Part 8
En cuanto al buen Schamseddin, cuando vió que pasaba la hora sin que los mercaderes y corredores fuesen á recitar delante de él los versículos rituales de la Fatiha, no supo á qué atribuir aquel descuido tan grave y tan contrario á la tradición. Y como viese al famoso Sésamo, que le miraba con el rabillo del ojo, le hizo seña de que se acercara para decirle dos palabras. Y Sésamo, que sólo aguardaba aquella seña, se acercó, pero lentamente y tomándose tiempo, arrastrando los pies, y no sin dirigir á derecha é izquierda sonrisas de inteligencia á los tenderos, que no le quitaban ojo, pues la curiosidad les tenía suspensos y hacíales desear la solución de aquel asunto que para ellos era muy capital.
Y Sésamo, al ver que en él convergían todas las miradas y la atención general, llegó contoneándose, hasta apoyarse en el mostrador de la tienda; y Schamseddin le preguntó: «Dime, Sésamo, ¿cómo es que los mercaderes, con el jeque á la cabeza, no han venido á recitar delante de mí los versículos del primer capítulo del Korán?» Sésamo contestó: «¡Así, de pronto, no lo sé! ¡Hay rumores que corren por el zoco, rumores... ¿cómo te lo explicaría yo?... rumores!... ¡De todos modos, lo que sé muy bien es que se ha formado un partido compuesto por los principales jeques, que ha resuelto destituirte y dar á otro el cargo de síndico!»
Al oir estas palabras, el buen Schamseddin mudó de color, y en tono mesurado y grave, preguntó: «¿Y puedes decirme siquiera en qué se fundamenta esta decisión?» Sésamo le guiñó el ojo, movió las caderas, y contestó: «¡Oh mi anciano jeque, no bromees! ¡Mejor lo sabes tú que nadie! ¡Ese hermoso joven que tienes en la tienda no estará allí para espantar las moscas! De cualquier modo, sabe que yo, á pesar de todo, he sido el único que te defendió en la asamblea, y dije que no eras aficionado á muchachos, cosa que habría sido yo el primero en saber, pues tengo relaciones amistosas con todos los que se dedican con preferencia á ese sexo ácido. Y además he añadido que este joven debería ser algún pariente de tu esposa ó el hijo de alguno de tus amigos de Tantah, Mansurah ó Bagdad, que había venido á tu casa para negocios. Pero la asamblea entera se ha vuelto contra mí y ha votado tu destitución. ¡Alah es el más grande, ¡oh jeque! Para consolarte te queda ese joven, por lo cual, aquí para entre nosotros, te felicito. ¡Verdaderamente, es muy hermoso!...»
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.
[Illustration]
_PERO CUANDO LLEGÓ LA 255.ª NOCHE_
Ella dijo:
»...ese joven, por lo cual, aquí para entre nosotros, te felicito. ¡Verdaderamente, es muy hermoso!»
Al oir estas palabras de Sésamo, el síndico Schamseddin ya no pudo reprimir su indignación, y exclamó: «¡Oh tú, el más corrompido de los libertinos! ¿No sabes que es mi hijo? ¿Dónde está tu memoria, comedor de haschich?» Pero Sésamo respondió: «¡A mí no me la das! ¿Es que va á haber salido del vientre de su madre ahora y tal como está este muchacho de catorce años?» Schamseddin replicó: «Pero ¡oh Sésamo! ¿ya no te acuerdas de que tú mismo, hace catorce años, me trajiste aquella milagrosa mixtura que espesa los compañones y concentra el jugo? ¡Por Alah! ¡Gracias á ella pude conocer la fecundidad y Alah me ha dotado de un hijo! Y tú nunca volviste á pedirme noticias de aquella curación. En cuanto á mí, por temor al mal de ojo, he criado á este niño en el subterráneo de nuestra casa, y esta es la primera vez que sale conmigo. Pues aunque mi primera intención era que no saliera hasta que se hubiera podido coger las barbas con las manos, su madre me ha decidido á traerle conmigo para enseñarle el oficio y ponerle al corriente de los negocios, en previsión del porvenir.» Después añadió: «¡En cuanto á ti, Sésamo, me alegro de encontrarte, al fin y al cabo, para saldar mi deuda! ¡Toma mil dinares por el favor que me hiciste gracias á tu droga admirable!»
