Part 10
--¡Cómo no!... Los gringos, saben tener catres pero están hirviendo en chinches... Que haga que le tiendan cama en la carretilla e manos... En cuanto les pida eso, ya van a ver que v'alecionao y conociendo la casa u que, por lo menos, yo sé que allí pernotó...
Las noticias no eran halagadoras y al despedirme del comisario y de su adlátere y seguir al trote por la sendita que cruzaba el cardal naciente, iba pensando en la espeluznante biografía de la yunta. No me asustaba por cierto, el dato relativo a las gallinas ajenas, que me imaginaba asadas con maestría campesina, pero sí lo otro y procedí como me habían indicado.
--No tenga miedo, siñor, de las chinchas... Sun macana d'esu Rodrique del comesario... que ne debe tante cope e ne hace la purquería...
Y la verdad es que el italiano--que era el grandote, pues el peticito parece que se había ido al pueblo--se esforzó en instalarme con comodidad y en distraerme, conversando, hasta que vino un cliente de la pulpería con quien se puso a departir junto al mostrador, mientras yo, que había cenado bien, me estiraba en el catre tratando de dormirme, a la luz amarillenta del quinqué, que alumbraba escasamente el testero de la pieza correspondiente al boliche, dejando en la penumbra la parte trasera, dormitorio de la yunta y de los huéspedes, cuando los había.
Parece que el visitante era un viejo conocido que iba de paso y no había querido cruzar sin saludar a la yunta:
--Allá, en el pago viejo, los extrañaban mucho los vecinos pues los estancieros no hallaban comodidad con los nuevos pulperos y no se explicaban por qué abandonaron ellos el negocio...
--¿Ma... qué queré, dun Casintu?... Tovimo que andar vía... per sunsería de la vita... ¿sabé?... Me sociu Pepín, le dió la garanzia a so compadre l'arcarde García... ¡e le vino mal la cosa!...
--¡Ah!... ¡Ah!.. ¡Sí!... Se dijo en el pago... pero añadieron que usté iba a seguir solo con el negocio.
--¿Solu?... ¡Ma esu sun macane!... Me sociu liquidó so parte e pagó, e dopo me dico que s'iba a changar de pión pa deschalar maíz... ¡Merá un poco eso pión!... On hombre como él, que no e porque sea me sociu, pero que e coracudo come on toro... Yo le dique antonce... ¿Ma qué v'a'cer... hombre? Decasé de macana cun la deschalada de maíz... e vaya drintro a'rreglar la botillas... Osté sabe que Pepín e propio un animale, perdonando la cumparación... Me dico que se ne iba e yo le dique que antonce yo le rompiba arguno güeso, pa que se ne acordara dil socio vequiu... ¡Afigoresé se n'andarse así!...
--¿Y se quedó de socio no más?
--¿E sinó?... Hemo'stau sociu cuande no teníbamo ne un chentavo e allora que yo tengu argún se ne íbamo a separar?... Yo le rompo un güeso se me hace esa purquería... ¡Porque era propio ina purquería!...
--¿Y por qué no se quedaron allá... no más?
--¡Ma... osté se afica! Pepín iba a sofrir on pocu con la pregunta curiosa de lo conocidos... e ne hemo venido aquí.
* * * * *
Y al mirar la enérgica cabeza noble del hombre que hablaba, tuve envidia de su fuerza, pareciéndome que la luz del quinqué alumbraba en esos momentos no la miserable pulpería en que me hallaba, sino un templo suntuoso, levantado al amor y a la amistad, por la inmensa piedad de los pequeños que un día serán grandes...
EN EL BAÑADO
Al paso de nuestras cabalgaduras seguíamos la tortuosa senda que cruzaba el bañado en los días de seca, chapaleando aquí y allá el agua cristalina, conservada como un tesoro por el pajonal, que le cubría celoso con su manto verdinegro, orlado de nenúfares y camalotes.
--¿Sabe que es lindo el bañado, don Pascasio?
--¡Y cómo no, amigo!... Por eso el que cae a estos aguazales no los deja sino con pena, y los que nacieron en ellos y se ausentan, jamás lo hacen para siempre... Volvedor como pato'e la laguna, dicen los criollos... ¡y es verdad!
