Chapter 14 of 14 · 3745 words · ~19 min read

Part 14

»En cuanto á las otras cuatro condiciones necesarias para cumplir esta ablución con arena y polvo, son: primeramente obrar de buena fe; luego tomar arena ó polvo con las manos y hacer ademán de frotarse con ello el rostro; después hacer ademán de frotarse también los brazos hasta los codos y secarse las manos.

»Hay dos prácticas igualmente recomendables por ser conformes á la Sunna: empezar la ablución con la fórmula invocadora: «¡En el nombre de Alah!», y efectuar la ablución de todo el lado derecho del cuerpo antes que la del lado izquierdo.»

El sabio dijo: «¡Muy bien! Pero, volviendo á la plegaria, ¿puedes decirme cómo debe verificarse y en qué acciones se basa?»

Ella replicó: «Los actos requeridos para hacer la plegaria constituyen otras tantas columnas que la sostienen. Estas columnas de la plegaria son: primera, la buena intención; segunda, la fórmula del Takbir, que consiste en pronunciar estas palabras: «¡Alah es el más grande!»; tercera, recitar la Fatiha, que es el capítulo que abre el Korán; cuarta, prosternarse con la cara en tierra; quinta, levantarse; sexta, hacer la profesión de la fe; séptima, sentarse sobre los talones; octava, hacer votos por el Profeta, diciendo: «¡Con Él sean la plegaria y la paz de Alah!»; novena, mantenerse siempre en la misma intención pura.

»Hay otras condiciones de una buena plegaria, tomadas solamente de la Sunna, á saber: levantar ambos brazos, con las palmas vueltas hacia arriba, en dirección á la Meca; recitar una vez más la Fatiha; recitar otro capítulo del Korán, por ejemplo, la Surata de la Vaca; pronunciar otras diversas fórmulas piadosas, y terminar con votos por nuestro Profeta. (¡Con Él la plegaria y la paz!)»

El sabio dijo: «¡En verdad que respondiste perfectamente! ¿Puedes ahora decirme cómo debe pagarse el diezmo de la limosna?»

Ella contestó: «Se puede pagar el diezmo de la limosna de catorce maneras: en oro, en plata, en camellos, en vacas, en carneros, en trigo, en cebada, en mijo, en maíz, en habas, en garbanzos, en arroz, en pasas y en dátiles.

»Por lo que se refiere al oro, si sólo posee una suma inferior á veinte dracmas de oro de la Meca, no hay que pagar ningún diezmo; pasando de esa suma, se da el tres por ciento. Lo mismo ocurre con la plata en la proporción correspondiente.

»Por lo que se refiere al ganado, quien posee cinco camellos paga un carnero; quien posee veinticinco camellos da uno como diezmo, y así sucesivamente en la misma proporción.

»Por lo que se refiere á carneros y borregos, de cada cuarenta se da uno. Y así sucesivamente con todo lo demás.»

El sabio dijo: «¡Perfectamente! ¡Háblame ahora del ayuno!»

Simpatía contestó: «El ayuno consiste en abstenerse de comer, de beber y de goces sexuales durante el día y hasta la puesta del sol, en el transcurso del mes de Ramadán, desde que sale la luna nueva. Es recomendable abstenerse igualmente, durante la comida, de todo discurso vano y de cualquier lectura que no sea la del Korán.»

El sabio preguntó: «Pero ¿no hay ciertas cosas que á primera vista parece que hacen ineficaz el ayuno, aunque, según enseña el Libro, no aminoran en nada su valor?»

Ella contestó: «En efecto, hay cosas que no hacen ineficaz el ayuno. Son las pomadas, los bálsamos y los ungüentos; el kohl para los ojos y los colirios; el polvo del camino; la acción de tragar saliva; las eyaculaciones nocturnas ó diurnas de licor viril cuando son involuntarias; las miradas dirigidas á una extranjera que no sea musulmana; la sangría ó las ventosas simples ó escarificadas. Tales son todas las cosas que no quitan ninguna eficacia al ayuno.»

Dijo el sabio: «¡Está muy bien! ¿Y qué piensas del retiro espiritual?»

