Part 3
Después se volvió hacia Kamaralzamán, que estaba con los ojos bajos, y dijo á los chambelanes: «¡Coged á ese joven y llevadle al hammam!...
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.
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_PERO CUANDO LLEGÓ LA 230.ª NOCHE_
Ella dijo:
«...¡Coged á ese joven y llevadle al hammam! Después le vestiréis suntuosamente, y me lo volveréis á presentar mañana por la mañana, á la primera hora del diván!» Y lo mandado se ejecutó al momento.
Sett Budur fué á buscar á su amiga Hayat-Alnefus, y le dijo: «¡Amiga mía, nuestro adorado está de vuelta! ¡Por Alah! He combinado un plan admirable para que nuestro encuentro no sea un golpe funesto para el que de jardinero se ve convertido en rey sin transición. Y es un plan que si se escribiera con una aguja en el ángulo interior del ojo, serviría de lección á los aficionados á instruirse.» Y Hayat-Alnefus se puso tan contenta que se echó en brazos de Sett Budur, y ambas aquella noche fueron muy formales, para prepararse á recibir con toda frescura al amado de su corazón.
Y por la mañana llevaron al diván á Kamaralzamán, suntuosamente vestido. Y el hammam había devuelto á su rostro todo su esplendor, y el traje ligero y bien ceñido realzaba su cintura fina y sus nalgas montañosas. Y todos los emires, personajes y chambelanes no se sorprendieron al oir al rey decir al gran visir: «¡Darás á este joven cien esclavos para que le sirvan, y le proporcionarás por cuenta del Tesoro emolumentos que sean dignos del cargo que le voy á conferir ahora mismo.» Y le nombró visir entre los visires, y le dió tren de casa y caballos, y mulos y camellos, sin contar arcas llenas y armarios. Después se retiró.
Al día siguiente, Sett Budur--siempre bajo la apariencia del rey de la isla de Ébano--mandó comparecer al nuevo visir, y destituyó de su empleo al gran visir, y después nombró á Kamaralzamán gran visir en su lugar; y Kamaralzamán entró en seguida en el Consejo, y la asamblea fué dirigida por su autoridad. Sin embargo, cuando se levantó la sesión del diván, Kamaralzamán empezó á reflexionar profundamente, y dijo para sí: «¡Los honores que me otorga este joven monarca y la amistad con que me honra deben tener seguramente algún origen! Pero ¿cuál sera? Los marineros me cogieron y trajeron aquí acusado de haber ensartado á un niño cuando suponían que fuese yo un ex cocinero del rey. Y éste, en vez de castigarme, me envía al hammam, y me dan un alto cargo y todo lo demás. ¡Oh Kamaralzamán! ¿Cuál puede ser la causa de suceso tan extraño?»
Reflexionó otro rato, y después exclamó: «¡Por Alah! ¡He dado con la causa; pero sea confundido Eblis! Seguramente este rey, que es muy joven y hermoso, debe de creerme aficionado á muchachos, y sólo me demuestra tanta amabilidad por esto. Pero ¡por Alah! no puedo aceptar semejante función. Y es necesario poner en claro sus proyectos; y si efectivamente pretendiera eso de mí, le devolvería en el acto cuanto me ha dado, y abdicaría mi empleo de gran visir, y me volvería á mi jardín.» Y Kamaralzamán fué inmediatamente á ver al rey, y le dijo: «¡Oh rey afortunado! En verdad que colmaste á tu esclavo de honores y consideraciones, que no suelen otorgarse mas que á venerables ancianos encanecidos en la sabiduría; y yo no soy mas que un joven entre los más jóvenes. De modo que si todo esto no tuviera una causa desconocida, sería el prodigio más inmenso entre los prodigios.»
Oídas estas palabras, Sett Budur sonrió y miró á Kamaralzamán con ojos lánguidos, y le dijo: «Efectivamente, mi hermoso visir, todo eso tiene su causa, y es el cariño que tu belleza ha encendido súbitamente en mi hígado. Pues en verdad que me ha cautivado en extremo tu tez tan delicada y tranquila.» Y Kamaralzamán dijo: «¡Prolongue Alah los días del rey! Pero tu esclavo tiene una esposa á quien ama, y por la cual llora todas las noches desde una aventura extraña que le alejó de ella. ¡Por eso, ¡oh rey! tu esclavo te pide permiso para irse á viajar después de haber dejado en tus manos los cargos con que has tenido á bien honrarle!»
