Part 15
--Vez pasada vivía con su familia en la call'e Chile y me llevó pa mostrarme su colección de orquídeas--porqu'es coleccionista--y cuando pasamos por junto d'unas gallinas que andaban en el fondo, noté que los animalitos conforme me miraban se tiraban al suelo y juntaban las patitas... ¡Claro!... Me llamó l'atención la cosa y se lo hice notar, contestándome con la mayor frescura... ¿A qué no sabés qué?...--Mire, me dijo, es que lo han tomao por empresario'e mudanzas y como están acostumbradas a que las aten pa trasportarlas, cada vez que cambiamos de casa, ya se l'echan no más... Por el hilo podés sacar el ovillo, si la cosa t'interesa... pero, ya sabés... yo no desacredito a nadies y menos a mis amigos...
POLÍTICA CASERA
--Y ¿quién es tu padre, che... pa venir a jujar de mi conduta nada menos qu'en asuntos de política?... ¡Mirá!... Te v'y a dar un consejo pa que se lo trasmitás... ¡pero como cosa tuya!...
--¡Si tata, che, no tiene opinión!... Me ha dicho solamente lo que oyó en el almacén...
--Mejor sería qu'estuvies'en su trabajo, pa tener siquiera vainte pesos cuando su hija se los pide... Tu padre, que al fin no es más que un triste remendero media lengua, s'enllena la boca con sus paisanos, diciendo que su hija Catalina es nada menos que la mujer de don Calisto Viñales, pero conforme te refalás con un pedido cualquiera te saca el cuerpo y te deja que te rompás el bautismo... ¡Y vení a contarme a mí del cariño de tu padre!
--Pero, mirá, Calisto... Tata tiene muchos gastos... Los muchachos se le han alzao y no quieren trabajar...
--¡Música!... Yo no soy gringo como él ¿sabés? pero así, en criollo no más, le adivino los albitrios y no es quién pa ganarmelá cortao... ¿Por qué no te dió los pesitos en vez de venirte con l'agachada de si m'iba pa La Plata o de si m'ib'a quedar?... Convencete, che... Tu padr'es más chancho e lo que parece y gasta jarabe'e pico, como qu'es cosa barata...
--¡Pobre tata!... Se asustó cuando le dijeron que cambiabas de partido y ya está la explicación...
--¡Cómo no!... ¡Clarita!... Y quién lo puede haber dicho que cambeo de partido, vamos a ver, si no son otros como él? ¿Y quiénes son ellos pa venir con dinidá y con firmeza e caráter cuando por cinco centavos te bailan la tarantela y lo hacen hasta con yapa?... ¡Qué no embromen!... ¡Mirá! ¿Sabés lo que hay en todo esto?... Te lo v'y a decir en secreto, pa que lo desparramés más pronto con ayuda de tu familia qu'es toda tan inocente... P'allá p'al mes de setiembre, m'hizo llamar un amigo y me pidió mi concurso p'al partido casarista, diciendomé, entre otras cosas, que yo no había de andar solo, pues estaba por el hombre la gente de más valer de todita la provincia... ¡Figuráte la bolada, che!... ¡Claro! Mordí el freno... ¿Te acordás de unos cien pesos nuevitos conque te alumbré una tarde?... ¡Bueno! Eran d'eso... Y después no hubo más cera y nos pedían el concurso, así no más, por vergüenza... diciendo de que seríamos el dique p'atajar la corrución y de que algún día la historia se ocuparía de nosotros... Como pa historias y diques andaba la muchachada, che... ¡Claro!... ¡Ni pisamos los atrios, y los ugartistas agarraron el soquete y salieron como alma que lleva el diablo!... ¿Te crés que los casaristas nos quedamos a esperar que nos llovies'el puchero?... ¡Pues no!... Comenzaron a'garrar p'al lao de los vencedores y a meterse bajo l'ala de los amigos probaos y como yo me topé con Ciríaco el santiagueño, con quien siempre fuimos yunta, le conté mi desventura y él me dijo que yo no era sino víctima de mi propia fe y me largó cinco pesos...
--¡Eso es amigo!... ¿Lo ves?...
