Chapter 14 of 18 · 3901 words · ~20 min read

Part 14

--¿Y por qué no ha de ser, señor? ¿Acaso no sucede siempre lo mismo?... Nombran un comisario nuevo para cualquier partido y cuando más pobre llega, más pronto sale a hacer su recorrida para conocer el pago... Va de estancia en estancia y de rancho en rancho y aquí le gusta un caballito por la parada de las orejas cuando ladran los perros, allí una yunta de bueyes por el modo de mugir o porque tienen las astas blancas y más allá un carnero o unas ovejitas o un gallo, según la pinta de la gente con quien tiene que tratar... Ya ve, pues, que de esto, a tener un plantelito de estancia no hay ni media pulgada.

--Y usted sabía que había tigres por allí...

--¿Qué iba saber, amigo? ¿No le digo que era la primera vez que pisaba el partido?... ¡Andaba buscando no más!... La gran perra con el tal comisario... ¡Me ha hecho perder la bolada de probar ante propios y extraños, como lo he sostenido siempre, que el tigre le dispara al hombre en lugar de atropellarlo... ¡Vea...! ¡Al tigre, que es flojo pero atrevido, no hay como ganarle el tirón!...

--¡Lo creo... pero el miedo no es sonso... ni convida a bailes, amigo!

--¡Qué me va a decir a mí, señor Pérez, sobre el miedo, cuando lo tengo más estudiado que la cartilla!... ¡Mire! Eso de los hombres que no tienen miedo, es una macana vivita... El miedo no necesita que lo llamen para venirse sobre uno en los momentos de peligro y lo mismo le cae a un blanco que a un negro... ¿Sabe la única diferencia que hay entre los flojos y los guapos?... ¡Que los primeros no se saben tragar su miedo como los segundos!... Si yo no hubiese tenido la desgracia de que el tal comisario se llamara García, a esta hora andaría mi nombre volando por toda la República en alas de un hecho incontrovertible, probatorio de este aserto atrevido...

--¡Hombre!... ¿Sabe que no veo bien la concomitancia que puede haber entre su cacería de tigres y el hecho de que el comisario se llamara García?...

--¡Claro!... ¿Qué va a ver?... Para ser ciego y sordo con perfección, en este país, no hay como ser periodista... ¡Mire! A mí los Garcías me tienen reventado y cada vez que me topo con uno, es casi a la fija que me ocurre una desgracia: por dolorosa experiencia sé que es inútil que les haga la cruz ni que toque fierro... Dígame... ¿Ha pensado usted alguna vez en contar los Garcías que hay en Buenos Aires? ¡Bueno! Yo lo he hecho, porque ellos son mi desventura y he querido conocerla en toda su extensión... ¡Tome nota!... Hay nueve mil veintitrés García y de éstos son hombres cinco mil doscientos once, contando como entero a un sastre cojo y manco, que vive en la calle Balcarce al llegar a Brasil, de cuya exigua persona no quedan sino retazos y que se completa con un hijo que tiene seis dedos, y tres mil ochocientas doce mujeres. Setecientos veintidós son almaceneros, doscientos cincuenta y un corredores, ciento tres abogados, cuarenta y tres médicos, doscientos cincuenta y un militares, entre los cuales hay un general; un comodoro y doce coroneles, veintiocho clérigos y el resto pertenecen a profesiones varias, teniendo teléfono solamente diecinueve, pues es la gente más refractaria al progreso y al gasto de dinero en superfluidades.

--¡Demonio...! ¿Sabe que es curiosa su estadística?

--¡Ya lo creo!... La he hecho como un cálculo de probabilidades contra la desgracia, pero no me ha servido de un comino y por lo que le he contado del maldito comisario, ya puede ver de lo que son capaces los García cuando se le atraviesan a un hombre... ¡Puede tener la seguridad absoluta de que la sola presencia del más insignificante de ellos, basta para desbaratar el proyecto mejor elaborado...!

--¡Bueno! ¡Perfectamente...! ¿Pero cuántos tigres lleva usted despachurrados hasta la fecha, a pesar de la siniestra influencia de los García?

--¿Yo?... ¡Pero ni uno, amigo...! ¿No le he dicho que lo que ando buscando todavía, sin poder conseguirlo, es tener la ocasión de probar que el miedo es común a todos los hombres y que los más guapos son todavía los que se lo tragan mejor?

