Part 9
--¿A ver?... No, che, ¡que ver ni ver...! Apenas que te haga relumbrar de que tal vez seás mujer d'empliao cuando menos lo pensés... He pasao la noche en casa e Simón Ravena, ¿sabés?... el qu'era cochero e Pellegrini y hemos charlao de todo...
--¿Vos charlando con Pellegrini?... ¡Borracho!... ¡Canalla!
--Mira, Diolinda, no te olvidés de tu caráter, haceme el favor... Yo no t'he dicho que haiga pasao la noche con el dotor sino con Ravena. ¡Entendé!...
--Y ¿quién pagó las copas?...
--¿Ve?... ¡Éstas son las mujeres, caray!... ¡Una piedra que uno lleva atada en las patas!... ¡Y suba usté con semejante tramojo!... ¡Mirá! No me quemés la sangre, che, y andá arregláme la cama... ¡Es mejor!
--¿Que te arregle la cama?... ¡No te la'reglás vos con toda tu alma, perdido, embustero!...
--¡Bueno! ¡Mirá! ¡Calmate!... Te v'y a contar, pa que no se te reviente la yel con la curiosidá... Estamos formando un clú, ¿sabés?... un clú de hacha y tiza, p'agarrar empleos y p'armarnos como caiga... No te creas que yo he dentrao, llevao como mono e gringo, ni porque tenga cara linda, sino por mis cabales... ¡Soy del grupo, diretivo ¿sabés? de los que van en la punta, de los que tallan, m'hijita!... ¿Y a qué no adivinás a quién le debo mi suerte?... ¡Qué vas a adivinar!... ¡Se la debo a la lengua, che, y a naide más! Figuráte que dentro ayer al caf'e Manolín y conversando con un amigo me cuenta qu'en el gobierno andaban dando empleos a todo el que hablaba mal de la autoridá, porque querían prestigiarla... ¡Claro!... ¡Ahí no más ya l'empecé a sacudir cada chaguarazo desde Roc'abajo a todo el que caía a tiro!... ¡Pa mí no había congreso, ni ministros ni nada y vivíamos como entre los indios, pensando solamente en la barriga!... Habías de ver el efeto, che, ¡fué bárbaro!
--¡Claro!... ¡Te pegaron alguna patiadura!
--¿A mí?... Pero, che, ¡avisá si estás durmiendo y no tentés si querés morir de antojo!... Ni bien me oyó Ravena se me acercó y le comenzó a sacudir a Pellegrini porque lo había despedido... Y ya seguimos como bicicleta, che... y de áhi ya salimos pa l'Aduana y pa los corrales y pa todos laos... Y aquí me tenés de vuelta y con la garganta seca!
--¡Bueno!... ¿Pero dónde'stá el empleo?
--Pero, ¿no has entendido entonces?... ¡Hemos formao el clú pa'blar mal del que caiga y ya somos once juramentaos! Hay uno que dice qu'él no se calla si no lo hacen por lo menos diputao y que va'blar de Roca hasta que l'oigan los sordos y yo... ¡no te digo nada!... Yo v'y a ser el vengador de mi generación, che, que a causa'e Roca y de sus paniaguados, se ha tenido que refugiar en las confiterías pa'cer algo, porque en el gobierno no le daban calce... ¡Y aquí me tenés aura, encajao en la política y dispuesto a salir de pobre!... ¡Mirá, yo, de cortar e'cortar grande!... Si Roca quiere que nos callemos Ravena y yo, o nos hace guardacostas o diputaos y si no, lo desprestigiamos ante la sociedá y lo hundimos... no te quepa duda, Diolinda... Hoy, como decía el pardo Ramírez, pa subir hay que hacer escalera de la lengua y nosotros no seremos los primeros, ni los inventores del sistema, pero no hemos de ser los últimos... ¡No te murás, Diolinda, y verás dónde llegaremos los que aura crés vagamundo!...
--¿Vas a seguir todavía?... ¡Mirá, mejor es que te callés y te vas a dormir la mona!... ¡Sinvergüenza!
--¿Que me calle? El día'el juicio... ¡y a la tarde!... ¡Dejá correr el tiempo y verás adónde llego, che!... Aquí el tiempo no es de los mudos como en Uropa, Diolinda, y al que charla le hacen rai!...
