Chapter 1 of 22 · 3844 words · ~19 min read

Part 1

NOTAS DEL TRANSCRIPIOR

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El Índice de capítulos incluido al final de la obra han sido mudados al principio.

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Cuentos escogidos

_Se han tirado dos ejemplares en papel imperial del Japón_ (N.º 1 y N.º 2)

VELADAS DEL HOGAR

GUY DE MAUPASSANT

Cuentos escogidos

Prefacio de MARCEL PRÉVOST

_Versión castellana_

POR CARLOS DE BATLLE

[Ilustración]

SOCIEDAD DE EDICIONES LITERARIAS Y ARTÍSTICAS

_Librería Paul Ollendorff_ 50, CHAUSSÉE D'ANTIN, 50 PARÍS

PREFACIO LOS CUENTOS DE GUY DE MAUPASSANT

_La fortuna literaria de Guy de Maupassant habrá sido tan excepcional después de su muerte como lo fué durante su vida. Tarde y repentinamente llegó á la celebridad: desconocido á los treinta años, todo el mundo le conocía al cumplir treinta y dos ¡Y á los cuarenta y dos murió en plena actividad, actividad que había sido tan fecunda, que en diez años le había dado materia para treinta tomos!... Tan amplia producción, acogida con favor tan repentino, podía hacer presagiar un cambio de fortuna después de la muerte._

_Efectivamente, al morir, la reputación del escritor celebre está amenazada por dos crisis distintas: ó el olvido inmediato y la más grande indiferencia, como le ocurrió à Octave Feuillet, ó la exagerada severidad de esa especie de tribunal que componen los contemporáneos. El último caso fué el de Víctor Hugo, que ante el Supremo Tribunal ganó gloriosamente el pleito._

_Pero, con Guy de Maupassant no ocurrió nada parecido. En el momento que consideró más oportuno, supo conquistarse un lugar entre los primeros prosistas de su época, y cuando desapareció del mundo de los vivos, ese lugar continuó perteneciéndole. En él nadie se ha instalado después. Se le lee lo mismo que cuando vivía, y si se juzga por ese signo brutal que indica el éxito del cuentista, y que consiste en la venta de sus libros, tal vez se le lee más._

* * * * *

_La obra entera de Guy de Maupassant ha resistido victoriosamente. Y el único efecto causado por la muerte del autor fué que la opinión clasificase su obra en varias categorías: cuentos, novelas cortas y novelas, y, al continuar saboreando el conjunto, parece preferir los cuentos y coloca las novelas cortas por encima de las novelas._

_Sin embargo, no puede darse como cosa cierta que si Maupassant novelista hubiese vivido, no hubiera llegado á igualar al Maupassant cuentista. Sus novelas, notables todas, tienen en contra suya el efecto del número. Maupassant, que escribió cinco novelas, escribió veinticinco tomos de cuentos ó novelas cortas; y los cuentos propiamente dichos, los cuentos del género y dimensiones de los que forman este libro, llenan, de veinticinco tomos, veinte. Y cito números exactos porque constituyen los elementos positivos del debate. Es cierto que la fama del cuentista fecundo ejerce gran influencia sobre la fama del autor de_ Une Vie _y_ Bel Ami. _Y justo es anotar estos títulos para discutir en seguida con mayor facilidad el valor relativo de la obra del cuentista, y el de la obra del novelista._

_La segunda razón que más poderosamente ha contribuido á hacer popular á Maupassant cuentista, estriba en que el cuento es una obra corta que se publica fácilmente y fácilmente se reproduce en los periódicos, y que el lector puede leer cómodamente varias veces. Es un producto literario que el público se procura, por poco dinero, que puede conocer por corto que sea el tiempo de que disponga, y que puede retener haciendo un insignificante esfuerzo de memoria._

_Y finalmente, la última y la mejor razón del privilegiado favor de que gozan los cuentos de Maupassant, entre todo lo que produjo, consiste seguramente en que componen la parte más personal, más definitiva y más excelente de su obra._

* * * * *

_En efecto, la muerte no permitió á Maupassant novelista que evolucionase por completo. Sus últimas novelas_, Fort comme la mort _y_ Notre cœur, _difieren muchísimo de_ Une Vie _ó de_ Bel Ami. _Y tanto en_ Notre cœur _como en_ Une Vie, _lo que más llama la atención y hace que se admire, no es tanto la profundidad de la psicología y la importancia del problema tratado como el arte del cuentista, que especialmente se pone de manifiesto en las escenas aisladas_.

