Chapter 9 of 14 · 3938 words · ~20 min read

Part 9

Y cuando Kamal vió entrar á Grano-de-Belleza con aquel aspecto extraño, le preguntó: «¡Por Alah! ¿qué ha pasado?» El otro respondió: «¡Pues absolutamente nada! ¡Pero tenemos que levantar el campo en seguida é irnos á Bagdad, porque en lo sucesivo no quiero viajar con el Bilateral; tiene pretensiones exageradas y muy molestas!» El jeque de los camelleros dijo: «¿No te lo había dicho ya, hijo mío? Pero he de advertirte que sería muy peligroso viajar solos. Más vale seguir en una sola caravana, como estamos ahora, para poder resistir los ataques de los bandoleros beduínos que infestan estas tierras.» Pero Grano-de-Belleza no quiso hacer caso, y dió la orden de marcha.

Por consiguiente, la pequeña caravana se puso en camino sola y no dejó de viajar del mismo modo, hasta que un día, á la puesta del sol, llegó á pocas millas de las puertas de Bagdad.

El mokaddem de los camelleros fué á buscar entonces á Grano-de-Belleza y le dijo: «Mejor será, hijo mío, seguir hasta Bagdad esta misma noche, sin detenernos á acampar aquí. ¡Porque el lugar en que estamos es el más peligroso de todo el viaje! ¡Es el valle de los Perros! ¡Hay gran riesgo de que nos ataquen si permanecemos aquí durante la noche! Apresurémonos, pues, á llegar á Bagdad antes de que cierren las puertas. ¡Porque has de saber, hijo mío, que el califa manda cerrar todas las noches las puertas de la ciudad, con el fin de impedir que las hordas fanáticas entren á escondidas y se apoderen de los libros de la ciencia y de los manuscritos literarios encerrados en las salas de las escuelas, arrojándolos luego al Tigris!»

Grano-de-Belleza, á quien no complacía la proposición, contestó: «¡No, por Alah! ¡No quiero entrar de noche en la ciudad, porque deseo gozar del espectáculo de Bagdad al salir el sol! ¡Pasemos, pues, la noche aquí, ya que no tengo prisa ni viajo para negociar, sino por recreo, y para ver lo que no conozco!» Y el anciano mokaddem tuvo que inclinarse, aunque deplorando la peligrosa terquedad del hijo de Schamseddin.

En cuanto á Grano-de-Belleza, tomó un bocado, y después, cuando los esclavos fueron á acostarse, salió de la tienda, apartóse un poco por el valle, y fué á sentarse junto á un árbol, á la luz de la luna. Y se acordó de las lecturas de sus maestros en el subterráneo, é inspirado por lugar tan propicio á la meditación, empezó este canto del poeta:

_¡Reina del Irak, deliciosamente bella! ¡oh Bagdad, ciudad de los califas y poetas! ¡cuánto tiempo, ¡oh maravilla! soñé contigo!_

Pero súbitamente, antes de terminar la primera estrofa, oyó á su izquierda un clamor espantoso, y galopar de caballos, y exclamaciones de cien bocas á un tiempo, y al volverse vió invadido el campamento por un numeroso tropel de beduínos que surgían por todas partes como si salieran de debajo de la tierra.

Aquel espectáculo tan nuevo para él le dejó clavado en el suelo, y así pudo ver la matanza general de la caravana, que había querido defenderse, y el saqueo de todo el campamento. Y cuando los beduinos comprobaron que nadie quedaba en pie, se apoderaron de camellos y mulos, y en un momento desaparecieron por donde habían venido.

Al disiparse un tanto la estupefacción que le había dominado, Grano-de-Belleza bajó hacia el sitio en que se encontraba su campamento, y pudo ver asesinada á toda su gente. Y ni el jeque Kamal, mokaddem de los camelleros, á pesar de su edad respetable, había sido tratado mejor que los demás, y yacía muerto, atravesado el pecho por numerosas lanzadas. Así es que Grano-de-Belleza no supo soportar la vista de espectáculo tan aterrador, y emprendió la fuga, sin atreverse á mirar hacia atrás.

