Part 20
Duros seremos como la piedra y el hierro. Entra, sin embargo, antes que mi padre sea deshonrado; aquí todos te obedecemos.
ODISEO
¡Oh Vulcano, rey del Etna!, protégeme, y que al primer golpe abrase el ojo de tu mal vecino; y tú, Sueño, hijo de la negra Noche, socórreme con todo tu poder contra esta bestia enemiga de los dioses; después de pasar en Troya tan honrosos trabajos, no entreguéis a la muerte a estos navegantes y al mismo Odiseo por un hombre que desprecia a un tiempo al cielo y a la tierra. ¿Creeremos que es diosa la Fortuna, y superior a los demás dioses? (_Entra en la caverna_).
EL CORO
Fuertes tenazas oprimirán el cuello del comedor de extranjeros, y el fuego abrasará después su brillante pupila, porque ya cubre la ceniza esta robusta rama. Venga, pues, Marón, y trastornándole el juicio con su fuego, hágale pagar su pena, y destruya el párpado del Cíclope, ya que lo ha bebido en su daño. Y yo, dejando este desierto, quiero ver al afable Dioniso, amante de la hiedra. ¿Lo conseguiré algún día?
ODISEO
Callad, por los dioses, ¡oh fieras!; estaos quietas y no despegad los labios; ni respirar os permito, ni guiñaros los ojos, ni aun escupir siquiera; no despierte este calamitoso Cíclope antes que el fuego acabe con su ojo.
EL CORO
Callemos, y que solo el aire atraviese nuestras fauces.
ODISEO
Entrad ya, y coged el tizón encendido en punto.
PRIMER SEMICORO
¿No señalarás tú por su orden los que primero han de quemar el ojo del Cíclope con esta palanca inflamada, para que todos contribuyamos al buen éxito de esta empresa?
SEGUNDO SEMICORO
Nosotros estamos a la puerta, algo lejos, en verdad, para abrasarlo.
PRIMER SEMICORO
Nosotros cojeamos hace poco.
SEGUNDO SEMICORO
Algo parecido me pasa, porque en pie y todo, me acomete una convulsión, cuya causa ignoro.
PRIMER SEMICORO
¿Y cómo, estando en pie, padecéis convulsiones?
SEGUNDO SEMICORO
Y nuestros ojos están llenos de polvo, o de ceniza, o de otra cualquier cosa.
ODISEO
Cobardes auxiliares son estos, y para nada sirven.
EL CORO
¿Es cobardía acaso cuidar de nuestro pellejo y de nuestras espaldas, y oponernos a perder los dientes a fuerza de azotes? Conozco un encanto excelente de Orfeo, cuya virtud es tal, que el tizón encendido se introducirá por sí mismo en el cráneo del hijo de la Tierra que ve con un ojo solo.
ODISEO
Aunque ya sabía hasta dónde llega tu valor, ahora no tengo la menor duda. Más vale que mis amigos me ayuden en la obra. Si nada has de hacer, aliéntanos siquiera con tus palabras.
EL CORO
Así lo haré. En los carios[288] confiamos. Que nuestras exhortaciones contribuyan a abrasar al Cíclope. (_Odiseo entra en la caverna_). ¡Ánimo, ánimo! Blandid el tizón con esfuerzo; daos prisa; quemad las cejas de la bestia que traga a los huéspedes. Devorad con el fuego, ¡oh!, abrasad al pastor de las ovejas del Etna. Taládralo; déjalo ya, no te maltrate, atormentado por el dolor.
EL CÍCLOPE
¡Ay de mí! ¡Apagan la luz de mi ojo!
EL CORO
¡Suave himno!; cántalo, ¡oh Cíclope!
EL CÍCLOPE
¡Ay de mí, otra vez! ¡Cómo me ultrajan! ¡Cómo me asesinan! Pero nunca os escaparéis contentos de esta cueva, hombres que nada valéis; yo cerraré la puerta, y mis manos os atraparán.
EL CORO
¿Qué significan esos clamores, ¡oh Cíclope!?
EL CÍCLOPE
¡Muerto soy!
EL CORO
Deplorable es tu estado.
EL CÍCLOPE
Y bien mísero, además.
EL CORO
¿Caíste ebrio en medio del fuego?
EL CÍCLOPE
_Ninguno_ me perdió.
EL CORO
Luego ninguno te ha ofendido.
EL CÍCLOPE
_Ninguno_ cegó mi ojo.
EL CORO
¿Luego no estás ciego?