TIRANDO AL AIRE
--Mire, don Antonio, que la muchacha lo quiere... Yo sé lo que le digo... ¿No ve que yo m'he fijao en lo que hace y que ya no soy una nena que se chupa el dedo?... Cuand'una muchacha como ella, tan señorita--porque no es porque sea sobrina de mi marido, pero es muy señorita--dentra a no encontrar nada que le venga bien y hasta echa p'al diario la pollerita'e dominguiar, no le quepa duda de qu'es porqueanda interesando...
--¡Así sará!... Ma... ¿qué quiere que le dica?... Io ho pavura de tute le donne dil paese!... ¡Ho visto tante purqueríe!... E dopo... ¿cosa saco io con tuto cuesto de l'inamoramiento?... ¡Macana!
--¿Cómo qué saco?... ¿Y qué quiere sacar? ¿Cre qu'el amor es alguna lotería?... ¡Mirenlón al hombre!... Gringo había'ser para ser interesao... ¡Si quedrá que le paguen también por tomarle el pulso!... ¡Habráse visto insolente igual!
--Ma... dícame un poco!... ¿Io me ha metido con la muchacha?... ¿Non e propriamente lei qui si venga in garpone e me fa di cuele murisquetite con il vestito... cosí e cosí... sorridendo e guardándome con cueli oquione safao e fachéndome ina cusquillería de la gran siete, proprio como si io fose di leño?... ¡Mira!... ¡Ho pasato con cuela donna la piú dificoltá de tute le ore di la mía vita!... ¡Bisogna habere ina forza dil diávolo per esere sicuro con cuela birbanta di mochacha qui fa bruchare il sangüe in cuel garpone maledetto!... E no e cuesto tuto l'affare, ¿sapete?... Dopo ha incominchato ina conversaziones con cuela maniera cosí simpática e cosí calda qui ha de parlare... e ma'fatto venire in cane di filo tremendo!... Propriamente, io, non sono ancora un vequio formone mellato e tanta afiladura m'ha fato diventar capace di farle la barba a lo stesso archivescovo... Io vi dico que cuesto non e vita, mía cara siñora!... Io non so buono per sofrire tuta cuesta bruchatura in corpo e restarmi cosí trancuilo. ¿Sapete bene?... Dun Antonio e dun Antonio, ma per cuesto non e il santo di suo nome!
--¡Bueno!... ¿Ve?... ¡Eso es amor!... Al fin me ha confesao la partida!... Como lo ha dicho muy bien, usté no es todavía un formón mellao y así le decía yo a la muchacha: “no te aflijás, m'hijita, el hombre es extranjero, pero te ha'e saber entender”...; y ya ve cómo no me había equivocao... ¡Una muchacha como ésa no es de desperdiciar, don Antonio!... ¡Buena como el pan, hacendosa, ahorrada... y linda com'una bendición!
--¡Ma... vedi... tuto cuesto mi guasta l'anima, per Baco!... ¡Cuesto e l'afare!
--¡Pero y si ella no le es indiferente y usté'stá seguro de que lo quiere, como que por usté dejó al escribiente aquél de la comisaría que le andaba arrastrando l'ala!... ¡Casesé!... ¿Pa qué andar con vueltas?
--Ma... cuesto e l'affare, mía siñora... io sono amollato da chincue ani in Italia...
--¿Casao en Italia?... ¡Gringo pillo!... ¡Mirá con la que venís a salirnos aura!... ¡Esto sí que se llama llevarse un chasco!... ¿Y por qué no hablaste antes, gringo condenao?
--Io voleva vedere... cosa facheva l'amore miracoloso... Ma... tute le donne hanno la estesa maniera di pensare... l'amore e il matrimonio... e niente altro...
--¿Y qué más querrá este condenao?... ¡Se necesita ser un gringo afilador pa crer que una muchacha como mi sobrina sea capaz de fijarse en él si no es pa casarse!... ¿Pa qué estarán los criollos?... ¡Aura mismo le voy avisar al escribiente que no habías sido lo que parecés... ¡condenao!... ¡Si hasta facha e'criminal en tu tierra te estoy encontrando... verás con quién te has metido a tirar tiros al aire!...
