Part 10
Grano-de-Belleza exclamó: «¿De modo que crees que también el kadí es bilateral?» Zobeida se echó á reir y dijo: «¡Cierto que sí! ¿Por qué te asombra tanto eso?» Y él dijo: «Está escrito que toda su vida Grano-de-Belleza ha de ir de un bilateral á otro. Pero ¡oh sutil Zobeida! te ruego que sigas desarrollando tu plan. Decías que el anciano kadí, por lo demás hombre excelente, gusta con delirio de los muchachos. ¡No me irás á aconsejar que le venda mi mercancía!» Ella dijo: «¡No! Ya verás.»
Y prosiguió: «Cuando el kadí te haya dicho: «¡Hay que pagar los diez mil dinares!», le mirarás así, de cierta manera, y moverás las caderas gentilmente, no de un modo excesivo, pero sí de manera que le liquides de emoción en la alfombra. Y sin duda te dará un plazo para saldar la deuda. ¡Y de aquí á entonces, Alah proveerá!»
Oídas estas palabras, Grano-de-Belleza reflexionó un instante, y dijo: «¡Lo intentaré!»
En aquel mismo momento, una esclava, desde detrás del tapiz, alzó la voz y dijo: «¡Ama Zobeida, ahí está tu padre aguardando á mi amo!»
Entonces Grano-de-Belleza se levantó, se vistió á escape y fué á buscar al padre de Zobeida. Y ambos, después de habérseles unido en la calle el primer marido, fueron á la oficina del kadí.
Y las previsiones de Zobeida se realizaron al pie de la letra. Pero también hay que decir que Grano-de-Belleza cuidó de seguir escrupulosamente las preciosas indicaciones que ella le había dado.
Y el kadí, absolutamente aniquilado por las miradas al soslayo que le dirigía Grano-de-Belleza, no sólo concedió el aplazamiento de tres días que reclamaba modestamente el joven, sino que terminó su sentencia en esta forma: «Nuestras leyes religiosas y nuestra jurisprudencia no pueden hacer obligatorio el divorcio. Y nuestros cuatro ritos ortodoxos están completamente de acuerdo en este punto. Por otra parte, el Desligador, convertido en marido de derecho, se aprovecha de un aplazamiento, dada su condición de forastero. Le otorgamos, pues, diez días para saldar la deuda.»
Entonces Grano-de-Belleza besó respetuosamente la mano del kadí, que decía para sí: «¡Por Alah! ¡Este hermoso adolescente bien vale diez mil dinares! ¡Yo mismo se los anticiparía de buena gana!» Después Grano-de-Belleza se despidió afablemente y corrió á buscar á su esposa, la sagaz Zobeida...
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.
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_PERO CUANDO LLEGÓ LA 264.ª NOCHE_
Ella dijo:
...afablemente y corrió á buscar á su esposa, la sagaz Zobeida.
Y Zobeida, iluminado el rostro por el júbilo, recibió á Grano-de-Belleza felicitándole por el resultado obtenido, y le dió cien dinares para que preparase para ambos un banquete que durase toda la noche. Y Grano-de-Belleza, con el dinero de su mujer, mandó preparar en seguida el festín consabido. Y ambos se pusieron á comer y beber hasta saciarse. Y entonces, alegres hasta el límite de la alegría, copularon de una manera prolongada. Y después, para descansar, fueron á la sala de recepciones, encendieron las luces y organizaron entre los dos un concierto capaz de hacer bailar á las rocas y de suspender el vuelo de los pájaros en el fondo del cielo.
No es de extrañar, por tanto, que de improviso se oyeran golpes dados en la puerta exterior de la casa. Y Zobeida, que fué la primera en oirlos, dijo á Grano-de-Belleza: «Ve á ver quién llama á la puerta.» Y Grano-de-Belleza fué en seguida á abrir.
Ahora bien; aquella noche, el califa Harún Al-Rachid, sintiendo oprimido el pecho, había dicho á su visir Giafar, á su portaalfanje Massrur y á su poeta favorito el delicioso Abu-Nowas: «Me siento con el pecho algo oprimido. ¡Vamos á pasearnos un poco por las calles de Bagdad, á ver si se nos dilatan los humores!» Y los cuatro se habían disfrazado de derviches persas y se habían puesto á recorrer las calles de Bagdad, esperando dar con alguna entretenida aventura. Y así habían llegado delante de la casa de Zobeida, y al oir cantar y tañer instrumentos, habían llamado á la puerta, según costumbre de los derviches.