EL CÍCLOPE
Así lo estés tú.
EL CORO
Pero ¿cómo no te ha cegado ninguno?
EL CÍCLOPE
¿Te ríes? ¿En donde está _Ninguno_?
EL CORO
En ninguna parte, ¡oh Cíclope!
EL CÍCLOPE
Me perdió el huésped odioso que trastornó con su vino mi juicio; ¿lo entiendes ya?
EL CORO
Grande es el poder del vino, y se domina con trabajo.
EL CÍCLOPE
Por los dioses, ¿se escaparon, o están todavía en la caverna?
EL CORO
Escondiéronse callados bajo el oscuro peñasco.
EL CÍCLOPE
¿Hacia qué parte?
EL CORO
A tu derecha.
EL CÍCLOPE
¿En dónde?
EL CORO
Junto a la misma roca. ¿Los encontraste ya?
EL CÍCLOPE
¡Desdicha sobre desdicha! Al tropezar me he roto el cráneo.
EL CORO
Y se escapan.
EL CÍCLOPE
No estaban, pues, hacia aquí, como dijiste.
EL CORO
No digo que ahí.
EL CÍCLOPE
Pues ¿en dónde?
EL CORO
Dan vueltas a tu alrededor por la izquierda.
EL CÍCLOPE
¡Ay de mí! ¡Cómo se burlan! Os reís de mis males.
EL CORO
Ya no; ahora está delante de ti.
EL CÍCLOPE
¡Oh infame! Al fin, ¿dónde estás?
ODISEO
Lejos de ti se halla Odiseo, bien defendido.
EL CÍCLOPE
¿Qué dices? ¿Cambiaste de nombre? ¿No es este nuevo?
ODISEO
Llámome Odiseo, como me puso el padre que me engendró. Justo era que expiases tus banquetes impíos; poco glorioso sería para mí haber incendiado a Troya y que no vengara en ti la muerte de mis compañeros.
EL CÍCLOPE
¡Ay, ay de mí! Cúmplese un oráculo según el cual tú habías de cegarme al volver de Troya. Pero también predijo que serías castigado vagando largo tiempo por la mar.
ODISEO
Llora tú ahora, que yo logré mi deseo. Me dirigiré a la ribera, y navegaré hacia el mar Sículo y hacia mi patria.
EL CÍCLOPE
No será así; que este peñasco que he arrancado alcanzará y aplastara a ti y a tus compañeros de navegación. Subiré, pues, la colina, ciego y todo, atravesando esta caverna de dos bocas.
EL CORO
Y nosotros navegaremos con Odiseo, y en adelante serviremos a Dioniso.
FIN DEL TERCERO Y ÚLTIMO TOMO
ÍNDICE
Páginas.
Ion 5
Andrómaca 99
Las Suplicantes 155
Las Bacantes 211
Los Heráclidas 275
Reso 323
El Cíclope 373
NOTAS
[1] «Atlas —dice Hesíodo— sostiene en sus hombros el cielo en los confines de la tierra, allá en el país de las Hespérides». Era hijo de Jápeto y de Clímene, hija del Océano y hermana de Menecio, Prometeo y Epimeteo.
[2] Esta diosa fue Pléyone, madre de las siete Pléyades, hijas suyas y de Atlas.
[3] Maya, una de las Pléyades.
[4] Delfos, famosa ciudad de la antigua Grecia, junto al Parnaso y las riberas del golfo Criseo. Creían los griegos que era el centro de la tierra.
[5] Atenas.
[6] Erecteo o Erictonio, cuarto rey de Atenas, era hijo de la Tierra y de Hefesto, y reinó en aquella ciudad hacia el año 1489. Dicese que Atenea, al verlo cojo y contrahecho, como su padre, lo encerró en un cesto y lo dio a guardar a Aglauro, prohibiéndole mirarlo; pero esta no la obedeció, y encontró en el cesto un niño, cuyas piernas eran dos serpientes.
[7] Aglauro, hija de Cécrope, que, según unos, fue atormentada por las Furias por haber desobedecido la orden de Atenea de no mirar el cestillo en que le dio a guardar a Erictonio; según otros, fue convertida en roca por Hermes, por entrometerse indiscretamente en los amores de este dios y de su hermana Herse, y, por último, según otros, se sacrificó voluntariamente por su patria en una guerra.
[8] Collares de esta forma.