LA CAZA DEL CÓNDOR
Una hora hacía por lo menos que callaban nuestros fusiles y, sin embargo, los cóndores, desconfiados como coyas, revoloteaban todavía alarmados. Los pocos que se habían asentado en la falda del lejano cerro frontero se paseaban parsimoniosos y serenos, aunque evidentemente inquietos, a juzgar por el movimiento de sus calvas cabezas rojas y por la presteza con que ensayaban tender el vuelo cuando un ruido insólito llegaba a sus oídos o un detalle sospechoso velaba la nítida visión de sus ojos claros y penetrantes, que atisbaban, sin parpadear, la entrada de las grutas misteriosas y la sombra traidora de los peñascos o del medroso malezal. Recogida sólo a medias el ala diligente, caminaban ceremoniosos y graves, erguida la cabeza descubierta, como enlutados caballeros medievales, que en justa de apostura, lucieran su garbo y su donaire. Cada vez que se detenían, estirando el cuello, como ansiosos de recoger en el oído, para descifrarlo, el enigmático lenguaje con que les hablaba el monte y la llanura, parecía que tal no hicieran, sino mutuas cortesías reverentes: la tizona obediente a la presión de la mano sobre el pomo, alzaba en la contera la extremidad del manto caballero, las golas ondulaban con coquetería y las espuelas chirriaban acompasadas. Y desde el ras del suelo hasta donde el ojo alcanzaba en el infinito azul, se les veía: ya escoltaban rápidos y nerviosos la blanca nube pasajera que impulsaba el viento, o ya, sin batir el ala, describían un círculo fantástico sobre la masa obscura de las sierras, cruzando juguetones las anchas fajas luminosas en que el sol reía placentero.
--¿Usté cré que sólo le malicea a la oscuridá, señor?...--dijo con su acento característico el viejo gaucho cordobés que nos acompañaba.--¡No crea!... El cóndor es un pájaro muy astuto... Desconfía más del sol que de la sombra y a'nque puede mirarlo sin pestañar, se le hace que a contra luz s'escuende un enemigo y por eso pega la vuelta pa ver de todos laos... Sabe qu'el hombre es artero y que se lo ha de madrugar si le da un cabe...
--Pues si todos dan el cabe que han dado éstos, los cóndores morirán sólo de viejos.
--¿Ha visto cómo le matrerean al plomo, señor? Y eso que las balas son p'al cuero d'ellos como son p'al mío estas espinas de amor seco... Lo que les dentra lindo es el cuchillo...
--¡Cómo no!... Y el dedo en el pico les ha de entrar mejor... quizá.
Y convenimos, después de mucho conversar y sostenerme el viejo que “pa cazar el cóndor más valían las mañas que los fusiles”, en que al día siguiente cazaría para mí un cóndor vivo y que si ello sucedía, yo cambiaría su posesión contra cincuenta pesos.
--Cácelo ahora... ¿Para qué esperar hasta mañana?...
--Hay que hacer aprontes, señor... y además, el cóndor en ayunas no es tan fortacho... Al finao mi padre, qu'era de la gente de antes, cuando no había aquí en las sierras rifles de largo alcance como hay aura, le gustaba cazar los cóndores a mano... a lo indio... y sabía obligarlos a suicidarse...
--¿Y usted no le aprendió la receta?...
--¡Vaya!... ¿Y cómo no?... ¡Si es facilísimo!... No hay más que decirles una palabra en la oreja y ya'stá... Mañana de mañanita lo verá...
Y al día siguiente tuve ocasión de presenciar asombrado, el extraño espectáculo de una lucha singular entre la astucia y la fuerza, en aquel vasto escenario de las sierras, que alumbraba el sol naciente.
Llegamos a una quebrada pintoresca y dimos con un viejo mancarrón que pastaba tranquilo, discurriendo goloso entre el perfumado pastizal serrano.
--¿Ve?... Ese mancarrón, señor, me v'a servir pa carnada... ¡Ya verá cómo cain los cóndores al olor de la sangre y cómo los asonsa la gasusa e la madrugada, castigada por la vista e la grasita!
Entre el viejo y sus dos hijos degollaron el mancarrón inservible, le abrieron el cuerpo, extrayendo las vísceras, para dejar una buena cavidad, y le quitaron a medias la piel, tapando con ella, arrollada, la entrada de aquélla, entre la cual se deslizó el cazador, diciéndonos mientras se acomodaba, disimulando su presencia:
--Aura, vayansén pa la cueva, que los muchachos conocen y abra el ojo, señor, ¡pa ver una cosa linda!... ¡Escuendansén bien, che?... ¡Ya saben lo linces que son estos condenaos... y apurensén pa'yudarme conforme me vean parao!... ¡Voy a cazar el más grande!
