Part 17
--¡Mirá!... Afortunadamente ya sos grande, che, y se te puede hablar sin miedo a que reventés... Tu mama, aura a la vejez, se me ha hinchao com'una breva y no l'aguanta ni el diablo con semejant'importancia... Antes pasaba contenta, remendandomé la ropa y haciendoté vestiditos, pero aura los hace hacer y me lleva refundido, y en vez de dejars'estar atendiendo a su quehacer, no vive sino en la calle, visitando al pobrerío como si ella fuese rica...
--¡Pero, tata... siempre hay quien tenga necesidá!...
--¡Bueno, m'hijita!... A mí eso me revienta, ¿sabés?... porque nadies tiene más necesidá que yo y a'nque pobre masitero, cada vez que viene tu mama oliendo a trapo quemao, por causa d'esos mejunjes conque s'estira el pellejo, me dan ganas de darte un ejemplo malo... y es por eso, porque también me gust'hacer caridá, que me quedo aquí en mi esquina, pegadito a mis canastas, esperando a que lo vean a Roca y lo compongan conmigo...
MILICO VIEJO
--No embrome, amigo, dijo el capitán Churrasco atusándose con aire marcial el canoso bigote... ¡Esto de aura no es kepí, ni es morrión ni es nada! ¡Todito es papel pintao y redoble de tambor...!
--Yo no le digo que no, mi capitán... pero ya se acabaron también aquellos oficialitos de kepí sobre la oreja, jineteando sobre la chasca enaceitada y de botita bordada con las armas de la patria... ¡Eso no puede negarse tampoco, porqu'es claro como la luz...! Los oficiales de hoy parecen europeos y cuand'uno lo ve, no tiembl'a'e que lo rajen de un hachazo o le rebajen las narices de un tiro, como en aquellos tiempos de Maldonado y de Ederra...
--¿Y pa qué se va tan lejos, che...? ¡Acerquesé más al fogón y verá las cosas claras...! ¿Acaso yo le defiendo los milicos del Paraguay ni de la guerra e los indios...? ¡Ésos, che, no necesitan de que les hagan estatuas ni les recuerden el nombre...! ¡No ve qu'eran criollos guasos, que a'nque peliaran como héroes cuando les llegaba el turno, no sabían ni siquiera acetar acensos si no los habían ganao con la espada y la conciencia! ¡No, che...! Ésos ya tienen su pago con los sueldos que les han dao y con la gloria e saber de que agrandaron la patria... ¿Qué bárbaros, no?... ¡A'n'de quiera que cayó una gota de su sangre o quedaron sus güesos blanquiando, ha brotao un pueblito o un'estancia... pero eso lo hacía cualquiera en aquellos tiempos... y lo hacía de yapa no más!... ¡Mirá los de aura qu'iban a'cer semejante barbaridá, ni peliar hasta morir, pa dejar asentao el nombre a'nque fuera entre los indios...! ¡Ellos han aprendido en la escuela materias muy diferentes y a nosotros que fuimos tan inorantes, no nos queda más recurso que mascar el freno con fuerza y retorcernos d'envidia! Vea... ¡Una pirueta del más ruin de los bailarines que haig'aura en un batallón... vale más que diez campañas... y es muy justo! Ellos, los guasos, sabían peliar a bola y lanza, porque no tenían munición y había que defender el cuero en las soledades de la pampa... pero lo hacían así, a la bruta no más... De a'n'de iban a ser capaces de presentarse en un circo pa'cerle competencia a los pruebistas, revoliand'una cañita pintad'e color de fierro...
--¡No me saque la cuestión de su terreno, amigo teniente, hagam'el favor! El soldao era'ntes un animal de carga que no tenía ni derechos ni propiedades y que si le arrimaban una paliza o lo hacían trinar en las estacas, tenía que conformarse y aguantar, porque para eso era tropa... ¡Aura, mire qué soldaos los que tenemos!... ¡Una muchachada linda, culta, conocedora de sus deberes y que sabe que al vestir el uniforme que le da la patria no lo hace para deprimirlo sino para enaltecerlo...! ¡Hoy es un honor ser soldao y antes era una desgracia!
