Chapter 6 of 18 · 3935 words · ~20 min read

Part 6

--¡Bah!... Y siempre que este cuadro ha venido a mi memoria, a través del tiempo, he tenido sobre mi labio, lo confieso, una palabra dura, expresión de un pensamiento dañino, para aquel dependiente endomingado que tuve la desgracia de ver en el cuarto de hora más dichoso de su vida y que me persigue hasta el extremo de haberse hecho retratar en el más bonito cuadro que adorna el taller del pintor más colorista de Buenos Aires.

DONDE LAS DAN LAS TOMAN

Don Mauricio recogió las piernas, que había estirado a ambos lados del fogón, y luego de atizar su cigarrillo con la uña del pulgar, parsimoniosamente, exclamó, mirándome asombrado:

--¡Ah! ¡Ah!... Usted no sabe la historia de la víbora y el tigre, y, sin embargo, es dotor... ¿Qué será lo que sabe, entonces?... Dejuro qu'es de libros no más...

--¡Justamente, don Mauricio... de libros! ¿Y sabe una cosa?... Cada día me convenzo más de que no sé nada...

--¡Dejuro! Si pa enseñar cosas no hay mejor escuela que la vida... ¡Oiga la historia y la verá!

Y el viejo me refirió la extraña fábula, que él, a su vez, había oído de otros labios, allá en su mocedad.

Diz que un día una tormenta espantosa asoló la tierra. Volaron los ranchos de los hombres, los arroyos y los ríos, se derramaron sobre el llano, inundando las cuevas más profundas, derribando los árboles más vigorosos y destruyendo los nidos inaccesibles.

Los animales, aterrorizados, chapaleaban el barro líquido y trepaban sobre los troncos caídos, guareciéndose entre la hojarasca en promiscuidad con los reptiles y los pájaros, a quienes los peces burlaban, vengándose de las bromas de otros días, cuando la seca prolongada había hecho peligrar sus vidas en los arenales sedientos que crecían a medida que disminuían las probabilidades de salvación.

Cuando la tierra quedó transitable, el tigre, que se tenía por fuerte, echóse al campo a socorrer necesitados y a aliviar desgracias.

Cruzaba una isleta centenaria, que había sido descuajada casi en masa, cuando de repente hirió su oído una angustiada voz:

--¡Socorro!... ¡Auxilio!... ¡Una pobre señora está en peligro de muerte!

Apresuró su paso, y bajo el pesado tronco de una palma caranday encontró un curiyú que con tono quejumbroso, le refirió su desventura:

--Como sabe, compadre tigre, yo soy señora sola y muy temerosa de los truenos, hasta el punto de que todo es descomponerse el tiempo y ya me siento mala... En esta tormenta he sufrido lo que no puede imaginarse... Conforme paró el agua, salí a dar una vueltita, y de repente me sorprendió este árbol que se caía y que me apretó... ¡Yo creo que me ha roto algo!

Y la serpiente se retorcía desesperada, lamentándose de carecer de fuerzas para librarse, debido a su estado de extrema debilidad:

--¡También, no es para menos, compadre, tres días sin probar bocado!

El tigre, compadecido, alzó el pesado tronco, y la serpiente escapando de su prisión, se estiró para probar la integridad de su persona y cuando se hubo cerciorado de no haber sufrido detrimento, se enroscó en el cuerpo de su compadre y trató de ahogarlo con sus anillos.

El tigre, sorprendido, rugía de rabia, declarando, que su comadre era una perfecta canalla, que en vez de darle las gracias por el servicio que le había prestado, trataba de sacrificarlo:

--¿Y sinó?... ¡Ya lo creo!... ¡Donde hay hambre no hay poesía!

Un zorro que pasaba oyó la controversia y se acercó con curiosidad.

--Venga, amigo zorro--dijo la serpiente.--¿Si usted estuviese dos días sin comer y pasara a su alcance un buen bocado, usted lo desperdiciaría por consideraciones filosóficas más o menos discutibles?

--¿Yo?... ¡Cómo no!

--¡Pero amigo zorro... oiga y verá! Esta señora estaba apretada por ese palo y pedía socorro, desesperada. Yo la oí y la ayudé y el pago que me da es el que usted está viendo.

--¡Claro!... ¿Y cuál otro quiere que sea?... Los servicios se hacen completos, amigo, o no se hacen.