Dijo ella: «El retiro espiritual es una estancia de larga duración en una mezquita, sin salir nunca mas que para satisfacer una necesidad, y renunciando al comercio con las mujeres y al uso de la palabra. La recomienda la Sunna; pero no es una obligación dogmática.»

Dijo el sabio: «¡Admirable! ¡Deseo ahora oirte hablar de la peregrinación!»

Ella contestó: «La peregrinación á la Meca ó hadj es un deber que todo buen musulmán ha de cumplir, por lo menos una vez en su vida, cuando llega á la edad de la razón. Para cumplirlo, hay que observar diversas condiciones. Debe uno revestirse con la capa de peregrino ó ihram, guardarse de tener comercio con mujeres, afeitarse el pelo, cortarse las uñas y taparse la cabeza y el rostro. La Sunna hace también otras prescripciones.»

El sabio dijo: «¡Perfectamente! ¡Pero pasemos á la guerra santa!»

Ella contestó: «La guerra santa es la que se lleva á cabo contra los infieles cuando el Islam está en peligro. No se debe hacer mas que para defenderse y jamás debe tomarse la ofensiva. ¡Cuando el creyente se ha puesto ya sobre las armas, debe ir contra el infiel sin volver sobre sus pasos nunca!»

El sabio preguntó: «¿Puedes darme algunos detalles sobre la compra y la venta?»

Simpatía contestó: «La compra y la venta deben hacerse con libertad por ambas partes, y en los casos importantes, patentizando el consentimiento y la aceptación.

»Pero hay algunas cosas prohibidas por la Sunna en la compra y en la venta. Así, por ejemplo...

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

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_PERO CUANDO LLEGÓ LA 277.ª NOCHE_

Ella dijo:

»...Así, por ejemplo, está expresamente prohibido cambiar dátiles secos por dátiles frescos, higos secos por higos frescos, carne curada y salada por carne fresca, manteca salada por manteca fresca, y en general, todas las provisiones frescas por otras añejas y secas de la misma especie.»

Cuando el sabio comentador del Libro hubo oído estas respuestas de Simpatía, no pudo menos de pensar que sabía ella tanto como él y no quiso declararse impotente para cogerla en falta. Resolvió, pues, hacerle preguntas más sutiles, y le interrogó:

«¿Qué significa lingüísticamente la palabra ablución?»

Ella contestó: «Eliminar por medio del lavatorio todas las impurezas internas ó externas.»

Preguntó él: «¿Qué significa la palabra ayunar?»

Ella dijo: «Abstenerse.»

Preguntó él: «¿Qué significa la palabra dar?»

Ella dijo: «Enriquecerse.»

Preguntó él: «¿Y el ir de peregrinación?»

Ella contestó: «Alcanzar la meta.»

Preguntó él: «¿Y hacer la guerra?»

Ella dijo: «Defenderse.»

A estas palabras, irguióse sobre sus pies el sabio y exclamó: «¡En verdad que para ella son insignificantes mis preguntas y argumentos! ¡Asombra el saber y la clarividencia de tu esclava, ¡oh Emir de los Creyentes!»

Pero Simpatía sonrió ligeramente y le interrumpió. «A mi vez--le dijo--quisiera hacerte una pregunta. ¿Puedes decirme ¡oh sabio lector! cuáles son las bases del Islam?»

Reflexionó él un instante y dijo: «Son cuatro: la fe iluminada por la razón sana; la rectitud; el conocimiento de los deberes y derechos estrictos y la discreción y el cumplimiento de los compromisos.»

Ella añadió: «¡Permíteme que te haga otra pregunta todavía! ¡Si no pudieses resolverla, tendré el derecho de arrebatarte el manto que te sirve como distintivo de sabio lector del Libro!»

Dijo él: «¡Acepto! ¡Venga la pregunta, ¡oh esclava!»

Ella preguntó: «¿Cuáles son las ramas del Islam?»

El sabio permaneció algún tiempo recapacitando, y finalmente no supo qué responder.

