Chapter 4 of 14 · 3974 words · ~20 min read

Part 4

Al primer año de su matrimonio, el mercader Primavera sintió caer sobre su casa la bendición del Altísimo con el nacimiento de un hijo muy hermoso, que vino al mundo sonriendo. Y por eso se llamó al niño Feliz-Bello.

Al séptimo día de nacer su hijo, el mercader Primavera fué al zoco de los esclavos á comprar una criada para su mujer. Llegado á mitad de la plaza central, echó una ojeada circular á las mujeres y á los muchachos que se habían puesto á la venta, y vió, en medio de uno de los grupos, á una esclava de aspecto dulce, que llevaba á la espalda, sujeta con un ancho cinturón, á su hija dormida.

El mercader Primavera pensó entonces: «¡Alah es generoso!» Y se acercó al corredor y le preguntó: «¿Cuánto cuesta esta esclava con su hija?» El corredor contestó: «¡Cincuenta dinares, ni más ni menos!» Primavera dijo: «¡La compro! Escribe el contrato, y toma el dinero.» Después de llenar esta formalidad, el mercader Primavera dijo con dulzura á la mujer: «Sígueme, sierva mía.» Y se la llevó á su casa.

Cuando la hija de su tío vió llegar á Primavera con la esclava, le preguntó: «¡Oh hijo de mi tío! ¿por qué has hecho ese gasto tan inútil? ¡Yo, en cuanto me reponga del parto, podré atender á la casa como antes!» El mercader Primavera contestó con agrado: «¡Oh hija de mi tío! He comprado esta esclava por la niña que lleva á cuestas, y á la cual criaremos con nuestro hijo Feliz-Bello. ¡Y sabe que, si he de juzgar por lo que de sus facciones he visto, cuando crezca esta niña no tendrá igual en belleza en todos los países de Irak, Persia y Arabia!»

Entonces la esposa de Primavera se volvió hacia la sierva, y le preguntó bondadosamente: «¿Cómo te llamas?» Ella contestó: «Me llaman Prosperidad, ¡oh mi señora!» A la esposa del mercader le gustó mucho aquel nombre, y le dijo: «¡Te sienta bien, ¡por Alah! Y tu hija, ¿cómo se llama?» La esclava contestó: «Fortuna.» Entonces la esposa de Primavera, en el límite de la alegría, dijo: «¡Ojalá aciertes! ¡Y Alah, con tu venida, haga que duren la fortuna y la prosperidad en casa de quienes te han comprado, ¡oh cara blanca!»

Después de lo cual se volvió hacia su esposo Primavera, y le preguntó: «Ya que es costumbre que los amos den nombre á los esclavos que compran, ¿cómo piensas llamar á la niña?» Primavera respondió: «¡Como tú prefieras!» Y su esposa contestó: «¡Llamémosla Feliz-Bella!» Y Primavera dijo: «Así se llamará. No veo ningún inconveniente.»

Y así fué como se llamó la niña Feliz-Bella, y se la crió con Feliz-Bello, exactamente con las mismas condiciones. Y ambos crecieron juntos, aumentándose cada día su hermosura; y Feliz-Bello llamaba á la hija de la esclava «mi hermana», y ella le llamaba á él «mi hermano».

Cuando Feliz-Bello llegó á los cinco años, se pensó en celebrar su circuncisión. Se aguardó para ello la fiesta del natalicio del Profeta (¡con él la plegaria y la salvación!), para dar á tal rito preciado toda la manifestación de belleza que encierra. Por lo tanto, se hizo solemnemente la circuncisión de Feliz-Bello, que en vez de llorar, pareció encontrar aquello casi de su agrado, y sonrió gentilmente, cosa que, por otra parte, solía hacer siempre. Se formó una comitiva imponente y numerosa, compuesta de todos los parientes, amigos y conocidos de Primavera y de la hija de su tío; después, precedidos de banderas, desfiló por todas las calles de Kufa. Y Feliz-Bello iba encaramado en un palanquín rojo, sobre una mula ricamente enjaezada de brocado, y á su lado estaba sentada la pequeña Feliz-Bella, que le abanicaba con un pañuelo de seda. Detrás del palanquín seguían las amigas, las vecinas y los niños, que llenaban el aire con sus «lu-lu-lúes» de alegría, mientras el buen Primavera, contentísimo, llevaba de la brida la mula arrogante y dócil.