--Eso es lo que yo digo--replicó la serpiente,--o se hacen completos o no se hacen: eso es hablar.

--¡Es una canallada--rugió el tigre,--pagar un favor con un mordisco!

--No tanto, no tanto... Yo se lo probaré. Vea, distinguida amiga, volvamos a poner las cosas como estaban a fin de juzgar mejor.

Y la serpiente, que era animada, evidentemente por un espíritu discutidor, se dejó arrebatar por la persuasiva palabra del zorro, abandonó su presa y se dejó colocar encima el pesado tronco.

Cuando el zorro estuvo seguro de tenerla aprisionada, se colocó gravemente al lado del tigre, y exclamó:

--Vamos compadre... y sepa que no conviene meterse a salvador de víboras... Cuando encuentre alguna en un aprieto, déjela donde está. ¡Se ahorrará muchos disgustos!

CENTENARIOS DE HOJALATA

--No te aflijás por los años, che... ni porqu'esté puertiando otro siglo... afligite más bien por los pobres güesos que, amojosaos y todo, no se quieren despedir.

--¿Yo?... ¡No, che!... Yo no me aflijo ni por los años ni por los güesos, que al fin de cuentas y bien mirao, les he sacao más jugo del que tenían, sabiendo qu'eran prestaos... ¿Sabés l'único que a mí me'mbroma?... ¡No lo creerás!... ¡Es verlo al tigre sin dientes y mirando la carniada! Eso de que veo pasar junto a nosotros el tropel de la vida y escucho el taloneo de los que bailan y me llega a la nariz el olorcito'el churrasco... ya se m'empieza a'cer agua la boca, che, y me dentra como a modo de una rabia grandísima y aborrezco la humanidá... ¡Ah, tiempos los de nosotros, hermanito!... ¿no?

--¡Ah! ¡Ah!... ¿Conque sos viejo angurriento?... ¡Juna perra!... ¿Te has comido tu ración y querés seguir picando?...

--¡No embromés, che, con tus ascos!... ¿Y vos?... Mirá: yo he visto ¿sabés? los primeros vapores que trajieron y vi hacer el ferrocarril y el telégrafo y el alumbrao a kerosén y el tranguai y el gas y las aguas corrientes y las cloacas y el teléfono, y todo lo he disfrutao y estoy contento... Pero eso'e la bicicleta, que te hace volar como alma que lleva el diablo y te dej'acercarte a cualesquiera, sin que te sienta ni el aire y que no puedo gozar... me revienta, che... Adivino ¿sabés?... y se me ñublan los ojos... Hay dos cosas que yo quisiera ser antes de morirme... por Dios ¿ves? te lo juro... biciclista y guerrero'e la independencia.

--¿Biciclista?... Pero si eso es una corrución, che, que ya va ganando hasta los negros... Yo ya no me muero sin ver un moreno en bicicleta, pero, pagaría cualesquier cosa por verte a vos, que has sabido ser tan de a caballo ¿te acordás?... sin bigote, montao sobre un fierrito y pataliando en el aire...

--¿Y la otra cosa e negro, tampoco te gusta?

--¿Ser guerrero?... ¿Ve?... Eso siquiera vale la pena por la pensión y pa que te paseen en coche los veinticinco. ¿Ahí no lo tenés a mi primo Tomás, que nunca pelió sino con la suegra y con la mujer y de'ande va y le da aquel ataque e perlesía que lo atrasó y tiene la suert'e que tropiecen con él Carranza y Santacoloma y comiencen a decir que había sido trompa e San Martín, porque tenía un labio hinchao... y ya lo tenés con fortuna al hombre... y parao.

--Mirá, hermano... ¡Bueno!... ¿Sabés? Ya que no podemos hacernos biciclistas hagámosnos guerreros... ¡Fijate qué bolada la entrada'el siglo! En cuanto apunte ya lo recibimos con una tosesita sospechosa y en el primer invierno castigamos hasta los noventa y nos plantamos haciéndonos los sonsos... ¿sabés?... Pa que no nos pillen, tenemos que perder el oído y la memoria y mezclar de todo en la conversación, agarrando de un lao para otro como gringo que anda en pelos... Mirá, hermano, ya se me hace que la cosa cuaja y dudo hasta de que haiga viejos... ¡La gran perra!... ¡Si me apurás no le creo ni al almanaque!