Entonces habló el propio califa y dijo á Simpatía: «¡Responde tú misma á la pregunta, y te pertenecerá el manto de este sabio!»

Simpatía se inclinó, y repuso: «¡Los ramajes del Islam son veinte: la observancia estricta de lo que enseña el Libro; conformarse con las tradiciones y la enseñanza oral de nuestro santo Profeta; no cometer nunca injusticias; comer los alimentos permitidos; no comer jamás alimentos prohibidos; castigar á los malhechores, á fin de que no aumente la malicia de los malos por causa de la indulgencia de los buenos; arrepentirse de las propias faltas; profundizar en el estudio de la religión; hacer bien á los enemigos; llevar vida modesta; socorrer á los servidores de Alah; huir de toda innovación y todo cambio; desplegar valor en la adversidad y fortaleza en las pruebas á que se nos someta; perdonar cuando se es fuerte y poderoso; ser paciente en la desgracia; conocer á Alah el Altísimo; conocer al Profeta (¡con Él la plegaria y la paz!); resistir á las sugestiones del Maligno; resistir á nuestras pasiones y á los malos instintos de nuestra alma; proclamarse en absoluto al servicio de Alah con toda confianza y toda sumisión!»

Cuando el califa Arún Al-Rachid hubo oído esta respuesta, ordenó que inmediatamente despojaran de su manto al sabio y sé lo dieran á Simpatía, lo cual se ejecutó en seguida, ante la confusión del sabio, que salió de la sala cabizbajo.

Entonces se levantó un segundo sabio, reputado por su sagacidad en los conocimientos teológicos, y á quien todos los ojos designaban para que tuviera el honor de interrogar á la joven. Se encaró con Simpatía, y le dijo:

«Sólo voy á hacerte breves y pocas preguntas, ¡oh esclava! Ante todo, ¿puedes decirme qué deberes han de observarse durante la comida?»

Ella contestó: «Lo primero es lavarse las manos, invocando el nombre de Alah en acción de gracias. Luego se sienta uno con la nalga izquierda; no se sirve para comer de más dedos que del pulgar y de los dos primeros; no se toman mas que bocados pequeños; se masca bien la comida, y no debe mirarse al vecino, para no azorarle ó cortarle el apetito.»

El sabio preguntó: «¿Puedes decirme ahora ¡oh esclava! á qué se llama cualquier cosa, la mitad de cualquier cosa y menos que cualquier cosa?»

Ella contestó sin vacilar: «¡El creyente es cualquier cosa, el hipócrita es la mitad de cualquier cosa y el infiel es menos que cualquier cosa!»

Él añadió: «¡Así es! ¡Dime! ¿Dónde está la fe?»

Ella contestó: «La fe habita en cuatro lugares: en el corazón, en la cabeza, en la lengua y en los miembros. ¡Por eso la fuerza del corazón consiste en la alegría, la fuerza de la cabeza en el conocimiento de la verdad, la fuerza de la lengua en la sinceridad, y la fuerza de los demás miembros en la sumisión!»

Él preguntó: «¿Cuántas clases de corazones hay?»

Ella contestó: «Hay varias: el corazón del creyente, que es un corazón puro y sano; el corazón del infiel, que es completamente opuesto al primero...

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

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_PERO CUANDO LLEGÓ LA 278.ª NOCHE_

Ella dijo:

»...el corazón del infiel, que es completamente opuesto al primero; el corazón tocado de las cosas terrenas, y el corazón tocado de las cosas espirituales; hay corazón dominado por las pasiones, ó por el odio, ó por la avaricia; hay corazón cobarde, corazón abrasado de amor, corazón henchido de orgullo; también existe el corazón iluminado, como es el de los compañeros de nuestro santo Profeta, y por último, existe el propio corazón de nuestro santo Profeta, ¡el corazón del Elegido!»

Cuando oyó tal respuesta el sabio teólogo, exclamó: «¡Mereces mi aprobación, ¡oh esclava!»