--¡Cómo no! ¡Si en vez de andarles prendiendo luces a los chilenos, tuviéramos que prenderles bala... ya verían la diferencia!... Cada milico de aura sería un general que dispondría batallas montando en pingo con la colita de un dedo y adornao con cintitas como pichicho faldero, y cuando lo mandaran a peliar, sacarían bien la cuenta y vería antes de obedecer si no ib'a ser un sacrificio al ñudo que le metieran un tiro... ¡Vea, amigo...! A mí, a'nque yo sea de los de antes, me gusta ver a los modernos y en el desfile del Campo e Mayo, delant'e los chilenos me apronto pa gozar lo que no puede figurarse... ¡Mirá, qu'en tiempo e nosotros ib'haber ningún ministro e la guerra capaz de hacer hast'e trompa de órdenes pa que se salvara una evolución de los cuerpos...! ¡Cómo no...! ¡El ministro sabi'a'nde estaban los cuarteles, pa mandar a los jefes de arrestaos en tropilla, pero no se ocupaba en enseñarles ni en andarles haciendo su papel...! ¡Hubiera querido verlo a Alsina, a Roca, a Luis María Campos, a Victorica, a Levalle o a Racedo, molineteando con la espada y corriendo como ayudantes pa quedar bien con los mirones haciéndoles gozar de un desfile como tabla... qu'en idioma militar es como decir balurdo!
--¿Y usté cre que no vale la pena dejar a un lao la fachenda y la prosopopeya de un ministro, para hacer qu'el ejército haga una linda figura?
--¡Cómo no...! ¡Pa que se luciese más, hasta se podían formar escuadrones de ministros de la guerra mandaos por presidentes de la república y enseñarles a bailar lanceros en caballos máistros y a cantar el himno nacional pa que de paso se recriaran los aficionados a la música!... Mire, amigo... ¿sabe un cosa?... Si estos chilenos que nos han visitao, son hombres de juicio y que saben lo qu'es ejército y milicia, se deben estar riendo de nosotros a mandíbula batiente... y pensando que como bailarines, nuestros milicos son un desastre y como milicos... no te digo nada por no darte que sentir.
--¡Pero, amigo...! ¿Quiere espectáculo más bonito que el juego del zendado que hizo la caballería en el carrousel organizado por la Sociedad Hípica y cuadros más novedosos que las evoluciones del Campo e Mayo, en que desfilarán con ropa nuevita, escuadrones de coroneles, de comandantes, de mayores, de capitanes, de tenientes, de alféreces y luego de tropa por orden de jerarquía...? ¡Eso es una invención de nosotros que no se le habría ocurrido ni al mismo Napoleón! ¿A qu'eso no lo han visto los chilenos ni en Europa?
--¿Sabe, amigo, lo que a mí me da rabia...? La diferencia que hay entr'el ejército y l'armada... ¡Los marinos no han bailao ni siquiera un schotis con quebrada!... Es una iniquidá mostrar un adelanto tan grande en el ejército y un atraso tan monumental en la marina y m'extraña qu'el presidente no adote alguna medida pa que no vuelva a ocurrir semejante barbaridá... ¡Los marinos debieron por lo menos bailar una mazurquita en algún tiatro como el Politeama pa que los viera más gente y la mejor sociedá!
--¿Pero sabe que son mordaces los milicos del tiempo viejo, aunque no sean bailarines ni pruebistas, amigo capitán?
--¡No crea, amigo...! ¡Lo que hay es que nos duele mirar tan por el suelo la gloria de nuestros tiempos y que no haiga nadie que la salg'a levantar... de miedo e pasar por guaso...!
ROBUSTIANO QUIÑONES
Mi amigo exclamó exasperado mirando las botellas que traía el mozo del café:
--Que se vayan al diablo todos los falsificadores y con ellos el ministro de hacienda y el presidente de la república... oye... ¡Esto se lo dice Robustiano Quiñones, que no tiene pelos en la lengua, y que gracias a Dios se precia de saber hacer un San Martín como la gente y de no beber estos brebajes infames conque ahora se envenena al público a mansalva!
Y luego bajando el tono, como arrepentido de sus excesos oratorios, agregó:
--¡La ginebrita no parece mala... pero mezclada con ese bitter plebeyo, debe resultar una verdadera canallada... una cañifla infame!
