Part 18
--¡Déjeme, amigo, de regalos y de vanidades tontas!... Yo no soy de los que me extasío delante de una vidriera mirando piedras, como le sucedió a la hija del general Cascabolas, a quien se le cayó la dentadura a fuerza de abrir la boca, delante de una joyería de la calle de Florida, teniendo después que ir a reclamarla en la policía, pues parece que la recogió uno de los transeuntes, según lo declaró un señor Cabello, que es un corredor rengo, casado casualmente con una sobrina...
--¡Es que estos regalos debemos verlos, mi comandante, siquiera para hablar de ellos en familia, después...! Usted como tío de la novia no se puede quedar así...
--Qué tío ni qué berenjenas, compañero... La novia es sobrina tercera de la prima de una cuñada de mi sobrina Carmencita, y si yo he venido a la fiesta ha sido sencillamente por ver si me los pescaba a Roca o a Pellegrini, pues me sospechaba que su primo Nemesio, se los hubiese enganchado como a tanto alarife... Quería ver si les hablaba sin hablarles de la que me está tramando Richeri, contra quien los militares andamos alborotadísimos... Lo que es yo no hablo mal todavía porque no sé si voy o no voy en listas, pero si me llega a echar al bombo, le garanto que va a ser de alquilar balcones para oirme, porque yo, como me dijo el doctor Garrapata, tengo más sangre de polemista que de soldado y...
--¿Y por qué se anda por las ramas...? Váyasele a Roca, directamente, hombre... y háblele sin hablarle... con toda claridad. Por ahora es mejor que pensemos en los regalos...
--Le prevengo que me los conozco de memoria...
--¿Sabe que no me parecen muy católicos...? ¡Mucha caja y mucha etiqueta... pero latita corrida no más...!
--¡No se aflija...! Ya verá en los diarios, mañana, las listas interminables de los obsequios, adornados con los títulos más rimbombantes... ¡Vea...! Esos candeleros de bronce que están en aquel estuche, se los regalé yo en 1890 a mi compadre Pérez cuando se casó, ¿se acuerda?... ¡Bueno!... Desde entonces andan viajando de mano en mano y casi no ha habido matrimonio en Buenos Aires que no los haya recibido y se hayan apresurado a deshacerse de ellos, pasándoselos a otro... ¿Para qué diablos sirven ahora los candeleros con el gas y la luz eléctrica, sino para estorbo?... ¡Mire...! Lo que es eso, estoy seguro de que me conocen y ni siquiera me les acerco, de miedo que me saluden o me reprochen sus andanzas... ¡Ya los he hallado como diez veces en la vida! Hay regalos de éstos, que andan en circulación desde hace veinticinco años y me contó una señora de mi amistad, que conocía cierta viuda a quien, en sus terceras nupcias, le regalaron unos floreros con los cuales ella había obsequiado a una amiga mucho antes de celebrar su primera boda, que fué precisamente con el mayor Rivademar, hijo de Misia Petronita Bocafría, prima hermana del dueño.
--¿Sabe, amigo comandante, que sería una novedad un libro escrito por usted con el cúmulo de noticias que conoce...? Le daría la masita al mejor cinematógrafo.
--Como para libros ando yo, amigo... con las cosas que nos suceden a los miembros de la benemérita familia militar... ¿Que no ve que hasta hombres callados, como yo, se desbordan y charlan hasta por los codos? ¿Y cree que lo hacemos por gusto o por un prurito de malevolencia?... ¡No crea!... Lo hacemos por hacer algo no más y para aliviarnos un poco del fuego que nos devora... ¡Vea! Yo me he refugiado en los recuerdos históricos y con ellos lo cañoneo al mundo a mi placer y aun me parece poco... ¡Lo lindo va a ser ahora, cuando me convenza de que no voy en la lista...! ¡Entonces sí, compañero, que voy a trabajar para conquistarme la fama imperecedera de malhablado y peor pensado...! Le garanto que no me he de ocupar de los regalos que se pasan de mano en mano en los casamientos y que he de afilar la espada...