Tendí la vista sobre el pajonal que ondulaba movido por la brisa y seguí complacido las bandadas de siriríes que se alzaban en montón, dando el alerta con el rumor de sus rápidas alas a las gallaretas y a las grullas y a los pesados ocós que dormitaban a orillas de los juncales, esperando el paso de las mojarras, inquietas y perspicaces...
--¡Mire que tendrá cuentos el bañado, don Pascasio!... Si yo pudiese, me quedaba un tiempo... ¡Ha de ser divertido estudiar las costumbres de tanto pájaro y de tanto bicharraco como hay!...
--No crea que son muchas las clases... Pronto las conocería a todas y después le sucedería lo que a mí, que no distingo los pájaros ni los bichos sino cuando tengo que comerlos... ¡y eso por el olor y la necesidad, porque como decimos aquí “pa boc'hambrienta no hay carn'hedionda!”
--Mire cómo hierven los patos en aquel charco... Fíjese qué colores más lindos... ¡Si parecen bruñidos los cuerpitos y hechos con mosaicos de rubíes, de esmeralda y de brillantes!
--Ésos no son patos sino gallinetas... como quien dijera las perdices del bañado... Comen lombrices y por eso hay algunos que no las quieren aunque sean riquísimas... ¡Vea!... No admiten en su sociedad sino a los cucharones que con sus picos chatos les revuelven el barro del fondo y les descubren la comida... Se dice que son compadres, pero que no se tutean para no darse confianza y tener después que pelearse... La gallineta es ligerísima para comer, pero no abusa de la lentitud de su amigo y le da lugar y tiempo...
--¡Qué precioso aquel charquito de la derecha!... Mire... Parece esmaltado.
--Ése no es un charquito sino un charco muy hondo... Si fuese playo, no andarían en él los cisnes y los patos picazos, que revuelven las aguas profundas persiguiendo los pescaditos... Éstos vienen en cardumen a guarecerse, asustados, entre las malezas de la orilla y por eso están en ella las garzas blancas y los flamencos rosados esperándolos atentos. Todos esos canilludos son haraganes y se aprovechan del barullo que arman en el agua los grandes nadadores o de los ruidosos zambullones de los carpinchos y de las nutrias... En el bañado, amigo, es como en tierra firme... ¡El vivo vive del sonso y el sonso de su trabajo!
Y don Pascasio mirando a lo lejos y señalándome un punto lejano, prosiguió:
--Mire, allá, junto a aquel sauce quebrado que está como cayéndose al agua... ¿No lo ve cubierto por una bandada de biguáes, que son las aves negras del aguazal?... Obsérvelos... Saltan, zambullen, dan volidos cortitos y vuelven a su puesto a sacudir sus plumas, que parecen de azabache y a tragarse cualquier animalejo que haya robado su pico. Fíjese bien y verá, casi entre ellos, pero discretamente apartada... una garza-mora que se tiene sobre una pata, quizás para no cansar las dos, mirando el agua con ojos de codicia...
Según un cuento de aquí, la garza-mora era una viuda muy rica cuya confianza ganó al dandy de los bañados, el Martín-pescador, mozo pobre y haragán, fastuoso en el vestir y cargado de alhajas falsas como un buen jugador sonso, quien inició la testamentaría, repartiendo cargos y comisiones entre sus parientes los biguáes... ¡Claro! Muy pronto desaparecieron los tesoros y la viuda se vió obligada a pleitear con su apoderado, que es un maestro en la chicana.
El juez es el tuyuyú, personaje grave y sesudo que dicta buenas sentencias, pero que no tiene a sus órdenes ni un miserable gendarme que lleve las citaciones... Y ahí la tiene usted a la viuda, persiguiendo en los bañados a todos sus defraudadores para entregarles las cédulas... Todas las mañanas viene la garza a buscarlos y sale con las bandadas con rumbo hacia las cuchillas donde vive el tuyuyú, pero cuando pica el sol, los biguáes se asientan en las lagunas y no quieren seguir viaje a pretexto de que el calor los enferma. La garza desconfiada, se queda entre ellos y observa el malezal con atención para ver si en las corrientes ve pasar los rubíes y los brillantes que formaban su tesoro aunque en realidad espere los animalejos que los biguáes desprecian... porque no pueden con ellos. No tiene ni amigos en el bañado: ¡ellos son ellos y nada más!... Si formasen gobierno, alguna vez serían los representantes del más completo nepotismo... Se visten igualitos, no conversan sino unos con otros ni se les ve reunirse con nadie que no sea de su familia... Son envidiosos, egoístas y rapaces hasta darles con un palo y de ellos no se saca sino perjuicio... La carne es hedionda como la pluma y no se alimentan sino de bichos inofensivos, porque son flojísimos y no se le animan a la sabandija!