--Tómela sola, entonces, compañero...
--¿Yo?... Pues no faltaría más... ¡Nosotros, los de mi casa, no tomamos jamás la ginebra sola, compañero, porque nos han dicho que es mala para el reumatismo...! ¡Vea... che... mozo! Hagamé el San Martín a la portuguesa... ¿sabe?... ¡Bueno!... Yo lo voy a dirigir... ¡Eche la ginebra...! Siga no más... siga sin miedo hasta que se llene el vaso... ¡Bueno! Venga ahora el aperital y echelé despacito cinco gotas chicas y dos más grande... ¡Eso es!
Cuando concluyó don Robustiano la delicada operación que dirigía, y que no era otra que prepararse disimuladamente un medio litro de ginebra, me dijo chasqueando la lengua:
--¡Qué hombres los portugueses, amigo! ¡Ellos con cinco gotitas de bitter, le preparan a usted un verdadero néctar, delicioso y económico...! A mí me enseñó la receta el jefe de mi oficina, cuando estaba empleado en el correo... Ése era hombre tigre, che, y que sabía vivir, como decía mi mujer... Cuando vinieron los brasileros ¿se acuerda? me propuso a mí que diéramos un baile en casa para festejarlos, y con veinticinco pesos que sacamos de subscripción entre varios amigos y su ingenio, puso una mesa en que no faltaba ni el marrasquino para las señoras de paladar delicado... ¡Los brasileros no concurrieron a la fiesta porque tuvieron que asistir al baile del Jockey Club, pero nosotros pasamos una noche de ésas que no se empardan... y sé que cuando volvieron a Río era, el haber faltado, uno de los pesares que llevaban!... ¡Y... a propósito...! ¿Sabe que vienen los chilenos a visitarnos? El país argentino, mi amigo, les debe demostrar que los sentimientos de fraternidad y de compañerismo, no son entre nuestro pueblo pura faramalla y papel pintado, como ocurre entre la gente de gobierno. Yo, por mi parte, he resuelto darles una fiesta en casa, como la que habrá en lo de Unzué y en lo de Luis María Campos... ¿Qué le parece la idea?... ¡Mozo!... ¡Vea!... ¡El San Martincito éste, se está poniendo picantito... agreguelé un poco más de la maldita ginebrita esa...! ¡Bueno!... ¿Y qué me dice del proyecto, compañero...?
--Me parece bien...
--Yo he hablado con varios amigos y es con ellos que hemos resuelto invitarlo a formar el comité de festejos... Están apalabrados el tuerto García, el ñato Miguelín, Pituco y ese mozo oriental que va todas las noches a la confitería de la esquina de su casa y que hace maravillas en el billar... uno bajito, medio tartamudo...
--¡Lo conozco...! Pero es el caso, compañero, que yo estoy con enfermos en casa y que el asunto es para largo...
--¿Y eso qué tiene?... ¡Contribuya con su cuota de diez pesos y cumpla con la patria, amigo, como le corresponde! ¡Aquí, en estos casos, es cuando se ven los hombres de entraña y de hígado, che... que aman la tierra en que nacieron...! ¡No se me niegue a la subscripción, hágame el favor...! ¡Mire que me va a dar vergüenza de comunicarle al comité que nada menos que un criollo de su laya se ha hecho el sordo a la voz del patriotismo!
--¡Pero la cuota es muy alta, don Robustiano...!
--¿Alta? ¿Y con qué quiere hacer cantar un ciego, entonces?... ¿No ve que hay que poner una mesa y comprar un juego de sala y otras chucherías...? Yo doy la casa, pero no los implementos de que carezco... Después... hay que poner coches, porque los chilenos no van a ir a pie hasta la calle Castro Barros... ¡En fin, la cosa se hace bien o no se hace...!
--¡Yo, amigo don Robustiano... lo tengo que pensar! Vez pasada entré también en la subscripción aquélla de los brasileros de que me habló ¿se acuerda?... Entonces compramos también un jueguito de muebles y...