--¿Se hará microbio patógeno... entonces?
--El pato es bicho inofensivo, a menos que uno no lo coma medio crudo... ¡Yo necesito ser algo que no erre, amigo!... Una cosa así como el microbio de la bubónica o del cólera, que no deje títere con cabeza.
--¡Hágase motorman de tramway eléctrico, entonces...! ¡Con ese oficio y un poco de conversación, mi comandante, se deja usted peticitas las siete plagas de Egipto!
BORDONEO
--Pero, digamé, che... ¿Su asunto lo v'y'a dirigir y'o lo v'a dirigir usté?
--¡Mire, don Serapio... atiendamé!... L'único que quería era darle un'esplicación del hecho...
--¡Qu'esplicación ni qué macana!... Aquí lo que hay que hacer es proceder y dejar'e firuletes... Que su hermano le cerraj'un tiro a su cuñao y le vació l'ojo a l'amigo qu'iba con él... ¡Bueno! ¿Y que hay con eso?... ¿Acaso es el primero que se v'a ver en un apuro?... ¡Gran cosa!... Convenzasé, che... ustedes se áugan entre un dedal, y cualquier cosa que les suceda bien merecida se la tienen por ensimismaos en sonceras...
--Yo no le digo que no, don Serapio... pero en este caso es diferente... Mi hermano...
--Su hermano no ha hecho ni más ni menos qu'el hermano de cualquiera, y así se lo h'e decir al juez... Mire, una vez... era cuando recién había dentrao Avellaneda a la presidencia... un compadre mío hizo un'atrocidá con un italiano en la calle cortad'el Mercao del Plata y a mí me dieron el asunto, o mejor dicho, lo agarré yo no más, al verla'llorar a mi comadre y a la mama, qu'era una d'esas viudas grandotas y carnudas, che, que no tienen desperdicio... Me voy a verlo al gringo con intención de pedirle que me acompañara y usté sabe lo qu'es el gringo pa servir a los amigos...
--¿Qué gringo?...
--¡La gran perra...! ¡Aura salimos con ésa...! ¿No sabe ni quién es el gringo?... ¿Pero qué se han pasao haciendo en su casa hasta hoy, che?... ¿Parec'incréible que haiga gente tan inorante en esta ciudá tan grande?... ¿Quiere ver a que no le defiendo el asunto y los dejo a usté y a su hermano que se pudran en una cárcel, siquiera pa que apriendan a conocer, ni aunque sea de nombre, a la gente de su patria...? ¿Entonces no sabe quién es el gringo?... ¡Bueno...! ¡Mire...! Entienda... Aquí en Buenos Aires no hay más gringo qu'el dotor Pellegrini... ¿sabe?... como no hay sin'un solo don Bartolo y no habrá más Roca que Julio, a quien los amigos le llamamos el zorro en la intimidá, pa sinificar que el hombr'es capaz de pelarse un gallo sin que cacaree y hacerle crer que le van a salir plumas el domingo e carnaval... ¡Bueno!... Pues vo'y, lo busco al gringo y no lo encuentro... ¡Claro!... Me dió'una rabia grandísima y sin mirar ni lo que hacía le dejé un parte con el sirviente... que hast'aura, cuando se acuerde, le ha de hacer arder el cuero y agarré solo pa'l correcional y de allí pa'l jujao del crimen donde se hallaba l'asunto... ¡La gran perra!... Nunca l'he dicho a un hombre las cosas que le dije al juez, que me mirab'asustao como si viese visiones... P'cha con el hombre mulita, como le declaré después a Jos'inacio Garmendia, un día que conversábamos cuando lo hicieron general...
--¿Y lo salvó a su compadre...?
--¿Lo salvó...? ¡La gran perra!... ¡Como pa salvarlo estaban las cosas...! El pobre fué vítima d'el canalla d'el juez, que pa vengarse de todas las que yo le cante'n sus propias narices l'hizo pegar cuatro tiros en el patio e la Nueva, como a cualquier criminal vulgar... Así han sido también las maldiciones que l'echao y la propaganda que l'echo en cuanto café y confitería he sabido frecuentar...