Apenas estábamos instalados en nuestro escondite, cuando, apareció en el cielo un enjambre de puntos negros que a medida que avanzaba iba aumentando en volumen y en cantidad: parecía que los cerros enteros, desmenuzados, andaban en el aire. Los cóndores, majestuosos, volaban en círculo. Ya venían apresurados, batiendo el ala con presteza, o ya, serenos y como inmóviles, se detenían sobre el punto donde yacía el mancarrón y descendían rápidos a posar la garra acerada sobre el desmedrado costillar, o peleaban dos rivales, rezongando, por adueñarse de la cabeza, que parece ser bocado suculento, mientras otros hacían presa en las vísceras sangrientas y se las repartían a tirones. De repente un ruido formidable apagó los roncos graznidos entrecortados, se oyó un soplo de huracán, y al correr hacia la res vimos el enjambre gigantesco aletear desesperado para alzar el vuelo, impulsando el cuerpo remolón, mientras, allá, sobre el costillar casi pelado ya, forcejeaba por escapar a las manos hercúleas que sostenían sus patas negruzcas, un cóndor enorme, que el viejo cordobés sujetaba, sin salir de su escondite, temeroso a las injurias del pico sanguinario.
Pronto los mocetones hicieron presa en el cuello y en las alas, y con grave escándalo del enjambre que voltejeaba graznando sobre nuestras cabezas, quedó el cóndor como estaqueado. Era un magnífico ejemplar, que hedía a carroña y cuyos ojos fulguraban iracundos...
--Ya ve, señor, cómo más valen las mañas que los fusiles... Y es grande el condenao... Con razón por poco no me levantaba...
--¿Sabe que esto se llama hazaña, viejo?...
--No tanto, señor... pero los muchachos no hacen esto todavía... Y aura lo hagamos suicidarse a este roñoso... ¿no le parece?
Sacó el viejo una lesna del bolsillo de su tirador y al propio tiempo que traspasaba con ella ambos ojos del enorme pájaro de presa, los mocetones lo largaron...
Corrió un trecho, graznando de dolor y luego se remontó casi recto, siguiéndolo nuestra vista entre el enjambre de sus compañeros, que revoloteando en círculo lo rodeaban curiosos, pero que él no atendía y así se perdió en el infinito azul...
--No crea que v'a dir lejos... Aura, lo que se vea ciego, se descuelga desde las nubes a cuerpo muerto y se destroza sobre las piedras...
Y así fué. De repente lo vimos caer pesadamente, allá, en la lejanía brumosa de los cerros desiertos.
COMO EN FAMILIA
--Dígame, che... ¿usté tiene compromiso pa carnaval?
--¡Cómo no... señor!... Soy suplente quinto de la comparsa e Los Artesanos Florecidos y tengo un solo en el valse... ¡que da calor!
--¡No, hombre...! Le digo con el carro... Yo se lo contrataría pa los tres días y el entierro... ¿sabe?
--¿Pa dir al corso?... Vea, señor, pa que lo v'y a engañar... solamente muy bien pago dentraría por el aro... Al patrón no le gusta que los carros trabajen d'estraordinario... y después los caballos ¿sabe?... ¡sufren mucho!...
--Dejate de historias, che, y cantá claro... ¿Cuánto querés?
--Fíjese qué carro, señor... ¡Parece un coche!... ¡Y si viese qué yunta!... Ese malacarita, así como lo ve, con ese airecito e'dormilón, tiene un pecho y un arranque tremendo... ¿Conoce la barranca e'Santa Lucía?... ¡Bueno!... Aquello de qu'él para la cola y amoja las orejas es como p'acerles pito a los cuartiadores... A ese caballito lo quiso comprar vez pasada un amigo e'don Bartolo pa regalarseló p'al coche, pero no nos arreglamos... Esa gent'el gobierno, amigo, cuando es pa comprar con su plata, tiene más maña que gringo verdulero...
--¡Bueno!... ¡perfectamente!... ¿Pero cuánto querés?... Ten'en cuenta'ntes de pedir, che... qu'el malacarita parece qu'stá refriao y fijate qu'el de las varas tiene cara de aburrido.
--¿Refriao el malacara?... ¡No embrome, amigo!... El caballo es sano de pies y manos y eso que usté le'stá tomando por tos, es pura compadrada... Se compon'el pecho como avisándole al otro de que no le gusta lo que hablamos... ¿Quiere dar ochenta pesos?
--¿Ochenta pesos?... ¡Vos te han cáido de la luna, che, no te quepa duda!... ¡La gran perra!... ¡Si tenés novia no le arriendo las ganancias con ese modo e pedir!