--¿Y te crés que yo pito d'esa marca, che?... ¡No embromés!... los qu'hemos castigao hasta est'altura no rodamos and'equiera...

--Esperate hermano... qu'el tiro no es pa'sustar... Si hoy cualesquier muchacho va rayando en los setenta y conforme vean el juego, nos van a cair como avispas... Mirá... atendeme y tené formalidá ¿sabés?... No creas en los viejos sino en las mañas y conforme veás alguno que se te viene atracando... ladiatelé y mandale recuerdos a la familia...

--Pero decime, Fausto, y si nos pillan... ¿qué dirán?

--¿Y qué van a decir, che...? ¡Dirán que somos dos viejitos mentirosos...! ¿Y de'ai...? ¡Gran cosa!... ¡Lo raro sería que no mintiéramos, siendo criollos d'esta tierra!

CADA CUAL COME EN SU PLATO...

--Si soy muy bárbaro, che... y cualesquiera cosa que me suceda me caí como anillo al dedo... Figuráte qu'estábamos en el incendio la otra noche, casi entre el fuego... Yo ib'adelante con el macho ¿sabés? y por poco me augaban las llamas, que a cada vez qu'el vientito las empujaba o a mí me temblaba el puso, se me venían en bocanadas... pero el loco Pérez, qu'estaba a retaguardia le pegaba al chorro y a cada toqu'e la corneta que seguía cantando avancen, ganábamos un chiquito... ¡Te garanto, hermano, que hast'el recuerdo de aquélla que vos sabés y que me tiene penando, se me fué de la memoria y que hubo instante en que ya me vi en San Roque aguardando cuero nuevo y a que me salieran pelos!... Y un redepente, che, en momentos que una llamarada se venía como a lamberme, sentí una comezón en la barriga y ahí no más largué una carcajada y ya seguí riyéndome como loco...

--¿No digás?... ¿Y de qué ráibas d'ese modo?

--¡Aurita lo verás!... Cuando se vinieron abajo los tirantes y se cayó la paré y comenzó el botellerío a reventar como pororó, m'envolvió com'una nube, y ya ni vi a'nd'estaba, pero mantuve firme la coluna, che, y me seguí riyendo como si m'hicieran cosquillas... ¡La gran perra!... ¡Y en eso siento al teniente que me hablaba de atrás, y en lugar de contestarle no pude aguantar la risa y me seguí riyendo no más!... ¡Qué cosa bárbara!

--¿Pero de qué diablos te ráibas d'ese modo?... Es preciso ser loco y medio...

--¿Qué querés?... Me acordaba, hermano, de que al venir en el carrito y pasar por junto a vos, que estabas de fación, volqué l'antorcha pa'lumbrarte y te vi tan raro con tu casco blanco, siendo tan negro, que me dieron ganas de gritarle a tu comisario “cuide esa olla, señor, que se le v'a quemar la leche... mire qu'está alzando espuma...”.

--¡Tu mama era sorda... y la pisó una bicicleta! ¿Por qué no te conchavás pa gracioso en algún tiatro, che...? La gran perra...! ¡Se te redama la gracia y será lástima que acabés en chicharrón... sin dejar siquiera un hijo!

--No te m'enojés, hermano, que ya sé que andás en la güena...! ¡Mirá...! Vos serás negro de casco blanco ¿sabés? y yo blanco de casco negro... pero vos sos suertudo como gringo y yo sin suerte como criollo, y ando más abollao que tarro e lechero suelto...

--¡Te veo... bicho!... ¿Conque ya te llegó la cosa...? ¡Fijate cómo es la gente, che!

--¡Si me han dicho que vivís en un palacio y que chupás un coñaque y unos vinos que dan calor y que hasta dormís en una cama que parece un altar...!

--Y es cierto, che... ¡No te han engañao!... ¡El negro Peralta no se muere ya sin saber lo qu'es vivir a lo rico!... ¿Te acordás de la parda Isidora, aquella ñata farfantona, medio tartamuda, que supo ser planchadora del finao Molina?... ¡Bueno!... Está de casera de una familia que ha salido a veranear y que l'ha dejao como raina... y, ¡claro! ¡yo soy el rai!