--Siempre que al pobre de mi hermano no le vay'a suceder lo mismo... Vea... ¡Yo creo qu'eso, ¿sabe?, es mejor arreglarlo por las buenas...! Que más quiere maña que fuerza...
--¿No ve?... ¡Ya saltó el criollo habilidoso que prefiere perder su derecho a que le anden en el cogote...! ¡Y haga usté patria con esta gente...!
--Pero mire, amigo don Serapio... Nosotros... ¿sabe?... preferimos qu'el pobre de nuestro hermano pierda, no digo su derecho sino todo lo que tenga que perder... pero que lo larguen...
--¡Eso es...! ¿Y el honor y la dinidá...? ¡Ustedes, che, no pesan ciertas cosas, ni las conocen...! Lo que quieren es que lo larguen, ni a'nque sea con un cuero atao a la cola o jediendo a misto, pa que no se le acerquen ni las moscas sin sentirse deshonradas...
--¿Y usté qu'es lo que quiere, entonces...? ¿Que lo fusilen?
--¿No ve...? ¡P'cha qu'es bárbaro el criollo cuando sale mañero y mal acostumbrao...! ¿Conqu'es decir que ustedes prefieren que su hermano quede com'un delincuente adocenao, a que salga de la cárcel por sus cabales...? Pa qué quiere la vida un hombre sin dinidá, acusao de haber herido a su cuñao que debía ser inviolable pa un hombre de corazón...
--¿Y acaso él lo ha herido a su cuñao?... No l'he dicho qu'el herido fué el amigo y que fué por casualidá...
--¡Bueno, bueno... che! Yo no me ocupo d'embrollos, en que se desprecea el derecho, queriend'usar del soborno, como me dij'una vez el gringo, cuando fuí a consultarle l'asunto de don Patricio Maidana, que le había robao un caballo al tuerto Tejerina y quería hacerlo pasar como dádiva voluntaria...
--¿Y qué quiere don Serapio...? Nosotros no entendemos d'eso y l'único que buscamos es que lo larguen a Pancho...
--¡Perfetamente, che... perfetamente...! Busquien cualisquier ave negra que se ocupe d'esas cosas pero no a Serapio Cortina que al fin, a'nque pobre no le ha'e'ceder la derecha ni al president'e la Corte cuantimás a un alfayate. ¡Y aura... pagá y vamos, como me decía el finao Sarmiento cuando dejó e ser presidente y salíamos a pasiar!
“ENTIDÁ JUDICIAL”
Ya estamos en pleno invierno, aunque ello no sea tanto por los fríos reinantes cuanto por encontrarnos todos reunidos en la ciudad, terminadas las excursiones veraniegas, reales o simuladas y dispuestos a comenzar la _season_, como reza el lenguaje de los cronistas sociales. En casa de mis vecinos los Ferralladas, ya se desenfundó el microscópico farol paralítico del zaguán y comenzaron los sabrosos diálogos del señor y la señora, más instructivos a propósito de costumbres y modalidades contemporáneas, que todas las crónicas habidas y por haber.
--¡Pero, che...! ¡Vos ya t'estás pasando a las grandes...! ¿Te crés que las siet'y media son horas de venir a la casa?... ¿Cuando demonios v'a estar la comida entonces?
--¿La comida...? ¡Cualisquiera crería que tenés a tu disposición el Mercado del Centro y que te lo vas a tragar enterito...! ¡Gracias conque tengás pa llenar el buche un salpiconcito con el puchero frío d'esta mañana y estás compadriando y haciendot'el acostumbrao a puro cenar de fonda...! Vos t'estás volviendo sonso, che... con tu importancia... ¡A ver...! ¡Ponéte a picar la carne y esa cebollita qu'está sobre la tabl'e la cocina, junto a la botella del aceite... mientras yo me aliviano d'estos embelecos...! ¿Qué no ves que hoy estrené mi batita nueva?... ¡Ya no tenés ni ojos!...
