines de suntuosidad extraordinaria.

Y después el rey Armanos se reunió con Sett Budur para hablarle de su viaje y preguntarle qué pensaba hacer. Y aquel día, Sett Budur, siempre disfrazada de Kamaralzamán, había ido al hammam del palacio, en el cual no quiso aceptar los servicios de ningún masajista. Y había salido de él tan milagrosamente bella y brillante, y sus encantos tenían bajo aquel aspecto de hombre un atractivo tan sobrenatural, que todo el mundo se detenía á su paso sin respirar y bendecía al Creador.

El rey Armanos, pues, se sentó al lado de Sett Budur, y habló con ella largo rato. Y tanto le subyugaron sus encantos y elocuencia, que le dijo: «¡Oh hijo mío, verdaderamente fué Alah quien te envió á mi reino para que seas el consuelo de mi ancianidad y ocupes el lugar de un hijo á quien pueda dejar mi trono! ¿Quieres, hijo mío, darme esa satisfacción, aceptando un casamiento con mi única hija Hayat-Alnefus? No hay en el mundo nadie tan digno como tú de sus destinos y su belleza. Acaba de llegar á la nubilidad, pues durante el mes pasado entró en los quince años. ¡Es una flor exquisita, y yo quisiera que la aspiraras! ¡Acéptala, hijo mío, y en el acto abdicaré en ti el trono, cuya pesada carga es ya insoportable para mi mucha edad!»

Semejante proposición, tan generosa y espontánea, puso en molesto apuro á la princesa Budur. Al principio no supo qué hacer para no delatar la turbación que la agitaba; bajó los ojos y reflexionó un buen rato, mientras un sudor frío le helaba la frente. Y pensó: «Si contesto que, como Kamaralzamán, estoy ya casado con la princesa Sett Budur, responderá que el Libro permite hasta cuatro mujeres legítimas; si le digo la verdad acerca de mi sexo, es capaz de obligarme á casarme con él; y todo el mundo se enteraría de ello, y me daría mucha vergüenza; si rechazo esa oferta paternal, su afecto hacia mí se convertirá en odio feroz, y en cuanto haya abandonado yo su palacio, es capaz de prepararme una emboscada para quitarme la vida. ¡De modo que vale más aceptar la proposición y dejar que se cumpla el Destino! ¿Y quién sabe lo que me oculta lo insondable? Verdaderamente, al ocupar el trono, habré adquirido un reino muy hermoso para cedérselo á Kamaralzamán cuando regrese. Y en cuanto á consumar el matrimonio con mi esposa la joven Hayat-Alnefus, quizá se encuentre remedio. Ya lo pensaré.»

Levantó, pues, la cabeza, y con el rostro coloreado por un sonrojo que el rey atribuyó á modestia y cortedad, naturales en un adolescente tan candoroso, contestó: «¡Soy el hijo sumiso que responde oyendo y obedeciendo á los menores deseos de su rey!»

Estas palabras transportaron al rey Armanos al límite de la satisfacción, y quiso que la ceremonia del casamiento se verificase el mismo día. Empezó por abdicar el trono en favor de Kamaralzamán, delante de todos sus emires, personajes, oficiales y chambelanes; mandó que se anunciara este suceso á toda la ciudad por medio de los pregoneros, y despachó correos á todo su Imperio para que se enteraran de ello las poblaciones.

Entonces organizóse en un momento una fiesta sin precedentes en la ciudad y su palacio, y entre gritos de júbilo y al son de pífanos y címbalos, se extendió el contrato de casamiento del nuevo rey con Hayat-Alnefus.

Cuando llegó la noche, la reina madre, rodeada de sus doncellas, que lanzaban «lu-lu-lúes» de alegría, llevó á la recién casada Hayat-Alnefus á la habitación de Sett Budur, á quien seguían tomando por Kamaralzamán. Sett Budur, en su aspecto de rey adolescente, avanzó con gentileza hacia su esposa, y por primera vez le levantó el velillo del rostro.

Entonces, todos los circunstantes, al ver pareja tan hermosa, quedaron tan cautivados, que palidecieron de placer y emoción.

Terminada la ceremonia, la madre de Hayat-Alnefus y todas las doncellas, después de haber expresado millares de deseos de felicidad y haber encendido todos los candelabros, se retiraron prudentemente, y dejaron solos en la cámara nupcial á los recién casados...

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

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_PERO CUANDO LLEGÓ LA 210.ª NOCHE_

Ella dijo:

...solos en la cámara nupcial á los recién casados.