--¿Pero, entonces, cómo tiene usted tanta fama de cazador de tigres...?

--¡Ahí verá lo que son las famas...!

--¿Sabe que es curioso el asunto? ¿Y el chirlo ése que tiene en la frente no es un zarpazo de felino, entonces?

--¡No, hombre... qué va a ser! Éste es un arañón que me pegué con unos vidrios de botella cuando era chico.

--Me ha embromado Gutiérrez con sus informes... ¡La gran perra que es mentirosa la gente...!

--¡No crea...! Es que la vida es así no más, mi querido señor Pérez, y que en este país como es nuevo, tenemos que inventarnos todo para poder vivir a la europea... ¿Qué sería de nosotros si no tuviéramos historiadores, militares, artistas, políticos clarividentes, periodistas, comerciantes, literatos, autores dramáticos, cantores y hasta cazadores de tigres...? Una miserable toldería con indios de levita.

DIPLOMÁTICO EN BOTÓN

--¡No che...! Apuntá para otro lao... Lo qu'es a mí, ni pintao volvés a verme n'un atrio.

--¡Perfetamente...! ¡Sos dueño'e tu voluntá...! ¡Pero no vengás, después, diciendo que sos patriota y maldiciendo al partido porque no sacaste nada...! Bien me decía vez pasada el padre'e los Amarillos.

--¿De mí...? ¿Y qué te pudo decir el padre'e los Amarillos, que apenas si me conocía de haberle pagao la copa en algunas ocasiones...?

--No sé si te conocía, hermano... pero p'al caso es lo mismo, desde que va saliendo verdá todita su información... ¡Hombre!... Fué cuando te sostuve pa citador del jujao... ¿te acordás?... ¡Bueno! Entonces me sabía decir con aquel tonito gangoso que nos hacía tanta gracia: “No se fíe d'ese mozo, amigo... porque no ha'e ser de firmeza y el día menos pensao la sangre lo ha'e tiroñar... ¡El padre usaba un escapulario con retrato'e don Bartolo... y la cabra tir'al monte!”.

--¡Buen viejo chancho y embustero...! Permita Dios qu'esté ardiendo en el tacho más caliente que tengan en el infierno... ¿Conqu'él conoció a mi padre, no?... Mirá... Andá y decil'e mi parte que se rasque si le pica... ¿Querés?

--¡Cómo no! ¡Aurita voy conforme pas'el calor!

--¡La pucha con el viejito...! ¡Con razón tuv'unos hijos que son tan calamidá y unas hijas que pa bagres no les falta ni collar...! ¡Conque mi mama, qu'era una mujer tan seria y que sabía tanta cosa, me supo dar ningún dato respeto el particular... y los ib'a tener él que al fin ni parecía de aquí... al menos por la tonada...!

--¿Y qué querés, hermano?... Hasta se l'oí repetir en el mismo comité...

--¿En el comité...? P'cha que siento, che, qu'ese viejo se haiga muerto... L'hubiera hecho confesar lo que siempre sospeché, ¿sabés?... ¡que hasta él mismo era toda una matufia que caminaba com'hombre!... ¡Fijate sinó...! Se llamab'Agapito ¿te acordás? y nunca hizo ni morisquetas, porque no sabía ni rairse y de apelativo Amarillo y era aindiao tirando a negro.

--¡Bueno, hermano, así sería... pero ya ves...!

--¿Ya ves?... ¡Yo no veo nada, che!... Lo que sé's que no m'iscribo, ni voto ni m'enrolo, ni me meto en política ni en nada...

--¡Pero, che...! Vas a quedar pior que gringo, porque un criollo sin boleta no sirve ni pa charlar... ¿Ve? ¡Así son todos ustedes!... Se les viene la ocasión de hacerse valer com'hombres y empiezan a hinchar el lomo y la dejan escapar...

--Yo no encumbro más manates, que después ni me saludan...