Pero Sett Budur cogió la mano al joven, y le dijo: «¡Oh mi hermoso visir, siéntate! ¿Por qué vienes á hablarme de viaje y partida? Quédate aquí, junto al que arde por tus ojos y está dispuesto, si quieres compartir su pasión, á hacerte reinar con él en este trono. Porque has de saber que yo también fuí nombrado rey á consecuencia del afecto que el rey viejo me manifestó, y de lo amable que para él he sido. Ponte ya al corriente ¡oh joven gentilísimo! de las costumbres de este siglo, en el cual la prioridad corresponde de derecho á los seres bellos, y no olvides las acertadas frases de uno de nuestros más exquisitos poetas...
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.
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_PERO CUANDO LLEGÓ LA 232.ª NOCHE_
Ella dijo:
»...y no olvides las acertadas frases de uno de nuestros más exquisitos poetas:
_¡Nuestro siglo recuerda aquellos tiempos delicados en que vivía el venerable Lot, pariente de Abraham, el amigo de Alah!_
_¡El anciano Lot tenía una barba como la sal, que servía de marco á un rostro juvenil, en el cual respiraban las rosas!_
_¡En su ciudad ardiente, visitada por ángeles, hospedaba á los ángeles, y en cambio daba sus hijas á la muchedumbre!_
_¡El cielo mismo le libró de su antipática mujer, inmovilizándola al cuajarla en sal fría y sin vida!_
_¡En verdad os digo que este siglo encantador pertenece á los jóvenes!_»
Cuando Kamaralzamán oyó estos versos y comprendió su significado, quedóse turbadísimo y se sonrojaron como un ascua sus mejillas; después dijo: ¡Oh rey! Tu esclavo te confiesa su falta de afición á esas cosas, á las cuales no pudo acostumbrarse. Además, soy harto joven para soportar pesos y medidas que no podría tolerar la espalda de un ganapán viejo.»
Al oir estas palabras, Sett Budur se echó á reir á carcajadas, y luego dijo á Kamaralzamán: «¡Verdaderamente, ¡oh joven delicioso! no sé por qué te asustas! Oye lo que tengo que decirte respecto al particular: ó eres un adolescente ó una persona mayor. Si eres lo primero y no has llegado á la edad de la responsabilidad, nada te podrán echar en cara, pues no deben censurarse ni considerarse con mirada dura y violenta los actos sin importancia de los menores; si tienes una edad responsable, y así me lo parece al oirte discutir con tanto raciocinio, ¿por qué has de vacilar ni asustarte, ya que eres dueño de tu cuerpo y puedes dedicarlo al uso que prefieras, y lo que está escrito sucede? Sobre todo, piensa que yo soy el que debería asustarse, puesto que soy más pequeño que tú; pero me aplico estos versos tan perfectos del poeta:
_¡Estando mirándome el niño, mi zib se movió! Entonces exclamó él_: «_¡Es enorme!_» _Y yo le dije_: «_¡Así es fama!_»
_Él replicó_: «_¡Apresúrate á demostrarme su heroísmo y resistencia!_» _Pero yo le dije_: «_¡Eso no es lícito!_» _Él me replicó_: «_¡Para mí es muy lícito! ¡Apresúrate á manejarlo!_» _¡Entonces lo hice, pero sólo por obediencia y cortesía!_»
Cuando Kamaralzamán oyó tales palabras y versos, vió que la luz se convertía en tinieblas delante de sus ojos, y bajó la cabeza, y dijo á Sett Budur: ¡Oh rey lleno de gloria! ¡Tienes en tu palacio muchas jóvenes y esclavas, y vírgenes muy bellas, y tales como ningún rey de este tiempo las posee! ¿Por qué has de abandonar todo eso á mí solo? ¿No sabes que te es lícito hacer con las mujeres cuanto pueda atraer tus deseos ó alentar tu curiosidad y provocar tus ensayos?»