--¡Ya lo creo qu'es amigo! Es'es de los que no se despintan, che... y saben lo qu'es andar en la mala... ¡Bueno! Y aquí me tenés, comprometido con él p'acompañarlo al infierno... si es que allí le dan un calce... Y aura comparame esta conduta con la que oservá mi suegro y decime con franqueza si tiene perdón de Dios...
--¿Y dónde están esos cinco... con que tanto cacariás?
--Querés que te dé los cinco... y no has sido ni capaz d'encontrar en tu familia quien nos dé ni un vaso de agua... ¡Afilate!... Ustedes son gringos, che... y entiendansén como puedan, porque lo qu'es con mi plata no se van a dir a Italia... ¡Y ya lo sabés!... Si querés ver estos cincos y tomarle el olor... andá enseñale a tu padre cómo deben ser los suegros... y convidalo a un acuerdo sobre la bas'e los vainte... ¡Que afloje si quiere hablar... como hacen los ugartistas!
CONFIDENCIAS
--Tu padre no cre nada, che, sinó que sos sonso... ¡Y la gracia es que hasta yo me voy convenciendo de lo mismo!... ¡Mire que se necesita ser pavo pa preferir andar de atorrante a estar en la estancia cómodamente, trabajando en tus cosas y dandolé gusto al viejo, que lo que quiere es tu bien y nada más... ¡qué diablos!... A qué demonios te has ido a meter en puebladas, exponiéndote a que te dejen seco de un palo?... ¿Qué te va ni qué te viene en que Roca lo achure a Pellegrini ayudao por don Bartolo, o en que don Bartolo lo estire a Roca, o en que los tres se hagan tiras dejando güérfano al país, aunque sea por diez minutos?... ¿Acaso vos vas a ser el tutor?...
--Dejat'e macanas Santiago y no te metás en lo que no entendés ni entenderá mi padre tampoco... ¿Qué saben ustedes, pobres bichos, de ciertas cosas que ni sospechan que existen?... Ustedes han nacido pa comer a gusto, che, pa trabajar a sus anchas, pa vivir sin pensar ni sentir, esperando que los negocios vayan delante y que Dios les dé salud... Los dos son viejísimos, che, aunque no lo echen de ver y yo sería un loco si me metiese a convencerlos... Decime... ¿Vos jugarías plat'a mis manos si me vieras trair un mancarrón de la estancia, cuidarlo como a potrillo y anotarlo p'al premio grande?...
--¡Che... che... che! ¡Al fin veo la pata de que rengueás!... Vos estás enamorao com'un pichicho y sos romántico y te has llegao a convencer de que sos el único en el mundo que sabe lo qu'es querer... ¿Pa qué te ponés colorao?... No seas pipiolo, hombre, y cantá claro... ¡Mirá!... Yo soy tu tío, pero soy muy macho, che... y aunque vos lo dudés tengo más música en l'alma de la que tal vez necesito... con alguna semillita que se te ha de hacer carozo... ¡A ver, desembuchá!... Te has de estar atorando.
--¡No arrugués que no hay quien planche!... P'cha que sos diablo... ¿Por qué no te metés a divino?...
--Mirá, chiquilín... Esto va en serio... Es una macana lo que hacés de alzarte contra tu padre y resistir su mandao... ¿Cres que por eso va a ser más grande tu amor ni tampoco el que te tengan?...
--¡Pero si todo es una locura, Santiago!... Si yo mismo ni sé lo que ando queriendo!... Figuráte que estoy enamorao.... así... como se dice... de un sueño... Si ella no sabe nada...
--¿Pero por qué no se lo decís?... ¡Mirá!... En estas cosas hay que ser prácticos, che, y lo primero es lo primero...
--¡La facilidá!... Si yo lo único que hago es irme frente a su casa para verla cuando sale y no me animo ni a seguirla! ¡Si cuando la veo, che, hasta las piernas me flaquean y... ¡que me caiga muerto si miento!... hasta me dan ganas de irme por miedo de que vaya a conocerme el juego y se me ría en las narices...
