Chapter 2 of 18 · 3880 words · ~19 min read

Part 2

Apercibido el sapo de la merma que sufría su prole, buscó al avestruz y lo retó a duelo, mereciendo de éste una sonrisa de desprecio que le alcanzó al alma, si acaso la tenía.

--¿No quiere pelear?... ¡Pues le corro una carrera, entonces!

Nueva sonrisa del avestruz le valió la petulancia.

No obstante, tanto insistió y tanta propaganda hizo contra el rey de la tierra, que éste, como por ironía, le aceptó su desafío.

Correrían, en el primer día de la próxima primavera, un tiro de una legua en cierta llanura donde el avestruz acostumbraba ejercitarse de continuo: en la raya se pondría un mortero, en cuya parte hueca se sentaría el ganador bien que esto último no fuera condición obligatoria para el sapo, y como precio, arreglaron que si el avestruz triunfaba, el sapo sería su esclavo y le salvaría sus nidadas del latrocinio de los ratones que las perseguían, y si el sapo era el ganador, el avestruz no mataría ni comería jamás a ningún ser que llevara su sangre, pudiendo, no obstante, matar a cualquiera de los que admitieran sus requiebros y amoríos.

El sapo, llegando el día y lugar de la cita fué a los pajonales, reunió un centenar de los suyos y dándoles sus instrucciones secretas, salió con ellos ocultamente, algunas noches antes del día fijado para la carrera que iba a decidir de su porvenir y del de su raza.

Llegó éste, hermoso y alegre como son en Entre Ríos los días primaverales, sorprendiendo ya en el punto de partida al sapo--ventrudo y pesado--que parecía contra su natural, ansioso y anhelante, contrastando con su esbelto rival, que con aire zumbón gambeteaba sobre el llano, luciendo la agilidad de sus músculos y la sutileza de su espíritu, inagotable para suministrarle formas de engaño con qué burlar la expectativa de sus perseguidores o adversarios.

Dada la señal de que los rayeros--el peludo, símbolo de la justicia, por lo lento probablemente, y la tortuga, personificación de la perspicacia y la reflexión--estaban en su puesto así como el mortero que serviría de asiento al ganador, se largó la carrera, constatando el avestruz, con sorpresa creciente, que por más que acelerara su marcha, siempre saltaba adelante suyo y a poca distancia, su ventrudo adversario.

Cuando llegó al mortero y se dejó caer pesadamente en el hueco que le servía de asiento y a cuya forma se adaptaba admirablemente su cuerpo, oyó que el sapo le gritaba desde el fondo:

--¡Cuidado, amigo... mire que hay gente!

Con pesar reconoció el avestruz petulante su increíble derrota y nunca sospechó que su adversario le había ganado con más ingenio que celeridad, pues había escalonado a lo largo del camino muchos de sus congéneres, que tenían por misión saltar delante del ágil adversario, a medida que éste avanzara, ocultando dentro del mortero un su hermano, que más que sapo alguno se le parecía, y que era habilísimo en parlamentos y discusiones.

El avestruz vencido juró respetar la prole de su vencedor y hacerla respetar de los suyos, y éste a su vez, por caballerosidad, ya que el contrario no le obligaba, prometió al avestruz cuidar sus nidadas, que el ratón--por otra parte su enemigo personal por cuestión de mujeres--perseguía encarnizado.

Desde entonces el avestruz no mata ni come sapos ni alimaña alguna que con éste tenga parentesco, ya sea legal o ilegal, y el sapo se hizo el guardián de las nidadas de aquél, y por esto, y no por glotonería ni por amor a las moscas,--que atraídas por el huevo que con el fin de reunirlas, para alimento de los recientes polluelos, reserva siempre sin empollar el avestruz clueco--como algunos maliciosos suponen--fué que el sapo tomó sobre sí la odiosa comisión que ha cumplido tan fielmente.

Este odio tradicional, del cual el hombre se apoderó más tarde por la indiscreción de una araña charlatana, es el que ha servido al agricultor para defender sus trojes de la voracidad del astuto roedor: local donde se encierran sapos queda libre de ratones aun cuando contenga montañas de maíz fragante y tentador.