De tal modo estuvo corriendo toda la noche, y para no excitar la codicia de algún otro bandido, se despojó completamente de su rico traje, que arrojó á lo lejos, y no se quedó mas que con la camisa. Y así, medio desnudo, entró en Bagdad al amanecer.

Entonces, rendido de cansancio y sin poder tenerse en pie, se paró delante de la primera fuente pública que se le presentó á la entrada de la población. Se lavó las manos, la cara y los pies; subió á la plataforma que coronaba la fuente, se tendió en ella á la larga, y no tardó en dormirse.

En cuanto á Mahmud-el-Bilateral, también se había puesto en camino, pero había tomado un atajo por otra parte y pudo evitar el encuentro con los bandidos; y además, llegó á las puertas de Bagdad precisamente cuando Grano-de-Belleza las atravesaba y se dormía en la fuente.

Al pasar por cerca de aquella fuente, el Bilateral se acercó al abrevadero de piedra lleno de agua para los animales, y quiso que bebiera en él su caballo sediento. Pero el animal vió la sombra que proyectaba el adolescente dormido, y retrocedió resollando. Entonces el Bilateral levantó los ojos hacia la plataforma, y le faltó poco para caerse del caballo al reconocer á Grano-de-Belleza en aquel joven medio desnudo que en la piedra dormía...

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

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_PERO CUANDO LLEGÓ LA 260.ª NOCHE_

Ella dijo:

...al reconocer á Grano-de-Belleza en aquel joven medio desnudo que en la piedra dormía.

En seguida se apeó del caballo, se encaramó á la plataforma, y quedó inmóvil de admiración ante Grano-de-Belleza tendido, cuya cabeza reposaba sobre un brazo, en la languidez del sueño. Y por primera vez le fué dable al fin contemplar sin velos las perfecciones de aquel cuerpo juvenil y cristalino, en que los lunares oscuros resaltaban de tan hermosa manera sobre la blancura de lo demás. Y no se le alcanzaba por qué casualidad encontraba en su camino, y dormido en aquella fuente, á aquel ángel, por amor al cual había él emprendido su viaje. Y no llegaba á separar sus miradas del lunarcillo, redondo como un grano de almizcle, que adornaba la nalga izquierda del muchacho, descubierta en aquel momento. Y sin saber qué resolución tomar, decía para sí: «¿Qué será mejor? ¿Despertarle? ¿Llevármelo en mi caballo como está y huir con él al desierto? ¿Aguardar que se despierte, hablarle, enternecerle y decidirle á que me acompañe á mi casa de Bagdad?»

Acabó por tomar esta última determinación, y sentándose á los pies del joven en el reborde de la fuente, aguardó á que se despertase, bañándose los ojos en toda la limpidez sonrosada que el sol ponía en aquel cuerpo infantil.

Harto ya de dormir, Grano-de-Belleza estiró las piernas y abrió los ojos, y en el mismo instante Mahmud le cogió la mano, y con voz muy suave le dijo: «¡No tengas miedo, niño; estás bien seguro á mi lado! ¡Pero apresúrate, por favor, á explicarme la causa de todo esto!»

Entonces Grano-de-Belleza se incorporó, y aunque un tanto molesto por la presencia de su admirador, le contó la aventura con todos sus pormenores. Y Mahmud le dijo: «¡Loor á Alah, mi joven amigo, que te ha arrebatado la fortuna, pero te ha conservado la vida! Porque dice el poeta:

_¡Cuando la cabeza se salva, la fortuna perdida sólo es una recortadura de uña sacada sin hacer daño!_

»Además, ni siquiera la fortuna se ha perdido, pues cuanto poseo te pertenece. Ven conmigo á casa á bañarte y vestirte, y desde este momento puedes considerar todos los bienes de Mahmud como tuyos propios, y la vida de Mahmud está á tu disposición.» Y siguió hablando tan paternalmente á Grano-de-Belleza, que le decidió á acompañarle.

Bajó primeramente, y le ayudó en seguida á ponerse detrás de él en el caballo, y encaminóse hacia su casa, estremeciéndose de placer al contacto del cuerpo caliente y desnudo del muchacho, que se cogía á Mahmud para sujetarse.