_En lo que á las novelas cortas se refiere, preciso es confesar que algunas de las mejores producciones del autor de_ Boule de Suif _y_ Monsieur Parent, _casi llegan á la perfección. Y en verdad que por su mérito no se diferencian mucho de sus cuentos: el procedimiento es el mismo y tal vez única y exclusivamente debido á sus dimensiones se las pone en diferente categoría._

_Siendo á su manera muy personales, las novelas cortas de Maupassant tienen sin embargo cierto parecido, en lo que al genero se refiere, con obras análogas anteriores. Puedo citar_ Une Passion dans le désert, _de Balzac_; Un cœur simple, _de Flaubert, y varias novelas cortas de Mérimé y de Zola. Por el contrario, á sus cuentos no se les descubren antepasados literarios. No se parecen--elijo sin comparar dos ejemplos de éxito--ni á los cuentos de Gustave Droz, que son fantasías de realidad pintoresca ó psicológica, desprovistos dé pretensiones, ni á los cuentos de Daudet, que en su mayor parte son pequeños poemas._

* * * * *

_El cuento breve, real ó pintoresco como los de Maupassant, nació probablemente de las necesidades materiales y prácticas que se imponían para su publicación. Sus primeros cuentos, y la mayor parte de los que les siguieron, se publicaron en periódicos diarios. Sus dimensiones tenían que limitarse á doscientas ó trescientas líneas, y este reducido espacio no molestó más al pensamiento del escritor que lo que al poeta molestan las reglas de los poemas de forma fija. Por lo demás, Maupassant no aportó á sus cuentos procedimiento distinto al que en sus novelas cortas empleaba: se contentó con reducirlo, y halló que esa reducción le procuraba proporciones más afortunadas y efectos más sorprendentes._

_Por poco que en ello se reflexione se verá que semejante reducción tenía forzosamente que producir el máximum de acción. Componía observando riguroso método: se sabe que no tomaba la pluma hasta que la composición preparatoria estaba terminada en su cerebro, y entonces se dictaba á sí mismo, por decirlo así, un texto casi definitivo. ¡Apenas se encuentran algunas tachaduras en los manuscritos de este escritor que tanto trabajaba el estilo! Y la excelencia de la composición aparece tan clara en el cuento, que la mirada y la memoria del lector la reflejan de pronto. Por otra parte, Maupassant empleaba un estilo preciso, sin nada que lo recargase, y deliberadamente breve. Raramente sus frases llenan más de tres líneas, y las que son más largas no son mejores. Y la experiencia demuestra que los escritores que componen frases largas, fracasan infaliblemente en el cuento por efecto de la desproporción que salta á la vista de todos, hasta de los menos perspicaces..._

_Y por otra parte todavía, y éste fué uno de los rasgos característicos de su talento, Maupassant descolló en la psicología de los seres pertenecientes á la clase media, de los seres adocenados, labradores, pequeños rentistas, empleados, pescadores de caña, cazadores, viejas burguesas y viejas de pueblo, criadas, mujeres de marinos... Y hasta cuando en los últimos días de su vida estudió el alma de los mundanos, no hizo ningún esfuerzo para presentar caracteres extraños, ni cultivó lo que Bourget llama complicaciones sentimentales. Porque si en la novela se necesita tiempo y espacio necesario para presentar personajes singulares y llevados á extraordinarias aventuras, no sucede lo mismo con el cuento. En el cuento, es preciso que los personajes, en cuerpo y alma, queden definidos con pocas palabras; y para descripciones semejantes, nada encaja mejor que los tipos de la clase media, porque todos ellos se encuentran en algún rincón de nuestra memoria y basta con animar la imagen. En eso estriba el triunfo de Maupassant; pero con todo, citaremos algunos principios de cuento tomados de este libro_:

«_Los pobres vivían penosamente con el corto sueldo del marido. Dos niños habían nacido del matrimonio, y la estrechez se había convertido en una de esas miserias veladas, humildes, vergonzosas, miseria de familia noble que á pesar de todo quiere conservar la altura que á su rango corresponde_».

(Á caballo).

«_Chicot, el hostelero de Epreville, detuvo su tilburi_ _ante la alquería de la tía Magloire. Era un mocetón de cuarenta años, pelirrojo y gordo, que tenía fama de listo_».

(El barrilito).

«_La señora Lefèvre era una mujer de campo, una viuda medio campesina, medio señora, que se adornaba con cintas y volantes y llevaba sombrero. Era una de esas personas que hablan enfáticamente, que cuando se encuentran en público se dan tono de grandeza y que bajo un aspecto cómico y abigarrado esconden un alma de bestia presuntuosa, de la misma manera que bajo guantes de seda cruda disimulan sus encarnadas manazas..._».