--¡Veanlón al mozo vivo...! ¿Ve?... ¿Pero te crés, infeliz, que ni vos, ni yo, ni nadie servimos para otra cosa que pa'muchar el montón de los pobres zanagorias...? ¡Y no encumbro más manates...! ¡Dejat'e cantar, chicharra, que todavía pued'elar!... ¡Atendé...! Vos no tenés porqu'estar desencantao... Si no cuajastes de citador, no fué porque tus amigos no te hubiesen sostenido; sino porqu'el acuerdo t'esigió ese sacrificio... El empleo se le dió al pardo González, candidato e los mitristas, qu'hicieron, como se dice, hasta cuestión de gabinete...

--¡Dejat'e macaniar, hermano...! ¿Cres que si yo m'enojao, ha sido por tal pavada, ni qu'he dentrao en política llevao por la mamadera?... ¡No, che...! A mí me pasó algo pior que sufrir una redota... Fuí tratao como alversario y me pegaron de atrás los mismos que yo servía... ¿Te acordás de Catalina, la hijita de aquella parda que tenía un taller de plancha casi pegao a mi cuarto...? ¡Bueno!... Yo le tuve a esa muchacha una lai y un'afición, que si mucho me apurás no se me ha'cabao tuavía... qu'era linda, che y como me l'iba metiendo en l'alma, despacito y poco a poco... porque de miedo e perderla no me animaba ni a'blarla y dejaba que los hechos fuesen hablando por mí, como dice la milonga... Se me hacía que s'iba desvanecer aquel encanto tan grande que me venía desd'ella, el día que descubriese qu'era toda mi codicia... ¿Y sabés lo que pasó?...

--¿Cómo no?... ¿No fué una que se alzó con el sargento Ferraira?

--¡Qué se v'alzar, che...! El sargento aprovechó la ocasión de que yo estaba ocupao con las cuestiones del clú y el domingo'e la elección, mientras yo'staba en el atrio cumpliendo con mi deber y la mam'abía salido a entregar una ropita, vino y nos la rató... ¡Mire que caminamos pa ver de quitarselá, antes de que fuera tarde!... ¡Lo vimos al comisario, al juez de paz y hast'al mismo dotor Vigüela, que tanto se me ofreció cuando le di mi boleta... y nada! ¡Todo fué al ñudo...! A los dos meses se apareció la muchacha diciendo que venía'e Belgrano, la pobrecita... y yo, che, de miedo que me convenciera ¿sabés? por que la quería pa bien, alc'el vuelo y juré no dentrar más en política pa sostener a canallas de la clase de Ferraira, qu'en vez d'esponer el cuero cuando llega la ocasión le ratan a uno la novia y se la largan doblada pa que si uno es medio sonso cargue con la responsabilidad...

--Bueno, hermano... pero no porque un sargento le haiga hech'una porquería, v'a renegar de su patria. Yo siento que haigás pensao d'este modo tan luego en esta ocasión, porque tengo la seguridá de qu'en el comité se v'a crer lo que te dije... que te has pasao a mitrista.

--¿Y por qué se ha'e crer en macana semejante, dina de un viejo hablador como era el Amarillo?

--¡Ahí tenés...! Como aura la política de los mitristas es de que no haiga iscrición y vos con tu conduta vas a tirar pa ese lao...

--¡Maldita sea la casta del tal Amarillo y la hora en que reventó sin que yo supiera esto...! ¡Trompeta!... Pa que no se diga que la baba d'ese viejo me ha llegao a salpicar... te v'y'acompañar... pero, ya sabés, por esta, por esta cruz ¿ves? ésta es la última ocasión en que yo pis'en un atrio...

--¡No jurés, hermano... no jurés...! Mirá que aquí, en esta tierra, no se puede hacer programa en materia eletoral y arriejás ser zanagoria pensando ser verdulero...

NOBLEZA DEL PAGO

--Lo encontré al tío viejo en su rancho y comenzamos así la conferencia... ¡Atendé!

--¿Usté no lé la vida social de los diarios, mi tío?

--¿Yo?... ¡Poco sé ler, che!... Nunca he sido aficionao a la letura y aura, con los años, mucho menos... Lo que me gustaba'antes ¿sabés?... cuando recién me pobl'en La Colorada, era ver las figuras del Correo de Ultramar, que solía trair cosas lindas. Entonces me conocí casi todos los reyes y sus familias y también vi unas cabras que diz que servían pa lecheras y unos yuyos rarísimos, que comían carne...