Sett Budur quedó encantada del aspecto lleno de frescura de la joven Hayat-Alnefus, y con rápida ojeada la juzgó verdaderamente deseable, por sus grandes ojos negros, asustados, su tez límpida, sus senos que se dibujaban infantiles debajo de la gasa. Y Hayat-Alnefus sonrió tímidamente por haber agradado á su esposo, aunque temblaba de emoción reprimida y bajaba los ojos, sin atreverse apenas á moverse bajo sus velos y pedrerías. Y también había podido notar la hermosura soberana de aquel joven de mejillas vírgenes de pelo, que le parecía más perfecto que todas las jóvenes más hermosas de palacio. De modo que se conmovió todo su ser cuando le vió acercarse muy despacio y sentarse á su lado en el gran colchón tendido encima de la alfombra. Sett Budur cogió con las suyas las manos de la joven, y se inclinó lentamente y la besó en la boca. Y Hayat-Alnefus no se atrevió á devolverle aquel beso tan delicioso, pero cerró los ojos por completo y exhaló un suspiro de honda felicidad. Y Sett Budur le puso la cabeza en la curva de sus brazos, se la apoyó contra el pecho, y á media voz le cantó versos de un ritmo tan propio para mecer, que la joven durmióse á poco con una sonrisa de dicha en los labios.

En cuanto despertó Sett Budur, que se había acostado casi completamente vestida, y hasta con el turbante puesto, se apresuró á hacer rápidamente abluciones someras, puesto que además tomaba numerosos baños en secreto para no descubrirse; se adornó con sus atributos regios, y fué á la sala del trono á recibir los homenajes de toda la corte, despachar los negocios, suprimir abusos, nombrar y destituir. Entre otras supresiones que le parecieron urgentes, abolió los consumos, las aduanas y las cárceles, y repartió grandes liberalidades á los soldados, al pueblo y á las mezquitas. Por eso le quisieron mucho sus nuevos súbditos, é hicieron votos por su prosperidad y larga vida.

En cuanto al rey Armanos y á su esposa, se apresuraron á ir á saber de su hija Hayat-Alnefus, y le preguntaron si su esposo había estado muy cariñoso, y si ella estaba muy cansada, pues no querían empezar por interrogarla acerca del asunto más importante. Hayat-Alnefus contestó: «¡Mi esposo estuvo delicioso! ¡Me ha besado en la boca y me he dormido en sus brazos al ritmo de sus canciones! ¡Ah, qué amable es!» Entonces Armanos dijo: «¿Y no ha pasado nada más, hija mía?» Ella contestó: «¡Nada más!» Y la madre preguntó: «¿Ni siquiera te has desnudado del todo?» Ella respondió: «¡Claro que no!» Entonces el padre y la madre se miraron; pero no dijeron nada y se fueron. Eso en cuanto á ellos.

En cuanto á Sett Budur, ya despachados los asuntos, volvió á su habitación á buscar á Hayat-Alnefus, y le preguntó: «¿Qué te han dicho ¡oh mi muy querida! tu padre y tu madre?» Ella contestó: «Me han preguntado por qué no me había desnudado.» Budur contestó: «¡No hay que apurarse por eso! ¡En seguida te ayudaré!» Y prenda por prenda le quitó toda la ropa, hasta la última camisa, y la cogió desnuda en brazos, y se tendió con ella en el colchón.

Entonces Budur depositó un beso suavísimo en los hermosos ojos de la joven, y le preguntó: «Hayat-Alnefus, cordera mía, ¿te gustan mucho los hombres?» La otra respondió: «No los he visto nunca, como no sean los eunucos de palacio, naturalmente. ¡Pero me han dicho que sólo son hombres á medias! ¿Qué les falta para estar completos?» Budur contestó: «Precisamente lo mismo que te falta á ti, ojos míos.» Hayat-Alnefus, sorprendida, contestó: «¿A mí? ¿Y qué me falta á mí, ¡por Alah!?» Budur contestó: «¡Un dedo!»

Al oir tales palabras, Hayat-Alnefus, asustada, lanzó un grito ahogado, y sacó las manos de debajo de la colcha y extendió los diez dedos, mirándolos con ojos dilatados por el terror. Pero Budur la estrechó contra su pecho, y la besó en el pelo, y le dijo: «¡Por Alah! ¡Ya Hayat-Alnefus! ¡todo era broma!» Y siguió cubriéndola de besos, hasta que la calmó completamente. Entonces le dijo: «¡Oh mi muy querida, bésame!» Y Hayat-Alnefus acercó sus frescos labios á los labios de Budur, y ambas, así enlazadas, se durmieron hasta por la mañana...