[9] De Calcodonte, rey de la Eubea, padre de Elefénor, uno de los héroes griegos del sitio de Troya. Calcodonte murió en una batalla que le dio Anfitrión y los tebanos. (V. el _Heracles Furioso_).
[10] De la Jonia, región del Asia Menor, separada de la Eolia por el río Hermo, y regada por el Meandro y el Caistro.
[11] Castalia, fuente de la Fócida, entre Delfos y el Parnaso, muy celebrada de los poetas, así llamada de la virgen Castalia que, huyendo de Apolo, fue convertida en fuente. Virgilio, en sus _Geórgicas_, dice así: _Castaliam molli divertitur orbita clivo_.
[12] Peán, himno religioso, especialmente el que se cantaba a Apolo. Virgilio, en su _Eneida_, VI. 657, dice así: _laetumque choro paeana canentis_; y Claud., in Ruf., praef. n. 11, _Omnis, io paean, regio sonat_.
[13] El águila, que, como se sabe, era mensajera de Zeus, consagrada a él por ser la reina de las aves, como él era rey del cielo.
[14] La voz del cisne.
[15] En el istmo de Corinto.
[16] Advocación de Apolo como guardián de las calles. (V. nuestra nota a _Las Fenicias_).
[17] Heracles.
[18] Vanagloriábanse las mujeres griegas de su habilidad en esta clase de labores, especialmente las atenienses, que las ofrecían primorosas a Atenea en la fiesta de las Panateneas.
[19] Yolao, su escudero, que cauteriza las heridas de la hidra.
[20] Belerofonte, que montado en el caballo Pegaso dio muerte a la Quimera.
[21] Famoso gigante, de quien Horacio (III, od. IV) dice:
_Sed quid Typhoeus et validus Mimas,_ _Aut quid minaci Porphyrion statu,_ _Quid Rhoetus evulsisque truncis_ _Enceladus, jaculator audax,_ _Contra sonantem Palladis aegida_ _Possent ruentes?_
Y nuestro divino Herrera, en su oda a don Juan de Austria:
—¡Oh duro y no cansado pecho! Por quien cayó vencido, Y en peligroso estrecho Mimante pavoroso fue deshecho.
[22] Especie de junco con que hacían los tirsos.
[23] Según dice Estrabón (IX, pág. 420), en el centro de la Tierra había dos palomas que, por orden de Zeus, vinieron a él de los extremos de la Tierra. Eurípides, como se ve en la réplica de Ion, dice que eran las gorgonas quizá para asustar a las mujeres, o para expresar el terror con que los mortales debían visitarlo.
[24] Nació, como hemos dicho, de la Tierra y de Hefesto, esto es, _ex Vulcani semine, Minervam appetentis_. (Véanse las notas que van al principio de esta tragedia).
[25] Eurípides alude aquí a la guerra de Erecteo con Eumolpo, rey tracio que con numeroso ejército vino a devastar el Ática. Consultado entonces el oráculo, ordenó que fuesen sacrificadas las hijas de Erecteo. Este las atrajo a su campamento e inmoló a Ctonia, una de ellas, y las demás se precipitaron desde unos peñascos, por haber jurado antes que si moría una, las demás la seguirían. Erecteo venció a Eumolpo, hijo de Poseidón, y su padre, por vengarlo, lo hirió con su tridente.
[26] Los mitólogos no dicen que Eolo fuese padre de Juto, sino Helén. Apolod. Bibliot., lib. I, cap. 7. dice así: Ἕλληνος δὲ καὶ Νύμφης Ὀρσηΐδος, Δῶρος, Ξοῦθος, Αἴολος. De Helén y de la ninfa Orseida fueron hijos Doro, Juto y Eolo. Doro fue el tronco de los dorios; Juto, de los aqueos; Eolo, de los eolios, e Ion, el protagonista de esta tragedia, de los jonios, los cuales pasaron al Asia Menor y fundaron Éfeso, Mileto, Miunte, Lébedos, Colofón, Priene, Teos, Eritras, Focea, Clazomene, Quíos y Samos. Así lo contaba la tradición, aunque la historia diga que todo esto sucedió dos siglos antes, cuando los heráclidas invadieron el Peloponeso y arrojaron de allí a los aqueos, los cuales expulsaron a su vez a los jonios, que fundaron las doce colonias mencionadas.