Su primera diligencia fué llevar á Grano-de-Belleza al hammam y bañarlo allí, sin auxilio de masajista ni ningún otro criado, y después de haberle vestido con un traje de gran valor lo llevó á la sala en que solía recibir á sus amigos.

Era un salón de frescura y sombra deliciosas, alumbrado únicamente por los hermosos reflejos de esmaltes y porcelanas y por el centelleo que desde arriba caía de las estrellas. Un olor á incienso arrebataba y transportaba el alma hacia soñados jardines de alcanfor y cinamomo. En el centro cantaba el surtidor de una fuente. Perfecto y seguro era allí el reposo, y podía llegarse hasta el éxtasis.

Sentáronse ambos en la alfombra, y Mahmud brindó á Grano-de-Belleza un almohadón para apoyar los brazos. Comieron los manjares que en bandejas se les sirvieron, y bebieron los vinos selectos que encerraban los frascos. En aquel momento, el Bilateral, que hasta entonces no se había mostrado muy atrevido, no pudo contenerse más, y estalló recitando esta estrofa del poeta:

_¡Deseo! ¡Ni las caricias delicadas de los ojos ni el beso de los labios puros pueden apaciguarte! ¡Oh deseo mío! ¡Sientes gravitar sobre ti el peso de una pasión que no ha de calmarse hasta que brote!_

Pero Grano-de-Belleza, que acostumbrado ya á los versos del Bilateral advertía con facilidad su sentido, á veces oscuro, se levantó inmediatamente y dijo á su huésped: «En verdad que no comprendo tu insistencia sobre lo mismo. No puedo hacer mas que repetirte lo que ya te dije. El día en que venda á otros esa mercancía por dinero, á ti te la daré de balde.» Y sin querer atender á otras explicaciones del Bilateral, le dejó bruscamente y se fué.

Al verse fuera, empezó á vagar por la ciudad. Pero ya había oscurecido, y como siendo forastero en Bagdad no sabía adónde dirigirse, resolvió pasar la noche en una mezquita que vió en el camino. Entró, pues, en el patio, y al ir á quitarse las sandalias para penetrar en el interior de la mezquita, vió que se le acercaban dos hombres precedidos por sus esclavos, que iban con linternas encendidas. Se apartó para dejarles pasar; pero el más viejo de los dos se paró delante de él, y después de mirarle con mucha atención, le dijo: «¡La paz contigo!» Y Grano-de-Belleza le devolvió el saludo. El otro añadió: «¿Eres forastero, hijo mío?» El joven contestó: «Soy del Cairo. Mi padre es Schamseddin, síndico de los mercaderes.»

Al oir estas palabras, el anciano se volvió hacia su compañero y le dijo: «¡Alah nos favorece más de lo que deseábamos! ¡No esperábamos encontrar tan pronto al forastero que buscamos y ha de sacarnos del apuro!...»

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

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_PERO CUANDO LLEGÓ LA 261.ª NOCHE_

Ella dijo:

»...al forastero que buscamos y ha de sacarnos del apuro!» Luego llamó aparte á Grano-de-Belleza, y le dijo: «¡Bendito sea Alah, que te ha colocado en nuestro camino! Vamos á pedirte un favor, que retribuiremos liberalmente dándote cinco mil dinares, efectos por valor de mil dinares y un caballo de mil dinares. ¡Verás!

»No ignoras, hijo mío, que, según nuestra ley, cuando un musulmán ha repudiado por primera vez á su esposa, puede recobrarla sin formalidades á los tres meses y diez días; y si se divorcia por segunda vez, también puede recuperarla después del plazo legal; pero si la repudia por tercera vez, ó si, aun no habiéndola repudiado nunca, le dice sencillamente: «¡Quedas repudiada por tres veces!» ó «¡Ya no eres nada para mí, lo juro por el tercer divorcio!», en ese caso, si el esposo quiere volver otra vez con su esposa, la ley determina que otro empiece por casarse legalmente con la mujer repudiada, y á su vez la repudie después de haberse acostado con ella aunque sólo sea una noche. Y entonces es cuando el primer esposo la puede recobrar como mujer legítima.