--¿No digas?... ¿Pero vos no sos sonso, entonces, sino sonso y medio?... ¿De qué nido te habrás caído, sobrino?...
--¿Y qué querés, Santiago?... Así es la cosa... Y por eso no me animaba a decirte... ¿Ves?... Aura resulta que no m'entendés y que te burlás de mí y me vas a echar al medio...
--¡No, hombre!... Dejat'e macanas... Si yo sé lo qué es cantar sin tener quien acompañe... Mirá... A tus años se le perdona a cualquiera que pegue un tropezón y se rompa cualquier cosa... pero a la mía... ¿qué me decís? ¡Y si vieras cómo ando yo, che!... Ni veo, ni oigo, y el día menos pensao hago una barbaridá... ¡Te garanto que vos estás a dos dedos de hallarte con una tía qu'es una divinidá!... ¡Casi, casi, estoy por decirte que serás sobrino'el cielo, che!... Bueno, pues... y aura que ya nos hemos entendido, escuchá lo que te digo... ¡No te metás en política y adelante con los faroles!...
--¡Qué política ni qué diablos, che!... Pero... te crés que teniendo como tengo un jardín dentro'el alma, me v'y a ocupar en ir a cavar sepulturas... y... decime... ¿le ves aura que me puedo ir a la estancia y dejar así, mis asuntos, para atender los del viejo?...
--Mirá, m'hijito... Entr'el corazón y el bolsillo cabe una conciliación... ¡No muñequiés!... El sistema ya está viejo y no hay que hacerse boliar cuando uno anda en libertá!
LA ECONOMÍA ES LA MADRE DE LA RIQUEZA
Era en aquellos tiempos del Buenos Aires pendenciero y levantisco, en que crudos y cocidos y pandilleros y chupandinos ensagrentaban las calles a cada triquitraque y en que no había ciudadano por modesto que fuese, que no creyera que los destinos de la patria los llevaba cada cual en la punta de su cuchillo.
Los hombres vivían más en la plaza pública que en su propio hogar, y como su existencia transcurría de club en club y de manifestación en manifestación y los servicios de fondas y restaurants andaban tan escasos como caros, abundaban los negros pasteleros, que eran la providencia de los estómagos famélicos, así como la confección de los pasteles que vendían, lo era también de más de una casa de familia, que no solamente costeaba con su producto los gastos ordinarios de su presupuesto, sino que aun proyectaba en el futuro siluetas de millonarios y potentados. Los días de agitación política, las fiestas patrias, el carnaval durante el cual no era prudente aventurarse así no más en busca de provisiones, y, sobre todo la Semana Santa, en cuyos términos no se hacía matanza en los corrales ni se expendía carne en los mercados, eran los grandes días de la industria casera.
Fué al aproximarse uno de esos períodos y en época de gran carestía de provisiones en la ciudad, por hallarse ésta bajo sitio y con todas sus comunicaciones interrumpidas, que hicieron su aparición en las plazas y en las calles los pasteles de Misia Paca, que vendidos a precios increíbles por su baratura y rellenados con generosa liberalidad, desalojaron a sus rivales en el comercio menudo y mataron toda competencia, produciendo una crisis espantosa en la antes boyante industria pastelera.
Y las aceradas lenguas criollas, que cortan como tijeras de sastre, y las mentes activas y cavilosas, se echaron a buscar, desesperadas, el secreto profesional de la victoriosa pastelera Misia Paca:
--¡Si nunca hizo ni tortas fritas, che!... Y, después, eso se ve clarito... ¡Los pasteles son de morondanga y sólo sirven pa los que caían de pobres!...
--Yo... lo que no me explico, ¿saben?... ¡es el precio!... ¡Si es una barbaridá con los artículos como están!...
Y las comadres llegaron a propalar que los pasteles de Misia Paca se hacían con carne, no de mula ni de caballo, que al fin hubiera sido una nimiedad, sino con carne humana. Hasta se habló de varios ingleses sin familia que habían desaparecido y se afirmó que un carrero de la Aduana se había atorado con un huesito el cual examinado, había resultado ser un pedazo de dedo chico... hasta con uña.