--¡Bueno... mire!... Como aura los diarios han puesto de moda que las familias bien, desciendan de condes o de marqueses o de personas de quienes se haig'hablao en la antigüedá, nosotros necesitamos en casa saber algo de los viejos... Y yo venía por eso... A preguntarle lo que usté supiese d'ellos...

--¡Ah!... ¡D'eso sé bastante, che!...

--¡Qué suerte!... Bien decía yo a Mauricia qu'era imposible que usté no supiese alguna cosa...

--Pues bueno fuera que no... ¡Si ha'bido gente de quien se haig'hablao es de la nuestra...! Mucho habrá sido calumnia... Pero algo ha de haber habido de verdá... ¿no te parece?

--¡Ya lo creo!... Y después... tenga en cuenta lo qu'es la envidia de la plebe contra los nobles...

--Yo no sé, che, si eran nobles, pero sé que les caian y que con algunos hasta tuvo que ver l'autoridá, como le pasó a tu tío Ramón, que al fin se quedó en la calle, y a tu tía Robustiana, mal casada con un inglés que tenía el finao mi padre de puestero y que lo pilló cerdiandolé las yeguas a medias con el juez de paz...

--¡Bueno!... ¿Pero de dónd'era nuestro abuelo paterno...? El que nos dió el apellido de García...

--És'era santiagueñ'o cordobés... Hombre bueno y de acción, según decía mi padre...

--¿Y nuestra'buela de dónd'era...?

--¡Vay'a saber uno...! De por ahí... del campo no más...

--¿Pero no dicen qu'era vasca española...?

--¡Tal vez... pero lo dudo! ¡Más bien tirab'a pampa o a correntina por l'habla... Si era bosalísima!... El viejo parece que se juntó con ella cuando andaba'e picador de carros, p'allá, pa la cost'el Salao, que fué de an'de comenzó a internarse pa l'Azul...

--¿Y de dónde sacó su apellido de Barroso, entonces?

--¿Y qué se yo...? Quizás del charc'o del jagüel en que lavaba sus pilchas... A ella, antes, la conocían en el pago por doña Pepa la mocha, porqu'era del rancho e Los Mochos, como le llamaban a la estancia'el viejo, que casi nadie sabía que fuese tal García...

--¿Los Mochos?... Parece algo así como los Medichi... Sería lindo que resultásemos también como los Demarchi.

--¡Y me contó lo siguiente, qu'es toda nuestra ejecutoria, Mauricia!

--Cuando el finao mi padre, qu'era hombre gaucho pero bien intencionao, se alzó con mama, qu'era jovencita y codiciada en el pago, ganó campo afuera y fué a levantar su rancho casi entre los mismos toldos de un indio capitanejo, que decían las malas lenguas que venía a ser su cuñao... Y ahí vinieron, medio a lo cimarrón, hasta que un buen día los indios se fueron, corridos por los cristianos que empezaban a poblarse y cayó a Los Mochos un señor de Buenos Aires, que diz que había comprao los campos y venía a recorrerlos... ¡Claro!... Habló con mi padre una noche que se quedó en el rancho y a la cuenta le gustó la gente, porque antes de despedirse le dijo:

--¿Quiere quedarse aquí mi amigo...? Yo le doy mil vacas pa que las cuide al tercio... y pa que corra con el campo...

--¡Cómo no, señor...! ¡Ya lo creo!

--¡Bueno!... Entonces... ¡vea!... Le v'y a dar dos mil vacas al tercio y los mochos a medias...

--¿Los mochos a medias...? ¡No diga, señor!

--¡Sí, señor! Los mochos no serán muchos... pero pa empezar...

--¡Qué no han de ser, señor...! ¡Si es una fortuna...! Vea señor... ¿ust'es amigo'el gobierno...?

--¡Cómo no...! ¡El gobernador es mi primo y el ministro es mi cuñao... conque, figuresé!

--¡Qué me dice!... ¿Y el comandante militar de aquí no será también pariente?...

--No... pero es amigo y además lo puedo hacer recomendar por la gente de arriba...

Y así pasaron tres años hasta que un día el patrón volvió a su campo y se halló con una fortuna... Dicen que estaban sentaos cerca del rancho para ver desfilar los rodeos con toda comodidá:

--¡Amigo! ¿Sabe qu'esto ha'ndao lindo?... Novillada flor... ¡Y qué torada!