»Pues ese es el caso del joven que está conmigo. El otro día se dejó llevar de un acceso de mal humor y le gritó á su esposa, que es hija mía: «¡Sal de mi casa! ¡Ya no te conozco! ¡Te repudio por tres veces!» Y en seguida, mi hija, que es su esposa, se echó el velo por la cara delante de su esposo, que era ya un extraño para ella, recogió su dote y volvió el mismo día á mi casa. Pero ahora su marido, que es éste, desea ardientemente recobrarla. Ha venido á besarme las manos y á rogarme que le reconciliara con su esposa. Y yo he accedido á ello. Y en seguida hemos salido en busca del hombre que le ha de servir de sucesor momentáneo una noche. Y á la sazón te hemos encontrado, hijo mío. Como eres forastero, las cosas se harán en secreto, sólo en presencia del kadí, y no trascenderá nada al exterior.»

El estado de indigencia en que se encontraba Grano-de-Belleza le hizo aceptar de buena gana la proposición, y dijo para sí: «Voy á cobrar cinco mil dinares, y tomar efectos por valor de mil dinares, y un caballo de mil dinares, y además voy á fornicar toda la noche. ¡Por Alah! ¡Acepto!» Y dijo á los dos hombres, que aguardaban con ansiedad la respuesta: «¡Por Alah! ¡Acepto el cargo de Desligador!»

Entonces el esposo de la repudiada, que todavía no había hablado, se volvió hacia Grano-de-Belleza y le dijo: «¡Nos sacas de un gran apuro, porque he de manifestarte que amo á mi esposa extremadamente! Pero temo que mañana por la mañana sea muy de tu gusto mi esposa, no quieras repudiarla y te niegues á devolvérmela. La ley, en ese caso, te favorece. Por lo tanto, ahora, delante del kadí, te comprometerás á entregarme diez mil dinares de indemnización si por desgracia no quisieras consentir en divorciarte al día siguiente.» Y Grano-de-Belleza aceptó la condición, por estar resuelto á no dormir mas que una noche con la mujer consabida.

Fueron, pues, los tres á casa del kadí, y ante él formalizaron el contrato en las condiciones legales. Y el kadí se entusiasmó al ver á Grano-de-Belleza y le amó mucho. Ya volveremos á encontrarle en el curso de esta historia.

Y hecho el contrato, salieron de la oficina del kadí, y el padre de la divorciada se llevó á Grano-de-Belleza y le hizo entrar en su casa. Le rogó que esperara en el vestíbulo, y en seguida fué á avisar á su hija, diciéndole: «Querida hija, he encontrado un muchacho muy bien formado, y que, á mi parecer, te ha de gustar. Te lo recomiendo con todo el encarecimiento de la recomendación. Pasa con él una noche encantadora y no te prives de nada. ¡No todas las noches se puede tener en brazos un mozo tan maravilloso!» Y habiendo aconsejado á su hija de tal modo, el buen padre se fué muy contento á buscar á Grano-de-Belleza para decirle lo mismo. Y le rogó que aguardara un poco á que su nueva esposa se preparase á recibirle.

En cuanto al primer esposo, fué á buscar inmediatamente á una vieja muy taimada que le había criado, y le dijo: «Te ruego, buena madre, que imagines algún recurso para evitar que el Desligador que hemos encontrado se acerque esta noche á mi mujer divorciada.» Y la vieja contestó: «¡Por tu vida! ¡Nada hay más fácil!» Y se envolvió en su velo...