(Pierrot).

_Para los paisajes, Maupassant emplea el mismo procedimiento que utiliza para pintar los caracteres. Muy pocas veces los escoge extraños, y siempre los más sencillos son los más admirables. No obliga á la imaginación, como hace Loti, á soñar decorados que nunca ha visto, sino que, evocando lo que hemos visto muchas veces, nos procura la sorpresa de presentárnolos mejor mostrándonos las cosas con tacto de artista delicioso que escoge y retiene los rasgos esenciales._

_La parte descriptiva y pintoresca constituye lo más precioso de estos cuentos, tanto por la robusta solidez y la substancia, como por la redondez llena de expresión... ¿Qué lector, por perezoso que sea, ha pasado por alto una descripción de Maupassant? Tan llenas de vida están, que resulta imposible omitirlas como tampoco pueden dejar de verse las cosas reales. Sólo citaré un ejemplo: el admirable principio de_ El cordelito.

«_...Como era día de mercado, los campesinos y sus mujeres, llenando las carreteras de las cercanías de Goderville, se encaminaban hacia la aldea. Los hombres avanzaban andando tranquilamente, inclinando el cuerpo hacia adelante á cada movimiento de sus torcidas piernas, deformadas por el rudo trabajo, por el peso del azadón que eleva el hombro izquierdo y desvía el talle, por las operaciones de la siega que obligan á separar las rodillas para mantenerse con mayor firmeza, y por todas las lentas y penosas tareas de los campos. Su blusa azul, almidonada, brillante como si la hubiesen barnizado, con el cuello y bocamangas adornados con fino dibujo de hilo blanco, se hinchaba alrededor del nervudo cuerpo y semejaba un globo del que saliesen una cabeza, dos brazos y dos piernas._

«_Unos tiraban de una cuerda á cuyo extremo estaba atada una vaca ó un ternero, y sus mujeres, andando tras el animal, le azotaban los cuartos traseros con una rama llena aún de hojas. Con objeto de acelerar la marcha, ellas llevaban al brazo grandes cestos, y por los lados pollos y patos asomaban sus cabezas: y andaban con paso más corto y más ligero que sus maridos, seco el talle, erguido y cubierto con una toquilla que sobre el aplastado pecho sujetaba un alfiler, y la cabeza, envuelta con blanco lienzo que aprisionaba los cabellos, rematada con una cofia._

«_Luego, al sacudido trote de un caballejo, pasaba un carricoche: y en el fondo del carricoche, iban sentados dos hombres. Y en la parte de atrás del vehículo, agarrada con fuerza á los bordes para atenuar el traqueteo, se parecía una mujer._

«_La muchedumbre invadía la plaza de Goderville, una mezcla de seres humanos y de bestias. Los cuernos de los bueyes, los altos sombreros de largo pelo de los labradores ricos y las cofias de las campesinas, eran las únicas cosas que sobresalían. Y las voces agudas y chillonas formaban continuo y salvaje clamor que á veces dominaba el potente grito de un labrador robusto y alegre ó el prolongado mugido de una vaca atada al muro de una casa._

«_Y de allí se emanaba olor á establo, á leche, á estercolero, á heno y á sudor, y de allí se desprendía ese sabor agrio, horrible, humano y bestial, tan peculiar en las gentes del campo..._».

_En fin, para sostener esa perpetua invención, esa inagotable fuente de asuntos, era evidentemente necesaria una imaginación fecundísima. De haberse tratado de asuntos extraños ó rebuscados, no hay imaginación que hubiese podido dar abasto, y la fatiga y el artificio no habrían tardado en ponerse de manifiesto. Pero, la misma naturaleza y el mismo carácter de su observación le destinaron á producir cuentos de una manera regular. Si los asuntos se examinan detenidamente, uno á uno, pronto se echa de ver que en su mayor parte son sencillísimos, y que las cosas que relata ocurren todos los días. Y cuando el éxito inmenso que alcanzaron hubo hecho surgir imitadores á granel, los periódicos diarios se llenaron de cuentos de las mismas dimensiones y del mismo género que los del maestro. Preciso es confesar que algunas veces los asuntos no carecían de acierto, pero entonces se puso de manifiesto, y muy claramente por cierto, que, si bien los procedimientos de Maupassant no eran inimitables, con ellos no se podía llegar á donde él había llegado. Nadie consiguió dar esa impresión de seguridad y de equilibrio que á la vez se desprende de su filosofía, de su observación, de su composición y de su estilo. Y, al lado del infinito número de tomos de cuentos hoy caídos en el olvido, los cuentos de Maupassant son los únicos que sobreviven._