Cuando Sésamo oyó estas palabras, ya no dudó de la verdad, y corrió á desengañar á todos los mercaderes del zoco, que en seguida se apresuraron á acudir, primero para felicitar á su síndico, y después para disculparse del retraso en la oración de apertura, que inmediatamente recitaron entre sus manos.
Tras de lo cual, Sésamo tomó la palabra en nombre de todos, y dijo: «¡Oh nuestro venerable síndico! ¡Conserve Alah para nuestro afecto el tronco y las ramas! ¡Y florezcan las ramas á su vez, y den fruto oloroso y dorado! Pero ¡oh nuestro síndico! generalmente, hasta los mismos pobres, cuando les nace un hijo, mandan hacer dulces y los reparten entre amigos y vecinos; ¡y nosotros no nos hemos endulzado el paladar con la pasta amasada con manteca y miel, que es tan grato saborear, haciendo votos por la felicidad del recién nacido! ¿Cuándo nos darás un caldero de esa excelente assida?»
El síndico Schamseddin contestó: «¡De todo corazón, pues no deseo otra cosa! ¡No os ofreceré sólo un caldero de assida, sino un gran festín en mi casa de campo á las puertas del Cairo, en medio de los jardines! Os invito á todos, amigos míos, á ir mañana á mi jardín, que ya conocéis. ¡Y allí, si Alah lo quiere, ganaremos el tiempo perdido!»
En cuanto volvió á su casa, el buen síndico dispuso grandes preparativos para la fiesta del día siguiente, y mandó al horno, para que los asaran, carneros cebados durante seis meses con hojas verdes, y carneros enteros con manteca abundante, y bandejas innumerables de pasteles y otras cosas semejantes. Al efecto, utilizó á todas las esclavas de la casa expertas en el arte de la dulcería, y á todos los pasteleros y confiteros de la calle Zeini. Y la verdad es que el banquete, después de tanto trabajo, nada dejaba que desear.
Al día siguiente, muy temprano, Schamseddin se dirigió al jardín con su hijo Grano-de-Belleza, y mandó que los esclavos pusieran dos manteles inmensos en dos sitios separados y distantes uno de otro. Luego llamó á Grano-de-Belleza, y le dijo: «Hijo mío, he mandado poner, como ves, dos manteles diferentes; uno está reservado á los hombres y el otro es para los muchachos de tu edad que vengan con sus padres. Yo recibiré á los hombres con barbas y tú te encargarás de recibir á los jóvenes imberbes.» Pero Grano-de-Belleza, sorprendido, preguntó á su padre: «¿Por qué semejante separación y dos servicios diferentes? Eso no suele hacerse mas que entre hombres y mujeres. ¿Qué tienen que temer los jóvenes como yo de los hombres barbudos?» El síndico respondió: «Hijo mío, los jóvenes imberbes se encontrarán más libres solos y se divertirán entre si mejor que encontrándose en presencia de sus padres.» Y Grano-de-Belleza, que no era malicioso, se conformó con tal respuesta.
Al llegar los invitados, Schamseddin se dedicó á recibir á las personas mayores, y Grano-de-Belleza á los niños y á los jóvenes. Y se comió, y se bebió, y se cantó, y hubo la mayor diversión posible; y la alegría y el júbilo brillaron en todas las caras, y se quemaron en los pebeteros incienso y perfumes. Después, terminado el festín, los esclavos repartieron entre los convidados copas llenas de sorbete á la nieve. Y aquel fué para los hombres el momento de departir agradablemente, mientras los muchachos, al otro lado, se entregaban á mil amenos juegos.
Y entre los convidados había cierto mercader que era uno de los mejores parroquianos del síndico; pero también era un famoso pederasta, que no había dejado indemne de sus hazañas á ningún hermoso joven del barrio. Se llamaba Mahmud, pero no se le conocía mas que por el sobrenombre del «Bilateral».
Cuando Mahmud-el-Bilateral oyó los gritos que daban los muchachos al otro lado...
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, é interrumpió el relato autorizado por el rey Schahriar.
