Chapter 13 of 14 · 3998 words · ~20 min read

Part 13

La pequeña Doniazada esperó á que Schahrazada hubiese terminado su cosa con el rey Schahriar, y levantando la cabeza, exclamó: «¡Oh hermana mía! ¿qué aguardas para contarnos esas anécdotas del delicioso poeta Abu-Nowas, amigo del califa y el más encantador entre todos los poetas del Irán y de la Arabia?» Y Schahrazada sonrió á su hermana y le dijo: «¡Sólo espero el permiso del rey para narrar algunas aventuras de Abu-Nowas, que, efectivamente, era un exquisito poeta, pero un grandísimo libertino!»

Entonces la pequeña Doniazada se levantó de un salto y corrió á abrazar á su hermana, diciéndole: «¡Te ruego que nos enteres de lo que hizo! ¡Cuéntanoslo en seguida!»

Y el rey Schahriar, volviéndose hacia Schahrazada, le dijo: «Verdaderamente, Schahrazada, me agradará oir una ó dos de esas aventuras, que preveo son deliciosas. Pero he de hacerte observar que esta noche me atraen más elevados pensamientos y me hallo predispuesto á oir de tu boca algunas palabras de sabiduría. ¡Así, pues, si te acuerdas de cualquier historia que pueda adiestrarme en el conocimiento de los preceptos buenos y haga que mi espíritu se aproveche de la experiencia de los prudentes y los sabios, no creas que dejaría de interesarme! ¡Al contrario! Luego, si no se acaba mi paciencia, podrás, Schahrazada, entretenerme con esas aventuras de Abu-Nowas.»

Al oir tales palabras del rey Schahriar, Schahrazada apresuróse á responder: «Precisamente, ¡oh rey afortunado! durante todo el pasado día medité sobre la historia de una joven admirable de belleza y de sabiduría y á quien llamaban SIMPATÍA. ¡Y estoy pronta á comunicarte cuanto sé de su conducta y de sus maravillosos conocimientos!»

Y exclamó el rey Schahriar: «¡Por Alah! ¡no tardes más en ponerme al corriente de lo que me anuncias! Porque nada me es tan grato como escuchar doctas palabras dichas por jóvenes hermosas. Y anhelo mucho que la historia prometida me satisfaga por completo, y á la vez me sea provechosa y me sirva cual ejemplo de la instrucción que debe poseer todo buen musulmán.»

Entonces Schahrazada reflexionó un instante, y después de levantar un dedo, dijo:

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HISTORIA DE LA DOCTA SIMPATÍA

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Se cuenta--pero Alah está mejor instruído en todas las cosas--que había en Bagdad un comerciante muy rico, cuya casa sostenía un tráfico inmenso. Gozaba de honores, de consideración, de prerrogativas y privilegios de todas clases; pero no era dichoso porque Alah no extendía sobre él su bendición hasta el punto de concederle un descendiente, aunque fuera del sexo femenino. A causa de ello había llegado á viejo sumido en la tristeza, y veía cómo poco á poco sus huesos se volvían transparentes y curvábase su espalda, sin poder obtener de alguna de sus numerosas esposas un resultado consolador. Pero un día en que había distribuído muchas limosnas, y visitado á los santones, y ayunado y rezado fervorosamente, se acostó con la más joven de sus esposas, y merced al Altísimo, aquella vez la dejó fecundada en tal hora y tal instante.

Al llegar el noveno mes, día tras día, la esposa del comerciante parió felizmente un niño varón, tan bello, que se diría era un trozo de luna.

En su gratitud hacia el Donador, no se olvidó á la sazón el comerciante de cumplir las promesas que hizo, y durante siete días enteros socorrió con largueza á pobres, viudas y huérfanos; después, en la mañana del séptimo día, pensó dar un nombre á su hijo, y le llamó Abul-Hassán.

El niño se crió en brazos de nodrizas y en brazos de bellas esclavas, y como á cosa preciosa le cuidaron mujeres y criados hasta que estuvo en edad de estudiar. Entonces se le confió á los maestros más sabios, que le enseñaron á leer las palabras sublimes del Korán y le adiestraron en la escritura hermosa, en la poesía, en el cálculo, y sobre todo en el arte de disparar el arco. Por tanto, su instrucción superó á la que en su generación y su siglo era corriente. Pero no fué esto todo.