Cuando les vió Grano-de-Belleza, como no ignoraba los deberes de la hospitalidad, y además estaba en excelentes disposiciones, les recibió cordialmente, les introdujo en el vestíbulo y les dió de comer. Pero ellos rechazaron el alimento, diciendo: «¡Por Alah! ¡Los espíritus delicados no necesitan mucho alimento para regocijar los sentidos! Se contentan con la armonía. Y precisamente estamos viendo que los acordes que oíamos desde fuera se han callado al entrar nosotros. ¿Será una cantora de profesión la que cantaba tan maravillosamente?» Grano-de-Belleza contestó: «¡No, señores; era mi propia mujer!» Y les contó su historia, desde el principio hasta el fin, sin omitir un detalle.
Entonces, el jefe de los derviches, que era el mismo califa, dijo á Grano-de-Belleza, que le parecía todo lo delicioso posible y por el cual sintió súbito afecto: «Hijo mío, puedes tranquilizarte respecto á los diez mil dinares que debes al ex marido de tu esposa. Soy el jefe de la tekké de los derviches de Bagdad, que cuenta con cuarenta miembros, y gracias á Alah estamos acomodados; diez mil dinares no constituyen para nosotros ningún sacrificio. Te prometo que los tendrás antes de diez días. Pero ve á rogar á tu esposa que cante algo desde detrás del tapiz para exaltarnos el alma. Porque la música, hijo mío, les sirve á unos de comida, á otros de remedio y á otros de abanico; pero para nosotros es las tres cosas á un tiempo.»
Grano-de-Belleza no se hizo rogar más, y su esposa Zobeida se avino á cantar para los derviches; de modo que el júbilo de éstos fué extremado, y pasaron una noche deliciosa, ya escuchando el canto y contestando: «¡Ah! ¡Ah!» con toda su alma, ya conversando agradablemente, ya oyendo las chistosas improvisaciones del poeta Abu-Nowas, á quién la belleza del muchacho hacía delirar hasta el límite del delirio.
Al amanecer se levantaron los falsos derviches, y el califa, antes de irse, colocó debajo del almohadón en que estaba apoyado un bolsillo con cien dinares de oro, para empezar, y que eran los únicos que en aquel momento llevaba encima. Después se despidieron del joven huésped, dándole las gracias por boca de Abu-Nowas, que le improvisó versos exquisitos y se prometió por dentro no perderle de vista.
Hacia el mediodía, Grano-de-Belleza, á quien Zobeida había entregado los cien dinares de oro encontrados debajo del almohadón, quiso salir para ir al zoco á hacer unas compras, cuando al abrir la puerta vió parados delante de la casa cincuenta mulos pesadamente cargados de fardos de telas, y en una mula ricamente enjaezada, á un joven esclavo abisinio, de facciones encantadoras y cuerpo moreno, que llevaba en la mano una misiva enrollada.
Al ver á Grano-de-Belleza, el gentil esclavillo se apeó rápidamente, besó la tierra delante del joven, y entregándole la misiva, le dijo: «¡Oh mi señor Grano-de-Belleza! Acabo de llegar ahora mismo del Cairo, enviado á ti por tu padre, mi amo Schamseddin, síndico de los mercaderes de la ciudad. Te traigo cincuenta mil dinares en mercaderías de valor y un paquete que encierra un regalo de tu madre dedicado á tu esposa Sett Zobeida, y compuesto de una jarra de oro enriquecida con pedrería y una jofaina de oro cincelado...»
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.
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_PERO CUANDO LLEGÓ LA 265.ª NOCHE_
Ella dijo:
»...y compuesto de una jarra de oro enriquecida con pedrería y una jofaina de oro cincelado.»
Grano-de-Belleza quedó tan sorprendido y contento á la vez con aquel suceso milagroso, que no pensó en un principio mas que en enterarse del contenido de la carta. La abrió, y leyó lo que sigue:
* * * * *
«DESPUÉS DE LOS DESEOS MÁS COMPLETOS DE DICHA Y SALUD DE PARTE DE SCHAMSEDDIN Á SU HIJO ALAEDDIN GRANO-DE-BELLEZA:
»Sabe ¡oh hijo amado! que el rumor del desastre sufrido por tu caravana y la pérdida de tus bienes ha llegado hasta mí. En seguida te he mandado preparar una nueva caravana de cincuenta mulos cargados de mercaderías por valor de cincuenta mil dinares de oro. Además, tu madre te envía un traje precioso que ha bordado ella misma, y como regalo para tu esposa un jarro y una jofaina, que nos atrevemos á esperar que le gusten.