TIERNA DESPEDIDA

--Ya te lo he dicho, Natalia, y no me obligués a que te lo repita... Vos estabas güeña pa mujer de cuartiador, no digo que no, pero pa mujer de vigilante te falta laya... Suponé que te tenga que presentar al sargento e mi cuarto, u al oficial, u a alguno de los compañeros... ¡Ponéte en el caso y contestame! ¿Qué pensarían de un agente que trompezaba tan fiero?... Tal vez lo tomarían por zanagoria de algún circo e pruebas u por organista e la calle... ¡No, no!... ¡Convencete!... ¡Devolveme mis pilchas y hoy u mañana si necesitás protección no te olvidés de que Pedro Gorosito supo quererte y de que no se marea ni aunque lo hagan cabo primero!

--¡Mire el discurso!... ¿Quién había e figurarse, roñoso, que llegarías a creerte gente?...

--Mirá, Natalia... respetá a la polecía... ¿sabés? y no subás la prima porque la vas a embarrar...

--¿Yo?... ¡Vaya!... Mirá... te lo digo con franqueza, ¿entendés?... Podés dirte cuando se te antoje y llevarte tus murriñas... Cuidao no me vayás a dejar en lo oscuro... Veanlón al roñoso que porque se priende un machete y se pone guantes los domingos, ya se cre igual a don Bartolo... ¡Miren qué traza!...

--¡Che, che!... ¡Pará el carro y no arrugués, que no hay quien planche! No te olvidés que estás hablando conmigo, ¿eh?...

--¡Buena tripa pa chorizo!... Mirá llevate tus cosas de una vez y mandate mudar: a'hi al lao de la tina están tus chancletas y abajo e la cama tu chapona y la única camisa que tenés...

-¡Ah! ¡Ah!... Aura salimos con ésas... ¿eh? ¿Conque no tenés prendas mías, no?... Mirá, Natalia, no seas chiflada y atendé la razón... No me tomes pa cadenero; ya sabés que yo soy de esos que no se estiran; ¡no me hagás que dentre ande no quiero dentrar!... Devolveme mis pilchas y sigamos de amigos, ¡qué diablos!... ¡Tal vez, m'hija, toavía te sirva de algo... ser amiga de un agente, che, no es cosa de tragar así no más... sin mascar!

--¿Y qué prendas tenés aquí ni en ninguna parte...? ¿Si estarás soñando que sos tendero?... Atendéme y entendé: en este cuarto ni tus puchos pa recuerdo... ni tu sombra!... Y no creas que no me alegro, porque al fin pa tener pulgas y no sentir comezón, vale más sacudirse la pollera... ¡Conque así, mi hijito, andá, acercá tu miseria a otra más necesitada!...

--¿Y mi pañuelo e seda?

--¿Pañuelo e seda tuyo? ¿Diánde vas a sacar? Ése que usabas era mío ¿no te acordás?... ¡Bueno! ¡era mío!... ¿Y sabés quien me lo dió?... ¡Bueno!... Uno que vale más que vos, ¿sabés?... don Santiago el botellero, que anda como pichicho por mí!

--¡Güen gringo, chancho!... Mirá, ni me nombrés a ese gringo, Natalia, si no querés que haga una barbaridá... Y aura escuchame lo que viá decirte, ¿sabés?... Yo me voy de tu lao, pero si llego a saber que el botellero dentra a llevarte el apunte, vengo un día y ni aunque me den de baja...

--¡Qué vas a venir, roñoso!... Aura cuando salgás de aquí, te tragás el machete y comenzás a caminar solo como el elétrico... Hasta Roca te va a parecer enano... ¡cuanti más el botellero!...

EN LA COMISARÍA EL MARCHANTE MÁS ANTIGUO

--¡Ah! ¡Ah!... ¿Otra vez?... ¡Pero hombre!... ¿para qué andás con cumplimientos?... ¿Por qué no te alquilás un calabocito?... Te lo daremos barato...

--Ya veo... ¡hum!... por lo diablo ha de ser el comisario el que habla... ¡hum! Yo ni aunque esté más chupao que caramelo, conozco al gobierno!... ¡Mirá!... Pa ser bicho y tener dentrada hasta en las confiterías, basta ser autoridá... Y los comisarios cómo se ponen de vivos en cuanto les cuelgan la medalla!