* * * * *

_En esa prodigiosa cosecha en la que verdaderamente no se encuentra nada que sea despreciable, se puede, sin embargo, intentar una selección. Para sus cuentos, Maupassant no eligió nunca asuntos que no se adaptasen perfectamente á su ingenio, pero, entre estos asuntos, hay algunos que le inspiraron felicísimamente. Los cuentos de campesinos, los cuentos normandos, son, según mi modo de ver, los más perfectos. Los recuerdos de la guerra le proporcionaron también abundante cosecha, y finalmente, un lugar aparte está destinado á aquellos en que su autor evoca lo fantástico. Era esa una de las especiales aptitudes de su genio, y harto caro pagó esa facultad de entrever y contar lo desconocido. Pero, cosa maravillosa: en la observación de esos fantasmas se advierte la misma lucidez que en lo real. Colocado de lleno en el dominio de la quimera y de la alucinación, sus dilatados ojos fotografían fielmente los fantasmas._ El miedo _y_ El Parador _dan excelentes ejemplos de esta peligrosa facultad. Y podría citar otros muchos._

_Y muchos son los que pertenecen á todos los géneros, y cuando el lector ó lectora concluya esta selección destinada á ser puesta en todas las manos, podrá pensar que las obras completas le reservan veinte veces la misma satisfacción. La obra de Maupassant, cuentos, novelas cortas y novelas, tiene algo que es verdaderamente extraordinario: que en ella no se puede despreciar nada. Hay trozos excelentes, ninguno flojo, y de un extremo á otro, ciertas condiciones del escritor no se desmienten nunca. La sencilla claridad de la exposición, la composición general, el interés sostenido, la pintoresca sobriedad, el estilo nervioso y preciso, y la imaginación siempre abundante y sin embargo dócil. En fin, atrevámonos á decirlo: su obra entera tiene un mérito rarísimo entre las de los autores de fines del siglo XIX, y es que siendo una obra de artista, en ella no se hace ostentación de literatura. El vicio característico de la mayor parte de los contemporáneos de Maupassant, fué el exceso de literatura, exceso buscado, aparente y casi agresivo. Maupassant tuvo la fortuna de librarse de él, y como puede advertirse en el prólogo de_ Pedro y Juan, _lo logró deliberadamente. Eso le procuró entonces el desdén de algunos críticos, pero su obra ha salido beneficiada por ello pues está tan viva como hace quince años y no es difícil prever que el tiempo no le hará mella alguna. Todo, porque el artificio literario clasifica pronto una obra en el orden de los documentos. Y por ejemplo, las novelas de los Goncourt ¿son ahora algo más que documentos, es decir, cosas curiosas y muertas?_

_MARCEL PRÉVOST._

ÍNDICE

Pág.

PREFACIO vii

En el agua 1

El regreso 9

El guarda 17

El pecio 27

La señorita Perla 42

La loca 63

Pierrot 68

El miedo 75

En la mar 84

Tambouctou 91

En los campos 101

La aventura de Walter Schnaffs 109

La sillera 120

Dionisio 129

El cordelito 139

El bautizo 149

Mi tío Julio 156

De viaje 167

La madre Salvaje 173

El barrilito 185

El bicho de Belhomme 193

El collar 203

El viejo 215

Á caballo 225

Dos amigos 235

El ladrón 244

Tonico 250

Los prisioneros 262

El parador 277

Amor 294

El hoyo 301

El inválido 310

Minué 317

El lobo 323

El protector 331

Una vendetta 338

CUENTOS ESCOGIDOS

EN EL AGUA

El verano pasado alquilé una casita de campo situada á orillas del Sena, á varias leguas de París, y allí iba á dormir todas las noches. Poco tardé en entablar relaciones con uno de mis vecinos, hombre de treinta á cuarenta años, que, indudablemente, era el tipo más curioso que nunca me he echado á la cara. Era un canoero viejo, pero un canoero furibundo que estaba siempre cerca del agua, en el agua, dentro del agua; que sin duda había nacido en una canoa, y que seguramente en una canoa morirá también.

Y una noche, que paseábamos juntos por las orillas del Sena, le supliqué que me refiriese algunas anécdotas de su vida náutica. Mi hombre se animó inmediatamente, se transfiguró, y juzgándole por la elocuencia de que hizo gala, le creí poeta. En su corazón anidaba una pasión muy grande, una pasión devoradora é irresistible: el río.