--¿Ahora salimos con ésas?... ¿Y cree que los muebles van a durar toda la vida...? ¡A mí no me venga con agachadas, compañero!... Los muebles ahí están en casa, todos comidos por la polilla, y sería una vergüenza presentarlos en el salón cuando vayan los ilustres huéspedes... Es por eso y para cumplir como la gente, que ahora ando viendo a los amigos honorables y patriotas que se quieren hacer ver y para los cuales no sea un par de miserables pesos, asunto tan esencial como el hígado o las tripas... Dejémosnos de roñas cuando se habla de la patria.
--No digo que no, don Robustiano... pero cuando el hombre no puede...
--¡Ah! ¡No puede...! ¡Bueno!... ¡Vea!... Esta venida de los chilenos me va a servir para liquidar muchas amistades que no sirven ni para escupirlas... ¡Vaya a juntarse con Roca, con Pellegrini, con Tornquist, con Basualdo y con toda la caterva de acopiadores de centavos que reniegan del nombre de argentinos, cuando llaman a formar en nombre de los más caros intereses de la patria, y olvídese de su amigo Robustiano Quiñones que felizmente no es de su casta ni de su laya!
Y salió el patriota como si le hubiesen puesto un cohete en los talones... probándome que de todos los brebajes que venden en la confitería, era el más económico el San Martín a la portuguesa, como él lo preparaba y lo bebía.
LA BIENVENIDA
--Fijesé, viejo... pero hagasé el que no mira, pa que no coceen... Ha e ser triste la llegada a tierra extraña y sentir que lo están filiando, ¿no?... ¿Y de ande vendrán todos estos?
--Parecen italianos por la cachorrada y los paraguas... ¿Ha visto? Un italiano podrá llegar sin saco u tal vez sin sombrero, pero de fijo trai su paragüita abajo el brazo... A la cuenta creen que aquí no vivimos sino mojaos y se vienen prevenidos...
--Ese friolento, medio recortao, que está'hi junto a las canastas ha e ser el marido d'esa grandota con trazas de capataza... ¿Qué quiere apostar a qu'ese tiene almacén p'al año que viene?... Vealó: tiene ojos de codicioso y de aporriao por la mujer... ¡Mire, amigo!... ¿Sabe por qué se hacen ricos estos bichos?... Pues es porque le obedecen a las mujeres, que no saben sino juntar pesos y criar muchachos... Cuando acuerdan son cincuenta los que tiran p'al montón...
--¡Qué me va'decir, amigo! Vea. Vez pasada dentré a trabajar en el rejuardo y conocí en la fonda ande almorzaba un muchacho lavaplatos qu'era la roña andando... ¿Quiere crer que un buen día, ansí en silencio no más y casi hasta sin lavarse la cara, salió comprando la casa?... ¿Qué le parece?
--Sería ligero p'al cuchillo el hombre y encontraría carne blanda...
--¡No, señor! Era superior el muchacho... Lo que hay es que había tenido un enjambre d'hermanos y que a la madre le gustó la bolada y los metió a toditos en el asunto...
--Y decir, amigo, que nosotros los criollos que nos creemos tan vivos y tan civilizaos no vamos si no reculando, ¿no? ¡Porque, mire, cada barco d'estos que llega al puerto trai de todo: ahí vienen maridos pa las hijas de familias ricas, patrones pa las casas de comercio, estancieros que no sabrán lo qu'es un pingo pero que harán galopiar a su pionada, y sin fin de pajarracos desplumaos que pronto se pondrán desconocidos...!
--Sin ir más lejos ahí tiene al finao mi abuelo que dicen que era genovés. El hombre llegó con lo puesto y se metió de albañil o qué sé yo, el hecho es que dejó platita, casas, terrenos y el diablo también, porque lo dejó a mi padre que, a los cinco años, andaba poco menos que atorrando, asigún me ha contao mi madre... Yo he oservao, amigo, qu'éstos vienen y amontonan y se apuran, pero después cain los hijos que se ocupan en desparramar como con rabia...
--¡Claro! Ahí tiene al de las canastras que usté dijo, fijesé con los ojos que mira a la ciudá... Parece que anduviese buscando las casas que va'comprar y ya verá cómo las halla y cómo todos esos pergenios que trai criando lo ayudan a'montonar... Pero después va'ser el baile que no veremos ni usté ni yo.