--¡Che! ¡Che!... ¡Mirá!... No te pasés de pato a ganso y aunque estés borracho, acordate de que tenés madre, ¿no?

--¡Orst!... ¡Y si es verdá! ¡Vea!... Yo me llamo Agapito Giménez y me criao frente a lo del coronel Dantas... ¿Sabe?... En la parroquia de la Concesión y al lado de casa vivía un muchacho que se llamaba Aniceto, que era brutísimo y sonso y comilón de manises y además ahijado del coronel... Todos decían en el barrio qu'iba ser de los de la Convalecencia porque era golpiau de la cuna... ¡y les pegó un chasco de órdago!... Se metió en política y ¡qué se yo! y un redepente, ¡zás! lo nombraron comisario del Tuyú... ¡Y viera lo diablo que se puso!... Lo que tenía güen sueldo, le brotaban las gracias como granos... sin hacer ruido... ¡Pucha con el Agapito!... Me sabía contar mi compadre don Ruperto, que se jué de cabo con él, que daba gusto ver las travesuras qu'idiaba todos los días y cómo hacía perecer de risa a los empliaos y de rabia a los vigilantes, pues con tres hacía el servicio de veinticinco y se guardaba los sueldos!... ¡Era diablísimo!

--¡A ver... a ver! Metan adentro al loco este... que si no lo vamos a tener que convidar.

--Gracias, comisario... ¡Yo tomo sin soda!... Así no más... ¡hum! giñebrita pelada... ¡Orst! No arrempuje, vigilante... ¡espere!... ¿Qué?... ¿no ve que estamos conversando con su jefe?... Aprienda a respetar... ¡Caramba con la gentesita esta!

--¡Bueno... Siga pa dentro!

--¡Qué bárbaro!... ¿Te crés viá dir pa'juera?... Mirá; por esta cruz, ¿ves?... no te vas a dejar dar de baja... vos estás destinao pa manate... Vea, comisario... ¿y cuándo me va a largar? Yo estoy conchavao con un pianista pa arrempujarle el istrumento y si me dejan aquí voy a perder el acomodo...

--Luego... si pagás la multa.

--¡Cómo no... si fían!... No tengo más que cinco pesos... ¿Por qué no me hace una rebajita, comisario?

--¡Bueno!... ¡Siga pa dentro!

--¡Esperate, hombre!... ¡Permita Dios que por apurao se te caigan los dientes... de comer queso!... Mire, comisario, ya sabe que soy chupador pero güen hombre... Tenga consideración... ¿l'oye?... Piense que soy el marchante más viejo e la sesión!...

ENTRE DOS MATES

Y el viejo capataz, que ha andado a campo toda la mañana, acompañando al patrón en una de las raras recorridas que suele pegarle a su estancia, a la entrada de cada estación, para ver cómo vienen los pastos y pesar con sus ojos de ganadero práctico los kilogramos de gordura que tiene la hacienda, aprovecha la oportunidad de una parada en las casas para reconfortarse el estómago con un par de amargos, cebados por la mano primorosa de doña Petrona, la cocinera de la familia propietaria y su amiga vieja, con quien le gusta de vez en cuando echar un párrafo sabroso, haciéndola platicar sobre sus desventuras matrimoniales, que son de pública notoriedad, y que él se permite echar a la chacota, como estimulando su verba maliciosa y picante, que lo mismo se ensaña en doña Graciana, la mujer del arrendatario, que en los melindres de la patrona.

Y ha llegado en buen momento, a juzgar por la cara avinagrada de su amiga, que si bien le alcanza el mate, entre sonriente y grave, muestra en su ceño adusto y en el relampagueo de sus ojitos negros y lucientes, que una tormenta ruge en su espíritu próxima a estallar.

El gaucho, socarrón y malicioso, saborea en silencio el primer mate, observando como al descuido la cara de la cebadora y piensa para sí en que quizás la visita matinal de la señora a cacerolas y fogones habrá valido a su guardiana lo que le valieron él, a la misma hora y de parte de su patrón, unos alambres flojos hallados allá en la linde del campo o unos corderos muertos hallados a la salida del cardal, y que eran prueba manifiesta de desidia y abandono.