Cuando regresaron á casa, los invitados fueron uno tras otro á felicitar al mercader Primavera, diciendo antes de retirarse: «¡Para ti sean la bendición y la alegría! ¡Disfruta durante larga vida la abundancia de los goces del alma!...»

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

[Illustration]

_PERO CUANDO LLEGÓ LA 238.ª NOCHE_

Ella dijo:

»...¡Disfruta durante larga vida la abundancia de los goces del alma!»

Después transcurrieron tiempos felices, y los dos niños llegaron á cumplir los doce años de edad.

Entonces Primavera fué á buscar á su hijo Feliz-Bello, que jugaba á matrimonios con Feliz-Bella, y le llamó aparte, y le dijo: «He aquí ¡oh hijo mío! que acabas de cumplir doce años, gracias á la bendición de Alah. De modo que desde hoy ya no has de llamar á Feliz-Bella hermana tuya, pues ahora he de decirte que Feliz-Bella es hija de nuestra esclava Prosperidad, aunque la hayamos criado contigo en la misma cuna y la tratemos como á hija nuestra. Además, desde ahora es menester que se cubra la cara con el velo, pues tu madre me ha dicho que Feliz-Bella ha llegado, la semana pasada, á la época de la nubilidad. Así es que tu madre le va á buscar un esposo, que será para nosotros un esclavo adicto.»

Al oir estas palabras, Feliz-Bello dijo á su padre: «Pues ya que Feliz-Bella no es hermana mía, quiero casarme con ella.» Primavera contestó: «¡Hay que pedirle permiso á tu madre!»

Entonces Feliz-Bello fué á buscar á su madre, y le besó la mano, que se llevó á la frente; después le dijo: «Deseo casarme en secreto con Feliz-Bella, hija de nuestra esclava Prosperidad.» Y la madre de Feliz-Bello contestó: «¡Feliz-Bella te pertenece, hijo mío! Tu padre la había comprado en nombre tuyo.»

Inmediatamente Feliz-Bello corrió á buscar á Feliz-Bella, y la cogió de la mano, y la amó, y ella le amó á él, y la misma noche durmieron juntos, como esposos dichosos.

Después, y sin cesar tal estado de cosas, vivieron ambos en el colmo de la felicidad durante cinco años benditos. Y en toda la ciudad de Kufa no había joven más bella, ni más dulce, ni más deliciosa que la mujer del hijo de Primavera. Ni la había tan instruída ni tan sabia. En efecto, Feliz-Bella había consagrado sus ratos de ocio á aprender el Korán, las ciencias, la hermosa escritura cúfica y la corriente, las bellas letras y la poesía, y el manejo de los instrumentos musicales. Y había llegado á adquirir tal habilidad en el arte del canto, que sabía cantar de más de quince modos distintos, y basándose en una sola palabra del primer verso de una canción, podía prolongar durante varias horas, y hasta una noche entera, variaciones infinitas que arrebataban con sus ritmos y su trémolos.

Así es que Feliz-Bello y su esclava Feliz-Bella, muchas veces, á las horas de calor, se sentaban en su jardín sobre el mármol desnudo que rodeaba el estanque, en donde la frescura del agua y de la piedra llenábales de delicias. Allí comían sandías exquisitas, de pulpa fusible y ligera, y almendras y avellanas, y grano tostado y salado, y otras mil cosas admirables. Y dejaban de comer para respirar rosas y jazmines, ó para recitarse poemas encantadores. Y entonces Feliz-Bello rogaba á su esclava que preludiase, y Feliz-Bella cogía la guitarra de cuerdas dobles, de la cual sabía extraer sonidos sin par. Y ambos cantaban canciones como éstas, entre otras mil maravillosas:

_¡Oh joven, llueven flores y aves! ¡Vamos con el viento hacia la cálida Bagdad de sonrosadas cúpulas!_

_¡No, emir mío! ¡Quedémonos todavía en el jardín, junto al llamear de las palmas de oro, y ¡oh delicia! con las manos en la nuca, soñemos!_