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

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_PERO CUANDO LLEGÓ LA 262.ª NOCHE_

Ella dijo:

...Y se envolvió en su velo y fué á casa de la divorciada, en donde vió á Grano-de-Belleza en el vestíbulo. Le saludó, y le dijo: «Vengo á buscar á la joven divorciada, para untarle el cuerpo con pomadas, como hago todos los días, á fin de curarle la lepra que la ha atacado. ¡Pobre mujer!» Y Grano-de-Belleza exclamó: «¡Alah me libre! ¡Cómo, buena mujer! ¿Esa joven está enferma de lepra? ¡Y yo que tenía que acostarme con ella esta noche! Porque soy el Desligador elegido por su anterior esposo.» Y la vieja contestó: «¡Oh hijo mío, preserve Alah tu hermosa juventud! ¡Créeme! ¡Harás bien en abstenerte de copular!» Y le dejó confuso, y entró á ver á la divorciada, á la cual convenció de lo mismo respecto al joven que había de servir de Desligador. Y le aconsejó la abstinencia para evitar el contagio. Y después se marchó.

En cuanto á Grano-de-Belleza, siguió esperando una seña de la joven para entrar en su aposento. Pero aguardó largo rato, sin que se presentase mas que un esclavo con una fuente de comida. Comió y bebió, y luego, para matar el tiempo, recitó una sura del Korán, y después empezó á tararear algunas estrofas con voz más suave que la del joven David en presencia de Saúl.

Cuando la joven oyó desde dentro aquella voz, pensó: «¿Cómo habrá mentido esa malhadada vieja? ¿Puede un leproso tener voz tan hermosa? ¡Por Alah! Voy á llamarle y á enterarme por mí misma de si la vieja ha mentido. Pero antes voy á contestarle.» Y cogió un laúd indio, que templó sabiamente, y con voz capaz de parar el vuelo de las aves en el fondo del cielo, cantó:

_¡Amo á un gamo joven de dulces ojos lánguidos! ¡Es tan esbelta su cintura, que las ramas flexibles aprenden á ondular viéndole balancearse!_

Cuando Grano-de-Belleza oyó las primeras notas de aquel canto, dejó de tararear y escuchó con entusiástica atención. Y dijo para sí: «¿Qué me decía la vieja vendedora de pomadas? ¡Por Alah! ¡Ha debido mentir! ¡Tan bella voz no puede ser de una leprosa!» Y en seguida, tomando el tono de las últimas notas que acababa de oir, cantó con voz capaz de hacer bailar á los peñascos:

_¡Mi saludo va hacia la fina gacela que se oculta del cazador, y lleva mi tributo á las rosas dispersas por el vergel de sus mejillas!_

Y dijo aquello con tal acento, que la joven, seducida por la emoción, corrió á descorrer las cortinas que la separaban del mancebo, y se ofreció á su vista como la luna que súbitamente se desprende de una nube; le hizo seña de que entrara en seguida, y le precedió moviendo las caderas de tal modo, que habría puesto de pie á un anciano impedido. Y Grano-de-Belleza se asombró de su hermosura, de su lozanía y de su juventud. Pero no se atrevía á acercarse á ella, asediado por el temor del posible contagio.

Mas de pronto, la joven, sin decir palabra, en un momento se quitó la camisa y el calzón, que tiró á lo lejos, y se le apareció completamente desnuda, tan limpia como la plata virgen, y tan firme y esbelta como el tronco de una palmera tierna.

A su vista, Grano-de-Belleza notó que se le movía la herencia de su venerable padre, el niño encantador que llevaba entre los muslos. Y como percibía distintamente su apremiante llamamiento, quiso entregarlo, para que se tranquilizase, á la joven, que debía de saber en dónde colocarlo. Pero ella le dijo: «¡No te acerques! ¡Temo que me pegues la lepra que tienes en el cuerpo!»

Al oir estas palabras, Grano-de-Belleza, sin contestar, se quitó toda la ropa, y después la camisa y los calzones, que tiró lejos, y apareció en perfecta desnudez, tan límpido como el agua de sierra y tan intacto como el ojo de un niño.

Entonces la joven ya no dudó de que la vieja alcahueta había empleado una estratagema, á instigación de su primer esposo, y deslumbrada por los hechizos del joven, corrió á él, le envolvió en sus brazos, y le arrastró á la cama, en la cual cayeron juntos. Y jadeante de deseo, le dijo: «¡Prueba tus fuerzas, ¡oh jeque Zacarías, padre potente de nervios gordos!»