»Efectivamente, supimos con cierto asombro que has servido de Desligador en un divorcio ligado por la fórmula de la Repudiación por Tres. Pero ya que la mujer resulta á gusto tuyo después de la prueba, has hecho bien en conservarla. Y así, las mercancías que te enviamos bajo la custodia del pequeño abisinio Salim servirán muy holgadamente para pagar los diez mil dinares que debes como indemnización al primer marido.
»Tu madre y todos los nuestros están contentos y sanos, esperando tu próxima vuelta, y te envían sus zalemas afectuosas y la mayor expresión de ternura.
»¡Vive dichoso largo tiempo!»
Esta carta y la llegada inesperada de aquellas riquezas alborotaron de tal modo á Grano-de-Belleza, que no pensó ni por un instante en lo inverosímil del suceso. Subió á las habitaciones de su esposa y la enteró de lo ocurrido.
Aún no había terminado sus explicaciones, cuando llamaron á la puerta, y el padre de Zobeida y el primer marido entraron en el vestíbulo. Iban á tratar de convencer á Grano-de-Belleza de que se divorciara amistosamente.
Y el padre de Zobeida dijo á Grano-de-Belleza: «¡Hijo mío, ten piedad de mi primer yerno, que quiere mucho á su ex esposa! Alah te ha enviado riquezas que te permitirán comprar las esclavas más bellas del mercado, y casarte también, en legítimas nupcias, con la hija del más importante de los emires. ¡Devuelve, pues, á ese pobre hombre su ex esposa, y él consentirá en ser tu esclavo!» Pero Grano-de-Belleza contestó: «Precisamente me ha enviado Alah todas esas riquezas para remunerar con liberalidad á mi antecesor. Dispuesto estoy á darle los cincuenta mulos con sus mercancías y hasta el lindo esclavo abisinio Salim, y á no conservar de todo ello mas que el regalo destinado á mi esposa, ó sea el jarro y la jofaina.» Y añadió: «Y si tu hija Zobeida consiente en volver con su anterior esposo, estoy conforme con desligarla.»
Entonces el padre entró en el aposento de Zobeida y le preguntó: «¿Qué? ¿Consientes en volver con tu anterior marido?» Y ella respondió, haciendo grandes gestos: «¡Ya Alah! ¡Ya Alah! ¡Si nunca supo el valor de los arriates de mi jardín y siempre se paró á mitad de camino! ¡No, por Alah! ¡Me quedo con el joven que me ha explorado en todos sentidos!»
Cuando el primer esposo se cercioró de que había de perder toda esperanza, le entró tal pena, que le estalló el hígado en el acto, y murió.
En cuanto á Grano-de-Belleza, siguió gozando con la encantadora y sagaz Zobeida; y todas las noches, después del banquete y de múltiples copulaciones y cosas semejantes, organizaba con ella un concierto capaz de hacer bailar á los peñascos y de suspender en el fondo del cielo el vuelo de las aves.
A los diez días de casado, recordó de pronto la promesa que le había hecho el jefe de los derviches de enviarle los diez mil dinares, y dijo á su esposa: «¡Mira qué jefe de embusteros! ¡Si hubiera yo tenido que esperar la realización de su promesa, me habría muerto de hambre en la cárcel! ¡Por Alah! ¡Como le encuentre otra vez, le diré lo que pienso de su mala fe!»
Y después, como iba anocheciendo, mandó encender las luces de la sala de recepciones, y se disponía á organizar el concierto, como todas las noches, cuando llamaron á la puerta. Quiso ir á abrir él mismo, y no se sorprendió poco al ver á los cuatro derviches de la primera noche. Se echó á reir en su cara, y les dijo: «¡Bien venidos sean estos embusteros, hombres de mala fe! Pero, de todos modos, os invito á entrar, pues Alah me ha librado de tener en adelante necesidad de vuestros favores. ¡Y además, aunque embusteros é hipócritas, sois muy agradables y bien educados!» Y les introdujo en el salón de recepciones, y rogó á Zobeida que les cantara algo desde detrás del tapiz. Y ella lo hizo de manera capaz de arrebatar la razón, de hacer bailar á las piedras y de suspender en el fondo del cielo el vuelo de las aves.