_¡Ven, oh joven! ¡Llueven diamantes en las hojas azules, y sobre el azul es bella la curva de las ramas! ¡Levántate, ¡oh ligera! y sacude las gotas furtivas que lloran en tus cabellos!_

_¡No, emir mío! ¡Siéntate aquí y reclina la cabeza en mis rodillas! ¡Embriágate entre mi ropa con todo el perfume de mis pechos floridos... y luego oye la suave brisa que canta al Hacedor!_

Otras veces, ambos jóvenes modulaban versos como los siguientes, acompañándose con el daff:

_¡Soy feliz y ligera como una ágil danzarina!_

_¡Oh labios, haced más lentos vuestros trinos sobre las flautas! ¡Guitarras, paraos bajo los dedos para escuchar la canción de las palmeras!_

_¡Las palmeras están de pie, como las jóvenes; murmuran en sordina entre la noche clara, y el remolino de sus cabelleras melodiosas responde á la brisa musical!_

_¡Ah! ¡Soy feliz y ligera como una ágil danzarina!_

_¡Esposa encantadora y perfumada! ¡Al oir las notas de tu voz, las piedras se levantan bailando, y vienen ordenadamente á construir un edificio armonioso!_

_¡Que aquel que creó la belleza del amor nos otorgue la ventura, esposa encantadora y perfumada!_

_¡Oh negrura de mis ojos, por ti voy á dar color azulado á mis párpados con la varita de cristal, y á macerar mis manos en la pasta de alheña!_

_¡Así te parecerán mis dedos frutos de azufaifo, ó si lo prefieres, dátiles finos!_

_¡Después me perfumaré los pechos, el vientre y todo el cuerpo con incienso delicado, para que mi piel se derrita en tu boca con suavidad, ¡oh negrura de mis ojos!_

Y de tal modo, el hijo de Primavera y la hija de Prosperidad pasaban las noches y las mañanas en una vida deliciosa...

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

[Illustration]

_PERO CUANDO LLEGÓ LA 239.ª NOCHE_

Ella dijo:

...en una vida deliciosa.

Pero ¡ah! lo que está escrito en la frente del hombre por los dedos de Alah, no puede borrarlo la mano del hombre; y aunque la criatura poseyera alas, no le sería posible huir del Destino.

Tal fué la causa de que Feliz-Bello y Feliz-Bella tuvieran que experimentar durante cierto tiempo las vicisitudes de la suerte. Pero de todos modos, la nativa bendición que habían traído consigo á la tierra había de librarles de las desdichas irremediables.

Efectivamente, el gobernador de la ciudad de Kufa había oído hablar al califa de la hermosura de Feliz-Bella, esposa del hijo del mercader Primavera. Y dijo para sí: «¡Sin remedio, he de encontrar la manera de apoderarme de esta Feliz-Bella, cuyas perfecciones y arte para cantar me ponderan tanto! ¡Será un magnífico regalo para mi amo el Emir de los Creyentes Abd El-Malek ben-Meruán!»

Por consiguiente, el gobernador de Kufa resolvió un día ejecutar su proyecto, y con tal fin mandó llamar á una vieja muy astuta, que de ordinario estaba encargada de adquirir é instruir especialmente á las esclavas jóvenes. Y le dijo: «¡Te ruego que vayas á casa del mercader Primavera y hagas conocimiento con la esclava de su hijo, la joven llamada Feliz-Bella, de la cual se dice que está muy versada en el arte del canto, y que es muy hermosa! Y de cualquier manera has de traérmela aquí, porque quiero enviarla como regalo al califa Abd El-Malek.» Y la vieja respondió: «¡Escucho y obedezco!» Y se fué inmediatamente á hacer los preparativos necesarios.

A primera hora de la mañana se vistió de estameña, y se echó al cuello un enorme rosario de millares de cuentas, se ató una calabaza á la cintura, cogió una muleta, y se dirigió con lento paso á casa de Primavera, parándose á cada momento para suspirar, muy devota: «¡Alabado sea Alah! ¡No hay más Dios que Alah! ¡Sólo á Alah es preciso recurrir! ¡Alah es el más grande!» Y no dejó de proceder del mismo modo durante todo el camino, con gran admiración de los transeuntes, hasta que llegó á la puerta de la casa en que vivía Primavera. Llamó, y dijo: «¡Alah es generoso! ¡Oh Donador! ¡Oh Bienhechor!»