--¡Y, cómo no, señor!... Éstas son las cuatro mil del tercio...

--¿Cuatro mil, eh? ¿Y aquella polvareda que se ve allá?

--Son los mochos, señor...

--¿Los mochos?... ¡No puede ser, hombre!

--Sí, señor... Parecen muchos pero no son tantos... Apenas habrá unos catorce mil...

--¿Catorce mil?... Pero no puede ser, che... ¡Has d'estar borracho!... ¡Si estoy viend'un mont'e guampas!...

--As' es, señor... Gracias a su recomendación el comandante ha cerrao los ojos y yo no he dejao ternero en el vecindario que no haiga llevao la marca...

--¡Jesús!... ¡Dios mío!... ¿Pero qu'es esto?...

Y el hombre se persignaba viendo desfilar el vacaje y mirando la guampería'e los mochos, que relumbraban. ¡Claro!... Liquidaron la sociedá, pero el viejo se quedó con ocho mil vaquitas, compró campo y s'hizo hombre... ¿Ves?... Ése's el origen de la fortuna e los García tan mentada y la gente'l pago, sabiendo la historia y d'envidiosa... le chantó el apodo al viejo...

--¡Ave María, mi tío!... ¿Es decir que de nobles no nos quedan ni las ganas?...

--¡Yo no he dicho eso!... ¡Conform'el viejo le cerró el lazo al terneraje orejano... cierrenselón ustedes al primer apellido que les guste y... hagansén los chanchos rengos... como tantos!

UNA CURA POR EL AGUA

--La familia ha pedido su detención, porque dice que anda con intención de suicidarse... Lo agarré junto a la parada catorce y s'hizo el que compraba unos duraznos cuando me vió aparecer acompañao de su hijito, que me lo enseñó...

--¡Son macanas de familia, hombre!... Se necesita no tener qué hacer y no conocer a mi gente... pa ocuparse en hacerle caso...

--¡Bueno!... ¿Cómo se llama y a dónde vive?

--¿Y pa qué quiere saberlo...? No le digo que todo es una macana...

--Yo tengo que llevarlo, amigo... como quiera que sea no más... y no lo v'y a llevar así... en seco... pa qu'el comisario me pregunte si h'estao dormido u si lo h'encontrao en la vereda como perro que ha perdido el domicilio...

--Y a mi qué m'importa... Lo que yo no quiero es que los diarios me agarren pa la chacota y más por una cuestión qu'en realidá no es cuestión... Yo soy persona conocida, che... y a'nque me vea con gorra e vasco, sepansén que me saludo con hombres de galera y que a veces sé ser suplente en l'aduana e Catalinas...

--¡Perfectamente, amigo...! ¡Le almito todo lo que quiera...! Per'usté comprende que me tiene que dar su nombre pa no cair a la comisaría como cualquier ene ene...

--¡Bueno...! Ponga Antonio Delgadillo...

--¿Delgadillo y con esa panza...? ¡Mire que v'a resultar una barbaridá, che... y se le van a rair en la oficina...! ¡No sabe lo que son los escribientes...! ¡En fin... allá se las haiga!... ¿No le parece, compañero?

--¡Claro...! Diga en la comisaría, siquiera par'ayudarlo... qu'el hombre no se resistió y que parece decente...

--¡Hij'una gran perra con la vieja chancha e doña Rosa...! ¡Vean! ¡si alguna vez esa vieja me agarr'atravesao y con una copa de más, tengan seguro que la cazo e la cabeza y de los pies y la convierto en acordeón...! ¡Saben lo qu'hizp anoche...! ¡Le dijo a mi mujer, qu'es sobrina d'ella y que anda con sangr'en el ojo porque no encuentro trabajo, que me había visto en la calle acompañao de una inglesa...! ¡Claro...! Una palabra saca a la otra y nos trenzamos de un modo que yo tuve que salirme a media noche con la ropa dentrecasa y enderezar pa los diques... ¿Ve?... Y d'eso es que ha resultao lo que aura m'está pasando y de que tengo seguro que mi mujer se arrepiente...

--Yo, conforme lo vi, ya pensé que usted no era hombre de suicidarse y que todo había de ser por cuestiones de familia...