En un momento dado, el jefe de los derviches se levantó y se ausentó para evacuar una necesidad. Entonces, uno de los falsos derviches, que era el poeta Abu-Nowas, se inclinó hacia el oído de Grano-de-Belleza, y le dijo...
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.
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_PERO CUANDO LLEGÓ LA 266.ª NOCHE_
Ella dijo:
...el poeta Abu-Nowas, se inclinó hacia el oído de Grano-de-Belleza, y le dijo: «¡Oh encantador huésped nuestro! Permíteme que te dirija una pregunta. ¿Cómo has podido creer un momento que tu padre Schamseddin te enviara los cincuenta mulos cargados de riquezas? ¡Vamos á ver! ¿Cuántos días se necesitan para ir al Cairo desde Bagdad?» El otro contestó: «Cuarenta y cinco.» Abu-Nowas preguntó: «¿Y para volver?» El otro contestó: «Otros cuarenta y cinco lo menos.» Abu-Nowas se echó á reir, y dijo: «¿Y cómo quieres que en menos de diez días tu padre haya averiguado la pérdida de la caravana y haya podido mandarte la segunda?» Grano-de-Belleza exclamó: «¡Por Alah! ¡Mi alegría fué tan grande, que no me dió tiempo de pensar todo eso! Pero dime, entonces, ¡oh derviche! ¿quién ha escrito la carta? ¿De dónde procede el envío?» Abu-Nowas contestó: «¡Ah Grano-de-Belleza! ¡Si fueras tan perspicaz como hermoso, hace tiempo que habrías adivinado que nuestro jefe, con su traje de derviche, es nuestro amo el califa, el Emir de los Creyentes, Harún Al-Rachid, y el segundo derviche, el sabio visir Giafar el Barmecida, y el tercero, el portaalfanje Massrur, y yo mismo, tu esclavo y admirador Abu-Nowas, sencillamente poeta!»
Oídas estas palabras, Grano-de-Belleza llegó al límite de la sorpresa y de la confusión, y preguntó tímidamente: «Pero, ¡oh gran poeta Abu-Nowas! ¿cuál es el mérito que me ha traído tantos beneficios del califa?» Abu-Nowas sonrió, y dijo: «¡Tu hermosura!» Y añadió: «A sus ojos, el mérito mayor es ser joven, simpático y hermoso. Y se le figura que nunca es caro comprar el espectáculo de un ser bello y el ver un rostro lindo.»
A todo esto el califa volvió á ocupar su sitio en la alfombra, y entonces Grano-de-Belleza fué á inclinarse entre sus manos, y le dijo: «¡Oh Emir de los Creyentes! ¡Alah te conserve á nuestro respeto y á nuestro amor, y nunca nos prive de los beneficios de tu generosidad!» Y el califa le sonrió y le acarició levemente la mejilla, y le dijo: «Mañana te aguardo en palacio.» Después levantó la sesión, y seguido de Giafar, Massrur y Abu-Nowas, que encargó á Grano-de-Belleza que no olvidase lo ofrecido, se marchó.
Al día siguiente, Grano-de-Belleza, á quien su esposa había aconsejado repetidamente que fuera á palacio, eligió las cosas más preciosas de las que le había llevado el pequeño abisinio Salim, las encerró en un lindísimo cofrecillo, y colocó éste en la cabeza del hermoso esclavo; y después de que le vistió y arregló con esmero su esposa Zobeida, se dirigió hacia el diván, acompañado del esclavo con su carga. Y subió al diván, y poniendo el cofrecillo á los pies del califa, le dirigió un cumplimiento en versos bien rimados, y le dijo: «¡Oh Emir de los Creyentes! Nuestro bendito Profeta (¡sean con Él la plegaria y la paz!) aceptaba los regalos para no causar pena á quienes se los ofrecían. ¡Tu esclavo sería también muy feliz si quisieras recibir este cofrecillo como señal de mi gratitud!»
Encantado el califa de la atención del joven, le dijo: «¡Demasiado regalo es, ¡oh Grano-de-Belleza! pues tu persona supone ya un perfecto presente! Sé bien venido á mi palacio; hoy mismo te conferiré un buen empleo.» E inmediatamente destituyó de su cargo al síndico de los mercaderes de Bagdad, y nombró para tal puesto á Grano-de-Belleza.