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

[Illustration]

_PERO CUANDO LLEGÓ LA 211.ª NOCHE_

Ella dijo:

...y ambas, así enlazadas, se durmieron hasta por la mañana.

Entonces Budur salió á despachar los asuntos del reino; y el padre y la madre de Hayat-Alnefus entraron á saber noticias de su hija.

El rey Armanos fué el primero en preguntar: «Bueno, hija mía, ¡bendito sea Alah! ¡Todavía te hallas en la cama! ¿No estás muy rendida?» Ella contestó: «¡Nada de eso! ¡He descansado muy bien en brazos de mi hermoso esposo, que esta vez me dejó completamente desnuda, y me besó todo el cuerpo con besos muy delicados! ¡Ya Alah! ¡Qué delicioso era aquello! ¡Por todas partes sentí hormigueos numerosos y estremecimientos! ¡Sin embargo, una vez me asustó diciéndome que me faltaba un dedo! ¡Pero fué en broma! ¡Y sus caricias me dieron luego tanto gusto, y sus manos se antojaban tan suaves á mi piel, y tan cálidos se unían sus labios á mis labios, que me ha parecido soñar hasta por la mañana, creyéndome en el paraíso!»

Entonces la madre le preguntó: «¿Pero en dónde están las toallas? ¿Has perdido mucha sangre, hija mía?» Y la joven, asombrada, contestó: «¡No he perdido ninguna!»

Al oir estas palabras, el padre y la madre, en el colmo de la desesperación, se abofetearon, gritando: «¡Oh vergüenza y desgracia para nosotros! ¿Por qué nos desprecia tanto tu esposo y te desdeña hasta tal punto?»

Después el rey enfurecióse paulatinamente y se retiró, gritando á su esposa con voz bastante fuerte para que le oyera la joven: «¡Si esta noche no cumple Kamaralzamán su deber quitando la virginidad á nuestra hija y salvando así el honor de todos nosotros, sabré castigar su indignidad! ¡Le expulsaré de palacio, después de hacerle bajar del trono que le he dado, y no sé si le someteré á un castigo más terrible todavía!» Y dichas estas palabras, el rey Armanos salió del aposento de su consternada hija, seguido de su esposa, cuya nariz se le había alargado hasta los pies.

Y cuando llegó la noche y Sett Budur entró en la habitación de Hayat-Alnefus, la encontró muy triste, con la cabeza metida entre las almohadas, y sacudida por los sollozos. Se acercó á ella, besándola en la frente, secándole las lágrimas, y al preguntarle el motivo de su pesar, Hayat-Alnefus le dijo con voz conmovida: «¡Oh mi amado señor! ¡mi padre quiere desposeerte del reino que te ha dado, y despedirte de palacio, y no sé qué más pretende hacer contigo! ¡Y todo porque no quieres quitarme la virginidad, salvando así el honor de su nombre y de su raza! ¡Se ha empeñado en que eso se haga esta noche misma! ¡Y yo ¡oh dueño amado! te lo digo, no para impulsarte á tomar lo que debes tomar, sino para librarte del peligro que te amenaza! ¡Pues todo el día no he hecho mas que llorar, pensando en la venganza que mi padre premedita contra ti! ¡Ah! ¡Por favor, date prisa á quitarme la virginidad, y haz de modo que, como dice mi madre, las toallas blancas se pongan todas rojas! ¡Yo me confío por completo á tu saber, y pongo todo mi cuerpo y mi alma en tus manos! ¡Pero tú has de decidir lo que tengo que hacer para eso!»

Al oir estas palabras, Sett Budur dijo para sí: «¡Llegó el momento! ¡Ya veo que no hay medio de aplazar las cosas! ¡Pondré mi fe en Alah!» Y dijo á la joven: «Ojos míos, ¿me quieres mucho?» La otra contestó: «¡Tanto como al cielo!» Budur la besó en la boca, y preguntó: «¿Y como á qué más?» La joven respondió, estremecida ya por el beso: «¡No lo sé, pero mucho!» Budur le preguntó otra vez: «Ya que me quieres tanto, ¿habrías sido feliz si en vez de ser tu esposo hubiese sido sólo tu hermano?» La joven palmoteó, y contestó: «¡Me habría muerto de dicha!» Budur dijo: «Y si yo, mi muy querida, no hubiera sido tu hermano, sino tu hermana; si hubiera sido una muchacha como tú, en lugar de ser hombre, ¿me habrías querido lo mismo?» Hayat-Alnefus dijo: «¡Todavía más, porque habría estado siempre contigo, habría jugado siempre contigo, y dormido en la misma cama, sin separarnos nunca!» Entonces Budur atrajo hacia sí á la joven, le cubrió de besos los ojos, y le dijo: «Vamos, Hayat-Alnefus, ¿serías capaz de guardar para ti sola un secreto, dándome así una prueba de tu amor?» La joven exclamó: «¡Queriéndote tanto, todo me es fácil!»