--¡No vas a crer que es casa de cualquier cosa, che! Allí no ves sino el espejero por todas partes y tenés unos cuartos de baño que tan sólo con mirarlos te ponen com'una lechuga... Si me vieses en la bañadera e la niña, qu'es pintada e color rosa, tal vez ni me conocías, y no te digo a Isidora en eso de que se sienta en el vestíbulo cuando van a visitarla las amigas... ¡Si aquello es una comedia, hermano!

--¡Juna perra!... A eso le llamo suerte yo... ¿ves?

--¡Claro!... ¡Porque no contás con la contra!... Mirá... Yo vivo en un palacio, ¿sabés? y duermo en cama grandota y me siento en sillones de terciopelo... pero ando en compañía de Isidora, qu'es un mono con polleras... mientras que vos, tal vez dormirás en catre y comerás en la fonda, pero si vas por la calle con la mujer que te quiere, vas rodiao de claridades y ande quiera ves jardines y tomás olor a flores... ¡Créme, che, en esta vida, cada cual come en su plato y se debe contentar!

PECHADORES

ENSARTADA

--¡Oiga, niño... y perdone!... Soy un soldao viejo ¿sabe?... de los que han defendido la patria y aquí me ve más arrastrao que la basura... ¿No tiene ni a'nque sea un váinte pa'l pobre milico?... ¡Hagaló por su novia... si la tiene!

--Si yo también soy... ¿sabés?... de los que tiran al pecho y acabo de salir de casa...

--¿No diga... ¿Quién lo había 'e pensar al verlo?... ¿Lo qu'es jujar por apariencias, no?

--¡Ahí tenés!...

--¡Bueno, hijo!... ¿Perdone, no?... Y yo que cuando lo vi que venía, cráia qu'era lo menos el hijo e Roca... P'cha... qu'es sonso el hombre ¿no?... ¿Y como lo engatusa la parada?... ¡Esto si qu'es ensartarse!

CAPATAZ Y MUERTO DE HAMBRE

--¡Vea, señor... y perdone el atrevimiento!... Yo soy un mozo bueno, que acabo de llegar de Tucumán, nombrao de capataz para la Aduana... ¡Hay que trabajar, señor, para vivir y no hay que hacerle! ¡Es la ley...! Bueno... y ¿quiere creerme lo que le voy a decir?... ¡Aquí me tiene en Buenos Aires, de capataz y sin un centavo!... ¡Parece cosa del diablo pero es así!... Estoy seguro que ninguno de mis parientes se ha visto nunca como yo... porque soy de los Bastos.

--¡Mal palo, che!... Se va a embromar... Si fuera Copas se le apuntaría cualquiera... pero así... se va a quedar de capataz y muerto de hambre...

--¿Le parece?... Entonces, me cambio el nombre...

--¡Es lo mejor!... ¡Ah!... ¡Y cambiá de cuento también porque el que usás tiene canas!

BORRACHO EL HOMBRE... PERO BUEN PADRE

--¿Dígame, señor... usted no es hermano del finado Antonio González, que supo tener un bar en la Boca?

--¿Un bar en la Boca?... Mire, amigo... usted está delirando con la bebida, así, como quien dice por mayor y me confunde.

--Bueno; es lo mismo. Vea... Quiere hacerle un servicio a un hombre, que es borracho y canalla y degradado ¿sabe?... Todo lo que usted quiera es el hombre ahora... pero ha sido educado y persona de fortuna en otro tiempo... ¿Quiere no juzgarlo mal al hombre, aunque lo vea en el suelo, hecho un andrajo y pensar que es un padre de familia cargado de hijos y que los pobrecitos no tienen la culpa de que el hombre sea lo que es?...

--¡Oiga, che!...

--Ya sé lo que me va a decir... No importa... Cualquier cosa, lo que pueda, el hombre no se abochorna y agradece la voluntad... ¡Vea!... El hambre es borracho y sinvergüenza ¿sabe?... pero es padre de familia...

--Esto mismo, che... te lo vengo oyendo hace un año...

--¡Claro!... ¡Eso le prueba que el hombre será un canalla y borracho y padre de familia y todo lo que usted quiera... pero que no sabe mentir!

LA CARIDAD... QUE EMPIEZA POR CASA

--Señor, usted disculpará... pero el Colegio del Niño Descuartizado, que sostenemos Las Hermanas del Sombrero de la Virgen, está pasando por momentos terribles y las sostenedoras hemos resuelto levantar una subscripción solamente entre la gente bien y de fortuna, para la cual cien pesos son como una sonrisa...