--¿Batita nueva...? ¡Claro...! ¿Cómo diablos v'a tener uno qué comer, si peso que agarran es para chantárselo en trapos y en perendengues?...
--¿En trapos y en perendengues?... ¿Qué no ves que la bata está hecha con la pollera vieja del año pasao?... ¡Mirá!... ¿Sabés lo que merecerías vos, por desconsiderao y por charlatán?... ¡Que te tuvieran como lo tienen las de Pérez a don Federico!...
--¡Hombre!... Pior que lo que me tienen ustedes a mí no creo que lo tengan a don Federico... ¿Y Ernestina, dónde diablos se ha metido?... ¿Por qué no va ell'a picar la carne?... Acuerdensén, che, que yo soy un funcionario público y que me debo respetar...
--Pero qué no ves que no ha venido, o estás borracho o con ganas de que te diga cuatro barbaridades... ¡Se quedó a comer en lo de Pérez!...
--¡Mirá quién es la muchacha, pa dejarla venir así... y tan luego en su día de recibo y cuando vienen de novedades hasta la boca!... Si no charlaran, che... ¡yo creo que reventarían!...
--¡Lo que m'iba a importar a mí!... ¡Has hecho mal en dejarla!... Las señoritas no deben tener más recreo que su hogar y no acostumbrarse a'ndar como las tales de Pérez, que al fin no son más que unas alpargatas viejas, qu'en cualquier pie que las pongan bailan!...
--Dejat'e chocheces... y andá picá la carne... si querés servir par'algo... ¡Si vieras cómo ha venido Robustiana!... Está lo más gruesa y lo más remozada... ¡Bueno!... Porqu'eso sí que no se puede negar... Siempre fué bizarrota y no deja de ser agraciada...
--¡Cómo no!... Y sinó que lo diga Pérez, o mejor dicho, sus trampas; porque lo que es él ya no existe sino en los libros de cuentas y en los registros de los juzjaos y alcaldías... Dice Márquez, el dueño de la confitería del Gallo, que Pérez no es más que “una entidá judicial” y veanlón, todavía metido a tener recibos...
--Mirá che... Vos estás con el diablo en el cuerpo esta noche y creo que'n vez de cena v'y a tener un sofocón... T'estás poniendo insufrible y desde que t'hicieron ausiliar humiás como chiminea...
--¿Pa qué le das bombo a Pérez y lo sacas como ejemplo?... ¿No sabés qu'es un don Nadies, aunqu'el y su Robustiana y las arpías de sus hijas quieran mostrar lo contrario?...
--¡No seás pavo, hombre bendito!... Cres que nosotros te vamos a comparar con semejante zascandil, nada menos que a vos, que tendrás tus defectos y serás rezongón, pero que al fin sos cariñoso con tu familia...
--¡Bueno!... ¿Dónde decís qu'está la cebollita?
--Está ahí... en 'a tabla'e la cocina, junto la botella del aceite... ¡Bueno!... Fijate... La mayor de las muchachas, que vos sabés que ya es de colmillo doblao... aunque como es flaquita y descolorida disimula y va pasando... se ha pescao un novio en la kermese y andan que no saben dónde ponerlo... Es un españolcito con cara de soñoliento, que dicen que escribe las leyes no sé pa qué ministro o gobernador y que además hace versos y saca fotografías...
--Será un larguirucho que sabe andar con Pérez... ¿y que tiene unos pantalones verdosos con todo el ruedo comido?...
--¡No!... ¡Si es hombre de puro coche!... Robustiana recibía los viernes, como vos sabés, y por causa de qu'el novio ha elegido, ese día pa sus visitas, aura reciben los lunes... No le van a presentar sino la crema de sus relaciones... como nosotras, las de Pajalarga y la viuda de Martínez...
--¿Es decir que la “entidá judicial” v'a tener recibos dobles, entonces?... ¡Mirá qué bolada pa los acreedores como Márquez!... Seguro que le v'a querer dar por pagada la cuenta con los recibos viejos, en los cuales ni figurás sino vos... ¡y las célebres Pajalargas!...
