Part 1
NOTA DE TRANSCRIPCIÓN
* Las cursivas se muestran entre _subrayados_ y las versalitas se han convertido a MAYÚSCULAS.
* Los errores de imprenta han sido corregidos.
* La ortografía del texto original ha sido modernizada de acuerdo con las normas publicadas en 2010 por la Real Academia Española.
* También se han modernizado los nombres propios de personas y lugares, y los gentilicios.
* Los nombres de los dioses y héroes no aparecen con la denominación latina, utilizada por el traductor, sino con la griega, como hizo el autor. Es decir, Venus y Hércules aparecen como Afrodita y Heracles.
* Las notas a pie de página han sido renumeradas y colocadas al final del libro.
* Las páginas en blanco han sido eliminadas.
OBRAS DRAMÁTICAS DE EURÍPIDES
BIBLIOTECA CLÁSICA TOMO CCXXV
OBRAS DRAMÁTICAS DE EURÍPIDES
VERTIDAS DIRECTAMENTE DEL GRIEGO AL CASTELLANO POR EDUARDO MIER Y BARBERY Traductor del alemán de las obras dramáticas de Schiller de la «Biblioteca Clásica».
Grajis ingenium, Grajis dedit ore rotundo Musa loqui.
HORAC., _Epist. ad Pis._
TOMO III
MADRID LIBRERÍA DE LOS SUCESORES DE HERNANDO Calle del Arenal, núm. 11. — 1910
ES PROPIEDAD
MADRID. — Imp. de los Suc. de Hernando, Quintana, 33.
ION
ARGUMENTO
Enamorado Apolo de Creúsa, hija de Erecteo, rey de Atenas, logró a la fuerza la satisfacción de su deseo arrastrándola a la gruta de Macra, sita en la Acrópolis, en donde después dio a luz el fruto de esta unión, exponiéndolo allí mismo con ciertas señales para ocultar su deshonra; Apolo rogó entonces a Hermes que lo llevase a su templo de Delfos, en donde lo adoptó la Pitia, criándolo como si fuera suyo y destinandolo más tarde al servicio del dios, cuyos tesoros guardaba.
Creúsa, mientras tanto, se había desposado con Juto, hijo de Helén, famoso guerrero auxiliar de los atenienses, con quienes venció a los calcodóntidas de la Eubea, recibiendo, en premio la mano de aquella; mas como no tuviesen hijos que heredaran su cetro y sus riquezas, fueron a Delfos a consultar el oráculo y a rogar a Apolo que se los concediese. El dios respondió a Juto que reconociera como tal al primero que encontrare al salir del templo; y siendo el primero el hijo adoptivo de la Pitia, que lo era realmente de Apolo y Creúsa, Juto lo miró como suyo, y quiso solemnizar tan deseado hallazgo con banquetes suntuosos, a los cuales fueron invitados todos los amigos del hijo hallado, llamado Ion por su padre. Creúsa, sin embargo, sabedora de la respuesta del oráculo, que daba un descendiente a su esposo, dejándola a ella huérfana, resolvió envenenarlo aconsejada de su pedagogo, y al efecto encargó a este que sirviese a los convidados, y que al escanciarles el vino vertiese en la copa de Ion una gota letal de la sangre de Medusa, que Atenea había dado a uno de sus abuelos. El pedagogo obedeció sus órdenes, y ya estaba Ion a punto de apurar la fatal copa, cuando oyó cierto ruido de mal agüero, y la derramó, ofreciendo su libación a la tierra. Casualmente había penetrado en el tabernáculo del festín una bandada de palomas, las cuales bebieron del líquido que habían vertido los convidados, muriendo presa de agudas convulsiones la que gustó del vino de Ion. Este se apoderó entonces del pedagogo, que tan oficiosamente le había asistido en el banquete, y haciéndole confesar su delito, supo la tentativa de envenenamiento de Creúsa, a quien acusó ante la asamblea de próceres de Delfos, los cuales la condenaron a ser precipitada desde las rocas de Delfos. Creúsa, que supo la suerte que le aguardaba, se refugió en el ara de Apolo, asilo seguro y sacrosanto.