Ante aquel llamamiento tan formal, Grano-de-Belleza cogió por las caderas á la joven, y asestó el robusto y dulce nervio en dirección á la puerta de los triunfos, y empujándolo hacia el corredor de cristal, lo hizo llegar rápidamente á la puerta de las victorias. Después lo desvió del camino real, y lo impulsó con brío por el atajo hacia la puerta del montador; pero como el nervio vacilaba ante lo angosto de aquella puerta amurallada, forzó el paso desfondando la tapa del tarro, y se encontró entonces en su casa, como si el arquitecto hubiera tomado las medidas por ambos lados á la vez. Luego siguió su excursión, visitando lentamente el zoco del lunes, el mercado del martes, el bazar del miércoles y los puestos del jueves. Y habiendo desatado así todo lo que tenía que desatar, descansó, como buen musulmán, á la entrada del viernes.

Y tal fué el viaje de prueba de Grano-de-Belleza y de su niño por el jardín de la muchacha...

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

[Illustration]

_PERO CUANDO LLEGÓ LA 253.ª NOCHE_

Ella dijo:

...Y tal fué el viaje de prueba de Grano-de-Belleza y de su niño por el jardín de la muchacha.

Tras de lo cual, Grano-de-Belleza, con su niño aletargado de felicidad, se enlazó tiernamente á la joven de los arriates devastados, y los tres se durmieron hasta por la mañana.

Despertado ya, Grano-de-Belleza preguntó á su esposa transitoria: «¿Cómo te llamas, corazón mío?» Ella contestó: «Zobeida.» Y él le dijo: «¡Pues bien, Zobeida, me duele mucho el verme obligado á dejarte!» Y ella le preguntó, conmovida: «¿Y por qué me has de dejar?» Él contestó: «¡Ya sabes que no soy mas que Desligador!» Ella exclamó: «¡No, por Alah! ¡Se me había olvidado! ¡Y en mi dicha me figuraba que eras un regalo maravilloso que me hacía mi buen padre para reemplazar al otro!» Y él le dijo: «¡Pues sí, encantadora Zobeida, soy un Desligador elegido por tu padre y tu primer esposo! Y previendo una mala voluntad por mi parte, ambos han cuidado de hacerme firmar un contrato ante el kadí, que me obliga á pagarles diez mil dinares si esta mañana no te repudio. ¡Y no sé cómo voy á pagarles esa cantidad fabulosa, no teniendo ni un dracma en el bolsillo! Mejor será, pues, que me marche si no quiero ir á la cárcel, puesto que soy insolvente.»

Al oir tales palabras, la joven Zobeida reflexionó un instante, y después, besando los ojos al joven, le preguntó: «¿Cómo te llamas, ojos míos?» El contestó: «Grano-de-Belleza.» Ella exclamó: «¡Ya Alah! ¡Nunca ha habido nombre mejor puesto! Pues bien, querido mío, ¡oh Grano-de-Belleza! como prefiero á todo el azúcar cande ese delicioso nervio blanco y sabroso con que has endulzado mi jardín durante toda la noche, te juro que encontraremos un recurso para no separarnos jamás, pues prefiero morir á pertenecer á otro después de haberte probado.» Él le preguntó: «¿Y cómo haremos?» Ella dijo: «Es muy sencillo. Verás. Pronto vendrá mi padre á buscarte y te llevará á casa del kadí para cumplir las estipulaciones del contrato. Entonces te aproximarás gentilmente al kadí y le dirás: «¡No quiero divorciarme!» Y te preguntará: «¡Cómo! ¿Rechazas los cinco mil dinares que van á darte, y los efectos por valor de mil dinares, y el caballo de mil dinares, por seguir con una mujer?» Tú contestarás: ¡Entiendo que cada cabello de esa mujer vale diez mil dinares! Por eso conservo á la propietaria de tan preciada cabellera.» Entonces el kadí te dirá: «¡Estás en tu derecho! Pero vas á pagar al primer esposo, en compensación, la cantidad de diez mil dinares.»

¡Ahora, querido mío, escucha bien lo que voy á decirte! El anciano kadí, por lo demás hombre excelente, gusta con delirio de los muchachos. ¡Y estoy segura de que le has causado ya una gran impresión!»