--¡Quién sabe...! Acuérdese de que los criollos somos como los duraznos: nos conservamos en caña. Creamé lo que le vi'a decir, a'nque parezca macana... Yo era más viejo hace diez años que aura y más sonso también. Me sabía venir aquí al puerto, ¿sabe a qué?... a insultar a los imigrantes que llegaban y ellos como no m'entendían le jugaban risa. Después dentré a trabajar en la descarga y poco a poco les fuí tomando cariño, porque cuanto más llegaban más pesitos embolsicábamos nosotros y hasta llegué a'cordarme de que mi abuelo también había sido d' ellos...
--¡Y ansina no más es la cosa, pues! El hombre, amigo, juja de la vida asigún está de comida... ¿no le parece?
HACIENDO LOBOS DE MAR
El contramaestre, con la gorra sobre la oreja y las manos en los bolsillos, acaba de dar sus instrucciones al cabo de mar, con respecto a la instrucción de los conscriptos.
--¡Ya sabe, cabo... nada de malas palabras ni de golpes...!
--Mirá yo pa ser capaz de semejante barbaridá...
--¡No!... es qu'el teniente me ha dicho que les recomiende los modos... ¡y ya saben qu'él nunca se anda con chicas...! ¡Si llegase a'veriguar que le maltratan la gente, les arma una zafacoca que se oy'en Montevideo...!
--¡Qu'esperanza...! Le v'y a sacar una hornada que v'a ser de dar calor... Pucha con la muchachada... ¡Cad'año viene más linda!
--¡Bueno...! Aura ya lo sabe... ¡Guante blanco y mucha miel...! ¡A ver...! ¡A embarcar todos los nombraos ayer pa la segunda lancha...! ¿Ha comprendido bien las instrucciones, cabo...? Enseñelés bien lo qu'es un bote y que apriendan a manejarlo como si fueran sus piernas...
* * * * *
--¡Ala, concritos, y abrir el ojo... que aquí se bañan de arriba los sonsos y los dormidos...! ¡Trote!... Todos s'embarcan por el tango, qu'es ese puntal qu'está derecho al costado de babor... ¡Vivos...!
--¡Tenga cuidao, cabo...! ¡N'olvide lo que l'he dicho que me recomendó el teniente...!
* * * * *
--¡Cómo no...! ¡Abre...! ¡Listo...! ¡Armar...! ¡Atiendan, ñanduces pichones...! ¡Atiendan...! ¡Miren que las cañas del timón saben bailar solitas y hasta levantar chichones...! ¡A ver...! ¡Las palas p'al lao de proa!... ¡Vos, che, nariz de garrón de mono...! ¡Poné bien el remo...! ¡Mire qué gente p'hacer lobos de mar con ella...! ¡A ver! ese segundo proel de estribor, con mil demonios... ¡si pone las manos juntas en el guión y con las uñas p'abajo! ¡Y qu'esté creyendo la patria que la van a salvar estos gorgojos...! ¡Mirá, che...! ¡Vos...! ¡Cara e mocito abombao...! atendé las liciones o se me acaba la pacencia y te... ¡Mire que son animales! ¡Vea ese tercero e la bancada e popa... todo despatarrao y que parece que se quiere tragar toda l'agua...! ¡A ver si t'enderesás, che, antes que yo t'enderiese...! ¡Poné bien el luchadero del remo, qu'es ese pedazo e cuero que tiene en el medio...! ¡A ver... encajalo en la chumacera, cara e tamango patria...! ¡Y que me venga a recomendar pacencia con estos salvajes...! ¡La gran perra que cuestan caras las jinetas teniendo que lidiar con concritos!... ¡Vaya... hombre! ¡Al fin izaron la maldita P... A ver, avestruces... a bordo!
* * * * *
--¡Suba la gente!... ¡A ver, contramaestre, aliste para izar el bote...! ¡Venga usted, conscripto!...
--¡Ordene, señor!
--¿No sabe que cuando se sube a bordo de un buque de guerra se saluda al oficial de guardia?... ¡Maestro de armas... póngale a este conscripto, por recluta, seis horas de plantón con el coy al hombro...! ¿Cómo anduvieron, cabo?