Ion se presentó, no obstante, con satélites armados para prenderla, y cuando estaban a punto de arrancarla de allí a viva fuerza, acude la Pitia, que le entrega el cestillo en que lo trajo Hermes, y las prendas que contenía. Al verlas Creúsa, deja el ara y las reconoce como suyas y a Ion como a fruto de su unión con Apolo. Grande fue, pues, la alegría de ambos, y, para colmarla, se aparece Atenea profetizando a Ion las glorias reservadas a su nombre y a sus hijos.
Desde luego se comprende que esta obra dramática de Eurípides no es propiamente una tragedia, sino lo que hoy se apellida un drama entre los críticos modernos, en su acepción más estricta. Fundado, como tantos otros, en una ἀναγνώρισις, o reconocimiento de un hijo, es notable en más de un concepto por lo perfecto del plan, por los caracteres de los personajes, y por las bellezas particulares que encierra, hijas del buen gusto y del talento dramático del poeta. Es lástima, sin duda, que Juto sea engañado a un tiempo por Apolo, por Creúsa, su esposa, y por Ion, cuando, según nuestras ideas, nada tenga de lisonjero el papel que se le hace representar. Adviértase, no obstante, que los griegos no pensaban en este particular como nosotros, y que en más de una ocasión, y en las mismas tragedias de Eurípides (véase el _Heracles Furioso_), los mortales se muestran muy complacidos de compartir con un inmortal el lecho en que descansa su esposa. Lo peor es que el antojo libidinoso de un dios sea causa de la violación de una doncella, de la separación de la madre y del hijo, y de las consecuencias que trae. Tampoco parece laudable el propósito de Creúsa de envenenar a Ion, y el de este de arrancar a su madre del ara, cuando tan religioso se muestra en todo el poema, y a pesar de las violentas y poderosas pasiones que mueven a ambos. Así y todo, no puede negarse que el carácter de este último, su piedad y mansedumbre, sus apacibles costumbres y santa vida, la resignación con que sufre su suerte, su deseo de averiguar quiénes fueran sus padres, el sentimiento que le aqueja cuando se ve obligado a dejar el servicio del dios para heredar una corona, y su respeto a Juto y a Creúsa cuando los reconoce como a sus padres, nos interesan en alto grado, revelándonos en sus distintas fases la pureza de su alma y los dulces afectos que la alientan. Cuando se queja de la conducta de Apolo, lo hace con dolor y como contra su voluntad, y cuando duda de la veracidad de su madre, procura siempre expresar sus recelos y sospechas sin ofenderla. También es raro, conocidas las tendencias filosóficas y antipoliteístas de Eurípides, que, encontrando ocasión tan propicia para explanarlas, se contente con hacer algunas indicaciones o envolverlas en el fondo del argumento. En general, la poesía de esta composición es fácil, amena y esencialmente helénica, brillando en algunos cantos del coro con vivísima luz e imponderable armonía. A nuestro juicio, la escena más bella es la del reconocimiento de Creúsa e Ion.
En cuanto a la época de su representación, únicamente debemos decir que nada se sabe de positivo, y que las conjeturas en que se apoyan para indicarla, así Hermann como Théob. Fix y otros, no dejan de ser, al menos en nuestro concepto, simples presunciones individuales que distan mucho de convencernos. En efecto; conocido el amor con que los atenienses y sus poetas hablan siempre de su ciudad, de sus fundadores y de los progenitores de su raza; sabido el intolerante exclusivismo con que miraban a los extranjeros y la tradición popular en este pueblo, que se tenía por autóctono o indígena, no daremos gran peso a las alusiones que se han creído percibir a la época en que la distribución entre las ciudadanos de cierta cantidad de granos, traídos de la Eubea, produjo alguna recrudescencia contra los que no disfrutaban de los derechos de ciudadanía, haciendo emigrar a muchos millares de ellos. ¿Por qué razón apoyarnos en tan frágiles indicios cuando es poco lo que se dice a favor de la autoctonía de los atenienses, poco también y a la ligera lo que se increpa a los extranjeros, nada odioso el papel que Juto representa, y, por último, cuando en otras tragedias de Eurípides se dice tanto o más contra ellos? Hacer gala de erudición a costa de la sana lógica no nos parece razonable. Lo mismo decimos de otra presunción, según la cual debió representarse hacia la Olimp. 97, 4 (478 años antes de Jesucristo), porque se ha creído ver otra alusión en las palabras del protagonista de la tragedia al coro describiéndole los cuadros que adornan el pórtico del templo de Apolo, y al presente que los atenienses hicieron a este dios, construyendo a sus expensas un nuevo pórtico, poco después de la victoria que ganó Formión a los lacedemonios. Lo primero que se ha de probar es que el pórtico descripto por Ion y el edificado por los atenienses en la época mencionada son uno mismo, lo cual dista mucho de ser fácil, y mientras esto no se haga, tal indicación no deja de ser una de las infinitas visiones de arqueólogos y eruditos, muchas veces los poetas fantásticos de la Historia.