--No creas, che... ¡Tienen buenas relaciones!... Dice qu'este año visitaron a una porción de copetudos y que andaba de un lado para otro con pura gente conocida.
--¡Cómo no!... Pero han de haber hecho con sus visitas lo que hace Pérez con sus cuentas... ¡No me vengás con historias, che, qu'estoy de sonceras hasta las narices!... Hoy me topé con el ñato García que salía de la Bolsa con el sombrero en la mano y disparando como si fuer'a esconderse después de haber pegao golpe... Cuando me vió, se paró y como quien larga un tiro a boca e jarro me preguntó si tenía oro... ¡Figuráte! Antes de que le pudiese pegar una trompada, agregó: “!Vendaló... compañero... vendaló!... Aura la cosa va deveras... Los de la Bolsa, encabezaos por Echenique, lo reventamos al gobierno y el oro se viene al suelo!...”
--Pobre García... ¿Vos sabés qu'es primo de Robustiana y qu'estuvo medio loco vez pasada?... Precisamente hoy ib'al recibo y lo estaban esperando...
--¡Claro!... Se ha de andar por asociar con Pérez pa rejuntar el oro cuando se caiga... Entonces sí que v'hacer recibos y excursiones veraniegas y hasta lujosos casamientos... Los Pérez van a engordar con las tripas del gobierno, y de los García no te digo nada... ¡lo van a dejar petizo hast'el mismo Pellegrini!...
“LAS ETCÉTERAS”
--¡Tan perdidas que han estao!... Así le deci'a Petronita las otras tardes, acordándonos de ustedes... ¡Qué amigas las de Colombini, m'hijita... aprendé a ser cariñosa!
--No crea, Encarnación... Si no hemos venido no es porque las hayamos olvidado, sino que con los tiatros y los fríos y las enfermedades, que nunca faltan, no se tiene tiempo para nada!... Aura mismo... ¿ya ve?... he tenido que venir sola... La Chicha estaba con una jaqueca terrible... Cremos que ser'algo d'influencia... por los síntomas, ¿sabe?... ¡y por lo que anda tanto!... Allá se quedó con María Luisa Rataplán... la hija del general... ¡con quien se han hecho lo más amigas!... Como ese año tomamos temporada en la Ópera y teníamos las lunetas juntas...
--¿No ves, mamá, cómo tenían razón las de Galillo?... Ellas nos dijeron que dos veces que habían ido al tiatro las habían visto a ustedes y nosotras no les queríamos crer...
--¿Y cómo les íbamos a crer, sabiendo, como sabíamos que habían estado de desgracia.
--¡Ah!... ¡Sí!... Cuando la muerte de Felipe, mi cuñado... ¡Es verdá!... Pero el médico nos prohibió que la entristeciéramos a la Chicha y tuvimos que usar un luto así no más... como para medio salir del paso... El pobre Federico ha tenido que hacer el duelo, solo... porque yo tenía que acompañarla y no era propio quell'anduviera de claro y yo de negro... ¿no les parece?... Y la Chicha estaba mal!... L'empezaron a dar como a modo de unos desmayos y tuvimos que hacerla ver... Los médicos l'hallaron propensisim'a una enfermedá grave... por la debilidá y nos recetaron que no la privásemos de nada y que la hiciéramos pasiar y divertirse... Así me decía el padre... qué luto ni luto... primero está la Chicha que todo...
--¡Ya lo creo!... y después... luto por un tío... que el finao no tenía más familia que ustedes...
--Así es... Pues le tomamos un abono en la Ópera, que nos ha costado un sentido por cierto... y carruaje para que vaya a Palermo... Suerte que su padre puede, que sinó, no sé lo que hubiésemos hecho para aliviarl'a la pobrecita...
--¿Pero aura seguirá bien ya?... Ésta vió el otro día en la crónica social...
--¡Ah!... ¡Sí... En el casamiento de Mari'Amelia... mi sobrina!...
--No, mama... no fué en la vida social, sino en una noticia que salió a los dos días... Decía que ustedes habían presenciado la boda y enviado un valiosísimo regalo...