--Escuchemé...

--A mí me dijo Dolorcitas Garramuño, que es la tesorera, una morochita de cerca de su casa, “mire, misia Clorinda, vayasé al escritorio del señor Martínez y vealó a él, estoy segura que no sale desairada...”

--¿Dolorcita Garramuño?... No conozco...

--Pero ella lo conoce a usted y ya ve, su simpatía es la que me ha hecho venir a verlo... Si no fuera eso, no me hubiese atrevido jamás...

--¡Bueno, señora!... Yo no puedo hacer nada por el Niño Descuartizado... casi lo soy también...

--¡Pero algo... hará!... Dolorcitas no puede...

--Bien, bien!... ¡Mire!... Llévese esos veinte centavos, pero no me hable de mujeres ¿quiere?... ¡Estoy hasta aquí de niños! ¡Dígalé así a Dolorcitas... y que se cuide!

--Bien, señor... Si puedo traer a Dolorcitas un día de éstos, tendré el placer... ¡La pobrecita quizás sea más suertuda, como que es tan joven!

CAZANDO AL VUELO

--Usté no puede decir eso, don Francisco... Acuerdesé de qu'es un hombre casao...

--P'cha que modo'e decir casao... Te gozás pronunciando la palabra, como si le hallase alguna música rara y hacés sonar y la saboriás como si fuera dulce, olvidando que pa mí, que al fin no he cometido otro delito que quererte, ha de ser más amarga que la yel... Oíme con l'alma, che, y no te olvidés de qu'el que te habla es un compadr'e tu mama que nunc'ha sabido mentir ni a'nque sea padr'e familia...

--Vea, don Francisco, yo no l'he dicho eso pa que s'enoje, sino porqu'es la verdá... ¡Piens'en lo que diría doña Petrona...!

--¡Aurita me v'y a ocupar, teniéndote junto a mí...! Decime lo que querás, que si es viniendo de vos ha de ser com'un sahumerio, pero no te me hagás la inocente pa herirme con más crueldá, ni me saqués la familia... Demasiado sé que a tu amor le voy jugando mi dicha y quizás hasta mi vida...

--¿Y si lo sabe, entonces, pa qué sigue'n su capricho don Francisco, por Dios?

--¿Capricho?... ¿Pero por qué sos tan cruel con quien no se lo merece, y cómo tenés valor pa llamarle capricho a est'ansia que me devora? ¡La gran perra!... Se me hace que hasta gozás sabiendo que ando penando, y no tan sólo m'herís, sino que to'avía te ráis, revolviéndome'l cuchillo... ¡Mirá! Yo t'he visto criar ¿sabés? y siempre t'he codiciao... Vos no lo crerás, tal vez, porque como soy casao, pensarás que soy de palo... pero pa que no alegués inorancia, te juro por l'alma de la finada mi madre, a quien Dios condene pa toda la siega si no es verdá lo que digo, que yo no vivo sino pa vos y pa pensar en tus ojos y pa soñar con tu boca y p'andar como abombao llevándote adentro mío, oyendo tu voz que me habla hasta en el viento que pasa... Y aura que ya lo sabés, hacé lo que se te antoje, pero no echés en olvido que hay un hombre que te quiere, a'nque sea sin esperanza y que ha de peliar tu cariño como si fuera su vida... ¿Por qué no me querés crer? ¿Le has óido decir a naides que yo haya jugao jamás lo que a vos te voy jugando?... ¿No sabés que al hablarte como te hablo, me olvido del mundo entero y que t'he de querer muy mucho pa no acordarm'e mis hijos y de la pobre Petrona, que naides mejor que vos conoce lo que la quiero?... ¿Y qué jusjaría tu mama al saber que su compadre se había salido'e la güeya...? No, che, pensá que en esta parada no va más que plata mía, porque, al fin, vos sos solita y no debés cuenta'a naides si te querés dar un gusto...

--¡Pero esto es una locura, don Francisco...! Yo no le puedo acetar...

--¿Qué no podés acetar?... ¿Querés decirm'el por qué...? ¡Mirá!... ¡Si no me lo decís, v'y'a crer qu'es cierta una sospecha que tengo, y qu'es la que me ha hecho hablarte...!

--¿Sospecha de mí...? ¡Esto sí qu'es lindo...!