PERSONAJES
HERMES. ION, _hijo de Apolo y de Creúsa._ CORO DE ESCLAVAS DE CREÚSA. CREÚSA, _reina de Atenas._ JUTO, _su esposo._ UN ANCIANO, _pedagogo de Creúsa._ UNA ESCLAVA DE CREÚSA. LA PITIA _o sacerdotisa de Apolo._ ATENEA.
La acción es en Delfos, ante el templo de Apolo.
Se ve el vestíbulo del templo, y delante del pórtico las estatuas de Febo y Artemisa. En el tímpano del frontón, esculpidas y pintadas, las luchas de Heracles y la Hidra y la de Belerofonte y la Quimera, y en el muro la batalla de los Gigantes.
HERMES (_saliendo del bosquecillo contiguo_).
Atlas,[1] que sustenta en sus férreos hombros el cielo, antigua mansión de los inmortales, engendró en una diosa[2] a Maya,[3] mi madre; yo soy, pues, Hermes, servidor de Zeus, el más poderoso de todos los dioses. He venido a esta tierra de Delfos, en donde Febo, en el centro de nuestro globo,[4] anuncia siempre a los hombres lo presente y lo futuro. Hay una ciudad griega, no innoble, llamada como Palas, la de la dorada lanza,[5] en donde Febo poseyó por fuerza a Creúsa, la hija de Erecteo,[6] en el lugar llamado Macra por los soberanos del Ática, rocas septentrionales situadas bajo la ciudadela. Ignorándolo su padre (que así plugo al dios), llevó la carga de su vientre y a su tiempo dio a luz un niño en su palacio, y lo llevó a la misma gruta en donde fue concebido, exponiéndolo a la muerte en un cestillo redondo, según costumbre de sus antepasados, y de Erictonio, el hijo de la Tierra; y la hija de Zeus, para defenderlo, envió allí dos dragones y lo dio a guardar a las hijas de Aglauro.[7] En recuerdo de este suceso, los erecteidas crían a sus hijos ceñidos de serpientes doradas.[8] Pero Creúsa, suponiendo que moriría, lo adornó con sus mismas galas. Mi hermano Febo me rogó entonces así: «Ve, ¡oh hermano!, a la ínclita Atenas, en donde habita un pueblo indígena, a la ciudad de Palas, que tú conoces, y sacando al niño recién nacido de la gruta, en el mismo cesto que lo contiene y sin tocar a sus envolturas, tráelo a mi fatídico templo de Delfos, y déjalo a la entrada. Yo cuidaré de lo demás, porque has de saber que es mi hijo». Y yo, queriendo hacer este favor a mi hermano Apolo, me apoderé del cesto entretejido, y dejé al niño a la entrada de este templo, abierto el redondo cestillo, para que se viese. Y cuando el sol subía dando vueltas, entró la sacerdotisa y, al mirar al niño, se quedó sorprendida, creyendo que alguna joven de Delfos había sido bastante osada para exponer en la mansión divina el fruto de su vientre. Quiso primero arrojarlo de allí; pero se compadeció de él y no fue tan cruel, porque el dios protegía al niño, y no consintió que lo echasen. Y adoptándolo lo crio, e ignora que su padre es Febo, y cuál haya sido su madre, y nada más sabe. Mientras fue niño vivió de las ofrendas, y vagaba jugando; cuando llegó a ser hombre, los de Delfos lo hicieron guardián de las riquezas del dios y su fiel cuestor, y en el templo ha llevado hasta ahora santa vida. Entonces se casó su madre Creúsa con Juto, a consecuencia de la guerra que estalló entre los atenienses y los calcodóntidas,[9] habitantes de la tierra eubeica, que concluyó Juto con la fuerza de las armas, aunque no indígena, pero que era, sin embargo, oriundo de la Acaya y descendiente de Eolo, hijo de Zeus. Mucho tiempo llevan de matrimonio, y hasta ahora no han engendrado hijos, y por esta causa han venido a consultar el oráculo de Apolo, deseosos de tenerlos. Y Apolo lo ha dispuesto así, y no a ciegas, según se cree; y cuando entre en el templo, dará a Juto su hijo, y le dirá que es de él, para que sea reconocido por Creúsa a su vuelta al hogar materno, y permanezca oculta su unión con Apolo, y obtenga su hijo la herencia que le corresponde. Cuidará de que los griegos le llamen Ion, fundador de la región asiática.[10] Pero entraré en este templo laurífero para saber lo que hay resuelto acerca del niño. Aquí veo al hijo de Apolo que sale a limpiar la puerta con ramas de laurel, y yo, el primero de los dioses, lo llamo Ion desde ahora. (_Ocúltase en el bosquecillo de laurel_).