Entonces la hermosa Simpatía miró al califa y dijo: «¡Oh Comendador de los Creyentes, permíteme que á mi vez haga una sola pregunta á mi examinador, y me apodere de su manto si no puede contestarme!» Y cuando se le otorgó el consentimiento, preguntó al sabio:

«¿Puedes decirme ¡oh venerable jeque! qué deber ha de cumplirse con preferencia á todos los deberes, aunque no sea el de más importancia?»

A esta pregunta no supo qué decir el sabio, y la joven se apresuró á quitarle el manto y se dió á sí misma la siguiente respuesta:

«¡Es el deber de la ablución, porque está formalmente prescrito que hemos de purificarnos antes de cumplir el menor deber religioso y antes de cualquier acto previsto por el Libro y la Sunna!»

* * * * *

Tras de lo cual, Simpatía se volvió hacia la asamblea y la interrogó con una mirada en redondo, á la que respondió cierto sabio, que era uno de los hombres más célebres del siglo y que no tenía igual en el conocimiento del Korán. Se levantó y dijo á Simpatía:

«¡Oh joven llena de espiritualidad y de aromas encantadores! Puesto que conoces el Libro de Alah, ¿podrías darnos una prueba de la exactitud de tu sabiduría?

Ella contestó: «El Korán se compone de ciento catorce suratas ó capítulos, de los cuales setenta se dictaron en la Meca y cuarenta y cuatro en Medina.

»Se divide en seiscientas veintiuna divisiones llamadas _aschar_, y en seis mil doscientos treinta y seis versículos.

»Comprende setenta y nueve mil cuatrocientas treinta y nueve palabras y trescientas veintitrés mil seiscientas setenta letras, cada una de las cuales tiene diez virtudes especiales.

»En él se cita el nombre de veinticinco profetas: Adán, Nouh, Ibrahim, Ismail, Isaac, Yacub, Yussef, El-Yosh, Yunés, Loth, Saleh, Hud, Schoaib, Daud, Soleimán, Zul-Kefel, Edris, Elías, Yahia, Zacharia, Ayub, Mussa, Harún, Issa (Jesús) y Mohamed. (¡Con todos la plegaria y la paz!)

»También se hallan en él los nombres de nueve pájaros ó animales alados: el mústico, la abeja, la mosca, la abubilla, el cuervo, el saltamontes, la hormiga, el pájaro ababil y el pájaro de Issa (¡con él la plegaria y la paz!), que no es otro que el murciélago.»

El jeque dijo: «Maravilla tu exactitud. Desearía también saber por ti cuál es el versículo en que nuestro santo Profeta juzga á los infieles.»

Ella contestó: «Es el versículo donde se encuentran estas palabras: «Los judíos dicen que están errados los cristianos y los cristianos afirman que los judíos ignoran la verdad. ¡Por lo demás, tienen razón unos y otros!»

Cuando oyó el jeque estas palabras, declaróse satisfechísimo; pero quiso interrogarla todavía. Así, pues, le preguntó:

«¿Cómo vino el Korán desde el cielo á la tierra? ¿Bajó íntegro, copiado de las tablas que se guardan en el cielo, ó bajó en varias veces?»

Ella contestó: «Por orden del Señor del universo, se lo dió el ángel Gabriel á nuestro profeta Mohamed, príncipe de los enviados de Alah, y lo hizo por versículos, según las circunstancias, en el interregno de veinte años.»

Él preguntó: «¿Cuántos compañeros del Profeta se cuidaron de ordenar todos los versículos dispersos del Korán?»

Ella dijo: «Cuatro: Abi ben-Kaab, Zeid ben-Tabet, Abu-Obeida ben-Al-Djerrah y Othmán ben-Affán. (¡Alah tenga en su gracia á los cuatro!)»

Él preguntó: «¿Cuántos son los que nos transmitieron y enseñaron la verdadera manera de leer el Korán?»

Ella contestó: «Cuatro: Abdalah ben-Massud, Alei ben-Kaab, Moaz ben-Djabal y Salem ben-Abdalah.»

Preguntó él: «¿En qué ocasión descendió del cielo el siguiente versículo: «¡Oh creyentes, no os privéis de los goces terrenos en toda su plenitud!?»