[Illustration]
_PERO CUANDO LLEGÓ LA 256.ª NOCHE_
Ella dijo:
...Cuando Mahmud-el-Bilateral oyó los gritos que daban los muchachos al otro lado, se alborotó en extremo, y pensó: «¡Seguramente hay algo bueno por allá!» Y aprovechándose del descuido general para levantarse y fingir que iba á satisfacer una necesidad urgente, se deslizó silenciosamente por entre los árboles hasta donde estaban los muchachos, y se quedó en acecho de sus movimientos graciosos y lindas caras. No tardó mucho en notar que el más hermoso indiscutiblemente entre los más hermosos era Grano-de-Belleza. Y empezó á hacer mil proyectos para poderle hablar y llevarle aparte, y pensó: «¡Ya Alah! ¡Con tal de que se separe un poco de sus compañeros!» Y el Destino satisfizo sus deseos en gran manera.
Efectivamente, en un momento dado, excitado Grano-de-Belleza por el juego y coloradas las mejillas por el movimiento, experimentó la necesidad de orinar. Y á fuer de muchacho bien educado, no quiso acurrucarse delante de todo el mundo y se fué hacia los árboles. En seguida dijo para sí el Bilateral: «Si me acercara á él ahora, seguramente le asustaría. ¡Voy á probar de otro modo!» Y salió de detrás del árbol que le ocultaba y se presentó en el corro de los muchachos, que le conocían, y empezaron á silbarle corriendo por entre sus piernas. Y él, muy contento, les dejaba hacer aquello sonriendo, y después acabó por decirles: «¡Oídme, hijos míos! ¡Prometo daros mañana á cada uno un traje nuevo y dinero para satisfacer todos vuestros caprichos, si lográis despertar en Grano-de-Belleza la afición á los viajes y el deseo de alejarse del Cairo!» Y los chicos le contestaron: «¡Oh Bilateral, eso es muy fácil!» Entonces los dejó y volvió á sentarse entre los hombres barbudos.
Cuando Grano-de-Belleza acabó de orinar y volvió á su sitio, sus compañeros se guiñaron el ojo mutuamente, y el más elocuente del grupo se dirigió á Grano-de-Belleza y le dijo: «Durante tu ausencia hemos estado hablando de las maravillas de los viajes y de los magníficos países lejanos, y de Damasco, y Alepo, y Bagdad. Tú, ¡oh Grano-de-Belleza! siendo tu padre tan rico, le habrás acompañado muchas veces en sus viajes con las caravanas. ¡Cuéntanos algo de lo mucho maravilloso que hayas visto!» Pero Grano-de-Belleza contestó: «¿Yo? Pero ¿no sabéis que me han criado en un subterráneo y que hasta ayer no he salido de él? ¿Cómo había de viajar en semejantes condiciones? ¡Y ahora, todo lo más que mi padre me permite es acompañarle desde casa hasta la tienda!»
Entonces el mismo muchacho replicó: «¡Pobre Grano-de-Belleza, te han privado de las alegrías más deliciosas y de los placeres más puros! ¡Si supieras ¡oh amigo mío! lo maravillosamente que saben los viajes, ya no querrías pasar un momento más en casa de tu padre! Todos los poetas han cantado á porfía las delicias del viajar; oye una muestra ó dos de los versos que sobre el particular nos han transmitido:
_Viajar, ¿quién dirá tus maravillas? ¡Oh amigos míos, todas las cosas bellas gustan de viajar! ¡Hasta las mismas perlas salen del fondo oscuro del mar y atraviesan las inmensidades para colocarse en la diadema de los reyes y en el cuello de las princesas!_
Al oir esta estrofa, Grano-de-Belleza dijo: «¡Así será! ¡Pero el reposo en casa de uno también tiene sus encantos!» Entonces uno de los muchachos se echó á reir y dijo á sus compañeros: «¡Mirad con lo que sale Grano-de-Belleza! ¡Es como los pescados, que se mueren en cuanto los sacan del agua!» Y otro más exagerado dijo: «¡Es que temerá probablemente marchitar las rosas de sus mejillas!» Y un tercero añadió: «¿No veis que es como las mujeres? ¡No pueden dar un paso solas en cuanto salen á la calle!» Y otro, por último, exclamó: «¡Oh Grano-de-Belleza! ¿no te avergüenzas de no ser hombre?»