--¡Ya veremos!... Dejen que venga Semana Santa... ¡Entonces será la buena!... El pescado no tiene más que un precio... ¡y no es inglés sin familia!
Y vino la esperada semana y Misia Paca vendió sus pasteles como siempre, baratos y tan bien rellenos, que su jugo “chorreaba por los enemigos”, como decía la clientela, aludiendo a que al primer mordisco cuando estaban calientes, saltaba la salsa apetitosa mojando los carrillos...
Entretanto, Misia Paca estaba radiante y su triunfo la embriagaba, quitando de sus labios hasta las palabras de piedad, que otrora supo reclamar para los desheredados...
--Se han fundido porque son haraganas y ambiciosas, y quieren ganar platales como Anchorena... Que trabajen y se contenten con poco, como yo... y ya verán.
Y el reinado de Misia Paca fué real y positivo, extendiéndose su influencia por toda la ciudad, llegando sus pasteles a todos los estómagos, pues no quedó negro vendedor que quisiera otra factura que aquélla sin rival.
Ya no había competencia. Descartada la insidiosa calumnia de la carne de inglés y la malévola especie de que los tales pasteles no podían encontrarlos buenos sino las personas sin estómago, se acallaron las protestas y los labios enmudecieron, confundidas las mentes cavilosas por la evidencia de los hechos, siendo aclamada Misia Paca e inscripto su nombre en la lista de oro de las grandes damas caritativas de la ciudad y disputándoselo las asociaciones de beneficencia para encabezar los consejos directivos... Hasta su esposo, que era un triste capitán, ascendió en el ejército, llegando a jefe de batallón, debido al influjo de los pasteles, que siempre en esta tierra se vieron cosas de tal jaez y ya no llaman la atención de nadie: los poetas no ganan posiciones escribiendo versos, sino enseñando matemáticas; los abogados curando enfermos o proyectando ferrocarriles; los médicos tramitando testamentarías; los ingenieros pleiteando en los estrados y los militares... hasta vendiendo pasteles de confección casera, escribiendo artículos de diario o mezclándose a las turbias corrientes de la política.
Una noche había reunión en una noble sociedad caritativa, presidida por la radiante Misia Paca y se atendía el pedido de una pobre mujer cargada de hijos, viuda reciente de un viejo soldado.
--¡Bueno!--decía Misia Paca, dirigiéndose a la pobre o postulante y manteniendo una atención aduladora, de parte de sus consocias,--ust'es pobre porque quiere... Trabaje y economice... La economía es la madre de la riqueza.
--Sí, señora.
--Yo también soy esposa de soldado y... ¡ya ve! adónde he llegado haciendo pasteles...
--¡Cómo no, señora!... Pero para eso ya'stoy vieja y muy llena d'hijos...
--Eso qu'importa... ¡No se'haragana!
--Si no es por haraganería... Sino que yo no voy a'llar sino alguno de tropa que me quiera... Y casarme, así... ¡usté ve!
--¿Acaso yo le aconsejo eso?...
--Ya sé que no... pero si no me caso con un oficial que me mande las economías del batallón... la leña, la carne, la grasa, la harina... ¡que son tan caras!... ¿cómo voy a fabricar pasteles baratos, señora?...
El argumento fué contundente y al explicarse de manera tan sencilla como inesperada el secreto profesional de Misia Paca, acabó su reinado, basado solamente en la economía... del cuerpo que mandaba su esposo y que resultaba ser la madre de la riqueza, como ella lo pregonaba...
LA DESPEDIDA
A ña Simona Peraira, como ella solía decirlo, no la agarraban sin perros ni los más madrugadores y en cuanto a su Carmencita, tal vez cayese en las uñas de algún gavilán artero, pues no hay muchacha en el mundo de quien se puede decir que sabe seguir consejos, pero antes que desgraciada, habían de verla sus ojos en el mismo cementerio. Y al mirarme ña Simona, por entre un monte de cejas, juntadas sobre sus ojos para darle a sus palabras un tinte de más firmeza, halló que me estaba riendo, al verlos cerca del pozo al aparcero Francisco y a la linda Carmencita, diciéndose sus ternezas como si nadie los viese en esa hora postrera, pues él dejaba sus pagos para irse de pialador a trabajar en las yerras...