--¡Ah! ¡Ah!... ¿Te parece lindo?... ¡Bueno!... Conforme pase por casa el hijo de tu madrina, me lo paro como a un mono, y ahí no más le cuento todo...

--¿Todo?... ¿Todo qué?...

--¡Ya verás!... Van a salir muchas cosas, y entr'ellas un peluquero trenzao con un vigilante...

--¿Y será capaz, don Francisco, de levantarme algún falso?... ¿Dond'está este cariño que me tiene?...

--¡Mirá, m'hijita, no vengás pidiendolé agua al que se muere de sé! ¡Bien sabés vos qu'es verdá!

--¿Acaso yo tengo nada con Eduardo ni con nadies... ni sé de lo que me habla?...

--Ya sé que no... pero puede!... ¡Atendéme!... Este asunto merece ser conversao con más secreto que aquí... ¿Querés que t'espere luego?...

--¡Mire, don Francisco... por Dios!

--Dejat'e meter a Dios en lo que no se l'importa...

--Vea... Le ruego por lo que más quiera, que no se acuerde con nadies d'esas cosas que me ha'blao... ¿quiere?... ¡Piense en mí, don Francisco... se lo pido!

--¡P'cha con la recomendación!... ¿Te crés que hay algún minuto en que yo no piens'en vos, u qu'el amor de'sos sonsos, que te andan comprometiendo, se v'a poder comparar con uno de fundamento?... ¿Qué van a enseñarle al zorro lo que son pollos y guascas?...

COSAS DE NEGROS

--Vea... No sé cómo decirle, ¿sabe?... Tengo miedo e que me vay'a tomar por algún chichón suelto... ¡Atiendamé!... ¿Usté's moreno endeveras o es difrasao como yo, no más?

--Sofrenesé, che, y no juegue con armas que no conoce... ¡Mire qu'el diablo las carga!

--¿No ve? Ya se m'enojó... P'cha que soy sin suerte...

--¡No, che... qué sin suerte ni qué macanas! Es que usté se me viene montando a la vedera...

--¡Bueno, compañero, perdonemé... por favor! Mire que si yo l'he hablao así, sin conocerlo, ha sido por pura simpatía y porque siendo forastero d'estos barrios, no conozco a nadies y es tan sin gracia andar de máscara cortao... ¡Vea! Yo m'he disfrasao de negro... ¿sabe por qué...? ¡Bueno! ¡Le v'y 'a contar!... ¡Porque ando enamorado, amigo, y he querido ver si de negro tengo más suerte...! ¿Qué le parece?

--Pero, ¿qué me v'a parecer, che...? ¡Qué usté ha'e ser algún chiflao de otros barrios!... ¡Mire que se necesita pecho pa crer que un negro puede ser suertudo en algo y cuantimás en amores!... ¡Si no hay bicho más disgraciao qu'el negro, compañero, y másime si como yo es medio hoyoso e virgüelas!

--¡No diga!

--¿No diga?... ¡Mire!... Las mujeres cren que los negros y los picao de virgüelas podemos mirar al sol sin que nos lloren los ojos... ¡Vea!... Aquí, adonde usté me ve, yo soy un negro cargao, que a gatas cruza la vida, agobiao con el peso e lo que lleva... ¡Juna gran perra, che! Si usté conociera a Juanita...

--Digamé... ¿no es una pardita de ojos grandes que cuando lo miran a uno, parece que l'hiciesen cosquillas?...

--¡Qué pardita ni qué demonches, compañero!... ¡Juanita es la hija del confitero e la esquina, che, una rubiecita como de quince años que da las doce antes de hora!... ¡Si la viera en eso de que se pone su pollerita celeste y sale a pasiar el hermanito!...

--¡Bueno!... Pero también es un atrevimiento, compañero, pensar que un confitito d'esa laya pueda cáirle entre los dientes... Yo no me hallo en ese caso, ¿sabe?... A mí, la que me tiene penando es una pardita bizarrota, che, carnudita com'una ciruela y con su modito y un aire que parece de raina...

--¿Y cré que siendo pardita lo va'querer si lo ve vestido e negro?... ¡P'cha qu'es inocente!... ¡Si aura pa las pardas no valemos ni fóforo!... Ellas lo que quieren son italianos ú ingleses y a los negros ni nos miran...

--¡No diga!...