Al oir todos aquellos apóstrofes, Grano-de-Belleza quedó tan mortificado que abandonó inmediatamente á sus invitados, y cabalgando en la mula emprendió el camino de la ciudad, y lleno de rabia el corazón y de lágrimas los ojos, llegó junto á su madre, que se asustó al verle en tal estado. Y Grano-de-Belleza le repitió las burlas de que había sido víctima por parte de sus compañeros, y le declaró que quería marcharse al momento á cualquier parte, con tal de partir. Y añadió: «¿Ves este cuchillo? ¡Pues me lo clavaré en el pecho si no quieres dejarme viajar!»
Ante aquella resolución tan inesperada, la pobre mujer no pudo hacer mas que devorar sus lágrimas y consentir en aquel proyecto, por lo cual dijo á Grano-de-Belleza: «¡Hijo mío, prometo ayudarte con todas mis fuerzas! Pero como estoy segura anticipadamente de la negativa de tu padre, voy á prepararte un cargamento de mercaderías á mi costa.» Y Grano-de-Belleza dijo: «¡Pero hay que hacerlo en seguida, antes de que llegue mi padre!»
Inmediatamente la esposa de Schamseddin mandó á un esclavo abrir uno de los depósitos de mercaderías reservadas, y que los embaladores hicieran los fardos suficientes para cargar diez camellos.
En cuanto al síndico Schamseddin, así que se fueron los convidados buscó en balde por el jardín á su hijo, y acabó por saber que se le había anticipado en ir á su casa. Y el síndico, aterrado al pensar que le podía sobrevenir á su hijo una desgracia en el camino, puso la mula á todo galope y llegó sin aliento al patio, en donde se calmó su emoción al enterarse por el portero de la llegada sin novedad de Grano-de-Belleza. Pero fué mayor su sorpresa al ver en el patio fardos y fardos dispuestos á ser cargados y con etiquetas que indicaban en letras gordas sus diferentes destinos: Alepo, Damasco y Bagdad...
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.
[Illustration]
_PERO CUANDO LLEGÓ LA 257.ª NOCHE_
Ella dijo:
...en letras gordas sus diferentes destinos: Alepo, Damasco y Bagdad.
Apresuróse entonces á subir á las habitaciones de su esposa, que le enteró de cuanto acababa de suceder y del grave inconveniente que había en contrariar á Grano-de-Belleza. Y el síndico dijo: «De todos modos, voy á tratar de disuadirle.» Y llamó a Grano-de-Belleza y le dijo: «¡Oh hijo mío! ¡Alah te ilumine y te aparte de proyecto tan funesto! ¿No sabes lo que ha dicho nuestro Profeta? (¡sean con Él la oración y la paz!): «¡Dichoso el hombre que se alimenta con los frutos de su tierra y halla en su mismo país las satisfacciones de su vida!» Y dijeron los antiguos: «¡No emprendáis jamás un viaje aunque sea de una milla!» Por consiguiente, hijo mío, te pido que me digas si después de estas palabras persistes en tu resolución.»
Grano-de-Belleza contestó: «Sabe ¡oh padre mío! que no quiero desobedecerte; pero si te opones á mi viaje negándome lo necesario, me quitaré este traje, me pondré el de los pobres derviches y recorreré á pie todos los países y todas las tierras.»
Cuando vió el síndico que su hijo estaba dispuesto á partir á todo trance, renunció á contrariar su proyecto, y le dijo: «Entonces, ¡oh hijo mío! he aquí cuarenta cargas más; y así, con las otras diez que te ha dado tu madre, tendrás para cargar cincuenta camellos. En ellas encontrarás las mercaderías adecuadas á las necesidades de cada una de las ciudades en que entres; pues no hay que tratar de vender en Alepo, por ejemplo, los géneros que prefieren los habitantes de Damasco; sería una mala especulación. ¡Parte, pues, hijo mío, y Alah te proteja y te allane el camino! Y adopta precauciones, sobre todo al atravesar por el desierto del León, un sitio que se llama el valle de los Perros, guarida de bandidos salteadores, cuyo jefe es un beduíno apellidado «el Rápido» por lo súbito de sus ataques é incursiones.» Y Grano-de-Belleza contestó: «¡Los sucesos buenos ó malos vienen de mano de Alah! ¡Y haga yo lo que haga, no me pasará mas que lo que se me tenga deparado!»