--¿Qué no soy hombre de suicidarme...? ¡No crea!... ¡En un momento e rabia, soy capaz de cualquier cosa...? Anoche no más... cuando me senté sobr'el malecón y me puse a reflesionar sobre las chanchadas de la vida, pensé que quizás sería mejor que acabase de una vez y cuando más cavilaba me sentía más tentao... Conform'empezó a clariar me comencé a desvestir... pucha con la mañana linda... dije y me quedé mirando el sol que comenzaba a'somar pa'quel lao de la Colonia... Mi mujer se acordará d'este día mientras le dure la vida y cuando sepa que toditas son mentiras de la canalla e su tía, tal vez l'arrastre e las mechas y yo me vea vengao... Y ahí no más me zambullí...

--¡Entonces era verdá que salió pa suicidarse...!

--¡No crea...! El decir adiós no es dirse... Conforme me tocó l'agua, se me aplacaron los nervios y en vez de querer augarme me pegué uno d'esos baños que lo dejan como nuevo al hombre más aporriao... Y la verdá, amigo, lo que nadé un poco, se me despejó la cabeza y dentré a considerar que yo no tenía derecho p'abandonar a mis hijos en este trance tan fiero del vivir en la pobreza y m'empecé a tomar rabia, pensando qu'era más justo qu'en vez de matarme yo, que al fin le soy necesario a toda mi cachorrada, viera de darle un dijusto a la vieja doña Rosa por enredista... y por chancha!

--¡Ya lo creo...! Pero tenga cuidao amigo y que no se le vay'adir la mano... Mire qu'engolosinao puede hacer una barbaridá...

--¡No crea...! ¡L'he dar lo que necesita sin almitirle rebaja... y si puedo hasta un bañito en el dique... con venia e l'autoridá!

ENTRE RENTISTAS...

Yo no alquilo, che, sino muy ligadito... Tres meses adelantaos y garantía personal a satisfacción y no hay tutía... Eso de gente bien y personas distinguidas... ¡pa los pavos! No se hace puchero con pergaminos... ¿no te parece?

--Si yo hago igual, che... pero a veces se atraviesan cosas qu'embroman y no tenés más que dejarte cinchar... Fijate sinó lo que me pasó con la propiedá'e la calle Lavalle, en que se metió el dotor Fritanga y me partió como a queso... ¿quién lo iba a decir?...

--¡Pero cualquiera... che!... Si la cosa s'estaba cayendo'e madura... ¿Creés que nadies t'iba'lquilar semejante atorradero por doscientos pesos con intención de pagarlos?... Es preciso ne dejars'enceguecer por la codicia, y saber con claridá lo que vale cada finca... ¿Pa qué cargar la romana sabiendo que se ha'e romper? El rentista ha'e ser como el hombre'e mundo cuando trata con mujeres... ¡No ha'e pedir sino lo que pueden darle...! No te debés olvidar, hijo, me solía decir mi padre, que la codicia en negocios es como la glotonería... El día menos pensao te deja mostrando el sebo!...

--¡Pues yo caí com'un chorlito!... Y... a propósito... ¿vos conocés un italiano corredor que se llama Bellagamba?... Uno bajito, medio tuerto, que siempre anda como estornudando pero que no estornuda nada.

--¡Buena persona!... Es amigo mío... Si vieras qué modo'e tocar la flauta el de ese corredor, che!... Mirá... Es agarrar su instrumento y comenzar a sentir vos como que te alzan del pelo...

--No digo d'eso, che... digo p'al pago... Me anda por alquilar...

--¡Ah!... D'eso no sé... pero atento a que somos como chanchos te haré un cuentito ¿sabés? y vos sacá la consecuencia si conseguís atar cabos... A mí no me gusta desacreditar y menos a Bellagamba qu'es persona de mi aprecio... Ya sabés que yo no soy sino hombre de afetos y que poco me ha gustado andar metiéndome en canalladas ni difamando a la gente...

--Dejat'e bordoneos, hermano... Ya sabés que secreto qu'echás en mí es como si se cayese al río... ¡No lo pescás ni con ré!...

--El hombr'es bueno ¿sabés? pero juega y a veces la falt'alpiste y d'eso es que le dimana...

--¡Ah! ¡Ah!... ¿Conque juega, no?... ¡Mirá qué ganga!... ¡Bueno!... ¿Y cuál es el cuento?