Pero Sett Budur sonrió, cerrando á medias los párpados y mirándole de reojo, y después contestó: «Nada más cierto que lo que dices, ¡oh mi prudente visir tan hermoso! pero ¿qué hacer cuando nuestra afición varía de deseo, cuando nuestros sentidos se afinan ó transforman, y cuando cambia la naturaleza de nuestro humor? Mas dejémonos de una discusión que no conduce á nada, y oigamos lo que dicen respecto á eso nuestros poetas más estimados. Escucha alguno de sus versos:
* * * * *
»Uno ha dicho:
_¡He aquí los puestos apetitosos en el zoco de los fruteros! ¡Encuentras á un lado, en la bandeja de palma, los higos gordos, de trasero oscuro y simpático! ¡Oh! ¡Pero mira la bandeja grande en el sitio de preferencia! ¡He aquí los frutos del sicomoro, los frutos pequeños, de trasero sonrosado, del sicomoro!_
»El segundo ha dicho:
_¡Pregunta á la joven por qué, cuando los pechos se le endurecen y el fruto le madura, prefiere el sabor ácido de los limones á las sandías dulces y á las granadas!_
»Otro ha dicho:
_¡Oh mi única beldad! ¡oh muchachito! ¡Tu amor es mi fe! ¡Es para mí la religión preferida entre todas las creencias!_
_¡Por ti he dejado á las mujeres, hasta el punto de que mis amigos han observado esta abstinencia, y han supuesto ¡ignorantes! que me había hecho monje y religioso!_
»Otro ha dicho:
_¡Oh Zeinab de pechos morenos, y tú, Hind de trenzas teñidas con arte! ¿no sabéis por qué hace tanto tiempo que desaparecí?_
_¡He encontrado las rosas--las que suelen verse en las mejillas de las jóvenes--, he encontrado esas rosas, no en mejillas de una joven, ¡oh Zeinab! sino en las posaderas fundamentales y aterciopeladas de mi amigo! ¡He ahí por qué ¡oh Hind! ya no podrá atraerme nunca tu cabellera teñida, ni tampoco ¡oh Zeinab! tu jardín arrasado, al cual le falta el vello, ni siquiera tus posaderas demasiado lisas, que carecen de granulación!_
»Otro ha dicho:
_¡Cuida de no hablar mal de ese gamo joven, comparándole sencillamente, porque es imberbe, con una mujer! ¡Es preciso ser un malvado para decir ó pensar semejante cosa! ¡Hay diferencia!_
_¡En efecto, cuando te acercas á una mujer, es por delante; y por eso te besa en la cara! ¡Pero el gamo joven, cuando te acercas á él, tiene que encorvarse, y de esa manera ¡figúrate! besa la tierra! ¡Hay diferencia!_
»Otro ha dicho:
_¡Oh hermoso niño, eras mi esclavo, y te liberté para utilizarte en ataques infecundos! ¡Porque tú, siquiera, no puedes criar huevos en tu seno!_
_¡En efecto, qué espantoso sería para mí aproximarme á una mujer virtuosa de anchas caderas! ¡En cuanto la cabalgase, me daría tantos hijos, que no podría contenerlos toda la comarca!_
»Otro ha dicho:
_¡Mi esposa me dirigió tantas miradas picarescas y se puso á mover las caderas con tanta elasticidad, que me dejé arrastrar á nuestro lecho, largo tiempo evitado! ¡Pero no pudo lograr que se despertase el querido niño á quien solicitaba!_
_Entonces me gritó, furiosa_: «_¡Si no le obligas inmediatamente á endurecerse para cumplir sus deberes y penetrar, no te asombres si mañana, al despertarte, eres cornudo!_»
»Otro ha dicho:
_¡Generalmente se piden á Alah mercedes y beneficios levantando los brazos! ¡Pero las mujeres son de otro modo! ¡Para solicitar los favores de su amante levantan las piernas y los muslos! ¡El ademán es seguramente más meritorio, pues se dirige á sus profundidades!_
»Por último, otro ha dicho:
_¡Qué ingenuas son á veces las mujeres! ¡Como tienen trasero, se figuran que nos lo pueden ofrecer en caso necesario por analogía! ¡He demostrado á una de ellas cuánto se equivocaba!_
_¡Esta joven había venido á buscarme con una vulva en verdad lo más excelente posible! Pero yo le dije_: «_¡No hago esas cosas de tal manera!_»
_Ella me contestó_: «_¡Sí, ya lo sé, este siglo abandona la moda antigua! ¡Pero no importa! ¡Estoy al corriente!» ¡Y se volvió, y presentó á mis miradas un orificio tan vasto como el abismo del mar!_»
_Pero yo dije_: «_Te doy las gracias de veras, señora mía, te doy mil gracias! ¡Veo que tu hospitalidad es muy amplia! ¡Y temo perderme en un camino cuya brecha resulta mayor que la de una ciudad tomada por asalto!_»
Cuando Kamaralzamán oyó todos aquellos versos, comprendió que no había medio de equivocarse acerca de las intenciones de Sett Budur, á quien seguía tomando por el rey, y vió que no le serviría de nada resistirse más; y por otra parte, también sentía curiosidad de saber á qué atenerse sobre la moda nueva de que hablaba el poeta...