Como no se podía replicar á tales palabras, el síndico no dijo más; pero su esposa no descansó hasta hacer mil votos, y prometer cien carneros á los santones, y poner á su hijo bajo la santa protección de El-Sayed Abd El-Kader El-Guilani, abogado de los viajeros.
Después de lo cual, el síndico, acompañado de su hijo, á quien costó gran trabajo escaparse de los brazos de su pobre madre, que vertía sobre él todas las lágrimas de su corazón, fué á buscar á la caravana, dispuesta ya. Y llamó aparte al anciano mokaddem de los camelleros y muleteros, el jeque Kamal, y le dijo: «¡Oh venerable mokaddem, te confío este niño, pupila de mis ojos, y lo pongo bajo el ala de Alah y bajo tu custodia! Y tú, hijo mío--dijo á Grano-de-Belleza--, mira al que ha de hacer las veces de padre en ausencia mía. ¡Obedécele y nunca hagas nada sin consultarle!» Después dió mil dinares de oro á Grano-de-Belleza, y como último encargo le dijo: «¡Te doy estos mil dinares, hijo mío, para que puedas utilizarlos y aguardar con paciencia el momento más ventajoso para la venta de tus mercaderías, pues te guardarás muy bien de venderlas cuando estén en baja; has de aprovechar la ocasión en que los paños y otros géneros estén más en alza para colocarlos en las mejores condiciones!» Después de las despedidas, la caravana se puso en marcha y no tardó en estar fuera de las puertas del Cairo.
Y ahora vamos con Mahmud-el-Bilateral. Al enterarse de la marcha de Grano-de-Belleza, se preparó también rápidamente, y en pocas horas tuvo á mulos y camellos cargados y ensillados. Y sin perder tiempo se puso en camino, y alcanzó á la caravana á pocas millas del Cairo. Y decía para sí: «¡Ahora, en el desierto, ¡oh Mahmud! nadie irá á denunciarte, ni tampoco vendrá á vigilarte nadie! ¡Y sin temor á que te molesten, podrás deleitarte con ese muchacho!»
De modo que, desde la primera etapa, el Bilateral mandó armar sus tiendas al lado de las de Grano-de-Belleza, y encargó al cocinero de éste que no se tomara el trabajo de encender lumbre, puesto que él había invitado á Grano-de-Belleza á compartir la comida en su tienda.
Y efectivamente, Grano-de-Belleza fué á la tienda del Bilateral, pero acompañado por el jeque Kamal, mokaddem de los camelleros. Y aquella noche el Bilateral nada sacó en limpio. Y al día siguiente, en la segunda parada, ocurrió lo mismo, y así todos los días, hasta la llegada á Damasco, porque Grano-de-Belleza aceptaba todas las invitaciones, pero iba siempre á la tienda del Bilateral acompañado del mokaddem de los camelleros.
Pero cuando llegaron á Damasco, en donde el Bilateral tenía, lo mismo que en El Cairo, Alepo y Bagdad, casa propia para recibir á los amigos...
En este momento de su narración, Schahrazada, la hija del visir, vió aparecer la mañana, é interrumpió el relato.
[Illustration]
_PERO CUANDO LLEGÓ LA 258.ª NOCHE_
Ella dijo:
...á Damasco, en donde el Bilateral tenía, lo mismo que en El Cairo, Alepo y Bagdad, casa propia para recibir á los amigos, envió un esclavo á Grano-de Belleza, que se había quedado en la tienda á la entrada de la ciudad, para invitarle, pero á él solo, á que le honrase con su presencia. Y Grano-de-Belleza contestó: «¡Espera que le pregunte su parecer al jeque Kamal!» Pero el mokaddem de los camelleros frunció el ceño al oir la proposición, y contestó: «¡No, hijo mío, hay que rechazarla!» Y Grano-de-Belleza declinó la invitación.
La estancia en Damasco fué de corta duración, y pronto se pusieron en camino para Alepo; y á la llegada, el Bilateral volvió á invitar á Grano-de-Belleza; pero el jeque Kamal aconsejó la abstención, como en Damasco, y Grano-de-Belleza, sin saber por qué era tan severo el mokaddem, no quiso contrariarle. Y aquella vez también perdió el viaje y el trabajo el Bilateral.