La verdad es que hay días que parecen consagrados al diablo y que, en ese caso, lo mejor es echarse el alma a la espalda y buscarse diversión barata a costa de cualquiera que esté dispuesto a tomarse a lo serio las contrariedades de la vida.

Y al recibir el segundo mate, no pudo menos que sonreír, mirando el aire preocupado de la cebadora y quedarse mirándola con aire bonachón...

--¡Orst!... ¿Qué me mira?... ¿Se cree que soy figurita?

--¡Qué ña Petrona, ésta!... ¿Con que al fin la dejó mi compadre?

--¿La dejó?... Seré hilacha, acaso, pa que me deje cualisquier rotoso...

--No digo tanto... cuanti más que sé de alguno que anda perdiendo el poncho por usté... Y así le decía siempre a mi compadre cada vez que la vía con su pollerita cortita, de aquí p'allá en los trajines de la cocina: “!Mire, compadre... conserve esa prenda, que es un tesoro!...”. Y mi compadre se reía no más, y moviendo aquel dedo mocho que tenía en la zurda, me decía que no sabía por qué lo quería tanto usté, y que cráia que juera por el olor a caña que siempre le tomaba...

--¿Qui arrastrao!... ¿Conque eso le decía?... Mire, compadre... lo que me está hablando, estoy recordando a doña Eloya, la puestera de la costa, que supo ser su consentida... aquélla que se le juyó al marido dejandolé todos los hijos... ¿se acuerda?... La pobre me decía siempre, pensando en lo que usté la quería: “!Qué hombre, ña Petrona, es su compadre!... Por lo querenciao, parece que se hubiere criao guacho... De aquí de casa no sale mientras hay yerba o un churrasco colgao en la ramada...”.

EL AHIJADO DEL COMISARIO

--¡No, che; eso sí que no! Ni como agente, ¿sabés?, ni como amigo, puedo encontrarte a bien que seas ingrato con el comisario... ¡Como quiera que sea, él te ha criao ¿sabés?, y te ha hecho gente!

--¡Si te mamás... con soda!... ¡Ti ha criao!... ¿Diánde... me hablás que no te oigo?... Yo, ¿sabés?, dentré ya grande a su casa... muchachito e servicio... que ya se ganaba su bifecito... Y me han sacao el jugo con el cuento de que era ahijao de confirmación... ¡Pucha con la crianza cara!... Le he servido de mucamo, de cocinero, de caballerizo y del diablo, quince años... y aura salimos conque tuavía estoy enditao... ¡Estás loco, hermano... y tu mama no sabe nada!

--Mirá, Mamerto, vos tenés mucha letra menuda, ¿sabés?... pero conmigo es al ñudo... Ni a'nque te lambás el cogote me vas a hacer crer que sos pruebista... ¿Quién te ha enseñao lo que sabés, vamos a ver?

--¡Lo que sabés!... ¿Y te crés que si yo toco la guitarra u mi hago ver en el redoblante se lo debo a él ni a naides?... Es de óido m'hijito y de afición y más bien se lo debo al sargento Nemesio que m'hizo dentrar en “Los caminantes de Balvanera”. Yo, ¿sabés?, ¿querés que lo confiese? no les tengo rabia ni al comisario ni a la señora... pero a la suegra, ¡que Dios permita que la reviente un tránway!; no la puedo aguantar, che... Si me tenía todo el día como mascada e loco, de un lao para otro, buscándole tul de cinco centavos la vara pa remendar la pamela u fresadas di a peso u carreteles d'hilo di a vainte la docena.

--¡Bueno!... Pero ésas son cosas no más, hermano... En ninguna parte vas a estar como en lo del comisario... cremeló.

--¡No, che!... ¿qué querés?... aura vi'aver si puedo vivir solo un tiempito, enseñándole a mi loro a cantar el hino nacional y después veremos si me hago nombrar ispetor d'impuestos internos como lo han nombrao al hijo e Bachichín...