Porque á sus diversos conocimientos añadía un encanto mágico y era perfectamente bello. He aquí en qué términos los poetas de su tiempo describieron sus gracias juveniles, la frescura de sus mejillas, las flores de sus labios y el naciente bozo que los adornaba:

_¿Ves en el jardín de sus mejillas esos botones de rosa que intentan entreabrirse, aunque la primavera pasó ya por los rosales?_

_¿No te asombra ver todavía florecer la rosa y apuntar el bozo en el hoyo sombrío de sus labios, como las violetas bajo las hojas?_

El joven Abul-Hassán fué, pues, la alegría de su padre y la delicia de sus pupilas durante el tiempo que el Destino le marcó de antemano. Pero cuando el anciano sintió acercarse el término que le estaba fijado, hizo sentarse á su hijo entre sus manos un día entre los días, y le dijo: «Hijo mío, se aproxima mi fin, y ya sólo me resta prepararme á comparecer ante el Dueño Soberano. Te lego grandes bienes, muchas riquezas y propiedades, poblados enteros y fértiles tierras y abundosos huertos, que os bastarán para vivir, no sólo á ti, sino también á los hijos de tus hijos. ¡Únicamente te recomiendo que sepas aprovecharte de ello sin abusar y dando gracias al Retribuidor y con el respeto que le es debido!» Luego murió de su enfermedad el viejo comerciante, y Abul-Hassán se afligió en extremo, y cuando terminaron las exequias fúnebres estuvo de duelo y se encerró con su dolor.

Pero no tardaron sus camaradas en distraerle y alejarle de sus penas, obligándole á entrar en el hammam para que se refrescara y á cambiar de trajes luego; y le dijeron, á fin de consolarle por completo: «¡Quien se reproduce en hijos como tú, no muere! ¡Aleja la tristeza, pues, y piensa en aprovecharte de tu juventud y de tus bienes!»

De modo que Abul-Hassán olvidó poco á poco los consejos de su padre, y acabó por persuadirse de que eran inagotables la dicha y la fortuna. Así, pues, no dejó de satisfacer todos sus caprichos, entregándose á todos los placeres, visitando á las cantarinas y tañedoras de instrumentos, comiendo todos los días una cantidad enorme de pollos, porque le gustaban los pollos, complaciéndose en destapar las botellas añejas de licores enervantes y en oir el tintineo de las copas que se entrechocan, deteriorando lo que pudo deteriorar, arruinando lo que pudo arruinar y trastornando lo que pudo trastornar, hasta tal punto, que á la postre se despertó un día sin nada entre las manos, á no ser su persona. Y de cuantos servidores y mujeres le hubo legado su difunto padre, no le quedaba mas que una sola esclava entre las numerosas esclavas.

Pero aún tuvo que admirar la continuidad dichosa de la suerte, que quiso fuese precisamente la propia maravilla de todas las esclavas de las comarcas de Oriente y de Occidente la que habitaba en la casa, ya sin lustre, del pródigo Abul-Hassán, hijo del difunto comerciante.

Efectivamente, esta esclava se llamaba Simpatía, y en verdad que jamás nombre alguno cuadró mejor á las cualidades de la que lo llevaba. La esclava Simpatía era una adolescente tan derecha como la letra aleph, de estatura proporcionada, y tan esbelta y delicada que podía desafiar al sol á que prolongase en el suelo su sombra; maravillosas eran la belleza y la lozanía de su rostro; todas sus facciones ostentaban con claridad la huella de la bendición y el buen augurio; su boca parecía sellada con el sello de Soleimán, como para guardar preciosamente el tesoro de perlas que encerraba; eran sus dientes collares dobles é iguales; las dos granadas de su seno aparecían separadas por el intervalo más encantador, y su ombligo era lo suficiente ancho y profundo para contener una onza de manteca moscada. En cuanto á su grupa monumental, remontaba dignamente la finura de su talle, y dejaba profundamente impreso en divanes y colchones el hueco creado por la importancia de su peso. Y á ella se refería esta canción del poeta:

_¡Es solar, es lunar, es vegetal como el tallo del rosal; está tan lejos del color de la tristeza cual lo están el sol, la luna y el tallo del rosal!_

_¡Cuando aparece, conmueve profundamente los corazones su presencia, y cuando se aleja, los corazones quedan aniquilados!_

_¡El cielo está en su rostro; sobre su túnica se extienden las grandezas del Edén, entre las cuales corre el arroyo de la vida, y la luna brilla bajo su manto!_

_¡En su cuerpo encantador se armonizan todos los colores: el encarnado de las rosas, la blancura resplandeciente de la plata, el negro de la baya madura y el color del sándalo! ¡Y es tan grande su belleza, que hasta el deseo la defiende!_

_¡Bendito sea Quien desplegó sobre ella la hermosura! ¡Feliz el amante que pueda saborear las delicias de sus palabras!_

Tal era la esclava Simpatía, único tesoro que poseía aún el pródigo Abul-Hassán...

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

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_PERO CUANDO LLEGÓ LA 272.ª NOCHE_

Ella dijo:

...Tal era la esclava Simpatía, único tesoro que poseía aún el pródigo Abul-Hassán.

Y he aquí que, al percatarse de que su patrimonio habíase disipado irremediablemente, Abul-Hassán quedó sumido en un estado de desolación tan grande, que le robó el sueño y el apetito; y permaneció tres días y tres noches sin comer, ni beber, ni dormir, alarmando á la esclava Simpatía, que creyó verle morir, y resolvió salvarle á toda costa.

Se atavió con sus trajes más dignos de exhibirse y con las joyas y adornos que le quedaban, y se presentó á su amo, diciéndole, mientras mostraba en sus labios una sonrisa de buen augurio: «Por mi causa va á hacer cesar Alah tus tribulaciones. Para ello bastará que me conduzcas ante nuestro señor el Emir de los Creyentes, Harún Al-Rachid, quinto descendiente de Abbas, y me vendas á él, pidiéndole como precio diez mil dinares. Si encontrara este precio demasiado caro, dile: «¡Oh Emir de los Creyentes! Esta adolescente vale más todavía, como podrás advertir mejor tomándola á prueba. ¡Entonces se realzará á tus ojos, y verás que no tiene par ni rival y que verdaderamente es digna de servir á nuestro amo el califa!» Después, la esclava, insistiendo mucho, le recomendó que se guardase de rebajar el precio.

Abul-Hassán, que hasta aquel momento, por negligencia, no se había preocupado de observar las cualidades y talentos de su hermosa esclava, no estaba en situación para apreciar por sí mismo los méritos que pudiese ella poseer. Solamente le pareció que la idea no era mala y que tenía probabilidades de éxito. Se levantó, pues, en seguida, y llevando á Simpatía tras sí la condujo ante el califa, á quien repitió las palabras que ella le había recomendado que dijese.

Y el califa volvióse hacia la esclava y le preguntó: «¿Cómo te llamas?» Ella contestó: «Me llamo Simpatía.» Él le dijo: «¡Oh Simpatía! ¿estás versada en ciertos conocimientos y puedes enumerarme las diversas ramas del saber que has cultivado?» Ella le contestó: «¡Oh señor! Estudié la sintaxis, la poesía, el derecho civil y el derecho general, la música, la astronomía, la geometría, la aritmética, la jurisprudencia desde el punto de vista de las sucesiones, y el arte de descifrar las escrituras mágicas y las inscripciones antiguas. Me sé de memoria el Libro Sublime y puedo leerlo de siete maneras distintas; conozco exactamente el número de sus capítulos, de sus versículos, de sus divisiones, de sus diferentes partes y sus combinaciones, y cuántas líneas, palabras, letras consonantes y vocales encierra; recuerdo con precisión qué capítulos se inspiraron y escribieron en la Meca y cuáles otros se dictaron en Medina; no ignoro las leyes y los dogmas, sé distinguirlos con las tradiciones y diferenciar su grado de autenticidad; no soy una profana en lógica, ni en arquitectura, ni en filosofía, como tampoco en lo que afecta á la elocuencia, al lenguaje escogido, á la retórica y á las reglas de los versos, los cuales sé ordenar y medir sin omitir ninguna dificultad en su construcción; sé hacerlos sencillos y flúidos, como también complicados y enrevesados para deleitar sólo á las gentes delicadas; y si á veces pongo en ellos oscuridad, es para fijar más la atención y halagar al espíritu, que despliega por último su trama sutil y frágil; en una palabra, aprendí muchas cosas y retuve cuanto aprendí. Además, sé cantar perfectamente y bailar cual un pájaro, y tocar el laúd y la flauta, manejando asimismo todos los instrumentos de cuerda, y lo hago de cincuenta modos diferentes. ¡Por tanto, cuando canto y bailo se condenan quienes me ven y me oyen; si camino balanceándome, ataviada y perfumada, les mato; si meneo mi grupa, les derribo; si guiño un ojo, les traspaso; si agito mis brazaletes, les ciego; si toco, doy la vida, y si me alejo, hago morir! ¡Estoy versada en todas las artes, y he llevado mi saber á tal límite, que únicamente podrían llegar á distinguir su horizonte los escasos seres cuyos años hubieran transcurrido en el estudio de la sabiduría!»