--¿Y el Martín-pescador?
--Adonde anda la garza-mora no se le ve a ese canalla... Ella recorre los ribazos que alumbra el sol, porque a ellos concurren las lombrices y las víboras de que se alimenta y que los biguáes desprecian y él vive entre las malezas sombrías o entre el ramaje tupido de las arboledas costaneras, buscando las plateadas mojarritas que vienen curiosas a contemplar las pedrerías de su ropaje reflejado en el cristal de las corrientes.
DE RAZA
Había concluido el ligero aseo de mi persona que permitían las comodidades de la fonda y me disponía a darle un vistazo a mi caballo, largado en lo que llaman “el potrero” los dueños de la casa, y que era un pequeño corral de alambre, en el cual los animales debían encontrar su comida, pero que no la encontraban sino condicionalmente, cuando golpeó alguien la puerta entrecerrada del cuarto que ocupaba.
Era el patrón, que venía cargado con una pila de guascas y cojinillos y con una maleta de lienzo, por entre cuya abertura se veían los cantos rojizos de varios quesos, curados con pimentón:
--¡Es que viene otro güespe, señor!...
--¿Por qué no le pone en otra pieza, che?... Yo tengo mal dormir... y con ese olor a queso va a ser tremendo...
--¡Si no hay más cuarto qu'éste, señor!... Por eso'stán las camas...
Interrumpió nuestro diálogo la llegada del tal huésped, que venía jadeante. Ni saludó por mirar los efectos que el patrón había descargado en medio de la pieza y cuyo inventario hizo rápidamente con una sola mirada:
--¡Están todos!... ¡Ah!... ¡No!... Me faltan el sobrepuesto de cuero de gato y el cinchón... ¡Ah!... ¡No!... ¡También están!... ¿Y los quesos?... ¡Son ocho!... ¡Ah!... ¡Sí!... ¡No se ha estropeado ninguno?... ¡Bueno!... ¡Perfectamente!... Hay uno que viene bufando, pero todavía está entero...
A esta altura de sus investigaciones recién notó mi presencia, pues me hizo una especie de mueca y movió la cabeza.
--¡Vea... fondero!... ¿Es seguro el cuarto?... Mire que traigo buenas pilchas, que no son mías y además esos quesos... Ya ve que el asunto es serio...
Comprendí que mi catadura no le inspiraba confianza y que me tomaba por hombre capaz de hacerle un tirito...
--¡Puede cerrar la puerta si gusta, señor! Yo no tengo nada que hacer en el cuarto sino a la hora de dormir...
--¡Ah!... ¡Bueno!... Así estaré tranquilo... Mil gracias, señor... Yo soy don Aurelio--quizás me conozca de nombre--el nuevo maestro nombrado para la escuela cinco... Me he formado con Canete en el distrito tres y soy de los que ya se van aburriendo, amigo, con estas cosas... ¡Che... fondero!... Tenga cuidado con mi caballo, ¿eh?... Mire que si me quedo a pie el responsable es usted... ¿no?
Y encarándose conmigo y tomándome familiarmente por un botón del saco, como para asegurarme, prosiguió:
--No crea que la recomendación es infundada... En estos fondines de campo, dejan escapar los caballos para obligarlo a uno a quedarse dos o tres días de huésped, hasta que se procura otro... La mejor manera que hay para defenderse es decir que uno no tiene plata para pagar la pensión. Entonces se apresuran a sacarlo del atolladero estos vampiros...