Entonces Budur la cogió en brazos y aplicó los labios á los suyos, hasta perder las dos el aliento, y después se levantó del todo, y dijo: «¡Mírame, Hayat-Alnefus, y sé, pues, mi hermana!»

Y al mismo tiempo, con ademán rápido, se entreabrió la ropa desde el cuello hasta la cintura é hizo salir dos pechos deslumbradores coronados por sus rosas; después dijo: «¡Ya ves que soy una mujer como tú, mi muy querida! ¡Y si me he disfrazado de hombre, ha sido á consecuencia de una aventura extrañísima que te voy á contar sin demora!»

Entonces se sentó de nuevo, se puso á la joven en las rodillas, y le refirió toda su historia, desde el principio hasta el fin. Pero sería inútil repetirla.

Cuando Hayat-Alnefus oyó la historia, llegó al límite del asombro, y como seguía sentada en el regazo de Sett Budur, le cogió la barbilla con la mano, y le dijo: «¡Oh hermana mía, qué vida tan deliciosa vamos á pasar juntas aguardando el regreso de tu amado Kamaralzamán! ¡Alah apresure su llegada, para que nuestra dicha sea completa!» Y Budur le dijo: «¡Atienda Alah tus deseos, mi muy querida, y te entregaré á él como segunda esposa! ¡Y así disfrutaremos los tres la felicidad más perfecta!» Después se dieron largos besos, y jugaron á mil juegos, y Hayat-Alnefus se maravillaba de todos los pormenores de belleza que encontraba en Sett Budur. Y le cogía los pechos, y decía: «¡Oh hermana mía, qué hermosos son tus pechos! ¡Mira! ¡Son mucho mayores que los míos! ¡Mira los míos cuán pequeños son! ¿Te parece que crecerán?» Y la registraba por todas partes, y la interrogaba acerca de los descubrimientos que hacía. Y Budur, entre mil besos, le contestaba, instruyéndola con perfecta claridad, y Hayat-Alnefus exclamaba: «¡Ya Alah! ¡Ahora lo entiendo! Figúrate que cuando preguntaba yo á las esclavas: «¿Para qué sirve _esto_? ¿para qué sirve _aquello_?», guiñaban el ojo, pero no respondían. Otras veces, con mucha ira por mi parte, chasqueaban la lengua, pero no contestaban. Y yo, llena de cólera, me arañaba las mejillas y gritaba, cada vez más fuerte: «¿Para qué sirve _eso_?» Entonces acudía mi madre á los gritos, y preguntaba, y todas las esclavas le decían: «¡Grita porque quiere obligarnos á explicarle para qué sirve _eso_!» Entonces la reina, mi madre, en el límite de la indignación, á pesar de mis protestas de arrepentimiento, me ponía el trasero al aire y me daba una azotaina furiosa, gritando: «¡Para esto sirve _eso_!» Y yo acabé por convencerme de que _eso_ no servía mas que para proporcionar una azotaina; y así con todo lo demás.»

Después siguieron ambas diciendo y haciendo mil locuras, de tal modo, que por la mañana á Hayat-Alnefus no le quedaba nada que aprender, y se había enterado de la misión encantadora que en adelante había de corresponder á todos sus órganos delicados...

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

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_PERO CUANDO LLEGÓ LA 212.ª NOCHE_

Ella dijo:

...se había enterado de la misión encantadora que en adelante había de corresponder á todos sus órganos delicados.

Entonces, como se acercaba la hora en que los padres iban á entrar, Hayat-Alnefus dijo á Budur: «Hermana, ¿qué hay que decirle á mi madre, que me pedirá que le enseñe la sangre de mi virginidad?» Budur sonrió, y dijo: «¡La cosa es fácil!» Y fué á hurtadillas á coger un pollo y lo mató, y embadurnó con su sangre los muslos de la joven y las toallas, y le dijo: «¡No tienes mas que enseñarles eso! Tal es la costumbre, que no permite investigaciones más hondas.» La joven le preguntó: «Pero hermana mía, ¿por qué no quieres quitármelo tú misma, por ejemplo, con el dedo?» Budur contestó: «¡Ojos míos, porque, según te dije ya, te reservo para Kamaralzamán!» Con eso se quedó Hayat-Alnefus completamente satisfecha, y Budur salió á presidir la sesión de justicia.