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.
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_PERO CUANDO LLEGÓ LA 234.ª NOCHE_
Ella dijo:
...á qué atenerse sobre la moda nueva de que hablaba el poeta. De modo, que repuso: «¡Oh rey del siglo! ¡ya que tienes tanto empeño, prométeme que no haremos eso juntos mas que una vez! ¡Y si consiento, sabe que es para tratar de demostrarte en seguida que es preferible volver á la moda antigua! De todos modos, por mi parte, deseo que me prometas formalmente que nunca me pedirás la repetición de este acto, cuyo perdón pido por anticipado á Alah el Clemente sin límite.» Y Sett Budur exclamó: «¡Te lo prometo formalmente! ¡Y yo también quiero pedir remisión á Alah misericordioso, cuya bondad carece de límites, para que nos haga salir de las tinieblas del error á la luz de la verdadera sabiduría!» Después añadió: «Pero en verdad, hay que hacerlo sin remedio, aunque no sea mas que una vez, para dar la razón al poeta, que dice:
_¡La gente ¡oh amigo mío! nos acusa de cosas que nos son desconocidas, y dice de nosotros todo lo malo que piensa!_
_¡Ven, amigo! ¡Seamos lo bastante generosos para dar la razón á nuestros enemigos, y ya que sospechan una cosa, hagámosla siquiera una vez! ¡Después nos arrepentiremos, si te parece! ¡Ven, amigo dócil, á trabajar conmigo para dejar en paz la conciencia de nuestros acusadores!_»
Y Sett Budur se levantó rápidamente y lo arrastró hacia los anchos colchones tendidos en la alfombra, mientras él trataba de defenderse algo y meneaba la cabeza con aspecto resignado, suspirando: «¡No hay recurso mas que en Alah! ¡Todo ocurre por orden suya!» Y como Sett Budur le hostigaba impaciente para que se diera prisa, se quitó los anchos calzones bombachos, después el calzón de hilo, y se vió derribado de pronto encima de los colchones por el rey, que se tendió junto á él y le cogió en brazos. Y el rey le dijo: «¡Verás cómo ni los mismos ángeles sabrían darte una noche como ésta!» Y el rey añadió: «¡Oh! ¡Arrímate!» Y le echó las dos piernas alrededor de los muslos, y le dijo: «¡Oh, dame la mano, pónmela entre los muslos para despertar á este niño y obligarlo á levantarse, porque lleva mucho tiempo dormido!» Y Kamaralzamán, algo cortado, le dijo: «¡No me atrevo!» El rey le dijo: «¡Voy á ayudarte!» Y le cogió la mano y se la paseó por entre los muslos.
Entonces Kamaralzamán notó que el contacto con los muslos del rey era muy delicioso, y más dulce que el tocar manteca, y más suave que el tocar seda. Y aquello le agradó mucho, y le incitó á explorar él solo lo de arriba y lo de abajo, hasta que su mano llegó á una cúpula que encontró muy movediza y verdaderamente llena de bendición. Pero por más que buscó por todas partes, no pudo encontrar el alminar. Y dijo para sí: «¡Oh Alah, qué misteriosas son tus obras! ¿Cómo podrá haber una cúpula sin alminar?» Después pensó: «Es probable que este rey encantador no sea hombre ni mujer, sino un eunuco blanco. ¡Eso resultaría mucho menos interesante!» Y le dijo al rey: «¡Oh rey, no sé, pero no encuentro al niño!»
Al oir estas palabras, á Sett Budur le dió tal acceso de risa, que le faltó poco para desmayarse...
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.