Cuando el califa Harún Al-Rachid hubo oído estas palabras, se asombró y entusiasmó de encontrar tal elocuencia unida á belleza tal, tanto saber y juventud en la que frente á él se mantenía con los ojos respetuosamente bajos. Se volvió hacia Abul-Hassán y le dijo: «Quiero dar orden al instante para que vengan todos los maestros de la ciencia á fin de poner á prueba á tu esclava, y asegurarme por medio de un examen público y decisivo de si realmente es tan instruída como bella. ¡En caso de que saliese victoriosa de la prueba, no sólo te daría diez mil dinares, sino que te colmaría de honores por haberme traído semejante maravilla! ¡De no ser así, no hay nada de lo dicho, y seguirá perteneciéndote!»

Luego, acto continuo, el califa hizo llamar al sabio mayor de aquella época, Ibrahim ben-Sayar, que había profundizado en todos los conocimientos humanos; mandó que acudiesen también todos los poetas, los gramáticos, los lectores del Korán, los médicos, los astrónomos, los filósofos, los jurisconsultos y los doctores en teología. Y apresuráronse á ir á palacio todos, y se reunieron en la sala de recepción, sin saber por qué motivo se les convocaba.

Cuando lo ordenó el califa, todos se sentaron en corro sobre la alfombra, en medio de la cual la adolescente Simpatía permanecía en una silla de oro, donde el califa hízola colocarse, con el rostro cubierto por un velo ligero, y á través de él brillaban sus ojos y sonreían con su sonrisa los dientes...

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

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_PERO CUANDO LLEGÓ LA 274.ª NOCHE_

Ella dijo:

...sonreían con su sonrisa los dientes.

Cuando en aquella asamblea se estableció un silencio tan completo que se hubiera podido oir el ruido de una aguja que cayese al suelo, Simpatía hizo á todos una zalema llena de gracia y dignidad, y con un modo de hablar verdaderamente exquisito, dijo al califa:

«¡Oh Emir de los Creyentes, manda! Aquí estoy pronta á cuantas preguntas quieran dirigirme los doctos y venerables sabios, lectores del Korán, jurisconsultos, médicos, arquitectos, astrónomos, geómetras, gramáticos, filósofos y poetas.»

Entonces el califa Arún Al-Rachid se encaró con todos aquéllos y les dijo desde el trono en que estaba sentado: «¡Hice que os mandaran venir aquí para, que examinéis á esta adolescente en lo que afecta á la variedad y profundidad de sus conocimientos, y no perdonéis nada que contribuya á que resalte á la vez vuestra erudición y su saber!» Y todos los sabios respondieron, inclinándose hasta tierra y llevando las manos á sus ojos y á su frente: «¡El oído y la obediencia á ti y á Alah, ¡oh Emir de los Creyentes!»