Entonces fué á abrirle el portero, que era un anciano respetable, antiguo servidor de Primavera. Vió á la vieja devota, y después de examinarla no le pareció su aspecto muy tranquilizador, sino muy al contrario. Y por su parte, él también desagradó mucho á la vieja, que le dirigió una mirada atravesada. Y el portero sintió instintivamente la mirada, y también instintivamente, y para conjurar el mal de ojo, formuló con el pensamiento: «¡Mis cinco dedos de la mano izquierda en tu ojo derecho y los otros cinco dedos en tu ojo izquierdo!» Después, y en alta voz, le preguntó: «¿Qué quieres, mi anciana tía?» Ella respondió: «Soy una pobre vieja que no piensa mas que en rezar. Y como veo que se acerca la hora de la oración, quisiera entrar en esta morada para hacer mis devociones este día santo.» El buen portero se indignó, y le dijo con brusquedad: «¡Vete! ¡Esta casa no es mezquita ni oratorio, sino el hogar del mercader Primavera y su hijo Feliz-Bello!» La vieja respondió: «¡Ya lo sé! Pero ¿hay mezquita ni oratorio más digno de la oración que la morada bendita de Primavera y su hijo Feliz-Bello? Sabe también ¡oh portero de cara seca! que soy mujer conocida en Damasco, en el palacio del Emir de los Creyentes. Y he salido de allí para visitar los santos lugares y rezar en todos los sitios dignos de veneración.» Pero el portero contestó: «Bueno que seas una devota; pero esa no es razón para que entres aquí. Sigue tu camino.» Y la vieja se resistió é insistió tanto tiempo, que el rumor de su voz hubo de llegar á oídos de Feliz-Bello, que salió para enterarse de la causa del altercado, y oyó á la vieja que decía al portero: «¿Cómo se puede impedir á una mujer de mi categoría entrar en la casa de Feliz-Bello, hijo de Primavera, cuando las puertas más cerradas de los emires y los grandes siempre se me abren de par en par?»

Al oir estas palabras, Feliz-Bello sonrió, según su costumbre, y rogó á la vieja que entrara. Entonces la vieja le siguió, y llegó con él á la habitación de Feliz-Bella. Y le deseó la paz de la manera más sentida, y á la primera ojeada quedó estupefacta de su belleza.

Cuando Feliz-Bella vió entrar á la santa vieja, se apresuró á levantarse en honor suyo y le devolvió su zalema con respeto, y le dijo: «¡Sea de buen agüero para nosotros tu venida, buena madre! ¡Dígnate descansar!» Pero ella contestó: «Acaban de anunciar la hora de la oración, hija mía. ¡Déjame rezar!» Y volvióse en seguida en dirección á la Meca, y se arrodilló en actitud de orar. Y así estuvo hasta la noche sin moverse, y nadie se atrevía á interrumpir su función augusta. Y además parecía tan sumida en el éxtasis, que no hacía caso alguno de lo que ocurría á su alrededor.

Por fin, Feliz-Bella se atrevió, y acercóse tímidamente á la santa, y le dijo con voz dulce y respetuosa: «¡Madre mía, da descanso á las rodillas, aunque no sea mas que una hora!» La vieja contestó: «¡El que no cansa el cuerpo en este mundo no puede aspirar al reposo reservado á los puros y elegidos en lo futuro!» Feliz-Bella, extremadamente edificada, repuso: «¡Por favor, ¡oh madre nuestra! honra nuestra mesa con tu presencia y consiente en compartir con nosotros el pan y la sal!» La vieja respondió: «He hecho voto de ayunar, hija mía. No puedo faltar á mi voto. No me hagas caso, y ve á reunirte con tu esposo. Vosotros, que sois jóvenes y hermosos, comed, bebed y sed felices...»

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

[Illustration]

_PERO CUANDO LLEGÓ LA 240.ª NOCHE_

Ella dijo:

»...Vosotros, que sois jóvenes y hermosos, comed, bebed y sed felices.»