--¡Era como si fuese en la crónica, aunque salió entre las noticias varias!... Fué una de las tantas picardías de los tales cronistas sociales, pero yo me les fuí a la dirección no más y les ajusté las clavijas... Figurensé que hasta en el casamiento de mi sobrina nos pusieron entre las ecéteras... ¡Aura sí que no permito el abuso, le dije a Federico, y me largué a la imprenta!... Nos han tenido con la sangre quemada todo el año... ¿Quieren crer que no nos pusieron ni una vez en las listas de las concurrentas a la Ópera?... Y eso que teníamos unas lunetas de adelante, casi al ladito del mismo Muñone... y que no faltamos ni una noche...
--Eso no es extraño, Rosaura... A ésta, no la nombran ni por casualidá cuando v'a los bailes del chircolo... Los cronistas parece que tuvieran hasta las listas hechas... Siempre son los mismos nombres... ¡Un'especie de aviso de remate!... Nosotras no les hacemos ni caso...
--¡Lo mismo nosotras!... Pero, en esto de mi sobrina, el asunto era diferente... Figurensé que mandé un'alhaja riquísima, porque Federico quería quedar bien con el novio, qu'es un hombre de la política, qu'está de candidato pa no se qué cos'a en el Banco y al otro día salimos conque figuraban en los diarios hasta sonceras de cinco pesos, qu'entre paréntesis hubo muchas... y Rosaura Gutiérrez de Colombini se quedó en el tintero...
--Y es claro, misia Rosaura... Si así sucede siempre... A mi me dij'una vez un cronista con quien hablab'en un baile d'estas cosas, que no valía la pena poner en la cronic'a las gentes que tenían apellidos criollos, españoles o italianos... Qu'era una vulgaridá... porque resultaban listas como las de los vapores llenas de erres y de inis y que se agitaba la idea, entre los cronistas de cambiar los apellidos, ainglesándoselós o afrancesándoselós, según los casos, a las familias pudientes que no podían dejarse afuera y qu'ellos no comprendían cómo había gente conocida que se avenía con semejantes nombres...
--Lo qu'es yo, hijita... me llamo como me puso mi madre no más y a pesar d'eso no los he dejar que hagan su gusto... He de figurar en las listas y Chicha también... ¿Ya ven?... Me les largué a la imprenta y les arranqu'esa noticita...
--¡Sí... pero eso no se puede siempre!... ¿Cómo hace una para que la pongan, no teniendo apellido como el que esigen?... No hay más remedio que resinarse y tragar saliva...
--¡No crea! Lo qu'es aura yo ya s'el caminito y conforme me dejen en el tintero... ¡zás!... una carta al diretor o una visita... ¡Yo v'ya'cer que a la Chicha me l'hagan figurar como le corresponde o ellos van a reventar!...
--¡Vea!... Y parece que la tal crónica no diera nada y da qu'es una barbaridá... ¡Nosotras conocemos unas muchachas qu'eran unas pobrecitas de por allá por los Corrales y había de ver aura lo que son!... Una d'ellas, entró en amores con un tipógrafo que la empezó a'cer poner en las listas y poco a poco las fué haciendo conocer... Hoy una está en el correo, lo más bien y la otra en una escuela, y el hermano, qu'era mayoral de trangüe, calzó en l'aduana...
--Sin contar conque Marcelina se casó con su tipógrafo y que tuvo unos regalos riquísimos... ¡Bueno!... Pero ésas habían hech'un negocio de la cosa... Las muchachas bien, del barrio, las buscaban para llevarlas a los tiatros y a los bailes... por darse corte de personas relacionadas con gente conocida... Usté sabe lo qu'es la vanidá...
--Yo no lo haré por negocio ni por nada, pero no he de dejar que a la Chicha me la pongan entre las ecéteras ni a mí tampoco... Conforme salga de una fiesta la mando a la Chicha con Federico y yo enderezo pa las imprentas a ver a los diretores... ¡Ya verán cómo hasta yo h'e ser como e! catecismo!... ¡Me han de aprender de memoria!...
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