A estas palabras, la adolescente Simpatía se mantuvo algunos instantes con la cabeza baja, reflexionando; después alzó la frente y dijo: «¡Oh vosotros todos, maestros míos! ¿cuál es primeramente el más versado entre vosotros en el Korán y en las tradiciones del Profeta? (¡con Él la paz y la oración!)» Entonces se levantó uno de los doctores, designado por todos los dedos, y dijo: «¡Yo soy ese hombre!» Ella le dijo: «¡Interrógame, pues, á tu sabor sobre tal punto!» Y demandó el sabio lector del Korán:

«¡Oh joven, desde el momento en que estudiaste á fondo el santo Libro de Alah, debes conocer el número de capítulos, palabras y letras que encierra y los preceptos de nuestra fe! Dime, pues, para empezar, ¿quién es tu Señor, quién es tu Profeta, quién es tu Imán, cuál es tu orientación, cuál es tu norma de vida, cuál es tu guía en los caminos y quiénes son tus hermanos?»

Ella contestó: «¡Mi Señor es Alah; mi Profeta es Mohamed (¡con Él la oración y la paz!); mi ley, y por tanto mi Imán, es el Korán; mi orientación es la Kaaba, la casa de Alah, levantada por Abraham en la Meca; mi norma de vida es el ejemplo de nuestro santo Profeta; mi guía en los caminos es la Sunna, recopilación de tradiciones, y mis hermanos son todos los creyentes!»

Mientras comenzaba el califa á maravillarse de la claridad y precisión de estas respuestas en boca de una joven tan gentil, añadió el sabio:

«¡Dime! ¿Cómo sabes que hay un Dios?»

Ella contestó: «¡Por la razón!»

Él preguntó: «¿Qué es la razón?»

Ella dijo: «La razón es un don doble: innato y adquirido. La razón innata es la que puso Alah en el corazón de sus servidores escogidos, para hacerles que caminen por la senda de la verdad. Y la razón adquirida es en el hombre bien dotado fruto de la educación y de una labor constante.»

Él añadió: «¡Muy bien! Pero ¿dónde reside la razón?»

Ella contestó: «¡En nuestro corazón! Y desde él se elevan sus inspiraciones hacia nuestro cerebro, para establecer allí su domicilio.»

Él dijo: «¡Perfectamente! Pero ¿puedes decirme cómo aprendiste á conocer al Profeta? (¡con Él la plegaria y la paz!)»

Ella contestó: «Por la lectura del Libro de Alah, por las sentencias que contiene, por las pruebas y los testimonios de tal misión divina.»

Dijo él: «¡Muy bien! Pero ¿puedes decirme cuáles son los deberes indispensables de nuestra religión?»

Ella contestó: «En nuestra religión hay cinco deberes indispensables: la profesión de fe «¡No hay más Dios que Alah, y Mohamed es el enviado de Alah!», la oración, la limosna, el ayuno del mes de Ramadán y la peregrinación á la Meca cuando puede hacerse.»

Él preguntó: «¿Qué acciones pías son las más meritorias?»

Contestó ella: «Son seis: la plegaria, la limosna, el ayuno, la peregrinación, la lucha contra malos instintos y cosas ilícitas, ¡y por último, la guerra santa!»

Él dijo: «¡Bien contestado! Pero ¿qué objeto persigues con la plegaria?»

Ella replicó: «¡Sencillamente el de ofrecer al Señor el homenaje de mi adoración, alabarle y levantar mi espíritu hacia las regiones serenas!»

Él exclamó: «¡Ya Alah! ¡Excelente es esta respuesta! Pero ¿no requiere antes la oración preparativos indispensables?»

Ella contestó: «¡Ciertamente! ¡Es necesario purificarse por completo el cuerpo con las abluciones rituales, vestir trajes sin mácula, escoger un lugar limpio y claro, preservar la parte del cuerpo comprendida entre el ombligo y las rodillas, abrigar intenciones puras y volverse hacia la Kaaba, en dirección á la Meca santa!»

«¿Qué valor tiene la plegaria?»

«¡Es el sostén de la fe, en la que se basa!»

«¿Cuáles son los frutos de la oración? ¿Cuál es su utilidad?»

«La plegaria verdaderamente hermosa no tiene utilidad terrena. ¡Es sólo el lazo espiritual entre la criatura y su Señor! ¡Puede producir diez frutos inmateriales y mucho más hermosos que los tangibles; aclara el corazón, ilumina el semblante, complace al Clementísimo, excita el furor del Maligno, atrae la misericordia, aleja los maleficios, preserva del mal, resguarda contra los atentados de los enemigos, fortalece al espíritu vacilante y acerca el esclavo á su dueño!»