Entonces entraron á ver á su hija el rey y la reina, prontos á estallar de furor contra ella y su esposo si no se hubiera consumado todo. Pero al ver la sangre y los muslos enrojecidos, se alegraron ambos, y se esponjaron, y abrieron de par en par las puertas del aposento. Entonces entraron todas las mujeres, y resonaron gritos de júbilo, y el «lu-lu-lu» de triunfo, y la madre, en el colmo del orgullo, colocó en un almohadón las toallas rojas, y seguida de toda la comitiva, dió de este modo la vuelta al harén. Y todo el mundo se enteró así del fausto acontecimiento; y el rey dió una gran fiesta, y mandó sacrificar para los pobres un número considerable de carneros y camellos pequeños.

En cuanto á la reina y las invitadas, volvieron á la habitación de Hayat-Alnefus, á la cual besaron todas entre los ojos, llorando, y se estuvieron con ella hasta la noche, después de haberla llevado al hammam envuelta en sedas, para que no pasara frío.

Y Sett Budur siguió sentándose todos los días en el trono de la isla de Ébano, haciéndose querer por sus súbditos, que la creían hombre y le deseaban larga vida. Pero al llegar la noche, iba á buscar con mucho gusto á su joven amiga Hayat-Alnefus, la cogía en brazos, y se tendía con ella en el colchón. Y ambas, enlazadas hasta por la mañana, como esposo y esposa, se consolaban con toda clase de juegos y retozos delicados, aguardando la vuelta de su amado Kamaralzamán. Eso en cuanto á ellas.

* * * * *

Y vamos ahora con Kamaralzamán. Se había quedado en la casa del buen jardinero musulmán, situada extramuros de la ciudad habitada por los invasores inhospitalarios y sucios procedentes de los países de Occidente. Y su padre, el rey Schahramán, en las islas de Khaledán, al ver en el bosque los despojos ensangrentados, ya no dudó de la pérdida de su amado Kamaralzamán; y se puso de luto, lo mismo que todo el reino; y mandó edificar un monumento funerario, en el cual se encerró para llorar en silencio la muerte de su hijo.

Y por su parte, Kamaralzamán, á pesar de la compañía del anciano jardinero, que hacía cuanto podía por distraerle hasta la llegada de un barco que le llevase á la isla de Ébano, vivía triste, y recordaba con dolor los hermosos tiempos pretéritos.

Pero un día en que el jardinero había ido, según costumbre, á dar una vuelta por el puerto con objeto de encontrar un barco que quisiera llevarse á su huésped, Kamaralzamán estaba sentado muy triste en el jardín, y se recitaba versos viendo jugar á las aves, cuando de pronto llamaron su atención los gritos roncos de dos aves grandes. Levantó la cabeza hacia el árbol del cual procedía el ruido, y vió una riña encarnizada á picotazos, arañazos y aletazos. Pero pronto cayó sin vida, precisamente delante de él, una de las aves, mientras la vencedora emprendía el vuelo.

Y he aquí que en el mismo instante dos aves mucho mayores, que habían presenciado el combate posadas en un árbol vecino, fueron á colocarse cerca de la muerta; una se puso á la cabeza y otra á los pies, y luego ambas abatieron tristemente el cuello y echáronse á llorar.

Al ver aquello, Kamaralzamán se conmovió en extremo, y pensó en su esposa Sett Budur, y después, por simpatía hacia las aves, se echó á llorar también.

Pasado un rato, Kamaralzamán vió á las dos aves abrir con las uñas y los picos una huesa, y enterrar á la muerta. Luego echaron á volar, y á los pocos momentos volvieron adonde estaba el hoyo, pero llevando agarrado, una por una pata y otra por un ala, al ave matadora, que hacía grandes esfuerzos para huir y daba gritos espantosos. La colocaron sin soltarla en la tumba de la difunta, y con pocos y rápidos picotazos la despanzurraron para vengar su crimen, le arrancaron las entrañas, y tendieron el vuelo, dejándola en tierra palpitante y agónica...

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

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_PERO CUANDO LLEGÓ LA 216.ª NOCHE_

Ella dijo:

...y tendieron el vuelo, dejándola en tierra palpitante y agónica.

¡Eso fué todo! Y Kamaralzamán había permanecido inmóvil de sorpresa ante un espectáculo tan extraordinario. Después, cuando las aves se fueron, impulsado por la curiosidad, acercóse al sitio en que yacía el ave criminal sacrificada, y al mirar el cadáver, vió en el estómago desgarrado una cosa colorada, que le llamó mucho la atención. Se inclinó, y habiéndola recogido, cayó desmayado de emoción. ¡Acababa de encontrar la cornalina talismánica de Sett Budur!