--¡Bah, bah, bah!... Mamerto, mirá, te lo digo endeveras, ¿l'ois?, por esta cruz, ¿ves?... Vas a dir a parar a la casa e locos... ¡Che, che! ¡Mirá, como el hijo de Bachichín!... Bien decía el comisario que a vos te daba por hablar solo y espantarte las moscas en l'oscuro...

--¿El hijo de Bachichín?... ¡Gran cosa!... ¡Un animal que no sabe ni acompañar un paso doble!... ¡No embromés, hombre!... Dejá que yo dentre a la orquesta e la Ópera y vas a saber cuántas son cinco... Hasta me van a sacar en los diarios y tuavía lo vi'a dejar al comisario con la boca abierta...

--Tu mama vendía alfajores... ¡Qué bárbaro...!

--¿Bárbaro?... Y qué más que yo han sido muchos de ésos que figuran?... Vamos a ver... ¿Quí ha sido el mismo comisario?... O te crés que yo no lo conozco al gringo tuerto que lo tenía e pión en los Corrales? Mirá, hermano, vos nunca has de ser nada, ¿sabés?... sos de los que se contentan con pitar un cigarro negro y se sienten orgullosos porque los saluda el oficial.

--¡Che, che!... ¡Mirenlón!... Y vos sos de los que corcovean con el chorro en el hospicio a juerza de ser diablos y advertidos... Bueno, pues, ya sabés mi opinión, hermano... Acordate de que el comisario es tu padrino y de que mal que mal él te crió...

--Pucha con la crianza, más cantada que la milonga!... Cualquiera crería que el comisario al criarme a mí lo hubiese criao a Liandro Alén!...

--¡Oigalé!... ¡Pise juerte y no tenga asco!... ¡Pucha con el Mamerto!... ¡Pa pegarte no t'iguala ni la mugre!

CADA CUAL SE AGARRA CON LAS UÑAS QUE TIENE

La lechuza, agorera de la muerte para nosotros los de la edad presente, era para los de la edad remota,--que zurcieron el poema en que a los animales se atribuyen las prerrogativas de los hombres--, mensajera de amores y de enredos y quien preparó con sus hábiles manejos la extraña boda de la nutria y el jabalí, progenitores del carpincho, en unión con su comadre la vizcacha, personificación de la avaricia que proporciona la comodidad de sus barracas subterráneas a todos aquéllos que pertenecieran a este mundo, pues desde la noche el agua en que se revolvía había sufrido una merma considerable,--vió de repente acercarse con cautela a su amigo el gato, que andaba a la pesca de un bocado apetitoso:

--¡Hola, compañero!... ¡Acerquesé!... ¡Mire cómo está su amigo!

--¡Hombre, hombre,--dijo el gato, atusándose el bigote--; ¡cómo lo encuentro, compañero!... ¿Y qué tal la señora?

--¡Vea!... No estoy para informes ahora... ¿Quiere hacerme el favor de arrastrarme hasta por ahí donde haya agua?... ¡Me estoy ahogando en seco!

--¡Cómo no, bagre amigo... ya lo creo!... Vea: monte a caballo sobre mi y lo llevaré hasta allí, frente aquel barranco donde hay un pozo profundo.

Y pronto comenzó el gato a trotar con su jinete, que se agarraba con las aletas y echaba el alma tosiendo:

--¡No tan ligero, por vida suya!... ¡Espérese que me caigo!

Y de repente el gato, dando un brinco, exclamó encolerizado.

--¿Qué es eso, compadre?... ¡Me está taladrando las costillas!

--¡No, compadre; es que me agarro!

--¿Que se agarra? ... ¿A ver si larga?... ¡Orts!... ¡Esto sí que está bueno!... ¡Largue, compadre, o lo estrello!

Y el bagre, en silencio, aguantaba los brincos de su cabalgadura, exclamando entre dos golpes de tos:

--¡Si no es nada!... ¡Me he afirmado con la espina no más!... ¡Siga un poquito que ya llegamos!

--¡Bueno!... ¡Saque, amigo!... Que me aujerea el costillar!

--¡Pero hombre, usted me desolló el lomo la vez pasada y yo no grité tanto!

--¡Fué con las uñas amigo, que es distinto!

--¡Hombre!... ¡Yo me afirmo con la espina no más!