El hombre era locuaz y pronto me mostró todo su bagaje, formado por palabras sin sentido positivo y por ideas ajenas, recogidas en el correr de la vida, ya sea en los comentarios de pequeños círculos, como en las columnas de los diarios, cajones de turco en que encuentran baratijas lucientes, para adornarse a poco costo todos los perezosos petulantes que gustan de las galas del pensamiento, pero que no quieren trabajar para obtenerlas, contentándose con los facsímiles de ellas. Se quejó del estado financiero del país y me dijo que si él fuera ministro de Hacienda ya vería yo lo que era prosperidad:
--¡Pero no lo seré nunca, compañero!... Roca no busca sus ministros entre los hombres como yo, sino entre sus paniaguados... ¡Y es justo!... Un suertudo como él, que no sabe nada de nada, les teme a las personas ilustradas... Se siente chiquito ante un libro, aunque sea una anagnosia... ¡Vea!... Aquí, entre nosotros, no más, suceden cosas que lo pintan... Tenemos un auxiliar de la subinspección escolar a un tipo picado de viruelas, ñato, peticito... que es de los que dicen setiembre por septiembre... ¿Y sabe por qué lo nombraron?... Porque le escribió una carta llamándole ¡Conquistador del Desierto!... Y del maestro de la escuela rural del segundo distrito ¿qué le diré?... Bástele este dato... Ha sido guitarrero y es hijo de un francés boticario...
Estirado en mi catre, poco a poco me iba adormeciendo, mecido por la voz monótona de mi interlocutor que parecía un arrorró...
--Perdone, amigo... pero tengo que madrugar y voy a ver si me duermo...
--¡Hombre!... feliz de usted que tiene sueño... Yo soy tremendo para pescarlo... Dígame, ¿le incomoda dormir con luz?... Le pregunto, porque yo, en lo obscuro, no pego los ojos ni a garrote... Cada ruidito que siento me pone nervioso y despierta mi curiosidad... Me pongo a rezar... ¡y nada!... ¡No viene!... Me pongo a contar a media voz... ¡y nada!... ¡Tampoco viene! ¡Es una desesperación!... ¿Sabe lo que me suele dar sueño a veces?... ¡La conversación!... ¡Cuando tengo la suerte de toparme con algún solista suelo ser dichoso!...
No le contesté y me quedé inmóvil. El hombre se revolvió en la cama, y luego que vió la inutilidad de sus esfuerzos para tener un oyente, sentí que empezaba a murmurar un padre nuestro, que repitió hasta que me dormí.
De repente oí entre sueños una voz que clamaba:
--¡Amigo!... ¡Eh, amigo!... ¡La gran perra con el ronquidito embromador que había tenido!... ¡Amigo!...
--¿Qué hay?...
--¡Nada!... Es que usted es tremendo cuando duerme... ¿Cree que he podido pegar los ojos?... ¡Voy a contar!... Quizás logre algo si usted me da tiempo y suspende un poco el soplidito... ¿Sabe que si no es asmático le pasa raspando?... ¿O duerme con la boca abierta?
Sentí que el hombre decía a media voz... ¡uno!... ¡dos!... ¡tres!... acompasadamente.
Lo seguí hasta que dijo “treinta”, y de ahí para adelante no sé lo que sucedió, pero el hombre debe haberse entregado a excesos terribles a fin de despertarme, porque en algunos momentos llegaron a mis oídos ruidos diversos y hasta una alegación con el fondero, quien desde la pieza vecina reprochó a mi compañero su imprudencia, recibiendo de éste una andanada de insultos y maldiciones...
A la madrugada abrí mis ojos y lo primero que oyeron mis oídos fué la voz del nuevo maestro de la escuela cinco, que agotaba la aritmética, poniéndola de carnada para su sueño rebelde.
--¡Setenta y tres mil novecientos noventa y cuatro!... ¡Setenta y tres mil novecientos noventa y cinco!...
--¡Buenos días, amigo!... ¿Qué tal la noche?
--¡Como la mona, amigo!... En mi vida he pasado otra igual!... ¡Qué desvelo bárbaro!... Decididamente la conversación es para mí como un veneno...
--Tal vez se marea...
--No sé, amigo... pero en adelante no admito cuarto con gente... Preferiré quedarme en el patio... ¡La gran perra... con los roncadores!... Si yo fuera gobierno los condenaba a la muerte o les ponía una campanilla que no la pudieran dejar ni para comer...
--Los roncadores y los solistas, debían nacer con un cascabelito como las víboras venenosas...
Se quedó callado un momento y luego, incorporándose para comenzar a vestirse, me dijo confidencialmente:
--El mundo, che, iba a parecer una pandereta y a ser más aburrido que baile entre la familia... ¡Mire!... Es mejor que las cosas sigan como están no más, pues si el no dormir es feo, el no hablar será peor. ¡Se lo afirma uno que entiende el asunto!...