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_PERO CUANDO LLEGÓ LA 235.ª NOCHE_
Ella dijo:
...á Sett Budur le dió tal acceso de risa, que le faltó poco para desmayarse. Después se puso seria de repente, y recobró su antigua voz tan dulce y tan cantarina, y dijo á Kamaralzamán: «¡Oh esposo amadísimo, qué pronto has olvidado nuestras hermosas noches pasadas!» Y se levantó rápidamente, y tirando á lo lejos el traje y el turbante con que estaba disfrazada, apareció completamente desnuda, suelta la cabellera á lo largo de la espalda.
Al ver aquello, Kamaralzamán conoció á su esposa Budur, hija del rey Ghayur, señor de El-Buhur y de El-Kussur. Y la besó, y ella le besó, y la estrechó, y ella le estrechó, y después, ambos, llorando de alegría, se confundieron en besos encima del diván. Y ella, entre otros mil, le recitó estos versos:
_¡He aquí á mi amado! ¡Es el bailarín de cuerpo armonioso! ¡Miradle cuando avanza con pie flexible y ligero!_
_¡Hele aquí! ¡No creáis que sus piernas se quejen del peso enorme que las precede, y que constituiría una buena carga para un camello!_
_¡He aquí á mi amado! ¡Como alfombra tendí por su camino las flores de mis mejillas, ¡oh dicha mía! ¡Y el polvo de sus suelas fué un bálsamo bienhechor para mis ojos!_
_¡En el rostro de mi amado ¡oh hijas de Arabia! vi bailar á la aurora! ¿Cómo olvidar sus encantos y su dulzura?..._
Después de lo cual, la reina Budur contó á Kamaralzamán cuanto le había ocurrido, desde el principio hasta el fin. Lo mismo hizo él, y después la reconvino, y le dijo: «¡Es realmente una enormidad lo que has hecho conmigo esta noche!» Ella contestó: «¡Por Alah! ¡No era mas que una broma!» En seguida siguieron sus retozos entre muslos y brazos hasta que amaneció.
Entonces la reina Budur se juntó con el rey Armanos, padre de Hayat-Alnefus, le contó la verdad de su historia, y le reveló que su hija la joven Hayat-Alnefus era todavía tan completamente virgen como antes.
Cuando el rey Armanos, dueño de la isla de Ébano, oyó estas palabras de Sett Budur, hija del rey Ghayur, se maravilló hasta el límite del asombro, y mandó que historia tan prodigiosa se escribiera con letras de oro sobre pergaminos ilustres. Después se volvió hacia Kamaralzamán y le preguntó: «¡Oh hijo del rey Schahramán! ¿quieres entrar en mi parentela aceptando como segunda esposa á mi hija Hayat-Alnefus, que está aún intacta de toda sacudida?» Kamaralzamán contestó: «Antes tengo que consultar con mi esposa Sett Budur, á quien debo respeto y amor.» Y se volvió hacia la reina Budur, y le preguntó: «¿Puedo contar con tu consentimiento para tomar á Hayat-Alnefus como segunda esposa?» Budur contestó: «¡Sí, por cierto; pues yo misma te la he reservado para festejar tu regreso! ¡Y me contentaré con ocupar el segundo puesto, pues debo mucha gratitud á Hayat-Alnefus por sus amabilidades y su hospitalidad!»
Entonces Kamaralzamán se volvió hacia el rey Armanos, y le dijo: «¡Mi esposa Sett Budur me ha contestado aceptando lo propuesto, y diciéndome que en caso necesario se daría por muy contenta con ser esclava de Hayat-Alnefus!»
Al oir estas palabras, el rey Armanos se regocijó hasta el límite del regocijo, y fué á sentarse para aquel caso en el trono de justicia, y mandó reunir á todos los emires, visires, chambelanes y notables del reino, y les contó la historia de Kamaralzamán y su esposa Sett Budur, desde el principio hasta el fin. Luego les comunicó su proyecto de dar á Hayat-Alnefus por segunda esposa á Kamaralzamán, y nombrarle al mismo tiempo rey de la isla de Ébano, en lugar de su esposa, la reina Budur. Y todos besaron la tierra entre sus manos, y respondieron: «¡Desde el momento en que Kamaralzamán es el esposo de Sett Budur, que ha reinado antes en este trono, le aceptamos con júbilo por nuestro rey, y nos consideramos dichosos con ser sus esclavos fieles!»