Después, para que todo el mundo se enterara del nombramiento, el califa escribió un firmán con el decreto correspondiente, y lo mandó entregar al walí, el cual se lo dió á un pregonero, que lo promulgó por todos los zocos y calles de Bagdad.
En cuanto á Grano-de-Belleza, desde aquel día empezó á ver con regularidad al califa, que ya no podía pasarse sin él. Y como no tenía tiempo para vender personalmente sus mercancías, mandó abrir una hermosa tienda, á cuyo frente puso al esclavillo moreno, que desempeñó á maravilla tan delicado oficio.
Apenas habían transcurrido dos ó tres días, cuando fueron á anunciar al califa la súbita defunción de su gran copero. Y el califa nombró inmediatamente á Grano-de-Belleza gran copero, y le regaló un ropón de honor, apropiado para tan alto cargo, y le asignó suntuosos emolumentos. Y de esta manera ya no se separaba de él.
A los dos días, y estando Grano-de-Belleza al lado del califa, entró el gran chambelán, besó la tierra delante del trono, y dijo: «¡Conserve Alah los días del Emir de los Creyentes, y los aumente en otros tantos como la muerte acaba de arrebatar al gobernador de palacio!» Y añadió: «¡Oh Emir de los Creyentes, el gobernador de palacio acaba de fallecer!» El Emir de los Creyentes dijo: «¡Téngale Alah en su misericordia!» Y en el acto nombró á Grano-de-Belleza gobernador de palacio en vez del difunto, y le asignó emolumentos más suntuosos todavía. Y de esta manera Grano-de-Belleza tenía que estar continuamente al lado del califa. Hecho este nombramiento y comunicado á todo el palacio, el califa levantó la sesión, agitando el pañuelo como de costumbre...
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.
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_PERO CUANDO LLEGÓ LA 267.ª NOCHE_
Ella dijo:
...el califa levantó la sesión, agitando el pañuelo como de costumbre, y se quedó solo con Grano-de-Belleza.
Y desde entonces Grano-de-Belleza pasó todos los días en palacio, y no volvía á su casa hasta bien entrada la noche, y se acostaba feliz con su esposa, á quien contaba todos los sucesos del día.
El afecto del califa á Grano-de-Belleza fué acrecentándose diariamente, hasta el punto de que lo habría sacrificado todo antes que dejar sin satisfacer el menor deseo del joven, como lo demuestra el hecho siguiente:
El califa daba un concierto, al cual asistían sus íntimos amigos de siempre: Giafar, el poeta Abu-Nowas, Massrur y Grano-de-Belleza. Detrás del tapiz cantaba la propia favorita del califa, la más bella y perfecta de sus concubinas. Pero de pronto el califa miró fijamente á Grano-de-Belleza, y le dijo: «Amigo, estoy leyendo en tus ojos que te gusta mi favorita.» Y Grano-de-Belleza contestó: «¡Lo que gusta al amo debe gustar al esclavo!» Pero el califa exclamó: «¡Por mi cabeza y por la tumba de mis antepasados! ¡Grano-de-Belleza, te pertenece mi favorita desde este momento!» Y llamó en seguida al jefe de los eunucos, y le dijo: «¡Transporta á casa del gobernador de palacio todo el ajuar y las cuarenta esclavas de mi favorita Delicia-de-los-Corazones, y después llévala también á su casa en una silla de manos!» Pero Grano-de-Belleza dijo: «¡Por tu vida, ¡oh Príncipe de los Creyentes! dispensa á tu indigno esclavo de tomar lo que le pertenece al amo!» Entonces el califa comprendió la idea de Grano-de-Belleza, y le dijo: «¡Razón tienes! ¡Es probable que tu esposa tenga celos de mi ex favorita! ¡Quédese ésta, pues, en palacio!» Después se volvió hacia su visir Giafar, y le dijo: «¡Oh Giafar! Tienes que ir inmediatamente al zoco de los esclavos, pues hoy es día de mercado, y comprar en diez mil dinares la esclava más bella de todo el zoco. ¡Y la mandarás llevar en seguida á casa de Grano-de-Belleza!»
Giafar se levantó en el acto, fué al zoco de los esclavos, y rogó á Grano-de-Belleza que le acompañara para indicarle la que prefiriese.