--Pero, mire, señor... saque la cuenta! Es a vainte por noche... y no le pong'ora pa'acabar... ¿Que más quiere?... Fijesé qué pingos y no se olvide de que yo v'y a tener que privarm'e la comparsa y de qu'es casi'a la fija que me v'acer disfrazar...
--¿Querés sesenta?...
--¿Van a dir hombres solos en el carro?
--¿Y te crés que pa llevar machos v'y a gastar yo ese montón de plata?... Es pa la comparsa e “Las Moscas de San Cristóbal”...
--¡Ah!... ¡No señor!... ¡Qu'esperanza!... No rebajo ni un peso... ¡Mirá, llevar moscas nada menos qu'en el carro! Me van a volver loco los conocidos gritandomé zafadurías... ¡y eso no lo aguanto de upa!...
--No hablemos más, entonces... Yo, amigo, ofrezco lo que puedo y si no conviene... ¡paciencia!
--Vea... deme setenta y cerramos el trato... V'y a quedar con los Artesanos más pior que mantel de fonda...
--¡Pero vas a quedar con Las Moscas como vidriera e confitería!... ¡Si vieras qué gente la que forma la comparsa, che!... Tu carro v'a ser un cielo y lo vamos a'dornar como si fuese un altar... ¡Ah!... ¡Mirá! No te vayás a olvidar de darle pasto a la yunta... ¡Hacelo por la comparsa!
--¡Ni me hable!... ¡Ya verá quién es Molina sentandosé'n el pescante!...
--Y ya verás las muchachas... diablitas, ¿sabés?... ¡pero de aquéllas que no erran!... ¡Ya oirás los tiros!...
--Pues amigo... digalés que no apunten pa este lao, sino quieren que venga la policía... ¡La gran perra! Si se me hace que hasta el mismo malacara s'está riyendo e contento, pensando que ya me ve trenzao con el mosquerío!
DESERTOR
--¡A ver!... No me vengás con sonatas, che... ¡mirá que yo conozco a los rengos hast'en el modo e toser!... Y aura... contestá derechamente si sos vos o no sos el tal Antonio Rodríguez, alias La Catanga Chica...
--¿Pa qué se lo v'y a negar?... Yo soy Antonio Rodríguez... pero en cuanto a lo a Catanga no sé que me conozca naides por apodo semejante... a'no ser el gringo Tavolara, qu'es el que me ha denunciao, mostrandosé com'un chancho... ¿Pero a mí que se m'importa si no somos ni parientes?... ¿No le parece, señor?
--¡Bueno!... Piden tu captura desde Barracas y dicen que te han de hallar con pantalón de arpillera, muy ajustao... vestido de dominó y tocando l'acordión...
--¿Tocando l'acordión, no?... ¿Y con pantalón de arpillera?... ¡Perfetamente!... ¡Y así me han hallao!... ¿Y qué gana con eso Tavolara, vamos a ver?
--En el pedido de captura no figura Tavolara...
--¿Y qué v'a figurar, si él no es naides?... ¡Si es apenas un miserable zanahoria!... El que ha e pedir la catura ha e ser un tal Natalín... un gringuito colchonero, bajito y medio cecioso... qu'es el dueño e la comparsa de que yo me deserté...
-¡Ah!... Es por asunto e comparsas...
--¿Y si no?... De qué otra cosa v'a ser, siendo, como es, Carnaval... Yo'estaba los otros días en el caf'e doñ'Anita, cuando dentró Tavolara pa proponerme un negocio... Mirá, Rodríguez, me dijo... porque lo qu'es de Catanga no me trata ni mamao... tengo encargue de buscar, pa que haga yunta conmigo, un mozo, así, de tu altor... Es pa formar un camello, ¿sabés?... en esa comparsa e fieras que saca todos los años don Natalio Pestagali... ¡Claro!... Le rechacé la propuesta casi sin esaminarla, dijera el manco Centeno... pero él siguió machacando... ¡No se puede figurar lo qu'es el tal Tavolara de terco y de tesonero!... Mirá, hermano... no sabés lo que perdés, me decía ... Natalín es generoso y si hacemos buena yunta pa formar el animal, nos v'a largar vainte pesos... sin contar las convidadas... Y, fijate... Vamos a poder dentrar hasta en él _al_ de _La Prensa_.
--¡Ah! ¡Ah!... ¿ Vos eras, entonces, uno d'esos animales qu'iban llevaos por un persa?...