ION (_que sale del templo_).
Ya el sol pasea por la tierra este carro esplendente de cuatro caballos, y los astros huyen por el aire de su fuego a refugiarse en el seno de la sagrada noche; las cumbres inaccesibles del Parnaso brillan a la vista de los hombres, alumbradas por las ruedas, que traen el día, y el humo de la seca mirra llena el templo de Febo; la délfica sacerdotisa se sienta en el santo trípode, cantando a los griegos los oráculos que Apolo inspira. Id, pues, ministros del delfín Febo, a las ondas argentadas de Castalia,[11] y, lavándoos en sus puras aguas, volved al templo y guardad religioso silencio para que vuestra lengua anuncie favorables presagios a los que vienen a consultar el oráculo. Nosotros, cumpliendo con el deber que acatamos desde niños, purificaremos el vestíbulo del templo de Apolo con ramas de laurel y guirnaldas entretejidas, y humedeceremos el suelo con nuestras líquidas gotas, y ahuyentaremos con nuestras saetas las bandadas de aves que ofenden a los sagrados presentes, porque siendo hijo de padres desconocidos, venero solo a la mansión divina de Febo, en donde me he criado.
_Estrofa._ — Bellísimo laurel que barres el arca del templo de Febo, recién cortado de jardines inmortales, en donde bullen aguas sagradas de perenne corriente, y hojas, también sagradas, de mirto, con que purifico cada día este santo suelo, así que el sol extiende sus ligeras y brillantes alas. ¡Oh Peán, Peán bienaventurado,[12] bienaventurado seas, oh hijo de Leto!
_Antístrofa._ — ¡Oh Febo! Sírvote y cuido de tu morada fatídica; honroso ministerio es para mí trabajar por los dioses inmortales, no por los mortales, y no me molesta cumplir tan gloriosos deberes. Febo es el padre que me engendró; yo lo alabaré por haberme criado, y este templo, en donde habita y me dispensa sus dones, hará para mí las veces de padre. ¡Oh Peán, Peán bienaventurado, bienaventurado seas, oh hijo de Leto!; pero acabaré de barrer con el laurel, y regaré la tierra con el agua de los dorados vasos que corre de la fuente Castalia, derramando sus frescas ondas, ya que duermo en casto lecho. ¡Ojalá que nunca deje el servicio de Febo, o que, si lo abandono, sea con buena suerte! ¡Ea..., ea!
_Estrofa 2.ª_ — Ya vienen, ya dejan las aves su morada del Parnaso. Os anuncio que no os acerquéis a las almenas ni a este templo, rico en oro. Te alcanzarán mis saetas, ¡oh mensajera de Zeus!,[13] que con tu fuerte y corvo pico vences a las demás aves. He aquí este otro cisne que se dirige hacia los atrios. ¿No moverás hacia otro lado tus pies rojos? No te libertará de mis saetas la melodiosa cítara de Febo.[14] Pasa a todo vuelo; entra en la laguna de Delos; derramaré tu sangre e interrumpiré tus cantos suaves si no obedeces.
_Antístrofa 2.ª_ — ¡Hola, hola! ¿Cuál es esta nueva ave que llega? ¿Hará bajo sus almenas el nido de leña y paja para sus hijuelos? La alejará de aquí el silbido de las flechas. ¿No obedecerás? Vete; procrea tus hijos en los remolinos del Alfeo, o en la selva istmia,[15] y no ofendas los presentes y el templo de Febo. Temo, no obstante, mataros, porque anunciáis a los mortales las órdenes de los dioses; pero no faltaré a mis deberes ni dejaré de venerar nunca a los que me criaron. (_El coro de mujeres de Atenas, servidoras de Creúsa, dividido en dos semicoros, aparece en la escena_).