--¡Como una seda... mi teniente... y, después, como se les trata como a damitas y son muchachos de vergüenza... Yo los trato como a los de la familia...!
* * * * *
--¡Iza bote!... ¡Arriba a las tiras!... ¡Cada brigada a su banda!... ¡Ala!... ¡Pi... pio!... ¡Parejo!..., ¡a una...! ¡Pio... pio! ¡Aguanta...! ¡Listo!... ¡Qué macacos que me han hecho sudar!
* * * * *
--¡Al fin podemos dar por ganaos los centavitos del día y el jarro e mate cocido!... ¡Qué salvajes!... ¡Mir'el modo e caminar de los tales lobos marinos...! ¡Bueno...! ¡Hay que contar que cuand'un recluta tiene hambre se olvid'hasta de la madre...! ¡Pobre locro!... ¿Qué les darían de comer a los conscritos si n'hubiese maíz en el mundo...? ¿Si se tendrían que bandiar, alimentaos solamente por el cariño del jefe y de los oficiales...? ¡Pucha que es chancha la vida!
REGALOS DE BODA
--Mire, che--me decía la otra noche el comandante González, durante la fiesta con que celebrábamos la boda de parientes comunes--su primo Nemesio es hombre de puntería... ¡Fíjese qué gentecita la que se ha traído a presenciar su casamiento...! No se ven sino entorchados, congresales y banqueros y los parientes de él o de la novia, como usted y como yo, resultamos unos verdaderos porotos caídos como por casualidad en esta olla brillante en que se cocina la dicha de un nuevo hogar argentino, como le dije anoche a la pareja en el brindis que le eché... ¿Se acuerda?
--¡Cómo no, comandante amigo!... Tengo en el oído sus palabras tan sentidas y, anoche, cuando me estaba acostando, se las repetía a mi mujer, diciéndole precisamente que no había conocido un militar que calzara más altos puntos que usted como orador y que me extrañaba que ya no ocupara una banca en el Congreso...
--¡Hombre...! Nada tendría de particular y le prevengo que aunque usted lo diga por broma, hay más de cuatro que dicen lo mismo con verdadera seriedad... Dígame... ¿Lo conoce al doctor Garrapata?... ¡Bueno! ¡Ése es uno de ellos!... El domingo, sin ir más lejos, estuvo a visitarme, pues Garrapata y yo somos como chanchos desde chiquitos, habiendo nacido casi el mismo día, nada menos que en abril del 56...
--¿Cómo del 56...? Tenía el pálpito de que usted era de los del 69 y hasta me parecía haberlo leído así en aquella su autobiografía que comenzaba con el párrafo magistral: “Mi cuna no se meció bajo el techo de palacios artesonados, sino en la modesta chacra de mi abuelo, sexagenario a la sazón, a pesar de llamarse Juan Bautista y ser hijo de un honrado matrimonio oriundo de Santander”.
--¡La gran perra con el memorión!... Pero esta vez está equivocado, compañero, y confunde la fecha de mi nacimiento con la de mi entrada al ejército, a los trece años de edad, hecho al cual atribuyo todas mis desventuras en la carrera, pues el trece nunca me ha sido propicio... Siempre me han tenido estancado, ya sea porque los ministros de la guerra me han juzgao elemento peligroso, como ocurre ahora con Richeri, que me está sentando el nombre en la lista de ascensos que prepara, o ya por razones puramente literarias, como lo declaró el general Victorica, que ahora forma parte de la convención que organiza Roca por debajo de cuerdas para lavarse las manos como Pilatos en el amasijo presidencial, según la frase del coronel Descalzo, persona de muy buen sentido, aunque de humildísimo origen, pues la madre fué cocinera de don Ergusto Rodríguez, aquel tendero viejo de la esquina de Perú y Venezuela, frente por frente de lo del finao Peroso, que murió cuando la fiebre amarilla y a quien, con el apuro lo enterraron medio vivo, según las crónicas de entonces, hecho que desmintió Héctor Varela en una publicación, motivada por ciertos cargos velados contra la Comisión Popular...
--Vea, mi comandante... abandonemos la historia y piano piano vamonós hasta aquella salita donde se ha'lan los regalos... Me han dicho entre la familia que Nicasio se ha hecho ver...