PATRIOTISMO... Y CALDO GORDO
--¡Mirá, hermano... yo sé lo que te digo!... Si la historia y el patriotismo, manejaos con cierta malicia, no te pueden abrir cancha, es porqu'estás destinao a vivir de tu trabajo... ¡Pero es bueno que tentés!... La historia...
--Como para historia'ndo yo... que de pobre me voy quedando hasta miope.
--Pior andaba Taquito... ¿te acordás?... ¡Bueno!... Y ya lo ves aura... ¡Juntó platita para casarse, se da corte hasta con Roca y es hombre que ha'segurao su pucherito y su catre!... ¡Mirá! P'hacer vivir a las gentes no vas a'llar protector que lo iguale a San Martín... ¡Ésa es muñeca, che!... Si aprendés a manejar la vida e nuestros guerreros, reít'e todos los jueces con sus listas de remates y nombramiento de oficios... ¡No hay caldo más sustancioso que el que toman los patriotas!
--Sí, che... pero hay que tener coraje... ¿sabés?... y cierto barniz de loco...
--¡Gran cosa el barniz!... Lo que hay que tener es ganas y sentir necesidá...
--La perra con el Taquito que habí'entendido la biblia... ¿Quién ib'a crer, viendoló en la facultá, que llegase a pesonaje y se codiara algún día con Carranza y con Mantilla, con Biedma y Leguizamón?...
--¡Ésos son los pichoncitos!... ¡Pensá en los otros más grandes!... Mirá. Cuando hizo el descubrimiento de aquella hija natural del trompa de San Martín, recién estaba estudiando y sin embargo se hizo de relación con López y don Bartolo, terciando una polémica entre Groussac y Zeballos... ¡Ya lo ves!... ¿Qué no podrías ser vos, que al fin sos tod'un dotor, si te metieras en una?...
-Yo, hermano, no tengo cuero pa semejantes correas...
--Porque sos sonso y te da por lo romántico, cosa que Taquito no tenía... ¡Fijate!... Una mañana me lo hallo en plena calle Florida y lo convido a'lmorzar... Estaba contentísimo. Hasta llegó a interesarse por mis trabajos d'estancia... Nos sentamos y como era natural vo'y le paso el menú... ¡Pucha qué cambio, che!... No bien l'ech'una mirada, se paró temblando e rabia y me gritó como loco... A ver, che, vamonós d'este fondin!... ¡Esto es un crimen!... ¡Es un delito!... ¡Al gringo qu'es dueño de este tugurio, deberían secarlo en la cárcel por bandido y facineroso! ¡Claro!... A los gritos, corrió el dueño de la casa y todos los concurrentes, y él, saltando sobre una mesa, pidió a los argentinos que s'encontrasen presentes que abandonasen la sala... ¡No se puede comer, decía, en la casa de un canalla, que ha tenido el atrevimiento de poner entre los platos del día nada menos que bacalao a la española, siendo el aniversario del sorteo de Matucana, en que los más preclaros patriotas, pagaron con su vida su amor a la libertá!... ¡Qué cosa bárbara, che!... ¡Claro!... Fuimos a dar a la comisaría... ¡Per'hubieras visto los diarios a la mañana siguiente!... Taquito fué casi un héroe y el gobierno le tuvo que dar un puesto pa medio desagraviarlo y apaciguar la opinión...
--¡Bueno! ¡Perfectamente!... Yo lo comprendo todo... pero cuand'uno no puede hermano... ¡no puede y no hay que hacerle!
--¡Hay que poder no más!... Taquito es consecuente con sus locuras y es lógico con su conducta... ¡por eso ha subido!... Un día, lo hallo parao en la calle, grave y serio como debe ser todo hombre que sabe qu'es importante y lo convidé a seguir. “No puedo, hermano... Estoy esperand'un tránway... ¡el único d'esta línea en qu'es mayoral un criollo!... No hay nada que me reviente como pagarle a un gallego para poder circular en las calles de mi patria... ¡d'esta patria, agregó con voz de trueno, qu'es cuna de tanto prócer!” ¡Ya ves!... Cualquiera crería que Taquito ib'a dar al manicomio y ha ido a dar al Congreso y es caudillo y hombre de porvenir... Será ministro en el extranjero, senador y si me apurás mucho hasta president'e la república... Con la historia y el patriotismo, che, se lleg'a todo en esta tierra...