--No crea que me la ganan y que yo me mamo el dedo...
--¡Qué ocurrencia, ña Simona...!
--Déjese de cumplimientos y de hacerse el socarrón, que usté no nació par'eso, como no nació Francisco, a quien si yo le doy lao pa que hable con Carmencita y le diga lo que quiera, es porqu'el mozo me gusta y no porque m'echen tierra, como ustedes se lo piensan.
--¡Pero, mire!... Atiéndame con paciencia y verá...
--¿Y paqué quiere que vea... si viendo he llegado a vieja?... Sepa sólo de una vez y pa que no alegue inorancia, que a ña Simona Peraira no es quién usté pa pitarla, por más narices que tenga y que a'nqu'hijo del patrón, no me ha'e boliar el caballo ni me ha'e gritar “bijulé” cuando salga d'este rancho... Son muy cachorros los dos p'hacer semejante hazaña y a usté, a'nque no le guste, se lo'e decir francamente... ¡pa gancho no le veo laya!
--Pero atienda, ña Simona, y no agarre campo afuera... mire que voy a pensar que es cierto lo que se corre, de que usted ve piernas en todas partes cuando no ve interesados en alzarle las tamberas y que no tiene más vida qu'estar chumbando los perros a cualquiera que se allega...
--¡Mirenmelón al dotor, afanao por hacer renga a Simona la puestera!... Vaya, pregunte a su padre, que con ser lo que él ha sido, nunca pudo en este rancho venir a soliar sus jergas sin permiso de la dueña o al menos... ¡sin que lo viera!... Fijesén la parejita que hace m'hija con Francisco, paradita junto al pozo, oyéndolé las mentiras con que trata de envolverla!... Lo mismo que a ella le pasa me pasó a mí con Mamentro, a quien Dios tenga en su gloria, el día que vino a'blarme antes de dirse a la guerra... Era un mozo bizarrote, así como Carmen su hija, y sabía decir las cosas con una gracia y un modo, que a'nque uno ya las supiese, gustaba escuchárselas, pues parecían siempre nuevas... Cayó a casa esa mañana montado en un redomón que recién mascaba el yerro y mientras mama'cababa de llenar un zarzo e quesos, trujo el caballo e la rienda, así como hizo Francisco y m'empezó a decir cosas, qu'eran todas cosas viejas, porque no encontré ninguna que yo ya no la supiera... Y habiendo estao en el trance, quiere usté que yo no sepa lo que le dice Francisco a la pobre de m'hijita, que hacen ya como dos meses que lo anda llevando en e'alma como él la llev'a ella?... ¡No crea en eso que corre de que yo chumbo los perros a todos los que se allegan!... Son dichos de pulpería, circulaos por cuanto vago sale a campearse un churrasc'o una cebadura e yerba pegandolé a la sin güeso p'hacer crer que no'stá seca... Francisco es un mozo bueno, como lo era mi Mamerto, y ya me ha dicho el patrón que lo v'hacer capataz cuando haga l'estancia nueva y entonces mi Carmencita y también mis cuatro riales, han de pasar a sus manos, si acaso Dios me permite...
--Y se lo ha de permitir, porque Carmen y Francisco...
--¡No me hable d'esos canallas que cren que m'están pitando!... No les diga que yo sé, mejor que lo qu'ellos saben, ese secreto que guardan... Hay flores que sólo güelen en el misterio e la noche, pues parece que el olor con la sombra se casara...
MI PRIMO SEBASTIÁN
Las personas que no tengan entre sus parientes un ejemplar como mi primo Sebastián, no mirarán seguramente, los tramways eléctricos ni los automóviles, con la fruición que yo los miro, ni leerán las noticias referentes a choques y colisiones, con mi impaciencia golosa, sobre todo al recorrer anhelante la lista de las desgraciadas víctimas. Anteayer acababa de desayunarme en el club y leía los periódicos, cuando se me presentó mi pariente:
--¡No salgás todavía, che! Tengo que hablarte seriamente de un asunto importante, que te interesa como primo y como argentino...