Después de estas palabras, el rey Armanos se entusiasmó hasta el límite más extremo del entusiasmo, é inmediatamente mandó llamar á los kadíes, testigos y jefes principales, y extender el contrato de boda de Kamaralzamán con Hayat-Alnefus.
Y con tal motivo hubo grandes festejos y festines maravillosos, y se sacrificaron millares de reses para los pobres y desgraciados, y hubo liberalidad para todo el pueblo y todo el ejército. Y no quedó nadie en el reino que no deseara larga vida y felicidad para el rey Kamaralzamán y sus dos esposas Budur y Hayat-Alnefus.
Y Kamaralzamán, á su vez, alardeó de tanta justicia al gobernar su reino como al contentar á sus dos esposas, pues pasaba una noche con cada una, alternativamente.
En cuanto á Sett Budur y á Hayat-Alnefus, vivieron siempre en perfecta armonía, dando las noches á su esposo, pero disfrutando juntas durante las horas del día.
Tras de lo cual, Kamaralzamán despachó correos á su padre, el rey Schahramán, para comunicarle todos aquellos felices sucesos y decirle que pensaba ir á verle en cuanto hubiera reconquistado una ciudad á orillas del mar que los infieles habían arrebatado á los musulmanes.
Mientras tanto, la reina Budur y la reina Hayat-Alnefus, fecundadas por Kamaralzamán, dieron cada una á su esposo un hijo varón, hermoso como la luna. Y todos vivieron con perfecta felicidad hasta el fin de sus días. Y tal es la historia maravillosa de Kamaralzamán y la princesa Budur.
Y Schahrazada, sonriendo, se calló.
* * * * *
Pero la pequeña Doniazada, la de las mejillas siempre blancas, se había puesto muy colorada, sobre todo al acabarse la historia, y los ojos se le habían agrandado de placer, de curiosidad y también de confusión, y había acabado por taparse la cara con las dos manos, pero mirando al través.
Y mientras Schahrazada, para rehacerse la voz, se mojaba los labios en una copa de cocimiento helado de pasas, palmoteando, exclamó: «¡Oh hermana, qué lástima que una historia tan maravillosa se acabe tan pronto! ¡Es la primera de ese género que oigo de tus labios! ¡Y no sé por qué me pongo tan colorada!»
Y Schahrazada, después de beber un sorbo, sonrió á su hermana con el rabillo del ojo, y le dijo: «Pues ¿qué será cuando hayas oído la HISTORIA DE GRANO-DE-BELLEZA?... Pero primero te he de contar la agradable HISTORIA DE FELIZ-BELLO y FELIZ-BELLA.»
Oídas estas palabras, Doniazada saltó de alegría y emoción, y exclamó: «¡Oh hermana, por favor! ¡Antes de empezar la historia de Feliz-Bello y Feliz-Bella, cuyos nombres ya me complacen infinito, dime quién es Grano-de-Belleza!»
Y Schahrazada respondió: «¡Querida mía, Grano-de-Belleza es un joven!»
Entonces el rey Schahriar, cuya tristeza había desaparecido á las primeras palabras de la historia de Sett Budur, que oyó entera con gran atención, dijo: «¡Oh Schahrazada! He de confesarte que la historia de Budur me ha encantado y regocijado, y además me ha incitado á enterarme mejor de esa moda nueva de la cual hablaba Sett Budur en prosa y verso. De modo que si en las historias que nos prometes se explica esa moda, con otros pormenores desconocidos para mí, puedes empezar en seguida.»
Pero en este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y discreta como siempre, se calló.
Y el rey Schahriar dijo para sí: «¡Por Alah! ¡No la mataré hasta que haya oído otros detalles sobre la moda nueva, que hasta ahora encuentro llena de oscuridad y complicaciones!»
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_PERO CUANDO LLEGÓ LA 237.ª NOCHE_
Doniazada dijo: «¡Oh Schahrazada, hermana mía, te ruego que empieces!»
Y Schahrazada sonrió á su hermana, y después, volviéndose hacia el rey Schahriar, le dijo:
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HISTORIA DE FELIZ-BELLO Y FELIZ-BELLA
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Se dice (pero Alah es más sabio) que había en la ciudad de Kufa un hombre al que se contaba entre sus vecinos más ricos y considerados, y se llamaba Primavera.