--Si yo soy un convencido, hermano... pero le temo al ridículo... ¿Soy sonso, me dirás?... ¡Y bueno!... Yo lo sé, pero con eso no me voy a remediar y es por lo que t'he pedido que me recomendés a tu primo... ¡Los jueces pueden hacer mucho por los sonsos, cuando quieren!...
--Pucha que sos pavo... ¡En fin!... No hay pior sordo qu'el que no quier'escuchar...
--Decime... ¿Y vos sabés por qué se mudó Taquito de la casa e la suegra, produciend'un bochinche de familia?... ¡Fué porque la señora permitió que visitas'en la casa un catamarqueñito que se llamaba Goyeneche!... No podía oir el nombre, según decía, sin recordar Vilcapugio y los versos del himno nacional: “!Y cual lloran bañados en sangre, Potosí, Cochabamba y La Paz!...”
--¿Qué loco lindo, no?... Yo, a la verdad, me alegro de que le vaya bien y lo sigo con placer, aunque se'a la distancia... Vez pasada la fuí a ver a la hermana, con quien tengo relación y atend'este dialoguito que lo pinta de mano máistra:
--¿Y Taquito?... ¿Dónde vive?... ¡Hace mucho que no lo veo!
--Vive aquí... Ocupa, la planta baja...
--¡Mirá... qué suerte para usted!...
--¡Cómo no!... Sin embargo, ahor'andamos medio mal, por causa e mi chiquilina qu'está'prendiendo el piano...
--¡Ah!... ¿Lo molesta en sus estudios?...
--¡No! Es que la otra mañana vino el máistro y l'empezó a enseñar la introdución del himno nacional, qu'es tan bonita... En eso estábamos, cuando de repente l'oigo que gritaba de abajo... ¡Che!... ¿Querés decirle a la chiquilina que se deje d'embromar?... ¿Vos no sabés que yo n'oigo nunca el himno aplastao en una silla? ¡Desde hace dos horas me tiene de pie!
--¡Si no es nada, che, le contesté, es la niña qu'está con el máistro!... ¡Más bien no me hubiera óido!... ¡Vino a casa y lo puso al pobre don Domingo pior que si fuese un trapo e cocina, diciendo qu'era una indignidad andar manoseando la música de la patria y enseñando al pueblo a no tenerle respeto y que lo debían quemar por hereje y mal entretenido!
--¡Bueno, che... todo eso te prueba qu'es un desequilibrao!
--¿Y qué ganás vos ni yo con el equilibrio que tenemos?... ¿Vamos a ver?... ¿De qué nos sirve?... Él, con sus locuras, vive y engorda, y nosotros con nuestro juicio nos morimos de hambre... ¡Mirá, hermano... convencete!... ¡La gent'e juicio va siendo la cola'el mundo y hay que castigar pa ponerse a la cabeza, si es que se quiere andar limpio!...
DIVORÇONS... EN CRIOLLO
--¡Claro!... ¡Pa vos es de lo más sencillo que agarremos cada una pa nuestro lao, porque no pasás de ser una mujer inorante, que ni sabés valorar el marido que tenés, cuantimás guardarle las consideraciones y los respetos debidos!... Convencete, che... sos de lo más ordinario...
--¡Tan fino que sos vos... que no respetás ni el kerosene de la lámpara!...
--¡Tu madre... usab'alpargatas pa curarse de las muelas!... ¡La gran perra... con el destino que tienen algunos hombres...! ¡Cada vez que pienso que yo he sido medio pueta y que si no llegué a nada fué por haberte querido... me dan unos ímpetos y una rabia...! ¡P'cha qu'he sido animal...! Bien me lo sabía decir la madre de mi padrino... ¡Disparale al conventillo Manolo y vivirás en palacio!... ¡Y en lugar de dispararle m'encajé hasta las orejas...!
--¡Mejor sería que trabajaras a'nque fuera de changador... en vez de pasarte el día cargando monas al hombro, sin que te paguen un cobre!... Debías de tener vergüenza y dejarte de puesías...