--¡Ah!--me dijo.--¡Cuántos recuerdos míos se relacionan con este río qué mansamente se desliza á nuestro lado! Ustedes, los que viven en calles, no saben lo que es un río; pero oiga á un pescador pronunciar estas palabras. Para él, es el abismo misterioso, profundo, desconocido; es el país de los espejismos y de las fantasmagorías donde se ven, de noche, cosas que no existen, y donde se oyen ruidos que no se han oído nunca. En él se tiembla sin saber por qué, lo mismo que al cruzar un cementerio, y efectivamente, el cementerio más siniestro es aquél en que no hay tumbas.

La tierra es cosa limitada para el pescador, y en la sombra, cuando no hay luna, el río no tiene fin. Los marinos no sienten la misma cosa por la mar. La mar es dura á veces, terrible otras, mala muchas, pero brama, ruge y es leal: el río es silencioso y pérfido. Nunca ruge, siempre se desliza sin ruido, y tengo para mí que ese eterno movimiento del agua murmuradora es cien veces más terrible que las altas olas del Océano.

Algunos soñadores pretenden que la mar esconde en su seno países azulados, inmensos, en los cuales los ahogados ruedan, entre grandes peces, por extraños bosques y por grutas de cristal. El río no tiene más que negras profundidades en las que los muertos se pudren. Cuando brilla al sol y el agua chapaletea suavemente en las orillas cubiertas de murmuradores cañaverales, es hermoso.

Hablando del Océano, el poeta dijo:

¡Cuánta lúgubre historia en vuestro seno Guardáis, profundas olas, Que miráis á las madres de rodillas Y les contáis tragedias pavorosas! Por eso vuestra voz es un quejido Cuando venís á acariciar la costa.

Pues bien, yo creo que las historias murmuradas por las delgadas cañas con sus vocecitas suaves y dulces, deben ser más siniestras que los dramas lúgubres que con sus potentes bramidos cuentan las olas.

Pero, como lo que usted me pide son recuerdos personales, voy á referirle una aventura bastante extraña que aquí me ocurrió hace diez años.

Vivía en la misma casa que ahora, y uno de mis mejores compañeros, Luis Bernet, que ha renunciado ya á la canoa, á sus pompas y á su desaliño para entrar en el Consejo de Estado, se había instalado en C..., dos leguas más abajo. Y todos los días comíamos juntos, unas veces en su casa, otras en la mía.

Una noche que volvía solo, algo cansado y arrastrando penosamente mi barca grande, un _acorazado_ de doce pies que nunca utilizaba de día, me detuve, para tomar aliento, en la punta de las cañas, á unos doscientos metros del ferrocarril. El tiempo era magnífico: la luna resplandecía, el río brillaba y el aire era suave y tranquilo. La hermosura del sitio me tentó y pensé que fumar allí una pipa había de ser muy agradable. La acción siguió á mi pensamiento, y cogiendo el ancla la arrojé al agua.

La barca, que bajaba siguiendo la corriente, se detuvo. Yo extendí en la popa la piel de carnero y me instalé lo mejor que pude... No se oía nada, nada... de cuando en cuando me parecía que á mis oídos llegaba el chapaleteo casi insensible del agua al chocar en la orilla, y distinguía los grupos de cañas que semejaban figuras sorprendentes... ¡Hasta á veces parecía que se agitaban!

El río estaba muy tranquilo, pero el extraordinario silencio que reinaba me emocionó. Las ranas y los sapos, esos cantores nocturnos de los charcos, callaban. Repentinamente, y á mi derecha, oí cantar á una rana. Me estremecí, calló, no oí nada más, y con objeto de distraerme me dispuse á cargar la pipa. Por más que entonces yo era un curador de pipas famoso, no pude fumar; y como quiera que al dar el segundo chupetón sentí náuseas, cesé. Me puse á canturrear, pero el sonido de mi voz se me antojó muy triste, y tendiéndome en el fondo de mi barca me absorbí contemplando el cielo. Permanecí tranquilo durante largo rato, pero los ligeros movimientos de la barca vinieron de nuevo á despertar mi inquietud. Me parecía que daba saltos gigantescos y que por turno chocaba con una y otra orilla; creí luego que un ser ó que una fuerza irresistible la atraía suavemente hasta el fondo del río y que sólo la permitía que subiese á la superficie para hundirla otra vez; me sentía zarandeado como en una tempestad, y al oir ruidos á mi alrededor me puse en pie de un salto. El agua brillaba, y la tranquilidad que reinaba era perfecta.