Ella contestó: «Cuando algunos, queriendo llevar más lejos de lo preciso la espiritualidad, resolvieron disciplinarse y gastar cilicios de crin.»

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

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_PERO CUANDO LLEGÓ LA 279.ª NOCHE_

Ella dijo:

»...resolvieron disciplinarse y gastar cilicios de crin.»

Cuando oyó el sabio estas respuestas de Simpatía, no pudo por menos de exclamar: «¡Certifico ¡oh Emir de los Creyentes! que esta joven posee una sabiduría innegable!»

Entonces Simpatía pidió permiso para hacer una pregunta al jeque, y le dijo:

«¿Puedes decirme qué versículo del Korán comprende veintitrés veces la letra _kaf_, cuál comprende diez y seis veces la letra _mim_ y cuál comprende ciento cuarenta veces la letra _ain_?»

Estupefacto quedó el sabio, sin poder hacer la menor referencia sobre ello; y después de quitarle el manto, Simpatía se apresuró á indicar por sí misma, entre la general estupefacción de los concurrentes, los versículos pedidos.

* * * * *

Entonces se irguió en medio de la asamblea un médico reputado por lo vasto de sus conocimientos y que había producido libros muy estimados. Encaróse con Simpatía y le dijo:

«Hablaste de un modo excelente acerca de lo espiritual; pero ya es hora de ocuparse del cuerpo. ¡Explícanos ¡oh bella esclava! la formación del cuerpo del hombre, sus nervios, sus huesos y sus vértebras, y por qué á Adán se le llamó Adán!»

Ella contestó: «El nombre de Adán viene de la palabra árabe _adim_, que significa la piel, la superficie de la tierra, y se llamó así el primer hombre porque fué creado con un amasijo de tierra de diversas partes del mundo. En efecto, la cabeza de Adán se formó con tierra de Oriente, su pecho con tierra de la Kaaba, y sus pies con tierra de Occidente.

»En el cuerpo dispuso Alah siete puertas de entrada y dos puertas de salida: los dos ojos, las dos orejas, las dos narices y la boca, y por otra parte, una delantera y un ano.

»Luego, para dar un temperamento á Adán, el Creador reunió en él los cuatro elementos: agua, tierra, fuego y aire. He aquí por qué el temperamento bilioso tiene la naturaleza del fuego, que es cálido y seco; el temperamento nervioso tiene la naturaleza de la tierra, que es seca; el linfático tiene la naturaleza del agua, que es fría y húmeda; y el sanguíneo la naturaleza del aire, que es cálido y seco.

»Después de lo anterior, acabo Alah de constituir el cuerpo humano. Puso en él trescientos setenta conductos y doscientos cuarenta huesos. Le dió tres instintos: el instinto de la vida, el instinto de la reproducción y el instinto del apetito. Luego le puso un corazón, un bazo, pulmones, seis tripas, un hígado, dos ríñones, un cerebro, dos compañones, un nervio y una piel. Le dotó de cinco sentidos guiados por siete espíritus vitales. En cuanto al orden de los órganos, Alah puso el corazón en el lado izquierdo del pecho, y debajo de él extendió el estómago; puso también los pulmones para que sirviesen de abanicos al corazón; el hígado á la derecha para que fuese como la guarda del corazón, y por último el entrelazamiento de los intestinos y la articulación de las costillas.

»Respecto á la cabeza, se compone de cuarenta y ocho huesos; en cuanto al pecho, contiene veinticuatro costillas en el hombre y veinticinco en la mujer: esta costilla suplementaria se halla á la derecha y sirve para guardar al niño en el vientre de su madre, rodeándole y sosteniéndole.»

El sabio médico no pudo disimular su sorpresa; luego añadió: «¿Puedes ahora hablarnos de los síntomas de las enfermedades?»

Ella contestó: «Los síntomas de las enfermedades son externos é internos, y sirven para indicar la clase de dolencia y su grado de gravedad.

»Efectivamente, el hombre hábil en su arte sabe adivinar el mal nada más que con tomar el pulso al enfermo: de este modo averigua el grado de sequedad, de calor, de dureza, de frío y de humedad; sabe asimismo que si á un hombre le amarillean los ojos, es porque debe tener malo el hígado, y que si á otro se le encorva la espalda, es porque debe tener gravemente atacados de inflamación los pulmones.