Y tomando asiento, con ese desparpajo fanfarrón, propio solamente de los hombres necesitados de entereza y que ocupados en fingirla no ven el ridículo que les hace señas, llamó al mozo encargándole uno de sus tantos brebajes favoritos, y encarándose conmigo, me dijo a quemarropa:
--Decime che... ¿vos ya te has afiliao a alguno de los partidos en lucha?... ¿Qué sos en l'atualidá?...--Y mi primo Sebastián revolvía nerviosamente su vaso, sin mirarme.
--¿Yo?... ¿Y qué quieres que sea, Sebastián?
--¿Cómo que quiero que seas?... ¡Yo no quiero nada!... El que debe querer sos vos, que no podés permanecer indiferente cuando ya están hirviendo las parroquias, olvidándote de que tenés un nombre tradicional en nuestras luchas electorales y parientes, como yo, ¡que solamente esperan tu palabra pa pararse!... Anoche, no más, les decía a los muchachos de casa, que comentaban tu indiferencia: “!Vean!... ¡A ese dejenmelón a mí, que yo lo v'y a templar!...” ¡Y aquí me tenés a tu lao, dispuesto a todo!... Vos sabés que yo soy el último Ferro que queda en la familia y que tengo de mi padre, entre muchas cosas buenas, la condición de ser desinteresado y decidido, como era él, que aunque hijo de italiano, no tuvo nunca nadie que decirle que no fuese un criollo cuadrao!... Yo, ¿sabés?, ¡estoy dispuesto a transigir con todo, menos con verte alejao del puesto que te corresponde y he tenido mucha rabia al no hallarte entre los notables que forman la convención!... ¿Qué se piensa Roca de nosotros, che?... Ya sería tiempo'e saberlo pa tomar un rumbo fijo y enseñarle a respetar... ¿Qué te ha dicho Pellegrini?...
--¿A mí?... ¡Nada!
--¿Aura salimos con ésa?... ¡El gringo ha de estar creyendo que se la lleva de arriba!... ¡Bueno: ¡Mirá!... Lo primero que hay que hacer, es cambiar de táctica y formar un clusito independiente pero maniobrero, algo así livianito, que podamos manejarlo como queramos... Sería una vergüenza pa vos y pa todos los amigos, che... que dejaran a un hombre como yo que dentrara a transar por el puchero, nada menos que con esos usurpadores envalentonaos... ¿Entonces quedamos en que vos lo que querés es dentrar entre los notables?...
--¿Yo?...
--¡Perfetamente!... ¡No hay ni que hablar!... Che!... ¡Mozo!... ¡Oiga! Traiga una botellita e coñaque del mejor que tenga... que vamos a festejar una alianza que será famosa... ¡Este hombre tiene una suerte...!
--¡Sebastián!... ¡Yo no te he dicho nada ni quiero nada!... ¡No me mezclo en política, ni quiero saber de notables ni de convencionales!
--¿Qué no vas a querer, hipócrita del demonio?... ¡Lo que hay es que ya estás creyendo que yo te me voy a dejar cair con un par de a quinientos y m'estás sacando el cuerpo!... ¡No creas, hermano!... Aura, desde que dejé mis viejos vicios, o mejor dicho, desde que ellos me dejaron a mí, se acabó el Sebastián de antes, aquél pasiandero y divertido que tanto les dió que hacer...
--Yo no te digo nada, Sebastián... pero no me meto en política ni quiero oir hablar de asuntos semejantes!...
--¿Qué no te metés?... ¡Eso será lo que tase un sastre!... ¿Y con qué derecho me querés cortar mi carrera, arrancándome de las manos nada menos que la bandera de la regeneración? ¡No, che!... ¡Vos tenés una tradición de familia que no es de tu sola propiedá y yo no v'y a consentir que te den una bofetada y te quedés como si tal cosa!... ¡No, m'hijito!... El honor y la dinidá no se valoran con plata, entendelo bien... y pensá que si vos sos rico en cambio te falta sangre en las venas y que yo tengo pa los dos...
--Bebete tu copa, Sebastián, dejémonos de zonceras...