PRIMER SEMICORO (_ante el pórtico_).
Ni en la divina Atenas hay tan bellas columnatas en templos de los dioses, ni en el de Apolo Agieo;[16] luz bella y resplandeciente brilla en ambas fachadas de la morada de Loxias, hijo de Leto.
SEGUNDO SEMICORO (_mirando las pinturas del frontón_).
Mira esta pintura, que representa al hijo de Zeus,[17] dando muerte con su dorada y corva espada a la hidra Lernea; mírala, amiga, con tus ojos.
PRIMER SEMICORO
Ya la veo. Y otro, junto a él, levanta la ardiente antorcha.[18] ¿Quién es? ¿Es el escudero Yolao, el representado en mis labores mujeriles,[19] el que acompañó en sus trabajos al hijo de Zeus?
SEGUNDO SEMICORO
Pero mira al otro cabalgando en caballo alado, que mata a la robusta fiera de tres cuerpos, que arroja llamas.[20] (_Los dos semicoros penetran en la columnata del pórtico_).
PRIMER SEMICORO
Hacia todas partes miro y contemplo en los muros de piedra la batalla de los Gigantes.
SEGUNDO SEMICORO
La admiramos, ¡oh amigas!...
PRIMER SEMICORO
¿Ves a aquella que vuelve su gorgóneo escudo contra Encélado?
SEGUNDO SEMICORO
Veo a Palas, mi diosa.
PRIMER SEMICORO
¿Cómo, pues? ¿Ves el ardiente rayo impetuoso que lanzan las manos de Zeus, que hieren desde lejos?
EL SEMICORO
Ya lo veo; abrasa con su fuego al horrible Mimas.[21] Y Bromio o Dioniso, que da muerte a uno de los hijos de la Tierra con sus débiles férulas,[22] coronadas de yedra. (Júntanse los dos semicoros.)
EL CORO (_a Ion, que está a la puerta del templo_).
A ti digo, que estás a la puerta del templo, ¿pueden mis blancos pies pisar sus umbrales y entrar?
ION
No es lícito, ¡oh extranjeras!
EL CORO
¿Ni oiré de tu boca palabra alguna?
ION
¿Qué quieres oír?
EL CORO
¿Es verdad que el templo de Febo está en el centro de la Tierra?[23]
ION
Sí, adornado de guirnaldas y cerca las Gorgonas.
EL CORO
Así dice también la fama.
ION
Si delante del templo derramasteis sangre, y deseáis saber algo de Febo, entrad en los atrios; pero si no habéis sacrificado ovejas, no penetréis en la nave.
EL CORO
Ya sé lo que debo hacer: no desobedeceremos las órdenes del dios, y se deleitarán nuestros ojos examinando por el templo.
ION
Observad lo que sea lícito.
EL CORO
Mis señores me dieron licencia para ver esa mansión del dios.
ION
¿A qué familia servís?
EL CORO
En donde Palas habita se criaron mis dueños. (_Llega Creúsa_). Pregunta a mi señora, que es esta que ves aquí.
ION
Noble eres, en verdad; es dulce tu belleza, sin duda como tus costumbres, quienquiera que seas, ¡oh mujer! Fácil es decidir con solo ver a la mayor parte de los hombres, si su prosapia es ilustre. ¿Qué es eso? Me sorprende que cierres tus ojos y que las lágrimas surquen tus nobles mejillas, aunque has contemplado el santo oráculo de Apolo. ¿Cuál es la causa de tu tristeza, ¡oh mujer!? Cuando se alegran todos los que miran el templo del dios, lloran tus ojos.
CREÚSA
No es extraño, ¡oh extranjero!, como dices, que te sorprendan mis lágrimas; yo, al ver este templo de Apolo, he evocado antiguas memorias, y mi alma vaga ahora en mi hogar, aunque esté presente mi cuerpo. (_Aparte_). ¡Oh mujeres desdichadas! ¡Oh injustos dioses! ¿Y qué hemos de hacer? ¿En dónde buscaremos nuestros soberanos y nuestros jueces si nos injurian y nos pierden?
ION
¿Por qué te afliges, ¡oh mujer!, por causas que nos está vedado investigar?