Pero después de salir de Alepo, el Bilateral juró que en la primera ocasión las cosas no pasarían lo mismo. Y á la primera parada en dirección á Bagdad, mandó hacer los preparativos de un banquete sin precedentes, y fué personalmente á invitar á Grano-de-Belleza. Y aquella vez Grano-de-Belleza se vió obligado á aceptar, por no tener motivo fundado para negarse, y empezó por ir á la tienda á vestirse con traje á propósito.
Entonces fué á buscarle el jeque Kamal, y le dijo: «¡Qué imprudente eres, ¡oh Grano-de-Belleza! ¿Por qué has aceptado la invitación de Mahmud? ¿No conoces sus intenciones? ¿No sabes el motivo de que le llamen el Bilateral? De todos modos, debiste preguntar su parecer á un anciano como yo, y del cual han dicho los poetas:
_Pregunté al viejo_: «_¿Por qué andas encorvado?_» _Me contestó_: «_¡Perdí mi juventud en la tierra húmeda! ¡Y me he encorvado para buscarla! ¡Y ahora la experiencia que pesa sobre mí es tan amarga, que me impide enderezar la espalda!_»
Pero Grano-de-Belleza contestó: «¡Oh venerable mokaddem! ¡Estaría muy mal rechazar la invitación de nuestro amigo Mahmud, al cual no sé por qué llaman el Bilateral! Y además, ignoro lo que pueda perder con acompañarle. ¡No me comerá!» Y el mokaddem replicó con viveza: «¡Pues sí, por Alah! ¡Te comerá! ¡Ya se ha comido á otros muchos!»
Al oir aquello, Grano-de-Belleza soltó la carcajada y se apresuró á ir á casa del Bilateral, que le aguardaba con impaciencia. Y ambos se fueron á la tienda en que estaba preparado el festín.
Y en realidad, el Bilateral no había escatimado nada para recibir como merecía al maravilloso joven, y todo aparecía dispuesto para encantar las miradas y halagar los sentidos. De modo que la comida fué alegre y estuvo llena de animación; y ambos comieron con gran apetito, y bebieron en la misma copa hasta saciarse. Y cuando el vino fermentó en las cabezas y los esclavos se retiraron discretamente, el Bilateral, ebrio de vino y de pasión, se inclinó hacia Grano-de-Belleza, y cogiéndole las mejillas con las dos manos quiso besarlas. Pero Grano-de-Belleza, muy turbado, levantó instintivamente la mano, y el beso del Bilateral no encontró mas que la palma del adolescente. Entonces Mahmud le echó un brazo alrededor del cuello y con el otro le rodeó la cintura; y como Grano-de-Belleza le preguntara: «Pero ¿qué quieres hacer conmigo?», le contestó: «Sencillamente, tratar de explicarte estos versos del poeta para ponerlos en práctica:
_¡Oh mis estremecimientos cuando las miradas de sus ojos me sacuden el alma! ¡Oh delicias del primer deseo que hincha sus compañones infantiles!_
_¡Mira, ¡oh ojos míos! ¡Toma lo que puedas tomar, levanta lo que puedas levantar, coge un puñado, ó dos, ó tres, y hazlo entrar un palmo ó más! ¡Pero sin que te haga daño! ¡Hay que obrar con prudencia!_»
Después de haber dicho á su modo estos versos, Mahmud se dispuso á explicárselos prácticamente. Pero el joven Grano-de-Belleza, sin darse cuenta exacta de la situación, se sentía molesto con aquellos ademanes y movimientos, y quiso marcharse. Y el Bilateral le sujetó y acabó por hacerle entender de qué se trataba.
Cuando Grano-de-Belleza se enteró bien de las intenciones del Bilateral y comprendió su petición...
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.
[Illustration]
_PERO CUANDO LLEGÓ LA 259.ª NOCHE_
Ella dijo:
...Cuando Grano-de-Belleza se enteró bien de las intenciones del Bilateral y comprendió su petición, levantóse inmediatamente y le dijo: «¡No, por Alah! ¡No vendo esa mercancía! ¡De todos modos, para que te consueles, te diré que si á los demás se la vendiese por dinero, á ti te la daría de balde!» Y á pesar de las súplicas del Bilateral, Grano-de-Belleza no quiso permanecer un momento más en la tienda; salió de ella bruscamente y volvió en seguida al campamento, donde, harto inquieto, aguardaba su regreso el mokaddem.