Entonces Feliz-Bella fué á buscar á su amo, y le dijo: «¡Oh mi señor! ¡Te ruego que vayas á suplicar á esa santa que en adelante se aposente en nuestra casa, pues su rostro, macerado en la piedad, iluminará nuestra morada!» Feliz-Bello contestó: «Tranquilízate. Ya he mandado que le preparen una habitación con su lecho, y una esterilla nueva, y su jarro, y su palangana. Y nadie la molestará.»

En cuanto á la vieja, se pasó toda la noche rezando y leyendo en alta voz el Korán. Después, al amanecer, se lavó y fué á buscar á Feliz-Bello y á su amiga, y les dijo: «¡Vengo á despedirme de vosotros! ¡Alah os tenga en su guarda!» Pero Feliz-Bella le dijo: «¡Oh madre nuestra! ¿Cómo nos vas á dejar con tan poco sentimiento, cuando nosotros nos estábamos ya alegrando de ver nuestra casa bendecida para siempre por tu presencia, y te habíamos preparado la mejor habitación para que hagas tus devociones sin que te molesten?» La vieja contestó: «¡Alah os conserve á los dos y haga durar sus beneficios y sus gracias para vosotros! Ya que la caridad musulmana ocupa un sitio de honor en vuestro corazón, me alegro mucho de que me albergue vuestra hospitalidad. Pero os pido únicamente que advirtáis á vuestro portero, que tiene una cara tan seca, que no se oponga más á dejarme entrar aquí cuando pueda venir. Ahora mismo voy á visitar los santos lugares de Kufa, en los cuales haré votos á Alah para que os retribuya según vuestros méritos. ¡Luego volveré á endulzarme con vuestra hospitalidad!» Después los dejó, mientras ambos le cogían las manos y se las llevaban á los labios y á la frente.

¡Oh pobre Feliz-Bella! ¡Si supieras el motivo de que aquella vieja de betún entrara en tu casa y los negros designios que urdía contra tu dicha y tranquilidad! Pero ¿cuál es la criatura que puede adivinar lo oculto y arrancar el velo al porvenir?

La maldita vieja salió, y se dirigió al palacio del gobernador, y se le presentó en seguida. Entonces éste le preguntó: «¿Qué has hecho, ¡oh desenredadora de telas de araña! ¡oh taimada sublime y sutil!?» La vieja dijo: «Haga lo que haga, ¡oh mi señor! no soy mas que tu discípula y la protegida de tus miradas. Escucha. He visto á la joven Feliz-Bella, esclava del hijo de Primavera. ¡Jamás el vientre de la fecundidad modeló belleza semejante!» El gobernador exclamó: «¡Ya Alah!» Y prosiguió la vieja: «Está amasada con delicias. ¡Es un fluir continuo de dulzuras y de encantos ingenuos!» El gobernador exclamó: «¡Oh ojo mío! ¡Latido de mi corazón!» La vieja añadió: «¿Qué dirías si oyeras el timbre de su voz, más fresca que el rumor del agua debajo de una bóveda sonora? ¿Qué harías si vieras sus ojos de antílope y sus miradas modestas?» El gobernador exclamó: «¡No podría hacer mas que admirarla con toda mi admiración, pues repito que la destino á nuestro amo el califa! ¡Apresúrate, pues, á triunfar!» La vieja dijo: «Te pido para ello un mes entero.» Y el gobernador respondió: «¡Dispón de ese tiempo, siempre que dé resultado! Y en mí encontrarás una generosidad que te dejará satisfecha. Para empezar, toma mil dinares como señal de mi buena voluntad.»

Y la vieja guardó los mil dinares en el cinturón, y desde aquel día empezó á visitar con regularidad á Feliz-Bello y Feliz-Bella en su casa, y ellos, por su parte, le demostraban cada día más miramientos y consideraciones.

Y así las cosas, la vieja llegó á ser la consejera inseparable de aquella casa. Y un día le dijo á Feliz-Bella: «Hija mía, la fecundidad no ha visitado aún tus caderas juveniles. ¿Quieres venir conmigo á pedir la bendición á los santos ascetas, á los jeques amados de Alah, á los santones y walíes que están en comunicación con el Altísimo? Conozco á esos walíes, hija mía, y sé el poder inmenso que tienen para hacer milagros y realizar las cosas más prodigiosas en nombre de Alah. Curan á los ciegos y á los inválidos, resucitan á los muertos, vuelan por el aire, nadan por el agua. En cuanto á la fecundación de las mujeres, es el privilegio más fácil que les otorgó Alah. ¡Y alcanzarás ese resultado sin más que tocar la orla de su ropón ó besar las cuentas de su rosario!»