--No... Yo no era un animal entero sino apenas la mitá y la otra era Tavolara, que formaba cuestión... porque como yo soy más alto, tenía que caminar con el pescuezo encogido y cuando no perdía el paso, me olvidaba de un meneo pa la cola, la cabeza y las patas delanteras... D'eso nació la que me habían recomendado y ya sentía los bufidos que pegaba Tavolara y el palo de Natalín que me marcaba el compás, golpiandomé las canillas... Redepente me paré y no quise seguir más y ya se armó el batifondo... Tavolara, en la vedera, formaba un medio camello que parecía sentao y qu'estirara el pescuezo pa verse l'anca vacía, hablando con Natalín, desde abajo e l'armazón, mientras la gente se raia y aplaudía hasta rajarse... ¡Aquello era una comedia!... Al fin cay'un conocido y con él me reemplazaron, pero no s'hizo la cosa por causa e los pantalones, qu'eran d'esos de vidriero... hechos de género azul y con corte de bombacha... ¡Claro!... Les resultaba un camello qu'era una barbaridá... A ver,--dijo Natalín,--dele a éste los pantalones!... ¿Yo?...--le contesé secamente pa aguantar mejor la risa...--¡cómo no!... Aurita me v'y a quedar con las canillas al aire nada menos qu'en el corso... Me ofrecieron cinco pesos y allí no más sobre el pucho, se los rechacé indinao, declarando francamente que si no me daban diez yo no largaba la prenda... La gran perra... ¡qué alegamos!... Pero el gringo no largaba... Al fin cay'un vigilante y yo me les deserté e miedo que me agarrasen pa'cerme algun'echuría sin pagarme ni un centavo...
--¡Bueno!... ¿Y cómo siguió el camello?
--¿Y yo cómo v'y'asaber?... ¡S'iría de patas azules y tranquiando despacito, como quería Tavolara pa lucir su habilidá!...
LA YUNTA DE LA CUCHILLA
A medida que el galope de mi caballo me acercaba al rancho que ocupaba la comisaría, desmantelado y miserable a pesar de su carácter oficial, mis pensamientos se modificaban.
--¡Malo!... ¡Malo! Rancho en que no se ve ni un arbolito y donde los postes del guarda-patio y del palenque los han rajado en pie para quemarlos, no puede ser cosa buena... Mejor sería quizás que pregunte por alguna pulpería del pago y me vaya a alojar en ella... Aquel tape barrigón que está debajo del corredor chupando su mate y mirando como le rasquetean el caballo, ha de ser el comisario...
--Buenos días le dé Dios, señor...
--¡Buenos!... Apéese si gusta, amigo...
--Mil gracias, señor... Vengo únicamente para preguntarle si no hay por aquí alguna pulpería donde poder hacer noche...
--¡Cómo no!... ¡Che!... ¿Rodríguez?--exclamó dirigiéndose el que rasqueteaba el caballo, que con su atuce en redondo, su cola al garrón y sus uñas recortadas con coquetería, estaba indicando a las claras que era parejero de comisario, o lo que es lo mismo, pingo que no perdía carrera a no ser que al dueño afortunado le conviniese.--No t'he dicho que no me lo rasquetiés así ¡con mil demonios! ¿o tenés ganas de dir a parar al cepo?... ¡Avisá si te anda pidiendo el lomo!... ¡Sí, señor!... Allisito en aquella cuchilla, hay una pulpería de unos gringos... pero es una yunta de desconfiarle... Ya se ha'blao de pasajeros desaparecidos y son cuatrerísimos y como zorros pa las gallinas ajenas... ¡Así tamién v'a ser la cepiada si yo los agarro en una!... ¡Che... Rodríguez!... ¿Cuál de los dos gringos de la pulpería es el que dicen que se comió una familia en Italia?
--¡Parece que fué el grandote... comisario!... Del otro, del peticito, tamién se dice qu'está condenao a muerte... pero nosotros no tenemos requisitoria de ninguno...
--¿No ve, señor? És'es el escribient'e' la comisaría y conoce el pago mejor que yo, que recién he dentrao a este servicio... ¡Che! ¿Rodríguez?... Ese caballo está entumido, me parece... ¿A ver?... ¡Hacelo andar!... Afloja una pata, che... ¿o es ilusión mía?... ¡Ah! ¡No es nada!... ¡P'cha que le tengo miedo a un calambr'en esta carrera!... ¡Che!... ¿Rodríguez?... ¿Querés un mate?
--¿Y podré encontrar alojamiento en la pulpería... señor?
--¡Che!... ¿Rodríguez?... Este señor pregunta si podr'hallar alojamiento en la pulpería... ¿Qué te parece?