CREÚSA
Por nada; aflojé ya el arco; en cuanto a lo demás, me callo, y te ruego que no te cuides más de ello.
ION
Pero ¿quién eres?, ¿de dónde has venido?, ¿cuál es tu patria?, ¿cuál el nombre que he de darte?
CREÚSA
Creúsa es mi nombre, y Erecteo mi padre; mi patria es la ciudad de los atenienses.
ION
Ilustre, ¡oh mujer!, es la ciudad que habitas, y nobles los padres que te educaron. Yo te respeto.
CREÚSA
En cuanto a eso, somos felices, ¡oh extranjero!; no en otras cosas.
ION
Por los dioses te ruego; ¿es acaso cierto, como la fama cuenta entre los hombres...?
CREÚSA
¿Qué preguntas, extranjero? Deseo saberlo bien.
ION
¿Nació acaso de la Tierra el abuelo de tu padre?
CREÚSA
Sí, Erictonio; pero de nada me sirve la alteza de mi linaje.
ION
¿Y se lo llevó Atenea?
CREÚSA
En sus manos virginales, aunque no fuese su madre.[24]
ION
¿Y lo entregó como suele representarlo la pintura?
CREÚSA
A las hijas de Cécrope, para que lo guardasen, no para sanar sus ojos.
ION
Oí decir que las vírgenes abrieron el cofrecillo de la diosa.
CREÚSA
Y por eso murieron, llenando de sangre las piedras.
ION
Vamos, y ¿qué hay de verdad en esto? ¿Ese rumor es cierto o no?
CREÚSA
¿Qué preguntas? No me molesta este descanso.
ION
¿Mató tu padre Erecteo[25] a tus hermanas?
CREÚSA
Siendo vírgenes, osó sacrificarlas por la patria.
ION
¿Y cómo te salvaste tú sola?
CREÚSA
Tenía pocos años, y estaba en los brazos de mi madre.
ION
¿Y es verdad que se abrió la tierra y se tragó a tu padre?
CREÚSA
Perdiéronle las heridas que le hizo el tridente de Poseidón.
ION
¿Y se llama Macra el lugar en donde ocurrió esa catástrofe?
CREÚSA
¿Por qué me interrogas así? ¡Qué recuerdo traes a mi memoria!
ION
Pitio y sus resplandores lo honran.
CREÚSA
Hónralo, y no debía honrarlo; ¡ojalá que nunca lo hubiese visto!
ION
¿Cómo, pues? ¿Lo aborreces tú, siendo tan grato al dios?
CREÚSA
De ninguna manera; tengo noticia de cierta afrenta que se cometió en esa gruta.
ION
¿Qué ateniense se casó contigo, ¡oh mujer!?
CREÚSA
No fue ciudadano, sino un extranjero advenedizo.
ION
¿Quién? ¿Sin duda algún noble?
CREÚSA
Juto, que desciende de Eolo y de Zeus.[26]
ION
¿Pero cómo logró tu mano siendo extranjero y tú indígena?
CREÚSA
Hay una región, llamada la Eubea, próxima a Atenas.
ION
Y la mar, según dicen, las separa.
CREÚSA
La sometió guerreando con los hijos de Cécrope.
ION
¿Vino como auxiliar, y se casó después contigo?
CREÚSA
Sí; tal fue el premio que ganó en la guerra; tal su bélica dote.
ION
¿Has venido sola a consultar el oráculo, o en compañía de tu esposo?
CREÚSA
Con él; pero fue hace poco a la cueva sagrada de Trofonio.[27]
ION
¿A verla, o a consultar al oráculo?
CREÚSA
Deseoso de oír la misma respuesta de él y de Febo.
ION
¿Vinisteis en demanda de frutos de la tierra, o de hijos?
CREÚSA
No los tenemos, aunque hace mucho tiempo que estamos casados.
ION
¿Y nunca diste a luz a ninguno? ¿Ninguno tienes?
CREÚSA
Febo sabe que soy estéril.
ION
¡Oh desventurada! Aunque feliz en todo, no lo eres en esto.
CREÚSA
Pero ¿quién eres tú? ¡Cómo me place llamar dichosa a tu madre!
ION
Soy y me apellidan siervo del dios, ¡oh mujer!
CREÚSA
¿Ofrenda de alguna ciudad, o comprado para su servicio?[28]
ION