[27] Trofonio y Agamedes fueron dos hermanos, famosos arquitectos que edificaron el templo de Apolo en Delfos. Hirieo, rey de Orcómeno, los llamó para que construyesen su tesoro. Así lo hicieron, en efecto, aunque con tanta malicia que, de noche, por una puerta secreta, entraban en él y robaban a Hirieo. Súpolo este, que los cogió en un lazo, y Trofonio, para que su hermano no le descubriese, le cortó la cabeza y pudo huir con tan sangriento despojo, muriendo a poco en una caverna cerca de Lebadea (Beocia). Apolo, agradecido porque le había edificado su templo, le concedió el don de profetizar lo futuro. Pausanias cuenta (Beot., IX, 39) que cuando alguno quería consultarlo debía pasar muchos días purificándose en el templete o capilla de la Buena Dicha (δαίμονος ἀγαθοῦ καὶ τύχης). Bañábase en el arroyo llamado Hercina y solo comía carne consagrada de la que se sacrificaba a unos seis dioses, probada por un sacerdote para declarar si Trofonio lo recibiría benévola o agriamente. El ánimo y más solemne sacrificio era el de un carnero, que se inmolaba en un hoyo llamado Agamedes. Si los augurios eran favorables, llevábanlo a las aguas de Hercina, en donde dos muchachos de trece a catorce años lo ungían y lavaban; de allí lo llevaban los sacerdotes al nacimiento de dicho arroyo, en donde bebía nuevamente el agua del olvido y el de la memoria; después le enseñaban la estatua de Trofonio, obra de Dédalo, y la adoraba. Poníanle un saco de lino y le daban su calzado. El oráculo estaba en una montaña, y la caverna no era natural, sino obra de los hombres y regular su figura. Para bajar a ella tenía que valerse de una estrecha escalera y había de llevar en cada mano una torta hecha con miel. En esta caverna había un hoyo de una braza de alto y dos de ancho en donde se colocaba el curioso para conocer las respuestas de Trofonio, que consistían en visiones o en voces articuladas e inteligibles. Las tortas estaban destinadas a las culebras que se criaban allí. Recibíanlo los sacerdotes a la salida, que tardaba más o menos tiempo, y lo sentaban en la silla del recuerdo, preguntándole lo que había visto u oído. Entregábanlo luego al cuidado de sus servidores, los cuales le transportaban a la capilla de la Buena Dicha, en donde volvía en sí al cabo de algún tiempo.
[28] Como el oráculo de Delfos era tan célebre en toda Grecia, de aquí también que se le hiciesen ricas ofrendas y presentes de todo género, como esclavos, vasos sagrados, obras de arte, etc. El respeto y la veneración que le profesaban todos los griegos hizo que depositasen en él sus tesoros, cuya posesión más tarde, cuando las creencias religiosas no eran tan vivas, produjeron la guerra sagrada (355 a 345 antes de Jesucristo) y la invasión de los galos, mandados por Breno (278 antes de Jesucristo).
[29] Nosotros decimos, al contrario, que mal de muchos es consuelo de tontos. Pensando cristianamente, no debemos nunca regocijarnos de las desdichas ajenas, aunque sean semejantes a las nuestras, pero como no todos piensan así, lo más común es sentir y expresar lo contrario, ya porque la soledad de los males nos horroriza, ya porque así creemos que de este modo apreciarán los demás en su justo valor nuestros sufrimientos, experimentándolos en propia cabeza. Tal parece ser el sentido de estas palabras de Ion.
[30] Este principio desenvuelve el poeta en _La Andrómaca_, pues Neoptólemo, el hijo de Aquiles, muere en Delfos por haber osado acusar a Febo como autor del asesinato de su padre.
[31] Rasgo de benevolencia hacia el bello sexo, rarísimo en Eurípides, pues ya dice que hay mujeres buenas, lo cual para él es mucho decir.
[32] Esto es, con Apolo, porque la invocación es a Leto. Estas palabras envuelven dos sentidos: el uno se refiere al anterior agravio que Creúsa recibió de Febo y a la esperanza de que lo repare, y el otro es el de significar un vago deseo, cuyo fundamento no pueden penetrar los demás interlocutores.
[33] Sin duda la pena del estuprador era una multa pecuniaria, y por esto dice Ion que estos dioses, para pagarlas, tendrían necesidad de desprenderse de las riquezas acumuladas en sus templos.
[34] Ilitía, _genialis tori custos_, como le llama Séneca, diosa que presidía a los partos. Según unos, era advocación de Artemisa o Hera, y según otros, una deidad, distinta de ellas, hija de esta última.