»En cuanto á los síntomas internos que guían la observación del médico, son: los vómitos, los dolores, los edemas, los excrementos y la orina.»

Él preguntó: «¿A qué obedece el dolor de cabeza?»

Ella contestó: «El dolor de cabeza se debe principalmente á la nutrición, cuando se carga de nuevo el estómago antes de que los primeros alimentos se hayan digerido; igualmente se debe á comidas hechas sin tener gana. La gula es causa de todas las enfermedades que asolan la tierra. Quien quiera prolongar su vida debe, pues, practicar la sobriedad, y además, levantarse temprano, evitar las vigilias, no hacer excesos con la mujer, no abusar de la sangría ni de las escarificaciones, y por último, vigilar su vientre. A tal fin conviene que divida su vientre en tres partes, de las cuales llenará con alimentos una, con agua la otra y con nada la tercera, dejándola libre para la respiración y para que pueda el alma aposentarse allí. Lo mismo podría decirse del intestino, cuya longitud es de diez y ocho palmos.»

Él preguntó: «¿Cuáles son los síntomas de la ictericia?»

Ella contestó: «La ictericia ó amarillez febril se caracteriza por el tinte amarillo que adquiere la piel, por el amargor de boca, los vértigos, la frecuencia del pulso, los vómitos y la aversión á las mujeres. El atacado por esta dolencia se halla expuesto á graves accidentes, como las úlceras intestinales, la pleuresía, la hidropesía y los edemas, así como la melancolía de carácter grave, que, al debilitar el cuerpo, puede provocar el cáncer y la lepra.»

Él dijo: «¡Perfectamente! Pero ¿en cuántas partes se divide la medicina?»

Ella contestó: «Se divide en dos partes: estudio de las enfermedades y estudio de los remedios.»

Él dijo: «Veo que nada deja que desear tu ciencia. Pero ¿puedes decirme qué agua es la mejor?»

Ella contestó: «El agua pura y fresca contenida en un recipiente poroso frotado con cualquier perfume excelente ó simplemente perfumado con vapores de incienso. No debe beberse mas que después de la comida. Así se evitará toda clase de enfermedades y se pondrá en práctica la frase del Profeta (¡con Él la plegaria y la paz!), que dijo: «El estómago es el receptáculo de todas las enfermedades, el estreñimiento la causa de todas las enfermedades, y la higiene el principio de todos los remedios.»

Él preguntó: «¿Qué comida es excelente entre todas?»

Ella contestó: «La preparada por mano de mujer, sin que haya costado demasiados preparativos, y cuando se come con corazón alegre. El plato llamado tharid es ciertamente el más delicioso de todos los platos, porque el Profeta (¡con Él la plegaria y la paz!) ha dicho: «¡El tharid es con mucho el mejor de los platos, como Aischa es la más virtuosa de las mujeres!»

Él preguntó: «¿Qué opinas de las frutas?»

Ella dijo: «Con la carne de carnero, son el alimento más sano. Pero no hay que comer demasiadas cuando está avanzada la estación.»

Él preguntó: «¿Y del vino»

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

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ÍNDICE

_Páginas_

_Dedicatoria._ V

HISTORIA DE KAMARALZAMÁN Y LA PRINCESA BUDUR, LA LUNA MÁS BELLA ENTRE TODAS LAS LUNAS (CONTINUACIÓN) 9-59

Empieza en este tomo en la 209.ª noche y termina en la 235.ª

HISTORIA DE FELIZ-BELLO Y FELIZ-BELLA. 63-112

Comprende desde la 237.ª noche hasta la 248.ª

HISTORIA DE GRANO-DE-BELLEZA. 113-214

Empieza en la 250.ª noche y termina en la 269.ª

HISTORIA DE LA DOCTA SIMPATÍA. 219-252

Comprende en este tomo desde la 270.ª noche hasta la 279.ª

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NOTA:

[1] Alejandría.