Al oir estas palabras de la vieja, Feliz-Bella sintió agitarse en su alma el deseo de la fecundidad, y dijo á la anciana: «Tengo que pedir á mi amo Feliz-Bello permiso para salir. Aguardemos que regrese.» Pero la vieja respondió: «Te basta con avisar á su madre.» Entonces la joven fué en seguida á buscar á la madre de Feliz-Bello, y le dijo: «Te suplico por Alah, ¡oh mi señora! que me concedas permiso para ir con esta santa vieja á visitar á los walíes amigos de Alah, y pedirles la bendición en su santa morada. Y te prometo estar aquí de vuelta antes que llegue mi amo Feliz-Bello.» Entonces la esposa de Primavera contestó: «¡Hija mía, piensa en el disgusto que tendría tu amo si volviese y no te encontrase! Me diría: «¿Y cómo ha podido salir Feliz-Bella sin permiso mío? ¡Es la primera vez que tal ocurre!»

En este momento intervino la vieja, y dijo á la madre de Feliz-Bello: «¡Por Alah! ¡Daremos una rápida vuelta por los lugares santos, no la dejaré siquiera que se siente para descansar, y la traeré sin demora!» Entonces la madre de Feliz-Bello dió el consentimiento, pero suspirando á pesar suyo.

La vieja se llevó, pues, á Feliz-Bella, y la guió directamente á un pabellón aislado del jardín de palacio; allí la dejó sola un momento, y corrió á comunicar su llegada al gobernador, que fué en seguida al pabellón...

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

[Illustration]

_PERO CUANDO LLEGÓ LA 241.ª NOCHE_

Ella dijo:

...al gobernador, que fué en seguida al pabellón, y en el umbral quedóse como deslumbrado por tal belleza.

Cuando Feliz-Bella vió entrar á aquel hombre desconocido, se apresuró á velarse la cara, rompió en sollozos, y buscó con la mirada un sitio por donde poder huir; pero fué en vano.

Entonces, como la vieja no parecía, Feliz-Bella ya no dudó de la traición de la maldita, y se acordó de ciertas palabras que su fiel portero le había dicho respecto á los ojos llenos de artificios de aquella mujer.

En cuanto al gobernador, seguro de que Feliz-Bella era la misma que tenía delante, volvió á salir, cerrando la puerta, y fué á dar rápidamente algunas órdenes; escribió una carta al califa Abd El-Malek ben-Meruán, y confió la carta y la joven al jefe de sus guardias, mandándole que emprendiera en seguida el camino de Damasco.

Entonces el jefe de los guardias se llevó por fuerza á Feliz-Bella, la colocó encima de un ágil dromedario, se puso delante de ella, y partió á toda prisa hacia Damasco, seguido por algunos esclavos.

En cuanto á Feliz-Bella, durante todo el camino se tapó la cara con el velo, y sollozó en silencio, indiferente á las paradas, á las sacudidas, á los descansos y á las marchas. Y el jefe de los guardias no le pudo sacar una palabra ni una seña, y así siguió hasta la llegada á Damasco.

El jefe se dirigió sin demora al palacio del Emir de los Creyentes, entregó la esclava y la carta al jefe de los chambelanes, recibió la respuesta que le dieron, y se volvió á Kufa del mismo modo que había venido.

Al día siguiente el califa entró en el harén y manifestó á su esposa y á su hermana la llegada de la esclava nueva, diciéndoles: «El gobernador de Kufa acaba de enviarme como regalo una esclava joven; y me escribe para decirme que esa esclava, comprada por él, es hija de un rey, apresada en su país por mercaderes de esclavos.» Y su esposa le respondió: «¡Alah acreciente tus goces y sus beneficios!» Y la hermana del califa preguntó: «¿Cómo se llama? ¿Es morena ó blanca?» El califa contestó: «Aún no la he visto.»