[35] Según algunos mitólogos, Atenea salió armada de la cabeza de Zeus, con la cooperación de Hefesto; según otros, del titán Prometeo.
[36] Νίκη, Victoria, sobrenombre de Atenea, bajo cuya advocación tenía un santuario en la ciudadela de Atenas.
[37] «Cuando se baja de la ciudadela (dice Pausanias, cap. I, 28, 4), antes de llegar a la ciudad que yace a su falda, en dirección de los Propileos, se encuentra una fuente, y, junto a la eminencia, un santuario consagrado a Pan y Apolo. En él, según se dice, se unieron Apolo y Creúsa, la hija de Erecteo». Esta capilla o santuario (Herod., VI, 105) se edificó después de la batalla de Maratón, cuando el dios llamó al correo Fidípides, encargado de pedir socorro a los espartanos, al monte Partenio, y reprendió a los atenienses porque descuidaban su culto, prometiéndoles ayudarle en la guerra. Desde entonces se le honró allí con sacrificios cotidianos y con antorchas. Así es que su culto y el de las hijas de Aglauro se celebraba al mismo tiempo, ya en razón al lugar en donde estaban sus templos, ya porque estas otras divinidades locales protegían, como Pléyades, los campos y ganados. Sus capillas estaban, sin duda, hacia el mismo paraje de la ciudadela, en su parte más elevada, y como a la mitad de ella (Herod., VIII, 53). Su fiesta (según Hesiquio) se denominaba πλυντήρια, pues se confundían con las Pléyades, como hemos dicho, y sus nombres Ἕρση y Πάνδροσος, aludían al rocío; de aquí que su culto se trueque con el de Atenea, pues en el templo de esta, en lo alto del alcázar, se hallaba la oliva sagrada, apellidada (Apolod., III, 14, 1-2) πανδρόσιον. Las hijas de Aglauro formaban una especie de trinidad, como las Gracias; y así como estas bailaban con las Musas y las Ninfas (Horac., 88, I, 4, 6) y las Nereidas en la mar, y las Sílfides del norte al claro de la luna, y Dioniso con las Ménades todas las noches en el Parnaso, así también estas tres hermanas bailaban con Pan, que las acompañaba tocando la flauta, como Apolo acompañaba a las Musas con la lira.
[38] El texto dice οὐ πέδον τίκτει τέκνα, la tierra no engendra hijos, negación de muchas fábulas que aseguran lo contrario, y que contradice las creencias de algunos pueblos que se miraban como autóctonos, contándose entre ellos los atenienses. Eurípides ha dicho antes también que Erecteo era hijo de la Tierra.
[39] Esto mismo viene a decir Aristófanes en _Las Nubes_, 603, cuando exclama: Παρνασσίαν θ᾽ ὃς κατέχων πέτραν σὺν πεύκαις σελαγεῖ Βάκχαις Δελφίσιν ἐμπρέπων, κωμαστὴς Διόνυσος.
[40] Recuérdese que el coro está compuesto de esclavas de Creúsa.
[41] Sabido es que los pueblos gentílicos se enorgullecían mucho de esta cualidad, y que los atenienses no eran de los menos vanos en esta parte. Tal empeño provenía en parte del deseo que han mostrado casi todos los pueblos de hacer creer a los demás en su antigua existencia, causa de infinitos errores, así cronológicos como históricos, en el natural anhelo de alegar un título más legítimo de posesión y dominio que los venidos después al mismo lugar, y por último, en el carácter egoísta y exclusivo de esos antiguos estados. La historia y las sagradas letras a un tiempo niegan terminantemente la verdad de tales asertos.
[42] Este discurso de Ion es notable en más de un concepto, así por la dulce serenidad que todo él respira, cuanto por lo apropiado a su situación y a su carácter. Diríase que ha sido la fuente en donde bebió el maestro León el aromático néctar que perfuma a algunas de sus más celebradas odas, si no supiéramos que en ellas se advierte ese descontento de todo lo mundano, esa eterna e inextinguible aspiración a algo más elevado que no se puede encontrar en la tierra, diferencia capital y característica entre la poesía gentílica y la cristiana.
[43] En griego, Ἰών, participio de _aor_. 2, del verbo εἶμι, _voy_.