Y como en ese momento llegaran a la orilla, el bagre pegó un salto y cayó al agua, exclamando mientras el gato se revolcaba en la arena desesperado:

--Amigo, en este mundo cada cual se agarra con las uñas que tiene... y no hay vuelta... Ya lo sabe para otra vez, como lo sé yo.

FILOSOFANDO

¡Yo no he visto en mi vida, caballos más animales que los míos! Había'estar yo en su lugar y me habían de sacar del pértigo ni aunque juera pa un resuellito y ya vería el carrero cuántas eran treinta y tres en un revite apurao... ¡Ni a bola me agarraba naides, sino con la panza llena!... ¡Y esos condenaos, naca!... ¡Los largo y ahí se quedan con la jeta caída y sin ganas ni de mosquiar... ¡Juna perra!... No es por decir, pero parece que jueran jueces de paz o comisarios y que el carro les debiera la patente... No; pero a mí no me pita ningún ñato por más narices que tenga... O estos mancarrones comen aura que no me cuesta nada o luego revientan de hambre!... ¡No hay vuelta!... ¡Ellos podrán ser todo lo trompeta que quieran y me ganarán a pillo y a condenao... pero lo que es a bruto, ni aunque se mamen la oreja!... ¡Mirá con quién se han metido!... Yo les vi'a enseñar lo que no les enseñó la madre y les he'probar como le probé a mi compadre ño Grabiel, que yo puedo ser carrero y pobre aperiao, pero que soy hombre de carácter y que si no he llegao al gobierno no ha sido por falta de ganas... ¡Caramba!... Parece increíble pero es verdá... ¡Lo que no se ve en este mundo no se ve en ninguna parte!... ¿Y qué vi'a decir de los mancarrones porque no quieren comer aura que tienen pasto?... ¡Si yo soy igualito!... ¿No la tengo ahí abandonada, como rancho viejo, a Petrona mi mujer... una criolla linda y en unas carnes que li hacen hacer agua la boca a cualquiera y ando al trote atrás de ña Marica la puestera, que es una garra e cuero y que de yapa no me quiere?... Si uno es ansí no más... ¡canalla y mal enseñao!... ¡Juna perra!... La verdá es también si uno deja que hasta los caballos hagan su gusto ¿ande vamos a parar?... ¿Quién diantres le va a hacer entonces el gusto a uno?... ¡No, no!... ¡Dejemosnós de pavadas!... Al fin los mancarrones son mancarrones y uno es gente... Que pastéen no más aunque no tengan ganas, que no están los tiempos como p'andar tirando la plata al ñudo en mantención de sotretas!

ENTRE AMIGOS

--¿Qué... me decís, che?

--Como l'ois... ¡Si h'andao ajuera!... por Lincon!... ¡M'e pasao una semana di arriba, acompañando a Mauro, mi primo, que se casaba!... ¿No ti acordás de Mauro... aquel muchacho achinao, grandote, que siempre m'iba a esperar a la salida del trabajo?

--¡Ah!... ¿Un picao de vigüela, medio poeta, que cantaba fierísimo y siempre andaba componiedo milongas?

--Ése es... ¡Bueno, ese muchacho se fué al campo y ganó platita, che... y aura se casaba... ¡Si vieras cómo m'he ráido!... ¡Que cosa bárbara!... Ti aseguro que ha sido mejor qu'el circo aquello... La novia era un bagrecito... pero rellenito ¿sabés?... hija única di un napolitano petizo que junta güesos en el campo y tiene una tropitas e carros... No sé cómo diablos l'hizo caso a Mauro que es brutísimo y le da por hacerse el dotor... el hecho es que se casaban y que cuando vino a comprar la ropa para ella y para él, me convidó y nos fuimos... Si vieras las fiestas qu'hicieron en la chacra... ¡Qué carnaval ni qué demonios!... Hubo baile con alfombra y chocolate y estuvieron varios mozos del pueblito, medios cortos de genio, que se llevaron un chasco bárbaro. Creyeron que habría muchachas y no hallaron sino cuatro napolitanas viejonas y jediendo a asáite y una viudita criolla, pasadita e la raya, pero siempre mejor que nada.

--Y... ¿claro?... Vos te le habrías pegao ya...