Y el walí de la ciudad, emir Khaled, había ido también al zoco aquel día á comprar una esclava para su hijo, que acababa de llegar á la edad de la pubertad.
Porque el walí de la ciudad tenía un hijo. Pero este hijo era un muchacho tan feo, que haría abortar á una parturienta, contrahecho, hediondo, de aliento fétido, de ojos atravesados y de boca tan ancha como la vulva de una vaca vieja. Por eso le llamaban Gordo-Hinchado.
Precisamente la víspera por la noche había cumplido Gordo-Hinchado los catorce años, y su madre estaba alarmada hacía algún tiempo por no observar en él ningún síntoma de virilidad real. Pero no tardó en tranquilizarse al notar, la mañana de aquel día, que su hijo Gordo-Hinchado había copulado en sueños en la cama, dejando en ella huellas evidentes.
Tal observación había entusiasmado en extremo á la madre de Gordo-Hinchado, y la había hecho ir corriendo á ver á su esposo, al cual había comunicado la feliz nueva, obligándole á marchar inmediatamente al zoco, acompañado de su hijo, para comprarle una hermosa esclava que le conviniera.
Y el Destino, que está en manos de Alah, quiso que aquel día se encontraran en el zoco Giafar y Grano-de-Belleza con el emir Khaled y su hijo Gordo-Hinchado.
Después de las zalemas acostumbradas, se reunieron en un grupo y ordenaron que desfilaran por delante de ellos los corredores, cada cual con las esclavas blancas, morenas ó negras de que dispusiese.
Así vieron cantidad innumerable de muchachas griegas, abisinias, chinas y persas; y ya se iban á retirar sin haber elegido ninguna, cuando el mismo jefe de los corredores pasó el último, llevando de la mano á una joven con la cara destapada, más hermosa que la luna llena del mes de Ramadán.
Al verla, Gordo-Hinchado empezó á resollar con fuerza para expresar su deseo, y le dijo á su padre, el emir Khaled: «¡Esa es la que necesito!» Y por su parte, Giafar preguntó á Grano-de-Belleza: «¿Te conviene esa?» Y el otro respondió: «Es la que elijo.»
Entonces Giafar preguntó á la joven: «¿Cómo te llamas, ¡oh esclava gentil!?» Ella contestó: «¡Oh mi señor! Yazmina.» Y el visir preguntó al corredor: «¿En cuánto está tasada Yazmina?» El corredor dijo: «En cinco mil dinares, ¡oh mi amo!» Y Gordo-Hinchado gritó: «¡Ofrezco seis mil!»
En aquel momento se adelantó Grano-de-Belleza, y dijo: «¡Ofrezco ocho mil!» Entonces Gordo-Hinchado resolló con rabia, y exclamó: «¡Ocho mil un dinares!» Giafar dijo: «¡Nueve mil uno!» Pero Grano-de-Belleza dijo: «¡Diez mil dinares!»
Y el corredor, temiendo que se arrepintiera alguno, dijo: «¡Adjudicada en diez mil dinares la esclava Yazmina!» Y se la entregó á Grano-de-Belleza.
Al ver aquello, Gordo-Hinchado se cayó, azotando el aire con pies y manos, y desconsolando á su padre el emir Khaled, que no le había llevado al zoco mas que por complacer á su esposa, pues le detestaba por idiota y feo.
En cuanto á Grano-de-Belleza, tras de dar las gracias al visir Giafar, se llevó á Yazmina, y la amó, y ella le amó también. Y después de haberla presentado á su esposa Zobeida, que la encontró simpática y le felicitó por su elección, se unió con ella legítimamente, tomándola como segunda esposa. Y durmió con ella aquella noche, y la fecundó, como se demostrará más adelante.
Y vamos ahora con Gordo-Hinchado.
Cuando á fuerza de promesas y mimos lograron llevarle á su casa, se tiró sobre el diván, y no quiso levantarse para comer ni beber, y por otra parte, casi había perdido la razón.
Mientras todas las mujeres de la casa, consternadas, rodeaban á la madre de Gordo-Hinchado, que había llegado á los límites de la perplejidad, entró una vieja, que era la madre de un ladrón famoso, sentenciado entonces á prisión perpetua, y conocido de toda Bagdad con el sobrenombre de Ahmed-la-Tiña.