«¿Cuál es la llave de la plegaria? ¿Y cuál es la llave de esta llave?»

«La llave de la plegaria es la ablución, y la llave de la ablución es la fórmula inicial: «¡En el nombre de Alah el Clemente sin límite, el Misericordioso!»

«¿Qué prescripciones han de seguirse para la ablución?»

«Según el rito ortodoxo del imán El-Schafiy ben-Idris, seis: la intención de purificarse sin otra mira que la de ser agradable al Creador; la ablución del rostro primeramente; la ablución de las manos hasta el codo; el frotamiento de parte de la cabeza; la ablución de los pies, incluso los talones, hasta los tobillos, y un orden estricto en el cumplimiento de estos diversos actos. Y tal orden implica la observancia de doce condiciones bien precisas, á saber:

»Primero pronunciar la fórmula inicial: «¡En el nombre de Alah!»; lavarse las palmas de las manos antes de sumergirlas en la jofaina; enjuagarse la boca; lavarse las narices tomando agua en el hueco de la mano y sorbiendo; frotarse toda la cabeza y frotarse las orejas al exterior y al interior con otra agua; peinarse la barba con los dedos; torcerse los dedos de pies y manos, haciendo que rechinen; utilizar el pie derecho antes que el pie izquierdo; repetir cada ablución tres veces; pronunciar el acto de fe después de cada ablución, y por último, una vez terminadas las abluciones, recitar además esta fórmula piadosa: «¡Oh Dios mío! ¡Cuéntame en el número de los arrepentidos, de los puros y fieles servidores! ¡Loor á mi Dios! ¡Confieso que no hay más Dios que Tú! ¡Tú eres mi refugio; de Ti imploro el perdón de mis culpas lleno de arrepentimiento! ¡Amín!»

»Esta fórmula, en efecto, es la que el Profeta (¡con Él la plegaria y la paz!) nos ha recomendado que recitemos, cuando dijo: «¡A quien la recite le abriré de par en par las ocho puertas del Edén y podrá entrar por la puerta que le plazca!»

El sabio dijo: «¡En verdad que contestaste de un modo excelente! Pero ¿qué hacen los ángeles y los demonios junto á aquel que practica sus abluciones?»

Simpatía respondió: «Cuando el hombre se prepara á verificar sus abluciones, los ángeles se colocan á su derecha y los diablos á su izquierda; pero no bien pronuncia la fórmula inicial: «¡En el nombre de Alah!», los diablos se ponen en fuga, y los ángeles se aproximan á él, desplegando sobre su cabeza un dosel luminoso de forma cuadrada que sostienen por las cuatro puntas, y cantan alabanzas á Alah é imploran el perdón de los pecados de aquel hombre. Pero en cuanto se olvida él de invocar el nombre de Alah ó deja de pronunciarlo, los diablos vuelven...

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

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_PERO CUANDO LLEGÓ LA 275.ª NOCHE_

Ella dijo:

»...los diablos vuelven tumultuosos, y trabajan todo lo posible por turbarle el alma, sugerirle la duda y enfriarle el espíritu y el fervor.

»Cuando el hombre hace sus abluciones, es obligatorio que corra el agua por todo su cuerpo, por todos sus pelos visibles ó secretos y por sus miembros sexuales, debiendo también frotarse por todas partes y no lavarse los pies hasta lo último.»

El sabio dijo: «¡Bien contestado! ¿Puedes ahora decirme cómo hay que proceder en la ablución llamada tayamum?»

Ella contestó: «La ablución llamada tayamum es la purificación con arena y polvo. Se verifica esta ablución en los siete casos siguientes, establecidos según usos conformes á la práctica del Profeta. Y se efectúa siguiendo las cuatro indicaciones previstas por la enseñanza directa del Libro.

»Los siete casos que permiten esta ablución, son: la carencia de agua; el miedo á agotar la provisión de agua; la necesidad de esta agua para beber; el temor de perder una parte de ella al transportarla; las enfermedades que producen aversión al agua; las fracturas que precisan reposo para soldarse; las heridas que no se deben tocar.