[44] El texto griego vulgar dice así: Ἔχει δόλον τύχαν θ᾽ ὁ παῖς, cuya traducción literal es esta: _habet dolum fortunamque hic puer_. Tyrwhitt vierte así la frase: _fortunam dolo et astutia comparatam_; Theobaldo Fix, _dolum et sinistri aliquid_; pero el primero supone que el texto no escribe δόλον, sino δόλιον, lo cual no es cierto, y el segundo no justifica su versión, puesto que la de su texto es la que nosotros damos más arriba. En esta duda apelamos, como de ordinario, al sentido y a los antecedentes y consiguientes del verso, que pueden explicárnoslo, y no vacilamos en adoptar la corrección de Hartung y, por grande que sea el respeto que el texto deba merecernos, el cual, a nuestro juicio, debe posponerse cuando no sea inteligible, como ahora sucede. El coro, llevado de ese espíritu de exclusivismo que distingue a los ciudadanos de los antiguos estados, habla una y otra vez de extranjeros, y parece temer que, además de Juto, entre algún otro en la real familia, que mañana pueda ser su soberano. A nuestro parecer, este verso alude a ese temor, y en su consecuencia aceptamos la sustitución de κρύφιον por τύχαν.
[45] Porque Juto era también extranjero, según antes hemos visto, cuya circunstancia concurre también en Ion.
[46] Según dice Estrabón (IX, 3, pág. 288, 17, _El Parnaso_), en su parte meridional forma con sus peñascos una especie de anfiteatro; en una de sus cimas estaba el oráculo y la ciudad, abrazando el espacio de una media legua. Allí yacía también Licorea, en cuyo lugar se edificó después Delfos y el templo de Apolo. Cerca estaba la fuente Castalia.
[47] Como las mujeres no son de ordinario fieles guardadoras de secretos, y Eurípides tenía formada de ellas idea bien poco favorable, no es extraño que revelen el misterio a su dueña, no obstante las amenazas de Juto. Adviértase además que para ellas es extranjero, y Creúsa ateniense y del linaje de Erecteo, y, por último, que de ordinario la mejor manera de difundir un secreto es encargar que se guarde.
[48] Ya antes de ahora hemos visto repetidas veces que los personajes de Eurípides expresan este deseo en situaciones análogas. Suelen añadir que anhelan hundirse en las entrañas de la tierra, o precipitarse desde empinada roca. Así lo leemos en _Hécuba, Orestes, Las Fenicias, Heracles furioso_ y en _Helena_.
[49] Alude aquí Eurípides, en boca del Pedagogo, a la frecuencia con que los mortales cohonestaban sus maldades invocando la intervención de los dioses. Ya hemos visto en _Orestes_ que Helena atribuye a Afrodita toda la culpa de sus escándalos, y que los dioses, especialmente Zeus, sirvieron no poco a muchas mujeres griegas para santificar sus adulterios y liviandades.
[50] En _Las Fenicias_, versos 363 y 364, dice también Polinices, hablando con Yocasta:
ὡς δεινὸν ἔχθρα, μῆτερ, οἰκείων φίλων, καὶ δυσλύτους ἔχουσα τὰς διαλλαγάς.
[51] Esta laguna Tritónide se halla en el África propiamente dicha (hoy llamada Farooun o El Laudeah) hacia el sur, y en comunicación con otro lago denominado Palus Lybica. Heródoto dice que en la laguna Tritónide desagua el caudaloso río Tritón. Píndaro apellida Tritón a un golfo desconocido; en la Beocia había un arroyuelo de este mismo nombre; y Apolonio, en sus _Argonautas_, llama así al Nilo. Esta voz Τρíτων parece derivada de τρέω, _tremo_, y a Atenea se le daba el nombre de Τριτογένεια, según cierto mito, acaso de origen egipcio, que la hacía hija de Poseidón y de la ninfa Tritónide. Lucano, en su _Fars._, IX, 350-4, se expresa de este modo:
_Hanc et Pallas amat, patrio quae vertice nata_ _Terrarum primam Libyen... tetigit, stagnique quieta_ _Vultus vidit aqua, posuitque in margine plantas,_ _Et se dilecta Tritonida dixit ab unda._
[52] Alude aquí Eurípides a la lira primitiva, compuesta de dos cuernos unidos por la base y sujetos a cierta distancia por la extremidad, desde la cual hasta la primera bajaban cuatro, seis o siete cuerdas, de donde el nombre de tetracordon o hexacordon con que se le distingue. Tal es la forma con que se representa la lira en algunas urnas funerarias.
[53] Llamose Flegra cierto paraje de Palene, península de la Macedonia, en donde se suponía que pelearon dioses y gigantes, y otro cerca de Bayas y de Cumas, en Italia.